Capítulo 12.
Tras una copiosa e increíblemente deliciosa porción de ramen, Temari y Shikamaru permanecieron largo rato en las instalaciones de Ichiraku, charlando animadamente, y aunque durante todo ese tiempo, la rubia había estado muy atenta y al pendiente de cualquier síntoma de enfermedad mostrado por su compañero, al no encontrar ninguno que denotara gravedad, o al menos algo de importancia, la muchacha pronto se relajó, olvidándose completamente del tema y de lo que ocurría a su alrededor…
Tanto, que sin saber cómo, de pronto la de coletas se encontró compartiendo con el estratega un plato de castañas asadas que Ayame san amablemente les había llevado…
-Cortesía de la casa – había dicho la castaña, dirigiéndoles a ambos una entusiasta sonrisa que a la rubia le supo a confidencia…
Pero, de nuevo absorta en la amena plática del Nara, la de coletas volvió a prestar toda su atención al muchacho, que finalmente, al no tener más excusa para permanecer ahí sentado, se decidió a pedir la cuenta y llevarla nuevamente al exterior, en donde el brillante sol del atardecer, pronto les recordó que el tiempo había pasado…
-Tu medicina – dijo de pronto Temari, mirándolo fijamente, calculando que ya había pasado el tiempo estipulado desde la primera toma de Shikamaru, que aunque quiso replicar, decirle que se sentía bien y que no era necesario volver a tomar esa odiosa pastilla, al encontrarse con la firme mirada aguamarina que le recordaba que tenían un trato, el muchacho suspiró.
-Hai, hai… – dijo, y aunque de mala gana, llevó la mano al bolsillo izquierdo de su pantalón, pero el frasco de pastillas no estaba ahí. No. Ni ahí ni en bolsillo izquierdo, y mucho menos en los bolsillos del chaleco… - Mendokusai… - murmuró.
-¿Umh? ¿Qué pasa? – la de Suna preguntó, y el muchacho, mirándola, respondió.
-No está – dijo, dejando de buscar, y notando al instante como la delgada ceja de su compañera lentamente se arrugaba.
-¿Cómo que no está? – dijo, mirándolo perspicaz, sospechando que se tratara de algún truco para no tomar la medicina…y sin embargo él, hablándo en serio, volvió su vista hacia el restaurante que recientemente habían abandonado, y arrugando ligeramente el entrecejo, respondió.
-Debí haberlo dejado en los lavabos – dijo, aunque no muy convencido de que no hubiera sido así…
De hecho, ahora que lo pensaba, casi podía asegurar que el frasco con su medicina se le había quedado en el invernadero de los Yamanaka, dado que al salir de tal lugar había metido ambas manos en los bolsillos sin encontrar en ellos nada… pero como no estaba dispuesto a ir hasta allá, y mucho menos por una medicina que no estaba dispuesto a volver a tomar, fijando nuevamente su atención en su compañera, y con una serenidad que ocultaba completamente sus intenciones, en parte le mintió…
–Volveré a buscarla, no tardo – dijo.
Y, volviendo tras de sus pasos, el Nara regresó al interior de Ichiraku, en donde desesperadamente se acercó a la barra, en donde la mesera nada más verlo, un tanto sorprendida de verlo regresar, se apresuró a su encuentro…
-¿Pasa algo Shikamaru kun?- preguntó Ayame intrigada de verlo todavía por ahí…
Ella, al igual que algunas otras personas (como Ino y la esposa del dueño de la paletería que hacía poco habían inaugurado a unas cuadras de la torre Hokage), estaba enterada de los sentimientos del pelinegro hacia la embajadora de Suna, motivo por el cual, ella muy entusiasmada con la idea, había accedido a ayudarlo con el asunto de la cita, facilitándole la comida a un precio súper especial…
Y él, mirando por sobre su hombro para asegurarse que Temari no estuviera por ahí, sin perder el tiempo en explicaciones, fue directo al grano.
-Mentas, ¿tienes algunas? En un frasco blanco, como los de medicina – inmediatamente le pidió… y aunque la muchacha quiso preguntar para qué lo necesitaba así, sabiendo que no era momento para eso, enérgicamente asintió y corrió a la cocina.
Después de todo, ella le había prometido ayudarle en la medida de lo que fuera posible a conquistar a esa señorita, así que sin mediar palabra con su papá, Ayame sacó el frasco de analgésicos del botiquín de primeros auxilios, lo destapó y vertió todo su contenido en el mismo botiquín, antes de rellenarlo con un puñado de pastillas de menta, y se lo entregó presurosa a Shikamaru, que agradeciéndoselo, se marchó de nuevo a la calle, en donde su amada lo esperaba…
-¿Lo encontraste? – preguntó la de coletas, observándolo con atención, y el estratega, sonriéndole de medio lado, sujetó el frasco en lo alto…
-Sí, aquí está – dijo, y antes de que ocurriera nada, lo destapó, tomó una pastilla y sin mediar palabra se la echó en la boca, para tranquilidad de Temari, que no se dio cuenta del engaño…
Mitchel0420, Nonahere, Chavely, Icela Prez, el capitulo va dedicado a ustedes!
gracias por los reviews ;D
