Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.
Nota: Esta trama se procede en una posibilidad de ver a los Santos Dorados vivos, por lo menos posibilidad de existir como pasó en SOG. Espero les divierta. Además quiero aclarar algo, este fic NO es YAOI, respeto los gustos ajenos pero yo no escribo esos géneros.
Agradezco enteramente aquellos que han leído y dejado un comentario, eso sube el ánimo de seguir relatando. También para aquellos que le dieron favorito a este humilde escrito… ¡Y GRACIAS TOTALES! ¡LOS AMO! ¡FELICES FIESTAS! ¡EL ULTIMO DIA DEL AÑO SE PUBLICA EL FINAL DE ESTE CORTO!
Un saludo y abrazo a todos.
Razones
[12]
"Atracción"
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Sus facciones maduras lo tildaban como un hombre responsable.
Esas manos grandes, duras pero a la vez suaves como la piel tersa de un niño que ejercía esa sensación de confianza, casi como hostigando la conmoción de una protección única y calmada. Los ojos verde oscuro paseaban como bolillas de lana por todo el contorno de aquella cobija, tal vez como el único recuerdo de su infancia, esos fragmentos que no pudo evitar evaporar lentamente.
Porque a veces las cosas que más te aferras no siempre echan raíces, superficialmente queda a la deriva para ser arrancadas como si se tratara de una mala hierba. Esos recuerdos que para él fueron importantes y que, por suma necesidad, tuvo que alejarlos para formar un camino nuevo donde aprendió la crudeza de la vida.
El hombre de cabellos castaños tomó esa mantita para acariciar la textura del acabado, ya no memoró cuando fue la primera vez que durmió con ella, tal vez apenas concibió los cinco años de edad cuando pisó el Santuario arrastrando consigo el único recuerdo de su madre.
Aioria de Leo sonrió apenas en señal de nostalgia. Ni siquiera siendo caballero supo qué fue lo que ocurrió con la mujer que lo trajo al mundo, si vivía o murió cuando él era un bebé tal y como en el orfanato le dijeron a Aioros y a él. Pero eso ya no importaba, nada de su pasado lo agobiaba ahora que una nueva vida comenzó a inquietarlo con características impropias a él.
Ni siquiera le incomodó las órdenes de Shion. Quizás hasta su razón de fomentarle del porque iría actuar como sus camaradas tenía valor en esos instantes.
Leo suspiró y cerró su armario sin hacer ningún ruido en el proceso. A pasos lentos se dirigió a su cómoda donde pudo verse a sí mismo las marcas de las batallas que tuvo durante los años de su vida, vaya que sí era un poco imprudente y aunque intentaba prometerle a Marín que las cosas iban a salir bien…, bueno, solo eran mentirillas piadosas.
—Tengo que comprar ropa—contempló la camiseta que había sobre el respaldar de la silla. Un acabo sencillo aunque un agujero pequeño le delataba el gran uso que se dio—, o terminaré usando constantemente la armadura.
Soltó un largo suspiro, cogió la camiseta y observó el hoyo sin importarle necesariamente una simple prenda de vestir. Sus ojos volvieron a su habitual condición de recorrer a través del espejo su figura; indudablemente las marcas oscuras debajo de los parpados llamó mucho más su atención, sin importar nada, ni siquiera incomodar en lo sucedido porque a la verdad él tenía la verdadera razón del porque pasó noches en vela.
Una semana y dos días. Es la cuenta que él llevó en su calendario sin esperar necesariamente que alguien se lo avisara, tiempo suficiente para intentar ser alguien responsable o más bien aprender cosas de las cuales nunca, ni en sus más remotas pesadillas consideró ser.
—Ella dijo que debía de…—frunció el ceño y pasó su mano por el espejo solo para ver al ocupante que dormía plácidamente en la cama—; se lo hice hace unas horas, no creo que deba molestarla otra vez.
La verdad es que le cansaba un poco realizar un trabajo poco agraciado aunque a simple vista le causaba mucha gracia ver cosas que creía jamás apreciar, bueno, en el sentido que no se reiría cada vez que debía meterse al baño con ella. Pasar sus manos por la suave y cálida piel de la fémina le provocaba una extraña sensación, nada anormal por supuesto, sino más una necesidad de hacer cosas que nunca se proyectó. Aunque ella se quejaba de esas caricias y el agua fría recorrer su cuerpo de una manera pausada.
—Si hago eso seguramente me mantendrá despierto toda la noche. Es bastante exigente.
Y sí, ella poseía esa personalidad de exigir lo que deseaba aún en su corta edad. Terriblemente sabía Aioria que tendría mucho trabajo para controlarla.
—Lo es.
De pronto, la suave voz de una mujer lo asustó provocando que soltara la cobija que sacó del armario. El castaño casi ahogó un gritito al ver a la mujer de cabellos naranja que lo miraba curiosa desde la entrada de la recamara. Graciosamente no llevaba máscara y por aquella sonrisa podía inducir que no había problema en pasarse a visitarlo a esas horas de la noche.
—¿Qu-Qué haces aquí Marín? —casi asustado preguntó y rápidamente corrió hacia su cama para ocultar a la visitante que dormía semidesnuda en su lecho.
—Solo pasaba a visitarte y a saber qué cosa hacías.
—Eh…, bueno, estoy muy bien—titubeó muy nervioso, tapó torpemente algo evidente y se dirigió a la joven—. Creo que sería más propio platicar en la sala ¿no creer?
Pero Marín del Águila no era una chica tonta menos estúpida, sabía que algo ocultaba el hombre. Tampoco quería sentirse más una desdichada apartada de la vida de Leo, cuando ambos mantenían una peculiar relación que sumía todo en un secreto que casi nadie sabía o sospechaban. Nada formal. Nada serio. Tampoco ellos sabían describirlo, si bien ambos poseían una atracción mutua…., jamás dieron un paso más allá fuera de la amistad.
—Ser caballero te mantiene a guardar prudencia en ciertas cosas—habló sin inmutarse a salir de la habitación. No. Ella deseaba corroborar el rumor—, pero en la situación en que nos hallamos creo que tengo el derecho de oír la verdad de tu propia boca aunque ya tenga idea de lo que sucede.
—Marín…, no es lo que tú imaginas.
—Si ocultas algo es por una buena razón.
—Pero no es lo que tu mente piensa.
Empero, la japonesa apartó suavemente a Aioria del camino, a paso lento avanzó hacia a la cama donde pudo ver la silueta de esa fémina que se removía en la cama del hombre; suspiró lentamente y cerró los ojos cuando puso la mano sobre las sabanas casi intentando ahogar un gritito. Por su parte, Leo tragó en seco la saliva al ver a su amiga en esas condiciones, sabía que el Inframundo se desataría en esas cuatro paredes o tal vez el momento perfecto para que todo el Santuario se enterara de lo que había hecho, porque claramente desacató las reglas estrictas que el Patriarca Shion predispuso.
Lamentablemente, Aioria de Leo estaba en un serio, gravísimo y funesto problema.
Marín puso las manos. Aioria intentó detenerla. Marín lo empujó de un golpe. Aioria retrocedió. Marín jaló las sabanas y Aioria…, se cubrió la cara de vergüenza ante lo que se divisó frente a la amazona de plata.
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—Supe que no guardaría el secreto—explicó el león bastante enrojecido sin dejar de acariciar la piel de la fémina que acompañó más de una semana su cómodo lecho—. Sí, he cometido el error.
—Lena se aseguró de dejarme el encargo antes de partir—Marín se acercó mucho más a Aioria solo para revolverle los cabellos y tratar de calmarlo—. Nunca pensé que me eras infiel de esa manera, eres un caballero leal y de palabra.
Leo sonrió penosamente sin descuidar en soltar a la mujercita por la cual cambió a Marín durante ese tiempo. Sí. La culpable de las ojeras del hombre poseía apenas unos meses de nacida y que parecía poseer la fuerza de una niña desarrollada.
—Es muy linda—siguió comentando la chica de cabellos naranja—, debiste decirme de un inicio y asi podría ayudarte en su cuidado—el hombre se encogió de hombros sin dejar de mecer a la bebe que en esos momentos parecía tener intensión de quejarse—. Si no fuera porque Lena dejó caer muchos pañales de tela, jamás lo creería pero fue mayor mi incomodidad cuando la veía entrar a tu templo. Casi no salía de allí hasta las altas horas de la noche.
—Me ayudó a cuidarla, y me cubrió cuando me fui a una misión—confesó sin despegar la mirada sobre el gesto de la niña—. No es para nada fácil ocuparse de una bebé.
—Ya lo he notado.
Marín no quiso burlarse pero el hecho de ver que Aioria sostenía a la criatura semi desnuda sobre sus manos le hizo apreciar esa posición. A la verdad, el gran Leo se veía muy bien en el papel de padre, parecía tener mucho cuidado con recién nacido; no dudó en tocarle las mechas casi castañas lo cual a ella le generó duda.
¿Porque esa nena poseía un rasgo particular con Aioria?
—No, no es mi hija—como si hubiera leído la mente de la amazona, Aioria apegó mucho más el cuerpo de la pequeña—; sabes que no rompería las reglas impuestas y, en todo caso, hubiese pedido consentimiento del Patriarca para poseer una heredera tal vez así me dejarían tener a mi heredera en mi templo.
— ¿Y de dónde conseguiste a una bebé? —esa era otra curiosidad que le carcomía las entrañas.
—En un viaje a Asgard junto a mi hermano, Saga de Géminis, Camus de Acuario y Milo de Escorpio—explicó brevemente, tampoco deseaba pasarse horas narrando detalles cuando en radiad solo deseaba llevar a la niña a darle un baño, vestirla, darle de comer y echarse a la cama a dormir un rato—; tuve que ir ayudar a buscar unas cosas para reparar unas casas cuando cerca de un árbol frente de una Iglesia abandona muy alejada de la ciudad encontré una canastilla—acarició la cabecita de la menor ganándose esos grandes ojos negros posarse en él. Era como si la menor prestara atención la historia—. Ignoré, pero ese ruido característico me hizo volver y cuando cogí en canastillo pude encontrarme con esta pequeña; solo Lyfia y Lena saben del secreto.
— ¿Y porque no la dejaste con la señorita de Asgard?
—Por derecho le corresponde estar con los suyos pero Lyfia me dijo algo que me dejó pensativo—respondió aunque no pasó por desapercibido esa mirada incomoda de la japonesa. Ahora entendía a qué se refería Death Mask y Afrodita sobre los cambios de humor en las mujeres—. Esta niña debió ser un regalo de Odin, no sé, tal vez algo que iría a cambiar mi vida, y pues ahora es lo que vez.
—Parece ser que su Santidad no sabe de esto—pasó la mano por la mejilla de la niña—, y comprendes que si un niño huérfano cae en el Santuario será decisión del Patriarca sobre esa vida.
—No pienso dejarla en un orfanato.
—Tampoco creo que sea la solución.
Era verdad lo que Marín decía. Su preocupación recaía sobre Aioria y el destino de la bebé si Shion se enteraba, porque ante los ojos de los demás era impropio que un caballero anduviera con un recién nacido en brazos añadiendo los rasgos similares al hombre. Deliberadamente podrían azotar a Leo por su osadía.
Pero Aioria se entercó en poseerla, ni aun cuando Lena –la jovencita que vivió un tiempo en el Santuario– le pidió que tomara la idea de hablar con Shion en privado sobre el destino de esa pequeña huérfana. Sí. Era momento de hacerlas cosas de la manera correcta.
—Quizás podría decir que ella sería mi razón para evadir la misión—murmuró sin despegar los ojos sobre la niña—. ¿Acaso te gustaría vivir conmigo? —le habló a la criatura sine vitar que ella intentara formar una sonrisa—, vale preciosa que aceptaré un sí.
—Te ves muy bien siendo padre.
—Apuesto que serías buena madre.
Marín se sonrojó suavemente aunque no pudo evitar posar sus manos sobre su vientre, casi inmediatamente su tranquilidad se vio manchada por un viejo recuerdo que…, no, por el momento no era correcto revelarlo ante su mejor amigo, tampoco deseaba arruinarle la velada con sus comentarios. Tal vez algún día habría momento para confesar.
Sin embargo, los gemidos dela niña llevó a Leo a ponerse de pie. Casi la misma rutina le hizo saber qué cosa debía pasar.
—Voy a bañarla—dijo el hombre apoyando a al criatura hacia su hombro para buscar toallas—, mañana creo que necesitaré ir a Rodorio para comprarle algo de ropa.
—Déjame adivinar, le estas poniendo tus viejas ropas de entrenamiento cuando eras un niño.
—No sé qué cosa podría vestir una niña y no, no es mi ropa vieja, son atuendo que Lena escogió pero parece que no le agrada—se dirigió al baño no sin antes de mirar a la joven—. ¿Me ayudarías con prepararle el vieron?
Ella asintió sin ocultar la risita que Aioria le ocasionaba. No había duda de que ese hombre iría a ser un muy buen padre; se levantó de la cama y se dirigió a la cocina dejando a Leo junto al bebé. Esa niña solo lo miró como si prestara atención a cada detalle del rostro del adulto en su afán de preparar la tina, la nena pasó una manito sobre la nariz del gran león y luego aplaudió.
—Te causa gracia ¿no es verdad? —indagó son una sonrisa paternal sobre su rostro. La bebé movió la cabeza sin deshacer la risita—. Serás una niña muy fuerte, creo que me sentiré preparado para criarte si el Patriarca lo permite—ella estiró más la manito para jalar del mechón de cabello—; serás una buena razón para hacerle entrar en razón a su Santidad.
Y la niña soltó otra risita solo que esta vez no se contuvo en demostrarle a Aioria que hacer reír mucho a un bebé sin pañales podía causarle más trabajo. Si él supiera que la tarea de padre no era como la pintaban.
Porque ser padre conllevaba a una gran responsabilidad sobre sus hombros.
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Como aviso especial quiero aclarar algo y que es parte de este capítulo: He publicado un OneShot para los Fans de los gemelos. Es algo reflexivo así que si gustan pueden echarle un vistazo- Baraja.
Así mismo, quiero avisar que estaré subiendo nuevos fics en un foro que se abrió en conjunto con unos amigos. Si eres fan de Saint Seiya y muchas cosas más puedes visitar el FORO PHOENIX (enlace en mi perfil)
