Aquellos que encuentran:
Podía oír la lluvia. Sí, aun podía oír como golpeaban rítmicamente las gotas sobre el tejado y pensó que era agradable.
Zero abrió los ojos lentamente y vislumbró que estaba comenzando a aclarar, aunque con el día frío y gris que tenían por delante, era difícil adivinar con exactitud la hora; así que de mala gana buscó a tientas su reloj que estaba sobre la mesita de noche. Las seis con veinte, aun era temprano.
Yuki se removió un poco en sueños y se aferró aun más a él, como si de ese modo pudiera mantenerlo junto a ella por más tiempo. Y quizás fuera así, se dijo con inseguridad mientras recorría suavemente con sus dedos el contorno de su mejilla y observaba con atención el movimiento apenas perceptible de sus pestañas.
La noche anterior había sido… intensa, por decirlo de algún modo. En ningún momento durante o después del viaje se pasó por su cabeza que aquello pudiera llegar a ocurrir entre ellos, principalmente porque todas sus preocupaciones se habían visto enfocadas hacia la investigación y lo que encontrarían al llegar a la casa. Pero viendo como se habían dado las cosas, Zero no se arrepentía en absoluto y esperaba que ella sintiera lo mismo.
Nuevamente no sabía muy bien como actuar al respecto, algo que se estaba haciendo habitual en él cuando se trataba de Yuki y eso lo inquietaba un poco. Las cosas entre ellos acababan de cambiar irremediablemente para bien o para mal. Solo confiaba en poder ser el hombre que ella esperaba que fuera.
Se inclinó un poco para besarla con suavidad en los labios. Un roce ligero y casi imperceptible que no alteró para nada su profundo sueño. Zero se apartó un poco para observarla y notó como aquella sensación indescriptible volvía a instalarse en su pecho. Una sensación que lo hacía ansiar algo que no podía comprender muy bien, quizás porque durante mucho tiempo en su vida simplemente se había limitado a existir sin más.
Por segunda vez volvió a besarla, pero en aquella ocasión la intensidad del beso fue un poco mayor y Zero no se apartó hasta que poco a poco Yuki comenzó a responder medio dormida a sus caricias. Luego de unos minutos, ella dejó escapar un largo suspiro y lo miró somnolienta con una sonrisa en los labios.
—Creo que podría acostumbrarme a esto. Me gusta —le dijo a él a la vez que enredaba los dedos en su cabello y tiraba hacia abajo para acercarlo nuevamente a sus labios y así poder besarlo—. Buenos días.
—Buenos días a ti también —le dijo Zero—. Ya está amaneciendo, así que pensé que podríamos levantarnos pronto y comenzar así de una vez por todos con nuestra investigación.
Yuki miró hacia la ventana y gimió bajito antes de arrebujarse entre las mantas y acurrucarse a su lado.
—Es temprano, está lloviendo y hace frío —le dijo ella con voz lastimera—. Quedémonos aquí un poco más, por favor, Zero. Después haré lo que quieras. Lo prometo
—Venga, tenemos que trabajar —la instó él con suavidad y besó su frente que era el único trozo de piel que quedaba expuesto de las mantas—. Mientras antes regresemos, más pronto podrás hablar con Yori y explicarle lo que ha pasado, ¿no es eso lo que deseas?
Zero sonrió al ver como se movía su cabeza ante la vehemencia de su negación. El cuerpo de Yuki comenzó a relajarse nuevamente, por lo que comprendió que iba ha quedarse dormida otra vez si no hacía algo para evitarlo.
—Yuki, tenemos que levantarnos —volvió a repetirle y posó su mano sobre su cadera desnuda siguiendo luego el camino hacia su cintura, otra vez su cadera, el muslo y así sucesivamente. Una y otra vez hasta Yuki contuvo el aliento y Zero percibió como se tensaba un poco.
Con lentitud, ella se aproximó un poco más a él y con manos temblorosas le acarició los hombros y el pecho. Luego, sus ojos se encontraron y Zero pudo apreciar en ellos una intensidad sorprendente así como también un poco de inseguridad.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó él con cierta inquietud—. Sé que para las chicas, la primera vez puede ser algo… difícil, y anoche no me dijiste nada… —Zero suspiró frustrado y la miró evidentemente avergonzado—. Supongo que no puedo evitar estar preocupado,
—Tranquilo, estoy bien. De verdad —le dijo Yuki con las mejillas completamente sonrojadas—. Lo de anoche… fue maravilloso… Nunca imaginé que… Bueno, yo… Espero que tú…
Zero la acalló con un beso. Yuki no protestó.
—Para mi también fue algo especial —le dijo él con una leve sonrisa—. Así que deja de darle más vueltas a ello porque no es algo de lo que debamos avergonzarnos ni preocuparnos. Te quiero, me quieres y eso es lo único que es realmente importante, ¿verdad?
Cuando Yuki asintió, él volvió a besarla con suavidad antes de incorporarse lo suficiente en la cama como para sentarse, sin embargo ella dejó escapar un gritito y se cubrió con la manta hasta la cabeza.
—Dios, ¿qué ocurre ahora, Yuki?
—Sigues desnudo —le dijo ella con voz amortiguada bajo su nido de mantas—. Dios mío, sigues estando desnudo.
—Lo sé, y por si no te habías percatado, tú también lo estás. De hecho, desde hace bastantes horas hemos permanecido así aunque a ti no parecía importarte tanto. ¿Por qué ahora…?
Se calló de inmediato cuando ella se descubrió con brío la cabeza dejando al descubierto su oscuro cabello despeinado y lo miró con sus ojos castaños llenos de enojo.
—Sal de aquí y vístete de una vez, Zero. ¡Esto es tan vergonzoso! Tú… tú… ¡Deja de mirarme como si hubiera perdido la cabeza!
Aquella era una probabilidad que Zero se estaba planteando ante aquella escena por parte de la chica que seguía acostada a su lado. De algún modo estaba aprendiendo a pasos agigantados que la mente de las mujeres era mil veces más complicada de lo que siempre había creído y eso era tan frustrante como intrigante. Quizas por ese motivo, hasta cierto punto le gustaba. Sí, le gustaba tanto como estar al lado de aquella joven que de a poco se le había metido dentro hasta que ya no pudo hacer nada más que quererla sobre todo y sobre todos.
—Que escandalosa eres —le dijo Zero y le apartó un mechón de cabello del airado rostro. Y a pesar de que temía que ella lo apartara de un manotazo, Yuki se quedó tranquila y bien dispuesta cuando la obligó a levantar un poco la cara para besarla con intensidad—. En quince minutos estaré listo, así que ni se te ocurra volver a dormirte o te bajaré estés como estés vestida. O desnuda. ¿Comprendido?
Ella le pegó un puñetazo en el hombro y volvió a meterse completamente en su refugio de mantas. Él no pudo evitar sonreír ante aquella muestra de infantilismo por parte de ella y se puso de pie para recoger su ropa antes de dirigirse a toda prisa al cuarto de baño.
Una vez se encontró solo en aquella estancia que habían limpiado a conciencia el día anterior, por fin comenzó a tomar verdadera conciencia de todo lo que habían hecho. A pesar de que creía en verdad lo que le había dicho a Yuki sobre que si sus sentimientos estaban en el lugar correcto aquello no era un error, también sabía que si Kaien llegaba a enterarse de aquello lo iba a querer matar. Y no podría quejarse por eso, porque de algún modo sentía que había traicionado su confianza.
Echó a correr el agua de la ducha para que se calentara un poco mientras se lavaba los dientes. Cuando levantó la mirada hacia el espejo cubierto de vaho, lo limpió con la mano observando detenidamente el reflejo que este le devolvía. A vista de todo el mundo, seguía siendo el mismo chico de siempre, pero inevitablemente, Zero comprendía que después de todas las cosas que habían ocurrido durante las últimas horas, algo dentro de si mismo había cambiado irremediablemente. Quizas se había hecho mayor, como si de algún modo y sin que él lo sospechara en algún rincón de su mente aun hubieran quedado vestigios del niño que había sido. Del niño…
Notó como el corazón comenzó a latirle con ferocidad en el pecho y podía sentir la sangre atronándole en los oídos. Pero, ¿en que demonios había estado pensando? No, ese era el verdadero problema, que en ningún momento se había detenido a pensar porque Yuki había ocupado la totalidad de sus sentidos. De sus emociones. Y él… se había comportado como el idiota que era. ¡Dios!
Se llevó las manos al rostro pretendiendo calmarse un poco e intentando hacerse comprender que ya no había nada más que pudieran hacer aparte de esperar. Y decírselo a Yuki, se dijo notando un peso en el estomago. Porque seguramente en ningún momento hasta ahora ella había pensado que lo de la noche anterior podría tener consecuencias tan importantes como un hijo.
Por Dios, ¿cómo se suponía que debía decirle algo así?
Yuki se quedó tendida en la cama mientras oía que Zero se alejaba de la habitación, así que cuando se sintió segura, se levantó a toda prisa para buscar su camisón y ponérselo antes de volver a acostarse.
Aunque sabía que era una estupidez, se sentía inmensamente feliz, como si el hecho de haber cruzado aquella línea, hubiera logrado que la relación entre ellos se volviera hasta cierto punto mucho más real y profunda. Para ella, simplemente había significado el comienzo de algo infinitamente importante. El principio de todo.
Estaba enamorada, se dijo con una sonrisa.
No estaba muy segura de querer saber lo que aquel día les depararía y reconocía que incluso tenía un poco de miedo. Durante la jornada anterior ambos habían estado tan ocupados con los arreglos de la casa y las preparaciones, que las emociones de Zero no se habían visto afectadas casi hasta el final del día. Sin embargo, en ese momento tendrían que dedicar horas y tal vez días a escarbar poco a poco en su pasado, ¿como podría afectarlo aquello? No sabía que más podía hacer aparte de estar a su lado y apoyarlo. Aun así, sentía que aquello no era suficiente.
Shizuka Hiou. Era increíble como una sola mujer pudo lograr producir tanto daño en la vida de otras personas, y no solo de Zero, porque ella podía percibir la angustia que invadía a su padre y a Yagari cada vez que aquel tema era inevitable. Algo que estaba ocurriendo con mucha frecuencia durante las últimas semanas.
Zero le había confesado que aquella mujer le había pedido perdón por lo ocurrido y había estado llorado cuando intentaba acabar con su vida. ¿Por qué habría querido matar a dos niños de apenas trece años? Para Yuki, era algo completamente inconcebible porque tanto Zero como Ichiru eran totalmente inocentes en aquel momento, por más cosas que los padres de ellos hubieran podido hacer. ¿Qué podía motivar un odio tan grande en un alma humana? ¿Qué podía llevar a una persona a cometer un pecado tan horrible?
Aunque no le gustaba mucho pensar en aquello, sabía que Zero aun tenía motivos para querer venganza por su familia y obtener las respuestas a todas aquellas preguntas, pero Yuki también era capaz de comprender que su padre tenía razón al sugerir que esa mujer era peligrosa y ellos quizás no podrían hacer nada para defenderse. Incluso, ella ni siquiera sabía que apariencia tenía y si se descuidaba podía terminar metiéndose en un lío, o aun peor, poniendo a Zero en peligro.
Nunca se había tenido por una persona débil. Podía soportar las dificultades que la vida le fuera imponiendo y no le importaba arriesgarse por las cosas en las que creía, pero comenzaba a comprender que en ese momento sentía un poco de temor por todo lo que estaba sucediendo. Tenía miedo de perder a Zero o de que nuevamente Shizuka Hiou le hiciera tanto daño emocional que en esa ocasión no pudiera recuperarse. Pero sobre todo la asustaba el hecho de atemorizarse tanto con las probabilidades que se terminara convirtiendo en una inútil para todos a los que quería. Quizas en aquello consistía el hecho de tenerle miedo al miedo.
A pesar de todo sabía que por mucho que pensara y le diera vuelta a ese problema, lo único que podía hacer por el momento era estar con Zero cada vez que él la necesitara. Por mucho que en diversas ocasiones él se empeñara por apartarla de su lado.
Con desgana, Yuki se sentó en la cama mientras bostezaba y se estremecía por el frío que se estaba colando en la habitación cuando Zero dejó la puerta abierta. Y aunque quedarse acostada todo el día resultaba ser una tentación, debían ponerse a trabajar lo antes posible para volver a casa. Y que su padre los hiciera sentir los peores hijos del mundo, claro.
Se levantó para buscar su bolso y encender su móvil por si Kaien se decidía ha hacerles una llamada de primera hora, pero cuando vio la cantidad de llamadas perdidas que tenía y los mensajes casi se arrepintió de haberlo hecho porque aquello la hacía sentir infinitamente culpable. Aun así, Yuki se sentó a los pies de la cama para leer los mensajes que tenía y pensar en a quien iba a llamar primero. Pensar en que iba a decirles.
Los primeros mensajes no llamaron especialmente su atención. Yori preguntándole si estaba bien y pidiéndole que la llamara. Su padre completamente indignado con ellos dos y pasando de los mensajes melosos a los completamente furioso e incluso un mensaje de Kaito, diciéndole que necesitaba hablar con ella. Eso sí era raro, porque el amigo de Zero no le tenía mucho aprecio aunque la soportaba.
El último mensaje era de Kaien y lo hubiera pasado por alto pensando que era igual a los otros cuando aquel tono de urgencia en sus palabras llamó su atención. Yuki se llevó una mano al vientre notando como se le contraían los músculos por los nervios y respiró profundamente un par de veces antes de volver a leer el mensaje. No era su imaginación, estaba segura de que algo malo le había ocurrido a su padre.
Su primer impulso fue el ir en busca de Zero para que él resolviera aquel asunto, pero recordando su determinación anterior de ser lo más útil posible para él, se decidió por hacer sola aquella llamada. Marcó y esperó conteniendo el aliento mientras cada uno de los tonos de comunicando la ponía más y más nerviosa. Le temblaban las manos.
—¡Yuki, gracias al Cielo! —le dijo Kaien son la voz cargada de preocupación y cansancio—. Llevo horas intentando comunicarme con Zero y no me contesta. No vuelvan a apagar el móvil, ¿lo has comprendido?
—Lo siento, solo… se nos olvidó —le dijo Yuki notando como la culpabilidad la invadía, sobre todo al recordar el verdadero motivo por el que se habían distraído la noche anterior—. Papá, ¿ocurre algo? Pareces preocupado.
El subsiguiente silencio de Kaien solo sirvió para exacerbar su miedo. Notaba como el corazón le latía desbocado dentro del pecho amenazando con explotarle en cualquier momento.
—¿Está Zero contigo?
—No —respondió un poco insegura—. Creo que se está duchando, ¿tienes que hablar con él, papá?
—Veras… —Kaien suspiró y Yuki casi podía imaginarse la expresión de angustia que tendría en el rostro—. Ha ocurrido algo malo.
Lo sabía, lo sabía, lo sabía. Parecía que no podía pasar ni un solo día sin que recibieran una mala noticia.
—Por favor, papá, ¿qué ocurre?
Yuki oyó como él contenía la respiración durante unos segundos antes de volver a soltarla nuevamente. Tenía que ser algo muy terrible para que Kaien se mostrara tan nervioso.
—Anoche, Kaito y Yori tuvieron un accidente en coche —le soltó de golpe—. Yori esta fuera de peligro y hoy la darán de alta ya que solo tuvo un traumatismo craneal leve además de unas cuantas heridas. Puedes estar tranquila.
—¿Y Kaito?
—No está muy bien —reconoció Kaien. Su voz estaba cargada de preocupación y frustración—. Tuvo una herida complicada y perdió bastante sangre. Sigue con riesgo vital.
Zero, pensó ella con desesperación. Si Kaito no salía de esa, Zero no lo soportaría. ¡Dios, él no podía perder a más personas que le importaran!
—No pondremos enseguida de camino… Hoy mismo estaremos allá.
—No.
—¿Qué? —le preguntó ella incrédula, convencida de haber oído mal las palabras de su padre—. Tenemos que volver. Si Kaito no se encuentra bien, Zero querrá verlo. ¡Es su mejor amigo!
—Yuki… lo de ayer no fue un accidente al azar. Alguien los sacó del camino con la intención de hacerles daño —le dijo su padre con suavidad para hacerle comprender la gravedad de la situación—. De momento, prefiero que ambos sigan donde sea que estén. Si han atacado a Kaito, no voy a arriesgarme a que les ocurra lo mismo a ti o a Zero. Esperen por favor un par de días. Prometo mantenerlos informados de todo lo que ocurra aquí.
—Papá, cuando se lo diga a Zero…
—Insistirá en regresar de inmediato —la cortó Kaien—. Lo sé, por eso necesito que me ayudes y lo convenzas de que no será de ayuda aquí. Danos un par de días a Yagari y a mí para intentar saber con exactitud que ocurrió. Si no descubrimos nada, podrán regresar para intentar encontrar una solución entre todos, ¿te parece eso mejor?
Yuki notaba como un insipiente dolor de cabeza amenazaba con apoderarse de ella. Aquella noticias eran tan malas que seguramente la relativa calma que tenían ella y Zero hasta ese momento desaparecería de un plumazo, principalmente porque la sospecha de que todo a lo que él se enfrentaba hubiera puesto a Kaito en peligro lo iba a destrozar. Ella ya se sentía completamente descorazonada.
—Lo intentaré —le dijo finalmente a su padre—. No prometo conseguirlo porque Zero… no se lo tomará bien, pero haré el esfuerzo. Mas tarde llamaré a Yori para saber como se encuentra y no te olvides de tenernos informados sobre Kaito. Y papá, cuídate, ¿vale?
—Tú también hazlo, pero sobre todo, cuida de Zero en estos momentos.
Después de haber finalizado la llamada, Yuki siguió durante unos cuantos minutos más sentada en la cama mirando el móvil e intentando encontrar las palabras exactas con las que darle la noticia a Zero, pero no sabía como hacerlo. Su amigo había sido herido y quizás muriera, su padre que no quería que regresaran aun a casa y lo peor era que todo aquello podía ser parte de un juego sangriento y cruel del que él había entrado a formar parte siendo apenas un niño. ¿Qué iba ha hacer?
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se percató de su llegada hasta que lo vio parado en la puerta de la habitación completamente vestido aunque con el cabello aun húmedo del baño. En sus ojos violetas, se reflejaban las turbulentas emociones que lo embargaban.
—Yuki, tenemos que hablar de algo importante —le dijo Zero sentándose a su lado y tomándole una mano. Yuki notó con horror que las de ella aun le temblaban—. ¿Qué te ocurre? Pareces asustada.
—Zero, yo… Papá llamó para informar que ayer Kaito y Yori sufrieron un accidente de coche. Piensan que fue provocado —le dijo ella soltando todo de golpe y con horror vio como el pálido rostro de Zero se volvía aun más blanco—. Kaito… no está bien. Lo siento mucho.
Se abrazó a él y sintió como Zero la rodeaba con sus brazos de manera inconsciente y mecánica, como si aquella noticia aun no hubiera terminado de ser procesada por completo en su cerebro. Pero al cabo de uno o dos minutos, Yuki notó como él la acercaba con más fuerza junto a él y pudo oír los latidos de su corazón, que se hacían más y más rápidos. Porque la sangre de él estaba bullendo. De momento no habría dolor ni miedo, pensó ella con desaliento. No lo habría porque sobre todas aquellas emociones, Zero estaba furioso. Y Yuki no sabía cual de aquellas opciones le daba más miedo, si el verlo sufrir constantemente haciéndola sentir impotente o el saber que aquella rabia nacida dentro de él podía dominarlo finalmente.
Sí, tenía mucho miedo.
No había dormido nada la noche anterior, sin embargo Yagari era incapaz de notar el cansancio. El dolor, el miedo y la preocupación que lo embargaban en aquel momento eran tan grandes que sentía como estos amenazaban con consumirlo finalmente.
Kaito.
Las horas pasadas en aquella sala de espera se le habían hecho eternas. Un hospital siempre resultaba ser un sitio desagradable e incomodo con aquella atmosfera antiséptica e impersonal, cargada siempre de aquella angustia silenciosa que antecede la espera, sin embargo hacía años que no pasaba tanto miedo estando en uno. Era irónico que en ambas ocasiones hubiera sido por el terror de perder a un chico al que quería. ¡Maldición!
El último informe que le habían dado solo indicaba que Kaito se mantenía estable dentro de su gravedad. Había salido bien de la intervención quirúrgica pero la perdida de sangre, y por lo tanto lo débil que se encontraba, no habían hecho más que agravar su estado. Solo quedaba esperar y rezar. ¿Cuándo lo había hecho él por última vez? Ni siquiera lo recordaba.
Miró de reojo a Kaien que seguía hablando por teléfono con Yuki, nervioso y alterado, intentando convencer a la chica de que no tenían que regresar en aquel momento. Durante aquella noche, ambos lo habían acordado y creían que por el momento era lo mejor, ya que así no tendrían que preocuparse por la seguridad de ninguno de esos dos chicos. Ya tenían bastante con Kaito y ahora con Yori que de igual modo se había visto envuelta en el problema.
Como aun era temprano y las enfermeras no harían su ronda hasta unos minutos después, se dirigió con seguridad hacia la habitación que en esos momentos ocupaba Sayori. Al no tener relación directa con ella no habían podido verla aun y solo sabían de su situación por terceros, pero como aquel día le darían el alta, Yagari prefería que hablaran a solas antes de que su padre fuera a recogerla. De momento, ella era su mejor opción para saber que había pasado realmente y por qué motivo estaba con Kaito cuando hacia bastante tiempo que habían terminado su relación.
Miró con cautela el pasillo una vez más antes de entrar en la habitación donde la muchacha parecía dormir profundamente en aquella cama demasiado estéril que le daba un aire aun más frágil a su rostro pálido y lleno de magulladuras.
—Sayori, ¿puedes oírme? —le preguntó despacio Yagari a la vez que la sacudía suavemente—. Sayori, despierta, por favor.
Ella pestañeó un par de veces antes de mirarlo visiblemente confundida, como si quisiera reconocerlo pero no pudiera hacerlo. Él se llevó un dedo a los labios, para pedirle que guardara silencio.
—No puedo estar en tu habitación, pero he entrado de todas formas porque necesito hablar contigo —le dijo Yagari y la miró con tristeza—. ¿Cómo te sientes?
—Me duele mucho la cabeza —le respondió con voz enronquecida y carente de fuerza—. ¿Kaito?
Yagari negó con pesar.
—No está muy bien. Solo queda esperar, pero él es un chico fuerte. Saldrá de esta.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y él se maldijo mentalmente, sin embargo sabía por experiencia que ocultar la verdad en ocasiones no servía de nada. Zero era una prueba de ello.
—Nos siguieron —le dijo Sayori angustiada—. Kaito… me dijo que alguien lo seguía pero después intentó hacernos volcar. Y la lluvia… Perdió el control del coche… No recuerdo nada más hasta que estaba aquí. Yo… solo quería saber que pasaba con Yuki y Zero… Estaba tan preocupada por ellos.
—Eh, tranquila —le sujetó la mano obligándola con delicadeza a soltar las sábanas que apretaba con fuerza—. ¿Sabes quien los seguía o por qué? ¿Te dijo Kaito algo más? Si recuerdas cualquier cosa…
—No, lo siento —se disculpó ella. Lo miró con tristeza—. Kaito estaba asustado, creo que él sí sabía quien era o por lo menos lo sospechaba. Parecía que esperaba que algo así ocurriera.
Y el muy tonto no le había dicho nada a él, pensó Yagari con impotencia. Durante años se había enfrentado al carácter terco y complicado de aquel chico y en más de alguna ocasión sintió que estaba fallando estrepitosamente, pero durante el último tiempo Kaito parecía haberse ido suavizando un poco. No para convertirse por completo en un joven abiertamente comunicativo pero si más en paz con su pasado y con él mismo. Y sobre todo, parecía haber aprendido a confiar en él, entonces, ¿por qué le había ocultado aquella información poniendo de esa forma su vida en peligro? ¿Qué podía haberlo impulsado a cometer aquella insensatez?
La respuesta era clara y tampoco le gustaba para nada: Zero. Aquellos idiotas se tenían una lealtad absoluta que en situaciones como esas no hacía más que complicar su trabajo, ¡maldición!
—Crees que esto tiene algo que ver con lo que le ocurre a Zero, ¿verdad?
Yagari miró sorprendido a Yori porque no esperaba que ella estuviera al tanto de eso, sin embargo aquella muchacha era amiga de Yuki y si volvía a estar relacionada con Kaito era inevitable que terminara enterándose de algo. Aunque a él no le gustara para nada aquellas noticias.
—No lo sabemos con seguridad, pero sí, es una posibilidad —le confirmó Yagari—. Por ese motivo, Sayori, tengo que pedirte un pequeño favor. Intenta no quedarte nuevamente sola y si es posible, trata de no involucrarte más en esta situación. Sé que Yuki es tu amiga y te preocupas por ella, pero temó que con tus buenas intenciones no hayas hecho más que convertirte en otro blanco en un problema que parece írsenos escapando de las manos cada vez más. ¿Podrías hacer eso por mí?
Ella no le contestó de inmediato, algo que agradó a Yagari ya que le confirmaba que se había tomado sus palabras muy en serio y su respuesta sería completamente honesta. Cuando asintió para mostrar su conformidad, se sintió visiblemente aliviado. Sería una preocupación menos.
—Bueno, ya me marchó, así podrás descansar un poco más. Iré a verte a casa para saber como llevas tu recuperación y seguramente Kaien hará lo mismo. Por el momento, le hemos pedido a Yuki que no regrese en unos días, así que lamento que no puedas contar con ella, pero seguramente te llamará por teléfono.
—Lo comprendo, y gracias por todo —le dijo ella mirándolo con sus ojos castaños llenos de tristeza—. ¿Crees que me dejen ver a Kaito antes de marcharme?
—Yo… no lo creo. Aun está en una situación delicada —le dijo Yagari notando como se le formaba un nudo en la garganta—. Cuando se encuentre un poco mejor, te avisare para que puedas venir a verle, ¿te parece bien?
Una vez fuera de la habitación de la joven, se dirigió nuevamente hacia donde Kaien lo esperaba sentado mirando con gesto apesadumbrado el suelo. Cuando él se sentó a su lado, ni siquiera lo miró.
—¿Hay noticias?
—Lo siento, Yagari, de momento tu chico sigue igual.
—Va… va a salir bien de esto. Lo sé —dijo él y cerró los ojos mientras apoyaba la cabeza en las manos—. Es demasiado tozudo para morirse por algo así.
Sí, Kaito era terco y perseverante. Jamás dejaría que una situación como esa le quitara la oportunidad de ayudar a quienes quería y él estaba obsesionado con solucionar los problemas de Zero, simplemente porque era su amigo y sabía todo lo que había sufrido. Sí, Kaito no permitiría que algo así lo matara cuando aun tenía tanto por hacer y Yagari aun tenía de decirle unas cuantas cosas por ser un idiota y ponerse en aquella situación.
Con los ojos aun cerrados, intentó con desesperación contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse e hiso lo único que estaba en sus manos en aquel momento: rezar.
Las siguientes horas para Zero fueron largas y angustiosas, debatiéndose constantemente entre una furia ciega que parecía dominarlo y la preocupación extrema que sentía por su amigo.
Hacía apenas unos cuantos minutos que había hablado nuevamente con Kaien y este le había dicho que todo seguía igual por lo cual no era necesaria su presencia allí, así que siguiera junto a Yuki unos cuantos días más. ¡Como si pudiera quedarse tranquilo con aquello!
Sobre todo porque no podía quitarse de la cabeza que aquello era culpa suya. Él sabía que Kaito no estaba seguro, y sin embargo lo apoyó en su decisión de no decir nada hasta que tuvieran mas pruebas, hasta que pudieran descubrir algo más. ¡Que idiota había sido! Si hubieran hablado con Kaien, o si él no hubiera hacho aquel viaje, o si esto, o si aquello… En ese momento, ya no servía de nada lamentarse. Su amigo había puesto su vida en peligro por su culpa y quizás fuera a perderlo del mismo modo que perdió a su familia. Si aquello también era obra de Shizuka Hiou, a esa mujer no le bastaría una vida para pagárselas todas.
Zero levantó la vista cuando oyó que Yuki entraba en la habitación con una bandeja que dejo sobre el escritorio y lo miró ceñuda. Habían discutido cuando ella le dijo que no iban a regresar a casa y desde ese momento apenas se habían hablado. También se sentía terriblemente culpable por eso, pero la rabia que aun lo embargaba no lo dejaba pedirle disculpas por su comportamiento.
—Me da igual lo que digas, vas a tener que comer aunque tenga que obligarte a hacerlo, Zero. Si quieres que esta investigación avance, lo primero es que cuides de tu salud. No le harás ningún bien a Kaito si decides morir de inanición.
Tomó la mitad del sándwich que ella le había preparado y se lo comió a pesar de que no le sabía a nada e incluso le costaba un poco tragarlo. Se bebió el jugo bajo su atenta mirada y dando por sentado que con eso se quedaría contenta, volvió a concentrarse en los papeles que tenía esparcidos sobre la mesa y que no era capaz de comprender porque su cabeza estaba en otro sitio. A uno cuantos kilómetros lejos de allí.
—Supongo que tu padre era un hombre ordenado. Todo parece tener un sitio exacto sin nada fuera de lugar.
Zero miró el que solía ser el despacho de su padre y se dio cuenta de que Yuki debía tener razón, aunque él nunca lo había analizado de aquel modo. Era una habitación no demasiado grande pintada de un tono beige bastante neutro y llena de estanterías con libros, carpetas y archivadores. Casi todo ordenado por año e importancia del caso. El resto del mobiliario se componía del escritorio donde se encontraba sentado él y dos butacas cómodas y desgastadas que habían conocido tiempos mejores. Por lo demás, no habían fotografías ni nada que rebelara un aire de mayor familiaridad. Después del incidente, Yagari había juntado todas las cosas que consideraba que podían ser importantes para él y se las había entregado. Todo lo que Zero tenía de sus padres se limitaba a unas cuantas cosas guardas en cajas y a esa casa. Que patético.
—Lo era. Se volvía loco cuando mi madre ordenaba sus cosas y lo enredaba todo —le contó él y no pudo evitar sonreír al recordarlo—. Con Ichiru teníamos prohibido entrar aquí, sin embargo en ocasiones cuando mi padre estaba trabajando nos dejaba quedarnos junto a él mientras nos portáramos bien y fuéramos buenos chicos.
—¿Y lo eran? —le preguntó Yuki interesada y se sentó en una de las butacas llevándose las piernas al pecho y rodeándolas con sus brazos—. Dos gemelos. Chicos de la misma edad… Supongo que tiene que haber sido complicado para tus padres.
—Mmm… no lo sé. Ya te he contado que mi hermano estaba siempre bastante enfermo así que no podíamos salir mucho de casa. Jugábamos entre nosotros y pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, pero nos llevábamos bien. Discutíamos como todos los chicos y nos pelábamos por tonterías, pero no eran cosas de mucha importancia.
Zero notó la tristeza que reflejaban los ojos de Yuki. Quería decirle que no sintiera lastima por él, sin embargo de algún modo comprendía que lo que ella sentía era algo diferente, aunque no podía saber con exactitud de que se trataba.
—Lo querías muchísimo —le dijo Yuki al fin. Una sonrisa triste asomó a sus labios—. Es raro, pero siento que a pesar de que extrañas a tus padres y odias lo que les ocurrió, lo que más te duele fue el haber perdido a tu hermano, como si… te hubieran quitado una parte de ti mismo. Yo no tengo más familia que ustedes dos, papá y tú, así que mi forma de ver las cosas es un poco extraña; pero aun así, me llama la atención lo mucho que te duele hablar de él. ¿Es porque son gemelos? ¿Lo sientes así, Zero?
Años atrás, habría dicho que sí sin dudarlo siquiera. Ichiru no había sido solo su hermano menor, sino que también su mejor amigo y Zero pensaba ingenuamente que siempre estarían juntos, por lo menos mientras la salud de su hermano lo permitiera. Pero todo aquello había acabado muy rápido… Una parte de él, ¿eh? Nunca lo había pensado de ese modo, pero quizás Yuki tuviese razón y tras la muerte de Ichiru hubiera perdido algo que ya jamás podría recuperar. No estaba completo.
—No lo sé —le contestó con sinceridad, apartando de mala ganas los papeles que tenía en las manos. Se reclinó en la silla del escritorio y la miró con atención—. ¿Quería a Ichiru? Sí. Más que a nadie. ¿Me duele haberlo perdido? Muchísimo y creo que puedes tener razón sobre el hecho de que nos complementáramos. Nos gestamos y nacimos juntos, puede que de modo inevitable los dos fuéramos parte de un todo. Y sé que de algún modo… le fallé. Por eso no me gusta hablar sobre él, ya que me recuerda a cada instante lo poco que pude hacer para protegerlo —exactamente del mismo modo que había ocurrido con Kaito, pensó.
Yuki se levantó para acercarse hasta donde estaba él. Se sentó en su regazo y apoyó la cabeza en su hombro pensativa. Zero la abrazó resignándose a que por lo menos durante unos instantes tendría que olvidarse del trabajo y de su angustia por Kaito. Y de su enfado.
—No es tu deber cuidarnos y protegernos a todos, ¿sabes? Siempre he sabido que pasara lo que pasara tú estarías a mi lado, por mucho que te enfadara o aunque no te gustaran mis decisiones, así que he terminado por depender de ti para muchas cosas —Yuki recorrió con un dedo el tatuaje que tenía en el cuello. Zero se estremeció un poco al sentir el ligero contacto pero no la apartó—. De cierto modo a mi también me gustaría poder cuidar de ti, pero rara vez me dejas hacerlo, y eso me frustra. No te permites ninguna debilidad, y por ese motivo apartas a todos de tu lado cuando estas triste o asustado y eso está mal, porque es en aquellos momentos cuando mas nos necesitas —los labios de ella remplazaron a su dedo, logrando que él contuviera el aliento—. Aunque dices que me quieres y sabes que yo siento lo mismo, has vuelto aponer un muro entre ambos. Te he dado un poco de espacio para que pudieras estar tranquilo y se te pasara en enojo, pero no más. Yo también estoy decidida a protegerte y cuidar de ti, Zero, y si eso significa tener que luchar contigo para que no vuelvas a caer en esta especie de autodestrucción, lo haré. Porque te amo.
Yuki se incorporó lo suficiente para poder sentarse a horcajadas sobre él y mirarlo directamente a los ojos. La determinación que la impulsaba era completa, porque ella creía ciegamente en aquello. Una parte de él ansiaba aceptar esa especie de refugio que parecía estarse abriendo frente a sus ojos, pero habían viejas costumbres demasiado arraigadas que eran difíciles de olvidar.
Zero apoyó sus manos en las caderas de ella y se quedaron simplemente mirándose. Una batalla de voluntades que lo inquietaba e irritaba porque no sabía como proseguir con ella. Porque herir a Yuki no era una opción.
—Tengo miedo de lo que pueda ocurrirle a Kaito —le dijo finalmente—. Él me confesó que lo estaban siguiendo, posiblemente porque estaba buscando información concerniente al asesinato de mi familia. Yo lo sabía… y no hice nada —le sonrió con pesar a Yuki—. ¿Comprendes por qué me siento culpable?
—¡No es culpa tuya, sino de quien está detrás de todo esto! —ella le puso las manos sobre los hombros sujetándolo tan fuerte que le hiso un poco de daño, pero él no se quejó—. Todos los que estamos a tu lado sabemos a que nos arriesgamos y no nos importa, ¿sabes por qué? Porque para nosotros vales cualquier sacrificio.
—Yuki, yo no deseo…
—¡No, nada de eso! Estoy harta de ser siempre la que acepta tus decisiones y se amolda a tus deseos para hacerte las cosas más fáciles. ¡Deja de hacer el idiota, Zero! Vinimos aquí por un motivo, así que hagamos lo que teníamos que hacer y después, regresemos a casa. Porque eso es lo que en verdad puede ayudar a Kaito, no el que te sumas en esta absurda autocompasión. Así no le sirves de nada.
Que enfadada estaba, pensó Zero mientras sus ojos oscuros lo fulminaban llenos de enojo. Ella quería que siguiera luchando, que dejara de lado aquella desesperación que parecía embargarlo a veces y que siguiera adelante con la investigación y su búsqueda de justicia. ¿Dónde había quedado la chica que en un momento le pidió que lo abandonara todo? Lo quisiera o no, Yuki también estaba cambiando por todo aquello. Estaba creciendo. Quizas había llegado el momento en que él lo hiciera también.
—Vale. Tú ganas —le dijo él y suspiró largamente—. Que molesta eres. Por cierto, no sé de donde has sacado la idea de que siempre me pones las cosas fáciles. Creo que te has equivocado y deseabas decir lo contrario, porque no haces más que darme problemas.
—Idiota —le dijo Yuki entrecerrando los ojos. Él le sonrió.
—Lo sé —Zero la aproximó un poco más hacia su cuerpo para poder apoyar su frente contra la suya. Ella lo miró intrigada—. Lo siento mucho… Por todo… Y gracias.
Ella se acercó aun más para buscar sus labios y poder besarlo, algo que le permitió, porque las emociones que Yuki despertaba en él lograban relegar en parte aquellas más oscuras y siniestras que parecían estar aguardando el momento oportuno para apoderarse de él y atormentarlo. Cuando estaba con ella, de algún modo las cosas parecían ir un poco mejor, hasta en los peores momentos.
—Tenemos que trabajar —le dijo Zero cuando se separaron y sonrió al ver las arreboladas mejillas de ella—. ¿Por donde quieres comenzar?
Yuki se volvió hacia el escritorio para buscar algo que después presionó contra sus labios. La mitad del sándwich que no se había comido.
—Por lo más importante. Come —le instó ella sin disminuir la presión.
Zero obedeció abriendo la boca para dar un mordisco. Masticó y tragó bajo su atenta mirada.
—Vaya, que sorpresa. No está tan mal. Creo que estas mejorando en esto de la cocina, Yuki.
Ella no pudo evitar reírse.
—Eres un tonto, Zero —le dijo antes de acercárselo nuevamente para que siguiera comiendo—. Solo es pan.
No, era mucho más que eso, pensó Zero mientras la veía mirándolo divertida y satisfecha. Ella quería cuidarlo… Lo irónico de aquello, es que quizás en el fondo él si deseara que lo hiciera. Porque no quería estar solo nunca más.
Kaname dejó a un lado el teléfono intentando contener su enfado por el hecho de que Yuki ni siquiera le contestara. Necesitaba hablar con ella para poder disculparse por lo ocurrido durante su último encuentro pero al llamarla a casa, Kaien le había dicho que ella estaría fuera de la ciudad un par de días. Con Kiryu.
Kiryu, Kiryu, Kiryu. Parecía que todos sus problemas de las últimas semanas siempre tenían que ver con aquel imbécil. ¡Maldito fuera!
Llamaron a la puerta de su habitación y Takuma entró sin esperar una respuesta por su parte. Se le veía agotado, algo que tenía preocupado a Kaname. A su amigo, tanta presión le estaba pasando factura.
—La he acomodado en una de las habitaciones de la tercera planta. Parece tranquila y me ha pedido una reunión contigo mañana a primera hora porque necesita que le des cierta información. Le he dicho que te reunirás con ella sobre las nueve, ¿te parece bien? —le preguntó Takuma.
Kaname asintió y se recostó en la cama sin apartar la mirada de su amigo.
—Habrá que tener cuidado con ella, lo sabes, ¿verdad, Ichijo? Es una mujer peligrosa —le dijo con desgana—. No me gustaría que te ocurriera algo malo, así que limita el contacto con ella en lo posible.
—El que me preocupa eres tú —Takuma se acercó a la ventana y miró fuera con aire distraído—. ¿Por qué la quieres aquí? Tú mismo has reconocido que es un riesgo, y sin embargo…
—Ten cerca a tus amigos pero aún más cerca a tus enemigos, ¿no es lo que suelen decir? Shizuka Hiou es demasiado riesgosa como para dejarla a su aire. La necesito, de momento, por lo cual quiero saber donde está y que hace —cuando su amigo lo observó con gesto serio, le sonrió levemente—. No te preocupes por mi, Ichijo. Sé cuidarme solo. ¿No lo recuerdas?
Claro que sabía cuidarse solo, ¿no llevaba años haciéndolo? Se había convertido en lo que esperaban de él. Lo que su familia deseaba y necesitaba. Y no se arrepentía de ello, porque no tenía motivos ni tiempo para hacerlo, sin embargo en algunas ocasiones se sentía tan cansado de todo aquello. Y solo. Sí, siempre se sentía solo, salvo cuando Yuki estaba a su lado.
—Pareces deprimido, Kaname. ¿Qué ocurre realmente? He hecho lo que me has pedido, pero no me dices nada —Takuma sonrió pero sus ojos verdes reflejaban toda la impotencia que lo invadía—. Siempre será igual, ¿verdad? Tener que confiar en ti a ciegas. Obedecer sin hacer preguntas innecesarias.
—Yuki… me ha dejado —le dijo él. Se puso de espaldas en la cama y se llevó un brazo a los ojos para cubrírselos—. Ahora es la novia de Zero Kiryu. ¿Qué te parece, Ichijo? ¿Es un pago justo por mis pecados?
—Yo… lo siento mucho. Sé lo que ella significa para ti —le dijo su amigo con la voz cargada de tristeza. Por él.
—No quiero perderla y estoy dispuesto a hacerlo lo imposible por recuperarla —reconoció él. Oyó contener el aliento a Takuma—. Necesito a Yuki, Ichijo, ¿es eso acaso algo malo? Puedo esperar un tiempo, pero necesito que regrese a mi lado.
—¿Incluso si tienes que hacer algo horrible por recuperarla?
Kaname giró el rostro para mirarlo y le sonrió. La expresión de Ichijo era una máscara pétrea e inexpresiva.
—La línea que separa el bien del mal es muy delgada, Ichijo. En ocasiones, ya ni siquiera sé donde termina una cosa y comienza la otra. De cierto modo, me han convertido en un monstruo, ¿no crees? Aun así, no quiero estar solo.
—Nunca lo has estado, Kaname, es simplemente que te niegas a reconocerlo. Nos vemos en la cena.
Miró con desanimo como su amigo se marchaba de la habitación pensando en todo lo que acababa de confesarle. Takuma jamás se lo contaría a nadie y guardaría en secreto aquella pequeña muestra de debilidad.
Para recuperar a Yuki, primero tenía que librarse de Kiryu. Para quitar a Shizuka de su camino, también debía terminar con aquel idiota. Y para que aquella absurda investigación llegara a su fin también necesitaba deshacerse de él.
Miró hacia el techo y sonrió con ironía. Nunca había tenido más opción. No importaba si era por deseo propio o simplemente por necesidad, el asunto era tan simple como el hecho de que aquel chico debía morir lo antes posible.
Y ahora que él y Yuki estaban juntos… ¡No! ¡No tenía que pensar en eso!
Cerró los ojos dejándose llevar por el agotamiento que lo invadía, deseando de algún modo poder librarse durante unas cuantas horas de las turbulentas emociones que lo atormentaban constantemente.
Quería paz.
Cuando volvió a abrir los ojos, notó que estaba completamente oscuro y oyó los ruidos de la tormenta en el exterior. Una desagradable sensación de anticipación y temor le recorrió el cuerpo, pero antes de que pudiera sentarse en la cama, algo le cayó encima quitándole le respiración de golpe.
Oyó su risa antes de poder verla, pero poco a poco sus ojos se fueron adaptando a la oscuridad y el bello rostro de Shizuka se fue haciendo visible. Ella estaba sentada a horcajadas sobre su pecho impidiéndole cualquier movimiento. Cuando acercó su mano hacia su cuello, Kaname sintió el frío y punzante filo del cuchillo.
—Que fácil me lo has puesto, Kaname —le dijo ella con voz melosa y le acarició una mejilla con el dorso de la mano—. Pensaba que me costaría un poco más el llegar hasta ti, en esta casa tan grande y siempre rodeado por tus seguidores. ¡Pero mírate! El gran Kaname Kuran a mi merced. Asustado e indefenso, ¿no te parece divertido?
Sintió el pequeño corte y como la sangre comenzó a manar y a correr lentamente por su cuello. Shizuka acercó su mano libre a la herida para untarla en el líquido carmesí que luego se llevó a los labios. Y lo miró con odio en los ojos y una salvaje sonrisa en los labios.
—Toda la sangre de tu familia está envenenada, bastardo. Me querías poner a tus pies, pero ahora me las pagarás. Sufrirás por todos los que me hicieron sufrir a mí. Y luego, tendré que vengarme de todos los demás.
Kaname notó el dolor lacerante del arma cuando lo atravesaba y luego como Shizuka se apartaba de encima de él antes de salir corriendo de su habitación. Alguien se acercaba a toda prisa por el pasillo, seguramente alertado por su grito, pero en aquel momento él solo era capaz de concentrarse en la agonía que lo estaba embargando.
¿Cuanto más debía sufrir para purgar todos sus pecados?
Yuki entró corriendo a la casa después de haber ido a buscar el cargador de su móvil que estaba en el coche. La lluvia había parado un poco pero aun no parecía que la tormenta fuera en retirada. Bueno, contra eso no podían hacer nada, se dijo. Por lo menos volvían a tener luz eléctrica y eso ya era un punto a favor.
Se quitó el abrigo y miró con ojo crítico el lugar donde estaba. Era una casa bonita, sí. De un solo piso, amplia y sencilla. Seguramente los padres de Zero creyeron que sería el lugar perfecto para criar a dos niños, sobre todo si uno de ellos era enfermizo, como Ichiru. Que poco tiempo habían tenido con ellos, pensó con tristeza. Trece años no le parecían suficientes.
Nunca la había asustado la oscuridad, sin embargo en aquella ocasión la inquietaban un poco las penumbras que inundaban la casa, así que decidió encender las luces. El pasillo central se abría a su izquierda hacia un salón bien cuidado, aunque con los colores de las paredes un poco desgastados. Supuso que en su momento debieron ser de un amarillo claro, aunque en la actualidad parecía algo desvaído. El sofá y los sillones parecían cómodos, como si hubieran estado pensados para pasar mucho tiempo allí, lo mismo que la chimenea y las estanterías con libros. Había bastantes y de diversas temática. Seguramente por ese motivo Zero se mostraba bastante abierto a aprender cualquier cosa. Lo que sin embargo llamó su atención fue la ausencia de fotografías, ya que en aquella habitación, como en todas las que habían estado, no parecía encontrar ninguna.
Se dirigió luego al comedor que se encontraba entre el salón separado por el pasillo y prendió la luz con aire ausente. Recorrió con la vista la estantería con vajilla y los adornos, dejando que sus dedos resbalaran por la mesa y las sillas que parecían antiguas y caras. Nuevamente una estancia bonita pero completamente impersonal, se dijo con un suspiro.
Las dos habitaciones siguientes eran la espaciosa cocina de un blanco inmaculado y el cuarto de baño que habían estando usando hasta el momento. Zero le había comentado mientras preparaban la cena de esa noche que a su madre le encantaba cocinar, así que se podía pasar horas metida allí, por lo cual él y su hermano le hacían compañía o la ayudaban si no podían salir a jugar fuera. Por ese motivo había aprendido a cocinar, le dijo. Yuki casi podía imaginarse a Zero de pequeño allí, entre aquel motón de utensilios de cocina y encimeras encantado de ayudarle a su madre. Seguramente había sido un niño muy bueno.
Miró dentro del despacho en el que habían estado esa tarde pero no había nadie, así que simplemente encendió la luz y dejó la puerta abierta. Habían revisado casi todo, dejando solo para el final las carpetas con los casos del padre de Zero, pero no encontraron nada de importancia. Él le había dicho que podían llevarse los archivos cuando regresaran a casa, para priorizar la búsqueda en otros sitios, algo que a ella le parecía razonable, por lo cual no protestó.
¿Dónde estaría Zero? Casi al frente del despacho, estaban las habitaciones de los gemelos. Yuki dudaba que él hubiera vuelto a entrar al que fue su cuarto, porque una vez salió de allí, parecía dispuesto a no regresar jamás, pero en el de Ichiru… ella sabía que no había sido capaz de mirarlo.
Tuvo la tentación de hacerlo, pero cuando acercó sus dedos al pomo de la puerta, se arrepintió y prefirió esperar el momento en que Zero estuviera preparado para dar aquel paso. Entonces, ¿estaría en la habitación que compartían? Lo más probable. Había sido un día largo y quizás quisiera acostarse, sin embargo al llegar al final del pasillo vio la luz que se filtraba bajo la luz de la puerta del cuarto que estaba enfrente. El de los padres de Zero.
En cuanto entró lo único que vio fueron sus largas piernas pues estaba metido bajo la cama revisando algo. Yuki no pudo evitar reírse a lo que el soltó una maldición y salió para mirarla ceñudo, sobándose la frente donde debió haberse golpeado y con el rostro manchado de polvo.
—¿Por qué has demorado tanto? Me estaba comenzando a preocupar por ti —le dijo él poniéndose de pie para luego sentarse en la cama dando unas palmaditas a su lado para que ella hiciera lo mismo.
Yuki obedeció y le intentó quitar una mancha de la mejilla pero solo consiguió extenderla más, por lo cual no pudo evitar echarse a reír nuevamente.
—Estás todo sucio, Zero. ¿Que estabas haciendo metido allí debajo?
—Se me ha ocurrido una idea —le dijo con evidente satisfacción—. Sé que tiene que haber una llave que abre un compartimento del escritorio de mi padre. Está escondida bajo la cama, pero no recuerdo donde.
—¿Y como sabes tú eso? —le pregunto Yuki realmente intrigada. Con asombro, vio que Zero se sonrojaba violentamente.
—Ichiru y yo lo descubrimos un día. Mi padre solía guardar algo de dinero allí, y bueno… cuando mi madre nos castigaba sin darnos la paga semanal, sacábamos un poco de lo que él tenía allí.
—¿Le robaban dinero a tu padre? —le pregunto escandalizada.
Zero la miró ceñudo.
—No lo digas como si fuera un crimen imperdonable, ¿quieres? Además, no era más que calderilla. Creo que incluso él lo sabía y por eso lo dejaba allí, aunque nunca nos dijo nada, y mi madre nos hubiera castigado de por vida si se hubiera llegado a enterar. Era cariñosa con nosotros, pero podía llegar a ser muy estricta.
Yuki tomó su mano entre las suyas y recorrió las pequeñas cicatrices que él tenía en los dedos. De algunas de ellas podía saber su procedencia pero de la gran mayoría no. Así era como se sentía habitualmente con respecto a la vida de Zero, porque había demasiadas cosas que aun no sabía de él.
—Es curioso el hecho de que haya sido necesario venir hasta aquí para que me contaras todo esto —apoyó la cabeza en su hombro y alineó las manos de ambos para contemplar la diferencia de tamaño—. De algún modo, creo que este viaje ha sido bueno para los dos, ¿no lo crees, Zero?
—Mmmm… puede ser. Pero para mí lo importante, es que estés aquí conmigo… A pesar de todo.
—Venga, vamos a seguir con tu búsqueda. Ya se hace tarde y tendremos que irnos a dormir pronto —ella se puso de pie y tiró de sus manos aun unidas para obligarlo a levantarse.
Los minutos siguientes Zero se la pasó tirado de espaldas en el piso debajo de la cama buscando la llave y maldiciendo sin parar mientras Yuki no dejaba de reírse. Al cabo de unos quince minutos, él salió y la miró con aire triunfal antes de extender la mano hacia ella y mostrarle lo que tenía sobre ella: la llave.
Yuki la tomó con curiosidad y la examinó. Era pequeña y no parecía desgastada. Zero seguía sentado en el suelo, despeinado y sucio, como si esperara que fuera ella quien diera las órdenes. Volvió a tenderle la llave que él tomó entre sus dedos y se guardó en el bolsillo del pantalón.
—¿Y ahora…? —le preguntó ella—. ¿Vemos si encontramos algo más?
Él se limitó a asentir y la precedió hacia el despacho. Al ver que casi todas las luces de la casa estaban encendidas, Zero se volvió a mirarla con curiosidad a lo que ella respondió con una sonrisa algo avergonzada. Él le puso una mano en la cabeza para revolverle el cabello absteniéndose de hacer más comentarios sobre lo infantil de su proceder, y ella se lo agradeció.
—Bien, ahora solo nos queda ver si tenemos suerte —le dijo Zero cuando entraron a la habitación y se dirigió directamente al escritorio. Se agachó para mirar la parte baja, palpando con cuidado hasta que encontró lo que buscaba.
Yuki contuvo la respiración mientras él introducía la llave y abría el cajón, sin saber muy bien que esperaba encontrar dentro. Su primera impresión fue de que solo se trataba de tonterías, pero Zero comenzó a sacarlo todo y a dejarlo en el piso donde luego se sentó. Ella lo imitó.
—¿Tienes alguna idea de que lo estamos buscando realmente, Zero? Porque esto de ir a ciegas es un poco frustrante.
—Lo sé, pero como te he dicho, venir aquí solo ha sido una corazonada. Incluso puede ser un viaje completamente inútil, así que no te frustres —le dijo él a la vez que acercaba hacia ella la mitad del contenido del cajón—. Mira lo que hay allí, si algo te parece interesante, lo apartas.
Yuki comenzó a trabajar en silencio mientras amontonaba a su lado papeles y apuntes, algunos de los cuales eran incomprensibles para ella y los iba dejando pendientes para que Zero los mirara después. Al abrir un sobre desgastado, se encontró con un montón de fotografías de dos chicos. Trece en total, contó. Una por cada año.
Las miró embelesada, admirando los cambios que se producían en ellos de un año para otro. Ella no tenía fotografías de antes de sus cinco años, que fue cuando Kaien la adoptó finalmente, así que aquello la fascinaba. Miró de reojo al chico que estaba sentado frente a ella completamente concentrado y no pudo evitar compararlo con el de aquellas fotografías. Era muy diferente, pero de cierto modo era el mismo. Como de igual forma, Zero e Ichiru tenían una apariencia idéntica, pero a ella le parecían completamente diferentes.
—¿Qué ocurre? —le preguntó Zero cuando la sorprendió mirándolo—. ¿Has encontrado algo?
—Mira —ella le tendió las fotografías. Cuando las vio, su expresión cambió rápidamente de la preocupación al total asombro—. Guárdalas, ahora son tuyas.
—¿Era esto lo que buscabas con tanto ahínco por toda la casa? —le preguntó Zero sin apartar la mirada de las imágenes. Yuki se sorprendió un poco de que él se hubiera dado cuenta de aquello, pero con lo observador que era, resultaba hasta lógico—. No creí que quedara ninguna aquí. Ha sido… una sorpresa.
—Solo espero que haya sido buena. Supongo que para tu padre era importante tenerlas aquí —le dijo ella mientras tomaba otro lote de papeles. Uno de ellos le llamó la atención, y contuvo el aliento—. Zero… creo que esto sí es importante. Es… una carta para Yagari.
Zero prácticamente se la arrebató de las manos y la miró dudoso, sopesando la probabilidad de abrirla o no. Yuki sabía que invadir la privacidad de aquella forma no estaba bien, pero las circunstancias que los rodeaban tampoco eran las mejores, así que simplemente asintió a la muda pregunta que él le estaba formulando.
Se acercó a su lado esperando a que la abriera de una vez. El sobre no abultaba mucho, ya que solo contenía dos pequeñas hojas dobladas con pulcritud. Una de ellas eran una serie de números sin sentido aparente, la otra, era una nota para Yagari.
Lo más probable es que cuando leas esto ya esté muerto. Las cosas se han complicado demasiado en mi investigación. Me han amenazado y estoy preocupado, pero lo que más temo es por lo que les pueda ocurrir a los chicos en el futuro si esto no se resuelve pronto. No puedo hacer más de lo que he hecho hasta el momento porque me tienen vigilado y mis últimos esfuerzos no han servido de nada, por ese motivo, lo dejo todo en tus manos, amigo mío.
Todo lo que necesitas está aquí. Estoy seguro de que lo comprenderás y sé que podrás resolverlo para terminar con esta telaraña de mentiras de una vez por todas. Shizuka Hiou solo es un peón más en este juego en el que me he visto envuelto. Ella no es nada, comparado con lo que se esconde entre las sombras. El peligro que me acecha es enorme, pero no le temo a la muerte, si de ese modo puedo darte tiempo para que puedas prepararte.
Ten cuidado y sobre todo se cauto. Cuida a mi familia como si fuera tuya. Protege a mis chicos como si fueran los tuyos. Te pagaré esta deuda el día en que volvamos a encontrarnos.
Yuki posó su mano sobre la de Zero y notó que temblaba ligeramente. Cuando sus ojos se encontraron, pudo sentir parte del dolor y la confusión que lo embargaban en ese instante.
—¿Qué crees que significa esto? —le preguntó al fin Yuki.
—Que nos encontramos en otro callejón sin salida —le dijo él mientras le señalaba la nota con los números—. No tengo la menor idea de que puede significar esto.
—Pero Yagari sí. Tu padre creyó que él si podía hacerlo.
—¿Y si no puede? ¿Si no hay forma de hacer justicia? —le preguntó dolido—. Han pasado años… ¡Maldición!
Yuki lo abrazó y escondió el rostro en su cuello.
—En algunas ocasiones, solo hay que confiar en los demás y tener fe en ellos, Zero. Solo fe. Tu padre lo arriesgo todo por eso, ¿estas dispuesto arriesgarte un poco tú también?
Él no contestó de inmediato, pero pasados unos minutos, lo sintió asentir antes de devolverle el gesto y envolverla entre sus brazos.
A veces, pensó Yuki, aquel era el paso más difícil de todos. Confiar lo suficiente en los demás como para arriesgarlo todo. Ella creía en muchas cosas, pero sobre todo creía en ellos dos juntos y en lo que podían lograr estando al lado del otro.
Esperaba que Zero algún día pudiera creer en lo mismo. Ella tenía fe en que finalmente sería así.
Bueno, ya está aquí el capítulo doce y mil disculpas por el atraso de un día, pero esta semana la universidad me ha tenido completamente colapsada y solo hoy temprano he tenido tiempo de hacer la revisión, así que cualquier falta, por favor pásenla por alto esta vez (mi cabeza ya no da para más hasta un par de días).
Sobre el pequeño debate que se ha abierto sobre el tema "hay o no hay bebés", lo primero que debo decir es que personalmente no tengo ni idea. Lo dejé abierto como una posibilidad porque no quería negarme a nada (para ambos casos), pero como he dicho en ocasiones, aunque hay partes de la historia hechas y otras pensadas, muchas aun salen de mi cabeza simplemente en el momento en que me siento en el escritorio y me pongo a escribir. Así que de momento ambos casos son solo eso, el 50% de una probabilidad. Más adelante veremos que ocurre, ¿les parece?
Por lo demás, espero les haya gustado el capítulo. Muchas gracias a todos quienes se dan el tiempo de leer y para quienes dejan un mensaje. Espero la próxima semana poder actualizar el día correspondiente y sin retrasos.
akari hiroyuki: La verdad es que el agradecimiento es para ustedes que son quienes siguen leyendo a lo largo de las semanas, así que no tienes nada que agradecer. Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior y espero que ocurra lo mismo con este. Sobre el teme de los bebés, como he especificado arriba, todo está por ver de momento.
Guest 1: Muchas gracias por tus palabras y me alegra mucho que te haya gustado tanto el capítulo anterior. Sobre lo del epílogo, no puedo confirmártelo, más que nada porque dependerá en el momento de si quedo o no satisfecha con el capítulo final. Como con lo de los bebés, es un 50% de probabilidades de que lo haya o no.
Caro: Lo primero, claro que recuerdo que comentaste en uno de los primero capítulos muchas (que ahora se ven tan lejos) y también muchas gracias por tus palabras, siempre alegra bastante saber que la historia gusta tanto y ver que después de todo no lo estoy haciendo tan mal (las dudas siempre son inevitables). Tienes razón sobre el hecho de que la misma historia detrás de los personajes los hace bastante intensos y eso facilita y complica en partes iguales la manera de llevar la historia, pero hasta el momento ha sido interesante y espero poder llegar así hasta el final, confiando sobre todo en que a la historia les siga gustando hasta llegar a ese punto, claro. Y sobre el manga, pues supongo que yo soy aun de las optimistas, y como la mangaka ha intentado mantener hasta cierto punto un equilibrio entre las posibilidades de Kaname y Zero, era hasta cierto punto lógico que él y Yuki puedan pasar un tiempo a solas y aclarar las cosas. Por lo menos faltan pocos días para terminar la espera de este mes.
Guest 2: Muchas gracias por tus palabras, me alegra saber que la historia te gusta y confío en que siga siendo así. Sobre el tema "bebé", como he comentado arriba, no hay seguridad, solo lo he dejado como una posibilidad por si lo necesito de algún modo, pero de momento no hay nada seguro.
Taormina: Me alegra saber que te gustó el capítulo anterior y espero que este también lo haya hecho, aunque reconozco que ha sido un poco más triste. Sobre el tema del bebé, como comenté arriba, solo he dejado abierta esa posibilidad sin estar segura de llegar a ocuparla o no, así que solo queda esperar para ver que ocurre. Sobre Kaito, de momento la cosa va un poco complicada así también queda esperar para saber que ocurrirá finalmente con él. Sobre el asunto de la descripción de la casa de Zero, aunque era mi idea hacerlo en el capítulo anterior, este se me alargo infinitamente (como parece ser mi mala costumbre). Así que lo he dejado para este capítulo.
Linwen: Muchas gracias por seguir leyendo y se alegra saber que el capítulo anterior te haya gustado y no haya salido tan mal, después de todo. Con respecto a la descripción de la casa, de Zero, en este capítulo se ha podido ver un poco más como son las cosas, ya que en el anterior por el largo, simplemente me fue imposible.
Elisa: Lo primero, muchas gracias por leer mi historia y por tus palabras. Lo segundo, como has dicho en lo relacionado al bebé, no hay nada seguro aun. De momento, todo son probabilidades.
Meel Fozthii: Muchas gracias por seguir leyendo, y bueno, ya veremos como resulta tu idea y sobre todo si la puedo llegar a plasmar bien, que es lo más importante. Sobre el capítulo anterior, la verdad es que sí, por todo lo de Zero resultó ser terriblemente agotador por lo complicado de su situación. Para mi es fácil saber lo que quiero reflejar en una escena, pero si ustedes son capaces de percibirlo y emocionarse, enojarse o disfrutar con ello, pues significa que entonces lo estoy haciendo bien, así que muchas gracias por ello. Y sobre Kaito, bueno, supongo que por una semana más será una incógnita lo que va a ocurrir con él. Gracias por seguir la historia.
ShadowDancer: Me alegra saber que la historia te sigue gustando y que el capítulo anterior estuvo a la altura de lo que esperaban. Tienes razón sobre lo intenso que resultó el capítulo anterior, sobre todo por Zero y lo relacionado a su pasado. Con Kaito, lo siento, pero les quedará una semana más de espera para saber que pasará finalmente con él. Lo de actualizar solo una vez a la semana, de momento es lo más deprisa que puedo ir por la universidad y el trabajo. Lo siento mucho, de verdad.
Tania: Lo siento, lo siento, lo siento. Tienes razón, por lo general actualizo los miércoles tarde en la noche o los jueves durante el día, pero esta semana con la universidad me fue imposible. Por ese motivo solo hoy viernes he subido la actualización. Lo siento, nuevamente por la espera. Por otro lado, me alegra saber que el capítulo anterior te gustó y que fue por lo menos lo que esperaban de él. Ojalá que tus palabras sobre las pruebas y trabajos sean oídas, yo de momento, necesito desesperadamente vacaciones de verano, y diciembre se ve tan lejos…
Yahiro: Muchas gracias por tus palabras, pero sobre todo me alegra saber que la historia te sigue gustando, que es la idea. Sobre Kaito, pues habrá que esperar una semana más para saber si sale de esta o no. Y sobre Kaname, pues en este capítulo ha tocado ver un poco del otro lado de él, porque no puede ser tan completamente malo. De momento, claro. Y gracias por seguir leyendo.
Neko589: Me alegra saber que el capítulo te ha gustado, y sobre lo del lemon, como estaba al final de todo, por lo menos no te has perdido gran cosa, que era un poco la idea para las que se sintieran un poco inquietas por ello. Sobre un fanfic de vocaloid, de momento solo podría decirte que me pensaré la idea y que si se me ocurre algo, podría intentarlo en mis vacaciones de verano, ya que de momento, con la universidad y el trabajo voy muy justa de tiempo.
