Me alegra ver que se han decidido a comentar
¡Muchas gracias por eso! De verdad, gracias, gracias…
Ahora viene el encuentro luego de un tiempo entre estos dos tontos
Espero que les guste.
FELICES FIESTAS!!!!
Makoto B.
Un minuto
"Si me miras fijamente y te adentras en mi mente,
si aproximas tus latidos a este loco corazón"
-Lo siento. –Apabullada me disculpo, pobre hombre, no sabía que había oficiales en cada pasillo; tampoco que tenía que quitarme todo lo que fuera de metal, fue una odisea pasar por los detectores, casi tuve que desnudarme.
-Descuide. -Dice con una sonrisa divertida, debe ser cómico mi atuendo o quizá mi peinado, no sé.
-Con permiso. –Hay tanta gente, tanto movimiento, tomo mis maletas de esa cosa que da vueltas, sería divertido subirme para ver qué se siente, pero no, Ginny dijo que vendría por mi junto con Hermione, por aquello de los problemas en sitios muggles; por lo pronto, seguí su consejo, no túnicas, no aretes de rábanos, al menos mientras viajaba. –Disculpe… ¿la salida?
-Siga por ahí, cruce esa puerta. –El hombre es alto, amable, regordete, me da un vuelco, no se le parece, pero… todo es tan sobrio que me lo recuerda, es él en los trajes oscuros de los hombres, en las poses rígidas de las mujeres, en los muebles serios, en los oficiales rectos, en todo, en el cielo nublado, en las lociones de hombre que se me mezclan en el ambiente con el aroma de café y maletas.
-Gracias. –Susurro y aferrada a las dos mochilas salgo por donde me indicó, ellas deberían estar cerca, deberían estar listas, el vuelo llegó retrasado.
-¡Luna! –Alguien grita, la voz de Hermione, es ella con las manos arriba, saludándome, corre y me abraza, me da tanto gusto verla que he soltado todo; Ron, con su cabello rojo me mira sonriente, me abraza luego de ella y se cuelga la maleta al brazo, en él parece un bolso apenas. -¿Qué tal estuvo el viaje?
-Excelente… los extrañaba… gracias por recomendarme el viaje en avión, ha sido único. –Sonriente la abrazo de lado, ella me besa la frente.
-Ginny y Harry están del otro lado buscándote. –Exclama Ron mientras camina. –Todo esto está lleno de muggles… no me gustan los aefopuertos. –Dice mirando de lado a lado, como si temiera que le miraran.
-Aeropuertos. –Corregimos al unísono Hermione y yo, nos causa gracia, me siento bien de haber vuelto, es una lástima que él no haya venido a recibirme.
-Sabes, te tenemos una sorpresa. –Hermione sonriente como niña traviesa me mira, es raro verla así.
-Amo las sorpresas. –Cruzamos hacia la salida, Hermione me empuja para salir primero, ahí frente a la puerta, recargado en el auto de los Weasley, espera con una maceta en la mano y su abrigo negro impecable; ¿es posible que se detenga todo?, ¿es posible que en un instante el resto del mundo se esfume y sólo lo vea a él? –Neville. –Digo tan bajo que creo que ha sido sólo aire saliendo de mis labios.
Se acerca sonriendo, Hermione dice algo, creo que ha dicho que van a buscar a Harry y a Ginny, toma a Ron que se ha quedado pasmado mirándonos con una sonrisa divertida; Neville está ahí, parado enfrente mío, no se mueve, sólo sonríe, con la maceta en las manos, con los ojos brillantes, su abrigo oscuro como el resto de la gente a mi alrededor, con una barba de tres días sin afeitarse, despeinado, pálido; aunque yo vista de amarillo y toda yo no encaje, él me mira a mi nada más.
-¿Cómo estás? –Pregunto, tengo que romper el silencio, antes que el ruido de alrededor nos consuma.
-Bien. –Exclama, me mira y yo no lo soporto, me desvío mirando al suelo, él tiende las manos hacia mí, entregándome la maceta, es Lazo del Diablo.
-¿Para mi? –Pregunto tontamente, él asiente, parece que lo ha pensado mejor y no debió haber venido, porque se pone serio. –Gracias. –Sujeto la maceta, sonrío y vuelvo a mirar a otro lado, quizá si no le clavo mis ojos se decida y se vaya. –Fue un lindo detalle acompañarlos a recibirme. –Susurro mirando a la puerta, él sigue mirándome fijamente, ¡¿Es que acaso no piensa que me duele que me mire así, sin decir nada?!
-Tenemos que hablar. –Susurra al fin, me vuelvo a verlo, con los ojos clavados en él, frunciendo el ceño; me sostiene la mirada, frunce el ceño también, miro tras de mi, los chicos no están.
-Quizá en otra ocasión… vinieron por mí, no puedo dejarles. –Contesto simple y llanamente.
-No, hoy. –Emite a penas, se acerca y toma mi mano, camina jalándome, hasta un grupo de casetas telefónicas, ahí entre ellas, me abraza y todo se pone negro. Su departamento está mucho más oscuro que antes, creo que no ha limpiado en días, veo ropa, vasos, botellas, veo papeles y polvo en las mesas; se ha alejado de mí para abrir las cortinas.
-Déjalas así. –Exclamo sin saber porqué, se va a quitar el abrigo, le doy la espalda; dejé mis cosas con los chicos, no les dije a dónde iba, quedé de visitar a mi padre en cuanto volviera; me muerdo el labio, miro la maceta, es linda la planta, la pongo sobre la mesa y me vuelvo; tiene el suéter puesto. –Tu suéter.
-Tenemos que hablar. –Susurra, creo que se ha quedado vacío, no dice nada más que eso, quizá le duele tanto mi presencia que se ha quedado mudo; es seguro que ahora piensa la mejor forma de acabar con esto, contengo la respiración, el simple hecho de que use el suéter, hace que me den ganas de reír de gozo.
-Lo traes puesto. –Susurro sin poder contenerme, me mira fijamente, se acerca, quisiera que me dijera tantas cosas, quiero que hable, que diga todo lo que siente, si me odia por cambiarle la vida que me lo grite, si me ama por arruinarle el destino que lo susurre; que hable, quiero oírlo. –Dime algo. –Pido, no dice nada, sólo se acerca, más rápido, estira su brazo y se aferra a mi, me abraza con tanta fuerza que siento que me asfixia; no sé qué hacer, me he quedado helada con los brazos pegados a mis piernas, mirando su hombro, oliendo su aroma a lavanda.
¿Por qué no habla?, me abraza y no tengo idea de qué significa ¿qué hago?, presiona más; suspira y siento la necesidad de poner mis manos en su espalda, no lo rechaza, cierro los ojos, sé que dirá algo.
-Dame un minuto. –Dice quedo, abro los ojos sorprendida y sobre eso algo se escucha, algo lento y suave, sus latidos, sus latidos que se unen a los míos, parece que fuéramos un sólo corazón.
