Disclaimer: El Potterverso no es de mi pertenencia. Debemos agradecerle a J.K Rowling por haber creado tan maravilloso mundo. La historia y demás, en cambio, son de mi pertenencia en su mayoría.

Resumen: La guerra había terminado, y aunque muchas vidas se habían perdido, una de ellas estaba tomando una siesta. Literalmente. Sin embargo, las incontables bajas sufridas por el mundo mágico amenazan seriamente con la extinción. Pero el Ministerio de Magia va a encargarse de que jamás suceda algo así. Cueste lo que cueste.

Advertencias: Snamione (Severus Snape/Hermione Granger); Universo Alterno. Posible Out of Character. Este es mi primer fic de Harry Potter, por favor sean gentiles (?)

Notas iniciales: Hola. He intentado escribir este capítulo lo más rápido posible… aunque eso no sea garantía de nada. En fin, a lo importante, nos vemos allá abajo.


La vida es un vals

Campanas de boda que no sonarán


Las siguientes dos semanas habían sido bastante agitadas, por lo que se le pasaron prácticamente en un suspiro.

Entre conseguir los ingredientes para la poción que debía reponer, más lo puntos que Snape le había restado por atrasarse con dicha poción, más sentir la necesidad de evitar al profesor Lippert para no tener ningún momento incómodo. No había tenido mucho tiempo para pensar.

Sin embargo, ahora sí lo tenía. Y sentada allí en la mesa del desayuno junto a sus amigos, mordisqueando una tostada distraídamente, intentaba recordar la fecha exacta de su obligatoria boda con el profesor Snape. Pero por más esfuerzo que ponía en ello, no lo conseguía.

―… entonces me envió otra carta, diciendo que me organizaría una boda pomposa de todos modos, y no tuve más opción que aceptar. Nadie puede discutir con mamá. Oye, quería preguntarte…

Hermione se sobresaltó ligeramente, como si acabase de despertar de una profunda siesta. Se volvió hacia Ginny, quién había estado hablando anteriormente, y sólo asintió, esperando que no le hubiese hecho alguna pregunta comprometedora.

―Me alegra mucho que aceptes ser una de las madrinas… no sabía si decírtelo o no―continuó la pelirroja, dándole un sorbo a su jugo de calabaza antes de continuar―. Tú sabes, por todo este asunto de Ron…

―Oye, estoy justo aquí―murmuró el aludido, alzando su vista de su avena para fulminarla con la mirada.

Ginny le devolvió la mirada por unos momentos, antes de volverse de nuevo hacia Hermione y continuar como si nada.

―Por cierto, ¿cuándo te casarás con… tú sabes, 'él'?

―Honestamente… no lo recuerdo―respondió entonces la muchacha, oyendo a Ron bufar sonoramente con una mueca molesta en su rostro―. Pero estoy bastante segura de que será pronto.

―Ugh. Harry quería pedirle que fuera padrino de la boda junto a Ron, pero no. No, no, no―farfulló Ginny, mientras el pelirrojo escupía la avena en su boca por el asombro, viendo con incredulidad a su mejor amigo―. Quiero decir, ¿qué sigue? ¿Llamar a nuestros futuros hijos con su nombre?

Tal vez Ginny no pudo verlo, pero Harry tragó en seco nerviosamente ante sus palabras, y Hermione estuvo bastante segura de que no era a causa de la insistente mirada de Ron sobre él.

Estuvo a punto de comentar algo al respecto, cuando una mano se posó sobre su hombro sin previo aviso. Luego de sobresaltarse, supo quién era, y también supo que debía acostumbrarse a aquellos acercamientos sorpresa por su parte.

―Acompáñeme, señorita Granger―murmuró entonces el profesor, con un leve asentimiento mientras veía a los demás alumnos junto a ella con aparente interés―. Potter, Weasley, ustedes también… usted no, zoquete, su hermana.

Hermione pudo ver a Ron volver a su asiento con un gruñido, probablemente conteniéndose con esfuerzo para no saltarle encima a su profesor. La muchacha se puso en pie con un suspiro cansado, y palmeó brevemente el hombro de Ron, mientras seguía el paso rápido que Snape había adoptado enseguida.

Pudo oír a Harry y Ginny caminar tras de ella, murmurando entre ellos, probablemente preguntándose a qué se debía todo aquello. Y entonces Hermione lo comprendió. ¿Para qué otra cosa necesitaría a dos de sus amigos en su situación?

―Es hoy, ¿cierto? ―cuestionó entonces, apresurándose un par de pasos para poder la expresión de su profesor.

―No me extraña que lo haya olvidado, señorita Granger―murmuró él con tono indiferente, encogiéndose ligeramente de hombros―. Yo también lo hice.

Por alguna razón, Hermione sabía que estaba mintiendo.

Hizo una pequeña mueca, dedicándose exclusivamente a seguirlo con paso ligero, aunque siempre intentando no pisar su capa negra por accidente. Notó que cruzaban un par de pasillos poco concurridos, en las mazmorras, y de repente Snape se detuvo, abriendo la puerta de su propio despacho.

―Adelante―murmuró entonces, apartándose un par de pasos para permitirles pasar primero en un gesto que no coincidía con su expresión impaciente.

Al ingresar, Hermione notó que había algunas personas esperando allí. La directora McGonagall y el subdirector Flitwick, junto a un hombre desconocido, y una elfina doméstica parada justo a su lado.

―Buenos días, señorita Granger―saludó entonces el hombre, dando una breve reverencia antes de continuar hablando―. Mi nombre es Elliot Baltimore, y soy un Juez de paz enviado por el Ministerio de Magia Británico para efectuar su matrimonio con el señor Snape.

La muchacha asintió en silencio, sintiéndose algo aturdida por toda la situación, y se acercó al escritorio que el hombre había decidido usar como suyo por el momento.

Especialmente porque nunca se había imaginado que se casaría en Hogwarts, y mucho menos que sería con el profesor Snape.

Escuchó en silencio como el juez de paz indicaba a Harry y Ginny dónde colocarse, y les mostraba un pergamino dónde debían firmar con una pluma hechizada, provista por él mismo. Pudo ver de reojo las firmas de McGonagall y Flitwick allí también.

Sin embargo, no podía observar con curiosidad a la pequeña elfina doméstica que se escondía detrás del hombre, observando a su alrededor tímidamente.

―Muy bien… muchas gracias, señor Potter y señorita Weasley. Aunque no será así por mucho, ¿eh? ―pudo oír bromear al hombre, mientras Harry y Ginny soltaban un par de risitas algo incómodas―. En fin… señorita Granger, voy a necesitar que deje su firma aquí, por favor.

Hermione asintió levemente, y tomó la pluma mágica que el juez de paz le ofrecía, preparándose para firmar el pequeño fragmento que este señalaba.

―Colocando su firma aquí, usted, Hermione Jean Granger, se compromete a mantener un matrimonio con el señor Severus Tobias Snape, aquí presente, con el fin de incrementar la población mágica actual. Una vez que su firma este aquí, ya no podrá retractarse de su decisión―continuó entonces Baltimore, antes de fijarse en la mueca ligeramente nerviosa que había dejado en la muchacha―. Mis disculpas, señorita, pero debo recitar esas palabras por obligación legal.

Hermione asintió levemente, tragando en seco mientras se inclinaba un poco sobre el pupitre, observando con atención el pergamino. Leyó rápidamente las palabras allí escritas, porque eso le habían enseñado sus padres, y finalmente firmó.

Notó que sus letras se iluminaban con un intenso dorado por unos segundos, antes de adquirir un tono negro de tinta corriente.

Aún algo impresionada por aquello, y por toda la situación en realidad, le ofreció la pluma a su profesor en silencio. Pudo oír al juez Baltimore pronunciar el mismo pequeño discurso nuevamente, sólo con unos ligeros cambios aquí y allá, y observó atentamente que Snape no se detenía a pensar con aire filosófico, sino que simplemente estampaba su firma allí.

Acto seguido, el hombre les entregó un par de anillos dorados, ambos con el logo del Ministerio de Magia grabados en ellos. Sus manos temblaron ligeramente al tomar la de su profesor, y colocarle su anillo. Snape sólo tomó su mano con cierta brusquedad e hizo lo propio, sin prestar mucha atención en realidad.

―Excelente, excelente… muchas gracias por su tiempo.

Luego de decir eso, el hombre enrolló aquel pergamino y lo cerró con una especie de sello rojo que llevaba el logo del ministerio de Magia. Hermione debía admitir mentalmente, con un suspiro disimulado de alivio, que aquel proceso había sido mucho más fácil de lo que esperaba.

Y muy especialmente, no había requerido ningún beso incómodo en los labios.

―Por cierto, casi lo olvido…―dijo entonces el juez Baltimore, y Hermione contuvo el aliento por un segundo. Sin embargo, el hombre se inclinó, y dio un pequeño empujón a la elfina doméstica junto a él―. Un pequeño regalo de bodas, podría decirse, por parte del Ministerio de Magia.

La joven Gryffindor parecía incrédula e indignada ante las palabras del hombre frente a ella, mientras la elfina hacía una pequeña reverencia devota frente a ellos.

―Holly está muy feliz de servirle a sus nuevos amos―dijo con una voz algo chillona, pero delicada a la vez.

―Y yo estaría mucho más feliz si no te trataran como un simple regalo―refutó Hermione, cruzándose de brazos y frunciendo ligeramente el ceño―. No la queremos.

Pudo oír el gritito de horror que la elfina doméstica soltó, y aunque casi le partió el corazón, se mantuvo firme en sus palabras.

―Señora Snape, los elfos domésticos están siendo regalados a las parejas como signo de gratitud por parte del Ministerio… ¿tal vez quisiera otro que no sea este?

Pero la joven se quedó en completo silencio, tomándose un par de momentos para procesar la forma en que Baltimore se había referido a ella. Mientras tanto, Snape bufó, acercándose a la chimenea y chasqueando sus delgados dedos, por lo que la elfina lo siguió apresuradamente.

―Molly…

―Holly, amo.

―Eso dije. Ve a mi- nuestra casa, y limpia absolutamente todo. No regreses aquí hasta que todo esté perfectamente en orden. ¿Entendido?―cuestionó entonces, arqueando una ceja, a lo cual la elfina doméstica asintió rápidamente, entusiasmada, mientras él lanzaba los polvos flú―. Muy bien… ¡Hilandera!

Apenas las llamas se alzaron con un color verde esmeralda, Snape empujó descuidadamente a la elfina dentro de ellas, sólo para que luego de unos segundos desapareciera sin dejar rastro alguno.

―¡¿Cómo se atreve…?!

―¿… usted a gritarme en mi propio despacho? Diez puntos menos para Gryffindor.

Y gracias al silencio incómodo que inundó el lugar luego de aquel intercambio, Hermione confirmó por milésima vez que casarse con Severus Snape había sido un gran error, de esos que la acompañarían de por vida.


La boda de Harry y Ginny por fin había llegado, y gracias a un permiso especial por parte de la directora McGonagall, algunos alumnos pudieron salir de Hogwarts ese día para asistir.

Hermione se sentía algo incómoda. Aún estaba un poco aturdida por su matrimonio con el profesor Snape, y ahora debía regresar a la Madriguera, ver a la familia Weasley… y a Lavender, que ahora pertenecía a la misma también.

Era de por sí una situación que no habría imaginado ni en sus peores pesadillas. Pero allí estaba, en un vestido de gala verde esmeralda, mientras la señora Weasley se encargaba amablemente de arreglar su cabello en un vistoso moño.

―¿Crees que él vendrá, querida? ―preguntó la mujer, con una pequeña mueca que Hermione pudo ver gracias al espejo frente al que estaba―. Sé que Harry lo invitó, pero tengo mis dudas.

―Tal vez venga… aunque no podría estar segura―farfulló como respuesta, bajando la vista hacia sus manos, donde su nuevo anillo dorado relucía un poco―. Él no es muy…

―¿Amable? ¿Buena persona? ¿Humano?

Molly Weasley soltó un bufido ante las palabras de su hija, quién ya luciendo su vestido de novia, permitía a regañadientes que Fleur la maquillara un poco.

―El profesor Snape es una buena persona… o al menos, hizo mucho por todos nosotros―declaró entonces su madre, con gesto decidido―. Además, tu futuro esposo lo invitó, así que deberías mostrar un poco de respeto.

Ginny rodó los ojos ante eso, apartando un poco a Fleur para poder levantarse, aunque no pudo caminar mucho, porque su madre se acercó casi enseguida para poder abrazarla cariñosamente, emocionada.

Hermione sintió un peso en su estómago. Ese era uno de los motivos por los que se sentía tan incómoda. Ella no era de las típicas niñas que sueñan con una boda lujosa y color de rosa… pero pensaba que ese día, sería en una ceremonia decente, con su familia presente, y con la persona que amaba.

Sin embargo había sido en un despacho de Hogwarts, con sus padres en algún de Australia sin recordar su existencia, y por obligación con su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Salió de allí disimuladamente tras constatar que su peinado ya estaba terminado, y se dirigió a la carpa donde se realizaría la boda. La decoración era muy parecida a la que había visto en la boda de Bill y Fleur, lo que le trajo cierta nostalgia.

Notó que George estaba encargándose de indicarle a los invitados dónde sentarse, junto a su esposa Angelina, aunque se veía un tanto decaído a pesar de intentar disimularlo. Hermione supuso que no era la única víctima de la nostalgia después de todo.

Estaba colocándose en su lugar, junto al altar, cuando pudo ver una figura conocida ingresar a la carpa. El profesor Snape no se había molestado en ataviarse con túnicas elegantes o al menos distintas a las de todos los días, pero a Hermione le parecía increíble que siquiera estuviese allí.

El hombre siguió las indicaciones de George Weasley, y se acomodó en una de las primeras filas de sillas, junto a algunos familiares Weasley que lo observaron con curiosidad. Hermione estuvo bastante segura de que le dedicó una mirada, y le pareció ver el atisbo de una pequeña sonrisa torcida en sus labios, antes de apartar la vista.

La carpa se llenó con bastante rapidez, y pronto todos los invitados estuvieron allí. Incluso Ron, justo frente a ella al otro lado del altar, sonriéndole tímidamente. Hermione intentó devolverle la sonrisa, pero el anillo dorado en su mano se lo impidió.

Harry ingresó momentos después, y Hermione tuvo que contener una risita por lo nervioso que se veía allí parado, revolviéndose el cabello a cada rato. Algo que le había gustado de aquella boda, era ese toque ciertamente muggle que tenía, por pedido Harry y con ayuda del señor Weasley.

Ginny llegó minutos después, acompañada por su padre, quién con dificultad se secaba las lágrimas con su mano libre, intentando mantener la compostura. Cuando por fin llegó al altar, dónde Harry y el juez de paz esperaban, se tardó un poco en dejarla ir, pero finalmente lo hizo.

La boda comenzó, y Hermione pudo notar que el discurso y demás eran un tanto diferentes al que había escuchado aquel día en el despacho de su profesor. Y también pudo notar, con cierto asombro, que Snape ya no se encontraba en su lugar.

Algo extrañada lo buscó con la mirada, y pudo divisarlo en la entrada de la carpa, abandonando el lugar con aire taciturno. Su expresión era aquella de alguien que recientemente había visto un fantasma.

Y tal vez era así.

Aunque la boda continuó, y aparentemente nadie en el lugar dio importancia a su partida, Hermione sí lo hizo. Y cuando la ceremonia terminó, se unió a los aplausos de todos los demás, esforzándose por cambiar su expresión preocupada por una más alegre, pues su intención no era arruinar la fiesta.

Sin embargo, cuando la celebración se tornó un poco más relajada, con la pista de baile a disposición de los invitados, Hermione intentó escabullirse en la multitud, para buscar a su profesor. Salió de la carpa, pero a pesar de buscarlo en los alrededores, no logró encontrarlo.

―Oye, la fiesta es adentro―le avisó una voz, y al volverse con un sobresalto, pudo ver a Ron viéndola atentamente―. ¿Qué haces aquí?

Hermione titubeó por unos momentos, indecisa entre contarle la situación o no. El muchacho pareció notarlo, por lo que simplemente estiró su mano hacia ella, sonriéndole un poco.

―Vamos―la invitó entonces, con un leve asentimiento―. Quisiera bailar esta pieza contigo. O al menos intentarlo, no me responsabilizo por ningún pie pisado.

La joven aún tenía una pequeña mueca en su rostro, pero no pudo evitar convertirla en una diminuta sonrisa ante sus palabras. Con un suspiro tomó la mano que le era ofrecida, regresando a la carpa ante la atenta mirada de un cuervo negro, que la observaba con recelo.


Notas finales: ¡Hola de nuevo! Nueva actualización, aunque me costó mucho terminar de escribirlo… voy a intentar tardar menos, especialmente con esto de que empezaré en la secundaria muy pronto. Por eso, no puedo prometer nada.

Por otro lado, espero que les haya gustado, y si no… ¡también pueden decírmelo!

Hablando de eso, creo que ya es hora de responder reviews.

ringo-tensai: Hehehe, gracias, eso me deja un poco más tranquila. Pues sí… intentaré que queden un poquito más largos, es sólo que he estado algo nerviosa estos días. En fin, besos.

yetsave: Entiendo lo que dices, y es entendible. No parece tener muy buenas intenciones. Yo también quiero que empiecen a vivir juntos, pronto lo harán ;)

Yazmin Snape: Yo tampoco confío en él, la verdad. Y síp, parece que están limando sus asperezas poco a poco. ¡Hey! ¡Soy una mujer adulta de casi 19 años, más respeto! Nah, es chiste, ¿qué edad tienes tú? Si se puede saber, claro :P Saludos.

Aigo Snape: lo sé, cómo le dije a ringo allá arriba, intentaré hacerlos más largos… y rápido. Ojalá eso funcionara.

La Castaaneda: ¡Michas gracias, me alegra que te guste!

Robin Chispas: ¡Eso! Se aprende algo nuevo todos los días :) Pues al fin he actualizado, espero que te guste.

AcizeJ- HaruZuchIa: ¡Hola, gracias! Pues estoy haciendo todo posible por mantener los personajes IC (actuando como lo harían en los libros), por eso me temo que "pronto" no será, pero si tienes paciencia, ¡todo llega! "Hazlo bien o hazlo rápido", decía mi madre, y yo trato de hacerlo bien ;)

Muchas gracias a…

Tomoe-99, melyz de snape, La Castaaneda y manuelareciodue por agregar el fic a favoritos.

Tomoe-99, melyz de snape, La Castaaneda, KonekoRiddle18, AcizeJ- HaruZuchIa y manuelareciodue por darle follow.

aquellos que leen pero no comentan nada. ¿Sabían qué según el internet, cien tazas de café tomadas en un lapso de cuatro horas, técnicamente pueden causar la muerte? (?)

Y bueno, creo que eso es todo por ahora. Sugerencias, ideas y opiniones, pueden dejarlas en un bonito review.

¡Nos leemos!


_-*-_-*-_KovatePrivalski97._-*-_-*-_