¡Hola a todos! ¿Cómo están, eh? Supongo que me extrañaron tanto como yo a ustedes (sí, claro xD) En fin... Acá venimos con el capítulo número 12, pero ¡ojo! que esto está a punto de acabarse... ¡Pero no se entristezcan, que el final promete! Así que en fin, espero que les guste :)
Disclaimer 1: Hetalia ni sus personajes me pertenece blah blah blah Himaruya blah blah blah.
Disclaimer 2: El Décimo Reino es un argumento de Kathryn Wesley.
Advertencia: Se avisa que el capítulo presenta una escena de... ¡Ah, para qué! Si igual lo van a leer.
¡ESPERO QUE LES GUSTE!
Britanny se encontraba en una reunión con todos los empleados del palacio, estaba muy seria, más de lo normal y bastante cabreada.
-Desde este momento queda prohibido, pero absolutamente prohibido la entrada y salida de cualquier persona a palacio. Ustedes no podrán salir, ni hablar con ningún externo… Si descubro que alguien salió o le dijo a alguien que las cosas no andaban bien aquí, haré que vea como ejecutan a sus hijos –terció, mientras todos agachaban la mirada-. Se mandará una invitación a cada líder y persona relevante de los nueve reinos, invitándolos al baile de coronación. Todo saldrá normal… Bueno, casi normal… Porque todos los invitados serán asesinados –al decir esto, la rubia comenzó a reír con mucha fuerza.-
…
-No entiendo para qué escapamos si tenemos que ir al castillo –preguntó Scott mientras caminaba al lado de Arthur.-
Mientras caminaban llegaron a un sendero que se dividía con dos letreros, uno decía que el castillo de Lovino estaba a 30 millas y el otro a 13.
-Debe ser un atajo –dijo Arthur animado.-
-Pero espera, ¿por qué hay un camino de 30 y otro de 13? –preguntó Scott confundido.-
-No tengo idea, quizás es por el turismo… ¡Ya vámonos! –como iban encadenados, cuando Arthur se movió Scott se vio obligado a seguirlo.-
-No, wait… Arthur… Una tiene árboles, y se ve más segura… Pero esta… -decía el pelirrojo muy nervioso.-
En realidad el camino de trece millas era completamente oscuro y demasiado lúgubre, con hojas secas y varios agujeros. Cualquiera comprendería el temor del cabeza de zanahoria. Siguieron caminando y el camino se veía mohoso, verde y sucio.
"Bienvenidos al Pantano Mortal"
Una música comenzó a escucharse repentinamente mientras caminaban, algo como una balada-rock, que Scott admiraba demasiado, llegó hasta a emocionarse diciendo que ya no se hacían tan buenas canciones.
-¿Seguro que no escuchas esa canción? –dijo Scott con brillos en los ojos.-
-Yo sólo escucho un animal que aúlla –dijo el rubio con algo de nostalgia-, aunque, aún tenemos tiempo de devolvernos…
-No, sigamos por este camino –dijo Scott-, por lo menos hasta que termine la canción… Es muy buena música –algo raro estaba pasando, el pelirrojo irradiaba la dulzura más grande posible, su voz se había suavizado, y él, solía ser muy tosco y gruñón, más que Arthur, y más serio, hasta más atractivo cuando demostraba esa rabia con el mundo.-
Unas pequeñas hadas muy brillantes aparecieron delante de los hermanos Kirkland, mientras Arthur entrecerraba los ojos porque su brillo era demasiado fuerte.
-Ladys, ¿y ustedes quiénes son? –preguntó el inglés.-
-¿Quiénes son ustedes? Todos se creen capaces de cruzar el pantano –dijo una de las tres chicas.-
-Pero todos caen en manos de la bruja de éste –dijo otra.-
-¡Oh, por supuesto, una bruja en un pantano! –dijo Scott refunfuñando.-
-Hay tres cosas que no pueden hacer estando aquí… No beban el agua.
-No coman de los hongos.
-Y nunca se queden dormidos.
Arthur y Scott se miraron con ganas de irse.
-¡Mira, están encadenados! –dijo la muchacha morena.-
-Eso puede arreglarse –dijo una más rubia.-
-¿Les gustaría separarse? –dijo la de cabello negro.-
-Más de lo que te imaginas –dijo Arthur.-
Las hadas discutieron quien haría el trabajo, y la de cabello negro ganó. Pero ¡ojo!, nunca confíen en las hadas, porque al cumplir los deseos siempre hay un truco. Y el truco en este caso, es que en efecto Arthur y Scott se separaron de las cadenas, pero a la vez, ambos quedaron en lugares distintos.
-¡Arthur!
-¡Scott!
-¡Cuando dijimos que nos queríamos separar no era de esta manera! –gritó Scott algo cabizbajo.-
Arthur comenzó a caminar frunciendo el ceño, cuando llegó frente a una pequeña casa, donde se escuchó una voz, algo sobreactuada, pero voz al fin y al cabo.
-Quédate donde estás si no quieres morir –dijo la voz.-
-Holy shit, es la bruja del pantano –gruñó Arthur-, no me hagas nada –dijo, en realidad estaba nervioso.-
Pero al mirarlo de manera más precisa puedo notar que no era nada más y nada menos que el enano que había estado preso con Scott.
-¡Eres tú! –gritó Arthur y comenzó a reír.-
-Ah, hola –dijo el enano algo decepcionado.-
-Hello –saludó amablemente el inglés.-
-Mucho tiempo sin vernos –comentó el hombre pequeño-, ¿aún en busca de ese espejo?
-No, ese se rompió, ahora buscamos otro –comentó el inglés-, de casualidad, ¿no has visto a Scottie? Seguramente andaba cantando…
El pequeño hombre levantó una ceja confundido y negó con la cabeza sonriendo a medias-. ¿No quieres pasar? –preguntó-, estoy haciendo la sopa…
Arthur asintió y entró en la pequeña casa, cuyos muebles eran diminutos y con suerte podían soportar su delgado cuerpo. El castaño de menos de un metro y medio le facilitó una pequeña taza de sopa, el inglés agradeció sonriendo y la tomó en sus manos.
-No puedo creer que creí que fueras la bruja –dijo riendo.-
-Hace muchos años que está muerta, pero cuando eres un prófugo es el mejor lugar para esconderte, nadie en su sano juicio vendría a molestarte aquí…
-Sí –rió el de ojos verdes-, pero, ¿tú sabes quién era ella?
-¿En serio me lo estás preguntando? Es que eso es algo que casi todos saben –rió-, supongo que conoces la historia de Elizabeth, ¿no?
-Sí, la verdad de primera fuente –sonrió.-
El enano levantó una ceja-. Bueno, la bruja del pantano fue la malvada madrastra de Elizabeth… Huyó hasta aquí cuando la obligaron a bailar con los pies al rojo vivo, estuvo años planeando su venganza, pero estaba demasiado débil para llevarla a cabo. Por eso buscó a alguien que hiciera el trabajo sucio por ella –sonrió el enano.-
-Who? –preguntó Arthur.-
-Si quieres saberlo, puedes ir al sótano… Ella se encuentra ahí.
Arthur se colocó de pie y apoyó las manos en la puerta del sótano.
-A lo mejor lo que estás buscando se encuentra ahí dentro –dijo el enano.-
-¿A qué te refieres con eso? –preguntó el inglés confundido.-
-No lo sé, siempre quise decir eso.
El inglés entró al sótano, que estaba lleno de telarañas y moho, bastante lúgubre, similar al que había visitado Britanny. Y de eso, Arthur lo supo.
-Mi madre ha estado aquí, puedo sentirlo –dijo el inglés.-
Un recuerdo ajeno invadió la cabeza del inglés, una mujer que corría entre los vehículos y llegaba al encuentro de una anciana, que amistosamente le extendía la mano para ayudarla. Las palabras que musitaba la mujer eran aún más profundas… "Tú harás mi trabajo, pero a cambio yo te daré mi poder". Arthur abrió los ojos como platos ante esta visión, algo lo asustaba y mucho. Se acercó a ese montón de huesos y recordó las palabras de Elizabeth, veneno… Eso necesitaba, y entre las manos del cadáver había una peineta. Recordó todo lo que la húngara le había dicho, y, rompiendo tela de su camisa tomó la peineta entre sus manos y la tiró, aunque su brazo fue agarrado por ese montón de huesos.
-Tú no podrás ganarle, ríndete –le dijo la anciana muerta.-
Arthur, respirando agitadamente logró soltar su brazo de ese hueso que apretaba tan fuerte. Con el corazón a mil por hora se quedó pasmado, mientras los huesos volvían a inmutarse.
…
Scott se encontraba caminando por el horrible pantano, cuando encontró frente de si una sartén con huevos y dos platos. Levantó una de sus cejas y miró a su alrededor, aparentemente nadie pensaba comerse eso. Comenzó a preparar los huevos en la sartén, y de pronto los hongos que se encontraban muy cerca suyo comenzaron a hablarle… Sí, a hablarle.
-¿De qué te servirá hacerte una tortilla si no le pones nada? –le dijeron-, deberías ponerle unos honguitos, elígenos a nosotros por ejemplo.
-Nice try boys, pero no pienso comérmelos –rió Scott mientras revolvía sus huevos.-
-No te lo decíamos por eso, aparte ahí está creciendo un bonito estragón –le dijeron.-
-Parece verídico –comentó Scott.-
-Sí, es ideal para tortilla de champiñones.
-No crean que podrán engañarme muchachos –continuó luchando Scott.-
-Sería muy delicioso una tortilla de champiñones y un vaso de agua de pantano –continuaban diciendo los hongos.-
-¡Ok, suficiente! –alegó el pelirrojo.-
-Y después te echas una siesta, ¿por qué no?
-¡No pienso hacerles caso, ni beber agua del pantano!
-No es un agua clara, pero es muy refrescante –insistieron.-
Cuando Arthur encontró a Scott, se acercó rápidamente pero con una cara de sueño fatal, lo miró sorprendido.
-Pensé que no volvería a verte –dijo sonriendo.-
-Igualmente, ¿no quieres tortilla?
-No habrás bebido agua de ese pantano o algo… -dijo el menor.-
-¡Claro que no! –rió Scott.-
-Vámonos de aquí, tengo mucho sueño –comentó el inglés entrecerrando los ojos.-
-Igual yo, pero espera que a esto le quedan cinco minutos –dijo el pelirrojo.-
Ambos comenzaron a comer, pero idiotas como son no se percataron de que le habían agregado champiñones al huevo, y que aparte, se encontraban bebiendo el agua del pantano.
-Scott, what are you doing? –le dijo Arthur algo preocupado.-
-¿De qué hablas, Artie? ¡Te has tomado tres tazas!
Arthur abrió la boca sorprendido-. ¿Tres tazas? –se rió con un rubor enorme en las mejillas como si estuviera borracho.-
-¿Sabes, hermanito? Creo que me echaré un sueñito por un instante, así que no te vayas a quedar dormido –le dijo el pelirrojo recostándose.-
Arthur se recostó al lado de Scott, mientras más baladas rock seguían sonando, entre ellas, una que otra canción de los Beatles, que para Arthur eran una tortura haciendo que se acordara de Francis. Pasados un par de minutos ambos estaban completamente dormidos, y las pesadillas invadían a Arthur una y otra vez de manera intermitente. La hierba comenzaba a crecer entre sus cuerpos atrapándolos como cuerdas, crecían y crecían con una fuerza impresionante, Arthur se encontraba muy angustiado, porque tenía horribles pesadillas y no podía despertar, su corazón se agitó y latía violentamente. Y entre toda la desesperanza, una presencia conocida apareció y regresó entre los árboles, corriendo con violencia ante el horrible escenario Francis logró encontrar a ambos hermanos, y con sus manos comenzó a romper las hierbas que los estaban amarrando.
-¡Arthur, Scott, despierten por favor! –pedía el francés mientras los salvada de su trampa mortal.-
-¡No, no tenía que haberme comido la manzana, yo…! –Arthur abrió los ojos, encontrando al cálido y sonriente rostro de Francis frente a él, sus ojos recuperaron el brillo que había perdido, y sin tomar en cuenta nada lo abrazó con la fuerza de un huracán-. ¡Francis! –gritó, apretándose contra él-. ¿Cómo nos encontraste? –preguntó el inglés sorprendido.-
-Los he seguido hace tiempo –sonrió el francés acariciando los cabellos despeinados del inglés.-
-Thank Goodness! –gritó alegremente Arthur mientras se aferraba al francés.-
Comenzaron a caminar para abandonar ese maldito pantano, entonces Arthur se mordía la lengua para no preguntarle algo, pero no pudo evitar hacerlo.
-¿Qué fue lo que hiciste cuando saliste de la Ciudad de los besos? –preguntó.-
-Luego de eso me fui por ahí a pensar en mis cosas, lapin~ -sonrió algo más relajado-, conseguí encontrar tu rastro hace unos días…
-¿Cómo lograste hacer eso? –preguntó incrédulo el inglés-, atravesamos una montaña y todo eso…
-Arthur –dijo el francés agarrando la mano del de ojos verdes-, yo podría seguir tu aroma incluso a través de la barrera del tiempo –sonrió.-
-Has cambiado… -dijo Arthur pensativo.-
-Ahora ambos somos distintos –dijo el francés si apartar sus penetrantes ojos azules de la mirada esmeralda del inglés, aunque con intensiones de seguir caminando, cosa que no consiguió.-
-Wait! –gritó Arthur-, I-I'm so sorry… Yo no quería espantarte de esa manera… P-Pero todo ocurrió tan rápido que yo… Bloody hell –suspiró-. Me gustas, realmente me gustas… Y nunca podría hacerte daño because… I love you –dijo sonrojando como un maldito tomate mientras Francis lo miraba intensamente.-
El francés sólo lo miró, mordiéndose los labios un poco, pero decidido a seguir caminando, Arthur se maldecía, primera vez que era tan honesto y la respuesta no llegó de manera inmediata. ¿En qué estaba pensando ese francés?
…
Britanny comenzó a hablar, maldecía, mientras Natasha entraba al palacio junto a los tres bálticos y Lovino con un bozal muy apretado, los ojos del italiano mostraban una angustia que hubiera derretido a cualquiera. La rubia levantó una ceja preocupada.
-¿Dónde están los demás? –preguntó.-
-Murieron –mintió Raivis.-
-No les creo una palabra –terció-. Ellos no son la verdadera amenaza… ÉL LO ES, ÉL –gruñó la rubia.-
…
-¡Vengan, que aquí es! –gritó Francis mientras corría-. Mes amis, ese es el castillo de Lovino, es ahí donde todo se decidirá… Y donde está el otro espejo.
-Y el regreso a casa –dijo Arthur no tan convencido.-
-Yo creo que es mejor que descansemos antes de seguir el viaje –había que considerar que estaban a una distancia algo grande todavía-. Iré a buscar agua, ¿alguien quiere ir por leña?
-Yo iré –dijo Francis.-
-Yo te acompaño –dijo Arthur muy deprisa.-
-Me parece –sonrió.-
Arthur y Francis fueron recogiendo leña mientras se miraban con algo de complicidad, que ambos intentaban disimular.
-Arthur –comenzó, esto se pondría muy difícil-, quiero que hagas algo por mí, mejor dicho… -se lamió los labios y dijo de manera muy lenta-, conmigo. Y creo que es lo mínimo que podemos hacer por todo lo que ha pasado entre nosotros y…
-Sé a lo que te refieres –acotó el inglés-, y la respuesta es sí –dijo Arthur mientras su mirada verdosa ardía.-
-¿Hablas en serio? Mon Dieu Arthur, no sabes lo feliz que me hace escuchar eso… No sabes cuánto te quiero… ¡Entonces, tú corres por el bosque y yo me tapo los ojos!
-Wait, what? –preguntó el inglés sin comprender muy bien.-
-Eso, que tú te escondes entre los arbustos mientras yo cuento hasta cien –rió el francés con picardía.-
-¿En serio? –el inglés explotó de risa.-
-Te prometo que no haré trampa, ¿está bien? ¡Tal vez cuente más rápido después cincuenta, pero nada más…!
-I will not play hide and seek! –gritó Arthur.-
-Un, deux, trois… -comenzó a contar el francés.-
-¡No! –gritó Arthur.-
-… douze, treize, quatorze, quinze… -seguía el francés cada vez más rápido.-
Arthur reaccionó y comenzó a correr muy fuerte, mientras Francis seguía contando cada vez más rápido y saltándose los números.
-… quatre-vingts, quatre-vingt cinq, quatre vingt dix, quatre-vingt quinze… -seguía cada vez más agitado-. Cent!
Francis comenzó a guiarse por el olor de Arthur y a correr muy fuerte, mientras el inglés escapaba como podía, aunque claramente sin muchas intensiones de hacerlo realmente. Ambos corrían con demasiada fuerza, hasta que Arthur escondido detrás de unos troncos perdió todo el aire, y ahí, Francis apareció delante de él y lo asustó pegando un grito.
El galo y el británico comenzaron a rodar en el suelo, mientras el de ojos color mar daba leves mordidas en el cuello del inglés, y en todo lugar que podía en ese momento. Comenzó a gruñir con mucha fuerza y agarró al inglés con brusquedad, mientras éste se perdía en esa mirada llena de furia y pasión loca que no podía ignorar. Con sus garras fuertes comenzó a rasgarle la ropa, y esto fue mucho más fácil tomando en cuenta que Arthur se había quitado un poco de tela para envolver el peine. Francis comenzó a quitarse la ropa mientras Arthur se encargaba de desvestirse, un Arthur sonrojado quedó mirando al francés, con su Torre Eiffel en su lugar, y una cola que ya no era el rabito que acarició cuando se conocieron, era una cola realmente larga y peluda.
-Está muy larga –comentó el inglés algo agitado.-
-Quoi? –preguntó Francis.-
-La cola –contestó Arthur.-
-Ah –dijo el francés con un tono de… decepción.-
-Wait… ¿De qué pensabas que te estaba hablando? –en su pequeña mente el inglés se respondió solo esa pregunta y se sonrojó brutalmente, pero ya era tarde porque el francés se había colocado sobre él.-
-No me arriesgaré a preparar tu entrada con mis manos, ya que mis garras pueden lastimarte… -dijo sonriendo-, por lo cual tendré que hacerlo rápido…
La primera embestida fue realmente dolorosa para el inglés, su cuerpo virgen estaba recibiendo algo demasiado grande, porque la condición de lobo de Francis lo hacía poseer una anatomía mucho más desarrollada que la de un hombre normal. Arthur comenzó a jadear, mientras Francis intentaba moverse en su pequeña entrada, los gritos de dolor del inglés eran tan fuertes que quizás las criaturas de ese bosque podían escucharlos. Francis se lamentaba de una manera distinta a un hombre normal, más que gemidos parecían gruñidos intensos y roncos, que causaban curiosidad en el inglés, ya que los sentía directamente en su oído, algo tan simple estaba erizando todo su cuerpo; a causa del dolor unas pequeñas lágrimas comenzaron a brotar de los ojos verdes del pequeño conejito, y un beso tranquilizador de Francis se encargó de calmarlo, aunque la calma del beso no duró demasiado, el francés devoraba los labios de Arthur como si fueran el dulce más delicioso, como un adicto, sus niveles de dopamina estaban por los cielos saboreando la boca del inglés e intentando entrar de manera más a gusto en su cuerpo. Logró un compás que le gustó mucho y que tenía a Arthur con jadeos profundos y una sonrisa en los labios, sus ojos entrecerrados, la luz del sol a esa hora hacía brilla más aún el rostro del inglés y eso a Francis le encantaba. Con la mano que tenía libre comenzó a acariciar la entrepierna del inglés, para provocar más que nada unos gritos más fuertes, y por pleno placer de sentirlo completamente.
Su pequeño conejo se corrió en su mano, provocando una risa tierna en el francés y una vergüenza enorme en el inglés.
-I'm sorry –dijo con dificultad.-
-No te disculpes amour~ -sonrió Francis y comenzó a lamer sus pezones, la espina dorsal de Arthur se dobló bruscamente mientras las embestidas no se detenían sino que eran más fuertes.-
Arthur sudaba a montones, mientras Francis parecía concentrado en poner su amigo en el punto exacto, con demasiada fuerza y de una manera vehemente, los ojos mar y los esmeralda se fusionaron por un momento, mientras la penetración continuaba y finalmente ambos sucumbieron en ese pequeño momento eterno que Francis llamaba "la petite mort". Los ojos de ambos quedaron estáticos, al igual que sus cuerpos y el agudo grito de ambos golpeó en todo el bosque, cayendo de esta manera Francis sobre Arthur agotado.
-Va a costar un poquito que salga, ¿vale? –dijo el francés abandonando el cuerpo de Arthur lentamente.-
El inglés suspiró fuertemente, viendo como Francis se estiraba a su lado moviendo su rabo y sonriendo.
-Creo que deberíamos irnos –musitó sonrojado el inglés.-
-Está bien, mon petit lapin… Vamos –sonrió el francés tomando sus cosas y colocándoselas de manera rápida sin ningún orden, Arthur le siguió.-
Scott se encontraba apoyado en un árbol prendiendo un cigarrillo cuando vio aparecer a Arthur, con el pelo más desordenado de lo normal y la ropa hecha mierda. El pelirrojo levantó una ceja.
-Bueno, ¿y la leña dónde está? –preguntó.-
-No encontré nada –se excusó idiotamente el inglés porque ni siquiera prestó atención a la pregunta.-
-¿Cómo se supone que alguien no encuentra leña en un bosque? –preguntó para sí mismo el británico mayor.-
Francis venía tras de Arthur, bastante sudado y alegre.
-Hola Scottie –saludó animado al pelirrojo.-
-Tú tampoco traes nada…
-Sí, como sea –dijo el francés caminando.-
El pelirrojo tomó el cigarro entre sus dedos, botó el humo y comenzó a tararear una marcha fúnebre que representaba la muerte de la virginidad de su hermano. Pero al percatarse de la cola que salía del trasero del francés tosió muy sorprendido. La mirada de Scott se llenó de una rabia pequeña… ¡Su hermanito había sido follado por un hombre lobo!
Francis y Arthur comenzaron a ver todos los carruajes que se dirigían al castillo para la coronación, aunque sin intensión de ir inmediatamente.
-¿Y por qué no me entramos con todos? –preguntó Scott.-
-Si no me equivoco está todo controlado por la reina, no es seguro entrar ahora –contestó el francés.-
-Francis –musitó Arthur-, yo debo decirte algo… Britanny es mi madre.
-Yo lo supe desde que percibí tu aroma, Arthur –dijo el francés sonriendo.-
-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó Scott.-
-Esperaremos hasta la noche para adentrarnos al castillo –dijo Francis.-
-¿Qué hacemos mientras tanto? –preguntó el pelirrojo.-
-¡Dormir, por supuesto! –dijo el francés con picardía-, ya que estamos realmente agotados, ¿verdad, lapin? –le dijo a Arthur quien sonreía con complicidad.-
-Definitivamente –musitó el inglés.-
Ambos se recostaron, con Francis abrazándole mientras Scott los miraba atentamente.
-¿Me perdí de algo, no? –dijo, con ironía, ya que era evidente lo que había ocurrido.-
ESPERO QUE, BUENO ESO XDDDDDDDDD
Menciones honrosas llenas de amour:
Dratín: Bueno, luego de hacerte mucho esperar por fin está, y ¡ojo! no dejé nada importante de lado para escribir, realmente tenía el tiempo... Así que ni se te ocurra venir a regañarme o algo, que si vienes debe ser para pedirme matrimonio, okno xDDDDDDDDDDD Y bueno, ya sabes, te quiero un montón y espero que te guste el capítulo, mi inbox está abierto para que me digas qué tal :3
GusGus: ¡Y hasta que lo pude escribir! ¿No es lindo? Espero que te guste, sé que te va a gustar porque eres una cochina xDDDDDDDDDDDD okno, sabes que es leseo (ni tanto) pero yo sé que te va a gustar, cualquier cosa, dime xDDDDDDDDDDD
MeiChan95: ESPERANDO QUE SEA DE TU AGRADO Y TE ANIME!
Sin nada más que decir, nos vemos a la próxima xD
