En verdad, en verdad, en verdad lamento haber tardado tanto en subir esta continuación, pero para escribir este capítulo tuve que atravesar una odisea de estrecheces (respecto al tiempo y disposición): en la Universidad me inundaron de deberes, me enfermé también hasta el punto en que me tuvieron que trasladar de urgencias porque un dolor fuerte en el estómago me dobló y retorció en cama, y por último me ha dolido un poco que mi gato (allá en mi ciudad natal) se haya ido y no vuelto en días a la casa. Mi madre ya lo dio por desaparecido en definitiva. :'(
En fin… estoy aquí. Me tardé bastante, pero volví con un capítulo más… y no cualquier capítulo; se darán dar cuenta con el nombre del mismo que lo que sucederá puede denominarse un derrumbamiento de todo lo que hasta ahora ha sucedido.
No se detengan, queridos lectores, no se detengan, y sigan leyendo.
…
Capítulo 12: El rostro de Sasuke.
En su dedo hacía girar el ojo de un puñal especial dentado que antaño le habían regalado mientras que en la otra mano sostenía y agitaba una copa de vodka.
- Entonces… dime tú, ¿Quién crees que sea la tal Sakura? – cuestionó la pelirroja a su único acompañante.
- No tengo idea. Lo que sí sé con certeza es que si continúas bebiendo de esa manera, acabarás borracha, Karin – le contestó Suigetsu –. Y no es el momento para eso.
- ¿Ah no? ¿entonces cuándo lo es? – inquirió ella con amargo dolor –. Llevo días sin saber de mi novio porque a él nunca le interesa explayar nuestras conversaciones, pregunta desinteresadamente por mi estado, me miente diciéndome que está bien y me prohíbe ir a verle porque quiere estar solo. ¿Cómo sé que no está con esa mujer que llamó mientras agonizaba? ¿Por qué siento que no ocupo lugar alguno en su vida? ¿Qué puedo hacer yo para que Sasuke se interese en mí? – gimió lastimada y lanzó la copa lejos, quebrándola –. ¡Odio esto!
Suigetsu la miró por primera vez con lastima. Mientras ella se hacía todos esos interrogantes, él por su lado se preguntaba por qué simplemente no lo dejaba.
Karin debía darse cuenta de que ella no era para Sasuke, ni Sasuke para ella. Por eso entre ambos nada funcionaba.
- Debo saber de quién se trata – murmuró con la vista perdida y más sosegada –. Y entonces voy a matarla… nadie se mete conmigo ni con lo que es mío.
- Mala idea – dictaminó Suigetsu seguro –. Si haces eso, perderás. Para empezar no sabes quién es la mujer ni qué relación tiene con Sasuke. ¿Qué tal si ni siquiera está enamorado de ella? Quizá se trata de un mero encaprichamiento. El Sasuke que conozco no se enamoraría… eso es imposible, no ha mostrado en su vida inclinación romántica por ninguna mujer, y esto último aunque te moleste, te incluye Karin. Es más, yo le he visto en realidad más entusiasmado al lado de ese policía rubio, y dado que ninguna chica le interesaba llegué a pensar que era… ya sabes, gay.
- ¡No digas tonterías!
- Sí, sí, sí… como sea, no nos desviemos del tema. El punto es que si borras del mapa a la susodicha, y asumiendo que ella es importante para él, todo el peso de la organización ANBU te caerá encima a ti.
- Sasuke no se enteraría de que fui yo – se excusó Karin.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabemos que no espía de vez en cuando a la chica? Si te descubre tras ella Karin estarás acabada. Sé más astuta. Primero averigua de quien se trata y no des muestras de posesividad o celos. Que Sasuke no sepa que tú sabes de ella. Él después de todo la reveló en un acto casi involuntario.
Karin se mantuvo pensativa por unos minutos. Minutos durante los cuales concretó que en efecto Suigetsu tenía razón. Minutos donde los cuales éste último pensó en lo tonto que se estaba comportando, dándole ideas para acabar con todos los obstáculos entre ella y Sasuke, cuando en realidad lo que quería era que los hubiese para que terminaran separándose. Pero el chico de cabellos blancos no era tan egoísta. Prefería que de cualquier manera Karin fuera feliz, y si esa lo era, entonces él la ayudaría. Ella suspiró y se acomodó los lentes.
- Tú ganas.
….
Sus heridas ya no suponían mayor peligro. Gracias a que a través de Lady Tsunade se había instruido mucho mejor en lo que a cuidados de convalecientes se refiere, Sakura pudo ayudar a que su chico se recuperase con gran eficacia. Lo que ella ignoraba era que más allá de las atenciones que le ofrecía, Sasuke se mantenía optimista y de mejor humor porque ella estaba cerca, a su vez se restauraba muy rápido. No era lo que le hacían, sino quien lo hacía. Y Sakura siempre que se hallaba libre del trabajo, lo iba a ver.
Esa noche se ocupaba ella de preparar la cena, y como había recibido indicaciones sobre qué alimentos saludables debían ingerir los heridos en sus tratamientos, procuraba entonces aplicar buenas dosis de los mismos siempre que le cocinaba a su peor enemigo encubierto.
- Aquí está – dijo sonriendo mientras ubicaba la bandeja con la cena enfrente del Uchiha.
Olía delicioso. A Sasuke por un momento le sobrevino un leve sentimiento de añoranza cuyos orígenes remontaban a la época en la que su madre le cocinaba, y de la misma forma en que Sakura ahora lo hacía, ubicaba su rica comida enfrente de él, mientras le sonreía.
- ¿No vas a comer tú también? – le preguntó al ver que ella se sentaba para observarle.
- No te preocupes. Cené antes de venir aquí. Más bien disfruta.
Él accedió y comenzó a comer, disfrutando como ella dijo porque así como olía, también sabía. Entre bocados se miraban ocasionalmente sin decirse una palabra; él sonreía de medio lado y ella se sonrojaba, algunas veces ella tenía que apartar la mirada y guardarse el cabello tras la oreja porque el ANBU la reparaba con sumo interés, como quien observa su programa favorito en tv. Como se habían vuelto costumbre sus visitas, Sakura había llegado a traer ropa cómoda para usar en el intertanto, de modo que no cargaba todo el tiempo con su uniforme policial y todo lo que éste implicaba. Por eso ahora sus brazos y piernas estaban descubiertos por los atavíos casuales y expuestos a esa intensa mirada de ojos ónix. Ella se sentía halagada con Suke, a diferencia del idiota de Sasuke Uchiha que aquella ultima vez la hizo experimentar vergüenza de sí misma.
- Gracias – habló él tras acabar y limpiándose la boca con una servilleta.
- ¿Te gustó?
- Mucho – contestó mirándola, como si no estuviese hablando de la comida.
Sakura sonrió y volvió a sonrojarse mientras se mordía el labio inferior. Se levantó y se acercó al lugar de Sasuke para retirar los platos, pero él se lo impidió tomándole las manos y atrayéndola hacia sí, haciendo que se le sentara encima.
Por supuesto que en todos esos días en que ella se consagró a sus cuidados compartieron muchos besos. Más específicamente todo tipo de besos. Esa noche no sería la excepción.
Él la abrazó por la cintura y ella le echó los brazos al cuello, enredando en una de sus manos los cabellos negros y en punta de la cabeza de Sasuke.
Mantuvieron sus bocas unidas hasta que ella mientras rozaba la nuca, cuello y hombro del chico con la palma de su mano se acordó de algo.
- ¿Vas a dejarme o no ver esas heridas? – le preguntó.
En razón de los cuidados de la oficial, Sasuke ya no usaba vendas en las zonas en que Killer Bee lo cortó, pero no dejaba de cubrirse los tatuajes, haciendo pasar esos sitios por superficies delicadas.
- No es necesario – respondió y volvió a besarla como recurso de que se olvidara de eso. No funciono.
- Por favor, Suke. Déjame ayudarte, quizá pueda hacer algo – insistió ella.
Él suspiró y negó con la cabeza para inventarse una mentira:
- No hay heridas allí, Sakura... bueno, las hubieron… lo que queda de ellas es lo que me cubro. Son cicatrices muy horribles.
- Oh… comprendo – murmuró ella observando su hombro y cuello –. ¿Puedo verlas?
- Me dan vergüenza. Quizá algún día te las enseñe… pero no todavía.
Para alivio suyo Sakura se conformó con esa excusa. Esta vez sí se olvidaron del tema y prosiguieron con lo que habían suspendido. Siempre era un placer recostar su busto sobre el torso desnudo de Sasuke que debido a sus lesiones nunca usaba camiseta alguna, así pues, Sakura aprovechaba para arrastrarle las manos sobre la piel de la espalda, los hombros, el pecho y el abdomen en cada sesión de besos y caricias. El Uchiha la dejaba, pero porque deparaba un terreno para sí mismo; tenía planeado que permitiéndole explorar a ella primero todo lo que se le antojase de su cuerpo, él podría hacer lo mismo en algún momento sin que ella tuviese derecho a objetar. Y ese momento había llegado.
Sasuke comenzó a pasar sus manos por debajo de la blusa de ella; como primera reacción Sakura se sobresaltó y arqueó un poco el cuerpo, pero no mostró señal alguna de vacilación en el beso que compartían. Él se sintió más seguro y con premeditada lentitud ascendió sobre su espalda, desnudándola y disfrutando en su tacto lo cálido y suave de esa piel. Si se dejaba quitar la blusa la tendría.
Pero fue cuando Sakura de súbito se separó de él.
- ¿Qué sucede? – cuestionó Sasuke con el ceño fruncido y quitándole las manos de encima.
- Es que… – ella tragó saliva nerviosa y sonrojada –. E-espera, Suke… debo ir al baño. No me tardo.
Bien. Él se lo permitió con la errónea sospecha de que ella se iba a preparar para lo que se venía, quizá sí tuviera que responder a un llamado de la naturaleza. Pero se equivocó. Sakura se encerró en el baño y allí dentro intentó respirar mejor con las manos oprimiendo su pecho e intentando controlar los latidos desbocados de su corazón. El labio inferior le temblaba y cerró los ojos con fuerza sintiéndose como una estúpida. ¿Por qué tenía tanto miedo de lo que pudiera pasar con Suke? ¿Sería buena idea permitir que él fuese su primer hombre? No llevaban lo suficiente juntos. Ni siquiera sabía si podía llamarlo su novio, no habían acordado nada oficial; sólo se besaban ahora y cada vez que se veían. ¿Podía confiarle su cuerpo? No… no podía… al menos no todavía, aún había mucho que no conocía de él y en el fondo, su intuición le decía que Suke se guardaba muchos secretos. Sakura ni siquiera sabía de sus orígenes, ¿Por qué no tenía familia? ¿Qué les sucedió a todos? ¿Por qué vivía solo? ¿De dónde provenía exactamente?
Le gustaba. Desde luego que Suke le gustaba y mucho. Lo mejor era que él a su vez le demostraba que ella también le gustaba. Quizá llegaran a ser una muy buena pareja, pero primero debían aclararse muchas cosas, entre esas para empezar la importancia y lugar que tenía ella en su vida. Sakura no podía entregarse a un hombre que aún no demostraba valorarla consideradamente. ¿Pero cómo manifestárselo sin que pensase que era una ridícula mojigata? Claro que tenía mucho de mojigata, fue criada por unos padres correctísimos y todavía no dejaba de ser virgen; pero eso no significaba que no pensase en dejar de serlo. Sólo necesitaba confianza. Y por Dios que de todo corazón deseaba que fuese Suke quien le suscitase esa confianza.
Sakura se decidió a cortar su visita por ese día. Se despediría cariñosamente del chico y se marcharía a su casa. Sin embargo, cuando salió del baño no lo halló en el comedor como lo había dejado. Salió hacia su cuarto y en efecto allí se encontraba, recostado en la cama con los brazos cruzados detrás de la cabeza, expectante y tranquilo. Verdaderamente era un hombre encantador frente al que cualquier mujer cedería. Pero ella tenía mayores escrúpulos, y su código de educación le indicaba que aún no era el momento.
- Suke, ya debo irme – le anunció cordial –. Se está haciendo tarde y es momento de que…
- De acuerdo – habló él interrumpiéndola –. Ven aquí.
Ella se acercó y se inclinó un poco para darle un beso de despedida, pero casi lanza un gritito de sorpresa cuando una vez más Sasuke se la cargó hasta tendérsela encima y de inmediato cambió de lugar, volteándose hasta tenerla debajo de él. Sakura lo observó a los ojos y descubrió en ellos un brillo siniestro de malicia. Sasuke dejó caer de nuevo su boca sobre la de ella y la atrapó en un beso tan fogoso y profundo que le sacó a Sakura un gemido instintivo. Podía dejarse hipnotizar y contagiarse de esos deseos hasta sumirse en el más tierno placer, pero su conciencia, extrañamente más despierta que nunca y a juego con su intuición femenina le gritaban que tuviese cuidado.
Él disipó esos pensamientos cuando la libró de sus labios y comenzó a descender por la barbilla de ella hasta alojarse en su cuello, besándoselo mientras que una de sus manos traviesas se paseaba hacia arriba por una de las piernas de ella. Sakura cerró los ojos y apretó la sábana entre los dedos, no sabía cómo detenerlo.
- S-Suke… – intentó con poca voz.
Él hizo como que no la escuchó, y ascendió de nuevo por el mismo camino para tomar entre sus labios los de ella, posesionándose allí hasta hinchárselos. Cuando los abandonó de nuevo ella exhaló. Pero Sasuke no se detuvo, reanudó la marcha que llevaba entre besos y caricias hasta llegar al pecho impoluto de Sakura.
- Espera, Suke…
- ¿Mm?
Él no esperó nada. Fue más abajo y descubrió el abdomen de Sakura donde inició un recorrido de besitos con su boca que le provocó a ella un escalofrío.
- Por favor… Suke… detente… ¡no puedo hacerlo! – exclamó en última instancia desesperada.
Sasuke se detuvo de súbito, apoyándose en sus codos y la miró sorprendido. El bochorno se instaló inmediatamente en ella.
- Lo siento – murmuró sin poderlo mirar –. Es que… yo…
Pero no tenía nada que explicar. Cuando el Uchiha lo comprendió mejor sonrió con verdadera simpatía.
¡No puedo hacerlo!
¿Qué mujer gritaba tal frase a comienzos de un acto sexual con un compañero que le atrae? No es que ella se abstuviese o hubiera un factor físico que se lo impidiese. No… era patente y evidente, Sakura era virgen.
¡Virgen! Perfectamente, magnífico, esa chica no dejaba de sorprenderlo, era en verdad fascinante. Ahora podía apuntar su virginidad entre las cosas que le robaría.
- No te preocupes, Sakura, soy yo quien te debe una disculpa – aceptó él, haciéndose el manso corderito –. Lamento haber ido tan rápido.
- N-No, Suke… es solo que…
- No te excuses – se apresuró él –. Fue mi culpa, fui un insensato.
- Entonces… ¿a ti no te molesta que…?
- En lo absoluto.
Ella cerró los ojos y suspiró serenada y aliviada.
- Gracias Suke.
Él asintió y se retiró de encima de ella. Le tendió una mano y la jaló hacia adelante para hacerla sentar. Sakura se acomodó la ropa y le dio un corto beso cuyo alcance superficial fue el de labios contra labios.
- No quiero que pienses que me urgen este tipo de cosa – aclaró él acunándole el rostro entre sus manos –. Hace un momento no pude contenerme porque… tú me provocas – y lo dijo esta vez en el sentido que correspondía –. Pero puedo esperar cuanto quieras. No tengo ningún problema.
Fue muy sincero al decirlo, podía esperar, sólo deseaba ser el primero… y el último… y el único.
- Gracias de nuevo.
- No tienes que agradecer nada – dijo y la tomó de la mano –. Ven. Se hace más tarde y no quiero que tengas dificultades para llegar a tu casa.
Se pusieron de pie y él la acompañó hasta la salida. Una vez allí volvieron a besarse con mayor naturalidad y confianza, movidos por sus deseos mutuos.
Sakura estaba feliz de que ya él comenzara a demostrar mayores devociones.
- Buenas noches, Suke.
- Buenas noches – respondió el Uchiha en el umbral –. Y gracias.
Sakura salió de su casa, y a través de la ventana él la observó hasta que desapareció de su radio de visión.
No tenía idea de cómo acabarían las cosas con ella, de lo que estaba seguro era de que no quería que acabasen aún.
…
Al lado de una de las personas que más admiraba, Shikamaru caminaba por el centro comercial. El hombre que lo acompañaba tenía la piel bronceada, una barba que rodeaba su barbilla y se encontraba con sus patillas en cada lado, el cabello en punta y oscuro, y el desagradable hábito de fumar. Asuma era como un segundo padre para Shikamaru y también había sido una especie de mentor y consejero.
- Entonces – comenzó Shikamaru –. ¿Cuántos meses tiene Kurenai?
La novia de Asuma era una hermosa profesora de cabellos negros llamada Kurenai, y hasta hace poco se enteraron de que estaba embarazada. En ese momento el futuro padre se encontraba precisamente haciendo compras para satisfacer los caprichos de su mujer.
- Tres meses – respondió Asuma –. Apenas me estoy a la idea. Es difícil creerlo.
- Viejo, esa responsabilidad mermará tu bolsillo – respondió Shikamaru bostezando –. De ahora en adelante no sólo lidiarás con Kurenai, sino también con un problemático bebé.
- Algún día Shikamaru lo comprenderás.
- Ah… no empieces con los discursillos sobre mujeres, ya tengo suficiente con mi papá que está prácticamente rendido a merced de mamá. Cuando no la obedece se desequilibra, y cuando yo no la obedezco ya se ha vuelto loca.
Asuma lanzó una gran carcajada.
- Sería normal que teniendo la edad que tienes comenzases ya a pensar en mujeres. ¿No te has interesado en ninguna chica todavía?
- No – confesó Shikamaru –. Y dudo que alguna se interese en mí. Chouji tendría más posibilidades que yo.
- No seas pesimista – contestó Asuma riendo de nuevo.
Mientras pasaban de largo por el pasillo de ropa íntima de mujer, Shikamaru miró desinteresadamente a una chica de cabellos rubios recogidos en cuatro moños – dos a cada lado y uno sobre otro –, ojos verdes oscuros, piel clara y que usaba un lindo vestido morado con medias de red. No es que se interesara físicamente en las mujeres, pero esa en especial le llamó la atención. Y es que tampoco le importaba lo que hiciera una ojeando ropa interior, pero ella, esa chica de alguna manera se las ingeniaba para quitar los sellos de seguridad de la ropa con un extraño artefacto para disimuladamente guardársela en el sostén.
Pequeña ladrona.
- Asuma, adelántate que después te alcanzo – le dijo a su mentor.
- De acuerdo. Estaré más adelante, creo que por fin encontré esas golosinas que tanto le gustan a Kurenai.
Shikamaru avanzó hacia la chica rubia que al verlo venir se sacó un pequeño abanico con tres lunas moradas grabadas en su fachada y comenzó a ventilarse con él mientras simulaba ver e interesarse en comprar ropa interior.
- Disculpa – la saludó el oficial. Ella se volvió a mirarlo mientras lo reparaba como si pensase que se trataba de un perdedor; infló desde sus labios una pequeña burbuja de chicle que se reventó y volvió a mascarlo.
- ¿Qué quieres? – le cuestionó, y volteó la vista, dándole a entender que prefería que se largara de allí.
- Que me expliques de qué manera consigues sacar el sello de seguridad de la ropa.
Ella volvió a mirarlo y por un momento pareció que su bonita tez empalidecía más. Pero hizo un rictus de molestia con la boca y en cuanto dio a Shikamaru una patada en los testículos salió disparada de allí hacia la salida.
- ¡Agh!
Shikamaru se postró en el suelo mientras apretaba los dientes, pero dado su nivel de responsabilidad como policía, se esforzó por ponerse de pie y seguirla. Tuvo que salir del supermercado y buscarla con la vista. La encontró mientras corría hacia la derecha y no tardó en alcanzarla, sosteniéndola por detrás.
- Vaya, vaya, tienes piernas feas pero rápidas – mintió. Las piernas de esa muchacha eran bellas – ¿A dónde crees que vas, astuta ladrona? ¡Te espera una condena en la cárcel!
- Jah, ¿y qué te crees tú, payaso? ¿un policía? – cuestionó ella con tono mordaz.
- Soy policía, sí – respondió Shikamaru. Por desgracia no portaba el uniforme para comprobárselo.
- No digas tonterías, un enclenque como tú no se compara a los fornidos policías como mi hermano. ¡Ahora suéltame!
- Ah, de modo que incluso teniendo un hermano de policía te atreves a robar, ¿eh? Claro… cómo no... tiene mucho sentido.
- !Que me sueltes, payaso!
Shikamaru se sacó a duras penas su identificación de oficial y sólo cuando se la puso enfrente a la chica, ésta dejó de forcejear.
- Rayos – murmuró manteniéndose ya estática. Shikamaru la soltó y ella inclinó la cabeza como señal de rendición y arrepentimiento.
- Lo lamento, señor oficial – murmuró y lo miró directamente.
Shikamaru en ese momento pensó que no podría castigar tan lindo rostro. Los ojos de esa chica eran verdaderamente hermosos. Ella era hermosa.
- Mi nombre es Temari – continuó ella –. Y esto que hice… bueno, no es que no tenga dinero… es sólo que… a veces me aburro y…
- Espera, ¿robas porque te aburres? – cuestionó Shikamaru perplejo. Nunca había escuchado semejante desatino.
- Algo así… junto con mis hermanos Gaara y Kankuro solíamos ser unos verdaderos diablillos maliciosos. Pero eso terminó hace tiempo. Sin embargo, yo sigo sintiéndome una chica inconforme. No es que sea mala, es sólo que quizá necesito acción en mi vida. Estudio contaduría y no estoy satisfecha. Quizá debí ingresar a la policía como Kankuro.
- De modo que eres hermana de Kankuro – sonrió Shikamaru –. Él trabaja conmigo, somos compañeros, y Gaara tengo entendido es muy amigo de Naruto, otro compañero. Mi nombre es Shikamaru Nara.
- Un placer oficial Nara – se inclinó Temari –. Y ahora… – parpadeó varias veces como intento de persuasión – ¿puedo marcharme ya?
- Espera… No puedes llevarte lo que hurtaste. Estás en problemas.
- Pero… puedo ir a la cárcel…
- Lo sé, sin embargo…
No pudo seguir hablando porque una vez más, Temari fue a darle otra patada en el mismo lugar. Shikamaru estaba seguro de que con esta segunda definitivamente quedaría sin herederos de por vida, así pues la detuvo a tiempo y recibió un puñetazo impremeditado de la chica que comenzó a huir de nuevo.
- ¡Espera!
Ella iba a cruzar la calle, encontrándose el semáforo en luz verde, y a punto estuvo de llevársela un camión de lácteos cuando el oficial Nara la sujetó y alcanzó a jalarla hacia atrás. Temari gritó por la fuerza repentina y la proximidad del enorme vehículo. Tras verlo pasar frente a sí, cayó en cuenta de que se hallaba ahora recostada en un torso y con un brazo que desde atrás la ceñía de la cintura. Se sonrojó.
- Qué mujer tan problemática – se quejó Shikamaru a sus espaldas.
- Gr-Gracias – balbuceó Temari y se dio media vuelta para encararlo de nuevo –. Lo lamento. Pero no quería ir a prisión.
- Ah… Y quién dijo que irías a prisión.
Lo que hizo Shikamaru después la dejó bastante avergonzada de sus actos. Él se encargó de arreglar el problema de las ropas hurtadas y de alguna manera terminó pagándola sin que le reprochasen por la culpable. Temari nunca sabría qué se inventó ese hombre ni con quién habló allí dentro, pero funcionó. Había subestimado a ese payaso.
Volvió a disculparse, escuchó un pequeño sermón típico de un policía y tras acordar que ya tenía que irse, le dio un abrazo. Shikamaru sintió que la chica le metía la mano en uno de los bolsillos traseros, y aunque se sorprendió y sonrojó, no objetó nada. Cuando ella se hubo marchado en un taxi, él revisó para asegurarse de que nada le faltaba. Y en efecto nada le faltaba, pero sí poseía ahora algo más: una tarjeta que tenía anotado un número de teléfono y con el nombre Temari que ostentaba un corazoncito sobre la i. Shikamaru sonrió.
….
- … por eso tengo miedo – concluyó Sakura –. Algo en mi interior me dice que no he tenido suficiente de él – se puso una mano en el pecho –, y no es una indicación que deba ser ignorada. Cada vez que estoy con Suke mi intuición me obliga a retroceder. No sé cómo explicarlo para que me entiendan.
- Y-yo te entiendo muy bien – contestó Hinata sonrojándose –. Es lo mismo que me sucede cuando… bueno… es lo que sucede cuando te gusta alguien, sólo que en tu caso es lo contrario porque tienes una necesidad de no permitir que las cosas lleguen más lejos.
- ¡Suke me gusta mucho! – confesó Sakura honestamente –. Por eso no me comprendo a mí misma… él parece confiar en mí, soy yo quien no siente esa misma seguridad en él. No le correspondo de igual forma.
- ¿Crees que ande con otra chica? ¿es eso a lo que te refieres? – preguntó Ino mientras se untaba una mascarilla frente al espejo.
- No… es algo más fuerte – contestó Sakura, se puso las manos en la cabeza y se dejó caer en la cama por lo complicado de todo –. Me pregunto si cometo algún pecado al dudar de él.
- Tranquila, Sakura – intentó animarla Hinata –. Es natural que así sea…
- No Hinata… no es natural – la contradijo –. Esto nunca me había pasado con nadie más… y lo peor es que no puedo evitarlo.
- Pues si algo te oculta ese chico, algún día lo sabrás – aseguró Ino –. Los hombres no pueden callar por siempre, de lo contrario, los hechos los delatan.
- Ino tiene razón – apuntó Hinata –. Quizá te enteres más pronto de lo que piensas.
Así murió el tema entre las tres amigas; y fue por iniciativa de Ino fue que acabó porque no le gustaba ver a Sakura abstraída en sus confusiones y dejarse atormentar por las mismas. Además, se habían agrupado ese sábado por la noche en el apartamento de Sakura para divertirse y despejarse de los deberes, últimamente no tenían demasiado tiempo para reunirse todas, a veces ninguna podía, a veces sólo dos se veían y en raras ocasiones las tres se encontraban disponibles.
Primero pusieron música alegre y bailaron, inventándose algunos pasos y luego haciendo competencias por quien lo hacía mejor, pidieron comida a domicilio – sus favoritas – porque la noche era muy corta para perder el tiempo cocinando, se hicieron peinados las unas a las otras e interpretaron situaciones hipotéticas, y por último recordaron viejas memorias de cuando eran más chicas e iban a la misma escuela con las que rieron y añoraron el pasado, cuando todo era más fácil y se era feliz por pequeñas cosas.
- …ahora sabemos lo que es amar y odiar – decía Ino –. Por ejemplo y descartando a familia y amigos, yo amo a mi profesor predilecto y odio a la decana.
Sakura y Hinata se miraron y compartieron unas sonrisitas cómplices.
- Hinata odia a… no, Hinata no odia a nadie – continuó Ino –. Pero ama como loca y en secreto a Naruto Uzumaki ¡si señor!
- ¡Ino! – exclamó Hinata avergonzada.
- Ya, ya, ya, ni que fuera necesario seguir ocultándolo. Todo el mundo lo sabe, menos ese cabeza hueca.
- Ino, no sigas – pidió Hinata.
- De acuerdo, de acuerdo. En cuanto a Sakura… veamos, ella ama a Suke Hachijou, y odia a ese ladrón al que todavía no ha podido echarle el guante, ¿verdad Sakura?
Sakura no contestó sino que bajó la mirada pensativa. No podía asegurar que amaba a Suke porque lo de ambos apenas empezaba y con esas sospechas que le suscitaba ahora mucho menos convencida estaba. Él ocultaba algo. Todo lo contrario del Uchiha que se mostraba tal cual era. Y pese a lo mucho que le había hecho: humillarla, insultarla, herirla, maldecirla… no lo odiaba. No odiaba a Sasuke Uchiha. ¿Acaso era masoquista?
El hombre la hacía enojar con una increíble facilidad, pero no lograba aborrecerlo lo suficiente, él la había hecho dudar tras esos momentos extrañamente cálidos que compartieron con anterioridad y sus tentativas por salvarla. Él era un chico malo, pero Sakura estaba segura de que reservaba una segunda fachada, una de benignidad… era un humano después de todo, sólo un demonio sería completamente malo, ¿verdad?
Después de un par de horas más de pláticas y bromas, las tres chicas descansaron en la gran cama de Sakura.
….
Con sus energías al cien y su fortaleza en creciente, Sasuke reanudó su labor como líder de la organización. En la guarida mayor lo recibieron con ovaciones al verlo portando de nuevo su uniforme ANBU. Explicó a todos las razones del incidente que ocurrió y exigió que a cualquier señal de las piezas más buscadas, se le avisara. Nadie podía actuar por cuenta propia porque los correctivos serían severos. Por último impuso una regla basada en lo que los del Sonido le hicieron a Sakura:
- Queda prohibido matar policías.
Los rumores entre la concurrencia no se hicieron esperar. Sasuke no intentó acallar a ninguno porque era natural y previsto que discutiesen al respecto. Incluso estaba bien que algunos creyeran que se había vuelto loco. Cuando necesitaban escapatorias frente a las autoridades, los ANBUS disparaban sin escrúpulos, y debido a esto muchos uniformados habían resultado víctimas inertes. A nadie debía importarle que así fuese, eran bandos opuestos y en enfrentamientos podía haber caídos de uno y otro lado. Así era la guerra. ¿Por qué debían ahora abstenerse de aniquilar a sus contrincantes cuando fuese necesario? Más valían sus pellejos y su libertad que la vida de algunos inocentes defensores de la ley.
- Señor, hablo en nombre de muchos aquí al manifestar mi desacuerdo por su nueva regla – dijo un ANBU de máscara de ave –. Sabe usted muy bien que ninguno de nosotros ha cazado jamás a un policía por deporte, pero en situaciones que se nos van de las manos se producen estos casos.
Sasuke le dio la razón en la mente porque era cierto. Era muy cierto. Pero no debía decirles que estaba involucrando sus sentimientos, si hubiese podido especificar que lo único que prohibía era que se ejecutara a un policía de cabellos rubios y a una hermosa oficial de cabecita rosa, lo habría hecho, pero así no podían ser las cosas, por eso no le quedó más opción que generalizar, involucrando en su regla a todo el cuerpo policial. Sí, se había vuelto loco al arriesgarse demasiado, pero no le importaba, lo único que deseaba evitar era que algo les sucediese a esos dos.
- Señor, – habló otro ANBU un poco temeroso – ¿no será que…? bueno… perdone usted si me equivoco pero… ¿no habrá desarrollado simpatías por algunos oficiales? Digo… todos sabemos que usted alterna con ellos.
Maldito fuera ese bocón que atinó al blanco. Sasuke vaciló un instante, pero no dejó que el comentario certero de ese ANBU le afectase hasta hacerlo confesar que sí, así era.
- Escuchen – levantó un poco las manos para silenciar los murmullos –. En primera instancia se engañan si así piensan. No tiene que ver con mis asuntos personales, y no quiero que vuelvan siquiera a insinuarlo. Me ofenden.
- Lo lamento mucho, señor – dijo el mismo ANBU inclinando la cabeza –. No era mi intención.
- Bien… tampoco me dejaron explicarles mis motivos ni las derivaciones de esa regla, ¡Cuántas veces tendré que repetir que primero se debe pedir la palabra, demonios!
Nadie habló. Era el momento menos indicado para pedir la palabra. Se mantuvieron estáticos y en silencio como niños que acaban de ser reprendidos.
Sasuke ya tenía sus argumentos preparados, no iba a salir con esa desubicada nueva ley sin haber maquinado las debidas justificaciones.
- Quiero que respondan a esta pregunta – continuó – ¿Cuántos de nosotros han caído por acción de las balas de ellos?
Habría sido incoherente escuchar un solo eco.
- ¡Ninguno! – exclamó Sasuke –. Mi decisión se debe a la intención de equilibrar la discordia que existe entre ambos bandos.
- ¡Pero ellos han llegado a herirnos de gravedad! – reclamó otro ANBU –. Y serían capaces también de matarnos, estoy seguro. ¿Equilibrar significa dormirnos? Les estaríamos dando demasiadas ventajas.
- ¡Ustedes no escuchan o qué demonios! – exclamó Sasuke impaciente dando un manotazo que sobresaltó a más de uno –. No he terminado de hablar. Tú – señaló al ANBU que reclamó –, siéntate y cierra la boca.
Él ANBU obedeció. Nadie más volvería a hablar sin pedir la palabra porque sabían que su señor estaba enfurecido.
- No he dicho que no dispararán – aclaró Sasuke –. Sí lo harán, está permitido. Lo único que demando es que no se apunte a órganos vitales o zonas de riesgo. Siempre que ellos apuntan a nosotros lo hacen en lugares como las manos, los hombros, las piernas, los brazos, entre otros. ¡Ustedes en cambio van de inmediato hacia el pecho y la cabeza!
Una ANBU levantó la mano y Sasuke asintió con la cabeza.
- No les conviene matarnos porque necesitan interrogarnos – dijo –. Pero, señor, ¿No es mejor que llevemos la delantera? A nosotros el instinto nos compele a asegurar nuestra libertad. Primero mis dientes que mis parientes.
Sasuke supo de antemano que escucharía reproches y motivos de divergencia, pero esto se estaba alargando demasiado, todos se resistían a acatar esa regla. Le dieron ganas de gritar que lo único que quería era que no tocaran a Naruto y a Sakura. Tuvo que quitarse la máscara para imponer sometimiento a través de sus duras facciones. Ya le había funcionado otras veces, y pretendía hacerlo ahora proponiendo un posible quebrantamiento del nuevo código.
- La venganza particular se justificará – manifestó –. Y si se da un caso, un mínimo y único caso en que un policía quite la vida a uno de los nuestros, la ley se abolirá automáticamente sin ninguna posibilidad de promulgarse jamás. ¡JAMÁS! – concretó terminante.
Esto al menos convenció a la mayoría. Sasuke vio que algunos se miraban aún dubitativos e inconformes y a esos en específico fulminó con la mirada fija; así pues no se atrevieron a hablar.
En el fondo esperaba que no fuese él la víctima del tal fijado caso pues Sakura sí que estaba dispuesta a matarlo. Ella misma lo dijo. Ojalá que esa chica a la que intentaba proteger no se le ocurriera inconscientemente abolir esa regla, liquidando al mismo que la designó. Sería ridículo. Su muerte sería ridícula.
La sesión acabó finalmente para su alivio… no… ni tanto así porque ahora le tocaba ir a ver al condenado de Orochimaru.
- ¡Rayos y truenos!
Se libró de sus atavíos ANBU y se encaminó hacia una de las residencias de la serpiente. En efecto él lo esperaba. Cuando Sasuke llegó lo invitó a tomar algo y sentarse, pero el chico de cabello azabache rechazó todo y le pidió que fuera al grano de una vez.
- Presentarte al nuevo escuadrón que estará a tu disposición – dijo Orochimaru –. Muertos los del sonido necesitas un nuevo equipo que corresponderá a todas tus necesidades.
- Bien.
- Vengan aquí, muchachos.
Salieron entonces al descubierto de Sasuke los cinco nuevos integrantes que constituían el nuevo equipo de lame-botas de Orochimaru. Uno era muy gordo de cabello anaranjado, otro era delgado de cabellos negros y recogidos, había una mujer pelirroja con un grueso y corto mechón entre sus ojos y por último un par de gemelos de cabellos grises que les cubrían un ojo.
- Ellos son Jirobo de la puerta sur – comenzó Orochimaru señalando al gordo –, Kidomaru de la puerta este – señaló al de cabellos negros –, Tayuya de la puerta norte – se refirió a la mujer –, y los gemelos Sakón y Ukón de la puerta oeste. Los llamo los cinco de las puertas cardinales.
Todos ellos hicieron cortas reverencias a Sasuke.
- Los cinco para servirte – aclaró Orochimaru.
- Bien – aceptó Sasuke.
- De acuerdo, ya pueden marcharse muchachos.
Se encaminaron a la salida y antes de salir Tayuya le guiñó un ojo al líder ANBU.
Excelente, se libraba de Kim para ahora tener otro engorro encima.
- No creo que presentarme a ese equipo haya sido el principal motivo de mi asistencia hoy aquí. ¿Qué es lo que quieres?
- Oh, no es nada Sasuke-kun, sólo quería saber cómo estabas ahora – respondió Orochimaru ampliando su sonrisa.
¿¡Y para eso lo había hecho ir hasta allí!? Sasuke se iba enojar cuando se le ocurrió que tenía una importante duda por disipar, y que sólo allí y frente a él podría aclarar.
- Orochimaru, dime, ¿Qué fue exactamente lo que robé a Killer Bee? ¿Qué valor tiene? No fuiste muy específico al encargarme la misión.
- Los Bijuus, Sasuke-kun, los Bijuus – respondió Orochimaru –. Son piezas antiguas labradas por un viejo sabio que plasmó en ellas un secreto. Pequeños demonios. Te pudiste dar cuenta que el Hachibi tiene la forma de un toro con tentáculos, pues bien, las demás son similares, cada una representa un animal y cada animal tiene un número distinto de colas, partiendo desde uno hasta nueve. Es decir que son nueve Bijuus o demonios: Ichibi, Nibi, Sanbi, Yonbi, Gobi, Rokubi, Nanabi, Hachibi y Kyubi. El Hachibi que robaste es el de las ocho colas.
- ¿Cuál es ese secreto que guardan? – inquirió Sasuke.
- Se dice que conlleva a un lugar donde se halla un botín de inmensas riquezas. Y sé que suena exagerado, pero es así como se le describe. Las nueve bestias en miniatura se encuentran esparcidas por todo Japón según parece, el problema es dar con ellas. Individualmente no valen nada, pero juntas constituyen un tesoro. Si los reúnes a todos y descifras el código, obtendrás el anhelado poder.
Poder. La palabra favorita de Sasuke. Si era tan importante para los cabecillas de los cazadores ANBU conseguir a los nueve pequeños demonios, podría él a su vez conseguir su venganza. Bien… muy bien, a partir de ahora sería él quien se encargara de obtener las piezas a cualquier precio.
- ¿Qué sucede, Sasuke-kun? Me ha parecido ver un destello fascinante y llamativo en tu mirada, mmhh.
Sasuke puso cara de mal humor. Odiaba cuando Orochimaru le hablaba de esa forma sugestiva que se escuchaba homosexual.
- Ya me voy – anunció.
- ¿Tan rápido? ¿no quieres discutir algo más? Ni siquiera te sentaste.
- No tengo tiempo para andarme con ceremonias. Hasta pronto.
Orochimaru lo observó con interés cuando lo vio marcharse. Le encantaba la ambición y potencial que ese chico tenía.
Saliendo de la enorme casa, Sasuke mandó un mensaje de texto a Sakura. Tenían días de no verse y era ya el momento de acordar un encuentro. La última vez quedaron en que sería él quien avisara con anticipación.
"Dentro de cuatro días en esa fuente de ángel ubicada en el parque que tanto te gustó"
La respuesta no tardó en llegar.
"¿Hora?"
Sasuke medio sonrió.
"Durante el crepúsculo, no fijo hora alguna"
Sakura en su lugar también sonrió y quiso que entre otras cosas el chico fuese más explícito.
"¿A dónde iremos y qué haremos?"
Ambos sabían que lo que importaba era que estuviesen juntos.
"No daré detalles tampoco, pero ¿puedes imaginarte lo que haré?"
"No puedo" respondió Sakura, lo cierto es que por su cabeza habían pasado muchas cosas.
"Te demostraré que esa pequeña boca que tienes es más mía que tuya".
Sakura desde donde estaba lanzó un gritito de emoción. Sí, esa idea le gustaba y deseaba que se sucediese a como dé lugar. Ya empezaba a imaginarse todo lo que disfrutaría a su lado. Escribió la respuesta mordiéndose el labio:
"Estaremos allí pase lo que pase"
"Pase lo que pase" repitió Sasuke.
Y así quedaron acordados los términos.
….
Llegaron al gran boato que ostentaba la fiesta de la viuda del difunto millonario. Apenas habían pasado unos siete meses desde la defunción de éste y su hermosa y joven mujer ya se dedicaba a organizar eventos de máximo esplendor y derroche. Su muerte giraba en torno a extraños sucesos. Según los estudios realizados, el hombre se había suicidado, pero nadie podía concertar las razones, llevaba una vida pacífica y aunque debido a sus facciones toscas lucía como un severo y amargado señor, todo el que lo conocía afirmaba de buena fe que se trataba de una amable hombre amante al golf, a los buenos vinos y gran mecenas de algunas instituciones para personas con discapacidades. Sin embargo, más de uno tenía razones para hacerlo desaparecer.
- ¿Asistir a este sitio hace parte de tus planes? – preguntó Tenten a Neji que a su lado degustaba un poco de champaña.
- Sabes que yo jamás acudo a esta clase de festividades – contestó él –. La hermana del difunto me dejó a cargo de este caso y llegaré hasta el final del mismo porque al igual que ella, sospecho de que se trató de un asesinato… no importa cuánto que tenga que hacer, hallaré al culpable.
En ese momento comenzó a acercarse la viuda hacia ellos. Desde que supo que el importante detective se hallaba involucrado con la familia de su difunto esposo, esa mujer descarada no había parado de coquetearle e invitarlo a cuanto evento que realizara. A Tenten se le dificultaba disimular la antipatía que le producía.
- Vaya, vaya, sr. Hyuga, creí que no lo vería por aquí – comentó melosa –. Es un placer tenerlo en mi modesta reunión.
¿Modesta? A Tenten le pareció que con lo que había invertido en esa bacanal podría dar una cena decente a la mitad de Japón.
- Es un placer igualmente haber venido – contestó Neji cordial –. Usted sí que sabe dar buenas fiestas.
- Oh, bueno, es que como usted sabe tras la muerte de mi marido me hallo sumida en una dolorosa y oscura soledad, debo mantener este lugar iluminado de personas que me aprecian.
Jah, de personas que más bien apreciaban su nueva fortuna heredada. Tenten se mordió el labio con impaciencia. No soportaba a esa rubia pomposa y envanecida.
- ¿Qué opina usted de todo, sr. Hyuga?
No se había conformado con que le dijeran que sabía dar buenas fiestas. Tenía que sacarle a la gente los halagos a la fuerza.
- Magnifico – resumió Neji en una palabra –. El lugar es idóneo y lujoso, la piscina da buena cabida a todos los que en ella participan, y la comida es exquisita.
- ¡Oh, pero yo sería más exquisita se lo aseguro! – contestó la mujer y de inmediato comenzó a reír, Neji la acompañó –. Estoy bromeando – agregó dándole un codazo amistoso al detective.
Tenten apretó la copa entre la mano y arrugó la nariz. Parecía una estatua en medio de esos dos.
- Pero no dijo nada de la música, sr. Hyuga – acusó la coqueta viuda –. ¿Qué tal si me da su opinión al respecto después de que bailemos un rato?
- Me parece una excelente idea – contestó el Hyuga.
A Tenten casi le saltan los ojos al escuchar esa respuesta. Neji no bailaba por todos los cielos, era un monótono pretendiente de los estudios e investigaciones. Su campo y afición se encontraba entre crímenes, tratados y libros. Cuando ambos se marcharon a bailar, ignorándola a ella por completo como si nunca hubiese estado allí, la mano de Tenten se cerró aún más en la copa hasta que de un pequeño estallido, ésta se quebró y le cortó la palma completa, el líquido que había en la misma comenzó a mezclarse con su sangre.
- Srta. ¿se encuentra bien? – le preguntó un afable mesero.
- Estoy… bien – contestó ella, la acidez en su mano era poca comparada con la amargura que sentía.
- Tenga.
Tenten tomó el pañuelo que el hombre le brindó, se envolvió la mano y fue a ubicarse en uno de los balcones del lugar, desde donde observó a su amado bailando con la viuda.
- Desvergonzada… cínica… – murmuraba en voz baja – insolente… petulante… despreciable… irreverente… libertina… vulgar…
Durante largo tiempo permaneció allí parada, viéndolos tomar hasta emborracharse y regresar al centro de la sala más motivados para seguir bailando. No lo podía creer… peor que eso, no lo quería creer. Su admirado Neji, su adorado Neji se estaba emborrachando y parecía disfrutar de la compañía de esa… esa…
- Mujerzuela – gruñó Tenten.
Pero tenía que pensar con cabeza fría. No podía permitir que esa actuación le afectase, porque era una actuación, tenía que serlo, Neji no era así, quizá sólo quería obtener mayor información sobre esa mujer. Quizá solo…
Tenten se cubrió con ambas manos la boca y los ojos se le anegaron a consecuencia de lo que veía: achispados de alcohol la viuda y Neji se detuvieron de su danza torpe para compartir un beso. No era producto de su imaginación ¡Se besaron!
Él se separó casi al instante y lo primero que hizo fue poner cara de desconcierto y mirar a su alrededor, como si buscase a alguien. A ella. Tenten se ocultó retrocediendo de la balaustrada y permaneció recostada en una de las paredes. Tomó profundamente aire dos, tres y hasta seis veces antes de decidir salir corriendo de allí de una vez. Cuando llegó al estacionamiento se aseguró con alivio y desazón que su amado compañero de aventuras no la había visto y mucho menos seguido. Subió al auto en el que llegaron ambos y que ella usualmente conducía y se marchó de ese lugar con la cara inundada de lágrimas.
Esa noche lloró con la cabeza hundida en la almohada y se quedó dormida cubierta totalmente con una sábana. A las tres de la madrugada llegó Neji al apartamento que compartían. Estaba agotado y mareado. Debido al efecto del alcohol sus sentimientos emergieron de la profundidad donde los había mantenido confinados: se sentía culpable y con unas insoportables ganas de abrazar a Tenten y no soltarla. Sabía que ella lo había visto, no supo desde donde, pero lo hizo, porque de no ser así no se habría marchado en el auto sin decirle nada. A él le tocó tomar un taxi. Al día siguiente y padeciendo una maldita resaca se levantó amargado. No la vio a ella por ninguna parte y le tocó desayunar solo. Gracias al efecto de unas pastillas pudo aliviar su dolor de cabeza, pero no la presión de su última falla. Al poco rato llegó Tenten, lucía radiante con su vestido amarillo y sus lentes de sol, cargando en sus manos algunas bolsas de compras. No lo saludó de forma cordial como usualmente hacía, sino que en silencio ubicó las bolsas en la mesa donde Neji había terminado de comer y sacó algunas cosas que le compró a él. A punto estaba de irse a su habitación cuando él la llamó:
- Tenten…
Ella se volvió y lo observó expectante. Aún no se quitaba los lentes y tampoco lo haría, eso sería delatar su sufrimiento.
- Resolví el caso – continuó él –. En un momento vienes para explicarte el plan a seguir –. Ella no dijo nada y se volteó para irse, pero recién Neji se percataba de algo y levantándose de su silla la sostuvo de la muñeca – ¿Qué te pasó en la mano?
- No tiene importancia – respondió lacónica.
- Sí la tiene. ¿Cómo te heriste?
- Te digo que no la tiene – insistió ella con la misma frivolidad –. Ahora si no te importa…
Tenten nunca había sido arisca con él. Pero bien. Se lo merecía. No encontró una excusa para seguir reteniéndola, de modo que la soltó.
Algunas semanas pasaron y ella no cambió su actitud. Lograron resolver el caso capturando a la viuda con las pruebas de que disponía Neji y cuyo hallazgo obtuvo la noche de la fiesta. Tenten siempre lo felicitaba, pero esta vez no lo hizo. El triunfo del detective fue publicado en todos los medios y aunque ahora gozaba de mayor reconocimiento, poco o nada le importó. La austeridad y silencio de su compañera lo herían en secreto, no podía disculparse porque tampoco tendría sentido, ellos no eran más que amigos en el cuarenta por ciento del tiempo y asistente-jefe en el sesenta por ciento restante.
Semanas después se encontraban en el avión de camino a Japón. Ella miraba por la ventana y él de vez en cuando la observaba. Ahora que necesitaban de mayor unidad para intentar dar con Sasuke Uchiha, se hallaban distanciados. Neji decidió intentar tocar el tema haciéndose el desentendido:
- Tenten… ¿puedo saber por qué has cambiado tanto?
A ella pareció indignarle la pregunta porque se volvió a mirarlo con resentimiento.
- Es momento de que comience a comportarme como lo que soy, y sólo soy tu asistente – respondió austera –. Dime ¿No era eso lo que querías? Me lo exigías todo el tiempo. Alégrate porque ahora lo tienes.
- Yo… – no sabía qué decir, Tenten tenía razón, eso era lo que le decía siempre que ella se le insinuaba o le coqueteaba –. Somos amigos Tenten. No olvides eso por favor.
Ella no contestó sino que volvió a dar la cara hacia la ventana para observar el panorama, como si le fastidiara escucharlo… y a ella que antes le encantaba escucharlo.
Neji maldijo en la mente esa noche de borrachera. Esa noche en que logró otra gran victoria en su carrera, pero en que perdió el afecto de Tenten.
La perdió a ella.
….
Era el final de otro día de labores ajetreadas. Sakura daba unos últimos informes en una de las oficinas de recepciones policiales, a su lado estaba Naruto queriendo quedarse dormido sobre el escritorio mientras cada tanto tiempo corroboraba las descripciones de su compañera que aunque también agotada, se prestaba más activa en el deber. Una vez acabado el mismo Naruto se dejó contagiar por uno de los bostezos de Shikamaru que sonó cercano a él y comenzó a caminar junto a Sakura.
- Al menos mañana estaremos libres por unas horas de caridad – comentó aliviado.
- Lo merecemos – coincidió Sakura.
Uno de los encargados de las solicitudes contestó a una llamada telefónica recibiendo del otro lado la información.
- De acuerdo… un ANBU de túnica blanca… ¿Qué lo ha visto deambulando hace un buen rato…? ¿Desde dónde nos llama…? De inmediato Srta…
Sakura dio un respingo, olvidándose por completo del agotamiento que sentía.
¡El Uchiha volvía a las andanzas! Hace tiempo que no sabía de él y también lo había olvidado cuando se dedicó a los cuidados de Suke. ¡Pero qué buena noticia que reaparecía! El no haberlo visto más y después del encuentro que tuvieron en su propia casa, Sakura se consagró a practicar más duramente cuando podía, dispuesta a echarle el guante tan pronto se le diera la oportunidad. Y allí estaba la anhelada oportunidad. Fue hasta el policía que se encargaba de los llamados y le exigió la dirección de donde llamaban.
- Pero tu turno ya acabó, Sakura, enviaremos a otros…
- ¡No! – exclamó ella –. Ni te molestes, yo puedo hacerlo.
- El jefe dijo que tú no debía involucrarse con ese…
- ¡Al diablo con lo que dijo mi padre!
- Sakura… creo que deberías… – intentó Naruto.
- Contesta – exigió al oficial tomándolo de la camisa –. ¡Dónde está el Uchiha!
Pero no hizo falta que el hombrecillo hablara porque había anotado la dirección en un papel que reposaba en el escritorio. Sakura lo leyó y satisfecha con ese dato lo soltó para encaminarse hacia donde habían divisado a su enemigo.
Naruto pegó un sobresalto al pasarle su amiga por el lado más motivada que nunca. No era muy buen entendedor, ni mucho menos el tipo de personas que presienten los malos acontecimientos, pero esta vez le sucedió. Supo al instante que algo terrible ocurriría.
- ¡Detente Sakura! – exclamó al verla subir al auto y atrancar las puertas para que él no lo hiciera –, ¡No Sakura!
Puso en marcha la máquina y se alejó de su mejor amigo.
- ¡No puede ser!
Sakura sabía que Naruto no la dejaría hacer lo que le correspondía porque al igual que su padre él deseaba evitar a toda costa que se encontrase con el Uchiha. Lo lamentaba en el alma, pero nadie la persuadiría de abstenerse a capturarlo. Ese pez gordo sería suyo.
Arribó al lugar indicado, era una zona de bajos alcances y un tanto necesitada, por eso se hallaba en una de las esquinas de la ciudad, casi fuera de la misma. Debía darse prisa, encontrarlo y enfrentarlo antes de que Naruto u otro de sus compañeros llegasen en calidad de ayuda.
Ella estaba segura de que no necesitaba ayuda.
Mientras caminaba apresuradamente observó a la sombra nocturna de un mural lleno de grafitis que descansaba un hombre medio ebrio que bebía de vez en cuando sorbos de su mal elixir.
- ¿Ha venido por mí oficial? – preguntó arrastrando las palabras –. Es usted muy hermosa y yo soy todo suyo.
- He venido por un ANBU – respondió Sakura dispuesta a seguir buscando. No tenía por qué perder el tiempo con ese borracho.
- ¿El fantasma?
- ¿Disculpe?
- Hay un hombre de túnica blanca y máscara ANBU que rara vez se aparece por estos lares – explicó el hombre –, y siempre que lo hace es de noche. Por eso lo llaman el fantasma. Hace un rato lo vi vagabundear por aquí. Parecía que buscaba algo… umm… Pocas personas se preocupan de él ¿sabe? Es inofensivo… al menos lo es cuando pisa estas veredas.
De repente estaba interesada en las palabras de ese hombre. No perdía el tiempo con indagar.
- Dígame más.
- Oiga, parece que va a llover ¿verdad? – comentó el borracho mirando al cielo.
- ¿Hace cuánto lo vio? ¿hacia dónde se dirigió? – insistió Sakura.
- Si usted me da un besito – dijo él poniéndose un dedo en la boca –, se lo digo.
- ¿Qué? – soltó indignada –. ¡Más respeto por la autoridad! Ahora conteste a mi pregunta o le irá muy mal.
- Vaya, vaya, ¿así son las mujeres en la policía? Necesito una como usted a ver si me compongo.
- Deje de balbucear tonterías por favor – pidió Sakura hastiada –. A dónde se fue el ANBU.
- Está bien, está bien… pero tenga en cuenta una cosa, si se lo digo es porque su belleza lo compensa todo – aclaró el hombre moviendo perezosamente un dedo –. El tipo pasó por aquí hace cosa de minutos antes de que usted llegara y cautivara mi corazón. Se fue hacia allá – señaló con la mano extendida hacia una callejuela que daba hacia un rincón más oscuro.
- Gracias – dijo Sakura dándose prisa.
- ¡Oiga, oficial si necesita otra cosa me lo pide. A usted le daría todo, todito!
Al menos ese era del tipo de borrachos tolerables. Sakura anduvo por minutos con una linterna en la mano revisando cada recodo que pisaba de esa extraña zona, ninguna pista obtenía de Sasuke, pero se preguntaba qué era lo que buscaba él en ese tipo de lugares. Anduvo por esquinas, rincones, calles y hasta basurales. Se sentía sin embargo observada de alguna parte. Quizá él se había percatado de ella. Quizá ya se había convertido en cazador cazado.
- Maldita sea…
Divisó una línea de luz lejana en la que encontraba un grupo de personas fumando y charlando. Eran hombres que aparentemente consumían drogas, pero no tenía tiempo para ellos, además eran demasiados y ella estaba sola; le iría muy mal si intentaba algo. Se devolvió pues por donde vino, no le convenía acercarse demasiado y con poca probabilidad Sasuke Uchiha habría tomado ese camino. Debía buscar en las zonas mal iluminadas con viviendas de asequible acceso.
El lugar la asustaba cada vez más; ni siquiera tenía idea de que tal lugar existiera. Nunca le había tocado pasearse siquiera por allí. Mientras caminaba por otra callejuela en la que había algunos charcos de agua, percibió detrás de sí el sonido de unos pasos veloces que se acercaban. Sakura sacó rápidamente su arma y la apuntó en la dirección en que esa persona venía, pero soltó un gritito de sorpresa al encontrarse con una cara conocida que la asustó en el momento y la alivió después.
- ¿Quieres matarme o qué? – le preguntó a su amigo, guardándose el arma.
- Lo siento, Sakura – se disculpó Naruto –. Pero estaba preocupado por ti, tuve que tomar una moto policial y ya sabes lo torpe que soy en ellas. En cuanto a ti ¿Te das cuenta de qué horas son para andar metida en este lugar? Un borracho supuestamente enamorado de ti me indicó que por aquí estabas.
- No me iré hasta encontrar a mi villano favorito – sentenció ella.
- Sakura, por favor, no es el momento – intentó Naruto tomándola del brazo y considerando la posibilidad de cargársela para llevársela –. Debemos irnos. ¿Ves que va a llover?
- Por un lado me alegra que hayas venido, Naruto. Necesito que me cubras la espalda – respondió ella ignorando las insistencias de su amigo –. Lo hallaremos juntos, y tú me ayudarás a detenerlo.
- Pero… Sakura…
- Vamos.
Naruto fue prácticamente arrastrado por Sakura a hacer lo que pedía. De modo que se vio obligado a acompañarla; llevársela por la fuerza no era una opción considerable porque ella era tan fuerte y explosiva que terminaría por soltarse fácilmente y dejarle la cara bien amoratada, no conseguiría tampoco persuadirla por las buenas porque estaba decidida a continuar, y dejarla a su suerte fue algo que ni pasó por su cabeza. La quería demasiado y deseaba con toda su alma que Sasuke ya se fuera largado de allí.
- ¡Allí! – exclamó Sakura de repente observando hacia un techo.
Y allí estaba. Sasuke – que en verdad parecía un fantasma – se resbalaba para bajar del techo como si se tratase de un tobogán y caer del otro lado de pie.
- Andando.
Tuvo que correr Naruto tras ella y para su desgracia llegaron a tiempo, Sasuke por lo visto sí se disponía a escapar porque no quería enfrentarse con ambos, pero no le funcionó.
- ¡No te muevas, Uchiha! – ordenó Sakura levantando su arma hacia él.
- Oficiales Haruno y Uzumaki – murmuró Sasuke con voz ronca y cansada, pasándose una mano enguantada por la nuca encapuchada.
Naruto tuvo que fingir también que le apuntaba con su arma.
- Los he encarado tanto a ambos que siento que somos como un equipo – se burló Sasuke –. Pero créanme los dos que ahora no es el momento. No tengo tiempo para ustedes.
- Tiempo fue lo que nos tomamos para venir hasta aquí a arrestarte de una vez, no me salgas con que me lo harás fácil, eso me decepcionaría – comentó Sakura –. Pero antes, contéstame Uchiha ¿Qué es lo que haces tú en lugares de mala muerte como este?
- No se meta en mis asuntos. No son de su incumbencia – contestó Sasuke.
- De acuerdo, así es como deben ser siempre las cosas contigo, ¿no? Por las malas.
- ¿Conmigo? Eso debería decir yo de usted – contraatacó Sasuke –. Ya no sé qué hacer para apartarla de mi camino. Le juro que cada vez que la veo me vuelve más loco.
"Loco en más de un sentido" – pensó para sus adentros.
A Naruto allí callado e inmóvil le pareció que estaba presenciando la discusión de un par de amantes. Esos dos tenían una rara relación.
- Tira esa maldita espada o te doy un tiro – amenazó Sakura –. Luego ubicas tus manos en lo alto, donde pueda verlas.
Sasuke lanzó una risotada malévola y burlona que a ella le provocó un desagradable cosquilleo a lo largo de la espina dorsal.
- ¿Con quién cree que está hablando? – preguntó tras parar de reír –. Es una pena que tenga que amenazarme de esa forma porque no le quedan más medios ni remedios. No soy partidario de los aparatos y armas modernas; las de fuego en específico me resultan despreciables. He llegado hasta donde estoy con una simple espada y de vez en cuando la ayuda de mis súbditos, pero usted que no sabe de qué otra manera defenderse le toca imponer obediencia con la ayuda de ese sucio medio – señaló la pistola –. No sabe lo que es esforzarse por sí misma, no ha tenido victorias gracias a sus propias manos o inteligencia. Si no fuera por esa arma que empuña, oficial Haruno, no tendría oportunidad alguna contra mí.
Sakura se indignó hasta ponerse roja. ¡Qué sabía ese pretensioso de esfuerzos! ¿Acaso ella también no había quemado velas en su entrenamiento de la academia y posteriormente en uno particular y personal hasta quebrarse los puños para darle la talla y sobrepasarlo? ¡Le demostraría que se equivocaba!
Naruto constriñó los dientes. El idiota de Sasuke estaba haciendo enojar a Sakura. Y Sakura enojada era peligrosa.
- ¡No necesito esto y te lo demostraré! – exclamó enfurecida tirando el arma de fuego y empuñando sus manos –. ¡Vas a lamentarlo, Uchiha!
Naruto se impacientaba. ¡Demonios esto se le iría de las manos si Sasuke aceptaba un combate cuerpo a cuerpo con ella! No podía aceptar… Sasuke no podía ser tan incompetente.
- No haré eso – decidió el Uchiha –. Sería vergonzoso.
- ¿Qué? ¿no dijiste que querías hacerme a un lado?– incitó Sakura – ¡Inténtalo!
- No – respondió Sasuke –. Usted luce tan menuda y delicada que más que de atacarla, me dan ganas de protegerla.
Eso la indignó aún más. No era el tipo de mujeres que se conmovían por esos comentarios. ¡Ella no necesitaba ninguna protección! ¡Ese idiota la estaba llamando débil!
Sasuke no pensó que con ese comentario hería su orgullo y que constituía la gota que rebalsaba el vaso. Sakura se adelantó hacia él y en un grácil movimiento pudo esquivar el puñetazo que ella intentó propinarle.
- ¡Sakura! – exclamó Naruto preocupado.
En su mente Sasuke le dijo que no se preocupara, él se dedicó a evadirla como si se tratase de un juego, ignorando que uno de esos golpes sería capaz de doblarlo. Mientras reía la tomó de una de las manos empuñadas que acababa de esquivar; la sujetó de la otra muñeca y ubicando su pie en el abdomen de ella, la empujó suavemente hacia atrás. Sakura por inercia retrocedió y fue sujetada por Naruto.
- Ya basta, Sakura. No sigas. Vámonos enseguida.
- ¡Suéltame! – gruñó.
- Un charco de lodo no es lugar para una florecilla – continuó Sasuke triunfal –. Haga caso y mejor márchese. En otro momento pelearemos mejor.
Él en verdad pensaba que se trataba de un juego. Una vez le dijo que la tomaba en serio como enemiga, y que a sus enemigos se encargaba de destruirlos a su manera; pero Sakura no comprendía a qué se refería, ¿Por qué no intentaba matarla? ¿Por qué simplemente se burlaba y la evitaba? ¡El Uchiha se contradecía y eso la encrespaba!
La lluvia rompió inclemente, pero a nadie le importó escapar de ella.
- ¡Naruto! – exclamó harta de no poder librarse de los brazos de su amigo y eso la llevó a zafarse por las malas. Le dio un golpe a Naruto.
- ¡Agh! ¡Sakura no!
Casi complacido, Sasuke la recibió de la misma manera. Se le estaba haciendo divertido y le encantaba verla enojada, tanto así que tuvo la ambición de tomarla entre sus brazos y sentir su pequeño y delgado cuerpecito contra el suyo; pero se contuvo y en su lugar – y sin hacer siquiera ademán de sacarse la espada – continuó rehuyendo de sus golpes que pensó que de seguro se sentirían como simples bofetadas livianas típicas de las mujeres.
- ¡Basta los dos! – exclamaba Naruto que no sabía qué ni cómo hacer.
Continuaron como si no fueran escuchado a su mejor amigo. Ella estuvo a punto de plantarle el puño en el pecho, pero éste fue sostenido por la palma abierta de Sasuke, tan enfurecida estaba Sakura que con la otra mano intentó apuntar a su cuello para vencerlo así, pero una vez más él se lo impidió.
- ¿Hasta cuándo seguiremos con esto? – le preguntó Sasuke en voz baja apenas audible por el sonido del agua cayendo. Estaban tan cerca que ella lo escuchó a la perfección.
Atada de ambos miembros superiores, Sakura se vio obligada a recurrir a uno de sus inferiores. Con la pierna izquierda dio una patada a la katana de Sasuke que tras el golpe recibido se descolgó de la espalda del chico y cayó al suelo.
Eso lo alarmó porque ella pretendía usar su espada, y nadie tocaba su espada. Por eso mismo cometió la imprudencia de soltarle a Sakura las manos para agarrar de nuevo su sagrado filo, sin embargo, el hacha proverbial estaba por caerle encima.
- ¡Me tienes harta! – exclamó ella terminante.
Aprovechó esos segundos de guardia baja y descargó su puño derecho sobre el rostro de su enemigo. Sasuke que no alcanzó siquiera a agarrar su espada y tomado por sorpresa ante el brutal ataque, fue empujado hacia atrás, impactando su espalda contra una pared y cayendo al suelo casi sentado con el rostro inclinado hacia abajo y la capucha resbalándose hacia atrás, mostrando sus cabellos negros.
A medida que se fue levantando del suelo y que a su vez alzaba la cabeza las grietas de su máscara de gato ANBU se fueron ensanchando hasta que se le cayó a pedazos, mientras la observaba a ella correr para seguir arremetiendo en su contra. En cosa de segundos su cara fue revelada, con la mirada de fría resignación y un hilo de sangre brotando de la comisura izquierda de su boca, sangre que fue barriéndose y limpiándose con el agua que del cielo caía.
Sakura se detuvo de súbito, como si se hubiese estrellado con una fuerte e invisible pared que le impidió seguir avanzando. Entonces por instinto y tras ver quien ante sus ojos se encontraba, retrocedió dos pasos.
- No… – balbuceó sintiéndose de pronto incoherente y en el aire, el suelo había desaparecido debajo de sus pies, la lluvia no se percibía –, no es verdad…
Naruto apretó sus dientes sin saber qué hacer. Sasuke permaneció serio y con el ceño medio encogido.
- No es así… No es cierto… – gimió Sakura retrocediendo dos pasos más y llevándose las manos al pecho, como si allí doliera –, ¿S-Suke?
- No – la contradijo él después de tragar saliva–. Sa-Suke – puntualizó, separando la sílaba a propósito.
Sakura gimió asustada, confundida, desesperada, miserable, ansiosa, impotente, deshecha. Todo a la vez. Estaba al borde de un colapso, sentía que podía volverse loca allí mismo, quería arrancarse los cabellos, gritar tan fuerte como pudiese y descargar todas esas emociones putrefactas que le estaban carcomiendo la razón, el alma y el corazón.
- Sakura… – murmuró Naruto.
No iba a sucumbir. No en ese momento. No frente a él.
La verdad, desnuda y expuesta apenas por el velo de la fría lluvia por fin era conocida, y dolía… dolía tanto que deseaba dejar de ser humana para no padecer y tener que soportar tanta amargura. Quería huir y echarse a llorar con ganas, derramarse para no cargar con el peso de sus lágrimas.
Lo observó deseando que desapareciera, o que se quitara el rostro y cabello de Suke y revelase a otra persona que ella no conociese. Pero que no fuera él. Gimió otra vez lamentándose de esa funesta y maldita suerte. ¡Por favor que no fuera él!
Sasuke dio un paso adelante.
- ¡No te acerques! – exclamó Sakura histérica al borde de las lágrimas.
Naruto intentó hacer lo mismo desde atrás para darle su apoyo.
- ¡Tú tampoco! – lo retuvo ella de la misma forma y moviéndose insegura, como si se hallase rodeada de dos bestias.
Se abrazó los codos y comenzó a temblar como si muriese de frío, no pudo contener otro gemido; tragó saliva sintiéndose patética y humillada como nunca antes, y entonces, harta de ser la víctima intentó amparar los últimos vestigios de su dignidad para hablar sin que la voz le temblase.
- Mentiroso – acusó en un sollozo – ¡Todo este tiempo te divertiste a costa mía! – explotó sin evitar que las primeras lágrimas se le fugasen de los ojos – ¡Mentiroso, mentiroso, mentiroso!
Aunque no lo pareció, Sasuke hizo también un gran esfuerzo por mantenerse imperturbable. Se sentía como un idiota y ella tenía el derecho de reprocharle todo y cuanto hizo porque era un maldito idiota.
- Cómo no me di cuenta… – continuaba Sakura lamentándose con rabia –, es que… ¿Por qué…? – suspiró agotada, como si necesitase más aire – ¿Qué te hice yo…?
Nada. Más que ser quien era Sakura no había hecho nada.
Sasuke apretó la mano en un puño; la impotencia le estaba sobreviniendo a él también y debía hacer lo posible por mantener esas emociones a raya. Era un ANBU por Dios, y ello implicaba la obligación de manifestar fortaleza.
- Fuiste un juego para mí, Sakura – admitió, ya no podía seguir mintiéndole –. Pero con el tiempo tú…
- Un juego – hipó ella, no dejándolo continuar. Esa confesión la hizo sentir casi inexistente, impalpable, invisible –. Eso… eso signifiqué…
- Escucha…
- ¡Cállate! – berreó al borde de la desesperación con las manos en los oídos –. ¡No quiero escucharte más, no quiero verte, no te soporto, me das asco!
Naruto que desde su sitio se hallaba también enojado y apenas controlándose por intervenir, le hizo una señal a Sasuke con la cabeza para que se largara de una vez antes de que la hiciera enloquecer. Sakura necesitaba ayuda porque se derrumbaba, continuaba sollozando y los hombros le convulsionaban en movimientos involuntarios. Tenía que llorar, tenía que desahogarse y luchaba por no hacerlo delante de quien la había humillado, por eso y por todo, Sasuke tenía que irse.
Él aceptó y tras recoger su espada se orilló tanto como pudo para pasar lo más alejado posible por el lado de Sakura. Cuando lo hizo murmuró algo que sólo ella escuchó:
- Gracias…
A partir de allí y sin esperar una respuesta que jamás llegaría, salió corriendo pasando por el lado de Naruto a gran velocidad. Cuando sus pasos no se escucharon más, el chico rubio se aproximó a su amiga apoyando sus manos grandes y cálidas sobre los hombros de ella. Quería y deseaba con todo su corazón consolarla, pero no sabía cómo, ojalá su carga fuese tangible para quitársela él de la espalda. Le dolía verla así, y le dolía más que pudiendo evitarlo antes, no lo hizo.
- Sakura – murmuró intentando que así al menos ella lo mirara.
Y lo hizo. Lentamente Sakura se volteó y Naruto descubrió que sus ojos estaban apagados, pero que al enfocarlo a él y reconocerlo, se incendiaron con un fuego abrasante de ira.
Frente a ella se encontraba uno de los culpables de que toda esa farsa llegase tan lejos. Sakura constriñó los dientes, de repente ya no lo consideraba su amigo, olvidó que era un buen chico y decepcionada creyó que esa expresión de arrepentimiento y pesar era otra farsa. Otra burla.
- ¡Idiota! – exclamó antes de plantarle en la mejilla su mano derecha abierta.
Naruto volteó el rostro hacia su izquierda, lo dejó así por unos segundos en que sólo suspiró y luego volvió a mirarla. Pero su mirada era igual entre las gotas de agua que daban en su rostro, demostraba aflicción y resignación, como si aceptase cualquier castigo de parte de ella, como si creyera merecer eso y más. Al verlo así y recordar que era su verdadero amigo, Sakura se percató más abatida de lo que hizo.
- ¡Naruto! – chilló, dejándose llevar por fin de su dolor. Le echó los brazos al cuello y él la recibió abrazándola por la cintura y espalda hasta que no quedó espacio alguno entre sus cuerpos bañados – Perdóname… lo siento… – gemía desconsolada –, ¡lo siento mucho…!
- Tranquila – habló él en voz baja contra su oreja –. Soy yo quien debe disculparse.
La sostuvo allí, haciendo el papel de su único soporte, escuchándola llorar fuertemente, dejándose empapar por la lluvia y en silencio imaginando cómo hubiesen sido las cosas si en lugar de callar, hubiese hablado cuando tuvo la oportunidad.
Fue también su culpa lo terrible que acaeció.
….
Se libró de la túnica remojada e importándole nada que su ropa de abajo también estuviese calada de lluvia, se dejó caer en su cama.
- ¿Qué pasará ahora? – se preguntó en voz alta.
Y qué más podía pasar. Antes no le dio razones válidas y de peso a Sakura para odiarlo, pero ahora sí. Por minutos enteros meditó en una manera de enmendarlo, pero no halló ninguna. Se levantó de la cama y presa de su rabia por sí mismo y por lo confiado que fue al pensar que ella era una mujer débil que no podría golpearlo y mucho menos partir la gruesa máscara ANBU, dio un puño fuerte a la pared y soportó el dolor que recorrió sus nudillos con la mano aún recargada allí.
Estaba jodido. Lo estuvo desde que se interesó en Sakura. Y lo estaría posteriormente por la eternidad si ella no lo perdonaba.
….
¡Continuará!
¡Por fin se le cayó el velo de sombras a Sasuke de la cara! Y se lo tumbaron de una manera violenta e impredecible.
¿Qué sucederá ahora?
¿Sakura lo delatará decidiendo poner fin a esa guerra de una vez por todas?
¿Cómo lidiará Sasuke con el demonio rencoroso que despertó en ella?
Va a estar difícil, muy muy difícil; su secreto era lo único que lo mantenía cerca de ella, y ahora descubierto no le quedará más remedio que resignarse a la batalla real en la que desde un principio debieron pugnar en serio…
¿o no?
¡Ah sí! Antes de que se me olvide, algunos pensarán que no tiene sentido que Neji haya actuado como lo hizo, pero más adelante explicaré sus razones. En pocas palabras dos buenas mujeres acabaron en este episodio con el corazón partido: Sakura y Tenten. Pero esos condenados que las hicieron llorar pagarán, ¡no los dejaré impunes!
Fíjense que ya le tocó a Naruto que fue aunque en menor grado culpable, sí se merecía esa bofetada porque por muy buenas que hayan sido sus intenciones, una mentira no hará feliz a nadie para siempre, amigos. Esa es la verdad.
De antemano les aviso que quizá me tarde un poco más en presentar el siguiente capítulo, y la principal razón es la universidad. Me siento tan insegura de la cantidad de tiempo en que podré escribir que no me atrevo a estipular un plazo exacto. Pero sólo por no dejarlos con la incomodidad y guiándome de mi intuición diré: 15 días. Sin embargo, nada prometo.
Como siempre, agradezco sus fantásticas reviews que agradecida y emocionada siempre leo. (Que no falten por favor)
Hasta la próxima, queridos lectores.
Sigma Shey.
