Al fin tengo el Capítulo, perdonen la tardanza, estuve algo ocupada con la uni. Aparte me enganché a ver vídeos de undertale y pokemon, y todo eso sin contar lo tediosa que es esta parte. No quería que se hiciera repetitivo así que fui por partes con charlas con mentor, estilistas, lanzamientos y contador, entre otros. Aviso que me di unas licencias.

1. En los juegos del hambre todos asumimos que la noche en que Haymitch se despide es cuando partirá, sin embargo, en ningún lugar se precisa si los mentores parten en la noche o no, así que como no me salía ninguna charla en presencia de José me inventé que los mentores eligieran entre partir en la mañana o en la noche.

2. El viaje en aerodeslizador no es junto con los demás tributos, como muestran las películas, sino que solo están tributo y estilista. Por eso algunos personajes, como la persona que aparece en el pov de Denis, solo tienen pocos minutos para decir lo que quieran.

3. Por último, tanto ese como los povs que constituyen la historia de Kyle, Gage y Grena están llenos de licencias mías respecto al distrito trece, los rebeldes de distintos distritos, y, o, más detalles que se me ocurrieron para rellenar los huecos de las historias de algunos personajes.

Y seguramente alguna otra que se me olvidó anotar por ahí. :)

Capítulo once: Sin miedo


–Hoy, tras casi una década de juegos, inauguramos nuestra primera arena totalmente diseñada artificialmente. –Anunciaba Blake, alegre, ante una dulce pero valiente Mags. Aquel había sido el elemento estrella de aquel año, el debut de Clark como diseñador de entornos. –¿Qué opinas de ello? ¿No te da siquiera un poco de miedo?

Y una risa altanera, casi burlona, que no hacía más que mostrar lo buena actriz que podía volverse una con tal de sobrevivir. Ella sabía que buscaba, fisurarla, aterrarla, destrozarla, incluso. Ese era el objetivo de la entrevista de aquel entonces.

–¿Por qué debería? –Respondió ella, sin dudar. –Quiero decir, ya sé que los juegos son un desafío pero, ¿que es un premio sin su consecuente reto? En mi distrito existe un nombre para quienes no retroceden ante nada, los chicos sin miedo. Me gusta imaginarme como ellos...


Lucy Park –13 años–Distrito 5

No tengo miedo.

El sol acostándose crea una luz rojiza que se se filtra a través del campo de amapolas rosadas. Brillante, reflectante, el sol baila entre las hojas de las armas de los combatientes, confundiéndose entre rayos de sangre y luz. Gnaea sonríe, su espada ganando terreno a través de estocadas lentas y profundas, hasta que le abre la barriga a su rival y, en su caída las tripas derivan al suelo formando la primera víctima del baño de sangre, un chico de mi distrito.

Me muerdo el labio, nerviosa, no estoy asustada, puedo verlo, tolerarlo, soportarlo. Es solo que… Rayos, ¿cómo se supone que sobreviviré a eso? Light tiene razón mis posibilidades son ínfimas.

Apago el televisor intentando pensar, en mi mente resuena la frase de Kia, ¿quién me diría que la escena que recordaba fuera justo el inicio de los vigésimo segundos juegos del hambre? Debí de tomarla a ella como aliada y no a Seisha. Pero creí que al ser del distrito dos, podría ayudarme a ser letal

Creí que podría protegerme.

Pero vistas sus habilidades no creo que haga mucha diferencia. No dejo de pensar en las palabras de Alaia. No tengo tiempo para proteger niñas, eso dijo, lo que soy,... Intenté mejorarlo, hablar con mi mentor pero él me dijo que tenía más oportunidad de semejar una niña "inútil", que todo contrario.

Y los inútiles tienen más oportunidades de vivir porque los demás tributos los ignoran.

Y sin embargo lo que me dijo Alaia…

"Si quieres integrar nuestra alianza, vas a tener que obsequiarme con algo más que palabras, una prueba..."

Me pone en un aprieto, atacar, matar, no es sencillo de pensar y menos de ejecutar. No importa que me hayan enseñado a desestabilizar a un atacante, no puedo hacerlo si este me dobla en peso y fuerza.

Así que, ¿qué hago?, ¿a quién mato? No dejo de revisar ediciones pasadas en busca del truco que, seguramente, no quiso darme mi mentor por encontrarlo inútil, pero no hayo nada.

.

–¿No crees que ya deberías de dormir, pequeña? Mañana madrugamos. –Arqueo una ceja, al escuchar a mi mentor, no miente, en su momento fuimos informados de que mañana debíamos despertarnos alrededor de las cinco de la mañana, para el espectáculo. Órdenes del equipo de vigilantes transmitidas por agentes de la paz. Para José no supuso una novedad, solo una o dos horas antes de a la cual despierta para trabajar, pero yo lo encontré curioso.

–Y tú no deberías de estar aquí. Te despediste de mí y José hace unas dos horas.–Contraataco sin inmutarme, mira quien fue a hablar, él ríe.

–Los mentores podemos elegir dormir en el viaje o despertarnos para ser trasladados de madrugada. Elegí la segunda opción.–Me informa, sacando un cigarrillo y va hacia la pila de videos con los juegos. No encontré el suyo, lástima, pero vi algunas cosas muy interesantes en otros. –¿Qué buscas en esta pila de masacres viejas?

–No estoy segura. –Digo, dejando traslucir mi inseguridad, –Te mentí, Alaia no me rechazó, bueno no del todo. Solo me insinúo que matara. –Ante mi sorpresa Light ríe a carcajadas.

–¡Pequeña, te creía más lista! –Exclama.–Esa chica está jugando contigo, no puedes matar a nadie en el baño de sangre.

–¿Por qué no?–Protesto. – ¿Por qué soy una cría? ¡Estoy harta de esa excusa!–No puedo más y grito, esto es demasiado, no me gusta estar aquí, quiero volver a casa con Minho y mis padres ¿Por qué nadie lo entiende?

–¡Porque eso es una auténtica carnicería Lucy!, ¡razona!–Light también eleva la voz, pero en él ya es más habitual, y coge una edición al azar, adelantando hasta una cinematográfica donde todo es sangre, gritos y más sangre perpetrados por la vencedora drogadicta del diez y la alianza profesional. –Alguien de tu tamaño no aguantará ni cinco minutos allí.

Me quedo parada viendo su expresión inquieta, Light es raro, lleva desde que lo conocemos comportándose de una forma altamente contradictoria, nos insulta, se mete con nosotros o suelta réplicas sarcásticas, deslizando los consejos de una forma tan sutil que nunca parece que lo haga por buena fé. Hasta ahora.

–Creía que no te importaba. –Replico cambiando de tema. Él no dice nada, solo se calla. –¿Entonces qué hago? Porque dudo mucho que llegue lejos solo con Sheisha y Alaia no me aceptará si huyo como una cobarde.

–¡No lo interpretes de la manera equivocada, niña!–Responde y siento ansias de reír, creo que en el fondo nos tiene cariño. –Deberás elegir, la niña, o los del doce. Alaia parece una chica muy lista al exigir eso, te toca a ti buscar la manera más simple de satisfacerla para luego aprovecharte de ella y su compañero.

Y tras esas palabras parte, no sin antes insistir en que si no quiero palmarla, por quedarme dormida en la Cornucopia, debería regresar a mi cama. Me quedo pensando en ello, hay una alternativa a ir al centro, personas débiles a las que creo que puedo intentar matar desprevenidas, pero no creo que esto le sirva a Alaia a menos que…

Que mi víctima sea alguien que nadie me imagine matando, una sorpresa y un reto… Los nervios, la expectativa y la impotencia me asaltan, pero renuncio a meter más dvs. No tengo miedo, es lo que me repito seguido, una frase, una certeza que, hasta ahora, no se me había hecho tan perturbadora.


.

Kyle Grain – 15 años – Distrito 9.

No me gustan las despedidas.

Es algo que tengo claro desde la primera vez que yo y Grena nos separamos. No me gusta la desesperación que me invadió de solo pensar que no la volvería a ver. Menos la esperanza que sentí cuando el distrito se revolucionó solo para que todo cayera en picado, por culpa de esta situación.

Al fin y al cabo, ¿de qué sirve tenerla de vuelta cuando soy yo el atrapado aquí? Me arrepiento de no haberla defendido en su momento. Era cierto que vivía bien, pero eso no era razón para dejarla abandonada.

Esa no era razón para dejar que esos hombres la cogieran, torturaran y mutilaran hasta convertirla en lo que es ahora.

Pero, ¿qué podía hacer? No puedes enfrentarte a los agentes y menos al Capitolio. Es demasiado poderoso.

No puedo más que repetirme una y otra vez las instrucciones que Rhea me dictó, en nuestra despedida. Y esperar que me ayuden a subsistir.

Primeramente, no dejar que me domine el miedo. Soy fuerte, resistente, y aprendí a manejar el hacha, además de unas nociones básicas sobre cómo conseguir comida y agua. Puedo lograrlo.

Siempre he sido un amante de las peleas, devuelvo todos los golpes que me dan, también los asesto pero siempre bajo ciertos principios.

No golpeo a indefensos, menos a rebeldes y, desde luego, no sin provocación alguna.

Así que quizás tenga alguna oportunidad si olvido mis principios. Si consigo ser uno de los primeros que agarren un arma y elimine a mis enemigos con ella. Probablemente Grena no aprecie el lado más crudo de eso, pero estoy seguro de que apreciaría menos que alguien como yo se dejase morir.

Así que no puedo rendirme. Debo luchar, debo sobrevivir, debo…

– Debo ganar.

.

Fue lo que me repetí anoche, antes de dormir un intento de concienciarme a lo que me espera. Lo que necesito para volver a ver a Gage y Grena. Todavía recuerdo el día en que nos conocimos. Los padres de ambos habían muerto recién, lo que provocaba burlas y desprecios de parte de los más brutos del colegio. Decían que eran rebeldes, inconformistas, y valientes, pero dado la forma en que murieron, un simple disparo de un hombre trastornado y peligroso, que ajusticiaron poco después, es difícil confirmarlo.

Era todo difícil tratándose de ella, que desmentía cada palabra que saliera de los agentes y culpaba de todo al Capitolio. En aquella época creía que solo era una niña rabiada, buscando a quién culpar. Una niña atormentada y furioso.

Gage y Grena se habían librado del orfanato gracias al cuidado de su abuela, pero ella no le evitaba las burlas. De eso solo podría librarlos su propia fortaleza, o,quizás, la amistad con algún maestro.

Mientras yo me había ganado cierta reputación, las relaciones de mi padre hacían que los niños me lanzaran miradas largas, porque no importa lo que hiciera, siempre salía airado y, lo admito, entonces y ahora, era algo travieso.

Pero soy valiente, no importaba cómo me miraban o lo que hicieran, seguía adelante. Si me insultaban, yo también lo hacía, si me golpeaban, procuraba golpear más fuerte o de forma más efectiva y así fue cómo había logrado que me conocieran como alguien fuerte, con el que meterse no era recomendable.

Fue por eso que Gage acudió a mí, ayuda, defensa, protección. Estaba harto de escuchar las burlas sin poder defenderse o ver las huellas de golpes en su rostro. Dijo que si yo les ayudaba podría ser su amigo. Y los chicos como yo, incluso aunque nos quejemos mucho y vayamos de duros, necesitamos no estar solos, tener familia y amigos.

Por eso acepté. Y así nos conocimos.

Así nos hicimos amigos. Sé que no es la mejor forma y que somos muy diferentes, pero, en cierto modo, nos entendimos.

Me gusta recordarlo, pensar en ellos y es que, ¡joder! Ha pasado tanto tiempo desde entonces. Daría lo que fuera por no estar aquí, regresar junto a mis padres y ellos. Cada vez que pienso en mi situación tengo ganas de destrozarlo todo, ya lo intenté en mi prueba, incluso, y a pesar de que Rhea me hizo prometer que guardaría mi violencia y mal carácter para la arena. Lo estoy haciendo pero la espera, la soledad, la desesperación, todo esto es demasiado para mí.

Me cuesta soportarlo sin romper algo.

Quizás por eso hice un estropicio antes de dormirme, de soñar con Gage y Grena. Pero, sobre todo, quizás es por eso que…

Cuando mi estilista me despierta lo único que siento en mi interior es determinación.


.

Denis Lenox – 17 años – Distrito 3.

El grito intenso de mi estilista me despierta bastante más temprano de lo usual. Por fortuna nunca he sido una persona necesitaba de dormir, seis horas son suficientes para que rinda, a veces incluso cinco. Así que no tengo problema en cumplir las exigencias del diseñador de arenas. Tai, el hombre demasiado operado para lucir bien, encargado de vestirme, me observa contrariado antes de quejarse.

–Podrías lucir más alegre, ¿sabes? Quiero decir, prácticamente es un lujo el estar aquí. –Lo ignoro, mientras voy buscando las ropas justas para el momento. Yo no llamaría lujo en que nos alimenten como ganado para un matadero anual, pero creo que ya di suficientes problemas por el momento.

Cuando estoy listo nos encaminamos para el tejado. Estoy nervioso, tanto el ascensor como el tubo de ascender son todo un reto para mi claustrophobia, y eso sin contar lo que me recorre al cruzar el pasillo.

La sensación de ser observado que me insta a detenerme, mi estilista, se frena de golpe, ¿cómo es que tiene tan buen oído, no lo sé pero tras lo que dice lo agradezco.

–No deberías estar aquí, Lena. –Me estremezco nada más ver a la mujer vestida de agente de la paz que recién me observaba atentamente durante mi entrevista. No me gusta recordarlo, sé que mi actitud no fue la mejor pero, ¿qué podía decir? Hablar de mi familia resulta simple y llanamente contraproducente, mi tío declarado rebelde, mi madre encarcelada sin razón,... No hay nada que me favorezca en contarlo a las cámaras.

Aparte tampoco es que Blake me quisiera proporcionar la ocasión de hablar de algo útil, apenas me preguntó sobre algo que no fuera la historia de mi familia.

–Soy consciente, no te preocupes. Únicamente ansiaba discutir unos pocos detalles con tu tributo, ¿podrías dejarnos un momento?–Él frunce el ceño pero finalmente accede.

–Está bien pero no tardes mucho. Recuerda que ser la novia de Blake no te garantiza inmunidad. –El hombre abandona la estancia, adelántandose, estoy descolocado, la novia del presentador… ¿Qué me querrá? La agente me recorre lentamente con los ojos antes de sonreír. Se trata de una mujer muy alta de complexión fuerte y un pelo corto color caoba, atlética y, como todos en el Capitolio, se conserva muy bien para los más de treinta años que le calculo.

–Me preguntaba por qué te me hacías tan familiar, ¿eres familiar de Lincoln Laroux? –Asiento pacientemente. – ¡Vamos, habla! Nada te pasará por ello y quizás incluso averigues algo. –Es la frase que me ablanda, siempre deseé saber qué se escondía tras la detención de mi tío.

–Soy su sobrino. –Respondo de forma educada. –¿Sabe usted, algo de él?

–Fui una de las encargadas de su detención. –Expresa, por eso me reconoció. –Te recuerdo, eras tan joven por aquel entonces….–Suspira con nostalgia. –Supongo que no tendrás nada que ofrecerme, ¿verdad? –Y cruza sus brazos sobre el pecho con intención de resaltar su poder. Aquello me intriga, los agentes como ella no son sencillos de complacer y más si vas directo a una arena.

–Depende de que necesite, señora. –Contesto –Siempre fui una persona muy inteligente y astuta. Quizás aguante un tiempo si los vigilantes no son muy duros. –Pero ella bufa audiblemente.

–A menos que tu habilidad con los inventos sea superior a la de tu mentor no me interesa que sobrevivas. –Responde, me quedo paralizado nada más escucharla, aterrado ante el hecho de que desee mi muerte. –Aparte no te auguro un buen futuro si me das lo que quiero. A los de tu condición no les gustan los traidores. –Espera, ¿qué?

–¿Qu-qué quiere decir? –Tartamudeo, no quiero entregar a ninguno de los antiguos compañeros rebeldes de mi tío, no se lo merecen.

–Es curioso la cantidad de gente que está dispuesta a darte información si les prometes algo bueno. –Trago seco negando con la cabeza, no, eso no. –Así cazamos a tu tío, ¿sabes?–Y ríe audiblemente, mientras mi sorpresa aumenta, no puedo creer que alguien del distrito lo traicione. –¿Estás seguro de tu respuesta?

–Sí. –Una palabra, una sentencia, o al menos es lo que me imagino hasta que ella pronuncia lo siguiente.

–Lástima pero qué le vamos a hacer. Enfin, tu estilista tiene razón, no debería estar aquí. Solo...–Y me lanza algo, una moneda. –No tienes malos reflejos por lo que veo, al contrario de Lincoln, él era más experto en averiar sistemas y máquinas sin que lo advirtiéramos. Considera esto un regalo, aunque en verdad lo encontré en su habitación ¡Buena suerte en la arena!

Y se va.

.

Sacudo la cabeza, incapaz de creérmelo, ¿realmente ella..? Pero la llamada de mi estilista me impide llamarla para pedir más detalles.

–Al fin, realmente no tenemos tiempo. –Se queja Tais, cuando lo alcanzo delante del ascensor, todavía algo aturdido por lo que acaba de pasar. Me quedo parado delante del aparato, no puedo, definitivamente, no. –¡Vamos!, ¿no se supone que la gente como tu nunca tiene miedo o algo así? Realmente eres una vergüenza.

Las palabras me hacen apretar los puños, no miente, muchos rebeldes son conocidos por no temer a nada. Pero yo nunca fui de ese tipo de "rebelde". No puedo evitar recordar a Nicott, "creo firmemente que el miedo no daña más que un sueño". No me gusta sentirme un cobarde pero apreciaría mucho que todo esto fuera un sueño.

Mi estilista suspira antes de tirar de mí brazo, autoritario y casi se me cae la moneda al suelo.

–¡Cuidado!–Protesto, apartándome, nada tranquilo, pero las palabras se me olvidan al ver que está grabado en la esfera:

Es el símbolo del antiguo distrito trece.


.

Enophi Xerneas– 18 años – Distrito 3.

Nada más subir, la nave comenzó a tambalearse de forma bastante peligrosa, haciéndome resbalar y caer. Solté un grito, agarrándome al borde del vehículo, el aire me taponaba los oídos, mientras el miedo ascendía por mi columna vertebral para cuando Josua me tendió la mano y pude regresar a las alturas.

Pude salvarme..

Pero, ¿por cuánto tiempo?

"Gracias." Susurré de forma suave y él sonrió en respuesta. Éramos seis en el grupo, todos distinguidos por una característica en particular. Josua encarnaba el coraje, Renan, la inteligencia, Mara, la bondad, Silvana, la fuerza, Aley, la paciencia, y, por último, yo.

El alma elegida para devolver la esperanza al pueblo, juntos debíamos explorar los templos, buscar las piedras que nos designan y reunirlas en un solo lugar.

El templo Capitol, la cúspide del mundo donde todo empieza y culmina, el cielo todavía se notaba a través de las ventanas, lo teníamos todo, excepto el tiempo, pero no importaba, lo conseguiríamos.

Únicamente debíamos confiar los unos en los otros y mantener la esperanza.

Entonces todo sería posible.

Todo es posible para Escandia.

Y Escandia soy…

.

– ¡Enophi, cariño, ¿te encuentras bien? – La voz inquieta de Nailé, mi estilista, me devuelve a la realidad del aerodeslizador en el que estoy, de camino a la arena. La pobre se nota que es nueva y joven, le importo y siempre tiene listos sus mejores trajes para mí. Pero en estos momentos su dulce voz no hace más que aumentar mi angustia.

Quisiera estar lejos de aquí, en un lugar donde no deba matar a nadie. Entonces le daría mi apoyo a Renner y me volvería su amiga. Mazda y yo seríamos inseparables, junto con Sonya. Ella me recuerda tanto a Siri, estoy segura de que se llevarían muy bien. Finalmente están Alec y José, al primero lo admiro, tan fuerte, tan valeroso,... Y al segundo no le había prestado atención hasta la entrevista, cuando quise conocerlo...

En verdad me encantaría conocer a todos, seguro son personas muy agradables, pero en un lugar donde la única regla es matar o morir no es correcto. Recuerdo las palabras de Blake, convertirme en la protagonista de mi historia, y quiero, en verdad quiero. No quiero morir. Pero tengo tanto miedo...

No puedo hacerlo, unirme a alguien y luego matarlo o verlo morir, de solo pensarlo siento ansias de vomitar. Por eso rechacé la oferta de Renner, y me mantuve lo más sola posible, sin hablar más de lo necesario, ni hacer alianzas. Me hice un perfil discreto, aprendiendo lo más posible de venenos y primeros auxilios para ganar, pero manteniendo escondidos mis talentos para así propiciar mi devenir solitario. Nadie se acerca a una linda chica con un simple cinco, es inútil, carne de cornucopia, como muchos en mi distrito. Y si nadie se me acerca nadie me atacará, lo cual, quizás me de alguna oportunidad si soy discreta.

– Sí, sí. Solo estoy…¿nerviosa?– Pregunto al aire, buscando lo más adecuado para tranquilizar a Nailé, ella asiente con una pequeña sonrisa.

– Entiendo, les ocurre a muchos, te diría de mirar las estrellas pero a estas horas ya no persisten muchas, pronto llegaremos y podrás ver el amanecer, seguro que te relaja. – Trago seco, sí, mirar los colores del cielo danzar mientras esperas a que comience la masacre es muy relajante. – Mientras recuerdo que te gustaba dibujar, ¿no? – Un asentimiento, debo tranquilizarme, no tener miedo, el miedo es nocivo, te paraliza, contamina, y destruye.–Entonces hazme algo, sería un buen recuerdo por si algo te llega a pasar. No creo que puedas comer, es demasiado pronto, pero intenta al menos tomarte un café.

Niego con la cabeza, estoy demasiado nerviosa para beber o comer algo. Nos acomodamos en la mesa y ella pide un desayuno completo, para luego pasarme una pequeña libreta de diseño. La observo algo sorprendida, pero ella se limita a sonreír con dulzura. Es tan amable conmigo, no quiero ni pensar lo desolada que estará si yo llego a morir.

Desolada, es la primera imagen que me viene a la cabeza, una mujer joven que dibuja la previa a la muerte. Alguien que ha visto poco pero pronto ese poco se convertirá en mucho. Nailé me confesó que este era su segundo año, solo vio una muerte más cercana que las otras, podría ver una segunda. O tal vez no, no estoy segura de que yo merezca morir.

Puestos a pensar ni siquiera creo que merezca estar aquí. Me paso una mano por los ojos que ya comienzan a lagrimearme de nuevo, antes de sacar la pluma de mi pelo y comenzar.

.

Nailé come un poco y se embadurna, ella es tan refrescante, no por su atractivo o ausencia de él, sino por sus diferencias. Sonriente, dulce y despreocupada, además de creativa. Los del Capitolio siempre me parecieron seres extraños y fantásticos, demasiado diferentes para encajar en ningún tipo de entorno excepto su ciudad, y algunos ni siquiera allí. Mi estilista tiene el pelo liso, verdoso, como el pelo de la vigilante jefa, aunque creo que la denominada Thalia lo tiene ondulado y viste más brillante y formal. Nailé, en cambio, resulta informal, como una artista marginada. Me llaman la atención sus pendientes colgantes en forma de moneda. Pero lo más complicado de dibujarle es ese pelo revuelto que luce, como el de una niña recién levantada. Termino decepcionada del viaje solo por no poder terminar del todo su retrato. Pero a ella le parece hermoso.

–Oh, ¿soy yo? –Asiento suavemente cuando se lo muestro y de repente comienza a llorar. –Enophi, es tan hermoso. No me imaginaba que tuvieras tanto talento.

Y abraza el dibujo, todavia sollozando. Una artista desolada, una niña que viste la muerte. Una joven que parece más inocente de lo que es.

Y es que, ¿a quién pretendo engañar?

Regrese o no a mi distrito estaré más muerta que viva...


.

Hayley Tammy Belcher – 18 años – Distrito 8.

No debo preocuparme de nada.

Es lo que me dejó claro Woof, en nuestra despedida. No debo inquietarme, todo funciona según el plan y mientras lo siga puedo ganar.

Incluso aunque no tenga ningún aliado, porque fui de sobrada en el entrenamiento. No tengo paciencia para lidiar con los demás, de todos modos, encuentro que complacer a otros es absurdo, y menos en un lugar donde la regla principal es matar o morir.

Puedo arreglarmelas sola, manejando todo con mi actitud adorable y sensual, mientras oculto mis habilidades de los demás.

Es cierto que calculé mal, debí blandir un arma ante los vigilantes para obtener un seis. O al menos es lo que me dijo mi mentor.

"Los vigilantes se aburren fácilmente. Prestando atención a los primeros e ignorando a los demás a menos que hagan algo impresionante. Para una nota alta, tendrás que demostrar que puedes ofrecerles un violento espectáculo. Pero nosotros no haremos eso."

"¿Por qué no?¿Acaso dudas de que sea capaz?" Recuerdo haberlo desafiado y él culminó por reírse.

"Al contrario. Por eso prefiero que seas discreta. Si nadie piensa que vayas a hacer algo grandioso te dejarán hacer lo que quieras. Las pruebas de supervivencia te puntúan como máximo un seis, pero para ello deben ser impecables. Sino, usa un arma…"

Cuanto mejor sepas usarla más nota obtienes, pero si demuestras una asombrosa habilidad no podrás hacer nada porque todos irán a por ti.

Así que, aunque solo adestré para la parte ofensiva de la arena, hice una demostración banal, sin agarrar una sola arma y estrictamente basada en buscarse un refugio y subsistir.

Como si fuera a esconderme en un rincón, esperándome a que me olviden, cuando en realidad pienso matarlos a todos.

Entonces seré rica.

Nunca deberé trabajar en la fábrica, menos casarme con Bonne. Seré famosa, viviré en una suntuosa casa de la villa de los vencedores y todos me adorarán.

No importa que no tenga amigos, no importa que me odien, estaré por encima de ellos y podré hacer lo que quiera.
.

–¡Eih, cuidado con este anillo!–Le protesto a mi estilista cuando veo que me lo intenta arrebatar. –¡Puedo asegurarte que conseguirlo me costó más que a ti este trabajo!

Él me dirige una mirada de disculpa.

–Perdóname pero debo llevarlo a revisar. El Capitolio es muy estricto con ese tipo de detalles. Cualquier cosa susceptible de contener un arma debe ser arrebatado. –Intenta explicarme. Suelto una carcajada ¿En serio hay personas que se dan tanto trabajo para tener algo que encuentras a puñales en la arena? ¡Qué idiotas!

–¿Un arma? ¿En serio? Para qué molestarse si la arena está a rebosar de ellas? –Expreso con burlona incredulidad. –Anda cógelo y cuidalo bien. Perdí algo muy importante a cambio. –Y le guiño un ojo, pícara, haciéndolo reír muy animado.

–Suena estúpido, ¿verdad? E incluso así el chico del distrito dos guardó una navaja en el dije de su colgante. Creo que es obvio lo que ocurrió. –Me guiña un ojo y me río, pobrecito, le quitaron su símbolo. –Vete a la ducha que en nada regreso con tu traje para la arena. No te preocupes.

Y parte.

Voy a la ducha pensando en mi brillante futuro. El ver mi cuerpo, las casi imperceptibles marcas de mi cuello me recuerda a los últimos hombres que me tocaron. Creo que lo único que echaré de menos de mi antigua vida es el sexo. Era cierto que lo hacía por dinero y, los agentes suelen ser violentos, pero, en ocasiones, me tocaron buenos hombres. Jóvenes nerviosos que me trataban como una delicada flor, o "caballeros" que me colmaban de regalos mientras dejaban que hiciera lo que quisiera de ellos. Algunos incluso intentaron tener citas conmigo.

Como es obvio, me negué. Ese tipo de relación no era para mí, o al menos no lo fue hasta que supe de mis posibilidades con Bonne.

El hijo del alcalde. Me da pena, seguro que esperaba verme presumiendo de él, en pantalla. Pero, ¿qué puedo decir? Woof me comentó sobre patrocinadores muy ricos que darían toda su fortuna si con eso pudieran asegurarse poseer a la próxima vencedora. Y tener una relación con una personalidad muy importante y rica del Capitolio suena todavía mejor que todo lo que tengo ahora.

.

–¡Aquí estoy!–El estilista regresa con mi anillo y me lo tiende con una brillante sonrisa, para luego sacar mi traje y me lo enfila con esa mirada habituada que siempre adorna su rostro. Frunzo el ceño al ver un simple vestido étnico de media manga blanco, cuello redondo y símbolos variados diseñados en diversos tonos de rojo, marrón y, el color dorado. No negaré que es bonito pero a mi parecer tanto su parte de arriba como la falda holgada, no muy larga, de abajo tienen mucho detallismo inútil. Lo único que me recuerda que vamos a una arena son los bien equipados botines marrones.

–Es curioso, me esperaba a la nueva vigilante jefa más transparente, pero no puedo deducir mucho de la arena en base a esto. Pon las manos en los lados, creo que hay bolsillos. –Expresa mi estilista, decepcionado, yo también lo esperaba.–Deberás fijarte en si en la arena hay ropa de abrigo y si sí, agarrarla, esas cosas nunca están allí por nada. Sobre todo dado que estos botines se adaptan¡a terrenos húmedos y secos.–Explica. – ¿Estás cómoda?

Asiento moviendo brazos y piernas, hasta hay un pequeño pantalón para que no enseñe la ropa interior, ¿que tanto le costaba poner alguna pista?

Igual no importa, mi estilista me aporta algunos datos sobre otras arenas, asegurándose que lo hace porque cree que puedo conseguirlo y me siento segura.

Segura de que pronto regresaré con mi sueño cumplido.


.

Mazda Corsa – 16 años – Distrito 6.

Debería estar tranquila, al fin y al cabo, no hay nada que pueda hacer para evitar mi potencial muerte. De hecho hasta podría decirse que me lo he buscado.

Soy consciente de que todo lo que hice, tanto en el desfile como pruebas y entrevista posteriores no está bien. Pero, extrañamente, quería intentarlo, defender los tributos y expresar lo que muy pocos expresan por miedo a morir.

Me hace sentir bien, me hace sentir correcta, soy yo misma, sin ningún tipo de retención.

Y, aunque me condene, no creo que sea en vano, en el distrito seis, Nicott solía decir que las personas mueren pero las ideas perduran. Es en lo que creo, una idea, una chispa, una tormenta. No me importa lo que atraiga, no temo a la muerte, pero incluso así estoy nerviosa.

Nerviosa por las consecuencias, mis aliados, no debería, Sonya se mostró fuerte y José pudo ingeniar una estrategia para pasar desapercibido. Es dispar y me inquieta, pero no puedo pedir más siendo la puntuación un arma de doble filo, cuanto más alta más peligro, pero cuanto más baja menos patrocinadores. Uno debe apostar por el mal menor.

Además, ser invisible ayuda más de lo que parece. Si te desmarcas en una estación armamentística o peligrosa, durante el entrenamiento, todos tomarán nota de ello. Pero si eres mediocre lo más probable es que te ignoren, permitiéndote tomar nota de sus más obvias habilidades y debilidades. He conseguido bastante información a base de observar y, o, incluso, preguntar a otros. Muy pocos desconfían de quienes se declaran rebeldes así que recibí ayudas,trucos, consejos, secretos,... Lo útil para la arena se lo transmití a mis aliados, lo demás sirve para no desanimarme.

Juego con mis manos, inquieta, mientras pasa el tiempo. Wen está silencioso, esperando, lleva ignorandome desde el mismísimo desfile, convencido de que cuanto menos cercano se muestre, menos suerte habrá de que lo castiguen por mi culpa. No lo culpo, para quién está demasiado integrado en la enfermiza sociedad Capitolina, rebelarse es sinónimo de su confusión, o al menos fue lo que me dijo mi mentora. Ella no es mala, confesó admirar mi valor y me deseó suerte, al igual que Nicott.

.

–Wen, ¿puedo hacerte una pregunta?–Mi estilista levanta la mirada de su teléfono móvil, aburrido. – Este desajuste horario, ¿a qué se debe? ¿Es cierto que este año los juegos serán más diurnos que nocturnos? –Ante lo último veo su rostro convertirse en asombro.

–¿Donde escuchaste eso? –Pregunta, inquisidor, me encojo de hombros, en realidad no es más que una teoría que escuché de parte de Denis, pero dado el tipo de plantas del entrenamiento resulta factible.–El diseñador de arenas desea que contempléis el amanecer antes de morir. Muy considerado, ¿verdad?–La llamada a las plataformas me disuade de contestarle algo ofensivo. –Anda sube, niñata rebelde y ojalá nunca nos volvamos a ver.

Obedezco aguantándome las ansias de dedicarle un ojalá te tragues tus propias palabras. No pienso convertirme en una asesina para cerrar unas pocas bocas. Inspiro hondo y levanto la cabeza mientras el tubo sube, quiero llorar, llorar y gritarles a los infames que crearon esto, pero sé lo poco que me ayudará a donde voy.

.

Y sesenta segundos, me llama la atención la ausencia de la voz de Blake anunciando el comienzo y la escasa luz. ¿Nos equivocamos,acaso? No, veo algo, una suave luz que aumenta según el sol sube desde detrás de la Cornucopia. Estamos en un túnel, veinticuatros tributos dispuestos de forma dispar, comparada con otros años. No hay círculos, solo plataformas a distintas distancias de tal forma que todos vemos el mismo paisaje. Y sin embargo noto la corriente detrás de mí.

59, 58, 57, lo que hay delante es un bosque, pero tanto las hojas en tonos rojizos de los árboles como la tenue luz le dan un aspecto siniestro. Para llegar a él debes traspasar el túnel, no atisbo ninguna fuente de agua, desde donde estoy, ni siquiera en el suelo.

56, 55. Como siempre las más mortíferas armas están ordenadas de mayor a menor en el interior de la Cornucopia dorada, con las de larga distancia separadas de las de corta. Lo demás parece estar dispuesto en mochilas o sacos de diversos tamaños a diferentes distancias de la Cornucopia.

Me muerdo el labio, nerviosa,mientras nos acercamos a los 40 segundos. Sonya está a tres plataformas a mi derecha, José, justo a mi izquierda, un golpe de suerte. Pero Nicott y su alianza son casi indistinguibles desde donde estoy.

La luz tiñe el cielo de naranja, desde luego es un muy buen distractor, de estar en casa lo disfrutaría, pero no lo estoy. Intento pensar algo, una acción útil, Alpine nos dijo, a Nicott y a mí, que no temiéramos a la Cornucopia, hay muchos tributos para pocos profesionales, no necesariamente debemos sucumbir y sin nada es sencillo morir. Pero prefiero mantenerme apartada.

Preferiría no ir directa a un frío asesino sanguinario, Nicott me confesó que con su alianza planearon tomar direcciones diferentes para luego cruzarse en el mismo punto, y así asegurarse de que si uno es atrapado los demás puedan salvarse. Pensé en proponérselo a Sonya pero luego cambié de parecer, si ella o José están en peligro quiero poder ayudarles.

Quiero ayudar todo lo posible aunque me cueste la vida, así es que me animo a echar un vistazo atrás. Pero los vigilantes jugaron con la luz de tal forma que el camino hacia la explanada, similar a una pradera, es difícilmente distinguible. Y prácticamente me sobresalto cuando la voz potente de Blake se alza en un "No, no, no. No vale hacer trampas". Seguro debe divertirse mucho con esto.

Y regreso la mirada al bosque rojo, el cielo dejó de ser dorado para pasar a morado y sigue degradándose hasta que el contador llega a cero. Tomo nota de seguir una sola dirección, hasta llegar a una salida segura. Pero mis planes se ven frustrados al ver que Sonya es de las primeras en dirigirse al centro, nada más sonar el gong...


.

Continuará


Equivalencias pov. Enophi

Escandia: Enophi

Josua: José

Renan: Renner

Mara: Mazda

Aley: Alec

Silvana: Sonya


Y al fin llegamos a la arena, lalalalala. :D La arena es un terreno que desgraciadamente no se desvela de una sentada, sino que irá poco a poco según la luz y exploración de los tributos, me gusta jugar con esos detalles. Como veis regresamos a los Capítulos de seis povs, me siento más cómoda así. No puedo aseguraros cuantos Capítulos llegaran a tener este esquema u otro, dependerá de qué ansíe contar, pero procurare cubrir mínimo un pov por alianza. Respecto a las muertes, el esquema del baño es básico, los seis tributos que acordé con sus usuarios y aquel cuyo dueño/a haya dejado menos reviews. Sin embargo, eso no significa que los demás salgan ilesos, es un baño después de todo. Les recuerdo que si bien no me cargaré a todos los que estén retrasados en reviews, ya que sería desperdiciar a casi la mitad de los participantes, el seguimiento es una parte muy importante en un syot y descuidarlo puede acelerar eventos muy malos para tu tributo. Ahora mismo los tributos cuyos dueños están al día son Sadfire, Filipo, Cormorant, Lucy, Sonya, Jack, Diana, Kia, Brunel, Crowmell, Alec y nadie más :')

Evidentemente seguirá habiendo muertes que no necesariamente se guíen por los reviews, sobre todo del lado de los tributos "débiles", pero necesitaba sacarlo a relucir. Ignoro cuando tendré el siguiente Capítulo ya que, como sabéis, mi tiempo ya no es tan libre, y tengo pensando batallas muy importantes de las que literalmente no sé salir xDD Probablemente termina recurriendo a algún deus exmachina/vigilante o algo así. Será preferentemente pov tributos, excepto que se me olviden detalles, entonces colaré a Tiana o Clark. Preguntas:

1) ¿Pov favorito?

2) ¿Qué te esperas para el baño? Quiero leer teorías :P

3) ¿Cómo te imaginas la arena fuera del túnel? ¿Ideas, teorías sorpresas? Incluye lo que quieras por aquí. :)

Por último, aviso que el blog ya está actualizado con la página de galería y hay una nueva entrada con un dibujo de Brunel y Filipo, gracias Ana88 :D

Espero que os hayan gustado los últimos povs de algunos personajes y nos leemos :D