DISCLAIMER: INUYASHA Y TODOS SUS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE LA TALENTOSA RUMIKO T.

Bueno estamos a unos pasos del capitulo final y dependiendo de como acaben las cosas habra epilogo! les mando mil saludos y mi gratitud a todos los que

pese a mi tardanza siguen aun esta historia. Gracias por leer y permitirme saber su opinion.

CAPITULO DOCE

Hacía rato que había despertado e intentado romper las ataduras que lo contenían. Pero se sentía muy débil. Una herida profunda en su pierna goteaba de manera alarmante, centro su atención en la herida, extrañado al ver que la sangre no paraba de manar. Trato nuevamente de liberarse, pero estaba exhausto

- Si sigues moviéndote sangraras más.- La voz era gentil y sonaba cercana a su rostro.- Tu debes ser el joven Inuyasha, el hijo menor de Inu no Taisho.

- ¿Quién está ahí?

- Soy un viejo amigo de tu padre…muy muy viejo a decir verdad.- El hanyou enfoco la mirada asombrado al ver que el árbol frente a él tenía un rostro.

-¿Eres el árbol sabio? He oído hablar a Myoga de ti.- Inuyasha dejo de moverse contra sus ataduras tratando de enfocar la mirada- ¿Tienes idea de cómo hizo la perra para atarme? ¡Esto es humillante!

-Hiyori es una hechicera poderosa joven Inuyasha, esa cadena está hecha para drenar tu energía demoniaca y usarla en tu contra, así te mantiene débil y bien sujeto. El problema es que si no te la retiran pronto va a absorber toda tu energía y morirás.

- ¡Mierda! ¿Y qué demonios tiene esa mujer en mi contra?

- ¿En tu contra? Nada, pero supongo que le eres útil para otro fin…

- ¿Otro fin?

- Hiyori es la prometida de Sesshomaru…

- …¡Carajo, va tras Aome!

Inuyasha trato de levantarse sin ningún resultado, las cadenas se apretaron un poco más, clavándose en su piel y drenando más energía, haciéndolo caer nuevamente contra la áspera corteza del árbol a su espalda.

El rumor de pasos se acercaba a él, poco a poco perdía la conciencia; y entre sueños lograba escuchar la voz de la primera persona que lo había tratado como un igual.

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-Las primeras tres líneas al norte, las otras al sur ¿Los regimientos de panteras están listos?

- Si, mi Señor, todos listos y en espera de su comando.

- Bien, Taro es mío, arrasen con todo su ejército…sin prisioneros.

- Entendido.

En medio de un silencio ominoso, el ejército del Oeste se desplazó hacia el último reducto de poder que le quedaba al usurpador Taro.

Las órdenes del Señor de Oeste habían sido dadas y no habría piedad para ninguno de los soldados enemigos. Taro había causado demasiado daño al imperio youkai, desaparecido toda una línea de poderosos y antiguos demonios que se quedaba sin heredero, el caos entre los youkai, también afectaba a los muchos asentamientos humanos que florecían en los distintos reinos.

Los soldados se encontraron en medio del campo de batalla a las afueras de la pequeña ciudad en la que Taro se resguardaba, Sesshomaru espero hasta verlo salir a pelear, lanzándose dese el cielo como una flecha cayendo suavemente frente al Daiyoukai que se había atrevido a deshonrarlos a todos al iniciar una guerra sin sentido.

Taro clavo la mirada en el rostro desafiante del Señor del Oeste, era consiente que no ganaría esta vez, ya sea por las heridas previas o por la mano de Sesshomaru. Su guerra terminaba hoy.

Levanto la espada, en franco desafío. Había cometido un error tras otro, esta era su última lucha y la pelearía con honor.

Sesshomaru desenvaino a Bakusaiga, y se lanzó al frente. El sonido de los aceros al cruzarse perdido entre el rugido de la batalla que se desenvolvía en torno a ellos.

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- Inuyasha despierta… vamos cabezota abre los ojos…- Aome trataba desesperadamente de liberar al joven de las cadenas, que aunque pequeñas y delgadas, contenían duramente al hanyou contra el árbol. No podía usar sus poderes porque se arriesgaba a distraer a Sesshomaru así que sus opciones eran cada vez más reducidas.

- El joven estará bien yo velare porque su energía no decaiga jovencita.. – La voz era amable y la tranquilizo un poco, Aome se giró para encontrar un enorme árbol de magnolia que poco a poco mostraba un rostro definido en su corteza.

- Te lo agradezco, no puedo usar mis poderes para romper la cadena.

- Por no mencionar que su uso atraería al Señor Sesshomaru de inmediato hasta aquí…- La joven abrió los ojos con evidente sorpresa aunque no dijo una palabra, esperando que su interlocutor hablara. – No te asombres pequeña, el sello de mi señor es visible para mi. Pero ese no es el problema, puedo percibir el flujo irregular del tiempo sobre ti, no es muy prudente permanecer en una epoca que no es la nuestra.

- ¿Cómo saber que este no es el lugar en donde debo estar?

- Je je, bien contestado pequeña, si tal vez este es el lugar en donde debes estar, pero NO el lugar en donde debes quedarte. Puedo sentir la energía fluctuando en ti… no permanecerás mucho mas aquí.

- ¿Pero… Sesshomaru…?

- Este es su tiempo mi pequeña… lo lamento

- No…

- Esa es la verdad..

- Y agradezco lo que me has dicho, pero le prometí que me quedaría a su lado… lo amo. Voy a hacer todo lo que este a mi alcance para permanecer junto a él.

- ¿Incluso aunque eso te cueste la vida? ¿O la vida de Sesshomaru?

- Su vida…

- Hay líneas poderosas que no deben ser cruzadas, sé que su amor es grande y tal vez con la bendición de Kami, ustedes se reunirán en alguna reencarnación futura.

- Yo no quiero una reencarnación… no sería yo, ni él sería…él. Seriamos otros. No puedo conformarme con esa idea Señor árbol

- Bokuseno pequeña, mi nombre es Bokuseno.

- ¿Hay alguna manera de evitarlo?

- No… tu destino no está en este tiempo.

Las palabras aunque suaves y gentiles del árbol, le atenazaban la garganta por el inmenso dolor que su corazón sentía. Este youkai al igual que Totosai, insistía en que no podían permanecer juntos…

¿Y si era verdad?

Si todos sus anhelos no eran más que eso… sueños que se reducirían al recuerdo y la soledad. Jamás podría amar a otro. Sesshomaru era todo para ella y lo sabía. Sin él, el futuro se reducía a envejecer y morir, dedicando su vida a su trabajo y a la pequeña familia que la esperaba siglos en el futuro. Quería llorar hasta desgarrarse la garganta, el dolor golpeando fuerte en su pecho haciéndola jadear.

No… Ellos encontrarían la solución, él se lo había prometido.

Volvería a ella.

Y ella lo esperaría.

- Mi Señor dijo algo hace tiempo, "Mi destino lo hago yo" Creo que seguiré luchando contra lo que sea Bokuseno, si al final las cosas se han dispuesto de forma distinta… que así sea. Pero no me rendiré sin pelear.

El Milenario árbol le dedico una sonrisa triste, conmovido por la profundidad de los sentimientos de la joven mortal al mayor de los hijos de Inu no Taisho. Sabia a la perfección la cantidad de voluntad y fe que se requerían para desafiar a los Kami de tal forma.

- Tus sentimientos te engrandecen jovencita… y si puedo ayudarlos a estar juntos lo hare gustoso.

- Gracias… Aome se sentía muy poco optimista, el sello le estaba dando en ese instante un leve tirón, como si Sesshomaru tratara de llegar a ella; libero un poco de su reiki concentrándose en su amor por el Daiyoukai, tratando de calmarlo de alguna forma. Se detuvo cuando un pulso de energía golpeo cerca de ella.

- Eres un elemento inconsecuente humana

- Hiyori… Libera a Inuyasha esta pelea no le concierne.

- Si lo libero, tratara de intervenir, y solo hay un limitado margen para arreglar nuestro problema.

- No tengo ningún problema contigo

- Error… tú evitas que Sesshomaru cumpla con su palabra. Yo seré la señora del Oeste. La compañera del más poderoso youkai.

- Lamento decirte que él me ha tomado como su compañera…

- Un error que voy a corregir ahora mismo… Hiyori se arrojó al frente con la espada apuntando al corazón de Aome. Con nulo acceso a los conocimientos de Sesshomaru era muy poco lo que podía hacer para defenderse, por lo que decidió crear una barrera que contuvo el ataque de la mujer por un instante. Antes de que decidiera lanzar golpe tras golpe buscando derribar la barrera.

- ¿Por qué insistes en esto? ¡Sesshomaru no te ama! –Aome se derrumbó dentro de la barrera cada vez más frágil, no comprendía la forma en que esta mujer la atacaba.

- ¿Amor? Eso es asunto de humanos, y seres inferiores. Es simple cuestión de poder. Yo soy la hembra más poderosa y él el macho más poderoso… nuestro linaje seria invencible.

- ¿Poder? ¿Eso es todo? En verdad ¿No anhelas ser feliz?- Aome trataba de llegar a Hiyori de alguna forma. Y por la expresión en el rostro de ella parecía haber tocado un punto sensible. La youkai bajo la espada y la miro fijamente.

- Felicidad… los youkai de noble cuna no pueden aspirar a tal cosa. Deber y honor van antes que cualquier interés particular… he sido criada para cumplir como madre y consorte de un poderoso señor. Sus deseos serán los míos y con eso bastara. Hiyori bajaba la voz con cada palabra, como si el solo hecho de decirlo en voz alta cambiara algo dentro de ella. Aquí estaba la poderosa Heredera. La hermosa prometida. La talentosa hechicera… pero

¿Sabia alguien quien realmente era ella? Había alguien traspasado la apariencia, los títulos y visto solo un poco más allá.

Sí; pero ella no podía aferrarse a esa ilusión.

Ella tenía un deber. Y lo cumpliría.

Aome vio el cambio en la actitud de Hiyori, el momento exacto en que el breve momento de duda había pasado. Y se preparó con todo su poder, lista incluso a bajar el bloqueo para invocar la fuerza del sello.

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Sesshomaru, hundió la espada en el pecho de Taro. Habían luchado solo unos minutos, sin convocar ningún poder, con las hojas desnudas. El sabía que su oponente estaba mal herido y no lucharía con ventaja.

El Daiyoukai del Norte se tambaleo un poco, la mirada fija en la hoja que le atravesaba el cuerpo a la altura del corazón. Curioso, siempre pensó que morir dolería bastante. Pero en ese momento Taro se sentía ligero, veía las cosas con mortal claridad. Escucho el sonido de Bakusaiga al salir de su cuerpo sin dejar una sola gota de sangre. La herida era mortal, pero no sangraba. Su peso lo venció lentamente y puso una rodilla en tierra, esperando el golpe final. Con creciente terror vio que Sesshomaru envainaba su espada y permanecía de pie frente a él.

- Taro; Señor del Shiro del Norte, ultimo del clan de los dragones de Tierra. Has causado demasiado daño a las tierras de los Señores a los que juraste lealtad. Has destruido por completo la casa señorial del Este al asesinar a traición al Señor Neima y sus pequeños cachorros. Trataste de adueñarte del Shiro del Oeste cegando miles de vidas en tu empeño. Se te condena a morir, por todo esto.

Morirás en este mundo y el siguiente. Tu nombre será borrado de todos los registros, mencionado de ahora en adelante solo como "el Traidor" los emblemas de tu casa serán borrados, tus tierras dadas al Shiro del oeste como reparación

Tu cadáver y el de todos tus compañeros serán desintegrados sin derecho al honor de una sepultura, y en el inframundo te destruiré para que tu alma nunca reencarne. – El rostro de Sesshomaru impasible mientras eleva una mano lentamente, el veneno comenzó a fluir hasta el silencioso hombre arrodillado frente a él.

Como si fuera uno los soldados del Norte que aun quedaban con vida trataron de huir, siendo alcanzados por las fuerzas del oeste y arrojados en un gran cumulo, que Sesshomaru atendió luego de desintegrar el cuerpo del traidor.

El Hijo mayor de Inu no Taisho reviso el campo de batalla, muchos de sus hombres estaban mal heridos , unos pocos habían muerto. Aeshi permanecía a su lado en espera de sus órdenes. Sesshomaru se permitió pensar en la mujer que había estado en sus brazos hacia solo unos instantes.

Sintiendo claramente la obstrucción que ella levantaba en el sello. La inquietud comenzó a elevarse en su pecho cuando sintió los picos de un aura familiar en las inmediaciones. Demasiado aturdido del olfato por la sangre derramada, comenzó a elevarse rumbo al campamento, Aeshi cerca de el en todo momento.

La energía cada vez más intensa, el aroma de la sangre dejado atrás conforme se acercaba al campamento. Sus pies apenas habían tocado el suelo del lugar cuando el pico de energía se manifestó en una explosión de poder. El no recordaba a quien pertenecía, pero el grito de Aeshi aun vibraba en el aire cuando comprendió lo que ocurría.

- ¡Hiyori!

Sesshomaru se lanzó entre los árboles, hacia el interior del bosque, justo en el instante en que un dolor sordo le golpeó la cabeza, con la intensidad suficiente para hacerlo jadear. El aire estaba saturado con el aroma de la sangre de Inuyasha, y poco a poco otro aroma se sobrepuso al de su hermano.

- Aome…


¡No me maten! Juro que intente poner este capítulo a tiempo, pero en serio que no encontraba cómo hacer para que me gustara. Porque yo soy mi control de calidad, si el capítulo no me atrapa.. es decir, que lo leo y me gusta tanto que se me olvida que lo escribí yo… entonces no sirve. No tienen idea de cuantas veces lo reescribí hasta que me quedo más o menos. Pero como me urge subir el otro capítulo…. Pues a ver ¿Ustedes que opinan?

Besos

mistontli