XI
Entrenamiento en la playa
–Se acerca el examen para el ascenso a chunin, muchachos –explicó Shiro-sensei–. El examen se realizará en Konohagakure. Tenéis dos meses para entrenar… Y bien, ¿qué es lo que haréis?
Shiro Akuma los había reunido a los tres tras haber realizado la misión de encontrar al tipo que les encargó el Mizukage en Awaniji. Al final no resultó ser ningún jinchuriki ni nada por el estilo, y la misión apenas duró una semana: no hubo altercados, ni acción, ni siquiera tuvieron oportunidad de preguntar nada al misteriso hombre que escoltaron hacia Kirigakure.
«Pues quizá sí que fuera un jinchuriki», pensó Ren.
Estaba entrenando duro, sobre todo el Taijutsu y kenjutsu. Gracias a su habilidad, el Ryoken había mejorado a pasos agigantados. Momoka también mejoró su ninjutsu médico, y Seki avanzó en el ninjutsu elemental de agua. Los tres estaban más que preparados para enfrentarse al examen chunin sin apenas problemas, y Shiro confiaba en ellos.
–Iremos, los tres.
–De acuerdo. Preparad las maletas, nos vamos de excursión al oeste… ¡Veréis el resort al que os llevo, os lo vais a pasar de muerte!
–¿Pero, no íbamos a entrenar, sensei? –preguntó extrañado Seki.
–¡Claro! Pero no podemos perder la oportunidad de conocer a muchos chicos, ¿verdad, Ren, Momoka?
–E-esto… –Momoka estaba avergonzada–. ¿Sí?
–¡Claro!
–¡Y a chicas, ya quiero veros con el bikini puesto! –sentenció Seki mirando a sus compañeras con ojos malévolos–, ¡jajajaja!
Antes que nada, pasaron cerca de tres semanas en los que ocurrieron muchas cosas interesantes. Tras la batalla en Kirigakure contra el Tsuchidan, Ren Miuhai fue expedientada y obligada a hacer misiones cochambrosas por ello, aunque Shiro no estuviera de acuerdo con su padre. En secreto, el Mizukage y su consejo decidieron que los rollos eran las llaves del sello de sus cuatro jinchuurikis, y que no había sido muy bueno dejarlos en manos tan inexpertas como las de Ren. Tuvo que realizar por ello una misión al día, y pasear perros era lo de menos.
Momoka y Seki la miraban con rabia, Shiro-sensei tan sólo reía y reía como una loca. Todavía le quedaba tiempo a Ren para entrenar como eso precisamente, como una loca, en un descampado que había tras su casa. Seki y Momoka a veces la acompañaban y así compenetraban mejor sus movimientos.
Pasó un mes… ¡Tiempo de vacaciones!
Ren recogió sus cosas y se marchó de casa de los Shinjutaki, a los cuales abrazó y reconoció que querría verlos pronto. Decidió ir a hacerle una visita a su hermana (aunque no carnal) Nirin, pero no estaba en casa. Habría decidido ir a entrenar con su grupo de genin para el examen chunin, así que Ren no tuvo más que dirigirse hacia el muelle del río y esperar a sus compañeros. No tardaron en llegar, el primero Seki con traje de baño, camisa hawaiana y sus características gafas de sol.
–¡Hola, Ren-chan! ¿De qué color va a ser el biquini que vistas?
¡Plaf!, un sonoro golpe rebotó en la frente de Seki.
–¡Tú y tus tonterías! ¿No sabes preguntar otra cosa?
–Sí, ¿dónde están Momoka-chan y Shiro-chan?
–¿Chan? –preguntó Shiro-sensei desconcertada desde el otro lado del muelle–. ¡Toma! –otro ¡paf! Golpeó–. Para que me tengas más respeto.
Momoka estaba contenta, hasta resplandecía. Se sumó a la fiesta y dio un pequeño coscorrón a Seki.
–¿Tú también?
–S-sí, ¿no?
Todos rieron.
[…]
Los días en la playa fueron felices. Pruebas de coraje se dieron: los genin viajaron hasta una isla donde había un tesoro. Allí un viejo misterioso les dio a los tres genin una especie de amuletos: el de Ren era el de un león, valiente y poderoso; el de Momoka un halcón, veloz y astuto, y el de Seki una alegre morsa.
Jugaron a vóley-playa, bailaron y bebieron (Shiro era muy permisiva) en una fiesta nocturna y, lo que más disfrutaron, el baño nocturno. Seki no se dio cuenta, pero creyó ver a Momoka ebria junto a Ren, la cual la ayudó a salir del agua y trasladarla a la habitación.
–¡Mañana entrenaremos! –dijo Shiro–. Con mis Chi Bunshin, clones de sangre,comprobaré vuestro nivel. No me defraudéis.
Seki obvió su parte, mientras que Momoka y Ren apenas podían contestar, una por demasiado alcohol en sangre, otra por excesivo cansancio. Cerraron la puerta y durmieron y durmieron.
La mañana llegó, el sol resplandecía regalando luz a espuertas e inundándolo todo con su gracia. La playa estaba fresca a causa de la brisa y el agua y la arena apenas quemaba. Sorprendentemente Momoka estaba al cien por cien recuperada, dijo que los hongos se encargaron de filtrar el alcohol y expulsarlo de su organismo. Ciertamente su barrera de sangre era especial, superaba con creces las habilidades secretas de los Hozuki o las propias habilidades de pelea de Ren.
–Bien, comencemos –dijo Akuma. Realizó un par de sellos manuales y formó tres clones con su sangre–. Estos dobles no son demasiado fuertes, apenas poseen el 5% de mi fuerza. Aun así, debería costaros lo vuestro el poder vencerlos. Lucharéis individualmente, ¿entendido?
–¡Entendido!
Los combates fueron simultáneos. Seki fue el primero en lanzarse hacia Shiro con su espada. Iba dando mandobles a diestro y siniestro, pero sabiendo hacia donde tenía que apuntar, pero la habilidad de evasión de Shiro era demasiado alta.
–¡Suiton, Mizurappa!
Seki lanzó una técnica de agua hacia su rival, que fue esquivada sin problemas. Shiro aprovechó para situarse tras su rival y atraparlo por la espalda haciéndole una llave.
–Te has equivocado, sensei.
Seki usó su Suika no jutsu para deshacerse y atrapar a Shiro, la cual se estaba ahogando. Dentro del agua de Seki logró ejecutar unos sellos y destruir el bloqueo del ataque de Seki, que fue volado en pedazos.
El clon de Shiro fue partido por la mitad, limpiamente. Se deshizo en un montón de sangre. Cualquiera hubiera dicho que allí se había cometido un crimen, tal era la cantidad.
–¡Un tanto para ti, Seki! –dijo Shiro, la original–. Buena combinación el usar un Mizu bunshin para distraerme y realizar un ataque sorpresivo con tu técnica del molinillo. No me había percatado de que habías lanzado tu espada como un búmeran… Pero te aconsejo que te vuelvas a subir el bañador, esto ya es demasiado.
Seki sonrió, un poco avergonzado. Se subió el bañador (por suerte, nada se le podía ver, pues estaba a medio licuar) y se dedicó a ver los demás combates.
Momoka luchó bien, a su estilo. El clon de Shiro se acercó hacia ella con cautela, sabedora de sus habilidades. El combate cuerpo a cuerpo no era del estilo de Momoka, por lo que decidió protegerse.
–¡Hijutsu, Kinoko Kekkai!
Creó una cúpula de hongos que la protegió de los ataques de Shiro. Decidida, lanzó un ninjutsu de sangre que cubrió la cúpula a retazos. La sangre vertida no tardó en coagularse y endurecer la cúpula de hongos, tendiendo una trampa a Momoka. Ésta sabía qué hacer, pero todo era parte de su plan, ya que tenía pensada utilizar una técnica de desgaste. Shiro se cansaría de esperar y no tardaría en romper la cúpula, o en entrar en ella. Pero se equivocaba.
Pasaron dos minutos, cinco, diez… Y el clon de Shiro no atacaba. Estaba en el mismo lugar, esperando, analizando al objetivo. Ella hizo lo mismo… ¿Atacaba o se defendía? ¿Qué era lo mejor? No sabía técnicas de tierra, por tanto no podía ir bajo tierra y sorprender al clon. No podía romper la cúpula, pues sobre ésta había otra de sangre que la dejaba incapacitada. Entonces se le ocurrió algo…
Ejecutó unos sellos manuales y dirigió la mano hacia el suelo. Desde su mano y a través de la tierra viajaron esporas que brotarían junto a Shiro y la gasearían con un somnífero adormecedor.
–¡Hijutsu, Suiminyaku!
Los hongos surgieron de entre la tierra. A Shiro le dio tiempo a reaccionar pero fue tarde, las esporas llegaron a su sistema respiratorio y la adormecieron inmediatamente.
-¡Hijutsu, Shokunikubutsu!
Un hongo creció y creció, de su cabeza surgió una boca gigante llena de dientes… ¡Era una planta carnívora! Se tragó al clon y lo devoró. La cúpula de sangre fue destruida y Momoka deshizo su jutsu inmediatamente.
Estaba algo agotada, pero lo había conseguido.
Sólo quedaba Ren.
Ésta comenzó parecido a Seki, golpeando con su espada. Su estilo era más refinado, por ello Shiro no se limitaba a esquivar los ataques, sino que los bloqueaba con las manos. Ren realizó unos sellos manuales y lanzó un montón de balas de barro.
-¡Doton, Dorodangan!
Shiro se confió e intentó bloquear los ataques con la parte posterior de los antebrazos, pero miles de balas la atravesaron sin remedio. Por suerte sólo dañó los antebrazos, pues fue lista y paró las balas con su técnica de sangre, la barrera de sangre, valga la redundancia, del clan Akuma.
–¡Vaya, esa ha sido buena, Ren! Veamos qué más tienes para ofrecerme. Si prometes hacerlo, te daré fin en tres segundos.
–Venga ya, ¡bravatas! –dijo Ren–. Pensaba que eras más fuerte, sensei.
–No me provoques, Ren, ¡no me provoques!
Shiro-sensei convirtió sus dos antebrazos dañados en espadas de sangre… ¿Pero qué estaba sucediendo?
«Si me ataca con eso estoy perdida. Tengo que usar el Ryoken ya.»
Ren no esperó. Había estado trabajando en su técnica día tras día, y sabía que ya estaba preparada.
Unas llamas de chakra verde surgieron en sus brazos, intensas y brillantes, dispuestas para el ataque.
El clon de Shiro lanzó el golpe, en equis, dispuesta a herir de gravedad a su alumna. Quizá fuera un golpe medido, eso no lo iba a saber, porque…
–¡YARGH!
Ren detuvo las espadas de sangre con sus manos envueltas en llamas verdes. Shiro se mostró sorprendida, pues no las había bloqueado, sino que, simplemente con el canto de las manos, había bloqueado su filo.
–¿Y tú espada?
–¡En eso consiste el Ryoken, Shiro-sensei! ¡Soy una con mi arma! –contestó Ren, segura de sí misma–. ¡Ryoken Nezutsume!
Miles de ráfagas de llamas verdes, afiladas como escarpias, golpearon el cuerpo del clon, haciéndolo desaparecer. Era una técnica avanzada del Ryoken, consistente en miles de afilados puñetazos.
Los tres habían conseguido derrotar a su sensei.
–¡Felicidades, chicos! Estáis más que preparados para el Torneo de Konoha. Estarán presentes los cinco kages, y habrá alumnos muy cualificados. Yo estaré con vosotros en todo momento, de hecho los genin de Kirigakure que están a cargo de los nuevos shinobigatana estarán todos. Seréis los representantes de nuestra villa… ¡así que dadlo todo o si no os comeré!
Momoka se asustó, Seki viró la cabeza hacia otro lado resoplando y Ren carcajeó como si no hubiera mañana.
–Ten por seguro de que no perderemos, Shiro-sensei –aseguró Ren.
El resto del día transcurrió tranquilamente. Por la noche un barco atravesaría el mar hasta los puertos de una ciudad costera del País del Fuego. No tardaría mucho el Equipo 3 en llegar a su destino…
