Con los castigos, las clases y las detenciones la semana pasó rápidamente y Severus estaba cada vez más tenso, difícilmente soportaba a sus compañeros y respondía de tan malas maneras que la gente que se atrevía a acercarse salía corriendo a los dos segundos, o, a decir verdad, la gente prefería no acercarse.
Era ya sábado y Severus estaba en la sala común haciendo sus tareas (eran más de las seis de la tarde), pero no lograba concentrase, aparte del escándalo que hacían los alumnos de segundo y primer año, estaba muy preocupado, las noticias eran cada vez menos alentadoras (Según el diario El Profeta que había llegado en esa mañana, habían atrapado por lo menos a 20 mortífagos), por lo que los ánimos del recibimiento no serían los mejores y no quería imaginar si algo salía mal...
Estaba tan distraído que Galatea tuvo que darle un picotazo en el dedo para sacarlo de sus pensamientos.
-¡Auch!, Galatea, eso dolió, ya sabes que me duelen mucho las ma....
Se detuvo en seco al notar que había alguien sentado a su lado mirándolo pero como sin querer molestarlo.
- ¡Ah! Ya llegaste – dijo Severus - ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Como diez minutos – respondió Anabel en voz baja y mirando con interés las manos vendadas de Severus – aún tienes las manos venda....
- ¡Ya te dije que no es tu problema! – dijo Severus de mal humor y casi gritando, le molestaba que la chica fuera tan entrometida – Mejor empecemos a trabajar en lo de porciones - agregó intentando serenarse.
- Anabel sacó una pluma y un pergamino de su maleta, y destapó un tarro de tinta que estaba sobre la mesa y le alcanzó Severus.
- En estos libros hay algo que nos puede servir – continuó Severus, sacando los ya familiares y extraños libros de su mochila y poniéndolos en la mesa - ¿Le pediste a McAffey el libro que te dije? – preguntó a la chica mientras acariciaba el plumaje de Galatea.
- Sí – respondió Anabel al tiempo que sacaba un grueso libro de su maleta y se lo mostraba a Severus – y McAffey además me prestó este otro libro, me dijo que aquí podríamos encontrar algo que nos podría ayudar – y sacó un libro más pequeño y viejo que pasó a Severus, quien comenzó a examinarlo con interés.
- No sabía que el viejo McAffey pudiera tener libros como estos – dijo Severus interesado mientras pasaba las hojas del libro pequeño.
- ¿Acaso que tiene de interesante ese libro? – dijo Anabel intrigada.
Severus levantó la cabeza y la miró con sus oscuros ojos mientras le decía con voz seria:
- Si no lo sabes es mejor que no te enteres
Anabel hizo una mueca de disgusto pero no dijo nada y volteó su vista hacia el pergamino y comenzó a escribir el título de la tarea. Severus se encogió de hombros ignorando la actitud de su compañera y comenzó a dictarle algunas ideas que encontraba en los libros y las cuales podían ser útiles para su ensayo.
Al estar trabajando en el ensayo y con compañía, Severus se olvidó por un momento de su ansiedad y sus preocupaciones, no era que hablara animadamente con Thompson ni mucho menos, pero la presencia de otra persona lo hacía concentrarse en lo que estaba haciendo en ese momento y no en lo que tenía que hacer. Se sorprendió mucho al notar que ya llevaban alrededor de hora y media trabajando y que el ensayo ya llevaba un pergamino y medio más de lo que había pedido el profesor McAffey y eso que ni siquiera iban por la mitad.
La sala común estaba ya casi vacía puesto que muchos de los alumnos habían subido a sus habitaciones, Severus estaba un tanto cansado pero quería terminar ese trabajo de una vez y además les faltaba poco, le estaba corrigiendo a Anabel algunas cosas del último párrafo que había escrito y buscaba en un libro un párrafo que le había parecido interesante, cuando al mirar a la chica de reojo, observó que esta se movía nerviosamente en su silla y se agarraba las manos para que dejaran de temblar, parecía como si quisiera hablar o preguntar algo pero no se atrevía. Severus frunció el entrecejo pero volvió al libro, la verdad no sabía por qué pero le molestaba un poco que Anabel le tuviera miedo, tal vez era porque ella.....
- Puedo...¿Puedo hacerte una pregunta Snape? – Severus se sobresaltó y levantó la vista de inmediato, podía notar que Thompson estaba muy nerviosa y se mordía los labios con fuerza, a juzgar por su actitud la pregunta no sería precisamente de la tarea, pero aún así estaba intrigado, quería saber que la ponía tan nerviosa, así que la miró fijamente y le respondió:
- Qué quieres saber – Anabel lo miró casi asombrada, obviamente esperaba una respuesta negativa pero aún así, eso lo que hizo fue aumentar sus nervios y no disminuirlos.
- Yo....este.....yo.....eh......me preguntaba – Severus levantó una ceja, le parecía que Thompson daba muchos rodeos para hacer una simple pregunta y podía estar casi seguro que sería alguna estupidez – quería...quería saber si alguna vez....
- Severus, necesito hablar contigo un momento – dijo una voz a las espaldas de Anabel que hizo que esta se callara de inmediato y miraba horrorizada al que estaba hablando como si temiera que la hubiera escuchado.
- ¿No ves que estoy ocupado, Nott? – respondió Severus de malas maneras y miró a Anabel y le dijo – decías que....
- Yo...yo me tengo que ir – dijo Anabel empacando rápidamente todo en su maleta y levantándose tan rápidamente que había tumbado la silla al suelo
- Pero.... – dijo Severus empezando a disgustarse – el ensayo.... y lo que decías que.....
- Hasta mañana, Snape –dijo Anabel por toda respuesta mientras desaparecía por el corredor que llevaba a los cuartos de las chicas.
- ¡Eres un completo imbécil! – dijo Severus de muy malas pulgas a un muy confundido Nott.
- Lo siento Severus, yo no sabía....
- ¡Por supuesto que tú no sabías!, ¡Tú no sabes nada!, ¡Eres una bestia! – gritó Severus levantándose de la silla y abriendo la ventana para que Galatea pudiera salir para realizar su cacería nocturna. – ¡¿Qué era lo que querías?! – continuó sin importarle la cara de disgusto que había hacho Nott al escuchar lo que le decía.
- Esto llegó para ti esta noche y me pareció que era urgente – respondió Nott intentando dar un dejo de frialdad a su voz y ofreciendo a Severus un sobre sellado.
Severus mas bien rapó que tomó el sobre de las manos de Nott y comenzó a leerlo, en realidad no le gustaban para nada los términos en los que estaba escrita la carta, pero no podía darle el gusto a Nott de mostrarle que sentía miedo por un papel, así que compuso su cara lo mejor que pudo y con un resto de frialdad dijo a Nott:
- Ya puedes irte, no voy a decirte lo que contiene el sobre. – Nott miró a Severus por lo bajo con odio pero no dijo nada y subió las escaleras hacia su habitación.
Cualquiera que hubiera visto la cara de Severus en ese momento, hubiera salido corriendo sin pensarlo dos veces, ahora aparte de las clases, las detenciones y el trabajo de entrenar a los otros, tenía que preparar una gran cantidad de pociones que tenía que llevar en Semana Santa. El problema no era prepararlas (Severus era precavido y previendo lo que podía pasar tenía algunas de las pociones más difíciles en preparación desde hacía algunas semanas), el problema era que al parecer las utilizarían para entrenar a los nuevos en la Semana Santa, si bien sabía que esto no se había hecho antes, los términos en que estaba escrita la carta le hacían pensar eso, aunque ya había visto torturas algunas veces, e incluso había sido torturado, él nunca lo había hecho y no tenía las más mínimas ganas de hacerlo en ese momento.
Severus se acercó a la ventana pero no vio a Galatea, intentó buscarla por un rato pero no se observaba ninguna ave en las cercanías, bajó la cabeza y suspiró con tristeza, de repente se acordó de la pregunta que había querido hacerle Anabel y a pesar de pensar en eso durante un rato no se le pudo ocurrir nada sobre lo que ella quisiera preguntarle. "Alguna estupidez", se dijo filosóficamente y subió a su habitación para intentar descansar.
Se sorprendió de haber logrado dormir toda la noche a pesar de las preocupaciones que tenía, si bien se levantó un poco temprano, pero no le importó, ya estaba acostumbrado, además así podría revisar con detenimiento sus heridas.
Afortunadamente estas ya estaban sanando y solo tendría que usas los vendajes por dos días más. Una vez salió del baño, Galatea se posó en su brazo y bajaron juntos al gran comedor. Este estaba prácticamente desierto y solamente algunos profesores estaban desayunando, Severus supuso que eran los que tenían que hacer la ronda unos minutos más tarde.
Luego de unos minutos salieron los profesores que estaban desayunando y entraron otros, a la cabeza de los cuales iba el profesor Dumbledore, se veían cansados y enormes ojeras surcaban sus ojos. Aún así Severus no pudo evitar notar que Dumbledore tenía cierto aire de gravedad y le inquietaba saber que era lo que había sucedido.
El gran comedor empezó a llenarse de gente, de todas maneras por ser domingo no todos se levantaban muy temprano, además no habría Quidditch sino hasta dos semanas después de haber regresado de la Semana Santa, como de costumbre no había nadie cerca de Severus y este lograba escuchar las risas provenientes de la mesa de Gryffindor, levantó la vista un momento y pudo notar que Sirius Black lo observaba con una mueca de burla en su cara como queriéndole hacer notar que estaba solo y sin amigos, Severus le respondió con una intensa mirada de odio pero que no pudo mantener por mucho tiempo, en ese momento entraron las lechuzas llevando el correo matutino por lo que desvió su mirada hacia el techo. En realidad estaba agradecido que eso hubiera sucedido pues no hubiera soportado mirar a Black por más tiempo, odiaba tener que darle la razón.
En esos momentos una especie de legajo de hojas cayó sobre su cabeza y luego al piso, Severus se agacho a levantarlo y lo desenrolló, era El Profeta, al leer la noticia que había en la primera página pudo comprender el porqué de la actitud de Dumbledore.
Espía Descubierto
Gran conmoción ha causado en la comunidad mágica el asesinato de Jostein Gardener, un reconocido miembro de la comunidad y dueño de una considerable fortuna, que se creía retirado en su mansión en las costas italianas, a pesar de su juventud.
Según el informe de los oficiales muggles (conocidos como "pocresías") el cadáver del señor Gardener fue encontrado en un barrio marginal de la ciudad de Londres, esta es una región netamente muggle por lo que en un principio se descartó cualquier tipo de ataque relacionado con el mundo mágico, pero una vez se realizó el levantamiento del cadáver (realizado de acuerdo con las leyes muggles), y se realizó la respectiva autopsia, el forense se mostró asombrado puesto que al parecer el informe médico dictaminó que la muerte se produjo por algún tipo de golpe, el cual en condiciones normales no habría pasado a mayores.
Según fuentes que pidieron reserva de sus nombres, el señor Jostein Gardener había estado trabajando secretamente como mortífago infiltrado, pasando al ministerio información valiosa y confidencial con respecto a las actividades de
El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Esta noticia no quiso ser confirmada por el ministro de magia, quien se abstuvo de dar declaraciones.
Según la misma fuente, la muerte pudo ser un castigo de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado al descubrir al espía y se baraja la hipótesis de la utilización de pociones de tortura combinada para causar una muerte dolorosa, aunque no se tiene conocimiento que algún mago con amplio conocimiento en la preparación de pociones integre el grupo de
El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
Varios de los alumnos que también estaban suscritos al profeta, comenzaron a comentar la noticia con los que estaban más cerca, pronto todo el colegio comenzó a comentar el acontecimiento y se escuchaban voces temerosas y algunos gritos ahogados. Severus pudo notar que en la mesa de Gryffindor las sonrisas habían desaparecido de las caras de Potty y sus amigos pero ahora estos lo miraban amenazadoramente cono si él hubiera tenido algo que ver.
Algunos miraban a Dumbledore como si esperaran que este dijera algo. Pero el director siguió desayunando como si nada hubiera sucedido y hablaba con la profesora Sprout que estaba sentada a su lado.
Al notar que el director no parecía querer hablar sobre lo que salía en El Profeta, muchos de los alumnos después de sacar sus conjeturas se desentendieron completamente del asunto y comenzaron a desayunar como de costumbre, otros seguían mirando a Dumbledore esperando que hablara pero se vieron obligados a resignarse y contentarse con el desayuno aunque sus rostros seguían un poco tensos.
Ya había terminado el desayuno y los alumnos se dirigían a las puertas de salida del gran comedor para unirse a sus perfectos y dirigirse a sus respectivas salas comunes, cuando Severus sintió un golpe muy fuerte en su espalda y cuando se volteó para observar quien había sido el agresor escuchó una voz cercana a su oído que le decía:
-Ya ni tus propios rastreros te aceptan, ¿no Snivellus?
- No te metas en lo que no te importa Black – respondió Severus con voz ácida
- Oh! No es que nos importe, Snivellus. Pero puede que todos se hayan dado cuenta la clase de basura que eres – dijo otra voz por el otro lado
- ¿Siempre tienen que andar juntos? – dijo Severus con una sonrisa desdeñosa – Potter deberías estar detrás de la sangre sucia, ¿o es que aún no te permite acercarte? – agregó con sorna
- ¡TE VOY A LAVAR LA BOCA SNAPE! – gritó James intentando sacar su varita mientras que Sirius lo sostenía por la espalda dejándolo avanzar.
- ¡No James! ¡Hay muchos profesores aquí! – decía Sirius intentando alejar a su amigo
- Hazle caso a Black, a Dumbledore no le gustaría tener que dar una detención a sus leoncitos estrella – agregó Snape con voz sarcástica.
- Por lo menos nosotros no tememos a Dumbledore – dijo Sirius con voz calmada
- ¿Y acaso yo sí? – preguntó Severus con voz desafiante.
- No, pero a ti te castigarán papi y Voldemort, ¿estás preparándote ya para lamer el piso, para morder el polvo y arrastrarte? ¿No verás a tu flamante amo en Semana Santa? – preguntó Sirius con la voz más calmada que pudo
Severus se puso extremadamente pálido, no dijo ninguna palabra pero lanzó un sonido algo parecido a un rugido y sacó su varita con rapidez, iba lanzar un hechizo hacia Sirius y James cuando otra voz lo detuvo en seco.
- ¿Está buscando otra detención señor Snape? – preguntó con voz furiosa la profesora McGonagall
Severus no respondió nada por lo que Sirius y James lo miraron divertidos
- Ustedes tampoco son unos ángeles – agregó la profesora McGonagall mirando severamente a Sirius y a Jemes que dejaron de sonreír al instante – ¿acaso quieren cumplir alguna detención con el señor Snape?
- No, profesora, nosotros simplemente....
- Será mejor que se dirijan con sus prefectos para ir a sus salas comunes – dijo la profesora McGonagall severamente y no se movió del sitio en el que estaba hasta que observó que los muchachos ya estaban en las esquinas opuestas, reunidos con los compañeros de sus casas.
El profesor Dumbledore era consciente del desespero que debían sentir los alumnos estando encerrados toda la semana, por lo que el domingo tenían permiso de salir de su sala común aunque tenían que informar a los respectivos prefectos de sus casas por lo que obviamente primero tenían que reunirse todos en sus respectivas salas comunes.
Severus había terminado todos sus deberes el día anterior (a excepción del ensayo de pociones) y no tenía nada que hacer sino hasta la tarde cuando el profesor McAffey lo buscaría para cumplir su castigo, por lo que decidió salir de la sala común para dar un paseo por el castillo.
Una vez obtuvo el permiso del prefecto de su casa (un chico pelirrojo y pecoso), salió tomando el camino hacia las afueras del castillo, había una gran cantidad de alumnos por fuera a pesar que el día estaba un poco nublado, pero aún así no llovía, los profesores hacían rondas seguidas y vigilaban a los alumnos, mirando sospechosamente a todos aquellos que se dirigieran a lugares apartados.
Después de un rato el ambiente comenzó a hacerse tedioso y Severus decidió regresar al castillo al ver acercarse a Black y su grupo, no era el momento para buscar detenciones, además que ellos le ganaban por mayoría y no quería que se repitiera una escena como la del año anterior al salir de los TIMOs (para más información leer libro quinto en la parte en que Harry mira en el pensadero de Snape).
Estaba vagando por los pasadizos y ya había recibido varias miradas de reproche de los profesores que estaban de guardia por lo que estaba a punto de regresar a su sala común cuando se le ocurrió una idea. Buscaría a Anabel para terminar el ensayo de pociones y de paso preguntarle qué era lo que quería saber...
"Ese imbécil de Nott", pensó mientras se dirigía a la biblioteca, allí estaban la mayoría de los de Hufflepuff y Ravenclaw pero de Slytherin solo había unos cuantos de cuarto año, por lo que decidió no pasar más tiempo en ese lugar y salió nuevamente hacia los campos del colegio, en realidad no recordaba haber visto a Anabel en la sala común por lo que decidió no regresar allí sino como último recurso. Afortunadamente Potty y sus amiguitos ya no estaban por esos lares, por lo que escuchó decir a una idiota de séptimo año de Gryffindor (que lo comentaba muy emocionada a sus amigas), habían ido al campo de Quidditch para una práctica. A pesar que James era el único que era miembro del equipo, Severus sabía que irían todos "esos idiotas siempre andan en manada".
Aún así Anabel tampoco estaba en los invernaderos, ni cerca al lago, al bosque prohibido o a la cabaña de Hagrid. Severus descartó el hecho que ella pudiera estar en el campo de Quidditch, por lo que decidió ir a la lechucería, no recordaba si Anabel tenía o no una lechuza pero nada se perdía con intentarlo. Como en los otros lugares no encontró a nadie, pero al verlo llegar, Galatea bajó del lugar en que se encontraba y se posó en su brazo, por lo que Severus decidió suspender la búsqueda y dedicarse a su lechuza. Se dirigió con ella en dirección al lago, el cual se encontraba más bien solitario porque el cielo se había oscurecido un poco más y amenazaba con una tormenta, no le prestó atención a esto y se sentó en una roca que le permitía dominar el paisaje, Galatea se despegó de su brazo y emprendió el vuelo mientras que Severus la seguía con la mirada, estuvo así un buen rato hasta que se dio cuenta que ya iban a ser las seis de la tarde y era hora de que estuviera en la sala común. Se apresuró a llevar a su lechuza a la lechucería y tomó el camino hacia las mazmorras.
Se acercó con rapidez al tapiz que daba paso a la sala común de Slytherin, dijo la contraseña (Salazar Slytherin), e inconscientemente buscó a Anabel con la vista entre los que estaban allí pero casi todos eran alumnos de años inferiores que estaban armando una tremenda bulla. Severus no tuvo más remedio que sentarse entre ellos a esperar que llegara el profesor McAffey. Spencer parecía interesado en hablarle a Severus pero este le dirigió una mirada de tal hostilidad que el muchacho prefirió quedarse sentado con sus compañeros. La puerta se abrió y un gran grupo de alumnos entró en la sala común, acababa de comenzar el toque de queda y todos querían evitar un castigo. Severus siguió en su lugar pero mirando hacia los muros de piedra del lugar, había dejado los libros en su habitación y le parecía un poco inoficioso subir por ellos puesto que el profesor McAffey seguramente no tardaría en llegar y no le daría oportunidad para leer nada.
Al cabo de unos 15 minutos la puerta de la sala común se abrió nuevamente y Severus vio entrar al profesor McAffey, el cual le hizo una seña para que lo siguiera, Severus ya se había levantado y se dirigía hacia el profesor McAffey cuando observó que este se hacía un poco al lado para dejar pasar a Samantha Grindelawd y Anabel Thompson, esta última apenas notó su presencia tomó a su amiga de la mano y la empujó con rapidez hacia las habitaciones de las chicas. Severus no tuvo más remedio que seguir al profesor McAffey para cumplir su castigo.
La semana estaba pasando mucho más rápido de lo que Severus hubiera deseado, había intentado preguntarle a Anabel varias veces cuando se encontraban en clase qué era lo que ella quería saber pero la chica siempre le respondía con evasivas, por lo que el humor de Severus empeoró notablemente, para colmo cada vez que se encontraba con Potter y su grupo observaba las sonrisas burlonas de estos y le mencionaban algo sobre Voldemort y sus padres, por lo que estuvo a punto de atacarlos varias veces, así como de ser atacado pero siempre aparecía un profesor con expresión seria aunque cansada que los obligaba a alejarse lanzándose miradas de odio.
- Las pociones están casi listas – dijo Robert Downs mientras revolvía el contenido de uno de los calderos que estaban en la habitación escondida de Slytherin.
- Creo que solo hay que dejar reposar estos unos cinco minutos más – dijo Tina Powell mirando dos calderos que estaban al fondo de la habitación, y luego volteando su rostro hacia el otro lado agregó – Spencer ya puedes sacar los frascos.
El aludido hizo un movimiento con la varita y varias cajas salieron volando hacia el lugar en el cual se encontraban Tina y Robert. En ese momento la puerta se abrió silenciosamente y los que estaban en el cuarto vieron entrar a Severus.
Estaba un poco cansado y tenía un fuerte olor a limpiador de lavanda, pero no por eso iba a dejar de reunirse.
- ¿Cómo van las pociones? – fue lo primero que preguntó al entrar
- Ya están casi listas – respondió Robert quien nuevamente agitaba el contenido del caldero
- ¿Cuánto tiempo le falta a la más demorada? – preguntó Severus nuevamente mientras se acercaba a observar el contenido de los calderos.
- Diez minutos – respondió nuevamente Robert
- Bien, entonces esperaremos y luego practicaremos – dijo Severus mientras que con su varita apagaba el fuego de uno de los calderos.
- ¿Llevarán las lechuzas nuevamente las pociones? – preguntó Spencer mientras que ponía varios frascos de vidrio sobre una mesa.
- No – respondió Severus – esta vez los llevaremos nosotros.
- Pero entonces, si no las necesitan urgente ¿para qué quieres que estén listas antes? – agregó Tina mientras apagaba las llamas de otro de los calderos después de consultar su reloj.
- Creo que eso no es problema de ustedes – dijo Severus con frialdad dando por terminada la conversación y ocupándose de un caldero que parecía tener algún problema pues algunas burbujas viscosas se explotaban en la superficie, dando la impresión que fuera a estallar.
- ¡Quién fue el idiota que le agregó más ancas de rana a esta poción! – gritó Severus furioso, mientras abría una especie de cajón que había en una mesita y sacaba de allí un polvo que vertió en el contenido del caldero, el cual dio un pequeño estallido y tomó su color amarillo lechoso normal. Ninguno de los presentes se atrevió a responder, pero Severus no estaba en ese momento para reprimendas por lo que decidió no prestarle atención y seguir cuidando el contenido de los calderos.
Al cabo de una hora ya habían vertido el contenido de los calderos a los frascos de vidrio y los habían rotulado, Bertha y John estaban terminando de meter las últimas pociones en las cajas mientras que Tina y Severus le aplicaban el hechizo reductor a las que estaban listas. Las dejaron sobre una mesa para no perderlas de vista y una vez hubieron limpiado todo el salón comenzaron a practicar.
El entrenamiento fue un poco más duro que de costumbre y al terminar este, gruesas gotas de sudor corrían por la frente de todos e incluso se podían observar varios agujeros en la túnica de Spencer, así como varios raspones en sus mejillas y brazos, los cuales también se podían observar en las mejillas y brazos de Tina y Bertha, mientras que Robert tenía una profunda cortada que aún sangraba en su mejilla derecha y John tenía su túnica rota tanto por los codos como por las rodillas y se podían ver varios raspones. Severus era el único que al parecer no tenía ninguna herida, pero se podía observar que al caminar cojeaba un poco puesto que uno de los ataques que le había enviado Robert, lo había hecho trastabillar y apoyar mal uno de sus pies, por lo que se lo torció.
Severus no hizo ningún comentario sobre el entrenamiento, lo cual fue tomado por todos como un signo de que lo habían hecho bien, pero sí les avisó que el día siguiente no tendrían entrenamiento ya que les daba ese día para descansar y adelantar todos su trabajos pues estarían muy ocupados durante la Semana Santa. Ninguno replicó por esto, sino que mas bien se sintieron aliviados.
Severus tomó las cajas que contenían las pociones (que aparte de estar reducidas tenían un hechizo para hacerlas más livianas) y las guardó en su bolsillo, luego salió del salón junto con los otros y se dirigió hacia su habitación en donde las guardó cuidadosamente en el fondo de su baúl.
Esa noche, Severus no pudo dormir más de dos horas seguidas y cada rato abría los ojos esperando que nunca llegara la hora de tener que levantarse. Aún así la noche se le hizo eterna y cuando los primeros rayos de luz iluminaron su rostro, prácticamente saltó de la cama.
Se bañó y se cambió rápidamente (ya no tenía las manos vendadas) y bajó a desayunar. En el gran comedor el ambiente era de alegría, ya era viernes y en la tarde los alumnos quedarían libres de clases durante toda una semana. Severus no pensaba en realidad que tener que ver a sus padres o al Señor Oscuro tuviera algo de divertido pero ya no había nada que hacer.
Una vez sonó la campana, como ya era costumbre, los alumnos se dirigieron a los lugares en los cuales se encontraban sus respectivos profesores para asistir a las clases del día. Las clases de la mañana habían pasado increíblemente rápido y Severus no podía creer que ya había llegado la hora del almuerzo.
La última clase del día era pociones, McAffey ya los estaba esperando en la puerta del salón cuando ellos llegaron, por lo que Potter y Black tuvieron que guardar las varitas, que habían sacado disimuladamente al acercarse al aula.
- Buenas tardes – dijo el profesor McAffey cuando todos estuvieron acomodados – como bien saben hoy es nuestra última clase antes de Semana Santa y como sobrará recordarles, el día en que regresemos habrá un examen. – en ese momento James susurró algo por lo bajo a Sirius por lo que McAffey restó diez puntos a Gryffindor por cada uno.
- Como parte del examen entregarán un trabajo de no menos de tres pergaminos en donde realicen el resumen de uno de los temas que se haya observado en el curso – continuó el profesor McAffey, mientras Severus que estaba mirando hacia la mesa, fruncía el entrecejo – bueno como supongo que no hay preguntas, el día de hoy prepararemos una poción sencilla – agregó, mientras que sacaba su varita y hacía aparecer varias letras que indicaban los materiales en el tablero.
- Señor Snape, ¿podría usted decirme para qué sirve esta poción?
- Es una poción sencilla que se utiliza para tratar ataques leves de asma, debido a la adición de extracto de Teofilina y al cuerno en polvo de Erumpenet, que en este caso no cumple sus funciones como explosivo sino que ayuda a potenciar el efecto broncodilatador de la teofilina - Respondió Severus de inmediato.
- Excelente como siempre – dijo McAffey con orgullo – son 15 puntos para Slytherin, ahora vayan por sus materiales y empiecen a trabajar.
Anabel y Severus trabajaban calladamente aunque con rapidez, ninguno de los dos parecía tener ganas de iniciar una conversación, aunque cuando ya estaban a punto de terminar la poción Severus dijo:
- Tenemos que hacer hoy esta tarea de pociones Thompson.
- ¿Hoy? – dijo la chica extrañada - ¿Por qué? ¿Acaso no tenemos una semana?
- No estaré en Hogwarts durante la Semana Santa - al escuchar esto Anabel se estremeció un poco pero no hizo ningún comentario - por lo que tenemos que salir de eso hoy, de todas maneras no hay problema si te acuestas un poco tarde hoy, podrás dormir hasta tarde mañana
- Está bien – respondió Anabel – pero supongo que necesitamos ir a la biblioteca y bien sabes que entre semana eso no podemos andar libremente por el castillo.
- No hay problema – dijo Severus – estoy seguro que McAffey nos dará una autorización, así sea para fastidiar a esos Gryffindor. – y se alejó hacia el puesto en que se encontraba el profesor, el cual le entregó un papel firmado
- ¿Ves? – dijo Severus a Anabel con una sonrisa mientras le entregaba el papel – ya tenemos la autorización.
- Que bueno – dijo ella tomando el papel de las manos de Severus y examinándolo
- El problema es que de todos modos tengo que cumplir con mi detención por lo que me demoraré un poco – dijo Severus pensativo.
- No importa – respondió Anabel – yo iré adelantando el trabajo y cuando llegues me ayudas con lo que falta, de todas maneras es largo. A propósito... ¿Sobre qué tema lo vamos a hacer?
- Me da igual cualquiera – respondió Severus al tiempo que apagaba las llamas del caldero.
- Ya deben estar terminando sus pociones – dijo McAffey cinco minutos después al tiempo que Severus ponía un frasco marcado sobre su escritorio
Los alumnos salieron del salón y se dirigieron a sus respectivas salas comunes, Severus salió nuevemente al cabo de diez minutos siguiendo al profesor McAffey y Anabel salió diez minutos después en dirección a la biblioteca.
Llevaba ya dos pergaminos de trabajo, y copiaba algunas cosas de un libro que le había dejado Severus, cuando este se sentó a su lado.
- Perdón por la demora – dijo mientras tomaba uno de los libros que estaba sobre la mesa
- No importa – dijo Anabel levantando la cabeza - ¿Pero qué te pasó? – preguntó al observar la cara rasguñada de Severus y la túnica rasgada
- Tuve que cumplir mi castigo con Hagrid en el bosque prohibido y un centauro al parecer nos confundió con un animal salvaje – respondió Severus que había tomado el primer pergamino y le agregaba algunas cosas que había encontrado en el libro.
- Oh! No sabía que los centauros atacaban a la gente – dijo Anabel mirando las manos de Severus que también tenían unos pocos raspones.
- Yo tampoco – respondió Severus escuetamente y siguió trabajando.
Avanzaban rápidamente con el trabajo, llevaban ya cuatro pergaminos y medio pero estaban casi seguros que no podrían avanzar más puesto que ya era muy tarde y la señora Pince los echaría de un momento a otro de la biblioteca pues ya habían conseguido que les permitiera estar un poco más de tiempo pasada la hora de cierre de la biblioteca aunque los mantenía muy vigilados.
- Creo que es mejor que dejemos hasta aquí – dijo Anabel al notar la cara de cansancio de Severus y un enorme bostezo de la señora Pince.
- Pero aún no hemos terminado – respondió Severus sorprendido
- No importa, no falta mucho y lo terminaré durante la semana – dijo Anabel amablemente.
Severus no disminuyó su cara de sorpresa pero obedeció y comenzó a guardar los materiales.
- Creo que es mejor que te quedes con estos libros – dijo entregándole a Anabel los dos volúmenes que siempre cargaba en su maleta
- Gracias – respondió Anabel mientras que guardaba los dos libros en su maleta.
Severus estaba aplicando un hechizo sobre los pergaminos para secar la tinta con rapidez y así poder enrollarlos, mientras que Anabel ya había terminado de empacar sus cosas y se disponía a levantarse para salir de la biblioteca.
- Yo...yo...yo los vi torturar y asesinar a mis padres – dijo de repente Anabel en voz muy baja y apenas audible. Severus había quedado de piedra y no sabía que responder, Anabel sabía muy bien quien era él y le parecía increíble que le estuviera diciendo eso. Después de unos segundos que parecieron más bien siglos pudo articular palabra nuevamente.
- P...pero cuando tú te enteraste ellos...ellos ya estaban....pues
- Tuve pesadillas con eso durante la semana en que los....los mataron – Severus no sabía que responder, incluso se sentía incapaz de comprender lo que estaba sucediendo
- ¿Pesadillas? – Severus recordó en ese instante que el Señor Oscuro tenía ciertos métodos para infiltrarse en los sueños de las personas y tuvo la sospecha que eso había sucedido en este caso.
- Sí...fue...fue horrible – la voz de Anabel parecía de repente más débil y Severus pudo notar que los ojos de la chica estaban muy empañados - ¿Tú...tú has visto torturar alguna vez? – preguntó Anabel tomando por sorpresa a Severus.
Él asintió pero no dijo nada; a su mente vino el recuerdo de una familia muggle en un pueblito muy apartado, era la primera vez que había visto torturar a alguien, no tendría más de ocho años. Recordaba los repetidos gritos del muggle intentando proteger a su mujer y sus hijos, Severus había notado que detrás de un árbol estaba escondida una niña que tenía más o menos su misma edad y que lloraba en silencio mirando horrorizada lo que le hacían a su familia. Recordó las macabras burlas de los mortífagos y los repetidos gritos de ¡Crucio! Que hacían cada vez más helada la noche. Recordó el rostro petrificado de horror de la niña al ver que toda su familia estaba muerta.
Recordó también que los muggles quedaron tirados en el camino, que su padre – uno de los encapuchados – lo tomó de la mano y se lo llevó de allí, mientras que el no podía apartar los ojos de la niña, que al verlos alejarse lo miró de manera terrible y acusadora y se desmayó.
Ese recuerdo no duró más de un segundo, Severus volvió a la realidad de la biblioteca y pudo notar que una lágrima silenciosa escapaba de los azules ojos de Anabel, él no sabía que hacer, estaba muy confundido, no entendía por qué ella le preguntaba esas cosas ni lograba entender por que se sentía tan mal en ese momento. Al ver que Severus la observaba Anabel se secó rápidamente las lágrimas con las manos y dio algunos pasos hacia atrás. Severus iba a tomarla del brazo para retenerla pero ella se apartó con un movimiento rápido.
- Por favor no le digas nada a nadie – dijo con voz ahogada y horrorizada al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
- No...yo....no...
- No vayas a torturar nunca, es... horrible – alcanzó a decir Anabel en voz baja antes de salir a correr.
A pesar de que si hubiera salido detrás de ella la hubiera alcanzado fácilmente puesto que la maleta pesada la hacía ser un poco más lenta, Severus se quedó quieto apoyándose contra la mesa de la biblioteca, no sabía que hacer, estaba muy confundido, eso no era nada bueno....
- Disculpe señor Snape tiene que irse ya, debo cerrar la biblioteca – dijo la voz de una muy cansada señora Pince que lo sacó de sus pensamientos.
- ¡¿Ah?!, Sí....lo siento – dijo Severus distraído, olvidando despedirse y saliendo de la biblioteca.
No estaba prestando la más mínima atención del lugar por donde iba, así que se mostró sorprendido de encontrarse frente al tapiz que daba paso a su sala común y sobretodo que no lo hubiera sorprendido ningún profesor.
Subió a su habitación y como por inercia se puso su pijama y se acostó bajo las cobijas, tenía los ojos muy abiertos, estaba seguro que no podría dormir esa noche...
Hasta ese momento no había logrado entender completamente la actitud de esa niña muggle, pensó que simplemente se debía al miedo a la magia o a descubrir que había personas que eran más poderosas. Pero esa noche, al escuchar a Anabel, se había dado cuenta de su error, era el horror y el dolor que producían ver sufrir a un ser querido. Él nunca había experimentado eso porque no tenía seres queridos, no se imaginaba lo que pensaría si viera que torturaban a sus padres (llegó a pensar que eso le daría una sensación de alegría o descanso). Descubrió que la última mirada que le había lanzado esa niña antes de desmayarse era culpándolo por hacerla sufrir tanto, ella quería que él sintiera un poco del dolor que ella sentía en ese momento, pero no logró comprenderlo... sino hasta mucho tiempo después.
Comprendió el porque de la actitud de Anabel cuando recién regresó del entierro de sus padres. Intentó cerrar los ojos y dormirse pero vio la mirada acusadora de la niña muggle y el rostro surcado de lágrimas de Anabel. Eso no era bueno, por qué venía la chica a quitarle la venda justo ahora...
"No vayas a torturar nunca...", eso era peor, no era que hubiera hecho una promesa o algo por el estilo, pero ese tono de súplica.... Pero si lo pensaba detenidamente, él ya había torturado aunque de manera indirecta, todas esas pociones que había enviado quién sabe a cuantas personas habían ayudado a matar.... Recordó lo que decía El Profeta sobre la muerte de Jostein Gardener "...se baraja la hipótesis de la utilización de pociones de tortura combinada para causar una muerte dolorosa...", Severus sabía que eso no era una hipótesis, sabía que era verdad, él mismo había preparado la poción. Nunca en su vida se había sentido así, la culpa y el horror invadían todo su ser, y lo peor era que según la carta que había recibido ahora sí serían ellos los que directamente torturarían....
Severus no podía estar acostado por más tiempo, se sentó en la cama, primero apoyándose sobre sus manos un poco inclinado hacia atrás, pero luego se impulsó hacia delante y puso sus codos sobre las rodillas (que tenía recogidas). Se agarró fuertemente la cabeza con ambas manos y cerró los ojos intentando desterrar todos esos pensamientos de su mente, tenía que tranquilizarse, mañana se encontraría con sus padres y no podía llegar en ese estado de shock, eso le traería serios problemas, e incluso podría traerle problemas a Anabel...
No pudo pegar los ojos en toda la noche, ese sentimiento de culpa aumentaba cada vez más y más en su interior. Se vio recorriendo la habitación de un lado a otro como un animal enjaulado que añora la libertad, cada vez que intentaba cerrar los ojos venía a su mente el recuerdo de la niña muggle, venía también el recuerdo de Anabel... No podía imaginarse lo que ellas habían sufrido, dudaba que él hubiera sido capaz de soportarlo, ya no quería regresar...
Tuvo la tentación de abrir el baúl y destruir las pociones que habían preparado, pero tuvo miedo que El Señor Oscuro lo castigara por ello, sabía que si lo hacía su padre lo buscaría hasta en el fin del mundo para entregarlo a su amo, era cierto que no quería esa vida, pero tampoco quería morir, no podía dejar sola a Galatea.... Y ahora que lo pensaba....no podría imaginarse si alguien trataba de hacerle daño a su lechuza.... el solo hecho de pensar eso lo hizo estremecer....
El primer rayo de luz de la mañana encontró a Severus recostado contra la ventana de su cuarto, mirando con tristeza hacia el bosque. El muchacho no recordaba haber pasado nunca una noche tan mala, ni siquiera en las pesadillas que tuvo con los muggles que su padre y los otros mortífagos habían torturado, en esos momentos, su madre (que aún no había sido devorada por el alcohol) estuvo allí para defenderlo, sin importar los gritos de su padre diciendo que ya debía dejar de ser un niño.
Se bañó con desgana y luego de ofrecer su brazo a Galatea bajó a desayunar. Aún era muy temprano pero todos los alumnos que no se quedarían en Hogwarts durante la Semana Santa ya estaban desayunando, Dumbledore les había anunciado que las diligencias que los llevarían a Hogsmeade para tomar el expreso de Hogwarts llegarían muy temprano en la mañana por lo que deberían bajar a desayunar antes que el resto del colegio.
Severus apenas si probó su comida y ni siquiera le puso cuidado a Nott cuando este le preguntó que era lo que le sucedía. Apenas si habían bajado a desayunar algunos alumnos de los que se quedarían en el colegio cuando Dumbledore le pidió a los alumnos que dejarían el colegio que siguieran a los profesores McAffey y McGonagall, quienes serían los encargados de acompañarlos hasta Hogsmeade.
Una vez se acercaron a las diligencias, Severus subió a una de ellas seguido por Nott, y luego se les unieron Robert y Spencer. Aparte de los de Slytherin, solamente otros diez alumnos dejarían el colegio durante la Semana Santa, al parecer todos preferían quedarse debido a la enorme cantidad de deberes que tenían.
La profesora McGonagall miraba en actitud vigilante a todos los alumnos que subían al tren, mientras que el profesor McAffey ayudaba a subir los baúles de algunos. Contrario a la gran cantidad de vagones que siempre tenía el tren, esta vez solamente había dos unidos a la locomotora principal debido a la poca cantidad de alumnos que viajarían.
Severus se sentó solo en un compartimento y se dedicó a mirar por la ventana, mientras que Galatea le picoteaba los dedos juguetonamente.
El viaje le pareció a Severus rápido, aunque ya había caído la tarde cuando llegaron a Londres. El vigilante les ayudó a bajar sus baúles y les indicó el tiempo al cual podrían pasar al Londres muggle. El lugar estaba abarrotado de gente pues en esa época del año muchas personas viajaban a visitar a sus familiares, por lo que Severus en un principio se sintió un poco desconcertado, después de unos segundos de búsqueda pudo ver a un hombre alto de pelo negro (que no era grasoso) y nariz ganchuda que desde un muro miraba todo lo que estaba a su alrededor con asco, además de un muchacho (¿o joven?) de ojos grises y cabello rubio platino que podría tener alrededor de unos 20 años. Severus pensó que su suerte no había podido ser peor, pero aún así se dirigió al lugar en que se encontraban los dos hombres.
El hombre rubio y el de pelo negro eran aproximadamente de la misma estatura y Severus era unos cinco centímetros más bajo que ellos. Dirigió primero un saludo respetuoso al hombre del cabello negro, el cual lo miró con displicencia y le respondió con frialdad.
- Tiempo sin verte, Severus – dijo el de pelo claro con una voz, que arrastraba las palabras, un poco menos fría que la del otro hombre.
- Hola Lucius – respondió Severus sin mucha emoción.
- Se han demorado mucho – dijo el hombre del pelo negro con frialdad - ¿Son ellos? – agregó observando el grupo de muchachos que se había acercado lentamente y los miraba con cautela.
- Sí, padre – respondió Severus como intentando arrancar las palabras.
- Tenemos que darnos prisa, no debemos hacer esperar al amo – continuó el padre de Severus con un resto de frialdad y se dio media vuelta y comenzó a caminar con rapidez sin importarle si el resto le seguía.
