–¡Me llaman apenas lleguen a la casa! –gritaba Molly.
–Lo haremos, sabemos que eres capaz de ir a buscarnos y retarnos luego –respondía George, sacando su cabeza y su mano para despedirse a modo de realeza mientras los neumáticos circulaban con mayor velocidad.
Capítulo XI Rescatada
Lapsus
Tal como había dicho Jane el día anterior, el padre de Hermione llegaba a su casa luego de una corta jornada de trabajo. Entró con la misma tranquilidad de siempre al hogar, dejando el bolso en uno de los sillones principales, y el gorro que ocupaba para protegerse del sol, colgado en uno de los clavos alojados en la escalera, junto al manojo de llaves.
Saludó a sus hijos con total tranquilidad, con un leve chasconeo del cabello de cada uno de ellos, los cuales se encontraban jugando un partido de carioca en el piso del salón principal. E infló su nariz, al momento que levantaba sus cejas al ver a Hermione en la casa. Ella le sonrió y siguió escuchando lo que su hermana le decía al repartirle nuevamente un mazo.
El silencio de aquel lugar le hacía sentirse extraña. Ya se había acostumbrado a los canturreos de Ginny por la casa, al ruido del motor del automóvil que ocupaban los chicos cuando llegaban de hacer las compras, o los gritos de las peleas entre los pelirrojos, al ejercer la hermana menor el papel de madre exigente.
A pesar de estar encendida la televisión, la laptop de su hermano, con el reproductor de música en funcionamiento y una radio que mantenía su madre en la cocina, no sentía más que ruidos que acrecentaban la soledad de aquel lugar. Si no hubiera escapado de su casa, de seguro que ella estaría encerrada en su habitación, también escuchando su música.
Jane pidió que se dirigieran al comedor de la casa, puesto que el té y las tostadas ya se estaban enfriando. Luna corrió a lavarse las manos, le gustaba lavárselas tres veces por seguridad. Cedric en cambio, se sentó inmediatamente y ya estaba acabando media tostada cuando las dos hermanas se posicionaron al frente de él. El padre de los chicos tomó lugar en la cabecera de la rectangular mesa, mientras que la madre acompañaba a Cedric, al otro lado de esta.
Más sonidos irritantes se presentaban: las cucharillas de té chocando con el platillo o la taza, los cortes que le propinaban al queso, que yacía en una mantequillera en trozos demasiado grandes para el pan, algunos sorbos por la calidez de la infusión, el tic tac del reloj…
–¿Qué has hecho durante todo este tiempo, Hermione? –preguntó su padre–, ¿Dónde has estado? ¿Con quién? ¿Cómo te has mantenido?
–Estoy viviendo en una casa compartida con dos chicos y una chica. Mamá los conoce, ellos me acompañaron a la casa, la última vez que vine –contestó, propinándole una ojeada a la reacción de su madre.
–Creo que dos son hermanos, se parecían mucho –fue el aporte de ella.
–Arrendamos entre los cuatro una casa que se encuentra cercana a la universidad. He apaleado todos mis gastos y el arriendo trabajando en una librería, que está un poco más alejada de la casa, pero accesible aun sin medios de transportes que no sean más que mis pies –bebió otro poco de su café y siguió respondiéndole a su padre–, y eso es lo que he hecho, trabajar, organizar mis ingresos, y por lo mismo, vine aquí.
–¿Planeas regresar, hermana?
–No Luna, yo me he ido esta casa, y es definitivo –contestó secamente. Todos los presentes le observaron, mas no dijeron nada–, las personas con las que estoy ahora son realmente buenos amigos. Me han apoyado bastante, sabemos mantener un hogar acorde a los gastos, y he regresado porque me acongoja el tema de la universidad. A pesar de tener ingresos para mantener un arriendo, la gasolina del automóvil, los alimentos y los gastos comunes, no creo que pueda mantener mi cancelación mensual de la universidad.
–Así que es por el dinero que vuelves aquí…
–Cállate Jane. La última vez que estuve con Hermione presente, tú dejaste en claro que no querías aportar en algún gasto referente a ella. No es de tu incumbencia lo que estamos hablando ahora –contestó enojado. Hermione se daba cuenta que las cosas entre sus padres seguían igual, o peor. Cedric terminó de servirse su tentempié, por lo que se retiró a jugar junto a su hermana menor.
Jane se retiró irritada de la mesa, recogiendo los tazones vacíos. Hermione suspiró.
–Hermione, el hecho de que ya no quieras vivir con nosotros me da algo de pena. Pero supongo que todo lo que está sucediendo aquí te agobia. Lamento que no estés más con nosotros, y lamento también, el no poder solventar todos tus gastos universitarios.
–Lo sé papá, dentro de un mes comenzarán las clases, y esto me está agobiando demasiado. Por lo mismo, he estado pensando en alguna solución.
–Ni se te ocurra salirte de la universidad.
–No, eso no lo haría nunca. Sino más bien, lo que te quería pedir es que fueses mi aval en el banco. Planeo pedir un crédito universitario, pero para eso necesito de un aval. Solo así, me podré solventar los gastos universitarios, y ya cuando egrese, con mi trabajo, pagarlos.
–Habría deseado poder ayudarte mucho más. Pero Cedric ingresa a la universidad el próximo año y…
–Ya lo sé, y por lo mismo, creo que esto es la mejor solución, pero necesito que hagamos los trámites ya, para poder matricularme.
–No te preocupes, cuando decidas volver a la ciudad, nos juntamos allá y realizamos todos los trámites pertinentes –se quedaron en silencio nuevamente, y él comenzó a dirigirse al baño. Era ritual que después de cada conversación o cada comida, su padre se encerrase en aquel lugar.
Luego de aquella incómoda, pero necesaria conversación, que siguió refiriéndose a problemas económicos, y no a los fundamentales, como la falta de comunicación entre la familia, Hermione se fue a su dormitorio para poder descansar. Ya tenía lo primordial solucionado, podría marcharse a la ciudad para poder seguir con su vida, y solucionar los nuevos acontecimientos que la vida le proporcionaba, no sin antes, pasar algunos momentos más con sus hermanos. Cuando la escuela y la universidad se iniciasen, escasamente podría verles.
Otro día se restaba del calendario, cuando los dos jóvenes de la casa terminaban de limpiar los trastos utilizados en el almuerzo. Ginny y Molly, quienes se habían encargado de preparar el almuerzo descansaban en la salita principal, viendo la teleserie de la tarde.
Un suave golpeteo en la rejilla del jardín alertó a la madre, la cual salió a ver quién era el emisor de aquellos golpecitos. Para su mala gana, una cabellera rubia, algo ondulada que conocía desgraciadamente, le saludaba con un tímido movimiento de manos.
–Buenas tardes, señora Weasley –saludó con cordialidad.
–¡Ah! Veo que ya has aprendido a saludar, Lavender. Buenas tardes –espetó, mientras buscaba la llave de la reja en el bolsillo de su delantal, para que la chica entrase.
–¿Se encuentra Ron?
–Si él no estuviera, no te hubiera hecho pasar a la casa, no creo que quieras venir a ver a alguien más –contestaba con algo de indignación. Lavender solamente agachó la mirada, y prefirió no hablar más.
–¿Quién es, mamá? –Ron asomaba su cabeza al sentir la puerta rechinar. Se sorprendió de encontrar a Lavender detrás de su madre, la chica le regalaba una sonrisa–, hola Lavender.
–Hola Ron… vine porque… necesito conversar contigo –ella le observó, para que él comprendiese que la charla era privada, puesto que Molly aun no se inmutaba del pasillo que daba a las otras habitaciones– ¿podría ser en privado? –decidió decirlo.
–Claro, subamos a mi habitación –resolvió, a pesar de la desaprobatoria mirada de su madre, la cual se devolvía bufando cosas en voz baja al living para seguir viendo la televisión.
Los dos jóvenes subieron las escaleras de madera y se adentraron al cuarto compartido de Harry y Ron. Él le dijo que tomase asiento en su cama, mientras el pelirrojo se acomodaba en la cama de su amigo para quedar en frente de ella.
–Necesitaba pedirte disculpas, por cómo me comporté el día en que llegaste, junto a tu familia. Me fui donde tú estabas como si se me fuera la vida en ello, y ni siquiera te saludé como correspondía –dijo de inmediato.
A Ron le agradó la lucidez con la que ella se disculpaba. Una de las cosas que le interesaba de Lavender, era su capacidad de poder ser directa, ya fuese cuando se equivocase o cuando estuviese en la razón.
–Quedas disculpaba, no te preocupes –Ron le dio una sonrisa para que ella se quedase tranquila.
–Hubiera querido hacerlo ese mismo día, pero supuse que si me quedaba más rato contigo, aquella chica castaña me abría matado con la mirada. Se ve a leguas que le atraes muchísimo, Ron –Lavender era una buena perdedora. Quería a Ron y ambos estuvieron juntos, pero su relación no era para que los dos formaran una pareja. Él trató de que su amistad siguiese, y a pesar de que así fue, Lavender no dejó de verle nuevamente como un amigo. Esa fue una de las razones por las que decidió marcharse de aquella casa, por su estabilidad emocional, y por querer tratar de recuperar a Ron en algún otro momento más oportuno. No tomó en cuenta la idea de que alguien más podría llegar a la vida del chico–, ¿tienen algo? –investigar un poco no le haría mal a nadie.
–Se podría decir que vamos en vías de que algo suceda.
–¿Algo en serio?
–Deseo que sí –inconscientemente sonrió, recordando los momentos que había pasado con Hermione. Su corazón latió con más fuerza, y un pequeño rubor le inundó las mejillas.
–Nunca te ruborizaste cuando estábamos juntos –objetó, haciéndose la enfadada, para ocultar efectivamente, un pequeño enfado. Vio como el joven se tensaba y decidió mejor no empeorar la buena conversación que estaban teniendo–, ¿amigos entonces? –preguntó, estrechándole la mano.
–Amigos –finalizó él, dándole la mano. Ella acortó la distancia y le abrazó. Quedándose por un instante absorta en el perfume que emanaba el cuerpo de Ron. Lo tuvo para ella en tiempos anteriores. Era una lástima no tenerlo ahora.
–¿Y la chica donde está? Ella tiene un nombre algo raro.
–Hermione está en su casa. Arreglando unos asuntos. Aprovechó de hacer ese viaje mientras estaba toda mi familia en este lugar, tú sabes que esta casa es pequeña.
–Ah, pensé que se había marchado porque había visto como que te había saludado el día que llegaste.
Prefirió no decir más cosas. Ese había sido uno de los factores que había desatado en Hermione la idea de marcharse a su casa y preocuparse de una buena vez por todas de las cosas de su familia.
–¿Y cuándo vuelve?
–No lo sé con seguridad. De seguro que querrá pasar algunos días más con su familia. No les veía de hacía tiempo, y ya pronto acabarán las vacaciones.
–Si yo fuera ella, me encantaría que me fueras a buscar. Sería un lindo detalle. Me alegraba mucho cuando me esperabas en la librería, cuando trabajábamos ahí.
–¿Tú crees?
–Sí, de seguro que se emocionará –no sabía por qué le daba ideas, aquellas palabras que salían de su boca, provocarían que Ron y Hermione estuviesen juntos.
–Gracias por las ideas Lavender, tomaré en cuenta tu consejo y la iré a buscar.
–De nada, para eso están las amigas –agregó, antes que siguiera diciendo las cosas que le gustaría a ella que hiciese Ron por su persona–, bueno, yo me voy yendo. Tengo cosas que hacer, pero no las podía realizar si no me sacaba un poco de culpa.
–Te entiendo. Muchas gracias por lo que acabas de hacer.
–Supongo que nos veremos alguno de estos días. Podríamos salir… salir todos digo, con los chicos de la librería, despedir las vacaciones haciendo algo.
–No sería una mala idea –acotó, aunque no estaba con ganas para celebrar algo. La salud de Fred le interesaba más, y mientras más tiempo pudiese estar con él, mejor para su tranquilidad–, te acompaño al primer piso.
Los dos jóvenes descendieron las escaleras, y Ron le despidió en la salida de su casa. No entró hasta que la rubia cruzó la otra calle, y comenzó a perderle de vista.
–¡Gané nuevamente! –se alegraba Hermione, mostrando una escala real de corazones.
–¡No puede ser! –se quejaba Luna, tirando todas sus cartas. A su hermana pequeña le encantaba jugar con dichos implementos, no se cansaba–, otra mano más y podré ganarte.
–Luna estoy cansada, hemos estado jugando toda la tarde, el sol ya se esconderá –el timbre de la casa emitió su típico sonido–, ordena las cartas, mañana podremos seguir jugando –ella se levantó del piso y caminó para ver quién era la persona que deseaba atención. Su sorpresa fue cuando vio a Cormac.
–Hola –ella no sabía qué responder. No tenía idea cómo había llegado hasta su casa–, fuimos con Hannah a buscarte a la casa que arriendas en la ciudad, pero cuando íbamos llegando, una chica nos dijo que tú no estabas allí, sino que te encontrabas en tu otra casa. Supuse que tu otra casa sería el lugar donde te enviábamos las cartas con Hannah, y decidí venir hasta aquí.
Bastó que ella le hiciera una morisqueta con su rostro para que él entendiese la duda que tenía. Se le revolvió el estómago.
–¿Quién es, hermana? –preguntó Cedric.
–Un amigo del colegio. Ya vengo Cedric, cuida por un ratito a Luna –decidió responder, haciéndole señas a Cormac para que saliese y se fueran caminando hacia otro lugar. Él le indicó una camioneta roja que tenía estacionada en la esquina, y le dijo que subiese.
Hermione se colocó el cinturón de seguridad, sin querer levantar la vista.
–Dime a dónde vamos a conversar cosas del colegio, Hermione –habló con un tono gracioso.
–Podríamos ir a la plaza que se encuentra a seis cuadras de aquí.
Él asintió y prendió el motor del automóvil, para que se pudiesen dirigir al lugar señalado por ella.
El trayecto fue en silencio. Hermione no sabía qué decir. Pensaba resolver parte de este problema después, y no ahora. ¿Dónde estaba Hannah? ¿Por qué estaban ellos dos solamente?
–¿Hannah?
–Se quedó en la librería.
–¿Cuándo decidiste venir a verme?
–Hace un momento, más me costó encontrar tu casa –contaba–, bajemos de la camioneta, vayamos a esa banca –señaló a través del vidrio. Hermione se soltó el cinturón y no esperó a que Cormac le abriese la puerta, cuya esa era su intención.
Caminaron en silencio, mientras el sol seguía escondiéndose, y los postes de luces se encendían, capturando la electricidad en sus ampolletas.
–¿Qué sucede Hermione? –inquirió, debido a que la castaña no emitía más que monosílabos.
–Me parece extraño que estés aquí ahora. En este momento, y ayer en la ciudad, y hace una semana atrás quizás en tu ciudad…
–Tranquila, yo aun no me creo que esté contigo –Hermione no sabía si tomar aquello como un elogio o una incredulidad–, lamento tanto que nos hallamos distanciados.
–Tú fuiste el que se distanció –cortó de inmediato el monólogo de chico sufrido. Estaba harta de escuchar la misma palabrería, una y otra vez. Ella también había sufrido y se lo había dejado claro la primera vez que se habían visto. No era necesario volver a decirlo.
–Quiero decirte por qué me distancié.
–¿Y qué pasa si yo no quiero saberlo? –mentira. Había algo dentro de sí que le suplicaba a gritos que pusiese toda su atención en las palabras que saldrían de la boca de Cormac.
–No tienes por qué mentir, sé que te mueres de ganas por saber lo que sucedió –un principio de altanería que nunca había percatado en el castaño le hizo recordar que tenía orgullo, y dispuesta a irse del lugar, comenzó a caminar toscamente–, disculpa, no era mi intención molestarte, por favor, no te vayas –le pedía el joven, jalándola suavemente del brazo para que volviesen al lugar donde se encontraban anteriormente.
De mala gana, pero más relajada, Hermione se posicionó en la banquita, esperando a que él hablase.
–Sé que fue mi culpa el haberme alejado, no lo volveré a repetir, pero los celos que sentí aquella vez me cegaron de sobremanera, y lo único que quería, era poder olvidarme de ti. Todas las dudas que tenía en mi cabeza se hacían más y más fuertes. No tomé en cuenta todas las cosas que habíamos realizado a pesar de la distancia. Salía a fiestas constantemente, y no sabía en qué sitios despertaba a la mañana siguiente. Bajé mis calificaciones, y peligró mi ingreso a la universidad a segundo año. Luego… –él bajó la mirada hacia sus zapatillas y no siguió hablando.
A pesar del dolor que le provocaba escuchar las palabras de Cormac, porque mientras él intentaba olvidarse de ella, ella lo buscaba por cielo, mar y tierra, metafóricamente hablando, claro, se atrevió a instarle para que siguiera hablando.
–¿Luego?
–Luego Hannah se mudó de casa y me fui al internado de la universidad. También perdí el contacto con ella. Fueron meses de parranda y tiempo malgastado que tuve que recuperar en el nuevo año que ejercería. Y me fui enfocando en eso. Estudios, trabajos, estudios y más trabajos.
El silencio volvió a ellos hasta que la última línea del sol se terminó por esconder en el horizonte.
–¿Tú que has hecho durante todo este tiempo? –preguntó el joven, al no tener respuesta de ella.
–No me he ido de juergas, tampoco desperdicié mis calificaciones en el colegio. Planeaba irme estudiar al extranjero… como bien sabías tú y Hannah. Pero creo que las situaciones cambiaron conforme el tiempo. No sé si te diste cuenta.
–Por favor Hermione, no seas así.
–¿Así como?
–Así pues… ¿Quieres que me ponga de rodillas y te pida perdón?
–No. No soy una divinidad para que hagas aquel acto. Lo único que deseo ahora es que todo regrese a la normalidad. He pasado por momentos difíciles, ya te lo he dicho anteriormente.
–Por lo mismo, quiero que nuestra relación sea como antes. Sé lo importante que somos Hannah y yo en tu vida.
–Eran.
–Tú ya no nos quieres como antes… ¿eso me intentas decir?
–No creo que querer sea la palabra precisa. Digamos que el tiempo de ser mejores amigos y… novios… pasó. No negaré nunca lo importante que fueron en mi vida, pero creo que ahora estoy volviendo a ser una nueva persona, y no gracias a ustedes.
–Me di cuenta que no supe aprovechar todo lo que habíamos tenido. Cuando me centré nuevamente en mi vida, pude corroborar el vacío que tenía al no poder saber algo de ti. No creas que vine hasta aquí para tener unas simples vacaciones, mis propuestas son otras.
–¿Y cuáles serían tus propuestas?
–¿Me dejarías poder volver a conquistarte?
Hermione le observó por un momento. Una parte de su corazón quería palpitar con mucha desesperación. Deseo escuchar aquellas palabras tantas veces en el pasado. Su mente le decía que donde hubo fuego, cenizas quedan. Pero nunca habían prendido una fogata, metafóricamente hablando. Trataba de rebatirse internamente.
Mientras se encontraba en su fuero interno, Cormac se iba acercando a sus labios. Ella no se movía, y vio como Cormac cerraba los ojos, cuando se encontraban a escasos centímetros.
La imagen de Ron apareció como huracán, y su corazón latió con más fuerza. Se alejó de inmediato, provocando un desconcierto en el castaño.
–¿Acaso no era esto lo que deseamos por tanto tiempo? –preguntó con algo de fastidio.
–Por favor, Cormac, deja de invocar el pasado. Intentamos tener algo, y no llegó a puerto seguro. No quiero lastimarte, y tampoco quiero lastimarme. Ya tuve suficiente, y ahora…
–¿Y ahora qué?
–Ahora me estoy sanando. Estoy rehaciendo mi vida.
–¿Te gusta alguien más?
–Eso no es asunto tuyo –respondió enojada. La conversación se estaba saliendo de control. Se estaba dando cuenta que la presencia de él le incomodaba, y que deseaba estar alejada de su persona lo más pronto posible–, yo no te he preguntado si estuviste con alguien, o si quieres a otra persona.
–No me gusta otra persona que no seas tú. Por eso vine hasta aquí. Quiero tener algo serio contigo.
–¡Pero yo no! –gritó exasperada–, por favor, Cormac… por el cariño que nos tuvimos, por favor, no me sigas hablando del pasado. Seré clara contigo… si te hubieras aparecido hace dos meses atrás… las cosas serían totalmente distintas entre nosotros. Pero ya ves. La vida no quiere que estemos en plan de novios o algo por el estilo. Llegaste tarde, y te esperé demasiado. Ahora tengo otras prioridades…
–Otras personas a quien querer, ¿o me equivoco?
–No es asunto tuyo, deja de preguntar cosas de mi vida –no aguantó más y comenzó a caminar hacia su casa–, no me sigas, devuélvete a donde está Hannah. No deseo tener contacto contigo, me hace mal.
–Estás huyendo, y eso no es digno de ti, Hermione.
–Me da lo mismo. Cambié demasiado con el tiempo. No puedes decir que me conoces, lo que es digno o no de mi persona.
–Me estás diciendo estas cosas porque aun te duele el hecho que me haya desaparecido de la noche a la mañana –argumentaba siguiéndola, con pasos más apresurados.
–¡Y cómo no me iba a doler, Cormac! Si teníamos planes, si eras mi salvación y no te importó nada. Entiende de una vez que la Hermione que conociste ya no es la misma. Se ha dado cuenta de muchas cosas –se quedó estancada y decidió mirarlo a los ojos por última vez. Su corazón latía por la rapidez de sus pasos, pero cualquier tipo de emoción ya había desaparecido de su vida, creía… y casi estaba segura de aquello–, llamaré a Neville si no me dejas en paz, Cormac –amenazó.
–No serías capaz –ella sacó su móvil del bolsillo de sus jean y comenzó a marcar–, está bien, está bien. Te dejaré en paz. Pero eso no significa que no desee entablar una conversación contigo. Somos, quieras o no, compañeros de trabajo. Nos estaremos viendo a menudo.
–Como digas. Que tengas buen viaje –espetó, tomando rumbo a su hogar.
–Vine aquí con un propósito, y no me iré si no lo cumplo –susurró Cormac, al verla partir con paso rápido.
Hermione siguió caminando, con la rabia acumulada en todo su cuerpo. Cuando llegó a su casa la noche ya era un hecho, y prefirió quedarse encerrada en su habitación. No se creía que había sido capaz de decirle a Cormac que ya no le veía como algo más, y que ahora tenía otras cosas –pensó que debió hablarle de Ron– en qué pensar. Había estado a punto de besarse con Cormac, e impidió el acto, porque su corazón le mostró que estaba del lado del pelirrojo.
Sonrió con diversión, ya estaba decidida a darle una respuesta a Ron, quería comenzar algo nuevo. Con los temores que todo el mundo tiene en una relación, con la alegría de poder besar sin culpa, o con tristeza. La hora de ser feliz completamente, podría llegar cuando ella retomase su vida en la casita que compartía con los chicos.
Decidió enviarle un mensaje de texto al pelirrojo, diciéndole que sería agradable pasar el último día de ella en su ciudad natal, compartiendo con él, Ginny y Harry en la playa. Podrían por fin, tener aquel soñado día de vacaciones. Tenían que hacerse un espacio entre tanto dolor y tantos malos momentos; darse la oportunidad de disfrutar de las cosas sencillas del día.
Carpe diem, como recitaba constantemente su profesora de literatura.
Teniendo en cuenta aquel recuerdo, se quedó dormida, tranquila, con una sonrisa en sus labios.
Quería seguir el consejo de Lavender, pero el mensaje de texto que le envió Hermione la noche anterior le relajó y alentó. Planeo quedarme dos días más en mi casa. Si quieres, puedes venir con los chicos… y podríamos tener nuestro día de playa. Te extraño.
Decidió entonces pasar por la librería a trabajar un momento. Cuando comenzaran las clases en la universidad tendría que modificar el horario de su trabajo, el sueldo bajaría, y sería bueno, a pesar de tener el permiso del dueño de tomarse unos días libres por la estancia de su hermano Fred en su casa, hacer un poco de trabajo extra.
Cuando llegó al lugar, supuso que la chica que se encontraba ahí, era Hannah, de quien le había hablado Hermione escasamente. Agradeció no encontrarse con el implicado de la historia. No sabría cómo iba a responder al conocerle. Saludó de igual forma a todos los trabajadores y se colocó su delantal.
Ya no había demasiada clientela, por lo que los chicos se encargaban de conversar entre sí. Se sintió observado, y dirigió su mirada a Hannah, que le echaba un vistazo con insistencia. Ella al ser descubierta sonrió, y decidió acercarse hasta él.
–No nos hemos presentado oficialmente, mi nombre es Hannah, mucho gusto –dijo, ofreciéndole la mano en señal de amistad.
–Ron –respondió a secas, imitando el gesto de cordialidad.
–Tú vives con Hermione, ¿cierto? –él asintió. No le gustaba que preguntaran cosas acerca de su vida, y el hecho de que Hermione viviera con él, era ya una situación personal–, hum… veo que no te gusta conversar demasiado. ¿O es que no me quieres contar cosas?
–¿Disculpa? –se hizo el malentendido. Hannah no parecía ser una curiosa, pero al parecer lo era.
–Lo siento, es que deseo saber todas las cosas que le suceden a Hermione, perdí el contacto con ella... tú debes de saber la historia completa, sería una pérdida de tiempo que te la relatase. ¿Te gustaría conversar conmigo cuando acabe el turno? Por favor… –ella le observó con otra mirada, ahora era de preocupación. Aquel cambio de gestualidad le hizo aceptar.
–Está bien.
–Genial –se emocionó, y siguió con su labor de atender a unos clientes que preguntaban por algunos materiales de paquetería.
La hora de cerrar se hizo presente y Ron esperó a que la muchacha dejara su delantal en el perchero que tenían en la bodega.
–Ya estoy lista… ¿sabes de algún lugar donde se pueda conversar tranquilamente?
–Podría ser la plaza que está cercana a este sitio.
–Suena a un buen lugar. Vayamos allá entonces.
No conversaron en todo el recorrido. La brisa estaba agradable, y los sonidos que producían los grillos entre los arbustos reconfortaban el silencio. Se ubicaron en una pequeña pared de ladrillos que daba de frente con una pileta de agua.
–Iré al grano, Ron –espetó cuando se acomodaron–, ayer mi primo fue a visitar a Hermione.
Ron se asombró ante la confesión de la chica. Él tenía intensiones de ir a verla, pero se le habían adelantado.
–Y debo decirte que me sorprendió, y entristeció a la vez la respuesta que le dio mi amiga a mi primo –ella esperó a que Ron dijese algo. Mas él no podía decir nada, porque no tenía conocimiento de lo que había realizado Hermione durante su estancia en su ciudad–, ella no lo quiere ver más, incluso, le dijo que no sentía algún tipo de cariño hacia su persona.
Inconscientemente el pelirrojo sonrió. Estaba seguro que las cosas saldrían mejor de lo planeado con Hermione, quizás, quizás, quizás… quizás Hermione y él podrían tener una historia juntos, no como amigos, sino, como algo más.
–Y por lo que veo, a ti te agrada bastante saber aquello. Debo de suponer que la idea te es divertida.
–No es divertida –habló por primera vez–, me alegro poder saber aquello. Pero no entiendo por qué me cuentas todas estas cosas.
–Nunca me perdonaré el hecho de haber perdido el contacto con mi amiga. Ella me confió toda su vida, hasta sus pasajes más oscuros, el por qué prefería estar aislada, el por qué de iniciar una relación. Los temores de crecer… de seguro, son cosas que tú ya sabes. Viven juntos –Ron supuso que Hannah se refería a los problemas familiares que tenía Hermione, no eran simples, pero Hannah parecía realmente afectada con el tema, volvió a tomarle en serio.
–Sí, conozco sus problemas –se atrevió a decir.
–Entonces, te quiero pedir un enorme favor.
–Te escucho.
–No le hagas daño, no la obligues a hacer cosas, tú sabes a lo que me refiero. Ella… ella es una persona que se guarda demasiado sus problemas, y cuesta mucho el poder tratar de ayudarla. Pensé que no le contaría a nadie de su situación. Pero veo entonces que ustedes son de verdadera confianza. Eso no quiere decir que no ayude a mi primo a volver a conquistarla –Hannah se puso de pie y comenzó a caminar.
–Déjame tratar de entender algo… estás tranquila porque le 'has dado el visto bueno a mis amigos y a mí' pero aparte de aquello, me tratas de dejar en claro que harás lo posible para que Hermione y tu primo… ¿estén juntos?
–Lo posible y lo imposible. Un gusto hablar contigo.
Nota de la autora:
Como siempre acostumbro a hacer, muchas gracias a quienes dejan su comentario. El capítulo anterior tuvo unos cuantos problemas, muchas personas no supieron que hubo actualización, informé de aquello a través de MP y al parecer, estas tampoco llegaron. Fanfiction estuvo algo raro aquella semana.
Estoy con los períodos de examen en la universidad, por lo que será más o menos complicado el poder actualizar con la poca rapidez que puedo. De la misma manera, agradezco a las personas que siguen el fic a pesar de mis problemas de publicación.
En cuanto al capítulo... Sé que extrañan los momentos Ron Hermione, pero para que ambos se vuelvan a encontrar y traten de ver su relación, pasará un poquito de tiempo. Este fic es drama total, y no solamente alojará problemas sentimentales. (De ante mano les digo que sí, habrá final feliz… pero costará demasiado llegar a aquello) Hay otros problemas que estarán insertos dentro de la trama, y tendrán que irse desarrollando con el clímax inicial. Una pista podría ser el summary de la historia, y lo que le acabó de decir Hannah a Ron… digamos que hay algo que desatará un caos. Puede que suene reiterativo el tema de perdón entre Cormac y Hermione. Ella ahora está segura que siente algo más fuerte por Ron que por Cormac, pero hay que tener en cuenta que el dolor que nos provoca un ser querido, nos hace en ocasiones, odiarlo un poco más de lo normal. No sé si les ha pasado alguna vez que han amado tanto a una persona, y justo nos decepcionó… el sentimiento contrario al amor se vuelve realmente molesto. Y doblemente más FUERTE.
Aclaré además que quería a una Lavender semi buena. Ojo, no será la rubia malvada. Pero para qué andamos con cosas, cuando nos gusta alguien, a veces sentimos celos de las personas que tienen mejor relación con aquel ser, y decimos, pensamos y/o hacemos cosas no muy buenas…
Esta actualización creo que ha sido la más corta que he subido de este fic. Supongo que el hecho de haberme escrito una ayuda memoria de los acontecimientos que deben ocurrir, me ha hecho organizar mejor las ideas y las estructuraciones del contenido necesario para cada contenido de la actualización. Asumo que soy desordenada, y si estoy pasando por un caos emocional, los pobres personajes sufren las consecuencias xD
Otra nota aparte, he modificado mi perfil de fanfiction, agregué más información y cosas por el estilo. Con un enorme beso y abrazo, me despido, deseándoles una hermosa semana.
Breaking Rules también está actualizada, Ron y Hermione…
