11.- Rutina


Harry había estado pensando toda la noche sobre el castigo de Snape, estaba en una encrucijada. Por un lado, quería hacerle pagar la humillación del "trajecito de mascota", ya que una de las fotos de su pública humillación, había sido enmarcada y colocada en el salón de trofeos. Por el otro, si abusaba de su "privilegio" en el castigo, podía correr el riesgo de ya no recibir su entrenamiento o que este fuera deficiente o incompleto. Tenía que encontrar un castigo perfecto, con la dosis correcta de humillación.

Pensaba en esto mientras comía y Hermione y Ron discutían como siempre por cosas que no le interesaban, ellos siempre discutían, y no era solo ellos, viendo a su casa objetivamente, era la mesa más ruidosa, Ginny hablaba en voz alta con Parvati y Lavender, Neville había invitado a Luna y charlaban amenamente sobre los snorkaks de cuernos arrugados, mientras Dean y Seamus intentaban comer y jugar Snap Explosivo al mismo tiempo, los gemelos (que habían aceptado recursar su último año a instancias-más-bien-amenazas de su madre) levantaban pedidos para su "tienda" de artículos de broma y si Harry no oyó mal, también estaban levantado apuestas de último minuto. Prometió en su mente, que, en la primera oportunidad, le comentaría eso a Snape.

En fin, era difícil poder concentrarse, Harry no podía imaginarse nada peor que su casa en ese momento cuando más quería concentrarse y pensar con claridad. Una luz se encendió en su cerebro. El justo castigo para Snape, algo tan horrible que hasta ahorita a nadie se le hubiera ocurrido algo así, algo que a cualquier Slytherin le significaría una humillación mayúscula, pero que no lo dañaba físicamente, además del extra de que su presencia callaría un poco su mesa por algunos días. Era perfecto.

Luego de su primera "sesión" de entrenamiento, que fue pura teoría de transformaciones, Harry empezó a analizar sus propios ejercicios, y se prometió intentar algunas Transformaciones por su cuenta antes de la noche de mañana, que empezarían a practicar. No le comento a Snape nada sobre el castigo que había elegido para él, ni sobre la prueba que había elegido como siguiente reto. Snape estaba diciendo que ya casi era la hora de cenar cuando Harry se acordó de los gemelos.

—Por cierto, profesor, me entere de algo en mi mesa que podría interesarle—.

—¿Y qué podría ser eso señor Potter? ¿Acaso el señor Longbottom logró hacer una poción decente o su amigo, el señor Finnigan logró por fin convertir el agua en ron? —.

—¿Cómo sabe eso de Seamus? —.

—Alguna vez me pregunto si podía hacerse eso con una poción—.

—¿Y se puede? —.

—Sí, pero no iba a ser yo el responsable de que la casa Gryffindor tuviera sus primeros brotes de alcoholismo antes de los 15—.

Harry estuvo a punto de reírse, pero logró contenerse.

—No es nada de eso profesor. Es sobre los gemelos—.

—¿Lograron por fin perfeccionar sus galletas de canarios o el turrón sangra-narices? —.

—No preguntare como sabe eso, pero estoy seguro de que me lo dirá.

—Digamos que, desde hace dos años, tuvieron un "extraño" interés en mi materia, incluso subieron sus calificaciones. Comprenderá que, tratándose de ellos, eso es bastante "inusual"—.

—Tampoco se trata de eso, es que ellos... bueno, ¿Sabe que han estado apostando a nuestras contiendas? —.

—Sí, es un secreto a voces—.

—Vaya, entonces no es algo tan importante de decir—.

—De todos modos, terminé de decirlo—.

—Bueno, estaban tomando apuestas de último minuto—.

—Eso explica por qué el señor Malfoy y el señor Zabini tenían cerca de 200 galeones en una caja. Al parecer ha habido una serie de apuestas en cada una de las contiendas. Y esta fue casi un imán para ellos. Después de todo, se mantuvo en absoluto secreto en qué consistía la contienda—.

—Eso es raro—.

—Eso no es raro, eso fue por seguridad Potter—.

—¿Seguridad? —.

—A veces me asombra que usted logrará sobrevivir hasta Sexto Año. Potter, piense por favor. Usted vio lo que hace la poción, o pociones mas bien. ¿Qué cree que pasaría si algún alumno se enterara del resultado de las pociones? ¿O el Señor Oscuro? No Potter, por eso esta contienda se mantuvo en secreto. Solo se sabe que fue Pociones y el día de mañana se sabrá que usted ganó y nada más, incluso le pediré a Dumbledore que me Oblivie y que lo haga con usted. Esa fórmula, ambas fórmulas, fueron un éxito, así que debemos olvidar que ingredientes usamos. ¿Lo entiende? —

—Creo que sí profesor, pero me hubiera gustado recordar esa poción—.

—¿Por qué Potter? —.

—Porque es la primera vez que hago una poción mejor que usted—.

—Una razón más para Obliviarlo señor Potter—.

—Mejor vayamos a cenar—.

Ambos salieron de la sala de los menesteres y se dirigieron al comedor, Harry pensó en algo rápidamente y se regresó a la sala, diciéndole a Snape que se adelantara, que él lo alcanzaría pronto. Harry volvió a pasar por el tapiz, pero esta vez pensaba en su "laboratorio" de Pociones, y en cuanto apareció la puerta, entro rápidamente, localizó el libro del príncipe y escribió rápidamente varias cosas en un pergamino, desde cómo hacer aparecer el laboratorio, como estaba organizado, que cosas tenía, y que ingredientes uso en la poción. Copió rápidamente la receta de la poción en otro pergamino por si acaso Snape desaparecía el pergamino que le dio originalmente, escribió todo y luego puso otro trozo de pergamino donde se decía a sí mismo que era el libro y lo que haría a continuación. Agarro varios frascos y depositó en ellos sus recuerdos sobre el laboratorio y las Pociones. Luego puso todo en su mochila y fue a dejarla rápidamente en su baúl en su casa, y le puso varios hechizos para que solo el pudiera abrir la mochila. Luego de eso se fue a cenar.

Tal cual lo dijo Snape, Dumbledore les dijo que los Obliviaría por seguridad, pero antes discutirían la siguiente contienda. Harry había pensado bastante sobre lo siguiente, quería probar hechizos defensivos, pero sobre todo uno, hechizos escudo, sabía que había varios, pero quería perfeccionar uno que le permitiera proteger a mucha gente. Y eso era magia muy avanzada. Cuando lo dijo, Snape no se sorprendió, pero Lupin y Dumbledore sí, sin embargo, ya que Snape no puso ninguna objeción, la contienda se fijó para fines de febrero.

Otra historia fue el castigo, Snape se puso pálido, compitiendo fuertemente con los fantasmas del castillo, eso era demasiada crueldad, incluso para Harry Potter, ni el Señor Oscuro pudo imaginar algo más terrible para el pocionista. Pero dado que la magia del contrato lo forzaba a cumplir los castigos, no pudo negarse.


Harry espero el desayuno del lunes con ansia, sus ojos estaban puestos en las puertas mientras Ron y Hermione estaban tratando de ignorarlas, Dumbledore y Lupin fingían no saber lo que sucedería a continuación. Las conversaciones callaron cuando una oscura figura entro al gran comedor.

Severus Snape atravesó el gran comedor y desvió sus pasos hacia la mesa de Gryffindor, Harry Potter lo saludó cortésmente antes de recorrerse para que el pocionista se sentará a su lado. La tensión en el gran comedor podía cortarse con un cuchillo, por un instante no hubo ni un solo sonido, y esto casi daba una sensación de zumbido en los oídos. Dumbledore como siempre, trato de explicar la situación.

—Como ustedes sabrán, hoy tenemos el resultado del ganador de la contienda, Harry Potter. Y la razón de que el profesor Snape este en la mesa de Gryffindor, es que ese fue el castigo impuesto por el ganador—.

Luego de una mirada de odio de Snape dirigida a nadie en particular y luego bien dirigida hacia cierto Gryffindor, el desayuno continuo en relativa paz, mientras Harry Potter trataba de no reír al tiempo que engullía su avena, y un furioso Snape atacaba sin piedad un bistec con su cuchillo. Ese día Snape logró lo que nadie había logrado en décadas, una mesa de Gryffindor silenciosa.


La semana continuó en "relativa paz", y el entrenamiento de Harry iba por buen camino, Snape y él seguían gruñéndose mutuamente, pero aún no se habían hechizado de forma irreversible, lo cual era una mejora respecto a su trato anterior. Tanto Harry como Severus sabían que no podían dejar de odiarse, pero ambos comprendían que trabajar juntos por el momento era la mejor política, ya habría tiempo de lanzarse maleficios cuando la guerra acabará.

Toda esa semana, Harry logró una mejora sustancial en transformaciones, llegando a crear un mangual (bola de picos medieval) en regla a partir de una almohada. Snape se sintió especialmente satisfecho luego de ver que su joven pupilo incluso había hecho los picos más pronunciados. Pero nunca se lo diría. Eso le daría más motivos para engreírse al Gryffindor.

Evidentemente, las mejoras de Harry no pasaron desapercibidas por la profesora McGonagall. Harry no es que fuera un alumno mediocre, pero la mejora que exhibía ahora era más cercana a la pericia de Hermione Granger y ella misma. Decidió que, a partir de ese momento, Harry estaría más bajo su ojo crítico, era evidente que el muchacho había tomado en serio, ¡Por fin!, su educación, si había mejorado así, ¿Qué tanto más podía mejorar con algo de presión extra?

Harry llegó a su clase del sábado con Snape echando chispas mientras este lo miraba desde un sillón.

—¡Puede creerlo! McGonagall quiere que tome una clase extra los domingos. Dice que he mejorado tanto en tan poco tiempo, que quiere darme una tutoría especial... ¡En domingo! —.

Snape trataba, sin éxito, de contener su risa ante la actitud "furiosa" de Harry.

—¡Oh! ¡Pobre señor Potter! Ja, ja, ja, ja ¡Oh Merlín! ¡La justicia divina existe! ¡El karma es real! Le debo una disculpa a Trelawney por dudar de eso. Ja, ja, ja, ja—.

—¡No se ría! ¡Es terrible!, incluso sugirió que quizás deba dejar el quidditch, ¡El quidditch! —.

—Y yo estoy de acuerdo con eso señor Potter. Tendría un mejor uso de su tiempo si se dedicara solo a sus clases y a su entrenamiento, y dado que McGonagall, se va a tomar en serio su educación, sería usted un desagradecido si no toma su oferta. Dígame ¿A cuántos de sus compañeros, ella les ha ofrecido tutoría personal? Le puedo jurar que ni siquiera a la señorita Granger—.

Harry no pudo replicar eso, porque era verdad cada palabra, amaba el quidditch, pero eso no era tan importante como vencer a Voldemort, si lograba vencerlo, podría volver a jugar quidditch en otro momento. Y McGonagall, la profesora nunca había ofrecido su tiempo. Harry decidió que Snape, el muy bastardo, tenía toda la razón.

—¿Entonces usted cree que debo aceptar? —.

—Definitivamente, soy bueno en Transformaciones, pero McGonagall es experta en ese campo, quizás podría usted convencerla de enseñarle animagia si la agarra en un buen día. Eso sería bueno mientras logre convencerla también de mantenerlo en secreto, al menos hasta que el Señor Oscuro haya caído—.

—Eso me gustaría, a veces me he preguntado qué clase de animal sería—.

—¿Usted? Casi podría jurar que un pequeño ciervo—.

—Muy cliché profesor, no creo que mi animal sea un ciervo, quizás un perro, o un león—.

—Dudo que sea un león, su carácter no se asemeja a uno. Pero eso tendrá que averiguarlo hasta que convenza a la profesora McGonagall—.

Dejaron la conversación ahí y se dedicaron a seguir transformando almohadones y cojines en armas y objetos de metal, terminaron la practica poco antes del toque de queda.


Las semanas siguieron y entre el entrenamiento con Snape, sus clases regulares y ahora la tutoría con McGonagall, Harry estaba bastante ocupado, aun así, tenía varias horas libres a la semana que dedico a perfeccionar encantamientos y hechizos escudos. Había uno en particular que quería perfeccionar, una combinación de tres encantamientos: Protego Maxima, Fianto Duri y Repello Inimicum. Al parecer, esta combinación creaba una barrera casi impenetrable, el truco era precisamente el "casi", los tres hechizos por sí mismos no tenían gran fuerza, combinados eran muy poderosos, pero Harry quería hacer un escudo completamente invulnerable.

Protego Maxima creaba el escudo, Repello Inimicum repelía los ataques y a cualquier intruso u objeto y Fianto Duri, literalmente endurecía la barrera, debía haber algún otro hechizo que pudiera volverla imbatible y eso es lo que buscaba Harry.

Luego de varios días buscando en la biblioteca e incluso en la sala de los menesteres sin hallar nada, Harry estaba frustrado. En todos los libros decían que mucho del hechizo dependía de la fuerza que le imprimía el mago, así como la intención antes de lanzarlo. Pero eso por sí solo no haría imbatible el escudo, y estaba con una almohada ocultado su rostro en su cama cuando una luz se volvió a encender en su cerebro. Debía aprovechar esa "casi-genialidad" que últimamente tenía. Busco en su baúl hasta que lo encontró. El libro del príncipe.

Harry lo había recuperado casi de inmediato luego de que Dumbledore lo Oblivió, Harry no quería que la fórmula de la poción se perdiera, así que dejo sus pergaminos en el libro, y este a su vez lo sustrajo de la sala de los menesteres, encanto los pergaminos y los frascos con sus recuerdos con un hechizo de tiempo para evitar que pudieran ser localizados hasta un año después y también hechizo unos frascos que había logrado envasar de la poción antes de que le fuera requisada. Harry tenía la corazonada de que la llegaría a ocupar.

Leyendo el libro del príncipe, Harry no encontro el encantamiento que buscaba, pero si hallo la solución a su problema, no había un encantamiento que hiciera imbatible los hechizos escudo, porque nadie lo había inventado aún. Con eso en mente, ahora buscaba libros que dijeran la teoría detrás de la invención de encantamientos y hechizos nuevos.


Voldemort estaba muy divertido con la frustración de Severus Snape, el pocionista luego de las consabidas reverencias a su señor, había procedido a contarle el resultado de su contienda. Razón por la cual, Voldemort hacía esfuerzos por contener la risa, no es que el Señor Oscuro no riera, reía de forma atemorizante, pero esta risa estaba más cercana a la de un humano común, así que debía guardar la compostura.

—Severus, sigo sin poder creer que el niño dorado de Dumbledore te venciera—.

—Sigo pensando que encontró una forma de hacer trampa. No encuentro una forma de que pudiera haber mejorado tanto en Pociones, ¡Pociones mi señor! El chico no estallaba calderos, pero tenía dificultades con una simple poción para curar forúnculos—.

—¿Cuál es la siguiente contienda? —

—Una mejora en los hechizos escudos—.

Luego de que Severus le contó a Dumbledore del interés del Lord en el "contrato" con Harry, Dumbledore le dijo que fuera "sincero" con él en la medida de lo posible. Pero que cuidara muy bien la información sensible.

—Uhmm, eso es interesante, ¿Por qué el interés en mejorar los hechizos escudos? Hay muchas otras posibilidades de competición. ¿Por qué ese interés? —.

—¿Mi Lord desea que investigue? —.

—No Severus, deja que las cosas sigan su curso. Si Potter tiene alguna especie de plan, este debería revelarse por sí solo, no es que el joven sea el mejor estratega. El mismo se delatará—.

¿El Lord siendo paciente? Si las alarmas de Snape ya estaba en alto todo el tiempo, esto solo las enloqueció. Algo muy grave estaba pasando con el Lord para que no quisiera saber si Potter tenía un plan, lo cual solo quería decir que el Lord tenía un plan y que no necesitaba saber que quería Potter.

—Como usted desee, mi señor—.

—Bien Severus, eso es todo. Por cierto, ¿Cuál fue tu castigo? —.

Severus esperaba que nunca le hubiera preguntado eso.

—Yo... debo... comer en la mesa de los Gryffindor hasta la siguiente contienda—.

—¡Por Merlín! No sabía que Potter tuviera una vena de crueldad tan grande. Empiezo a creer que no es tan Gryffindor, quizás le hubiera ido bien en Slytherin. Cuando quiere, parecer tener inclinación por el sadismo. Bien Severus, puedes retirarte—.

Severus se fue haciendo una última reverencia y salió de la sala. Lucius Malfoy y Vincent Crabbe Sr. permanecieron junto al Lord y sin decir una palabra Crabbe le extendió una bolsa con 50 galeones a Lucius, lo cual no pasó desapercibido por el Lord.

—¿Apostando Lucius? —.

—Una entretención inofensiva mi Lord. Nos parecieron interesantes los rumores que circulan en Hogwarts acerca de que todas las casas han apostado en cada contienda. Hasta ahora el favorito era Snape, pero luego de esta última contienda, las apuestas están divididas—.

—¿Y ustedes pensaron en sumarse a esta "entretención"? —Malfoy y Crabbe empezaron a palidecer.

—Mi señor, nosotros sólo... —.

—Apuesto 100 galeones a que Potter gana la siguiente—.

Ambos mortífagos estaban impresionados, ¡El Lord había apostado a favor de Potter! Pero a pesar de la sorpresa, debían aceptar la apuesta de su señor.

—...¿Alguien más apuesta además de ustedes? —Pregunto el Lord a Malfoy.

—Avery, McNair, mi cuñada Bella, y Colagusano solo ha apostado 5 galeones a Snape. Así que debe pagarle a Goyle. Goyle aposto 10 a que ganaba Potter—.

—Interesante... bien, retírense, y avísenme de cualquier cambio que haya en las contiendas—.

—Si mi Lord—.

Malfoy y Crabbe salieron de la sala, entre agradecidos y asombrados de las reacciones del Lord, llegando a la misma conclusión de Snape, si al Lord ya no le importaban los planes de Potter, es porque el mismo ya tenía un plan. Y por la confianza del Lord, este debía ser especialmente oscuro.


Severus Snape estaba de vuelta en su laboratorio personal después de su reunión con el Lord. Aún seguía pensando en él porque del comportamiento del Lord, y cuál podría ser el plan que estaba trazando, si no es que ya lo había comenzado.

Pensaba en todo esto mientras guardaba los frascos con sus memorias que había extraído antes de que Dumbledore lo Obliviara, y los pergaminos que había tomado durante s u trabajo y el duplicado del libro de Pociones que Harry le había regalado, y dónde venía la receta de una poción en particular. Hechizo el duplicado y los pergaminos para que no se revelarán hasta que hubiera pasado al menos un año, hasta ese momento solo se vería un libro en blanco y pergaminos vacíos. Sello todo en una caja que no se abriría hasta pasado ese lapso y solo por su mano.

Esa poción era muy tentadora para cualquiera y la lógica decía que lo mejor era borrarla del mapa, pero Severus no podía simplemente permitir que algo así, se perdiera en las arenas del tiempo, por eso tomó la decisión de preservar su trabajo y protegerlo de cualquiera, tanto así que había tomado varios frascos de su poción, los cuales también selló en la caja.

Entre sus clases, calificar exámenes y tareas y el entrenamiento de Potter, Severus estaba exhausto y le dolía la cabeza de tanto pensar en los posibles planes del Lord, así que tomo un baño y luego agarro su libro favorito, ese era uno de esos días.


Albus Dumbledore sabía que ninguno de sus muchachos se dejaría Obliviar si no hubieran tomado precauciones, así que además del Obliviate les había lanzado una instrucción subyacente, que debían sellar toda información de la poción con un lapso de un año.

Dumbledore empezaba a imaginarse los planes de Voldemort, pero aún era pronto para decirlos en voz alta, además de la instrucción que le dieron al joven Malfoy, ¿Por qué Voldemort escogería a un chico para ese trabajo? Era una pregunta sin respuesta, como muchas de las crueles acciones de Voldemort.

Dumbledore había tomado un caldero pequeño de cada poción para hacer sus propias investigaciones y había llegado a dos sorprendentes conclusiones, ambas Pociones hacían más que rejuvenecer, y no rejuvenecían al azar, si solo encontraba el ingrediente correcto, cualquiera de las Pociones podría cumplir una de las promesas del discurso de Severus a los primeros años: "Ponerle un alto a la muerte".