Algunas verdades
Scorpius, había estado escuchando las lágrimas de su madre. Estaba encerrada en la habitación, con su padre y su hermano mayor. Con un suspiro, él, trataba de entrar pero no se lo habían permitido.

Snape, miraba a su alrededor mientras Hermione, negaba con la cabeza. Ella, no le cedería su hijo a nadie. Sobretodo, para el fin que deseaban algunos. Draco, coincidía con ella, pero Hermione, estaba muy desesperada y no atendía a ningún tipo de razón.

Con una sonrisa, Draco trataba de calmarla, pero no tenía éxito. En un grito, Hermione le había dicho que su padre, no entregaría a su hijo, por más unido al señor tenebroso que estuviera.

Al salir de la habitación, Scorpius esperaba por su hermano. Más, sin embargo, Snape no le comentó nada al respecto.

Se recostó en la cama y contempló el techo. El pequeño Scorpius, se sentó en la misma y lo contempló a él. ¿Qué había sucedido, como para que su madre, llorara de esa forma?

Severus, lo miró y decidió que lo mejor era comentárselo. Se sentó en la cama y meditó el cómo decir. El pequeño, se impacientaba.

- ¿Recuerdas, esos hombres malos, de los que te hablé?

- Sí...

- Ellos, quieren que tú estés con ellos.

- ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?- sollozó el pequeño, lleno de miedo- ¡Ellos, fueron los que te hirieron!

- Sí- ¿Cómo explicar, el motivo? Tendría que empezar, desde el pasado de la familia Malfoy.

- ¡Yo no quiero ir...!- chilló el pequeño y Snape, negó con la cabeza.

- No irás, no lo permitiremos- Suspiró Snape y Scorpius, pudo respirar.

Hermione, entraba en la habitación, cuando Severus comentaba al respecto. Miró a su hijo y no pudo evitar seguir llorando. Snape, se levantó de la cama y decidió dejarlos allí dentro. Tenía, que charlar con Draco.

El muchacho estaba perplejo, casi sin respirar. Contemplaba el patio con pesar y apretaba la carta entre sus manos. Se sentó a su lado y contempló el ambiente con él. Estaba muy preocupado, por lo que pudiera resultar de todo el asunto. Draco, suspiró y miró al hombre con cierta preocupación.

- ¿Qué vamos a hacer? ¡Es sólo un niño!

- Lo protegeremos...

Draco quiso preguntarle como, pero Snape ya se había levantado. El pequeño, estaba con su madre, mientras ella le acariciaba la cabeza. Severus, se detuvo junto a ella y tomó una decisión.

- Iré a ver, al señor tenebroso.

- ¿De qué está hablando? ¡Usted no...!

- Quizás, pueda ofrecerme en vez, de que se lleven al niño.

- ¡Eso no tiene sentido! ¡Ya saben que usted...!

- No tiene opciones, Granger.

Hermione, suspiró y observó al decidido hombre en cuerpo de niño. Con una mueca de horror, Scorpius se negaba. Herirían una vez más; a su hermano. Draco, había aparecido en la sala y no podía negarse a la propuesta que hacía el hombre.

Severus, se encaminó hacia la habitación para tomar su varita. Con un suspiro, observó las heridas en su cuerpo y supo, que serían más. Profundas, alrededor de su cuerpo. De todas formas, tenía que salvar al pequeño. Era inocente de toda culpa que pudiera tener su familia. Si eran unos asesinos o no, no era su culpa.

Caminó hasta estar en el salón, nuevamente. Ambos padres, observaron al hombre, mientras meditaba. Scorpius, estaba reacio a dejarlo ir. Draco, se detuvo a un lado de Snape y con un suspiro, supo que era hora de partir.

Hermione ladeó la cabeza y observó a su hijo. Estaba reacio, así que se detuvo frente a la puerta. Ella lo sabía y su hijo también. Ellos, sólo desaparecerían y no necesitaban salir por la misma. Aún así, el pequeño tenía sus esperanzas.

- Tenemos que irnos- dijo su padre y el niño, negó con la cabeza y con lágrimas en los ojos.

- No dejaré que se vayan- le dijo, con decisión a su padre.

- Draco, por favor...

- Lo haré, señorita Granger...

Severus alzó la varita y de un momento a otro, Scorpius se la había quitado. El jovencito, sostuvo la varita entre sus manos y continuó negando con la cabeza. Draco, se acercó a él y estiró la mano para que se la otorgara.

- Es por tú bien.

- ¡No los dejaré irse!

Draco, sacó la suya y con un "Accio varita" fue suficiente. El pequeño, había comenzado a llorar, mientras Hermione le abrazaba.

- Estaré bien- confesó Snape con suavidad.

Su padre, asintió y de un momento a otro, ambos estaban fuera de alcance. El pequeño, halaba a su madre, para que tomara cartas en el asunto. Sólo que ella, en realidad, estaba embarazada y no podía tomar acciones.

Scorpius, pasó largo rato en su cama, nervioso. Hermione, estaba igual e iba de un lado a otro con cierto desespero. Temía por el profesor. Estaba herido, débil y propenso a ser aniquilado con fácilidad. Su hijo, también sabía eso.

Ella entendía, que su esposo no estaría de regreso pronto. Narcisa, había hecho acto de aparición en la casa y trataba de animar a su nieto. No tenía sentido, él sólo se animaría, si se encontraba con su hermano. Sano y salvo.

- Espero que todo resulte bien- confesó Hermione y Narcisa, ladeó la cabeza para mirarla, donde estaba sentada. Scorpius, se habia quedado dormido en la cama.

- No lo sé. Draco, tiene oportunidades, como no.

- Sólo espero, que el profesor Snape...

- Dudo que el señor tenebroso- meditó Narcisa- encuentre utilidad en Snape, luego de lo sucedido.

- ¡Le hará daño!

- No sabría decirlo...

Hermione suspiró, cuando Narcisa meditaba los acontecimientos. Seguramente, podría usar a Severus, para calmar sus frustraciones. No dudaba de ello. Scorpius, se había despertado y miraba a su madre con preocupación. ¿Qué podría decirle ella, que calmara las ansias de su hijo?

Mientras aparecían, Severus se sentía cansado. Draco, le ayudó a estabilizarse y miró a su alrededor. Estaban, en la mansión Malfoy y muy pronto, se encontrarían con Lucius. En un suspiro, Draco se acercaba hasta una sala muy iluminada. Allí, estaban Lucius y Bellatrix. Iba a ser un día muy difícil.

- ¡Ah, Severus y Draco!- musitó la mujer con diversión- ¿Dónde se supone que está el pequeño? ¿No me traes, a mi nieto?

- Hay cosas, más importantes- dijo Snape y Bellatrix rió.

- ¡Qué lindo quedaste!- suspiró la mujer, arrodillándose frente a él- ¡Toda una lindura!