~N/A: ¡Hola! Traigo nuevo capítulo con un ligero cambio en el rumbo habitual: está enteramente dedicado a Pansy. Pensaréis "¿Para qué?"; bueno, ahora no puedo desvelar nada, pero Pansy estará presente en varias partes importantes de la historia, así que merecía que le diera el protagonismo que merece. Los buenos personajes se construyen poco a poco y hace falta ver las pequeñas cosas para entender las futuras decisiones.
Agradecimientos a 00Monty00, LyraDarcyFoy, artemisvan89, hadramine, Sam Wallflower, Alice1420, Susee, LuNaChocoO, Effy0Stonem, LidiaaIsabel, Pao-SasuUchiha, MonseMiles, johanna, Cris James y Sally ElizabethHR por sus reviews. N/A~
Para AliciaBlackM.
EPITAFIO A UNA MENTIRA
xii. El valor no es la ausencia del miedo, más bien es la opinión de que otra cosa es mucho más importante que el miedo. (Ambrose Redmoon)
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10 de marzo de 2006
Pansy remueve el té con la cucharilla, da dos golpecitos en el borde de la taza y la deja a un lado del platillo. Mira a Astoria, frente a ella, parloteando sobre la ropa que se compró el otro día. En realidad, no la está escuchando; hace mucho que se pregunta por qué sigue accediendo a aquellas reuniones absurdas. Un poco de charla trascendental está bien de vez en cuando, y le encantaban las reuniones de chicas cuando iba a la escuela, pero ha pasado mucho tiempo desde Hogwarts, y ella ya no es la misma.
Parece que no puede decir lo mismo de Astoria.
―¡Pansy! ―exclama la chica―. ¿Me estás escuchando?
La aludida centra sus ojos verdes en ella.
―No. ―Tiene costumbre a decir lo primero que le pasa por la cabeza. Ya la han avisado en varias ocasiones de que esa lengua suelta que tiene le causará problemas―. Lo siento ―agrega.
Astoria le resta gravedad con un ademán de mano.
―Lo importante es que ahora sí que me escuchas ―le dice. Se inclina hacia delante y alarga una mano hasta coger la de Pansy―. Tengo que contarte una cosa.
Pansy enarca una ceja. Duda mucho que Astoria tenga nada que contarle que pueda resultarle interesante, pero decide darle el beneficio de la duda.
―¿El qué?
Astoria se relame antes de que sus labios perfectamente pintados se abran para hablar.
―El sábado me acosté con Draco.
Vale, eso sí que ha conseguido sorprenderla.
―Con Draco. Mi Draco. ―No sabe cómo su mejor amigo ha llegado a la conclusión de que tirarse a Astoria es buena idea, pero piensa averiguarlo en cuanto salga por la puerta de la puta cafetería.
―No es tu Draco ―responde ella, poniendo los ojos en blanco. Pansy puede ver una pizca de celos en su mirada: es del tipo de mujeres que no concibe que dos personas del sexo opuesto puedan tener una relación sin follar.
―Bueno, técnicamente tampoco es tuyo ―señala.
Astoria se encoge de hombros y esboza una sonrisa enigmática.
―Pues vamos a vernos de nuevo la semana que viene.
―Merlín… ―Pansy se lleva dos dedos al puente de la nariz. Esa chica tiene veinticuatro años, pero se comporta como si tuviera dieciséis―. Relájate, no es como si fuera a dejar a su mujer por ti.
El semblante de Astoria se vuelve hielo de repente.
―Pues Bill lo hizo por ti ―responde.
Aquello ha sido un golpe bajo, y ambas lo saben. Aun así, Pansy no está en posición de dar lecciones morales a nadie, así que se limita a dar un sorbo a su té.
―Draco no es como William ―dice cuando termina de beber―. En cuanto se canse de ti, te dejará. Y si te he visto, no me acuerdo. ―Pansy habla así de Draco porque lo conoce mejor que nadie. Su amigo es egoísta, cruel y pragmático―. No te hagas muchas ilusiones.
Astoria suelta un ruidito sarcástico.
―Ya veremos. Nada dura para siempre.
—Precisamente —conviene Pansy.
9 de junio de 2007
Pansy oye abrirse la puerta de casa y se guarda el objeto que había estado observando en el bolsillo trasero de los pantalones.
―¿Pansy? ―Bill se cruza con su esposa cuando esta sale del baño y la mira con extrañeza―. ¿Estás bien? ―pregunta antes de darle un beso. Sus besos siguen siendo como los de los recién enamorados, un poco más largos, con un poco más de sentimiento que los que se dan las parejas víctimas de la monotonía.
―Sí, sí. Hoy he salido un poco antes del trabajo porque no me sentía muy bien, pero ya se me ha pasado ―miente. Esboza una de sus sonrisas pícaras para disimular―. Ser hija de uno de los dueños del banco tiene sus ventajas. ¿Cómo está tu madre?
Desviar la atención de ella misma se le ha dado bien desde que tenía que fingir que era feliz con su vida. Toda su adolescencia, básicamente.
Bill suspira antes de entrar en la cocina y dejar la cena que ha comprado encima de la encimera.
―Como ayer ―dice escuetamente.
Pansy se apoya en la mesa con la uña del pulgar entre los dientes, pensativa. Molly lleva sin levantar cabeza desde que Ron desapareció. De eso han pasado dos semanas, y no tener noticias de él, sumado a la incógnita de por qué Ron ha hecho lo que ha hecho, ha mellado la paz de esa familia.
―Tal vez, si pudiera verlo… ―sugiere Pansy, observando a Bill apartarse el pelo de la cara mientras saca sendas cajas de comida de la bolsa y sirve la pasta en platos hondos.
Bill se giró a mirarla brevemente con el ceño fruncido. Normalmente era un hombre tan despreocupado que Pansy todavía no se había acostumbrado a verlo así.
―Ya sabes que, aunque supiéramos dónde está Ron, no podríamos hacer nada. Sería demasiado peligroso.
Pansy frunce los labios y se aproxima a la encimera. Coge un par de vasos y cubiertos y los lleva a la mesa. El cristal choca contra la madera cuando lo deja todo encima con una fuerza ligeramente excesiva.
Intuye, si no sabe, que su marido le está ocultando información y no quiere confiársela porque sospecha que los están espiando. Pansy no cree que los Aurores usen medios tan dudosos, pero no ha logrado convencerlo de que le revele la localización de Ron. Tampoco puede reprochárselo, porque, aunque se hayan casado, ella sigue sin formar parte de la familia.
El matrimonio de Bill y Fleur ya hacía aguas cuando Pansy se propuso hacer algo útil con su vida y empezó a trabajar en Gringotts. Allí ella y Bill se conocieron, empezaron una relación parecida a la amistad pero que no llegaba a serlo y, casi sin darse cuenta, se habían acostado.
Bill le pidió el divorcio a su esposa un día después.
Nadie de la familia se lo tomó muy bien. Al fin y al cabo, Bill y Fleur se habían enamorado en el peor de los tiempos, habían luchado en una guerra juntos, tenían una hija en común. A Fleur no le hizo gracia saber que su marido la había engañado con otra y los había maldecido a ambos mil veces. Había hecho las maletas y, a la semana, ya se había mudado a Francia con la pequeña Victoire. Molly, que se había encandilado de su nuera y de su preciosa nieta, nunca le perdonó a Pansy que deshiciera el matrimonio de su hijo. De nada servía que le explicaran que era Bill y no ella quien tenía un compromiso de fidelidad y había decidido voluntariamente romperlo.
A Bill le había pesado mucho haber engañado a su mujer y lamentaba todos los días no tener a su hija cerca, pero también se había enamorado de Pansy ―una sorpresa todavía a esas alturas, si se le preguntara― así que se casaron el año anterior.
―Lo siento, florecilla ―dice Bill, abrazando a Pansy por la cintura.
Ella pone los ojos en blanco y le da un codazo en las costillas, tras lo que él se aparta con una sonrisa adolorida.
―No me gusta que me llames así ―refunfuña ella, sentándose a la mesa y fulminándolo con la mirada.
―Lo sé ―repone él, sonriendo. Las cicatrices que tiene en el rostro no han hecho más que acrecentar su atractivo descuidado―. Por eso lo hago.
―Eres horrible, William.
Empiezan a cenar en silencio. El palo que Pansy se había guardado en el bolsillo trasero le molesta, así que se lleva una mano allí, sin darse cuenta de sus actos, y lo saca. Se detiene, paralizada por lo que había estado a punto de hacer, pero suspira. ¿Cuánto tiempo puede mantenerlo en secreto antes de que sea demasiado evidente?
―Bill ―su marido levanta los ojos azules del plato de pasta para mirarla―, estoy embarazada.
Bill está a punto de atragantarse con los macarrones y tiene que toser varias veces antes de que su respiración vuelva a la normalidad. Pansy observa la reacción con diversión y cierta preocupación; no le gustaría quedarse viuda justo ahora.
―¿¡De verdad!? ―pregunta, mirándola con los ojos como platos y la cara roja por el atragantamiento.
Pansy enarca una ceja, fiel a su habitual carácter afilado.
―Que yo sepa, no es el Día de los Inocentes ―señala.
Bill se levanta y la obliga a levantarla para estrecharla con fuerza entre sus brazos. Pansy había pretendido permanecer serena, pero la risa de él es contagiosa. Cuando por fin la suelta, ella se lleva una mano a la frente, mareada por tantas vueltas.
―¿¡Por qué no me lo habías contado antes!? ―Bill apoya sus grandes manos en los hombros delgados de Pansy y la mira a los ojos, trasmitiendo tal nivel de felicidad que ahora se siente tonta por haber tenido sus reservas.
―Con todo lo que está pasando… ―Se muerde el labio, dejando caer la sonrisa.
Bill suspira e, imitando el gesto de Pansy, se yergue en toda su envergadura. Pansy ama que sea una cabeza más alto que ella, así puede apoyar la cabeza en su pecho y sentirse cobijada por sus brazos.
―Nos merecemos un poco de felicidad, Pansy ―dice, estrechándola en sus brazos con más fuerza―. Será nuestro secreto, de momento.
Ella asiente y cierra los ojos. Relaja sus facciones tensas; por un rato, puede dejarse llevar.
―Nuestro pequeño pedacito de felicidad ―murmura, sonriendo. Es la primera vez que sonríe desde que sabe que está esperando un hijo de Bill.
Su hijo, piensa.
Y se promete que no permitirá que nada malo le pase. No permitirá que nada ni nadie la haga sentir culpable por la vida que crece en su interior. Y desde luego, nadie le hará daño.
~N/A: La pareja formada por Bill y Pansy es de esas que no sabes que necesitabas en tu vida hasta que la descubres y dices POR QUÉ NO SABÍA YO ESTO ANTES. Gracias a mi querida esposa por quitarme la venda de los ojos. Además, creo que combinan muy bien: a Pansy le pega estar con un hombre más mayor y más centrado. Y guapo, porque Bill tiene que estar más bueno que tener aire acondicionado en agosto.
Bueno, callo ya, que empiezo a liarme. Veremos a Pansy dentro de muy poco y tendrá un papel crucial en la trama. Es todo lo que puedo decir por el momento. N/A~
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MrsDarfoy
