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Capítulo Décimo Segundo
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La tensión de Haruka como jugador de Quidditch se diluyó, inicialmente, aludió la mejoría a compartir la cama con Makoto durante una semana; sin embargo, con el paso de los días, y en especial de las noches, por las pesadillas de su amigo, más bien se dio cuenta de que su humor solo había empeorado.
Por supuesto, el culpable de las pesadillas de Makoto era Kisumi Shigino.
En Hogwarts, los estudiantes habían ideado diferentes actividades extracurriculares para mantenerse ocupados y Kisumi trataba de reclutar miembros para los más inusuales clubes, como "La Sociedad para el Estudio de los Secretos Inefables del Velo de la Muerte". Makoto, quien desconocía el significado de la palabra "no", lo acompañó en una ocasión.
Las pesadillas empezaron esa misma noche, y Haruka veló cada uno de los sueños de Makoto, aunque eso significara un enorme sacrificio para un deportista en formación.
—Por si no lo has notado, este Trimestre casi no te he visto, Haruka—gruñó Rin molesto después del quinto comentario cortante y grosero que Haru le dirigía en la tarde—. Solo quería pasar un rato agradable, no tener que soportar tu malhumor.
Antes de que Haruka lanzara otro comentario soez y lo mandara a freír espárragos, Nagisa intervino:
—¿Haru-chan, has estado durmiendo mal? Parece que no has pegado ojo en días. Vas a tener malas calificaciones en tus exámenes.
No era usual un comentario sobre exámenes por parte de Nagisa, pero justo eso solucionó el desastre: Rin, encantado de concentrarse en el tema de los exámenes, dejó de sentirse ofendido por el mal trato de Haruka.
Tiempo después, Makoto se unió al trío de amigos, confesó que se había quedado dormido en la Biblioteca.
—¿En cuál sección?—Quiso saber Nagisa, y atosigó a Makoto sobre lo que había estado haciendo que le causaba tanto sueño. En general, Makoto era bastante activo y era la primera vez que llegaba tarde por quedarse dormido.
Makoto ni siquiera recordaba qué libro estaba leyendo y como tampoco recordaba si lo devolvió, fueron a la Biblioteca, únicamente para escuchar a la Bibliotecaria comentar que al verlo dormido le quitó el libro.
—Estoy seguro de que a mí me habría quitado puntos por dormir en la Biblioteca—Se quejó Nagisa.
Makoto se ruborizó y murmuró que estaba muy apenado, y prometió que no volvería a dormir en la Biblioteca.
—¿Cómo harás eso, Mako-chan? —Insistió Nagisa—. Tienes que enseñarme.
—Solo dejará de ir a la Biblioteca—respondió Haruka, y Rin soltó una carcajada, olvidando por completo que estaba resentido con él.
Después de la cena, se reunieron con Zaki, quien tenía muy buena relación con Rin, al cual reconocía como su primer capitán, sin embargo, no siempre cruzaban sus caminos.
A todos les encantaba hablar de Quidditch, pero Haru y Makoto estaban tan cansados, que sus bostezos se hicieron incómodos y molestos. Volvieron a despedirse, sin embargo, Zaki antes de irse le preguntó a Makoto por sus ausencias en el dormitorio.
—Dos semanas sin ir, es sospechoso—murmuró preocupada—. Además has estado durmiendo mal—Miró de reojo a Haruka y continuó, en voz más baja, con la intención de que solo Makoto escuchara—. ¿No será por eso que estás durmiendo mal? Hufflepuff es tu Casa, se supone que surte algún efecto en nosotros que nos relaja.
La respuesta de Makoto fue una efusiva; sin embargo, el comentario sí surtió efecto en Haruka. Reconocía que su Sala Común lo relajaba, le ofrecía calma y tranquilidad cuando más lo necesitaba: los ventanales, la decoración azulada y plateada, los cómodos sillones… y se preguntó qué pensaría Makoto: ¿le agradaría el color? Probablemente, no; él siempre había sido de colores más cálidos.
Cuando Makoto empezaba a elucubrar una respuesta nerviosa con la cual prometería ya no dormir en Ravenclaw, pues sabía que estaba perjudicando a Haru, fue interrumpido:
—La entrada a la Sala Común de Hufflepuff está protegida con… ¿una contraseña?—preguntó Haru.
La reacción de Zaki y Makoto fue parecida, aunque ella se recompuso primero. Makoto solo se quedó con su expresión sorprendida inicial, sus labios entreabiertos y sus cejas levemente levantadas, mientras Zaki le explicaba a Haru los secretos de la melodía de Helga Hufflepuff. Prometió su ayuda para que Haruka lograra colarse; sin embargo, pensó que sería imposible, a menos que ellos compartieran su secreto para hacer invisible a Makoto en Ravenclaw, dado que la Sala Común estaba abarrotada de gente.
—¿Cómo se las ingenian para que Makoto atraviese la Sala Común de Ravenclaw?—preguntó ella.
—Hemos topado con suerte—murmuró Makoto, para no decir que los estudiantes que lo habían visto, o no lo reconocían o se hacían de la vista gorda.
—Crea una distracción—Pidió Haru, apremiante, pues tenía sueño.
—Lo dices como si solo debiera hacer un acto de magia—Se quejó ella, pero aceptó.
Los estudiantes de Hufflepuff, por lo general, tenían un aire ligero y llevadero: organizar la partida más grande de Gobstones ocurrida en una Sala Común no le costó trabajo a Zaki. Así que mientras las cartas explotaban y los equipos se alentaban, Haru atravesó la Sala Común, hasta el umbral de una puerta redonda.
—Mi cama es la primera—Le contó Makoto. A diferencia de la de Haru, que era la última.
No había nadie en la habitación, así que se movieron con tranquilidad.
—No puedes dormir con tu traje de natación, Haru-chan—murmuró Makoto, cuando ya ambos estaban listos. La camisa de Makoto en Haru se resbalaba por uno de sus hombros y su traje de baño azulado contrastaba con las sábanas doradas.
Haruka no se molestó en contestar, sino que se acostó en la cama, y de pronto se sintió bien. Tras él, Makoto soltó una risita, mientras acomodaba los doseles para ocultarlos.
—No sé cómo lograremos dormir con esas explosiones—murmuró mientras se acomodaba en su lado.
—Estamos demasiado cansados.
Como siempre, Makoto trató de no moverse mucho, mientras en sus ojos brillaba la preocupación que trataba de evitar con el resto de su expresivo rostro. Sabía que apenas se durmuera, empezarían sus pesadillas y aunque la presencia de Haruka le reconfortaba había alcanzado a escuchar una conversación entre Rin y Nagisa sobre la debilidad física de Haru los últimos días. Realmente, no quería perjudicarlo con sus problemas, pero no sabía cómo renunciar a su presencia.
Los pensamientos de Haruka eran mucho más calmos. Se sentía plenamente consciente de la comodidad de la cama de Makoto: cálida y mullida. Sus ojos se cerraban con pesadez, pero quería asegurarse de que Makoto conciliara el sueño antes de rendirse él.
—Makoto—dijo suavemente—. En mis sueños, hay un pez, que nada, como si estuviera volando. Lo sigo por las habitaciones de la casa de la abuela, pero el pez nunca entra a su dormitorio.
Makoto cerró los ojos, Haruka pensó que no recibiría respuesta, aunque tampoco esperaba, pero antes de dormirse alcanzó a escuchar un susurro:
—En mis sueños también hay un pez.
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Antes del partido entre Hufflepuff y Gryffindor, primera vez que Makoto y Nagisa se enfrentarían, Ikuya Kirishima hizo una importante averiguación.
Notó que Nagisa bajaba a desayunar temprano, y cuando Haruka se dio cuenta, ya Ikuya lo había hablado con Makoto y, por tanto, el misterio estaba resuelto. Nagisa le había pedido entrenamiento a Rin, por lo que ambos salían juntos a correr por las mañanas. La noticia interesó en sobremanera a Zaki y a Ikuya, pensaban que podrían mejorar su resistencia si entrenaban más, y Gou encontró una excusa perfecta para compartir más tiempo con su hermano, por lo que consultaron si también podían acompañarlos.
Sin darle muchas vueltas al asunto, al día siguiente, a una hora temprana, se encontraron los siete para correr, como si fueran el equipo de Rin.
Salir a correr con Rin provocó dos situaciones, cuyas consecuencias se desarrollarían por años y que tardarían años en comprenderlas.
En primer lugar, las personalidades de cada uno no resultaban en las mejores combinaciones para una vida sin sobresaltos. Rin era competitivo; Makoto, complaciente; Nagisa, travieso; Ikuya, resentido; Gou, apasionada y Haruka, despreocupado. Zaki no tenía mucha voz en el asunto, y usualmente se daba cuenta del problema, muy tarde.
Corrían haciendo escándalo, inclusive en los pasillos del Colegio que llevaban a los patios, lo cual molestaba a otros estudiantes, cuyas actividades matutinas se veían perturbadas.
En una ocasión, un grupo de estudiantes de último año de Ravenclaw los increparon por interrumpir su meditación, y sus palabras fueron tan rudas que por poco hacen llorar a Nagisa.
Dado que todos jugaban Quidditch incorporaron en sus carreras una Quaffle y, en un descuido, quebraron un búho de cristal que estudiantes de Slytherin habían hecho como proyecto en su curso de Transformaciones. En el momento, no le dieron importancia; sin embargo, Rin fue acorralado en uno de los baños y se requirió la participación del Jefe de la Casa de Slytherin y una amonestación para solucionar el problema.
En las afueras del Castillo, no corrían con mejor suerte. En una ocasión, se acercaron en demasía al Sauce Boxeador y fue Makoto quien recibió todos los golpes, por rescatar a Rin y a Haruka, quienes hicieron una ridícula competencia sobre recibir más ramazos, valga decir que Makoto los superó, y la tonta competencia terminó en una visita a la enfermería. Las visitas a la enfermería de pronto se hicieron frecuentes, como la vez que Haruka se enfermó por lanzarse al lago, después de una jornada larga de ejercicio, o cuando corrieron cerca de una ladera y Zaki y Rin resbalaron.
Como su energía era mucha y cada día mejoraba su resistencia, sus carreras empezaron a ser más largas, acercándose cada vez más al lindero con el Bosque Prohibido.
El Guardabosques fue quien dio la voz de alerta, después de verlos merodear entre algunos árboles considerados no peligrosos, pero que horrorizaban a Makoto.
La Directora los citó en su despacho; sin bajarles puntos, les dijo que no era usual que los estudiantes practicaran deporte por su cuenta; siendo que existía el Quidditch y que todos los presentes eran miembros de un equipo de Quidditch, así que no podía entender por qué tenían mes y medio de salir juntos a correr, cuatro veces a la semana.
El parecido de Gou con Rin hizo a la mujer confundirse y creer que la niña era parte de un equipo, de haber reconocido que Gou solo quería estar con su hermano, habría utilizado otras palabras para expresar su preocupación sobre el ejercicio excesivo. Sin embargo, esas palabras calaron en Gou, cuya reciente vida muggle le permitía identificar la diferencia entre los magos y los muggles: los magos no practicaban tantos deportes.
Gou se encargó de llevar esta situación a cada esquina del colegio: y se atrevió a decir que la Directora solo se preocupaba por el ejercicio que pudieran recibir los estudiantes que eran miembros de los equipos de Quidditch; dejando los temas de educación física de los demás estudiantes sin atención. Recalcó que la Directora ni siquiera conocía los métodos de entrenamiento utilizados en las prácticas del Quidditch, de tal modo que la educación física de los estudiantes quedaba en manos de otros estudiantes, no a cargo de profesionales.
La idea caló, especialmente, en aquellos nacidos de muggles que en su escuela primaria habían participado en diferentes clubes, y de pronto, chicos como Makoto, hablaban del club de remo, de artes marciales, de baloncesto.
El estudiantado empezó a movilizarse y se hicieron grupos, cansados de los deportes con escobas, que promovían unirse a clubes: unos interesados en actividades muggles como el fútbol; los interesados en demostraciones mágicas propiciaban los clubes de duelo.
La presión de los estudiantes por la práctica de deportes que no fuera el Quidditch, dio vía libre para su entrenamiento matutino y otras actividades, al punto que en los días soleados, daban clases de natación en el lago. Rin hizo un esfuerzo enorme por enseñarle a sus amigos, sin embargo, no lo logró con su hermana, quien prefería quedarse con Makoto en la orilla.
Valga destacar que el permiso para ejercitarse solo fue un detonante para mal comportamiento.
Nagisa encontró que había una trampilla entre las raíces del Sauce Boxeador y dos veces intentó acercarse, con resultados fatales. Ante sus fracasos, buscó la cooperación de sus amigos.
Contagió a Haruka y a Rin con la idea de averiguar lo que ocultaba el Sauce Boxeador. Los dos encontraron una forma para resolver las rencillas que traían por el Quidditch, así que recibían cada golpe de las ramas con mucho aplomo y orgullo, esforzándose por superar al otro.
Makoto trató de bajar los ánimos y promover un trabajo en equipo para averiguar si el Sauce escondía algo. Planteó empezar la investigación por la Biblioteca y dejar las inspecciones de campo para cuando supieran cómo evitar que se moviera.
Sin embargo, Haruka lo obligó a cooperar con él para averiguar primero; Rin compelió a su hermana. Zaki ayudó a Makoto y Haruka, mientras que Ikuya le planteó ideas a Rin.
La opción de Makoto era que él serviría de escudo humano para que Haruka pudiera acercarse. Zaki se rehúso a permitir que Makoto perjudicara su condición física, por esa estupidez; logró que renunciaran a ese plan después de alegar que si volvía a lastimarse, no podría jugar Quidditch.
Y así el equipo de Haruka se quedó sin ideas.
No había muchas buenas ideas en el equipo de Rin, sin embargo, Rin visitaba la Biblioteca. En algún libro sobre Hogwarts encontraría la respuesta; así que mientras él e Ikuya buscaban, Gou se entretuvo hablando con uno de sus compañeros de curso, y casualmente así fue cómo Rin le ganó a Haruka, y para disfrute de Nagisa, obtuvieron la solución al misterio de la entrada bajo las raíces del Sauce Boxeador.
El niño era de Ravenclaw, compañero de curso de Gou, a quien Ikuya había visto poco en su Sala Común; el niño se interesó por lo que buscaba Rin tan impacientemente y aunque Rin no quiso perder el tiempo hablándole, Gou le comentó que necesitaban acercarse a algo, pero que no podían acercarse. Rei, era su nombre, dijo que eso era tan sencillo como utilizar la herramienta adecuada y el cálculo correcto.
La próxima vez que se reunieron, con la ayuda de un palo, Rin domó al Sauce Boxeador, haciendo presión en un nudo en sus raíces.
Por las prisas y la luz del día, se dedicaron a jugar entre las ramas calmas del Sauce; mientras planeaban una escapada nocturna.
La escapada no salió bien.
El plan era encontrarse a media noche en las puertas del Gran Salón. Zaki, Makoto y Rin saldrían de últimos, considerando que eran los que estaban en las primeras plantas. Sin embargo, Nagisa, Ikuya, Gou y Haruka no pudieron llegar al punto de encuentro.
A media noche, piedras azules y rojas desaparecieron de sus relojes en el Primer Piso, y así fue como se dieron cuenta de que sus amigos fueron descubiertos. No les quedaba nada más que volver a sus Salas Comunes.
Este fracaso provocó la segunda importante consecuencias de las salidas a correr.
Rin sugirió volver a sus Salas Comunes solo porque sabía que Makoto se largaría a buscar a Haruka, sin importarle el castigo, si no se aseguraba de que entrara a su Sala Común, para lo cual confiaba en Zaki. Sin embargo, Rin averiguaría lo qué había pasado.
Y estuvo a punto de hacerlo, si no fuera porque Sousuke lo detuvo.
Sousuke, quien lo había seguido y era la primera vez que salía de su Sala Común después del toque de queda, le increpó sus acciones ese año. Si estaba loco, por qué se exponía a tantos peligros, por qué seguía a todas partes a Nanase, si quería que lo expulsaran del colegio; y la discusión se volvió violenta, al punto, que juraron no volver a hablarse.
Con todo el resentimiento que podía cargar sobre aquel que llamaba su mejor amigo, Rin se fue a buscar a Haru, sin importarle nada de lo que Sousuke pensara, deseoso de hacer lo contrario a lo que Sousuke le pedía, ansioso por demostrarle que conquistaría el mundo sin él. Y su furia era tal que para el conserje no fue difícil hallarlo, y sobre él también cayó castigo.
Sin el apoyo de Sousuke en Slytherin y con otro castigo sobre sus espaldas, las oportunidades de Rin en el equipo de Quidditch empezaron a decaer. Rin no tenía la lealtad de los demás ni la habilidad física que Mikoshiba esperaba, cuando debiera asignar al próximo Capitán, ni siquiera cuando debiera elegir a los jugadores para cada partido. Rin no jugó en el partido contra Hufflepuff, el último de la liga, pero eso no afectó el gane de Slytherin.
Además, Nagisa, a solicitud de sus padres, debió acudir a tutorías, y la Directora aprovechó la oportunidad para crear un castigo ejemplificante para Rin, y lo instruyó para que diese clases extra a Nagisa y a otros estudiantes que iban retrasados con algunos hechizos sencillos.
Se reunían en uno de los patios internos y Rin, con gran habilidad, les señalaba los errores que cometían y les daba consejos para memorizar el movimiento de varita.
En una ocasión, Rin los ayudaba con la transformación de un ratón en unas zapatillas, un hechizo básico para estudiantes de segundo año. El grupo se reía de los intentos por mejorar en la clase de Transformaciones. Haruka se acercó, porque vio que Nagisa y Makoto estaban, junto con otros estudiantes de segundo año de Gryffindor y Hufflepuff.
—Convertir un animal vivo en un objeto es tan horrible—Se quejaba Makoto, comentario frecuente que le había acarreado la pérdida de puntos y miradas exasperadas por parte de su profesor.
—¿A caso prefieres practicar con ratones muertos?
—¡Tus zapatillas parecían algo peor que ratones muertos!—Intervino otro, y los demás soltaron las risas.
—Eso es cierto. Me dieron mucho miedo.
—La profesora debió quitarte puntos.
Haruka reconoció la materia. El día anterior, en Transformaciones, lo habían practicado. Él no tuvo problema, y hasta recibió puntos por su impecable transformación. Sin embargo, muchos de sus compañeros tuvieron dificultades, así que no le extrañaba que Rin tratara de ayudarlos.
Se sentó junto a Makoto, que le abrió un espacio entre él y otro compañero, y vio que uno de los estudiantes de Gryffindor tenía un hámster en una pequeña jaula circular.
—¡Anda, Nagisa! Transforma a Mantequilla. Demuéstrale a Matsouka que sí puedes hacerlo.
Lo que Nagisa transformó hizo que una chica gritara.
—¡Es horrible! Da mucho miedo. Deshazlo.
—Lo siento, lo siento.
—Nos quitarán cientos de puntos cuando descubran que nadie puede ejecutar bien este hechizo—Se rio el compañero de Nagisa—. Oye, Nanase… ¿Sabes hacerlo?
Haruka pestañeó ante la pregunta del estudiante de Gryffindor, dueño de unas zapatillas con ojos y nariz, que Nagisa trataba de volver a su forma original.
—Haru lo hizo magnífico—respondió Makoto por él.
Haruka sacó su varita y pronunció el hechizo: el hámster se convirtió en un par de zapatillas blancas, de gran calidad. Rin notó que Haruka había usado su varita.
—Los hijos de magos siempre la tienen más fácil—dijeron los estudiantes de Gryffindor al ver los resultados del primer intento de Haruka.
—¿Crees que se pueda hacer al revés? —preguntó, de pronto un muy ilusionado Makoto—. ¿Convertir todos nuestros zapatos en gatitos?
—¡O en dulces!
—¿Quieres comerte unos zapatos, Hazuki? ¿Y si huelen mal?
—Las excepciones a las Leyes de la Transformación Elemental de Gamp no permiten ninguna de esas cosas—dijo Haruka, adelantándose sin querer a lo que Rin les diría.
Y se escuchó un generalizado "oh" de revelación, y por unos instantes fue contemplado como si de un profesor se tratase.
—De verdad, los hijos de magos siempre saben todo—exclamó el niño de Gryffindor—. Pero no saben qué es un celular.
—¿Qué es un celular?—preguntó Makoto, y de pronto surgió un debate enérgico entre estruendosos estudiantes de Gryffindor y Hufflepuff sobre artilugios muggles y mágicos, y Haruka, cuando intervenía, era la voz de la razón. Al cabo de unos minutos, Rin dio por terminada la clase y se fue sin esperar a nadie.
.O.O.o
La temporada de Quidditch terminó, y con pesar se dieron cuenta de que Haruka era el único que jugó con todos. No lo comentaron, pero por años habían esperado con muchas ansias ese segundo año, en el que tendrían la oportunidad de verse las caras en el campo de Quidditch, y ese año se iba: inclusive, ya pensaban en las pruebas de ingreso del próximo año.
Las prácticas extra no terminaron. Siguieron reuniéndose para correr, aunque ignoraban el tema del Sauce Boxeador. Nagisa se moría de la curiosidad, pero después del Vociferador que sus padres le enviaron por haber recibido otro castigo y de la falta de ánimo de Rin desde esa noche, por la paz del grupo de amigos no se mencionó el tema.
En el Banquete del último día de clases, supieron que Rin ya no sería parte del equipo de Quidditch.
Rin recibió la noticia desde temprano, sin embargo, fue hasta después de la cena que se atrevió a comentárselo a Makoto y a Haruka. La presencia de Makoto le reconfortaba, pues no quería demostrar su fracaso y debilidad delante de Haru, Makoto hacía que fuera más sencillo. Su sangre hervía cuando se daba cuenta de que los éxitos estaban al alcance de la mano de Haru, siempre, mientras que él debía enfrentarse a cada momento con otro inconveniente.
Rin observaba a Haruka, desde hacía mucho, desde la primera vez que lo vio en un Torneo de Natación. Inmediatamente, se había sentido atraído hacia él, como si Haruka fuera su destino, y pensaba que sin importar en cuál universo estuvieran, serían capaces de encontrarse.
Asistir a los Torneos de Natación para tener la oportunidad de verlo, otra vez, se convirtió en su sueño inmediato; y eso no era suficiente, al competir contra él, sentía una presencia en el agua, que lo impulsaba, que lo hacía desear alcanzarlo, y sabía que era una buena señal. Desde niño, el agua le tranquilizaba, al menos, cuando estaba cerca de una piscina o del mar, no sucedían cosas extrañas.
Averiguar la escuela a la que Haruka asistía y solicitar el traslado fue una de sus ideas más brillantes. La emoción que sentía al nadar contra él, también lo llenaba cuando se sentaban uno al lado del otro en clase; no le importaban que Haruka intentara alejarse, sabía que rompería el hielo, o que Makoto abriría la puerta.
En la primaria, Haruka sobresalía, y Rin sabía que Haruka brillaría en cualquier lugar en el que estuviera, porque era distinto a todas las demás personas que conocía: era habilidoso, era mágico.
Y, un día, descubrió que él también era mágico.
Sin embargo, lo que en Haruka era el viaje libre, rápido y fluido de la Snitch; en él, era la estrepitosa caída de una Quaffle que se escapaba de las manos de los Cazadores para estrellarse contra el suelo.
—No es definitivo—murmuró Makoto después de que Rin les contara que Mikoshiba había designado a un estudiante de sexto año como capitán y que este había dicho que lo quería fuera del equipo.
—Harán lo imposible para evitar que ingrese—Se quejó Rin, rendido, apoyado sin ganas en un muro camino a las escaleras que se mueven.
—Ya te han pedido que hagas cosas imposibles—apuntó Haru, pensativo.
El pesar en los hombros de Rin no era compartido por Haruka, quien no daría por perdido su campo en el equipo de Quidditch hasta que le quitaran el uniforme y la escoba.
Sin embargo, esas palabras no le supieron a esperanza a Rin, quien solo pensó que Haruka no se tomaba en serio sus problemas. Se enfadó con Haruka, por hacer un comentario tan a la ligera, por creer que en unas vacaciones el nuevo capitán cambiaría de parecer y lo dejaría en la posición de Guardián. Sin embargo, logró contener su enojo.
Había acudido a Haruka y a Makoto, porque estaba dolido, asustado y solo. Desde hacía más de dos meses, no hablaba con Sousuke y la expresión de Mikoshiba era de tal decepción que trataba de pasar el menor tiempo posible en la Sala Común de Slytherin, aunque personas como Nitori le reclamaran.
No sabía qué clase de apoyo existía entre Makoto y Haruka, pero en ese último día en Hogwarts, eso era lo que quería.
—Quisiera cambiarme de casa—dijo en voz baja, su frustración contenida en un deseo imposible.
Pero comprendido. Haruka también quería eso. Ahora que conocía la Sala Común de Hufflepuff, su interés por ser estudiante de Hufflepuff era más fuerte. La Casa de Hufflepuff solo tenía un inconveniente: la lejanía con el aula de Astronomía; todos los demás puntos importantes del Colegio estaban convenientemente más cerca de Hufflepuff que de las otras Salas Comunes; y en alguna ocasión que se atrevió a comentar eso con Makoto, este llegó a la conclusión de que Helga Hufflepuff había pensado en todos los detalles para hacer la vida de sus estudiantes más cómoda. Haruka estaba de acuerdo, considerando la calidez del diseño de su Sala Común.
Sin embargo, hasta una persona con habilidades sociales tan reducidas como Haruka sabía que ese no era el momento para consultar si era posible cambiar de Casa. Reconoció que la expresión de Makoto era muy seria, como si detrás de las palabras de Rin, pudiera ver algo más, sus verdaderas razones, una verdad que Rin no quería que descubrieran… y por eso Rin se encogió ante la mirada de Makoto.
—Rin... —murmuró Makoto, suavemente, consciente de la presión que sentía su amigo y dispuesto a ayudarlo a cargar esa cruz.
Haru reconoció el tono de voz: la preocupación, el dolor. Rin ya no pudo con las lágrimas, pero no se refugió en ninguno de ellos, sino que se encogió aun más... asegurándose de que si alguno se atrevía a dar un paso hacia él, él daría dos hacia atrás.
Entonces, Haruka también vio la verdad. Rin se sentía solo.
Rin había perdido a Sousuke.
Rin estaba a punto de perder su sueño.
Pero Rin no quería, bajo ninguna circunstancia, la lástima de Haruka. No soportaría la mirada enternecida y preocupada de Haruka dirigida hacia él; y se odiaba por haber mostrado debilidad delante de una persona como Makoto, que era perceptivo, y dada la condenada habilidad que había entre ellos para saber lo que pensaban, Haruka también lo descubrió.
De pronto, Rin empezó a alimentarse de las discusiones que había tenido con Sousuke. Sousuke no confiaba en él, lo trataba como si fuera un ser delicado, que debía ser constantemente vigilado, Sousuke se creía que tenía derecho sobre lo que su corazón quería y después de recordar como Sousuke le decía que un equipo solo lo ataría e impediría su crecimiento personal, vio el camino a seguir más claro que nunca.
—Vamos al Sauce Boxeador.
—¿Qué?
—Vamos al Sauce Boxeador. No podemos irnos de Hogwarts sin saber qué esconde.
La propuesta fue drástica y Makoto tardó unos segundos en decidir si se trataba de una broma o realmente pretendía que salieran el último día al Bosque para retomar el tema del peligroso Sauce Boxeador.
—Es de noche, Rin, no... no me parece buena idea.
—Si nos descubren, podrían castigarnos con quedarnos aquí—alegó Haruka, aunque ninguno precisó si era un punto a favor o en contra.
—Haru... No quiero quedarme aquí en vacaciones. Mis hermanos están en casa.
—No nos descubrirán—intervino Rin, con seguridad.
—Es de noche—repitió Makoto, y su voz tembló un poco.
Rin solo asintió, y cuando miró a Makoto había algo de dureza en su expresión.
—Si te da miedo, no vayas.
Makoto apretó los labios, acostumbrado a escuchar ese comentario de sus compañeros, pero nunca de sus amigos. Entonces, Haruka también reaccionó.
—Si Makoto no va, yo tampoco.
El comentario no le cayó bien a Rin, cuyos ojos volvieron a ensombrecerse.
—También eres un cobarde, Haru.
Haruka frunció el ceño, molesto. Nunca le había gustado que trataran de cobarde a Makoto, menos a él mismo.
—Iré, iré... No importa—dijo Makoto, rápidamente, y quizá más asustado que antes.
—A las diez, nos veremos en las puertas. Le diré a mi hermana—dijo Rin, sin mirarlos y se marchó hacia el Gran Comedor.
—No tenemos que ir—dijo Haru cuando Rin se fue.
—Está bien, Haru—le dijo Makoto sin mirarlo.
—Vamos a la torre—Decidió, y unos pasos más atrás, Makoto lo siguió, al principio cabizbajo y silencioso, sin embargo, rápidamente recompuso su ánimo habitual. De todos modos, Haruka usó las palabras mágicas para mejorarle el ánimo: estaba a muy pocas horas de alzar a sus hermanos pequeños.
El águila de la entrada les advirtió de lo irresponsable de su plan para esa noche.
—Hoy es la última noche en Hogwarts. Hufflepuff no pasará desadvertido.
En Ravenclaw, el primer y último día de clases eran agitados. La Ceremonia de Ingreso y las excentricidades de los estudiantes que no querían irse de Hogwarts acaparaba la mayoría de horas y atenciones, y decían que más de una vez, el Jefe de Casa había tenido que aparecerse para que se fueran a dormir.
Probablemente, sería imposible que Makoto pasara desapercibido. Sin embargo, Haruka no se movió, así que el águila hizo lo que mejor sabía:
—¿Qué sucede cuando tiras demasiado de la cuerda?
Makoto abrió la boca para responder, pero Haruka lo tomó del brazo y lo jaló para que se fueran. En media escalinata de piedra, Makoto le pidió una explicación y, aprovechando su superioridad física, que Haruka constantemente olvidaba porque Makoto nunca se aprovechaba de su fuerza, dejó de moverse y, por ende, Haru casi resbala.
—Pasaremos el rato en otro lugar—respondió, pensativo.
—¿Dónde?
—En otro lugar.
—Haru. A donde sea que vayamos, necesitaré abrigo.
Haruka suspiró como si estuviera lidiando con alguna estupidez, Makoto sonrió triunfador y lo esperó en el pasillo, mientras Haru iba por sus abrigos: un suéter que Makoto había dejado para las noches muy frías, Haruka había dicho que no era necesario, pero Makoto sabía que era una precaución válida.
Aprovechando que la señora Norris le gustaba ser acariciada por Makoto, entre pasillos y aulas vacías, pasaron las últimas horas hasta que llegó el momento de ir al punto de reunión.
Haruka sabía que los gatos tenían un efecto extraño en Makoto, quien siempre que se encontraba uno hacía hasta lo imposible por acercarse y no dejarlo ir; sin embargo, conocía lo suficientemente bien a Makoto para saber que estaba atrasando más de lo necesario la despedida con el gato. Así que lo apuró.
—Los demás se pondrán nerviosos, si no llegamos puntuales.
Makoto arrugó levemente la nariz. También conocía a Haruka, y sabía que no le importaba ser puntual, pero mostrarle como su conducta podría perjudicar a los demás era la mejor opción para obligarlo a moverse.
Cuando hizo contacto visual con Haruka, confirmó que ambos pensaban lo mismo: Conocerse tan bien como se conocían, significaba que sabían, mejor que nadie, como manipularse.
Makoto no quería ir, no quería salir del Castillo a media noche, para ir a caminar a las cercanías del Bosque Prohibido. Sinceramente, agradecía que el tema del Sauce Boxeador quedara olvidado, él no sentía ninguna curiosidad y si alguien había pensado que esa entrada debía ser custodiada por un Sauce Boxeador, era porque lo que ahí había no debía ser encontrado, menos por estudiantes de doce o trece años. La pobre de Gou tenía once años.
Reconocía que Rin, y hasta Nagisa, le daban importancia a esa aventura; pero no podía entender por qué. No tenían ni idea a lo que podrían enfrentarse, como si ya de por sí el Sauce Boxeador no fuera suficiente.
—Makoto—Lo llamó Haruka, advirtiéndole que apresurara el paso.
Y conteniendo un suspiro de resignación, caminó hacia las sombras de sus amigos, tras un pilar. Les sorprendió encontrar también a Nagisa, Zaki e Ikuya.
—Te estuve buscando—Le dijo Ikuya a Haruka, quien solo respondió con un movimiento de cabeza, que como era usual, no decía nada, y Makoto que solía interpretar las respuestas, guardó silencio.
El comentario de Ikuya atrajo la atención de Nagisa y Rin.
—¿No estabas en tu Sala Común, Haru-chan?—preguntó Nagisa, pero Gou le pidió que hiciera silencio, así que tampoco hubo respuesta.
—¿Estás seguro?—preguntó, con voz fuerte, Rin a Makoto, sin que le importara que el timbre de su voz atrajera la atención de alguien.
Makoto se sorprendió y se sintió incómodo ante el escrutinio de Rin, pues inmediatamente, los demás se preocuparon por él. Todos sabían que la oscuridad le daba miedo.
—Sí, sí—Asintió, no tan fuerte como esperaba, pero suficiente para Rin, no así para Zaki o Nagisa.
—Podemos ir de la mano, Mako-chan—Le susurró Nagisa, con una gran sonrisa, que hizo ruborizar hasta a Ikuya.
Salir del Castillo no fue difícil, pues en otra de sus prácticas habían descubierto que tras la Estatua de Juana de Arco, en el ala este, había un pasadizo que llevaba al área de práctica de las clases de vuelo.
Mientras caminaban bajo las estrellas y con la guía de las varitas de Rin e Ikuya, Haruka se preguntó si los demás sentían la tensión que expedían los cuerpos de Rin y Makoto. Conformaban un grupo extraño, que se movilizaba despacio y despreocupado, como si Rin no estuviera tratando de probarse algo a sí mismo y Makoto no estuviera luchando contra el impulso de desmayarse.
La tensión era tan obvia que, de pronto, a Haruka le enfadó que nadie más lo notara; inclusive, Nagisa ya había soltado la mano de Makoto.
El Sauce Boxeador se mecía tranquilamente, permitiendo que la brisa nocturna le arrullara. Por un instante, el ánimo de todos se tranquilizó ante la maravillosa vista que ofrecía. Hasta olvidaron que habían salido sin permiso y sin un destino específico.
Haruka sonrió ante la expresión embelesada de Makoto. Secretamente, atesoraba esas ocasiones, en las que Makoto olvidaba por completo el miedo gracias a su habilidad de ver la bondad de cuanto lo rodeaba. Sin embargo, los minutos que tardaron Zaki, Ikuya y Nagisa en encontrar un palo hicieron resurgir el nerviosismo. Ahora también de Gou.
Rin perdió de vista a Nagisa y los demás, quienes se habían acercado al Bosque Prohibido, y dejó a su hermana al lado de Makoto. Haruka quiso seguir a Rin, pero no podía. En el camino, Rin lo miraba de reojo constantemente, y cada vez que sus ojos se cruzaban sentía algo en su estómago: como si Rin quisiera hablarle, darle un mensaje… acercarse se volvía algo más que una idea, era una necesidad. Pero Makoto apretaba con tanta fuerza su suéter, que no podía alejarse de él.
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¡Gracias por leer!
La vida de Rin es una montaña rusa. ¿Qué aventura les espera ahora? Estoy muy emocionada por el montón de personajes que estoy usando, y pronto vendrán más.
Quisiera agradecer enormemente a Kitzu Shiro, skyblue-san y Sayuki Yukimura por sus reviews en el capítulo anterior. Se ganaron boletos para el primer juego en el Mundial del Quidditch, que sucederá en el próximo capítulo :)
nox!
