Capítulo 12: ¿El niño psicópata y yo?
Sherlock acabó cumpliendo su amenaza; le llevó tres meses de dormir más de lo habitual y comer sólo un poco menos que el promedio, pero lo había logrado:el bastardo ya era más alto que yo.
Bien, no es que él hubiese dicho nada al respecto, pero yo sabía que se jactaba de ello, por el brillo en sus ojos y la sonrisa ladeada que me dedicaba cuando me miraba desde arriba. Yo ya había cumplido once (Sherlock me regaló una rana disecada, lindo y asqueroso gesto), pero a mis hormonas no les importaba, y comencé a sospechar que tendría que mirar a mi mejor amigo desde abajo por lo que me quedaba de existencia. El cumpleaños de Sherlock sería la próxima semana, y yo sabía que sólo quería un regalo:resolver el caso de cuando nos conocimos...y quizás algún microscopio o algo así.
Otra de las peculiaridades de los últimos tres meses era el notorio apego de Sherlock hacia mí. Actualmente todo de el instituto estaba consciente de que si veías a John Hamish Watson, por ley, Sherlock Holmes no podía estar lejos. Por ello, era inconcebible pensar siquiera en estar un momento solo...En serio, el idiota salía del salón conmigo si pedía permiso para ir al baño.
—¡Al menos espera afuera!
—Da igual.
Claro que quejarme habría sido levemente hipócrita de mi parte porque, para empezar, yo lo había estado..."acosando" el primer mes que pasamos juntos. Además no era que realmente me molestase.
En fin, no era molesto, pero si cansado (en serio, el maldito no se callaba un mísero minuto), por lo cual, luego de sobornar a Molly Hooper con dulces para que lo entretuviese un rato, estaba finalmente solo, paseando por el patio. Me encontré a Jim Moriarty.
—¡Hey, Mascotita!—me saludó alegre, utilizando un apodo al cual, muy a mi pesar, ya me había acostumbrado.
—¿Qué?
—¿Cómo va todo? ¿Has aprendido algún truco nuevo?—su sonrisa era irritante, más me obligué a sonreír también.
—Sí, se llama "partirle la nariz al psicópata alegre" ¿te lo enseño?
—Mh, paso, me agrada mi nariz.
—No veo por qué.
—Pero dime, John—sonrió de nuevo, hablando como si fuésemos amigos de toda la vida—¿Sherlock ha avanzado algo con su casito?
Me habría sorprendido, de verdad, pero con el tiempo aprendí a esperar casi cualquier cosa de Jim, incluso habilidades deductivas propias de un Holmes.
—No te incumbe.
—Dile algo, ¿sí? anótalo, no quiero que lo olvides—paró, como esperando a que sacara una libreta, al ver que no lo haría, siguió de todos modos—. Sé que todo apunta a un culpable, pero cuando se descarta esa posibilidad, ¿qué queda?
—¿Empezar de nuevo?—sugerí. Jim negó con la cabeza, aunque más serio, y sin dedicarse a mirarme como si fuera estúpido, a diferencia de lo habitual.
—Buscar personas cercanas, ¿sabes?, un hermano, una pareja...
—¿Por qué me dices esto, Jim?—pregunté, él se limitó a sonreír, aunque no con superioridad. Hablando de cosas raras.
—El asunto es, Mascotita, que yo no tengo nada contra ti, ni contra Sherlock.
Fruncí el ceño irónico.
—Jamás me atrevería a sugerir eso, sólo empujaste a mi mejor amigo por unas malditas cataratas, Moriarty.
—Si en ese momento me convenía, pude haberlo hecho—se encogió de hombros—, si en este momento me conviene que descubra quien fue, puedo ayudar.
—¿Cómo podríamos confiar en alguien con esa lógica?
—Sherlock no es un ángel—dijo de repente—, pero se está esforzando para serlo, eso es admirable, John, en especial conociéndolo—frunció un poco el ceño—. Sherlock es...increíble, supongo. Lo prefiero como aliado.
—Mira, sólo...
—Tal vez yo sea el malo—admitió—, pero si no hay razón para empujar a alguien a unas cataratas, probablemente no lo haga.
—¿Probablemente?
—Además—me miró fijamente, sus ojos tenían un brillo extraño que me asustaba y fascinaba, como Sherlock, Jim era un genio—, si hubiese querido matarlo, no lo habría empujado de forma que no cayera directamente al agua.
Me resistía a admitir que tenía sentido, pero sabía que era verdad. Moriarty había elegido el único lugar en el cual, si resbalabas o te empujaba un psicópata enano, no irías directamente a una muerte segura. Lo sabía, y me molestaba admitir que quería conocer su versión de la historia.
—¿Y cuales serían tus importantísimos motivos, señor No Soy Tan Malo Como Parezco?
—Ugh—Moriarty hizo una mueca de desagrado—déjame los apodos a mí, John.
—No era...
—Mis motivos, Mascotita, los descubrirás pronto—sonrió de forma angelical, lo cual era bastante perturbador—, cuando atrapen a H.
—¿H?—lo pensé—si sabes quién es, ¿por qué no lo dices?
—Creo, simplemente, que Sherlock me rompería la cara. ¿Has notado lo que ha crecido esa pulga?
Touché.
—No lo sé, es posible, sí—admití—¿pero eso es todo? creo que tienes unos cuantos, ejem, guardaespaldas.
Moriarty resopló, y recién allí reparé en que estaba teniendo una conversación con alguien a quien habría jurado muerte hasta ese día. No es que tuviese un buen concepto de él ahora, pero había algo que me decía que debía revaluar mi opinión al respecto.
—H es...una persona peligrosa—dijo—, creo que necesitaré a mis guardaespaldas conmigo.
—Mh...—me pregunté quien sería H, si quizás era como iniciaba su apellido o su nombre, o algún tipo de código que Sherlock tendría que descifrar, como fuese, no saltaba de emoción por encontrarme con él—Suerte.
Moriarty se vio sorprendido un momento, aunque probablemente no más que yo. Luego comenzó a reír, y casi me contagia.
—Gracias, Mascotita.
—Emh...lo siento, pero—me observaba, probablemente esperando a que me retractara(cosa que iba a hacer)—olvidé lo que debía decirle a Sherlock.
Comenzó a reír con más ganas aún, llenando todo el silencioso patio con el ruido de su risa, que era tan alegre e inocente que llegaba a asustarme.
—¡Te dije que lo anotaras!
Luego de esa extraña conversación con el que debería ser el mayor enemigo de mi mejor amigo, me dispuse a buscar al estúpido niño sombrío con el que pasaba casi cada segundo del día contra mi voluntad.
Sherlock se despedía de Molly cuando llegué al salón, me miró y frunció el ceño, probablemente deduciendo todo lo posible sobre mí antes de que yo pudiese contárselo. Dado que las temperaturas habían subido y el fenómeno había decidido crecer a velocidades insospechadas, su ropa ya no le quedaba, por lo que muy a su pesar tuvo que pedirle a Mycroft que le dejara la suya hasta que pudiese conseguir algo nuevo. Tenía una camisa blanca y pantalones negros, si lo veía algún día con una corbata y un chaleco, podría jurar que se preparaba para ir a una boda. Si él no detestara las bodas, claro. Sobra la camisa llevaba una bata de laboratorio blanca, y de alguna forma conseguía no perder el estilo. Tenía diez, y yo podría jurar que parecía de catorce.
Eso no ayudó a ponerme de buen humor. Le hice un vago gesto con la cabeza para que me siguiera y luego me fui a la habitación. Cuando llegué lancé mi mochila en cualquier dirección y busqué ropa para cambiarme. Simplemente me puse una remera beige y unos jeans algo desteñidos. Sherlock entró un rato después, por algún motivo no se había quitado la bata.
—¿Qué pasa?—preguntó, dejando su mochila en la entrada.
—Me encontré con Jim—anuncié.
—¿Estás bien?—de repente Sherlock parecía algo alarmado—¿Te hizo algo?
—¿Qué? ¡No! estoy bien. Sólo me dio un mensaje para ti.
Sherlock toqueteó nervioso su bata, tenía una mancha de café en la manga, aunque él había prometido no beberlo más.
—¿Una amenaza?
—Emh, nop. Una ayudita—frunció el ceño desconcertado, lo cual me alegró un poco—. Aparentemente, él quiere ayudar con el caso.
—¿Qué caso?
—Amigo, el caso.
Le conté a Sherlock toda la conversación que tuve con nuestro simpático enemigo psicópata, y por una vez, simplemente se dedicó a escuchar. Cuando acabé Sherlock se quedó pensativo un tiempo más, cosa que aproveché para enviar un mensaje a Greg con el celular que Mycroft me había dado en mi cumpleaños. Sospechaba que tenía una cámara o un chip rastreador, pero un celular sigue siendo un celular. Le hablé a Lestrade de varias tonterías, y pasó cerca de media hora antes de que Sherlock volviera a moverse.
—Vaya.
—¿Vaya?—pregunté tecleando en el teléfono—¿He estado aquí sentado media hora esperando un "vaya"?
—¿Media hora?
—Di algo, genio. Debes llegar a una conclusión, es tu trabajo.
Sherlock guardó silencio, y lo miré, suplicando a cada dios que conocía para no tener que esperar otra media hora por palabras de dos sílabas.
—"H" es "Hudson"—dijo, yo dejé de teclear y lo miré.
—Eso me temía...¿seguro?
—No lo entiendes, John—Sherlock me sonrió—"H" es "Hudson".
Continuará.
Intento ser un poco original y poner a Moriarty del lado de los ángeles :3 no me maten por ello.
*¿Qué animes has visto?
Miles xD no podría mencionarlos todos, emh, Fairy Tail, Golden Time, Nagi no Asukara, Free!... etc, etc, etc.
*¿Shippeas Sherlolly o Molly con Irene?
Supongo que no, Sherlock es de John, y en cuanto a Molly y Irene... jamás había escuchado de eso xD
*¿Te gusta el Yuri?
Si la pareja me gusta, no veo diferencia en que sean dos chicas, dos chicos o un chico y una chica :3 así que se pordría decir que sí.
*¿Qué Yaois has visto?
Absolutamente ninguno xD lo más parecido que he visto es Free! y Haikyuu, lo cual es patético, porque ni califica como Shounen-ai.
*¿Cuál es la pareja de Sherlock que más shippeas?
Pff, creí que era obvio, ¡Johnlock! :D
Y pues, nos leemos, creo que no falta mucho para que esta historia termine.
