—¡Dioses con tu hermano!

—What?

—Es... desquiciante y muy... tiene pésimas intenciones.

—Yes, como todos.

—No, hoy estaba especialmente... —nada, hoy tú estabas especialmente sensible porque hoy tienes algo que sientes que te pueden quitar, nada más.

—Well, ya está —hace ademán de besarle la mejilla pero... no lo hace.

Belgica sonríe un poco aunque nota el movimiento cortado. Le mira de reojo.

—What? —pregunta suavemente, medio coqueta.

—Que... ya nos hemos ido, me refiero.

—No, no... Me refiero a... —se muerde el labio—. Olvídalo, que bueno que ya nos fuimos.

—¿A qué?

—¿Estás bien?

—Seh —responde desinteresadamente yendo al coche, abriéndolo.

Ella suspira decidiendo dejar el tema ahí y tratar de distraer la atención a algo menos tenso y más banal.

—Estoy aun un poco mareada, ¿puedes creerlo?

—Casi no hemos bebido nada.

—La cosa está que... bebimos whiskey, vino y cerveza, y a mí las combinaciones...

—Ah, es verdad, que olvido que tu estomago no...

—No es una olla de hierro como el tuyo, sí —se ríe subiéndose al coche y cerrando los ojos.

—Puedes... dormirte si quieres. ¿Dónde íbamos entonces?

—Al norte, a tu casa... —explica abriendo un ojo y mirándole de reojo sin la más mínima intención de dormir.

—Vale.

—Si quieres podemos bajar a mi casa... pasado mañana o algo así... y puedes llevarte algunas cosas —bien, muy bien Bélgica... un tema neutral y banal.

Escocia carraspea.

—Tengo ganas de ir al cine —declara arrepintiéndose del tema anterior.

—¿No estabas... mareada?

—No ahora... mañana. Sí que lo estoy —le sonríe y le mira de reojo—. No lo bastante como para no... Hacer nada hoy.

—¿Nada de qué? Puedo conducir despacio.

Sonríe porque al final, con todo y todo es bastante tierno y dulce.

—Creo que me basta con que no vayas demasiado rápido y prender el aire acondicionado en no tan caliente —asegura estirando una mano hacia él.

—Vale —le sonríe, de todos modos un poquito preocupado.

—Lo peor que puede pasar es que te vomite todo el coche... cosa que seguro Ireland ya ha hecho alguna vez.

—¡Pero a Eire eyecto el asiento y listos! ¡No vomites! —va hasta a detenerse.

—Es broma, es broma —ella se ríe y le aprieta la pierna.

—¿Seguro?

—Completamente, ¡solo estoy un poquito mareada! Era una broma lo del vómito. No deja de impresionarme cómo puedes vivir con el sillón vomitado, pero si alguien habla de vomitar en tu coche...—le acaricia la pierna.

—¡Es que no es lo mismo!

—¿Qué haces con los coches una vez pasan de moda?

—¿Cómo... pasar de moda?

—Yo qué sé... lo cambias cada algún tiempo, ¿no? —como Alemania, que es quien me da a mí el modelo de hace unos 8 años, después de que pasa por un par de manos.

—Mmmm... —es que los británicos y el Diógenes.

—¿Me dirás que tienes un cementerio de coches en algún sitio donde están tus carcachas de metal de principios del siglo pasado?

—No... Es que este no es realmente TAN nuevo, solo lo parece porque... es que estos coches no pasan de moda.

—¿O sea pero qué hiciste con el anterior? ¿Lo vendiste? —Sonríe de lado—. No estoy esperando que me regales tu coche, ya tengo a un novio que me vende sus coches a un precio significativo.

—En realidad más o menos... lo desmonté y monté este.

Bélgica parpadea y levanta las cejas.

—Estoy imaginándote cubierto de aceite y grasa de coche... semi desnudo, sudoroso, debajo del coche... ¿Te toca pronto cambiarlo?

—¿El aceite? —se ríe.

—Hablaba del coche pero... vale, podría ser, te toca pronto cambiar el aceite. En sí puedes ver qué superficial soy, lo que quiero es la imagen... que no sea mental.

—Que sepas que cambiarle el aceite es mucho menos pringoso de lo que imaginas.

—Es una de esas cosas que hacen en la agencia... Bueno, lo que quiero es que estés sudado y pringoso sin camisa —asegura riendo.

—¡Anda! ¿Qué tiene de tan interesante el pringue? Seguro me mandarías a bañar.

—Depende de qué tan pringoso, quizás primero podríamos enrollarnos contra el... Vale, no contra el coche que seguro no quieres.

Escocia se ríe.

—Pero claramente no querría limpiar mis sabanas del pringue.

—Ya sabía yo...

—Pero sería una buena excusa para adquirir un nuevo sillón de ala en tu casa —le mira y sonríe de lado sabiendo que va a escandalizarse.

—¿No te gusta mi sillón? —tan desconsolado.

—Ni la alfombra... Creo que podríamos cambiarla también... Y las cortinas —se ríe.

—Whyyy?

—¡Tu carita de pánico...! —le acaricia la cara y se ríe—. Es broma, nada va a cambiar, me gusta tu casa y tu sillón.

—Es que... hemos pasado por muchas cosas ese sillón y yo.

—Me imagino... Horas y horas de pornografía.

—¿Y nada más?

—Yo tengo mejores recuerdos de ti en el sillón que del sillón contigo, sinceramente.

—Comer... ver pelis... tocar la gaita...

—Ah, esas cosas... Es un sillón, ¿sabes?

—¿Y? ¿No son interesantes?

—Sí, solo... Bueno, yo no tengo toda una relación con mis muebles —se ríe—. No quiero ni imaginar la relación que debes tener con la taza del baño.

—Horas mágicas ahí... y algunas amargas también.

—Ugh —aprieta los ojos riéndose más. Escocia se ríe también—. Estoy pensando con que mueble de mi casa tengo una relación tan cercana...

—Aja? Tal vez... ¿tú mesa del comedor?

—¿Por algún recuerdo particular?

—No, solo te imagino en ella trabajando, con todo por ahí esparcido.

—De hecho... Que divertida ves mi vida, ¿eh?

—Y de repente —sigue, sin mirarla ahora, sonrojándose un poco—. Te agobias tanto que te detienes, te subes sobre todos los papeles y le das la vuelta al portátil, donde puede que estés con alguien en videoconferencia de hecho... y... mientras protesta por estar viendo la pared sin enterarse de nada...

Traga saliva y le mira de reojo.

—A-Aja...?

—W-Well, entonces te bajas los pantalones y...

—T-Tan... A-atrevida...

El escocés se humedece los labios sin mirarla.

—A-A veces quisiera... Tener esas ideas yo sola...

—Nah, que va.

—Claro que sí... Te parecería más atrevida.

—No, porque... a mí se me ocurren esas cosas en cualquier sitio, incluso en momentos inadecuados y es mucho más incómodo de lo que parece. Para mi está bien porque soy un caso perdido y todos me creen un pervertido, pero tú tienes una imagen que mantener.

—Tú no eres un caso perdido —le mira.

—En cuanto a perversión, sí. No vas a lograr limpiar mi imagen, de hecho yo ensucio la tuya a medida que pasamos tiempo juntos —la mira de reojo—. En eso consiste lo de la "mala influencia".

—Eso no te hace un caso perdido... Te hace un novio súper sexy.

—¿Eh?

—Que el que seas pervertido solo te hace un chico como cualquier otro, pero que puedas admitirlo te hace sexy... No un caso perdido.

—Mmm... No estoy muy seguro de que eso funcione así.

—De hecho para ser un caso perdido todo el mundo tendría que considerártelo, ¿no?

—No estoy seguro que tú valgas.

—¡Anda! ¿Y eso por?

—No eres muy objetiva —se encoge de hombros, sonriendo y pensando "y por si eso no fuera poco, ahora resulta que eres de la familia".

—Me has seducido con tu mala infl... ¡Soy perfectamente objetiva! ¡Más que la mayoría que ni te conocen!

Se ríe un poco sonrojado.

—¿Crees que si no estuviera... Así... Te consideraría causa perdida?

—Of course. Aunque has demostrado ser bastante lista.

—Ah ¿sí? ¿Cómo he demostrado eso? —le mira de reojo.

—Pues podrías haber pensado eso y no lo hiciste.

Bélgica sonríe y cierra los ojos.

—Porque los demás son idiotas prejuiciosos... De verdad eres un buen hombre. Mucho mejor que... No voy a excederme y decir "el resto"—asegura y se sonroja—. Aunque para mí sí que lo eres.

—Cielos... cuando dices esas cosas me haces tener ganas de ser como tú crees que soy.

Bélgica le mira y arruga la nariz porque le parece que ese es el argumento que ella usaba hacer rato cuando hablaba de ella toqueteándose encima de la mesa del comedor.

—Eres exactamente como creo que eres, ni más ni menos. Para mí eres el mejor hombre que hay aunque te suene cursi.

—Yo creo que tú esperas más de mil de lo que soy.

—Yo estoy segura de que no —se encoge de hombros.

—No creo que nos pongamos de acuerdo en eso.

—Me da igual en realidad —se ríe—. Es una de esas cosas en que no necesitamos estar de acuerdo, me basta a mí estar segura.

—¡Yo también estoy seguro!

—Pero da igual lo que tú pienses, lo importante es que YO sepa que soy feliz contigo.

Aprieta los ojos porque está empezando a ponerse nervioso. Bélgica se queda pensando, sonriendo de lado y negando un poco con la cabeza.

Era un poco absurdo que tuviera incluso que pelear contra él para defenderle a él mismo. Ignora, o quizás decide ignorar sin saberlo, que otra vez este presione y presione, poniéndole nervioso.

—Es... no importa —aprieta los ojos sin saber qué decir pensando que debería decirle algo bonito también.

Bélgica suspira asegurándose a sí misma que todo va a estar bien y que será divertido vivir juntos.

—What?

—Me contó Galia por qué no se han casado...

—Ah, ¿sí? ¿Qué te ha dicho?

—Que sí que se quiere casar... Pero siente que no está preparada para ser una mujer de estos tiempos.

Escocia levanta una ceja un poco incrédulo porque quizás es cosa de Brits, pero él siempre la ha considerado prácticamente perfecta y como que sabe hacerlo todo y resolverlo todo.

—Y creo que tiene razón... Ella dice que a todas nos ve tan independientes...

—¿Pero qué puede tener de tan difícil?

—Para ti y para mí, nada... Hemos visto esto evolucionar y cambiar. Más para nosotras en los últimos cien años... Pero imagina, hace doscientos años, que ridículo era pensar en que votáramos.

—¿Qué tiene que ver eso con casarse?

—Que tu hermano tendría unas expectativas.

—¿Cómo cuáles?

—Yo qué sé... En realidad pienso que tu hermano tendría expectativas muy anticuadas, no es como que no sea el caballero perfecto.

—Desde luego que no lo es, solo algo que finge ser.

—¿No lo es? Me estás diciendo que en la intimidad...

—What?

—¿No es un caballero? Bueno no es que lo sepas tú...

—No tengo ni idea.

—¿Pero por qué dices que actúa?

—Porque no es tan así cuando está relajado.

—Ah ¿no? ¿No hace tantas caravanas?

—No, claro que no.

—¿Así que es más agradable? Porque a veces es como un exceso.

—No, agradable no es —se ríe.

—Como ninguno de ustedes.

—Alaaa.

—Eso dicen ustedes, ¿no?

—¡Pero tú no!

—Es broma —Bélgica se muere de risa.

—¡No te rías! Además antes me has dicho que era el mejor hombre, no puedes decir eso —sigue protestando "indignado" de un modo un poco infantil.

—Te ha gustado que te diga que eres el mejor hombre.

—No! —se sonroja. Ella le abraza.

—Vale, vale... Solo bromeaba, no vuelvo a decir nada

Escocia aprieta los ojos y carraspea.

—Me caen bien, de verdad.

—Who?

—Tu familia... Fuera del asunto de tu madre —explica.

—Ah... ella —ojos en blanco.

—¿Crees que me odie si me hago amiga de Galia?

—Yes.

—¿Más aún de lo que me odia?

—Yes, se organizará cualquier estrategia mental para que sea tu culpa... es decir, no va a ser culpa de Galia.

—Pero dijiste que era buena idea ganármela con Galia —Bélgica aprieta los ojos.

—La verdad, no tengo ni idea. ¿A quién le importa? Si está loca.

—A ti te importa.

—¿A mí? ¿El qué?

—Tu madre, ni interés negarlo.

—Ella, sí, pero como se lleva contigo me la suda.

—A mí no... Porque creo que sería mejor.

—Vale, no me la suda, pero creo que tú le das demasiada importancia. En serio está loca.

—Pues aunque lo este, que si lo está... Aun quisiera gustarle.

—Por que tieeenes que gustaaaaarles a toooooodos —se burla poniéndo los ojos en blanco.

—Pero no es a todos, ¡es a ella! —protesta sonrojándose un poco porque... bueno, quien, fuera de Escocia, ehm, y al parecer su familia... ¿Quién no quiere gustarle a la mayor cantidad de gente posible?

—Anda, ya quisiera ver que no le gustaras a Eire... de hecho debería decirselo para que consiguiera que le hicieras más caso y lo cuidaras.

Bélgica se ríe un poco y le da un golpecito en el pecho, sonrojándose más.

—No le haría más caso ni le cuidaría —¡sabes que mientes!—. ¡De hecho mira cómo puedo vivir perfectamente bien sin gustarle a tu hermano pequeño!

—Porque te cae mal...

—¿Estás diciendo que soy incapaz de soportar caerle mal a alguien que me agrada?

—Lo que no entiendo es porque mi madre te cae bien.

Ella aprieta un poco los ojos porque no es eso... Al menos no del todo.

—Eres muy... importante para ella. Y te valora y aprecia... Nos entenderíamos.

—En el fondo, England también.

—Pero con él es más fácil ignorarlo. Él no es bueno contigo... además England y yo...

—Aja?

—Bueno, creo que es obvio por qué no nos llevamos bien, France siempre...

Siempre estaba en medio y siempre, siempre le prefería a él.

—Ah, eso... pensaba que ibas a decirme que habías estado enrollada con él o algo.

—¡¿Qué?! No! —la cara de horror—. France nunca... Creo de hecho que eso es gracias a England.

—¿Aja?

—Él no se prestaba para los tríos... Como otros. De hecho, no sé cómo es que tú y yo nunca...bueno, nada.

—Yo tampoco me prestaba.

—Yo al parecer era bastante facilota y tonta... —confiesa sonrojada.

—No lo eres conmigo.

—¿No te permito hacer tríos con Galia, por ejemplo? —se ríe .

—¡Anda! ¿Galia es quien te preocupa? —la mira de reojo—. No estoy enfermo como mi hermano.

—Tú, Galia y yo... No tú y otros dos. Y me refería al trío en sí... Y no me hables del asunto con tu madre.

—Es decir... ¿cómo tercera persona para nosotros elegirías a Galia? No sabía que erais tan amigas.

—¡Tú me estabas molestando con eso!

Escocia se ríe.

—¿Con quien te gustaría a ti? Podría ser otro chico. Porque tú si te has acostado con hombres y yo con ninguna mujer.

—Creo que preferiría alguna otra chica en ese caso. Seychelles antes que Galia —ni caso a la opción de otros hombres, expresamente, como si no lo hubiera oído

—Seychelles... ¡Sería muy raro!

—Why?

—Porque es una hice, no sabría ni qué hacer con ella... O si que sabría pero no querría hacerlo. Y además... Es que ¿qué tal que te gustará más Seychelles que yo?

—Mmmmm... —la mira de reojo porque eso le parece TAN imposible...

—Es más bonita y joven y por lo que he oído tiene una gran experiencia en la cama con... Africanos. Seguro sabe hacer cosas que yo no.

—Eeeeeeeh... —sigue nada convencido.

—¿Qué?

—No sé...

—Dirás que no.

—Pues es que...

—En teoría no debería pasar, ¿no?

—¿En teoría?

—Pues no sé si eso... ¿Y si pasara? No sé, ¿alguna vez has hecho un trio?

—Eh... Yes, pero... no los recuerdo como la mejores experiencias.

—¿Te ha gustado más la chica que no es la tuya? —se ríe ella misma con su pregunta sabiendo de antemano la respuesta.

—¿Eh? —parpadea sin entender.

—Cuéntame... ¿Con quien fue?

—La verdad... apenas si me acuerdo, hubo mucho alcohol inmiscuido.

—¿Pero no sabes ni con quién?

—France alguna vez... y ese chico moreno también alguna vez creo, ¿sabes? Y más... gente. Gente, gente.

—¿Cual chico moreno?

—Ese... su hermano.

—¡¿España?! ¿En seriooo? ¡¿TÚ?!

—S-Spain! Claro, es el padre de la... de Vaticano, ¿no? El que se parece al capullo.

—Sí... Solo que no pensé que te hubieras acostado con él —suspira—. La verdad es que creo que si te has acostado con Rome y con él, y aun así te gusta más acostarte conmigo... No debería tener miedo en un trio.

Se la queda mirando, paralizado con eso, porque... cómo... o sea... ¿L-Lo sabe?

—Quiero decir, con France —corrige si mucho interés.

—¿Y por qué has dicho...? Well, no importa —gira la cara.

—Solo creo que... Bueno, no sé, al final no se de verdad si un trio sea para nosotros.

—¿A quién elegirías tú?

—A ti... Y a... No te burles, ¿vale?

—Aja?

—Ya que tanto me molestas con eso, tendría gracia... Tú con Germany.

—Really?

—Uno delante, otro detrás... —bromea un poco.

—¿Ves que bien? —se relaja y se ríe

—Ugh... ¿Te imaginas que... Doloroso sería eso?

—¿A la vez? Dicen que la suya no es muy grande.

—¡¿Quién dice eso?! —escandalizada.

—England, de cuando le dio por culo en la segunda guerra mundial.

—Eres... Ugh! —suelta una carcajada y él se ríe porque lo ha hecho expresamente—. Pues aunque sea tan pequeña como mi dedo meñique lo sigo viendo incomodito.

—Why?

—Dos... A la vez... ¿De verdad?

—Podemos probar con mi meñique si quieres —se lo muestra.

Traga saliva, porque si es solo con él no le da vergüenza. Aunque se sonroja igual con el concepto, ¡pero no es lo mismo que pensar en hacerlo con dos!

—Podrías... Intentarlo mientras estamos en eso.

—S-Si quieres...

—Debo darte crédito a una cosa... —sonríe un poco y se sonroja más. Escocia la mira de reojo, llegando ya casi—. Creo que contigo me atrevo a... Más. Incluso que con France.

El pelirrojo levanta las cejas.

—Él hacía cosas... Sí. Pero... No sé —se encoge de hombros.

—Tiene lógica —asegura entrando en su casa, aparcando sin mirarla.

—Supongo que sí... —sonríe un poco peinándose un poco para bajar.

Para el motor y la mira, ella termina de peinarse del todo y le mira de reojo. Se sonroja un poco cuando lo hace, así que la belga sonríe un poquito.

—Ehm... what?

—Nada... Gracias por dejar que me autoinvitarme a tu casa.

—W-Well... ahora es... tuya —se pasa una mano por el pelo.

—Nah... Ahora solo vivimos juntos en tu casa y la mía.

—Tuya... también.

—Pero... Eso es mucho para poco tiempo —extiende la mano.

—¿Eh?

—Me asusta que con esas ideas te... arrepientas.

Escocia se pasa la mano por el pelo otra vez, visiblemente nervioso.

—Y es que ya lo séeeee, y no sé cómo arreglarlo.

—No hay... yo tampoco.

—Quizás yo estoy... Y seguro tú también, pensando demasiado en como iría.

—¿Cómo iría? —le mira poniendo las manos en el volante.

—Como irá. Nosotros. Viviendo juntos.

Traga saliva y ella aprieta los ojos al notarlo.

—Vamos a bajar —a que pueda ir a asirme con fuerza de una copa de alcohol antes de que me caiga.

—Solo una idea... —toma aire profundamente y se gira a él—. Berenjena.

Parpadea y se queda con la puerta abierta sin bajar.

—¿Sabes en las escenas sadomasoquistas... Cuando ya no puede más una persona que tienen una palabra de seguridad? —inclina la cabeza—. Creo que esto es un poco sadomaso para ti, te gusta... Y a la vez lo odias. Vamos a ponerle una palabra de seguridad. Si la dices, todo vuelve a cada quien en su casa y su vida.

Escocia se humedece los labios pensando que eso suena como... cortar. Seguramente no volvería a hablarle después de eso, aunque la idea sonara bien.

—¿Qué piensas?

—Que... ¡aun quiero alcohol

—Vale... ¡Yo quiero prender tu chimenea porque qué frío hace! —protesta un poco abriendo la puerta y bajándose también, aunque se ríe un poco.

Y ahí van, Escocia sin reírse nada, bastante pensativo y taciturno. Ella corre un poco a la puerta, abrazándose a sí misma.

Él se enciende un puro siguiéndola.

Le mira de reojo y nota que esto va más mal que bien y aún ni siquiera empieza. Lejos de estar feliz como ella y muy emocionado por esto, se nota claramente que es más bien un peso sobre sus hombros. Le entristece un poco, deseando más bien que él estuviera intentando comérsela contra la puerta, ansioso de estar con ella. Suspira valorando que quizás... quizás si debía haber esperado más tiempo y sido más paciente.

Como fuera, ya no había muchas más opciones que seguir con esto... Si todo salía mal, sería en gran medida su culpa. Seguramente él terminaría apanicado y sin querer hablar más con ella. Lo cual sería un... Desastre. Lo extrañaría, mucho, si la vida de verdad fuera sin él se sentiría ridículamente sola todo el tiempo, y extrañaría mucho su risa y su extraño humor y que la abrazara en las noches, aunque no fuera diario... Sus historias también... Y sus ideas pervertidas.

Aprieta los ojos olisqueando el aroma a trabajo del puro... Pensando que eso también lo extrañaría. Y sus besos. Y esa forma que tenía de quererla como ERA, incluso tonta, romántica y soñadora.

Escocia entra fumando y pensando que... todo parecía estarse yendo al garete pero es que no le resultaba para nada tan fácil solo... aceptar esta situación. No quería que ella le dejará pero no estaba preparado para algo como esto. Todo era... demasiado extraño e incómodo, no saber qué hacer y qué no, tantos cambios, ni siquiera sabía porque no lo estaba pero lo único que disipaba su ansiedad era no pensar en ello, así que había evitado pensar en ello lo más posible en vez de analizar la situación como quizás hubiera sido sensato

Bélgica entra directo a la nevera con el pretexto de ir por una cerveza... Aunque en realidad, sólo huyendo un poquito sin tener idea de cómo comportarse, deseando pensar que solo con una cerveza pueda relajarse lo bastante.

Escocia se sirve una copa pensando más o menos en lo mismo

¿Qué haría normalmente en este caso? Ir tranquilamente a ponerse el pijama y sentarse con él a ver la tele. Así que sale con su cerveza en mano dispuesta a hacer exactamente eso.

Escocia la mira de reojo cuando sale.

—¿Aún está mi pijama por aquí?

La mira y... asiente

—¿Te importa si voy a ponérmela?

—Haz lo que quieras... —no es con reproche ni nada más que realmente permiso de hacer lo que quiera.

De repente piensa en el cajón. Eso era. Seguro se lo había dado demasiado pronto, seguro eso era lo que le había dado todas esas ideas y por lo que ahora estaban en ese lío. Maldito fuera ese cajón.

Vacila un poco preguntándose si era o no un poco bestia de su parte... Decide que quizás es solo como es èl, yendo al cuarto y sintiéndose... Extrañamente, un poco invasora del lugar. Ahora era como si todo hubiera cambiado, para MAL. Como si todo fuera forzado y además pendiera de un hilo. Se pone cabizbaja el pijama y se acuesta unos segundos en la cama mirando al techo y suspirando.

Aprieta los ojos decidiendo repentinamente que NO va a permitir que esto derive en que su vida en pareja se vaya a la mierda... Al final era ella era casi siempre la que lograba normalizar las cosas y hacer que lo dramático no lo fuera.

¡La HEROINA!

Pues ella y su pensamiento de salvar al malo por lo visto. (Creo que América está narrando esta historia) Aunque no crean que va a hacer algo tan genial, solo entra a la sala y se sienta en el sillón a su lado.

Él la mira sentarse y piensa, dando una laaarga calada, que no le tiene miedo a un puto monstruo de las profundidades, ni al ejército más grande, ni a un dragón o a unos cuantos, ni a los lobos o al trabajo duro. Le tiene miedo a una chiquilla rubia de unos setenta quilos.

—Este pijama es calientito. Alza el brazo, anda —pide haciendo un gustito con la mano queriendo recargársele encima.

Traga saliva y... lo levanta apoyándolo en el respaldo del sofá. Ella se le echa encima abrazándole un poco, nerviosita y torpe. Levanta la mirada.

—¿Que hay en la tele?

—I don't know —le pasa el mando para que ponga lo que quiera. Súper tenso y el problema es que... Los cariñitos también le tensan. Traga saliva y le acaricia un poco la mano con suavidad.

No la mira. Ni la aparta... pero no deja la mano ahí tampoco.

—Berenjena —decide de golpe recargando la cabeza en su pecho, sin mirarle.

Escocia parpadea sin saber muy bien qué responder a eso y su corazón se acelera de nuevo, ¿sería que realmente estaba cortando?

—No... —vacila—. No está bien, esto así no es como somos nosotros.

—W-what?

—Tu y yo... Somos felices. Hacemos lo que queremos. Nos sale bien y lo pasamos bien, pero esta decisión de intentar vivir juntos... No.

—Y-Y... —traga saliva—. ¿Qué quieres hacer?

—No me gusta sentirme ilusionada y que tú ni sonrías... Y que quieras alcohol para sobrellevar algo a lo que yo te obligué.

Él se humedece los labios, nervioso.

—Es halagador que digas que quieres intentar y habla mucho de que en realidad... Me aprecias. Pero... Basta ver solo unos minutos esto para notar que no funciona ni como idea.

—No quiero que me dejes —suelta de repente, cambiando el motivo de pánico.

Ella se queda callada unos instantes con esa declaración. Le toma la mano y entrelaza sus dedos.

—Yo tampoco quiero que me dejes tú a mí.

—E-Es que... —la mira desconsolado. Bélgica traga saliva.

—Prefiero no vivir juntos y estar contigo... A destrozarlo todo por intentarlo. Pensé que iría diferente cuando lo propuse —se excusa ella.

—¿Qué pensaste?

—Pensé que sería difícil y que quizás... Saldrían cosas mal y probablemente terminaríamos haciéndolo mal o distinto a como lo hacen todos, como solemos hacerlo... Pero también pensé que... —se le seca un poco la boca—. Que te haría una poquiiiita de ilusión, aunque fuera poca. No sé, quizás esperaba que al menos hoy... Pudiéramos pensar un rato en las partes buenas, con la adrenalina que da la idea, aunque quizás mañana descartáramos la idea por las partes malas, porque nos diera miedo algo o... yo qué sé.

Escocia aprieta los ojos porque el problema es que ahora mismo no se le ocurre ninguna cosa de ese cambió que sea ilusionante.

—Pero no ha ido así y... y nada más. Mejor solo descartemos la idea.

El escocés la mira de reojo y aprieta los ojos, luego se vuelve al infinito.