CAPÍTULO XII
-Hola…- saludó Akihiko a Ayumi una vez que estuvo frente a nosotras.
-¿Qué tal? – respondió ella dudosa.
-Todo muy bien, la ventas en nuestra tienda han ido de maravilla. Kagome es muy buena vendedora. – Comentó con amabilidad. –…. ¿Te importaría si nos das unos minutos? Creo que se encuentra algo exhausta y me gustaría tomarme un descanso con ella.-
Ayumi me miró sorprendida esperando por mi aprobación. Yo miré a Akihiko de pie frente a nosotras. Él guardaba una postura relajada. En su mano traía un paquete de comida y la otra yacía escondida en el bolsillo de su hakana. Sus intenciones no parecían malas, y tampoco quería que notase lo mucho que me había afectado lo que había pasado.
Le asentí a Ayumi, haciéndole entender que estaba bien, y ella se levantó de la banca dejándole su sitio a Akihiko.
-Cualquier cosa estaré en el teatro – ofreció ella, pero sonó mucho más como una advertencia. Le sonreí y miré como se alejaba hacia el teatro.
Akihiko pareció hacer caso omiso de aquella advertencia, y comenzó a desenvolver el pañuelo blanco en el que traía una caja bento. Sacó dos juegos de palillos y me entregó uno.
-Lo siento si te he hecho sentir incómoda…- me pidió con voz suave mientras sacaba las cajitas de madera con comida.
-No…- hipé. Me estaba costando mucho controlarme. – No es tu culpa… Es sólo que…- y entonces me detuve. No podía contarle nada, tanto InuYasha como los fragmentos debían permanecer en secreto.
Él detuvo su tarea y me miró largamente. Yo tenía los ojos llenos de lágrimas que no me permitía derramar, y las manos unidas sobre mis piernas. No me animaba a alzar la mirada porqué sabía que si lo hacía, su imagen me recordaría nuevamente a InuYasha y entonces no podría contenerme más.
-Toma – dijo él entregándome el pañuelo con el que había envuelto la lonchera.
Yo lo recibí y me limpié las lágrimas con uno de los bordes.
-Mira… - comenzó a decir con algo de dificultad. -Sé que no es fácil contar nuestros problemas a otros. En especial cuando tememos que nuestros amigos y familiares nos juzguen o hasta tilden de locos. Pero… resulta muy difícil y hasta veces imposible atravesar solos ese tipo de momentos- lo miré asombrada escuchando atentamente.- No te pido que me cuentes lo que te ocurre, entiendo que hay cosas que simplemente no podemos contar...Pero si puedes decirme como te sientes, o al menos saber que no estás sola en esto Kagome. Aunque no te conozco desde hace mucho siento… llámame loco, pero siento que llevo años a tu lado. Y no puedo evitar preocuparme un poco por ti.-
-Akihiko…No estás loco…- ¿Cómo le explicaba que verdaderamente no estaba loco? ¿Qué él era la reencarnación de alguien a quien yo conocía? Peor aún… de alguien a quien yo quería profundamente. –Yo siento lo mismo… Gracias por preocuparte por mí.- agregué, pensando que esta sería la única manera de explicarme.
Él asintió y permanecimos otro momento en silencio.
-El otro día en el pozo de tu casa…- comenzó a preguntarme, y sentí mi cuerpo tensarse.- Tú estabas llorando… ¿Es por la misma razón de hoy?
Suspiré pensando en la respuesta. Ese día lloraba por los fragmentos e InuYasha, hoy lloraba por que había sentido que casi lo "traicionaba" y al mismo tiempo porqué no lo había hecho.
-Más o menos – respondí. Él se quedó en silencio, probablemente intentando dilucidar mi vaga respuesta. Lo observé con detalle y sentí la curiosidad burbujear dentro de mí. ¿Quién era Akihiko?...más allá de su relación espiritual con InuYasha.
-Akihiko… ¿puedo preguntarte algo? –
Él me miró y lo meditó por un segundo.
-Seguro. Siempre y cuando no preguntes porqué mi acento es tan pesado. Ha sido imposible eliminarlo por completo por más que lo intente. – Bromeó.
-De hecho, quizás si tenga algo que ver con tu acento – le sugerí también de broma, algo más relajada. -… ¿Por qué decidiste realmente venir al Japón? –
-No fue precisamente una decisión. – me explicó con sinceridad.
-¿A qué te refieres? – quise indagar más. Sus hombros se tensaron y vi que adoptaba cierto aire de incomodidad. – Lo siento, no tienes que…-
-No. Estoy harto de no hablarlo con nadie. Estoy dispuesto a decírtelo, siempre y cuando se mantenga sólo entre nosotros...-
-Seré discreta – le prometí. El tomó un largo suspiro y se decidió por comenzar.
-Cuando mi madre murió, mi padre comenzó a deteriorarse física y mentalmente. La bebida empezó a ser su única compañía, y dejaron de importarle sus responsabilidades…-
Pude ver cómo le dolía hablar de esto, así que tímidamente encerré mi mano sobre la suya para darle ánimos. Él alzo su mirada y me sonrió.
– No podía soportar verlo en ese estado e intenté ayudarle, ¿pero cómo ayudas a alguien que no desea ser ayudado? Entonces mi hermano mayor comenzó a tomar las responsabilidades de mi padre como presidente de la empresa. Todo iba relativamente bien hasta que un día mi padre desapareció.-
Lo miré sorprendida y apreté su mano infundiéndole fuerzas. Me costaba creer lo que él estaba diciendo.
-Continúa…- lo invité.
-Eso ocurrió hace un par de meses y ni siquiera la policía internacional ha podido dar con él. Más allá de eso, el problema es que la compañía no quiere reconocer a mi hermano como el nuevo presidente y el testamento de mi padre me señala a mí como heredero mayoritario de las acciones de la compañía.-
-No entiendo…- lo interrumpí. -¿No debería ser tu hermano mayor el principal heredero?
-No de esa empresa, porqué fue fundada por mi madre y mi padre. Y Klaus, mi hermano, es en realidad mi hermanastro.-
-¿"Esa" empresa? ¿Eso quiere decir que hay más?- repetí anonadada.
Akihiko me miró culpable, como sintiéndose mal por tener que confundirme con su historia.
-Sí, hay más… Pero nada de eso me importa, no puedo dejar que ellos manipulen mi vida y la de mi hermana. Llegaron al punto de querer forzar un matrimonio entre la hija del vice-presidente de la otra compañía de mi hermano y yo para que Klaus tuviese completo acceso legal a la empresa que me dejó mi padre.-
Lo miré sintiéndome increíblemente molesta con su hermano. ¿Qué clase de persona hacía eso?
-No puedo creer que de verdad haya intentado eso…Es atroz.- le dije a Akihiko.
-Lo sé…- murmuró él.- Quizás no me hubiese importado que me utilizaran a mí para mantener la legacía de mi padre, pero no soportaría ver que le hiciesen lo mismo a Kristen, mi hermana pequeña. Por eso escogí el lugar más apartado de Alemania que pude conseguir, y la traje conmigo…-
-Cuanto lo siento Akihiko… Haces que mis problemas quizás parezcan algo más tontos.
-No es tu culpa, no tienes de que disculparte.
Nos quedamos callados un momento mientras él me observaba atento y mi mente trataba de asimilar lo que él me acaba de contar.
-Siento haberte hecho creer que vivía con mi padre…- mencionó él.
-Para nada, fui yo quién lo asumí…- le recordé- Pero si hay algo que no entiendo.-
-Pregunta. -
-¿Cómo es posible que tú no puedas ocupar el cargo de tu padre y aceptar las acciones así como él dejó escrito en su testamento? De ese modo no tendrías que responder a tu hermano ni a nadie.-
-Sé que quizás parezca la opción más obvia pero…- tragó saliva. - Aún guardo esperanzas de que mi padre regrese... Aún no encuentran su cuerpo, ¿Sabes? –
Y entonces vi como sus ojos lucían algo más húmedos. Sentí su tristeza fundirse con la mía y pude comprender que la afinidad que él había sentido conmigo no solo tenía que ver con InuYasha. Por las causas que fuesen, los dos nos encontrábamos en situaciones de las que no podíamos hablar con nadie y que nos abatían fuertemente.
Me removí en el asiento y me acerqué más a él, encerrándolo en un abrazo.
-No estás solo.- susurré- Ya verás cómo todo se soluciona, no te preocupes.-
Él se movió un poco hacia mí, y se quedó tranquilo permitiéndome brindarle apoyo.
-Gracias, Kagome.- murmuró. Y su mirada se enfocó en la mía, permitiéndome apreciar sus ojos ambarinos que fluían brillantes como un río de miel. Me parecían la cosa más hermosa que había visto jamás en mi vida.
-¿Qué tal te parece si le pedimos a Ayumi que nos reemplace un par de horas y así disfrutamos nosotros también un poco del festival? – le pregunté con una suave sonrisa.
-¿Y no está ella ya ocupada en el teatro?
-Eso no importa- le dije alegre.- Estoy segura de que si ella no puede conseguirá a alguien más que lo haga. Eso no será problema.-
"Y además me la deben…" pensé recordando esa misma mañana.
-Está bien entonces. Probablemente nos caerá bien distraernos un rato – aceptó él.
Envolvimos nuevamente la caja de bento en la pieza de tela blanca, y caminamos hacia el teatro. Hice a Akihiko esperar afuera y yo entré en busca de Ayumi.
-Tendrás que cubrirnos un rato – le anuncié con una sonrisa una vez que la hube encontrado justo al lado de la puerta.
-¿Cubrirte? – repitió sorprendida. Me estudió un poco y noté que me encontraba más tranquila.
-Todo está bien Ayumi…Después te cuento- le prometí.
-Muy bien. Buscaré a las chicas para que se encarguen de la tienda.
-Gracias.
-Por nada – respondió con una sonrisa cómplice.
Me acomodé un poco el vestido y salí del teatro al encuentro de Akihiko. Me preocupaba un poco lo que me había contado hace un rato. Deseaba que se distrajera y despejar un poco la mente.
-Listo. Ayumi se fue a buscar a las chicas.
Él me sonrió y señaló el festival que se encontraba a unos cuantos pasos a nuestra derecha.
-¿Vamos?
-Sí – le dije contenta, comenzando a caminar hacia la multitud de tiendas de colores con Akihiko a mi lado.
Después de un par de minutos estudiando varias tiendas, ambos encontramos un lugar que vendía unos helados magníficos.
-¿De qué quieres el tuyo? – me preguntó.
-Hmm… Yo lo quiero de… - pensé observando las distintas copas y mezclas que ofrecían hasta que conseguí una que me pareció perfecta – Esa que se llama deleite de chocolate-
El me observó sorprendido y sonrió.
-No sabía que las japonesas morían por el chocolate – jugueteó.
-Y yo no sabía que los alemanes lo hacían por los ositos de goma – respondí señalando la copa que la mujer acababa de terminar y le ofrecía en el mostrador.
Al verla, el arrugó el ceño sorprendido.
–Vaya…no sabía que la de vainilla y caramelo los traía.- admitió riendo. Entonces metió una cucharada de helado en su boca y me miró asombrado. – La verdad es que si moriría por los ositos de goma, esto está excelente.
No pude evitar soltar una carcajada ante su expresión aniñada.
-Su helado señorita – me llamó la señora del mostrador también con una sonrisa.
-Muchas gracias- le dije tomando el helado con ambas manos para evitar cualquier accidente.
-Tome- se dirigió Akihiko a la señora ofreciéndole el dinero. Me di la vuelta disfrutando de mi helado a la espera de que Akihiko terminase de pagar.
Di unos pasos hacia unas pequeñas mesas que se encontraban cerca a la vez que revolvía con la cucharilla los tres distintos tipos de helado de chocolate junto con el fudge y las galletas troceadas. Estaba a punto de sentarme cuando finalmente logre sentir lo que con tanto ahínco había buscado desde el día de ayer. La presencia de un fragmento que se encontraba a menos de veinte metros de distancia en dirección hacia el bosque.
Inmediatamente sentí que mi cuerpo se tensaba y mi mente pasaba a un extremo estado de alerta. ¿Quién estaba en posesión de uno de los fragmentos de la perla, y se escondía en el bosque durante el festival del colegio?
Dejé la copa de helado sobre la mesa y me di media vuelta en dirección hacia el bosque. Justo iba a empezar a correr hacia el lugar cuando escuché a Akihiko tras de mí.
-Has conseguido un buen sitio- comentó alegre.
-¿Te preocupa algo?- me preguntó cuando me volteé a mirarlo y él pudo observar mi rostro. Enseguida dejó su copa también sobre la mesa, y se acercó con premura hacia mí. – Te ves pálida Kagome… ¿Te sientes bien?- volvió a preguntar esta vez posicionando sus manos sobre mis hombros, sosteniéndome con delicadeza.
-Sí, me encuentro bien. Es sólo qué…- intenté explicarme negando con la cabeza.
-Quítale las manos de encima.- susurró una voz cargada y desafiante detrás de mí, desde donde estaba el bosque. Enseguida sentí que casi me desmayaba del susto. Creo que en ese momento, hubiese preferido enfrentarme a un monstruo de diez cabezas antes de tener que encontrarme en ésta situación.
Vi como Akihiko descubría en mi mirada la mezcla de sorpresa, miedo y preocupación, y desviaba sus ojos enfocándolos en el recién llegado. Volvió a mirarme y me preguntó.
¿InuYasha?...-
Yo sentí que las piernas se me aflojaban al escuchar su nombre salir de los labios de Akihiko y me limité a asentir con debilidad recordando la vez que me había caído de la silla y había visto a InuYasha mientras me encontraba entre los brazos de Akihiko, quién me había salvado de un fuerte golpe en la cabeza.
-Sí…-
-Ya entiendo por qué dices que me le parezco…- me susurró al oído dejándome anonadada. Así que después de todo si me había escuchado cuando ese comentario se me había escapado en el pozo. – Podremos ser casi iguales físicamente, pero yo nunca te haría el daño que él te ha hecho…Ten eso en mente, Kagome. –
-¡Te he dicho que la sueltes! – vociferó InuYasha a mis espaldas.
Creo que en ese instante, comencé a temblar ligeramente. Debía evitar a toda costa que InuYasha dañara a Akihiko. ¿Pero cómo hacerlo sin causar una escena? Comencé a mirar a mí alrededor a la búsqueda de algo que me ayudase, sin éxito. Estaba sola en esto. Así que me di la vuelta, soltándome de Akihiko, para finalmente enfrentar a InuYasha.
Continuará...
Vaya... Esto se esta poniendo intenso. Que emoción que ya apareció Inu! :D Disculpen la tardanza para publicar... me ha agarrado un gripón que no me esperaba, eso sin mencionar la inacabable lista de cosas por hacer. Pero bueno, como dicen por ahí, tarde pero seguro! Espero que les guste este capítulo. Ya me enteraré con sus mensajitos..! Muchas gracias por dejarlos! Es la mejor paga del mundo. Besos,
Eli.
