Capítulo 11: Lista para la acción.

POV Oliver.

La noche ya había caído sobre Starling City.

Estábamos bajo la luz de una farola, a una cuadra del bar clandestino.

Ya que era un bar de época, los 20's, Felicity iba vestida de acuerdo a ésta. Llevaba un vestido negro y corto de bailarina de charlestón, tacones también negros y un pequeño bolso al hombro, colgado de una delgada cadena. Dentro llevaba todo lo que necesitaría para ingresar al club y a la computadora. Sería fácil. No se demoraría demasiado. O eso me gustaba creer para aplacar mis nervios.

Aún seguía sin gustarme del todo la idea de que estuviera tan decidida a arriesgarse.

-¿Tienes el micrófono?

Me miró y señaló a su oído.

-Sí, todo listo.

Había estado tan ocupado preocupándome por su seguridad que no me había dado cuenta de lo bella que estaba esa noche. Llevaba el pelo suelto en suaves ondas, sólo sujeto de un lado, con una trenza... Se veía resuelta, convencida de que lo que iba a hacer saldría bien. Esperaba poder sentir el mismo convencimiento.

-¿Tienes absolutamente todo?

-Yep. Tranquilo, Oliver, sé lo que tengo que hacer.

Con un suspiro asentí con la cabeza y me arrodillé en la acera.

-¿Qué sucede?-preguntó Felicity.- Cuando suspiras es porque no estás completamente seguro de las cosas...

Ignorando su comentario abrí el bolso en el que llevaba mi traje y mi equipo de arquería, sólo en caso de que las cosas se complicaran. De uno de los bolsillos interiores tomé una pequeña pistola.

Felicity me miró.

-¿Acaso eso es...

-Una pistola de dardos, sedantes.-dije, mientras la ponía en la funda.-Es muy probable que la oficina del "gerente" no esté desocupada, así que tendrás que disparar antes de que den la alarma y te descubran. Aun así no tienes tanto tiempo.

Debió notar un dejo de preocupación en mi voz, porque comentó:

-Estaré bien-dijo, tratando de tranquilizarme por enésima vez. Tenía una leve sonrisa en los labios.

Apreté los labios, asentí con la cabeza y le tendí la pistola. Ella la tomó y trató de introducirla en el bolso.

-Oliver, no entra.

Maldición.

-Tu vestido es demasiado corto, Felicity.-moví la cabeza, negando.

-Que observador, Oliver, pero tenemos un pequeño problema con encontrar un lugar donde poner la dichosa arma...

Me abstuve de sonreír, como siempre hacía con sus ingeniosos comentarios y la miré.

-Si fuera un poco más largo podrías esconderla bajo la falda.

-Y si fuera un poco más largo probablemente no andarías indicando lo que cubre o no cubre de mis piernas...-cerró los ojos un segundo e hizo una mueca, como cuando hacía un comentario y se daba cuenta de que había metido la pata.-... perdón, no quería decir eso.

Luchando contra la sonrisa que quería asomar a mi rostro, dije:

-Intenta de nuevo con el bolso.

Puso la pistola en el bolso. Asomaba un poco desde arriba y desde luego que sería imposible cerrarlo.

-Al menos no se nota demasiado.-comentó, mirando la parte de la funda que asomaba fuera del bolso.

Asentí, rozándole delicadamente el brazo con mi mano. Me detuve en su codo.

-¿Estás lista?

-Estoy lista desde que te dije que era yo la que tenía que entrar, Oliver.-dijo, mirándome a los ojos.

Sonreí, la atraje hacia mí y deposité un beso sobre su frente.

-Te cuidaré la espalda, Felicity.

-Agradecería que no fuera sólo mi espalda lo que cuidaras...

Sonrió y se dio la vuelta, caminando fuera del alcance de la luz, hacia el bar.

Por mi parte me metí en uno de los callejones cercanos y subí a la escalera de incendios de uno de los edificios próximos al lugar.

Una vez en el techo pude ver el lugar donde estaba el bar, que por fuera parecía una bodega de almacenaje. Tomé unos binoculares de visión nocturna y activé un micrófono para interferir con la señal de los de los guardias de la entrada.

Para mi suerte justo alguien se disponía a entrar y daba la contraseña. Desactivé el micrófono especial.

Activé el auricular con micrófono para activarlo e informé a Felicity.

-La contraseña es "Al Capone"

-Wow, que obvio... entendido.-dijo Felicity y se acercó a la puerta. Uno de los guardias le pidió la contraseña y ella se la dio. El hombre hizo un gesto, invitándola a pasar.

Atravesó el umbral de la entrada y desapareció de mi vista.

Ya estaba dentro.