Magia

Desde detrás de mí me puso la venda sobre los ojos con sumo cuidado, procurando no estropear mi peinado ni hacerme ningún daño. La anudó y se giró para ponerse delante de mí. Sentí su aliento en mi rostro y una ligera y deliciosa opresión en mis labios. Respondí a ese beso sin poder ver su fuente pero reconociendo su sabor. Mi corazón empezó a latir con fuerza, y alcé los brazos ara intentar rodear a Edward con ellos. Sin embargo, antes de que pudiera hacer nada la opresión cesó y mis labios se quedaron allí, anhelantes. Tenía los brazos a medio levantar. Imaginé la cara de tonta que debía tener y me puse roja de nuevo. Edward se rió.

- Espera un poco.- dijo divertido.- No quiero arruinar la sorpresa.

Me cogió en brazos y empezó a caminar.

- Edward, ¿a dónde vamos?- pregunté. Quería saber cuál era la sorpresa que me aguardaba. ¿sería una costumbre de los Cullen hacer un regalo al acabar la fiesta de bodas? Si era así yo era una estúpida porque no le había comprado nada a Edward.

- Ya lo verás, ten un poco de paciencia.

Noté como abría una puerta y me depositaba cuidadosamente sobre un acolchado asiento. Lo toqué para comprobar que estábamos en el interior del Volvo de Edward. Era una pista, fuera lo que fuera lo que Edward me tenía preparado estaba fuera de la casa de los Cullen.

Sentí cómo rugía el motor al ser arrancado para luego convertirse en un suave ronroneo. El coche apenas se había balanceado las veces que había montado en él; sin embargo, ahora que estaba privada del sentido de la vista mis otros sentidos se habían agudizado permitiéndome sentir el abaneo del vehículo. Era como estar en un barco, mecida por el asfalto. Temí quedarme dormida antes de saber cuál era la sopresa por lo que intenté sin éxito sonsacarle información a Edward.

- Edward, ¿tu familia no se preocupará al ver que hemos desaparecido sin ni siquiera despedirnos?- pregunté después de lo que a mi me parecieron varios minutos.

- Bella, mi familia sabe donde estamos si pasa algo. Si tanto te preocupa mañana mismo iremos a iremos a pedirles disculpas.

Tanto misterio empezaba a ponerme nerviosa. Intenté quitarme la venda para poder ver lo que me esperaba. Odiaba las sorpresas, nunca salían bien.

- Bella, por favor- suplicó-. No te quites la venda. Casi hemos llegado y te prometo que merecerá la pena esperar.- bajó mis manos hasta mi regazo y las dejó ahí, agarradas por su mano.

Cuando ya pensé que nunca dejaríamos de conducir, Edward detuvo el coche. Noté como soltaba mi mano para luego, con una agilidad propia de un vampiro, salir del vehículo y abrir mi puerta. ME cogió en brazos como si no pesara más que una pluma. Como seguía con los ojos vendados Edward tuvo que coger mi mano y pasarla por su cuello para sujetarme mejor a él. Entonces sentí una ráfaga de viento y el sonido de las hojas de los árboles moviéndose. Estábamos corriendo por el bosque. El no poder usar los ojos agudizaba un poco el resto de mis sentidos por lo que podía notar con más fuerza el aroma de Edward, que se mezclaba con los olores del bosque de Forks dandole un toque aún más místico y divino.

A pesar de que nunca había oído las pisadas de Edward ahora podía apreciar el sonido que sus pies hacían al posarse en el suelo. Eran casi imperceptibles, pero sí se prestaba la atención adecuada se podía reparar en el crujir de las hojas al ser aplastadas por sus pies. Sus pisadas eran ágiles, finas, seguras de hacia donde se dirigían.

La oscuridad que me rodeaba comenzó a desaparecer, y a través de mi venda percibí luz. Era una luz oscilante, que desprendía calor: ¡había fuego!

- ¡Edward, Edward!- comencé a chillar- ¡Edward, hay fuego!

- Tranquila.- Eward se detuvo y me posó suavemente en el suelo- No pasa nada.

Se colocó detrás de mí y me desanudó lentamente la venda que tapaba mis ojos. Cerré los ojos cuando la venda desapareció. Después de tanto tiempo a oscuras la luz me chocaba y hería.

- Sopresa- me susurró mi ángel al oído.

Poco a poco fui abriendo los ojos para sorprenderme con lo que veía. En lo primero que me fijé fue en que estaba en el prado de Edward; a pesar de ser de noche reconocí el árbol en el que tantas veces nos habíamos recostado. La luz que yo había atribuído a un fuego provenía de varias antorchas dispuestas alrededor de una elegante tienda de tela blanca. Parecía que habíamos viajado a la época de los colonizadores.

La luz de las antorchas hacía graciosas formas sobre la superficie de la tienda, que se elevaba hasta los dos metros de altura. En la parte delantera tenía una abertura y la tela estaba recogida a modo de cortina por unos ramilletes de flores.

Podía oírse el canto de los grillos y el sonido de los árboles; tuve la sensación de encontrarme dentro de "El sueño de una noche de verano" y temí por un momento encontrarme con Titania y Oberón.

Edward está detrás de mí, esperando mi reacción. Me dí cuenta de que había empezado a caminar por el prado para poder cerciorarme de que lo que veía allí era real.

- ¿Te gusta?- preguntó.

Me giré para mirarle a la cara.

- ¡Es precioso! ¡Edward, me encanta!

- Me alegro- se acercó a mí y me besó suavemente antes de cogerme la mano y llevarme al interior de la tienda.- Quiero que todo sea perfecto esta noche.

Nada más traspasar la entrada de la tienda me quedé muda. Allí había una habitación entera. Una hermosa cama de madera dominaba la estancia. Había también una cómoda baja sobre la que había una pila y una jarra con agua. Me fijé en que tanto la pila como la jarra eran de plata, y tenían grabado el escudo de la familia Cullen.

En una mesita situada en un lateral había una apetitosa cesta de frutas. El color de las fresas, las cerezas, las manzanas, nectarinas, paraguayos, mangos, papayas, .... resaltaba en la tienda ya que tanto las sábanas de lino de la cama como la toalla que había al lado de la pila de plata eran de color blanco.

Para iluminar esta improvisada habitación había varias lámparas de gas, de aspecto muy antiguo. Sin lugar a dudas estaba en un sueño.

- Mira- Edward me señaló al cielo para descubrir que había una pequeña abertura en el centro exacto del techo de la tienda-, así podremos ver las estrellas.

- ¡Edward es precioso!- me giré hacia él y le besé.- ¡Todo parece tan mágico!

Mi ángel me dedicó su maravillosa sonrisa y me guió hasta la cama donde nos sentamos.

- ¿Edward, has planeado tú solo todo esto?

- Bueno. No lo he hecho yo solo. Alice decidió ayudarme porque dijo que con lo que yo tenía pensado te congelarías de frío. Estuvo detrás de mí en la boda hasta que consiguió mi permiso para "mejorar" el lugar. ¿Sabes?, es muy pequeña para ser tan terriblemente irritante.

- ¿Alice te ha ayudado a hacer esto?- No era que no pudiera imaginarme a Alice preparando todo eso porque sabía lo pesada que podía resultar pero el hecho de que ella hubiera preparado aquello para nosotros me daba qué pensar.

- Espero que no te moleste- se le veía un tanto avergonzado e incómodo como un niño pequeño que se cuela en una conversación de adultos.- Yo sólo quería que nuestra noche de bodas fuese especial.

- Oh- mi cara enrojeció de golpe. Llevaba tanto tiempo deseando que llegase este momento y con el estres de la boda se me había olvidado.- Todo esto...- señalé a mi alrededor- ¿es para nuestra noche de bodas?

- Si no quieres pasarla así lo entenderé.- Nunca le había visto así. Siempre era tan frío y comedido respecto a ese tema...

"Nuestra noche de bodas". Sonreí. Estaba casada con Edward Cullen, el ser más maravilloso de la faz de la tierra y me había regalado su lugar secreto, su refugio para pasar nuestra noche de bodas. No tuve que pensar en nada, mi amor por él y el deseo por unirme completamente a mi dios hizo que le besara con pasión. Su cuerpo, muerto, respondió y pronto sus manos estaban jugando con mi pelo. Yo coloqué una de mis manos en su espalda, agarrándome y reteniéndole a pesar de que me superaba en fuerza. Sentía toda la tensión del momento, toda la emoción y la excitación de Edward y mía. Mi corazón bailaba en mi pecho y mi sangre bombeaba a tal velocidad que me mareaba. Separábamos nuestros labios el tiempo justo para coger inmensas bocanadas de aire, y volvíamos a fundirnos en largos y apasionados besos. Mientras mi marido me quitaba la diadema que había usado en la boda deslicé mis manos hasta su pecho para poder quitarle la camisa. Edward adivinó mis pensamientos y con la rapidez característica de los vampiros se deshizo de ella y de la pajarita. Le sonreí timidamente y me devolvió una sonrisa cargada de ternura y de amor. Sus ojos brillaban, más bien resplandecían y en el centro de esos topacios bailaban las llamas de las lámparas. Seguimos besándonos de una forma que debería estar prohibida; Edward desabrochaba con presteza los diminutos botones que tenía mi vestido. Recorrió mi espalda con sus finas manos lo que me hizo estremecer. Nerviosa y temblando de la emoción empecé a desabrochar los botones de su camisa. Mi tenacidad pudo a mi torpeza y pronto su perfecto y esculpido torso quedó al descubierto.

Era realmente hermoso. Me quedé sin respiración. La luz de las lámparas, unido al brillo de as estrellas hacía que todo su cuerpo pareciera de oro, un oro cálido e irreal. Lentamente acerqué mi mano a su pecho. Mi dedo rozó su marmóreo pecho, increíblemente suave y tonificado, terso, joven y lleno de vida. Acerqué mi mano a donde debería estar su corazón y la posé allí, esa zona no estaba tan fría como el resto de su cuerpo. Deduje que se debería a mi propio calor.

- Bella- una hermosa voz aterciopelada, de un ángel, se dirigió a mí.- ¿Estás bien?, si no quieres seguir lo entenderé.

Subí mi rostro para poder mirar a ese ángel a los ojos.

- ¿Te encuentras bien?- Repitió.

- Si- tardé un poco en contestar, y lo hice de forma apenas audible.

Con gran dificultad me liberé del hechizo del cuerpo de Edward y me concentré en su perfecto rostro, en sus suaves y carnosos labios. Los besé, retomando lo que se había detenido. Mi marido colocó sus manos en mi cintura y con suavidad, fue quitándome mi vestido de boda, dejándome así en ropa interior. Sentí como mis cuerpo, sudoroso por el calor de las velas y por la excitación, se ruborizaba y se me erizaba la piel. Me acerqué más a Edward, intentando taparme con su cuerpo y él me abrazó con fuerza con una mano mientras que con la otra separaba los mechones que me caían por la cara. En sus ojos se advertía la pasión y su respiración era agitada, nerviosa, ansiosa. Le besé con fuerza, intentando insuflarle algo de aire aunque yo también estuviera jadeando. Lo que había empezado con un baile lento, tímido y meticuloso se había ido modificando conforme nos liberábamos de todos nuestros temores. Me sentía libre, plena, enchida de felicidad por estar ahí con Edward. Lo agarré con fuerza, sintiendo su calor sobre mí, intentando retenerlo conmigo eternamente. Besaba sus perfectos hombros, sus músculos definidos, el lugar en el que su corazón ya no latía. Le amaba, le amaba con todo mi ser y nada podría hacer que dejara de amarlo. Miré hacia el cielo, a las estrellas. Me fundí con mi ángel mientras en el cielo los planetas se ponían en línea para asistir, celosos, a nuestra unión.

EDWARD

Mi dulce Bella dormía placidamente sobre mi pecho. La había tapado con la sábana para que no se congelara de frío. Su cuerpo estaba iluminado por las antorchas, cuya luz se iba extinguiendo poco a poco. La sábana subía y bajaba al ritmo de su respiración, tan relajada y pausada ahora. Repasé en mi cabeza todos los momentos que nos habían llevado hasta este lugar, sobre todo los hechos más recientes; nuestra boda, nuestra primera noche... Me encontraba realmente eufórico, tenía unas ganas inmensas de salir al bosque y gritarle al mundo mi amor por Bella, por mi dulce y frágil Bella. Nunca creía que seriamos capaces de hacer lo que habíamos hecho, Habíamos pasado por tanto, nunca creí que llegaríamos hasta este momento, y lo mejor de todo era que aún nos quedaban muchos momentos maravillosos más. El acuerdo al que había llegado con Bella me obligaba a convertirla a finales de la semana y lo haría, a pesar de que eso supusiera no volver a ver cómo su sangre teñía sus mejillas de rojo, ni escuchar a su corazón acelerarse ante mi presencia. Sin embargo ahora sabía que no le podría quitar su alma, ahora sabía que Carlisle tenía razón y que no estábamos malditos, que quizás también fuéramos criaturas de Dios porque esa noche, estando con Bella, entré en el cielo. Estando con mi maravilloso ángel crucé las puertas del paraíso, volé más alto de lo que nadie había volado jamás y comprendí que había algo bueno y bello en nosotros los vampiros.

Me encontraba cansado después del largo día vivido. El día había comenzado de forma poco normal. Durante la caza con Jasper me había sentido más vivo de lo que me había sentido en todos mis años como vampiro. No era el único miembro de la familia que se había sentido extraño. Durante la caza, Jasper me había mostrado que sus habilidades se habían agudizado. Había logrado que los ciervos se sirviesen en bandeja y prácticamente se suicidasen. La única explicación que nos dio Carlisle sobre eso fue que nuestros cambios se debían seguramente a la alineación planetaria.

Mi vida se movió intranquila en la cama. Deseé saber qué estaba soñando, poder compartir con ella estos momentos, dejarme llevar por los brazos de Morfeo igual que lo hacía ella. Pero a la vez adoraba poder velar su sueños, verla así, tan pura, sin ningún escudo. Tan frágil y misteriosa. Oir como su voz me llamaba en sueños me producía una inmensa alegría. Iba a extrañar estos momentos cuando la convirtiera. Me alegraba de que Alice hubiera tenido aquella visión y de que Bella no tuviera que dormir a la intemperie.

- ¡Oh, ha sido tan bonito!- La voz de Alice llegó claramente a mi cabeza.

- ¿Alice?- la llamé. ¿Acaso nos estaba espiando?

- Menos mal que ya han terminado. Después de todo lo que me hicieron sentir durante la boda creí que me iba a morir de un exceso de romanticismo-. Ahora era la voz de Jasper la que se oía. Noté como la rabia se iba apoderando de mí, ¿es qué no podíamos tener ni siquiera un instante de intimidad?

- ¡Jasper!- Gruñí en voz baja para que Bella no se despertara.- ¡Largaos de aquí!

- ¿Qué? ¿En serio?- la voz de Emmet denotaba incredulidad.- ¡Así que nuestro Edward ya es todo un hombre! Vaya, vaya. Por eso Jasper estaba tan raro antes. Bueno, tendré que preparar todo para cuando los dos tortolitos vuelvan a casa.

Mi asombro y mi furia iban en aumento. Sentía que mi cabeza iba a estallar de un momento a otro. Sabía que en mi familia nunca había existido la intimidad, sobre todo teniendo en cuenta las habilidades con las que contábamos varios de los miembros, pero nunca creí que nos expiarían en nuestra noche de bodas.

- Qué interesante. Bueno, esto explica alunas cosas, por supuesto. Debo hablar con Alice, parece que esa visión suya se va a cumplir.- ¿También Carlisle nos espiaba?

Me levanté de un salto, cogí un par de prendas y salí al exterior de la tienda dispuesto a enfrentarme con mi familia. No iba a permitir que interrumpieran el sueño de Bella y menos por saciar su morbosa curiosidad.

Las voces de mi familia me taladraban la cabeza. Tenían una conversación bastante inconexa, como si hablasen consigo mismo en vez de entre ellos. Pensé que se habían vuelto completamente locos, que la inmortalidad había terminado por desbordarles. En cuanto salí al exterior de la tienda entendí el porqué de sus conversaciones tan raras.

Allí fuera no había nadie. No se veía a nadie en el claro, ni siquiera oculto entre las sombras, y el único aroma de vampiro que había allí era el mío propio. Sólo había un débil rastro del aroma de Alice, ya viejo, del momento en el que se escabulló del banquete para preparar todo esto. Definitivamente mi familia no se encontraba allí, ni siquiera había pisado el lugar. Seguramente se encontrarían en casa, recogiendo todo y lo que estaba "escuchando" eran sus pensamientos. La alineación planetaria había agudizado mi habilidad, lo que, unido a las conexión que tenía con los miembros de mi familia, hacía que les escuchara a una gran distancia.

Más relajado, volví al interior de la tienda donde mi amor seguía durmiendo sin enterarse de nada. Tenía el pelo alborotado sobre la cara. Me senté en la cama y se lo retiré despacio, intentando no despertarla. Ella se giró hacia mí hasta abrazarme.

- Gracias por hacerme el ser más feliz del mundo, Bella- susurré.

Deposité un suave beso en su frente y la coloqué bien en mi pecho, velando su sueño. Esperando la llegada de un nuevo día.

BELLA POV

Abrí los ojos cuando los primeros rayos de sol tocaron la piel de Edward, haciendo que sus miles de diamantes resplandecieran.

Buenos días amor- su voz era aterciopelada, dulce y melodiosa. Me besó suavemente, sin darme tiempo a distinguir si era un sueño o si ya estaba despierta. Me quedé embobada unos minutos, mirándole.

- ¿Qué hora es?- Dice cuando por fin pude articular palabra.

- Temprano, aún puedes dormir un poco más si quieres. ¿Cómo te encuentras?

De repente mi cerebro se activó e instintivamente miré para la sábana que tapaba mi cuerpo. La levanté un poco, lo justo para comprobar que lo que yo había creído un sueño había sido real. Noté cómo la sangre acudía a mi rostro encendiéndolo sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

- Voy a extrañar eso- Edward habló más para él mismo que para mí.- Ver el rubor de tus mejillas y poder intuir así lo que piensas.

- Si te sirve de algo te diré que ahora estaba pensando en que ya soy tu esposa...

- La mejor esposa que un hombre podría desear- me interrumpió con una sonrisa deslumbrante.

Le ignoré.

- ... y en lo de esta noche. Ha sido algo realmente mágico.

- Sí.- Coincidió sonriendo. Sin embargo sus ojos no sonreían.

- ¿Edward que pasa?

Tardó un poco en contestar, y cuando lo hizo su voz estaba cargada de temor.

- Bella, ¿estás bien?, ¿te encuentras bien?, ¿te duele algo?- me estudió con los ojos, de forma clínica, profesional.

- ¿Qué si estoy bien?, ¡Claro que estoy bien!, bueno...- corregí- estoy mucho mejor que bien.

- ¿No te duele nada?, ¿no tienes ninguna herida?- Siguió.

- No, Edward, no tengo ninguna herida.- Estaba empezando a cansarme.

Me miré de forma detenida. Observé mis brazos, levanté otra vez la sábana para comprobar el estado de mis piernas. Todo parecía normal. Mi piel seguía siendo pálida, no había ninguna marca, ningún moretón Se lo hice saber a Edward pero no se quedó muy convencido. Me examinó él mismo, de una forma automática, ausente. Sólo cuando comprobó que yo estaba perfectamente bien se permitió respirar e incluso sonreír.

- Tenía tanto miedo de que esto no funcionara...

- Pues ya ves que sí funciona, y muy bien.- Me abracé a él, dispuesta a repetir lo de la noche.

Cuando cayó la noche yo estaba hambrienta.

- Bella, deberías comer un poco.- Señaló a la montaña de comida que había en la tienda.- Además pronto habrá que volver a la mansión para preparar todo lo de la luna de miel.

- Y lo de mi conversión.- Le recordé.

Se puso tenso. Habíamos hablado que nuestra luna de miel sería una excusa de cara a Charlie y a René. Habíamos quedado en que me convertiría antes de salir de viaje.

- Bella, ¿te parece que este es el mejor momento para hablar de eso?

- Este es un momento tan bueno como cualquier otro. Además cuanto antes lo hagamos será mejor. - Me alcé en la cama para parecer más autoritaria y me crucé de brazos. Era sólo una pose para que mis argumentos parecieran mejores.

- Pensaba que... después de lo de ayer y lo de hoy... tal vez querrías esperar un poco más.- Lo dijo sin mirarme, habría jurado que de ser humano estaría rojo.

Yo también me puse roja. Sopesé la información durante unos minutos. Realmente ese día con él había sido mágico. Por un momento pensé en retrasar la transformación un tiempo, unos meses, quizá un año. Después de todo, ¿qué sería un año más como humana si luego teníamos toda la eternidad para pasarla juntos? Pero entonces un pensamiento vino a mi cabeza. ¿Y si Edward no quería convertirme? ¿Y si quería atrasar el momento porque no quería estar conmigo?

- No quieres hacerlo, ¿verdad? Nunca has querido convertirme.- Esas palabras me dolieron en el alma pero sentía que teníamos que resolver eso de una vez.

- Bella...- empezó. Levanté la mano y la puse con la palma vuelta hacia él deteniéndole.

- No Edward. Lo prometiste. Me prometiste que estaríamos juntos para siempre. No serías justo si ahora te retractaras de tu promesa.

Giré la cara para no verme reflejada en sus maravillosos ojos. Me dolía comprobar si mis pensamientos se habían convertido en realidad. Edward cogió mi cara y la giró despacio para que le viera. Se me rompió el corazón al ver sus ojos, suplicantes, heridos.

- Bella, por supuesto que quiero convertirte. Eres lo más importante de mi vida. Es sólo que... no estoy seguro de poder hacerlo, Bella. ¿No prefieres esperar? ¿Estar con Carlisle y que sepamos bien cómo hacerlo? - Dijo con su cabeza a unos centímetros de mi cara.

- No veo porqué. Sé que tú puedes hacerlo. No hay motivo para retrasar el momento. Edward- supliqué- si de verdad me quieres hazlo.. Ya he vivido la única experiencia humana que necesitaba y ahora sólo quiero pasar la eternidad contigo.- Empleé mis armas más rastreras y me abracé a su cuello. No sabía el porqué de mis cambios de humor, ahora me sentía llena de poder, malvada, como una auténtica femme fatale.

Edward suspiró. Sabía que él haría cualquier cosa por complacerme.

- Alice nos matará cuando sepa que no vas a comer todo lo que te ha traido.

Sonreí. Edward había accedido a unirme a él para siempre.

- Te quiero.- Susurré.

- Y yo a tí, demasiado.- Contestó.

Él me miró a los ojos, fijamente, intentando leer en el interior de mi alma, pidiéndome perdón por el dolor que estaba a punto de infligirme, jurando amarme para siempre. Depositó un suave beso en mis labios para, a continuación, deslizar su rostro hacia mi cuello. Noté su respiración y mi piel se erizó. Abrió la boca preparado para morderme. Noté sus dientes, afilados, delineando mi cuello, buscando el lugar idóneo.

- ¡Cómo claves tus dientes en su cuello Edward Cullen, juro que te descuartizo!

- ¿Alice?- di un respingo mientras me giraba hacia el lugar en el que toda mi familia estaba colocada. Edward se se colocó delante de mí, tapándome y protegiendome.

- ¿Qué haceis aquí?- la voz de Edward, que normalmente era calmada estaba llena de rabia. De su pechó salió un rugido.

- Sentimos habernos presentado así pero tenemos que hablar.- Carlisle tenía la voz realmente calmada y sus ojos pedían disculpas.

- ¿Pasa algo?- pregunté desde detrás de Edward, tapándome con la sábana. Mi marido (todavía no me acostumbraba a esa palabra) me pasó su camisa para que me tapara con ella. Mi ropa interior estaba, afortunadamente, justo a mi lado.

- ¡Pasa, que estais a punto de matar a mis sobrinos!- Chilló Alice desde el marco de la tienda.


Hola otra vez!!! Espero que os haya gustado este capítulo, Mafiosa, ¿retrasa esto mi condena de muerte? xD jajaja

Empiezo los exámenes pero espero poder colgar pronto lo que sigue!!!

(Emmet): ¡SI! Ese es mi chico!!! Qué emoción, nuestro Edward todo un hombre!! Ahora tendré que enseñarle todos los "trucos".

Un beso y gracias por leerme!!!!