Capítulo 12: Entrenando duro

Aquel lugar estaba desierto. Se notaba que hacía mucho tiempo que ningún hombre había pisado. El paisaje, por así decirlo, era casi virgen. Era un hermoso lago de aguas cristalinas, oculto por los árboles a su alrededor. Aunque eran pocos, desde las alturas parecían un pequeño bosque. Junto al lago destacaba una pequeña cabaña, toda cubierta de polvo por el tiempo en desuso.

El silencio del lugar se vio interrumpido por un tornado, un tornado de color lila que apareció de la nada. Se depositó en el suelo y poco a poco empezó a girar más despacio, de forma que se ahora sí que se notaba la arena de la que estaba formado el tornado. Finalmente la arena cesó de moverse y cayó al suelo, desapareciendo como si nunca hubiera existido. Increíblemente aquel tornado no había causado ningún desperfecto en el lugar. Lo único nuevo que había eran dos personas, dos personas que antes estaban dentro del tornado.

Harry miró a su alrededor, sorprendido.

- ¿Dónde estamos?

- En mi residencia para las vacaciones –respondió el otro.

- Pero antes de venir… ¿no dijiste algo de viajar en el tiempo? –preguntó Harry confundido.

- Sí. Es que nuestro viaje no solo ha sido temporal, sino también espacial. Es decir, hemos viajado a través del tiempo y del espacio.

- ¿Cómo es eso?

- Los polvos de Lylian son poderosos, si los entiendes y sabes utilizarlos bien. Por eso son tan escasos y peligrosos.

- Vale… Entonces si hemos viajado en el tiempo, ¿en qué cuándo estamos?

- Ah, eso. Simple. Hemos viajado un mes hacia atrás en el tiempo. Ese es el tiempo del que dispones para demostrarme que mereces que te enseñe. Cuando acabe ese tiempo, seguirás tu vida de forma normal con la diferencia de que yo te acompañaré o no.

- Eh… de acuerdo –dijo Harry sin saber qué más decir.

- Ahora ven. Quiero que me muestres tus recuerdos.

- ¿Mis recuerdos? ¿Para qué?

- Si quieres que te ayude y que te entrene tengo que saber cómo eres y qué sabes. Así sabré qué enseñarte y la mejor manera de hacerlo.

- No me acaba de convencer eso…

- ¿Es que nunca tuviste un profesor nuevo al que le tenías que contarle lo que aprendiste con tu antiguo profesor?

- Sí, todos los años… -respondió Harry pensando en sus profesores de DCAO.

- Pues esto es lo mismo. Ven aquí.

Harry aún no estaba seguro de que pudiera confiar en él. El otro, adivinando sus pensamientos, dijo:

- Si no confías en mí no podré ayudarte.

Harry pensó en lo dicho y decidió confiar en él. Se acercó pero antes de que el otro hiciera nada le preguntó.

- Si quieres que confíe en ti dime, ¿quién eres? ¿Qué relación tienes con Berengar, ese del que hablan los manuscritos antiguos?

El otro se quedó en silencio, pensando en qué contestar, y finalmente dijo:

- A lo largo de los siglos he tenido muchos nombres, y me han llamado de muchas maneras. Pero de todos los nombres el más antiguo fue ese: Berengar. Sí, soy yo del que hablan esos textos de los que hablas. Dame tu mano. También mereces conocer parte de mi historia.

Harry le ofreció la mano a Berengar, y cuando éste se la estrechó la negrura absorbió a ambos. Entonces Berengar empezó a ver la vida de Harry.

Harry, en cambio, empezó a ver retazos de la vida de Berengar. Cuando nació, amigos que hizo, amores ganados, amores perdidos, amigos muertos; multitud de batallas, ciudades distintas en épocas distintas…

Cuando Harry abrió los ojos estaba algo asombrado. Apenas había visto una pequeña parte de la vida de aquel hombre pero le demostró que no le deseaba ningún mal y que había vivido mucho tiempo.

- ¿Cuántos años tienes? –preguntó con la boca abierta.

- Soy un poco mayor, ya. Un año de estos creo que cumpliré los 63… -respondió Berengar.

- ¿Décadas? –preguntó Harry aunque pensando que 630 años eran muchos más años que los que vivió Nícolas Flamel.

- No. Siglos.

- ¿¡¡¡Siglos!!!? Eso es imposible.

- No, no lo es. Pero tiene su explicación que algún día te daré. Así que tú eres el famoso Harry Potter.

- Eh… sí –respondió aún pensando en la edad del otro. Con razón parecía ser tan poderoso y sabio.

- Pues ese traje es una maravilla, si me permites decírtelo.

- ¿Qué? –dijo Harry volviendo al mundo real-. Ah, sí. Gracias.

- Bueno, vamos a dentro –dijo señalando la cabaña-. Allí seguiremos hablando mientras comemos algo.

- Y otra cosa…

- ¿Qué?

- Puedes volver a tu apariencia normal.

Harry le hizo caso y entraron en la cabaña. Berengar conjuró algo de comer y mientras cenaban comentaban cosas sobre lo visto.

- Así que tú eres un heredero del silencio… -dijo Berengar.

- Sí. ¿Qué sabes tú de eso? –preguntó Harry.

- Hace mucho tiempo conocí a los primeros y los ayudé en su misión. Durante un tiempo yo fui uno de ellos hasta que encontré al sucesor adecuado.

- ¿Tú fuiste un heredero del silencio?

- Sí. Debes leer lo que te dieron, sobre todo la profecía. Es bastante importante.

- ¿Por qué?

- Habla de un gran mal que algún día se desatará y la única forma de derrotarlo. Realmente espero no tener que enfrentarlo de nuevo… -dijo lo último en un susurro que Harry prefirió ignorar.

- ¿Conocías a John, mi antiguo maestro?

- No. Pero se nota que te enseñó bien. Algunas de las cosas que tenías que aprender durante este mes ya las sabes, como la meditación. Eso nos ahorrará mucho. También es muy importante la recolección de ingredientes. Y según he visto tu padrino te ha dado muchos libros que apenas has tocado. Eso va a cambiar. Mañana iremos a tu casa y cogeremos unos cuantos sin que tu otro yo se entere. Todos los días contarás con dos horas en las que tendrás que leer esos libros. Con práctica aprenderás a leer cada vez más rápido y ejercitarás tu mente y memoria.

- Entiendo. Una pregunta. ¿Practicaré magia?

- Sí. Mucha magia. Eres bastante bueno, pero se nota la grave deficiencia que posees. Has tenido muchos profesores de defensa y aunque te desenvuelves con soltura cometes algunos fallos. Te ayudaré a corregirlos y a mejorar tu repertorio. Y también te enseñaré a usar los polvos de Lylian de verdad. Además, la magia es como un músculo más del cuerpo. Hay que llevarla al límite para ejercitarla.

- Pero si hago magia me detectarán –dijo Harry.

- Por eso no te preocupes. Durante la noche prepararé una poción que eliminará los efectos. E imagino que eso es algo temporal, ya que tienes que volver a tomar la bebida en el banquete inicial para que te sigan rastreando. Ahora mismo debe estar en la etapa más débil.

- ¿Estás seguro?

- Sí. No te preocupes. También vas a entrenar bastante el físico. Lo de ganar músculo es algo de tu elección, aunque yo no te lo aconsejo.

- ¿Por qué?

- Porque los músculos pesan, y en duelo son poco útiles. Es más importante la rapidez y la resistencia. Incluso en una pelea física es desfavorable. Da más resistencia y fuerza para golpear, pero te cansa antes. La masa muscular sólo la justa vas a ganar. Además, eres algo bajo para tu edad y enclenque. Supongo que por tu infancia, aunque el entrenamiento físico que has realizado este verano te ha ayudado algo. Aún así excepto que utilices algún hechizo o tomes alguna poción no vas a crecer mucho más. Aunque puedes aprovechar eso para desarrollar aún más tu agilidad.

- Entiendo. Estoy de acuerdo con eso. Es preferible esquivar a gastar fuerzas en vano, tal como hice antes con aquellos muggles.

- Exacto. La verdad es que me encantó la pelea. Nadie antes había hecho eso, simplemente esquivarlos. Y al hacerlo los has derrotado en un tiempo record. Ni siquiera Merlín lo hizo tan rápido.

- ¿Merlín? ¿Conociste a…? Espera, espera –dijo pensando en sus palabras- ¿Cómo que nadie antes? ¿Es qué sabías que me iban a atacar?

- Claro –dijo con una risa-. Yo les hechicé para hacerlo. Tenía que probarte. Lo que sí que no me esperaba era que aparecieran mortífagos.

- ¿Y si yo no hubiera venido?

- Entonces no habría preparado la función. Esta tarde mientras leía tuve el presentimiento de que este año vendría alguien a la cita. Y no me equivoqué.

- Hm… -Harry decidió cambiar de tema y preguntar algo que quería saber desde que le atacaron-. ¿Para qué quiere Voldemort el cristal y la receta de la poción? ¿Tú lo sabes?

- No. Pero me imagino que lo que más le interesa es la receta de la poción. Es lo único sobre lo que existe algún rumor por ahí. Sobre el resto el secreto creo que se guardó bien.

- ¿Sabes para qué sirve esa poción?

- No lo recuerdo bien. Pero era algo relacionado con los licántropos, creo. Pero ha pasado mucho tiempo. Puede haber variado o puede ser una poción distinta. Tendría que verlo para saberlo.

Berengar hizo una pausa mientras bebía un poco.

- Algo que me da pena de haber visto tus recuerdos es que odies tanto la fabricación de pociones.

- No odio la fabricación de pociones. Sólo que no se me da bien –se defendió Harry.

- No es cierto. Tuviste la desgracia de tener un mal profesor que aún por encima te guardaba rencor. Eso hizo que tu mente asocie de manera inconsciente la creación de pociones con algo malo, algo difícil y fuera de tu alcance.

- … puede ser. Pero no es mi culpa.

- Lo sé. Te ayudaré a contrarrestar eso. Dime Harry, ¿qué tal se te da la cocina?

- ¿La cocina? Bien, la verdad. Siempre he tenido que cocinar para mis tíos y desde la hipnosis intuitivamente lo hago mejor. ¿Pero qué tiene que ver con las pociones?

- ¿No ves las semejanzas? En la cocina, al igual que en las pociones, tienes que mezclar muchos ingredientes para conseguir algo diferente. Y tienes que tener en cuenta el fuego, el olor, la textura, la temperatura…

- Vale, creo que lo capto.

- Y a diferencia de las pociones no explota tan fácilmente. Cogerás práctica con el cuchillo y la razón de cortar las cosas de una manera u otra. Aplicar ese conocimiento a las pociones es muy útil. Y lo más importante, le perderás ese miedo que le tienes a las pociones.

- ¿Puedo hacerte una pregunta sobre lo que dijiste en el bar?

- Puedes. Aunque no te aseguro una respuesta.

- ¿Por qué dijiste que se necesita valor para acceder a los secretos, paciencia para las criaturas e inteligencia para el poder? Entiendo la paciencia con las criaturas, ¿pero no sería la inteligencia para los secretos, el valor para las criaturas y la paciencia para el poder?

Berengar no respondió. Lo único que hizo fue sonreír.

- Si duras lo suficiente averiguarás el porqué lo dije así. Ahora vete a descansar. Mañana te levantaré a las 6 y te garantizo que será un día duro.

Harry le hizo caso y fue a la cama que le indicó Berengar, donde se puso en posición de meditación y descansó unas horas. Durante ese tiempo Berengar se dedicó a hacer una poción.

A eso de las 5 y media, Harry se levantó. Ya había descansado lo suficiente y se encontraba en perfecta forma. Se estiró un poco y fue hacia la puerta con la intención de dar un paseo. Tenía esa intención, pero le detuvo una voz.

- ¿Ya estás levantado?

Harry se giró y encontró a Berengar preparando el desayuno.

- Sí. No necesitaba mucho tiempo para recuperar las fuerzas. El resto del tiempo lo pasé intentado mejorar mi Oclummancia.

- Eso está bien, aunque te aseguro que mañana descansarás hasta el último momento –dijo con una sonrisa algo maliciosa. Después señaló a un vaso que había en la mesa y añadió:-. Bueno, antes de nada bébete esto.

- ¿Qué es? –preguntó Harry cogiendo el vaso.

- Es la poción para anular los efectos de los polvos que te echaron. Es decir, es para que no detecten tu magia.

- Ah, vale –y se bebió la poción de un trago; aunque no le gustó demasiado el sabor-. ¿Por qué todas las pociones saben tan mal?

- No todas saben mal, pero es que es más fácil hacerlas así –respondió el otro mientras seguía con lo suyo-. Para que tengan buen sabor hay que experimentar y añadir ciertos ingredientes que no alteren el resultado de la poción. Y el económicamente no compensa.

- ¿Cómo que no compensa? La gente pagaría más por algo que sepa bien.

- Sí, pero si es mucho más cara la gente prefiere comprar lo barato, y si lo suben lo justo para que la gente lo compre entonces ese precio no compensa el esfuerzo. Toma –dijo poniendo comida en la mesa-, el desayuno está listo.

- ¿Qué es esto?

- Fruta, cereales, leche y cosas así. Sé que estás acostumbrado a desayunar tortitas, bacon, huevos fritos y cosas así; pero esto es mucho más sano y al cuerpo le sienta mejor.

- ¿Cómo es eso?

- Por la mañana el cuerpo lo que necesita es energía, la energía que aporta la fruta y los cereales, etc. Las grasas y proteínas que aportan las carnes sientan mejor al cuerpo a la hora de comer. Y en la cena siempre es bueno tomar algo ligero, ensaladas y cosas así.

- … Me recuerdas a uno de esos médicos que mi tía se dedicaba a ver cuando yo era pequeño por la tele y aconsejaban las comidas a tomar.

Berengar se rió un poco.

- No he pasado mi vida aislado de los muggles como han hecho la mayoría de los magos. Suelo pasar largas temporadas entre ellos en las que aprendo todo lo que puedo. Hay un gran mundo de conocimientos ahí afuera en los que no se necesita la magia. No sabes a cuantas universidades he ido y cuantos títulos he obtenido. Si los magos se abrieran un pelín más al mundo muggle vivirías como reyes.

- Muchos ya viven así.

- Mentira. Y un ejemplo de eso es que usan plumas para escribir. ¿Acaso no es más fácil usar un bolígrafo?

- Sí, ahí tienes razón. Siempre me pregunté por la razón para no usar bolígrafos.

- Exacto. Bueno, ya hablaremos de eso en otra ocasión. Tú come de esto y ya verás como cuando vuelvas a Hogwarts tu cuerpo te pedirá que sigas comiendo de esto.

- Pero en Hogwarts no dan fruta ni cereales para desayunar.

- Hogwarts tiene sus trucos… si en un momento determinado quieres otra comida distinta concéntrate en ella con fuerza y aparecerá. Algo tan sencillo como la fruta aparecerá casi enseguida; por el contrario si pides platos que conlleva más tiempo su preparación tardará un poco más en aparecer.

- Eso es muy interesante… ¿cómo lo sabes?

- Varias veces estuve en Hogwarts –respondió simplemente Berengar-. Ahora come.

Harry probó la fruta, ya que no es algo que él comiera habitualmente, pero no encontró nada que no tuviera mal sabor.

Al acabar de desayunar, ambos salieron a fuera, y pudieron ver cómo estaba amaneciendo.

- Bueno. Para empezar el día que mejor que un poco de ejercicio –dijo Berengar tranquilamente-. Vamos a correr, y me tienes que seguir el ritmo.

- Eh… de acuerdo –dijo Harry pensando que sonaba fácil; después de haber entrenado tanto tiempo con ropas que pesaban 50 Kg…

- Pero para que no te sea tan fácil como piensas… ¡Corpus pesadum!

De repente las ropas de Harry se hicieron mucho más pesadas. Y eso era decir mucho ya que aún llevaba puesto las prendas de 50 Kg encima…

- Antes tus ropas pesaban unos 50 Kg, creo recordar –Berengar siguió hablando mientras que Harry seguía haciendo un evidente esfuerzo por permanecer de pie-, pero a partir de ahora llevarás el doble de peso, unos 100 Kg.

- ¿100? ¿Eso no es mucho?

- No. Los primeros días te será muy difícil, casi imposible hacer todo lo que pido; pero luego te irás acostumbrando. Y no vas a poder librarte de ese peso extra en ningún momento, ni siquiera cuando te desnudes; porque es tu cuerpo lo que pesa, no tus ropas. Cuando te acostumbres un poco será mejor que para el entrenamiento sigas poniendo esas ropas pesadas que dejaste dentro. Ahora vamos a correr. Hoy iremos despacio para que te acostumbres y cojas el ritmo; pero a partir de mañana será peor.

Y menos mal que fueron despacio. Si el ritmo que llevaron era despacio, Harry no quería saber cómo sería rápido. Estuvieron corriendo una hora, tiempo en el que Harry ya estaba completamente agotado y acostado en la hierba.

- Arriba gandul. Has acabado el entrenamiento de madrugada. Ahora toca el de la mañana.

En el siguiente ejercicio Harry pudo descansar un poco, ya que Berengar se dedicó a enseñarle y corregirle sus posturas y sus lanzamientos de hechizos. Utilizó bastante la magia, y aunque en ese momento no se acordó; pudo comprobar con satisfacción que Dumbledore no le había detectado porque sino ya estaría allí.

La mañana siguió con más entrenamientos, físicos y mágicos. Tuvo que intentar mantener el equilibrio estando de pie en una enorme pelota conjurada por el otro; tuvo que defenderse de una multitud de piedras pequeñas que le iban en todas direcciones y lo único que tenía permitido hacer era el hechizo Petrificus totalus; etc. Todos destinados a agotarle tanto mágica como físicamente.

Al llegar la hora de la comida, Berengar le dijo:

- Ven, vamos a mejorar tus aptitudes en la cocina.

Después de una comida que a Harry le supo a gloria a pesar de no haber salido muy bien que digamos (un poco quemadas las patatas, el pescado soso…), tocó una pequeña sesión de meditación.

- Has aprendido a meditar para descansar más en menos tiempo, y al mismo tiempo mejorar tu Oclumancia. Pero existen más estados de meditación, cosa que ya sabes.

- Sí.

- Cada estado tiene sus ventajas e inconvenientes. Unos estados son perfectos para ciertas cosas y otros para otras. El estado en el que estás normalmente es un estado medio; eficaz para recuperar fuerzas rápidamente y aprovechar el tiempo trabajando con la mente. El otro en el que estuviste aquella vez es un estado que sólo sirve para trabajar aún más eficazmente con la mente. Ver recuerdos, clasificarlos, etc.; apenas lleva tiempo hacerlo en ese estado. No sirve para nada más.

- ¿Qué otros estados hay?

- Existe el estado curativo, perfecto para lesiones muy graves. Ayuda a mitigar el dolor y a acelerar la regeneración. Se suele usar cuando uno no dispone de medios para curarse eficazmente y no hay peligro de que te ataquen mientras estás así. Se aprovecha la regeneración natural del cuerpo. No se aconseja estar sólo al usar este estado, es mejor que alguien vele por ti para que no te pase nada.

- Parece útil, pero prefiero no tener que llegar a ese extremo –dijo Harry-. ¿Qué más?

- Están los llamados estados de preparación.

- ¿Cuáles son esos y para qué sirven?

- Como bien indica su nombre sirven para prepararse para algo en concreto. Pasas un tiempo en ese estado y mentalmente te preparas para lo que vas a hacer. Justo después tu rendimiento en ese campo en concreto aumentará bastante. Es útil cuando sabes de antemano algo que va a pasar, como un duelo en concreto, o algo así. De esa manera puedes pasar las horas anteriores meditando y concentrándote para el combate para luego ser más eficiente.

- Suena bastante bien. ¿Cuál es la pega?

- Que lo más probable es que las cosas que necesiten preparación ocurren por sorpresa; por lo que no merece la pena depender de ese estado.

- De acuerdo. ¿Hay alguno más?

- El último del que te voy a hablar por ahora es el más difícil de los que te he mencionado, el estado de percepción. En ese estado eres consciente de todo lo que te rodea. Tu mente está en blanco y tu energía mágica está en sintonía con la naturaleza, lo que te ayuda a restaurar parte de tu energía mágica si te queda poca. Sabes que cuando cierras los ojos y te concentras puedes llegar a sentir los golpes que van hacia ti, ¿no?

- Sí.

- Pues eso es de una manera muy simple lo que sientes en ese estado. Sólo que tu nivel de percepción es mucho mayor. Es como si todo fuera a cámara muy lenta.

- Entiendo.

- Ese es el estado que vamos a practicar a partir de hoy; y al que tienes que llegar durante este mes. Empecemos.

Más tarde ambos fueron a Privet Drive, ya que en esos momentos su yo del pasado no estaba. Entraron en el baúl y Berengar seleccionó unos cuantos libros. Después de hacer un pequeño hechizo para que pareciera que no faltaba nada, volvieron a donde estaban.

Durante las 3 horas siguientes Harry tuvo que estar leyendo, mientras que Berengar le daba consejos y le enseñaba una forma más eficiente de hacerlo. Pronto le cogió el truco y empezó a leer más rápido. Sorprendentemente para él se acabó el libro en esas 3 horas.

Después le tocó otra sesión de magia. Berengar le empezó a enseñar a usar los polvos de Lylian.

- Los polvos de Lylian tienen su propia magia –dio Berengar-. Por eso los puede usar cualquiera; muggle, mago, elfo, vampiro, enano… La única condición es creer.

- ¿Creer? –preguntó Harry extrañado-. ¿Creer en qué?

- En que todo es posible. Cree en el resultado y los polvos de Lylian lo harán. Si hasta ahora te han funcionado es porque creíste ciegamente en que funcionarían –Berengar sacó una bolsa de uno de sus bolsillos y cogió unos pocos de polvos de Lylian.

- No lo creo –dijo Harry.

- Pues créetelo –dijo ofreciéndole a Harry la bolsa, quien cogió unos pocos.

Entonces Berengar lanzó los suyos al suelo y saltó. Harry observó con la boca abierta como el otro se alzaba muy alto como si hubiera saltado él solo y luego volvía a tocar el suelo de una forma elegante.

- Ahora tú.

Harry se concentró en lo que había visto, lanzó los polvos al suelo y saltó… un par de metros. Era más alto de lo que saltaba él pero ni se acercaba a lo que había visto hacer al otro. Por desgracia para Harry, más dura fue la caída.

- Es un buen comienzo, pero desconfías demasiado de los polvos –dijo Berengar-. Recuerda que hemos viajado en el tiempo usándolos. No parecen gran cosa –dijo cogiendo otro puñado y lanzándolos al lago-, pero a veces las apariencias engañan.

Y en el punto del lago donde habían caído los polvos el agua se levantó formando una enorme cara amenazante.

- ¡¡¡La magia no tiene lógica, sólo tienes que creer!!! –gritó la cara del agua, dejando aún más asombrado a Harry.

Al llegar la noche, Harry estaba agotado, tanto física como mágicamente. Empezó a meditar, pero a las 6 un cubo de agua fría lo obligó a levantarse.

- ¿Lo ves? –dijo Berengar aún riéndose del aspecto mojado de Harry-. Te dije que querrías descansar hasta el último momento.

Y a pesar de que aún se encontraba en parte cansado (con todo lo que hizo el día anterior cualquiera necesitaría más tiempo del normal para recuperar fuerzas) tuvo que empezar con la rutina del día.

El entrenamiento de ese día, tal como había prometido Berengar, era mucho más duro que el día anterior. Pero rendirse no era una opción y Harry se esforzaba al máximo. Agradecía mucho todo ese ejercicio, porque le ayudaba a quitarse de la cabeza a Hermione y a los que antes llamaba sus amigos.

Los días fueron pasando, y Harry poco a poco mejoraba. Tanto esfuerzo le había hecho acostumbrarse muy rápido a ese peso y así consiguió mejorar en el resto. El ejercicio del lanzamiento de piedras produjo un aumento muy notable de su puntería con la varita, además de su rapidez de respuesta; y el ejercicio de la pelota le dio mucho equilibrio. Pronto Berengar le mandó hacerlo en vez de en tierra en el agua y encima de un tronco; donde era mucho más fácil resbalarse y perder el equilibrio.

A lo largo del día Harry se hacía muchas heridas, ya fuera por las piedras al caerse al suelo o por las maldiciones que Berengar le lanzaba. Y no le dejaba curárselos, argumentando que tenía que aprender a ignorar el dolor porque en medio de una batalla no iba a poder curarse. Así que se pasaba días enteros con heridas abiertas, o con dolores agudos provocados por maldiciones que no había sido capaz de esquivar.

Empezó a controlar mejor los polvos de Lylian, y aunque más bien los usaba para crear distracciones; aprendió a utilizarlos para lo que necesitara. Berengar le dijo las únicas que no se podía hacer con los polvos: resucitar a los muertos, crear amor en una persona y curar heridas.

Aunque Harry ya sabía algo de la recolección de ingredientes por lo aprendido con John, Berengar le enseñó mucho más. Amplió sus conocimientos y le enseñó qué ingredientes eran más valiosos y la mejor forma de extraerlos.

Su dominio de la cocina creció, al igual que la creación de pociones. Poco a poco fue olvidando todo lo aprendido con Snape y se centró sólo en las pociones. Berengar le explicó el porqué para unas pociones se precisaban de unos ingredientes específicos y para otras otros parecidos pero de distintos animales o plantas:

- Cada ingrediente que se utiliza en las pociones contiene de forma mayoritaria una substancia específica, que es la se necesita en las pociones. Las substancias más usadas son vitriolo, azogue, rebis, éter, azufre y cinabrio. Por supuesto existen muchas más, pero estas son las más comunes. Cada ingrediente que se utiliza contiene una de estas substancias de forma mayoritaria, pero también pueden contener otra en menor medida.

- ¿Otra de esas substancias?

- No. Si contiene otra suele ser Albredo, Nigredo o Rúbedo. Son muy escasos los ingredientes que contienen algo como substancia secundaria sin ser estas. El tipo de mezcla de este elemento secundario es de gran importancia.

- ¿Por qué?

- Porque si combinas varios ingredientes con la misma substancia secundaria la poción resultante adquiere un efecto secundario a mayores. O si mezclas las substancias de la forma adecuada eres capaz de contrarrestar algún efecto de algún ingrediente en concreto.

- Eso suena a mucho trabajo.

- Eso suena a experimentación. Hay que experimentar para aprender. Por desgracia no dispones del tiempo necesario, por lo que te enseñaré tan sólo lo más básico para que sepas experimentar tú mismo si quieres. Nadie te pide que sepas de memoria cómo hacer una poción, puedes hacerlo mirando; por lo que es más importante que aprendas a identificar ingredientes, a entender las recetas y a distinguir la substancia o substancias que forman un ingrediente en concreto.

A Harry esos ingredientes que le habían mencionado le sonaban de algo, pero no fue hasta unos días más tarde que se acordó de qué: las recetas antiguas que Sirius había encontrado y escrito en aquel libro junto con los usos que él conocía de los polvos de Lylian.

Aquel día volvió a su baúl cuando su yo del pasado estaba entrenando con John, lo cogió y se lo llevó.

- Interesantes pociones –dijo Berengar cuando Harry se lo enseñó-. Hacía mucho tiempo que no las veía.

- ¿Qué pociones son? ¿Y por qué están escritas con las substancias como ingredientes?

- Es que antiguamente no se usaban ingredientes de un animal en concreto. Para las pociones servía coger cualquier ingrediente que contuviera esas substancias. Son pociones poderosas.

- ¿Por qué fueron olvidadas entonces?

- Porque estas en concreto tenían un pequeño defecto: Eran tóxicas.

- ¿Tóxicas?

- Sí. Envenenaban al que las tomaba. Sólo alguien que pudiera resistir un veneno podía tomarlas sin temer por su vida. Aquellos que podían se denominaban así mismos los cazadores. Porque estas pociones estaban especializadas para la caza de criaturas: Gato, que permite ver en la oscuridad; gaviota blanca, la base necesaria para crear la mayoría de estas pociones; beso, que aumenta la resistencia a sangrar y corta las hemorragias. Son muy interesantes.

- ¿Cómo alguien puede resistir un veneno?

- Existen pociones que te otorgan cierta resistencia. Es como si el veneno no te afectase hasta que éste llegue a una toxicidad elevada, por ejemplo, suministrándote más cantidad o ingiriendo varias pociones de ese tipo demasiado rápido.

- ¿Conoces alguna?

- Viene aquí una –dijo señalando el libro-. Miel blanca con exceso de Albedo. El Exceso de Albedo cambia la poción por completo y te confiere esa resistencia al veneno.

- ¿Merece la pena que la haga y la tome?

- Tiene sus ventajas. Esas pociones son útiles para ciertas situaciones, aunque es preferible no depender de ellas. También tienen sus desventajas.

- ¿Cuáles?

- Debes tener cuidado con lo que tomas. Y por desgracia te hace alérgico a ciertas pociones.

- ¿Cuáles?

- Muchas pociones antiguas que ahora ya no se usan, pero creo que ahora sólo a la amorentia y al veritaserum.

- ¿No me afectarían ni la amorentia ni el veritaserum? Sé cuál es el veritaserum, ¿pero qué es la amorentia?

- La amorentia es la poción de amor más fuerte que existe. No, no te afectarían, pero justo después de tomarla te sentarían terriblemente mal. Dependiendo de la cantidad que hubieras tomado aguantarías más o menos, pero si no tomaras rápidamente un antídoto podrías morir.

- Eso es serio… ¿Cómo puedo saber si me dan veritaserum o amorentia sin que me dé cuenta?

- El veritaserum no hay forma de detectarlo, pero la amorentia hace que la bebida huela a cosas que te atraen. Yo tomé hace mucho esa poción y soy alérgico a esas pociones. La única manera de ser siempre precavido es llevar antídotos con uno y la alerta permanente.

- Me recuerdas a Ojoloco con lo de alerta permanente –dijo Harry-. ¿Cuál es el antídoto para las pociones?

- Para la amorentia y el veritaserum curiosamente el antídoto es la miel blanca con exceso de rúbedo. Para estas pociones antiguas la miel blanca normal anula sus efectos. Mi consejo es que lo intentes. La mayor ventaja es que aunque no tomes estas pociones serás más resistente a los venenos comunes.

- ¿Es reversible?

- En parte sí. Podrías tomar un antídoto para volver a la normalidad, pero sólo te haría efecto si has estado 2 años sin tomar veneno alguno.

- Vale, pues hagámoslo.

Y lo hicieron. Berengar le preparó la poción y Harry la tomó. Desde aquel momento Berengar le empezó a acostumbrar a los efectos de las otras pociones que venían en ese libro:

Gato: Permite ver en la oscuridad total…

Gaviota blanca: Base para pociones complejas…

Miel blanca: Cura el envenenamiento y anula cualquier efecto a largo plazo de una poción ingerida anteriormente…

Ventisca: Mejora los reflejos y el tiempo de reacción…

Correhuela: Inmunidad a los ácidos (aquellas substancias que corroen rápidamente la materia, como la sangre de ciertas criaturas)…

Sauce: Aumento de la resistencia (te vuelves duro como un árbol)…

Beso: Aumento de la resistencia a sangrar y corta las hemorrágeas…

Esencia de Raffard el Blanco: Cura al usuario instantáneamente. Es la poción más tóxica de todas y se recomienda tomarla sin haber ingerido otra antes...

Rey y reina: Bomba que produce miedo mágico…

Sueño de dragón: Bomba que produce una gran explosión…

Harry probó las pociones y las bombas para comprobar sus efectos, pero no mucho más. Aprendió a prepararlas y Berengar le habló de criaturas antiguas con las que se solían usar.

Algunos de los ejercicios que Harry tenía que hacer le sirvieron para agudizar mucho su oído y su olfato; y al mismo tiempo para mejorar sus movimientos. Se hizo mucho más rápido y sigiloso, aprovechando cuando podía las sombras a su favor.

Leyó mucho, aprendió bastante teoría y Berengar le ayudó a entenderla y practicar. Era bastante paciente con él y no le molestaba que Harry fallara cuando le preguntaba algo. Era un buen maestro y Harry un buen alumno. Progresaba rápidamente y demostraba que estaba interesado y que se esforzaba.

Su oclummancia también mejoró enormemente, ya que a veces Berengar se dedicaba a lanzarle ataques mentales mientras le atacaba físicamente. Harry se vio obligado a hacer varias cosas a la vez sin perder la concentración. Sus muros mentales se hicieron más gruesos y con el menor número de grietas posibles, ya que Berengar aunque no utilizaba toda su capacidad sus ataques eran poderosos.

Por las noches solían combatir mágicamente para que Harry practicara sus hechizos. Harry notaba que Berengar lo hacía así a propósito. Sentía que él podía vencerle fácilmente, y aún así cuando lo tiraba al suelo él lo felicitaba.

En la meditación, aunque aún no llegaba a lo que Berengar le pedía, iba haciendo avances. Conseguía predecir mejor los movimientos y los sentía con mayor naturalidad que antes.

Le instó a que siempre mirase su entorno para aprovecharse de él. Que usara el instinto y la imaginación.

Lo único que Berengar no quería enseñarle era a pelear cuerpo a cuerpo. Le decía que lo que sabía era más que suficiente y que era preferible que esquivara y golpeara con lo poco que sabía que perder el tiempo mejorando su técnica. En la guerra él se iba a enfrentar sobre todo a magos y aunque era útil saber pelear un poco, ellos no eran expertos ya que despreciaban las artes muggles.

Aún así Berengar le enseñó a usar un poco ciertas armas. Espadas, dagas, hachas de combate, lanzas, bastones… (bastón: palo largo usado como arma de dos manos). Más bien lo mínimo. Cogerlos bien, utilizarlos para defenderse y poco más. El favorito de Berengar parecía ser el bastón, ya que Harry fue con el que más estuvo practicando. Cuando Harry le preguntó por ello, él dijo:

- Sí, es mi favorito, pero ya descubrirás el porqué. Pero una de las razones es por lo fácil que es de crear. Están hechos sólo de madera los más clásicos. No tienen metales, ni minerales ni nada por el estilo que compliquen su fabricación. Una estructura sencilla fácil de recrear, hasta para el mago más inútil. Y en cualquier ocasión sin mucho esfuerzo puedes obtener uno. Observa:

Cogió una pizca de polvos de Lylian y los lanzó al lago, del que salió casi al instante un bastón de agua. Voló hacia Berengar quien lo cogió e intentó golpear a Harry, pero él había puesto en medio su propio bastón.

- Incluso en la peor de las ocasiones puedes tener un arma disponible –dijo mientras elevaba el bastón e intentaba pegar a Harry en la cabeza, aunque el chico otra vez puso su arma en medio. Para su desgracia su bastón atravesó al de agua y Harry se llevó el golpe igual además de quedarse mojado ya que el bastón en el momento en el que le golpeó dejó de ser sólido.

Y entrenar no era lo único que hacían. Durante las comidas charlaban. Berengar le comentaba de antiguas experiencias suyas. Ciudades que había visitado anécdotas vividas, detalles de antiguas culturas… Temas banales que sólo servían para distraerse, pero que servían para olvidarse por unos minutos de sus problemas. Poco a poco Harry le fue cogiendo algo de confianza, pero sobre todo respeto. Aquel hombre había empezado a sustituir en parte a Dumbledore. Antes para Harry Dumbledore era aquel hombre poderoso pero sobre todo muy sabio que hacía lo mejor para todos. Ahora que había tenido tiempo para pensar bien tan sólo le parecía un hombre que una vez fue admirable, pero que ahora acostumbrado como estaba a que todos le siguieran ciegamente sin cuestionarlo era demasiado terco como para intentar dudar de sus propias acciones. Berengar le parecía en parte lo que Dumbledore le había parecido: poderoso y sabio; pero aún así prefería esperar para ver qué pasaba en el futuro y conocerlo mejor.

La relación entre ellos creció, aunque era más una relación maestro-discípulo en que los dos estaban cómodos con el otro a una verdadera relación de amistad. En ese sentido Harry echaba de menos a Remus y la relación que habían adquirido ese verano. También echaba mucho de menos a sus amigos, y aunque aún le dolía lo que habían hecho, finalmente Harry pensó que era normal. El siempre atraía los problemas y ellos querrían calma y tranquilidad; y aunque le molestaba, había decidido dejarlo y no decir nada. Seguiría como si nada hubiera pasado. Después de todo siempre fueron sus amigos y aún quería estar con ellos. De todas formas si les hacía creer que se dejaba controlar, bajarían más la guardia y a él le sería más fácil esquivarlos para hacer lo que tuviera que hacer.

Algunas veces, mientras Harry leía o estaba inmerso en algún entrenamiento que no necesitaba la atención de Berengar, él se marchaba durante unas horas a quien sabe dónde y al volver no mencionaba nada.

Una de las lecciones más importantes que Berengar le enseñó llegó unos días más tarde.

- Dime Harry, ¿es posible hacer magia sin varita?

- Que yo sepa no. Excepto con los polvos de Lylian. Es necesario canalizar la magia a través de la varita.

- ¿Y los niños pequeños? ¿Cómo hacen la magia accidental? No tienen ninguna varita.

- Pues… No sé. ¿Acaso es posible?

- Sí. El mago es el que tiene la magia en su interior, no la varita. La varita tiene su propia magia que ayuda a estabilizar la magia del hechizo, pero es del mago del que proviene la magia.

- ¿Y por qué usan varita entonces los magos?

- Porque es más fácil hacer magia con ella. Y los magos explotaron esa parte de la magia. La magia sin varita ha sido un tema tratado por muy pocos en verdad. Es difícil al principio, porque no es lo mismo que la magia con varita, pero luego es bastante fácil. Al contrario que con la varita no hace falta decir unas palabras, ni con la varita hace falta. ¿Acaso no te resulta raro que unas palabras, o lo que es lo mismo, unos sonidos, unas determinadas vibraciones de las cuerdas vocales, produzcan la magia?

- Nunca había pensado en ello.

- ¿Por qué se dice unas palabras en voz alta? Para exteriorizar el hechizo, para darle fuerza. Muchos magos carecen de la fuerza mental para mantener una imagen de lo que quieren hacer, por lo que exteriorizan las palabras para darle fuerza a su magia. Así fue como empezó todo y ahora os hacen memorizar palabras determinadas para los hechizos.

- ¿Quieres decir que con pensar lo que quiero que ocurra, como con los polvos de Lylian, puedo hacer magia sin varita?

- No. Como ya dije, los magos exploraron el mundo de la varita, pero dejaron sin explorar el mundo de la magia sin varita. Los pocos que estudiaron esta rama sólo desarrollaron ciertas cosas. Ahora lo que vas a hacer es empezar a exteriorizarla.

- ¿Cómo?

- De la forma más sencilla: Magia accidental.

- ¿Magia accidental?

- Sí. Vamos a forzar tus emociones. En las emociones reside la fuerza de la magia. Cuando más poderoso es un mago más afecta de manera inconsciente a la naturaleza con su magia. Un ejemplo de eso a veces es el cambio del tiempo con los cambios de humor. La tristeza que se refleja como lluvia intensa. Ira reflejada como explosiones, rayos y truenos. Y otros tantos.

- Yo nunca he hecho eso.

- Porque la mayoría de los magos no están en sintonía con la naturaleza. Tú estás aprendiendo a sentirla en tus sesiones de meditación, y eso en parte te ayuda a sacar la magia hacia fuera. Ahora vamos por algo fácil. Quiero que pienses en algún recuerdo que te enfade, en el que la ira te corroa.

Harry intentó hacer lo que le había pedido. Era fácil, sólo tenía que recordar a los Dursdley. Aún así en parte no sentía que fuera suficiente, sentía que no estaba lo suficiente enfadado. Empezó a recordar a Snape, a Malfoy, y todos aquellos momentos que le hicieron pasar.

Berengar notó cierto temblor, pero muy ligero.

- A mí no me engañas, sé que puedes hacerlo mejor –dijo Berengar.

Entonces aprovechó ese momento para atacar mentalmente a Harry, ya que él estaba con la guardia baja. Lo condujo por sus propios recuerdos hasta que revivió el encuentro con su demonio personal y sus palabras sobre Hermione…

- ¡¡NO!! –gritó Harry y la tierra a su alrededor empezó a temblar enormemente. La superficie del lago, normalmente tranquilo, empezó a agitarse, y se generaban olas cuyo origen era la dirección donde estaba Harry. El viento también empezó a soplar fuertemente. Entonces Harry cayó de rodillas, exhausto; mientras todo volvía a la normalidad.

- Eso ha estado mejor. Por lo que he visto, aquella noche diste un gran paso aceptando tus recuerdos, y se nota que ya no te afectan demasiado porque no has conseguido explotar tan fácilmente como te ocurría antes según vi. Pero debes controlar tus emociones internas. Encuentra cada una y aprende cuando debes utilizarlas. Es preferible usar la ira y dejarla en paz cuando no la necesites que utilizar un recuerdo que despierta tu ira pero no sabes cómo parar. Sé que ahora mismo no me entiendes, pero con el tiempo entenderás.

Harry siguió respirando pesadamente. Había liberado mucha energía mágica de golpe sin darse cuenta.

- ¿Sentiste la energía que liberaste?

- Sí –dijo Harry levantándose de nuevo.

- Ahora intenta concentrar esa energía en tu mano derecha. Imagínate que esa energía te quema en la mano y quieres sacarla para fuera.

Harry intentó hacer lo que le decía. Le llevó bastante, pero finalmente y para su sorpresa generó una pequeña bola de fuego, del tamaño de una pelota de golf, que apenas duró.

- ¿Qué ha sido eso?

- Lo más fácil que puede generar un mago, fuego.

- ¿Fuego?

- Sí, concretamente una bola de fuego. El fuego es fácil porque proviene de la rabia y la ira. Cierra los ojos –Harry los cerró-. Ahora llama a tu ira y concentra tu energía en la mano de nuevo.

Harry se concentró. Volvió a enviar su energía mágica a su mano, como antes; generando la pequeña bola de fuego. Entonces volvió a su mente el mismo recuerdo de antes, y como si de la mecha de una bomba se tratara, su ira se prendió rápidamente y su energía volvió a explotar. Gran parte de esa energía se liberó de forma parecida a antes, pero la otra parte, reunida como estaba en su mano, incrementó el tamaño de la bola de fuego. Por desgracia Harry no pudo mantener esto demasiado tiempo.

- ¡Bien! –exclamó Berenga-. Ahora sólo necesitas práctica para controlar tu energía y tus emociones lo justo.

Y así fue. Berengar le hizo practicar duro, crear y lanzar bolas de fuego, cada vez más seguidas, a distintos blancos. Luego le explicó de otros tipos de energías que se podían crear además del fuego, aunque más difíciles de conseguir, como de aire. También le dijo que cada mago podía crear también bolas de energía mágica, por decirlo de alguna manera. La bola consumía mucha más magia que cualquier otra, pero a cambio era muy poderosa. No provenía de ninguna emoción en particular, simplemente el mago con suficiente entrenamiento era capaz de concentrar la magia suficiente para crearla. Harry intentó crear alguna, pero necesitaba mucho tiempo para crear una bola pequeña y después quedaba demasiado cansado para continuar. La curiosidad de estas bolas de energía es que según el mago el color era distinto. Las de Harry eran del mismo color que sus ojos: verde esmeralda.

Otro día, Berengar le explicó sobre la existencia de bastones mágicos o de mago. Herramientas útiles para almacenar energía temporalmente. Antiguamente utilizado en rituales mágicos, como generador de fuertes escudos y en el combate como apoyo del mago. Útil para explosiones de poder mágico.

- En una antigua batalla yo lo utilicé para concentrar y aumentar el poder de mis bolas de energía. Como sabes, cuanto más te concentre en una bola de energía más poderosa es esta. Un bastón mágico acumula mucho mejor que una varita tu poder. La otra ventaja que tiene un bastón como éste es que siempre puedes utilizarlo para apoyarte en él –dijo Berengar riendo.

Berengar le dio un bastón para aprendices, y Harry aprendió a usarlo un poco. Generar escudos, bolas de fuego, grandes corrientes de aire… y éste, en vez de ser como el que le había enseñado Berengar (tipo el de Saruman del señor de los anillos, con un cristal en la parte superior) era doble, con un cristal en cada extremo, pero dentro de la propia madera del bastón, apenas visibles. Por el resto parecía un bastón normal de lucha física. Berengar le había explicado que lo bueno de ese bastón es que si un enemigo se acercaba demasiado siempre podía utilizarlo de forma física.

Y Harry practicó, hasta el agotamiento. Apenas descansaba dos o tres horas diarias meditando, pero compensaba eso recuperando parte de sus fuerzas en sus sesiones de meditación y sintonía con la naturaleza. (Recordar que meditando sólo necesita descansar unas 4-5 horas. Pero con todo el ejercicio que hace no le vendrían mal 6-7 horas).

Berengar le obligó más adelante a entrenar aún con más peso. Los 100 Kg iniciales fueron aumentando progresivamente hasta los 250 Kg.

Aún así Harry se volvió aún más rápido que antes. A pesar del incremento del peso el entrenamiento no le costaba tanto como al principio. Su equilibrio era tal que empezó a enfrentarse a Berengar en duelos mágicos encima de los troncos y conseguía esquivar parte de los hechizos. Alguna vez peleaban físicamente, pero encima de una o dos cuerdas que estaban unos metros elevadas en el aire. Aquí Harry lo que hacía era esquivar manteniendo el equilibrio y devolver el golpe si podía.

Su magia también aumentó. Tal como había dicho Berengar, al usar tanto su magia y llevarla al límite, provocó que poco a poco esta fuera aumentando. Sus hechizos eran más poderosos y certeros. Aprendió muchos más, maldiciones, encantamientos, escudos, hechizos de transformación…

En eso tuvo gran parte que ver los libros. Leyó bastante, y Harry estaba asombrado de esa rapidez. No se aprendía todo al pie de la letra, pero al menos entendía todo. Berengar simplemente le explicaba lo mejor posible y le decía que no tenía que aprenderse las cosas. Bastaba con que supiera de que iba y en caso de necesitarlo saber a qué libro tenía que acudir a consultarlo.

En las pociones Harry mejoró mucho. No es que fuera extremadamente bueno pero no se le daban mal. Tal como dijo Berengar con ayuda de la cocina aprendió como cortar los ingredientes, cuando era el momento de subir o bajar el fuego, etc. Al menos podría seguir trabajándola por su cuenta sin mucha dificultad para preparar los éxtasis.

Su oclummancia y barreras mentales habían mejorado bastante. Berengar le empezó a dar consejos de cómo crear una buena fortaleza mental ahora que sus defensas interiores eran sólidas. Fue como empezar a diseñar un laberinto lleno de trampas. Harry decidió hacerlo como si fuera una pirámide egipcia. Y con todo tipo de estructuras imposibles, y alguna que otra criaturilla… Pero todo eso por ahora sólo era el diseño, ahora tenía que construirlo.

Sus sesiones de meditación dieron sus frutos y consiguió llegar al estado descrito por Berengar. Estaba en completa sintonía con lo que le rodeaba y sentía cada movimiento del aire, a cada animal, los muy silenciosos pasos de Berengar… A partir de entonces fue capaz de llegar a ese estado con mayor facilidad, y por ende su nivel de percepción aumentó bastante. Cuando se concentraba mínimamente era capaz de predecir cualquier movimiento, y aunque eso ya era capaz de hacerlo antes, necesitaba mucha más concentración. El nivel de dificultad de sus combates con Berengar se vio incrementada por este hecho.

Lo único que Harry no consiguió fue controlar del todo sus emociones. Consiguió dominar el arte de la creación de las bolas de fuego, pero apenas fue capaz de hacer lo mismo con las demás energías. Gran parte de la energía se perdía y se iba en el intento.

Así pasaron cuatro semanas. 28 días de intenso entrenamiento. Ese día Berengar le informó por la tarde:

- Mañana es el día de la prueba. Me he enterado de que hay una criatura peligrosa y muy rara suelta. Normalmente está prohibido cazar a estas criaturas, pero está en particular es demasiado vieja y está desquiciada. No hay posibilidad de calmarla y llevarla al refugio. Tu tarea será encontrarla y matarla. Por la mañana te dejaré en un punto del lugar y tendrás todo el día para cazarla. Sólo tienes permitido llevar 3 pociones, y ningún arma. Tendrás que valerte de ti mismo y de lo que encuentres. Al anochecer llegaré para ver si has completado la prueba.

- De acuerdo –dijo Harry después de un pequeño silencio.

- Ahora vete a preparar tus pociones y a descansar. Mañana será un día muy largo.

- ¿Cómo se llama la criatura? –dijo antes de entrar en la cabaña.

- Espanto.

Al día siguiente Berengar llevó a Harry a un pequeño claro de una selva. Harry le preguntó más sobre el Espanto, pero Berengar no le dijo nada de nada.

- Recuerda que debes aprovechar tu entorno. Hasta la piedra más pequeña puede ser útil en el momento menos esperado –dijo Berengar antes de desaparecer.

Harry utilizó un par de hechizos para detectar al Espanto, pero no tuvo éxito ya que como no sabía nada de esa criatura, detectaba todas las criaturas del lugar y no obtenía nada en claro. Decidió comenzar a andar. Atravesó parte de la selva durante unas horas, hasta que se encontró con una serpiente hostil.

- Espera –dijo Harry hablando en pársel-. No quiero hacerte daño.

- ¿Un hablante de párssssel? –preguntó la serpiente confundida- Pensaba que sssólo era una leyenda la exissstencia de persssonasss asssí…

- Somos raros –dijo Harry-, pero actualmente conozco a otra persona como yo –dijo pensando en Volemort.

- Hacía mucho que ninguno venía por aquí –dijo la serpiente-. Ssssólo esssoss hablantessss de árbolessss... ¿Qué quieressss?

- Busco al Espanto. ¿Sabes en qué parte de la selva está?

- ¿La bessstia loca? Essstá por aquella dirección –dijo apuntando con la cabeza por donde Harry había venido.

- Mierda –dijo Harry-. ¿Qué sabes de la criatura?

- No mucho. Nosssotros no nosss acercamossss mucho a ella. Cuando enloqueció los hablantessss de árbolessss la sssoltaron en essste bossque y desssde entonces sssuele merodear por la zona del antiguo cementerio.

- Me conformo con lo que sepas.

- Hay un viejo monasssterio que fue habitado por los hablantessss de árbolessss hace mucho tiempo. Algunosss de losss nuestrosss dicen que allí hay muchosss librosss sssobre diversssasss criaturassss. Puede que allí encuentresss la información que bussscasss.

- ¿Dónde está ese monasterio?

- Te lo diré con una condición –respondió la serpiente.

- ¿Cuál?

- Llévame a mi nido. Essstá bassstante lejosss de aquí para mí. Te guiaré al monasssterio y dessspuésss te guiaré hasssta el cementerio. Mi nido no essstá lejosss de allí.

Después de pensarlo un momento Harry accedió. Cogió a la serpiente y se la puso en los hombros. La serpiente le indicó el camino, y una hora más tarde Harry llegó hasta el monasterio que había mencionado la serpiente. Parte de él estaba en ruinas, así que entró con cuidado. Buscó la biblioteca, pero en su lugar encontró la sala de armas.

- ¿Armas en un monasterio? –se preguntó Harry.

Miró el estado de algunas de ellas, pero decidió buscar primero la información necesaria. Exploró el resto del monasterio, donde encontró las antiguas habitaciones, la cocina (que aún contenía algunos víveres) y otras habitaciones destruidas. Pero ni rastro de la biblioteca.

- Humano –dijo la serpiente-. Por aquí.

Harry vio a la serpiente y la siguió. En una de las habitaciones le indicó un pequeño agujero que había entre el polvo. Harry con la magia limpió el lugar y encontró una trampilla, la levantó y bajó por las escaleras. Al final, la biblioteca de la que habló la serpiente.

- Gracias –le dijo Harry a la serpiente.

Había unos cuantos libros allí, cubiertos de polvo. Harry echó un vistazo a los títulos, y encontró varios mapas del lugar, libros sobre antiguas culturas, maldiciones, criaturas y cosas así. Abrió uno de los libros sobre criaturas y buscó rápidamente algo sobre el espanto, hasta que al fin encontró una referencia:

"El espanto era una criatura bastante temida por los aldeanos. Podía destruir aldeas enteras y la gente se encontraba indefensa a su paso"

En ese libro no había nada más, por lo que siguió buscando en los siguientes:

"El espanto era utilizado por antiguos magos oscuros como distracción principalmente, pues estas criaturas, aunque normalmente son muy pacíficas; enfadadas no dudan en atacar."

"La piel del espanto es muy dura, cosa que los hace casi imbatibles. Tiene 8 patas y puede llegar a los 4 metros de alto y 7 de largo. Su cuerpo solo alcanza la mitad de su altura máxima, y su largo cuello se eleva el resto. Utiliza sus dos patas delanteras como armas, aunque no duda en morder con sus afilados dientes a todo el que se le ponga delante."

"Cuando preguntamos al último cazador vivo por las debilidades de esta criatura lo único que dijo fue: Las campanas de San Miguel ayudan al acero candente a atravesar su endurecida piel. No nos fue de mucha ayuda, pero aconsejamos a cualquiera que se enfrente con el espanto a no atacarlo de frente…"

Después de hojear todos los libros esta fue la única información que Harry encontró sobre esa bestia. Por lo que parecía lo mejor para acabar con la criatura era atacar con una espada muy caliente. No sabía lo que quería decir el texto con lo de las campanas de San Miguel, pero a lo mejor lo descubría más tarde.

Subió por donde había venido y volvió a la sala de armas. Colocó varias armas encima de la mesa y comprobó su estado. Cogió un par de pequeñas dagas y se las colocó en las botas, un par de buenas espadas las colgó en forma de cruz en su espalda (con un hechizo) y en el cinturón puso un hacha de combate que había por allí. Fue hasta la cocina y con ayuda de la magia se hizo la comida. Después cogió a la serpiente y se fue de allí en dirección al cementerio.

Por el camino habló un rato con la serpiente.

- ¿Quiénes son esos hablantes de árboles de los que hablas?

- Extrañasss criaturassss. Sssse parecen un poco a ti, pero hablan un idioma antiguo que lesss permite comunicarssse con la consssciencia de los árbolesss. Vienen muy de vez en cuando. Antesss de dejar aquí a la bessstia loca no habían pisssado esste lugar desssde hace muchassss estacionesss de lluvia…

Finalmente, después de caminar durante varias horas, la serpiente le dijo que la bajara.

- Ya puedo llegar yo desddde aquí a mi nido. Tú sssigue en esssta dirección hacia donde ssse pone el sssol (oeste). Pronto encontrarásss lo que bussscassss.

- Adiós, y gracias –respondió Harry.

Harry siguió caminando en la dirección sugerida, y mientras iba pensando en lo que había leído:

"Campanas de San Miguel. Campanas de San Miguel. Lo de San Miguel debía ser algo puesto sólo para rimar, aunque quizás hubiera algún ángel o arcángel con ese nombre. ¿Pero por qué campanas? ¿Qué tienen de especial las campanas para poder herir a la criatura? ¿O es que son esas campanas específicamente? En el monasterio no había ninguna campana, la mayor parte del techo estaba destruida. Bueno, ya se me ocurrirá luego algo. Supongo que lo de candente será que a la criatura le hace daño el fuego al rojo vivo. ¿Cómo caliento yo las armas? Claro, puedo generar fuego y esperar a que se calienten…"

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el chillido de una bestia. Con extrema precaución se acercó un poco y pudo ver el mencionado cementerio donde estaba la criatura descrita. En verdad era enorme.

El espanto, como sintiéndose observado, se dio la vuelta y miró en la dirección de Harry, chillando aún más al descubrir al intruso.

"Mierda" pensó Harry. Rápidamente se escondió entre los árboles y huyó sigilosamente. Poco después volvió al perímetro desde otra posición, pero esta vez oculto entre la maleza.

Parecía que la bestia había avanzado un poco con la intención de eliminar al intruso, pero al ver su huída había vuelto a su posición en el cementerio. Harry decidió seguir moviéndose rodeando toda la zona para poder observarla con mayor detenimiento y ver cómo aprovechar el entorno a su favor.

Del monasterio también se había llevado uno de los mapas, que utilizó para comparar mejor la zona. Lo mejor sería primero cansar a la bestia; después conducirla a un callejón sin salida, un sitio pequeño sería lo ideal para que su tamaño se volviera en su contra; y finalmente rematarla con las armas ya al rojo vivo. La mejor manera de calentar las armas sería hacer una gran hoguera para que hiciera el trabajo mientras él hacía el resto del plan. Pero para eso necesitaba una zona sin apenas maleza, para que no se extendiera el fuego por el bosque.

Al final decidió que el mejor lugar sería un viejo mausoleo. A las afueras plantaría el fuego porque estaba toda la zona llena de piedras y arena y nada de vegetación. Y dentro del lugar sería un buen sitio para atrapar a la criatura.

Intentó acercarse un par de veces, pero en ambas ocasiones el espanto parecía oírle u olerle, por lo que se tenía que alejar para que no se acercara y atacara. Después se lo ocurrió intentarlo con magia. Cogió la varita y transportó sin moverse de su sitio bastante madera a las afueras del mausoleo. El espanto no hizo nada, lo que le indicó a Harry que la bestia tenía un olfato muy bueno y por eso él no se podía acercar demasiado.

Así siguió un rato, colocando parte de la madera para generar el fuego y el resto en un rincón listo para llevarla a dentro del mausoleo más tarde para iluminarlo. También usando la magia puso todas las armas que portaba con él (menos una espada y una daga) encima de la hoguera y las dejó en el aire.

Entonces respiró profundo, se concentró y generando una enorme bola de fuego la lanzó contra la madera incendiándola rápidamente.

El espanto volvió a chillar muy alto y se giró hacia la hoguera. Harry aprovechó ese momento para acercarse a la bestia y le lanzó otra bola de fuego a la cabeza para provocarla. Cosa que surtió efecto. El espanto, encolerizado, se giró hacia Harry y fue hacia él, muy lentamente, observando a esta nueva molestia.

Harry formó en cada mano una bola de fuego y lanzó una de ellas para cabrearlo más.

- Ven bichito… Es hora de cenar y tú eres el plato principal. Vas a quedar muy bien a la barbacoa –dicho esto lanzó la segunda bola de fuego.

El espanto chilló aún más, encolerizado, y corrió hacia Harry. Él se movió lo justo para esquivarle, pero se sorprendió lo rápidos que eran sus movimientos. Siguió lanzando bolas de fuego que no hacían nada a la piel de la bestia. Ésta, aún más cabreada, empezó a atacar aún más violentamente.

Esta vez, Harry se había librado por poco. La bestia era muy rápida y los movimientos de sus patas delanteras eran feroces. Acababa de recibir un corte en el pecho con una de esas patas tan afiladas y se había caído al suelo. Miró hacia arriba y vio la boca del espanto abierta y mostrando sus dientes afilados, que recordaban a los de un tiburón.

El espanto dirigió su boca ante aquel ser que se había caído con la intención de acabar con la vida de aquel ser que había entrado en su territorio y la había provocado. Los ojos de Harry estaban fijos en esa boca que iba hacia él…


¿A qué soy bueno? Este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora.

Y no he tardado demasiado en subirlo.

Ahora creo que descansaré un poco, he escrito mucho estos dias y me apetece leer.

Y para quienes se lo pregunten: los romances empezarán pronto, en Hogwarts, pero serán algo lentos. La pareja de Harry aunque al principio iba a ser Hermione, ahora no estoy seguro. Puede no serlo, hay otras dos posibilidades que quedan bien según lo que va a pasar.

Entiendo que a lo mejor querais saber que es lo que pasa en la cueva, o con Mundungus; pero Harry ha retrocedido en el tiempo, eso aún no ha ocurrido. Todo continuará en el próximo capítulo.

Gracias por los comentarios, y si is ha gustado este capítulo seguid leyendo y comentando.