-Oh, uhm, hola, Flowey -saludaste, alzando una mano levemente. La planta te miró con mucha cautela, observando cada parte de ti. Te hacía sentir demasiado incómoda, la verdad.
-No eres Frisk -espetó. No era una pregunta, si no una afirmación.
-Soy su hermana. ****. Un placer -Frisk te contó que era muy borde e insultante, pero en el fondo era buena persona. Cuando hablaba de él siempre tenía un semblante melancólico, le echaba de menos.
-Ah. -Solo dijo eso, el ambiente se llenó de silencio. Mientras él no hablaba, seguías analizando el lugar, identificando el camino que tenías que recorrer para llegar a la casa de tu madre- ¿Qué haces aquí?
-Uhm, quería... Quería ver Underground por mis propios ojos -Dijiste, en realidad no habías pensado en que podrías encontrarte a alguien, por tanto no tenías nada preparado, ninguna escusa, nada. Solo te quedaba ser honesta o decir medias verdades.
-Pero a este lugar nadie quiere volver, desde hace meses... -Murmuró, pero la siguiente frase la formuló alzando cada vez más la voz- Y ahora tú estás aquí... Puedo entretenerme... ¡Matándote-
-¿Te sientes solo? -Para evitar que te hiciese algo alzaste la voz preguntando eso. Se detuvo completamente, algunas raíces estaban acercándose a ti con rapidez pero se detuvieron. No se esperaba esa pregunta- ¿Quieres venir conmigo?
-Dónde -su tono era cortante y amenazante, le sonreíste. No te apetecía hacerlo porque en teoría estabas ahí para despejarte unos días, realmente odiabas esta situación, mas si no actuabas con cautela, tu huida sería para siempre.
-Por aquí, por Underground. Ya sabes. ¿Ser mi guía turístico? -Entrecerró los ojos, dudando demasiado de ti.
-Como tú quieras, tal vez sea divertido antes de matarte. Hace tiempo que no disfruto de la compañía molesta de alguien. -Dijo- ¿Pero cómo vas a sacar a una planta clavada en el suelo, tía lista?
Miraste a tus alrededores, y alzando un dedo en su dirección, empezaste a cruzar por las ruinas, buscando algo para la estúpida planta.
El camino era demasiado oscuro, e ibas palpando la pared para saber por dónde ibas y no chocarte con nada. Al poco te encontraste con algunas hiedras y flores plantadas, estaban en muy buen estado; supusiste que era cosa de la magia ya que esa planta borde seguro que no es lo suficiente compasiva como para cuidar de ellas. Oh, qué equivocada estabas. Agarraste una maceta que estaba al lado de unas escaleras curvas y volviste sobre tus pasos para buscar a Flowey, quien miraba desde la cama de flores amarillas el agujero del techo.
-Anda, volviste -se giró al escuchar tus pasos- Estúpida decisión por tu parte.
Frunciste el ceño pero no dijiste nada. Dejaste la maceta a su lado, y ella sola dio un salto colocándose en el recipiente de cerámica, la ayudaste a meter tierra dentro.
-No iba a dejar a un amigo atrás -dijiste eso mientras acomodabas la tierra en él, suspirando tras haber acabado. Tenías las manos machadas de tierra, así que las sacudiste a un lado- ¿Cómodo?
Flowey solo asintió. Agarraste la maceta con la planta malhablada en ella y te dirigiste de nuevo a las ruinas. Su peso era ligero, pero al mismo tiempo se hacía notar. Iba a ser algo molesto llevarlo por todo Underground.
-Las ruinas. Antiguo hogar de esa mujer. -Anda, realmente estaba haciendo de guía turístico, qué amable por su parte. Asentiste, aunque no te gustaba cómo hablaba de Toriel.
-Ahora ella es mi madre -le diste tal indirecta para que aguantase los malos gestos y las maldiciones que decía por lo bajo.
Estaba lleno de puzzles, tal y como te contó Frisk. Cuando llegaste a un puente con agua debajo, aprovechaste para llenar a Flowey de agua y lavarte las manos. De paso para beber un poco. El agua fría con magia llenó tu espíritu de fuerzas, y seguiste adelante. El camino era largo, te tomó casi 20 minutos hasta que llegaste a una casa sumida en la oscuridad, hiedra y suciedad, pintada de morado pero por dentro de amarillo. Realmente te gustaba aquel lugar, era ese tipo de sitios descuidados que tenían su encanto por el hecho de estar algo destrozados. Daba una ligera sensación de melancolía.
"Es esta", pensaste mientras entrabas. Estaba completamente a oscuras, y tuviste que quedarte unos segundos quieta, para que tus ojos se acostumbrasen a la oscuridad. Había muchísimo silencio, y se notaba que nadie estaba ahí desde hace tiempo. La suciedad y el silencio eran los únicos que te hacían compañía ahí, dejando a Flowey aparte. Empezaste a explorar la casa. La entrada con sus escaleras al sótano, el salón, la cocina, y dos baños; Frisk no se había equivocado en su descripción. Cuando diste por terminada tu exploración dejaste a la planta en la encimera de la cocina mientras buscabas comida o agua para limpiarte, pero no había nada.
-No sé qué esperabas encontrar aquí si está abandonado -Flowey confirmó tus pensamientos. Habían cortado la luz y el agua cuando se fueron. La magia había desaparecido de esa zona, al parecer.
-Por probar no pasa nada.
Acariciaste un pétalo de la planta, lo cual le pareció asqueroso y te azotó con una de sus hojas. Agarraste la maceta para dejarla en el suelo del salón. Frente un sillón había una chimenea, una idea se cruzó por tu mente. Ibas a buscar leña cuando no encontraste nada, sin embargo te fijaste que dentro de la chimenea había aún leña, medio quemada, pero servía.
Cogiste dos piedras de afuera y empezaste a azotarlas frente la chimenea, Flowey te miraba como si fueras estúpida.
-¿Qué rayos hac- su voz se cortó cuando vio que unas chispas se posaron sobre la leña y esta empezó a emitir humo. Agarraste un libro de una estantería (aunque había máximo 4, los que no le interesaba a Toriel) y los colocaste sobre el humo. Al cabo de un par de minutos empezó a salir fuego. Sonreíste aliviada.
-Tadá~ -canturreaste cuando el fuego empezó a ser mas fuerte. Flowey cerró la boca, mirando el fuego que tú misma habías creado pensativo.
-Truco de humanos, nosotros solo necesitamos desearlo para hacerlo -Quería mostrar la supremacía de los monstruos frente a los humanos, a lo cual sonreíste asintiendo.
-Sois geniales, la verdad.
Eso le tuvo tan por sorpresa que ni te dejó mirarle la cara, se había dado la vuelta, emitiendo un "pft". Qué educado, eh.
Pero siendo sincera, preferías estar en silencio un rato, mirando el fuego, notando como el calor llenaba tu cuerpo. Ibas a necesitar todo el calor posible antes de llegar a Snowin.
-¿Por qué tu alma es tan... Débil? -Dijo, pero tú no entendías eso.
-¿Alma? -ladeaste la cabeza, indicándole que no sabías a qué se refería.
-¿No sabes lo que es? Frisk te ha contado todo sobre Underground y no te ha dicho lo más esencial, vaya crío -emitiste un "SHT" para que se callase. Nadie podía hablar así de mal de tu niño. Esa tonta planta captó la indirecta- La magia se mueve por el alma, ¿sabías eso, o tengo que explicar TODO?
-La verdad es que no... Cuando salía el tema de conversación, evitaban responder a toda costa -Tu tono era melancólico, y suspiraste. El dolor en el pecho incrementó recordando aquello.
-Las almas tienen forma de corazón dibujado,y es el culmen de todo tu ser, ahí se encuentra todo sobre ti blablabla -Sus hojas hicieron la forma de un corazón como la que hacen los niños pequeños, qué coincidencia, la verdad- y cada alma tiene un color, el cual corresponde a su personalidad. Los monstruos podemos ver las almas de los demás con facilidad, por tanto podemos saber cómo es la persona incluso antes de conocerla. Estas contienen magia, dependiende de si eres humanos o monstruo, esta es mucho más fuerte. Por suerte, vosotros, estúpidos humanos, perdisteis la magia hace mucho tiempo.
-Eso es poéticamente bonito -Afirmaste, ella no entendía a qué te referías así que te ignoró, al igual que tú ignoraste el hecho de que te llamase estúpida humana.
-De todos modos, la de Frisk es roja, que es determinación, por ejemplo. La tuya... Está destrozada.
Te quedaste a cuadros, e incluso contenías la respiración. Sabías que tu pasado era muy fuerte, pero, ¿tanto como para romper tu más preciada esencia vital? Mirando el fuego, Flowey siguió hablando. No es que sea una persona empática, así que no le importaba cómo te afectasen sus palabras.
-Es gris y tiene grietas por todos lados. Has tenido que sufrir mucho, eh.
¿Esa era una forma de calmarte? Porque no lo estaba consiguiendo.
-¿Puedo... Puedo verla? -La planta titubeó unos segundos, pero entonces todo se volvió negro a tus ojos, y mirando a tu alrededor lo único que distinguiste fue una pequeña luz que salía de tu pecho, y a los pocos segundos tenías frente a ti el alma que había descrito Flowey. Un corazón gris, pequeño y lleno de grietas estaba frente a ti. Era tu alma, eras tú.
-¿Esta soy yo...?
Asintió.
-¿Y todos la han visto...? -Tu boca empezó a temblar. Nadie te había dicho nada sobre esto, que estabas rota por dentro. Siempre habías pensado que te habías perdido a ti misma hace mucho tiempo, pero ahora que tenías una prueba de ello... Dolía.
-No sé si la han visto o no, no vivo ahí, ¿sabes? -Le miraste con algo de furia en tus ojos, NO era momento de ponerse sarcástico- Pero si lo han ocultado de ti es por algo. ¿No podrías poner algo de tu parte y pensar por tu cuenta? Por favor, gracias. Sin embargo, para verla tendrían que haber sacado tu alma, así que si no sabías nada sobre eso no sé cómo lo habrán hecho. En mi caso, yo puedo ver las almas solo concentrándome, heh.
Todos sabían sobre esto y nadie te dijo nada. Te sobreprotegían demasiado, ¿tal vez por eso te trataban con tanto cariño? ¿Porque te podías romper? Eras fuerte, no una niña pequeña. Podías aceptar cualquier cosa. Entendías que quisieran causarte el menor daño posible, pero las familias están para lo bueno y para lo malo. ¿Te habían engañado y mentido? ¿Toda tu vida era una ilusión? ¿Sus sonrisas eran de verdad o una farsa? ¿Tu felicidad era construida bajo una mentira?
Una parte de ti empezó a llenarse de rabia, odio, tristeza, melancolía, y cariño. Sentimientos agridulces golpeando tu pecho y sin saber si debías pensar bien o mal. Todo lo hacían por ti pero deberían confiar mas en ti... Sin embargo, ¿quién iba a confiar en ti si no confiaba ni en ti misma?
Te abrazaste a ti misma, y frente a la calidez de una chimenea, con una planta borde y amargada, en unas ruinas abandonadas bajo tierra en una ciudad que te había llevado a lo más fondo de una depresión pero más tarde a lo más alto de la felicidad, empezaste a llorar. Como si no hubiera mañana, sacando todas tus penas, todo lo que llevabas arrastrando desde hace meses.
Estabas empezando a desahogarte. Daba comienzo esa semana de tortura mental.
