HARRY POTTER Y LA PLANTA DE LA VIDA

Segundo final: El amor vivirá contigo

Los chicos estaban desconsolados. Hermione apenas si levantaba la vista de la maceta, Ron la tenía abrazada por los hombros, y Harry palmeaba la espalda de su amigo en señal de solidaridad. Estaban ensimismados en sus pensamientos, hasta que el moreno habló.

— Valor amigos — les dijo a la pareja —. Tenemos que enfrentarlo. Herb se sacrificó por nosotros, debemos seguir adelante.

— Sí-sí Harry — contestó Ron —, pe-pero e-es que… otra mu-muerte, no es tan fácil de- de…

— Ya, ya Ron — lo consoló Hermione entre lágrimas —. C-como dice Harry, te-tengamos valor, y…

— ¡Oigan ustedes tres! — les gritaron Ginny y George, entrando de improviso a la sala común —. Pero qué madrugadores se han vuelto últimamente. Si ya están listos, vámonos a la clase de Transformaciones, no nos la queremos perder.

— E-está bien chicos — les dijo Harry —, pero antes debemos decirles algo. Es una noticia bastante fuerte. Es sobre Harriet, ella…

— ¡Hey, hey, espera un poco! — lo interrumpió la pelirroja —. Antes que nada, ¿quién es Harriet?

Los chicos se quedaron pasmados. Al parecer, los pelirrojos no recordaban nada sobre Harriet, lo que suponía que su desaparición había sido total, incluyendo los recuerdos de quienes la conocieron, con excepción de nuestros amigos. Más tarde se asegurarían preguntándole a Luna o a alguien más, ahora, había que explicarles algo a Ginny y a George, pero ellos al parecer no lo necesitaban, puesto que George comenzó a hablar.

— Menos charla y más marcha chicos — les dijo el gemelo apresurándolos —. Escuché el rumor de que una chica de Beaubaxtons quiere cambiarse aquí, al parecer quiere aprender cerca de nosotros, los ganadores de la batalla de los mortífagos, ¿Se imaginan? A lo mejor es una belleza, como Fleur Delacour, pero si no, le daré como bienvenida mi bouquet de flores que entintan…

Mientras George hablaba casi sin parar, Hermione, Harry y Ron apenas le ponían atención, pues seguían pensando en Herb y lo que había pasado en el Bosque Prohibido. Pensaban en sepultar lo que quedaba de la planta en las orillas del lago de Hogwarts, como homenaje a su amiguito volador, cuando por fin llegaron al salón, donde la profesora McGonagall los esperaba. Sentada a su lado en un banco alto, estaba una chica que lucía de lo más extraño que hubieran visto antes; vestida a la manera gótica, con anillos y adornos plateados, su cabello era tan negro que hacía reflejos azulados, sus labios estaban pintados de negro al igual que sus uñas, pero su maquillaje no ocultaba las pecas de su rostro, ni su sombra de ojos oscura opacaba el verde esmeralda de sus pupilas. Estaba seria, con la cabeza agachada y mirando a todos entrar de reojo. Cuando todo el mundo hubo entrado, la maestra hizo silencio y comenzó a hablar.

— Bien queridos alumnos, éste es un día especial. Tenemos entre nosotros a una nueva compañera, que ha elegido nuestro colegio para terminar sus estudios de magia y hechicería, lo cual nos da un enorme gusto, y le daremos la más cordial de las bienvenidas. Ella ha sido ya seleccionada para pertenecer a la casa de Ravenclaw, por lo cual pido que alguien de esa casa le otorgue algo de su tiempo para que conozca el colegio y los manejos internos del mismo. ¿Qué tal usted, señorita Lovegood?

La aludida se levantó, y asintió con la cabeza mientras hacía una bomba de chicle. Luego saludó a la nueva alumna con la mano, a lo que ella respondió girando los ojos.

— Bien, bien — dijo la maestra —, ahora, dejemos que nuestra nueva alumna se presente. Adelante señorita, por favor.

La chica se levantó y paseó la mirada por el salón, deteniéndose brevemente en los chicos. Fue cuando su vista llegó hasta George que comenzó a hablar.

— Me llamo Harriet Hermann Ronaldson — comenzó —. Mis amigos me dicen Harriet, los demás no lo sé, nunca les he dado tiempo…

Ron se rió por lo bajo, pero se calló al ver la penetrante mirada de Harriet sobre él. Ella siguió hablando sobre su persona, habló de ser adoptada, de tener un hermanastro que le decía "prima", se llamaba Bruce y que era un cretino que se sentía galán de cine solo por estar guapo, que había problemas en su hogar por su rebeldía, y que se llevaría bien con todos si no se entrometían en su vida. Habló de sus gustos góticos que nada tenían que ver con la magia oscura, que sólo eran gustos que se daba para fastidiar a los demás y hacer que la respetaran. Cuando terminó de hablar, fue a sentarse en el único lugar vacío, que era al lado de Lavender Brown y Pansy Parkinson. Para hacerlo, tuvo que pasar cerca de los chicos, y Harry notó entonces que tenía un cierto parecido con Herb convertido en chica, pero lo descartó de inmediato, pues la Harriet que recordaba era dulce e inocente, y esta chica…

La clase continuó sin percances, y al terminar la chica nueva estaba terminando de guardar sus cosas, cuando Lavender le habló.

— Oye nueva, escuché todo lo que decías y creo que nos llevaremos bien, no importa que seas de Ravenclaw, tienes carácter para juntarte con nosotras, ¿quieres ayudarnos con unas chicas molestas de Griffyndor?

— Mmm… no, creo que no — dijo Harriet secamente sin mirar a Lavender.

— Ji, ji, ji, no, no nueva, creo que no entendiste, cuando yo invito a alguien, generalmente se acepta, no se discute.

— Y cuando yo digo no es NO, generalmente — contestó Harriet, levantándose y dejando ver que superaba en estatura a Lavender. Ésta sólo sonrió, entendiendo la indirecta (aunque bastante directa) y mientras Harriet continuaba guardando, comenzó a caminar hacia atrás para retirarse, pero tropezó con una silla y al caer dio un empujón a la novata, quien se fue de bruces contra su propia mesa. Lavender se asustó ante la posible reacción de Harriet, pero se llenó de terror cuando la novata volteó para descubrir al culpable. Se le había caído un lente de contacto, y ahora miraba a Lavender con coraje, con un ojo verde y el otro púrpura. Los chicos se habían dado cuenta de esto, pues la estaban esperando junto con Luna para llevarla a conocer Hogwarts. La reacción de Lavender fue inmediata, se tapó la boca con las manos y musitando un ininteligible "lo siento" salió casi corriendo del salón, seguida por Pansy Parkinson.

— ¡Que nadie se mueva hasta que encuentre mi lente! — ordenó la novata, agachándose para buscar a tientas. En eso, Luna se le acercó.

— Eh, Harriet… — la llamó.

— ¡¿Qué quieres rubia, no ves que estoy ocupa…?! — comenzó a vociferar Harriet, pero al ver a Luna se calmó. La rubia le extendía la mano, y en ella sostenía el lente de la chica, que le había caído por casualidad cuando Lavender empujó a la novata. Harriet lo tomó con cuidado, lo limpió y se lo puso, y ahora volvía a tener ambos ojos verdes. Luego miró a Luna, como queriendo disculparse, pero no decía nada. Entonces la rubia se adelantó.

— No fue nada, me gusta ayudar.

Harriet la miró con extrañeza tanto a ella como a sus amigos, que miraban la escena un poco más retirados.

— ¿No te asustan mis ojos? — le preguntó a Luna sin miramientos —. Son raros, ¿no lo crees?

— Sí lo son — contestó la rubia sonriendo —, son tan raros como yo.

— Eh… bonitos pendientes — dijo Harriet, por decir algo, fijándose en los pendientes de rábano de Luna.

— Me gustan los tuyos — dijo la rubia, mirando los pendientes en forma de cráneo de Harriet.

Se miraron a los ojos por un largo minuto, luego del cual, se dijeron a un tiempo "¿cambiamos?" lo que provocó la risa franca de ambas. Entonces Harriet, sintiéndose relajada, se quitó ambos lentes, quedando con sus ojos naturales de color púrpura.

— Aahhh… No me había sentido así en mucho tiempo — le dijo a Luna —. Siempre había querido ser yo misma, pero no podía. Mis ojos, mi estatura, mi forma de ser, todo me marginaba, y todos me veían raro, horrible, hasta mis primeros padres adoptivos me veían feo… Con los que vivo ahora ya se acostumbraron, pero dicen que soy una rebelde sin remedio. Por eso me enfermé, por la depresión que traía de mucho tiempo, y quería suicidarme, aunque no pude lograrlo. Sólo me lastimé, y estuve grave en el hospital, creí que me moría, pero no fue así… Me desperté, y tenía ganas de vivir, y extrañamente quería venir aquí, a estudiar a Hogwarts. Y ahora no me arrepiento de haber venido, aquí ha sido la primera vez en mucho tiempo que… que alguien me-me… sonríe…

Al terminar de hablar, una lágrima le resbaló por su pecosa mejilla, y cuando se la iba a limpiar con la mano, George le acercó un pañuelo. La chica lo aceptó, y luego de limpiarse la nariz con él se lo devolvió, para luego fijarse bien en el gemelo.

— Gracias pecoso. Y a propósito, ¿Por qué me veías tan insistentemente durante la clase? ¿Acaso para ti tengo cara de extraterrestre, o algo así?

— ¿Eh, cómo? ¡No, no claro que no! — dijo George, poniéndose nervioso y tan colorado como su cabello —. Lo-lo que pa-pasa es que, yo, que yo… pues… yo…

El gemelo no sabía qué decir, y en un momento, hizo un movimiento con las manos que dejó al descubierto el bouquet de broma que traía, y que tiempo atrás, luego de ver a Harriet se arrepintió de entregárselo. La chica lo vio y rápidamente se lo arrebató de las manos.

— ¿Son para mí, para darme la bienvenida? — dijo Harriet sonriendo —. Vaya, qué detalle. A ver qué tal huelen.

Todos se asustaron al ver que Harriet se llevaba el ramillete a la cara, pero el único que reaccionó fue George, quien gritó "¡NOOO!" y le volvió a arrebatar el bouquet, y al quitárselo las flores empezaron a arrojar tinta, cayéndole toda de lleno en la cara y el uniforme al gemelo. Harriet se quedó de una pieza, aunque limpia, mirando a George con seriedad.

— ¿Ibas a embromarme con eso pecoso, ibas a darme una "novatada"? — dijo Harriet acercándose al gemelo.

— Yo… Yo… Esteee… Sí, digo no, yo… no era, yo la estaba… — contestó George, tan colorado que se notaba bajo la tinta.

— Y luego te arrepentiste… y por eso me las quitaste… para que no me ensuciara, ¿Verdad? — volvió a decir Harriet, mirando con fijeza al gemelo.

— Bueno, es que tú… y las flores… eran un chiste… pero no para ti, no, no, no… eran otra cosa… y yo… yo… ¡MMMMPPPHHHH!

George no pudo decir más. Harriet lo había halado del cuello de la camisa (era tan alta como él) y se había prendido de sus labios dándole un gran beso, luego del cual se separó del gemelo, mostrando la cara también manchada de tinta.

— Ahora sí, díganme — dijo Harriet dirigiéndose a todos —, ¿he pasado bien mi "novatada"?

Todos rieron ante la ocurrencia, mientras Harriet le repetía la dosis de besos al sorprendido George, y le hablaba al oído mientras sonreía.

— No besas nada mal pecoso, nada mal…

Luego de limpiarse un poco, Harriet confesó que se fijó en George desde que éste entró, y por su parte el gemelo hizo la misma confesión, que le había gustado tanto Harriet que no se atrevió a hacerle la broma del bouquet, y que luego no sabía dónde esconderlo.

— Qué forma tan original de presentarte con George, Harriet, —le dijo Luna —. Ahora te presentaré a todos nuestros amigos. Primero, está mi novio Neville Longbottom, luego la hermana de George es Ginny y su otro hermano Ron, después viene Hermione que es su casi- novia, y finalmente el prometido de Ginny, Harry Potter.

La presentación dejó a todos estupefactos. ¿Tan evidente era ya que se querían en secreto? Bueno, si lo sabe Dios y ahora lo sabía Luna, pues que lo sepa el mundo, y diciendo y haciendo, las respectivas parejas se abrazaron sonrientes.

— A ver Luna — dijo Harriet, cerrando los ojos y haciendo gesto de concentración —, déjame ver si me los aprendí; primero está el distraído, luego la romántica, sigue el glotón, después la sabelotodo y al último el árbitro amigo de todos, ¿me equivoqué?

— ¡Ja, ja, ja! — rió Luna —, no te equivocaste, estuvo correcto, solamente falté yo.

— Ah, pues muy fácil — rió Harriet —, tú eres… mi primer mejor amiga. ¡Y todos ustedes también!

Todos se alegraron de que Harriet no fuera la chica huraña que aparentaba ser, y se abrazaron de gusto dándole la bienvenida a la novata.

— Por cierto Harry, hablando de presentaciones — le dijo Ginny a su nuevo novio —, ¿Cómo sabías que el nombre de la chica nueva era Harriet? Nos ibas a decir algo de ella en la sala común.

— Eh... Pues... creo que adiviné — dijo el moreno disimulando.

— Ahora faltas tú Harriet — dijo Luna —. Tú eres, eres… ¡Eres Harry, Hermione y Ron al mismo tiempo!

Ahora los aludidos se quedaron asombrados. No sabían qué había querido decir Luna con eso, y ante la cara de todos, la rubia se explicó.

— Tu nombre me suena a los nombres de ellos Harriet, ¿no te habías dado cuenta?

Y era cierto, Harriet sonaba a Harry, Hermann a Hermione o Herms, y Ronaldson no necesitaba explicación.

— Qué curioso ¿verdad amigos? — dijo la novata, mirándolos a todos con sus grandes ojos púrpura —. Tal vez eso signifique algo más…

Claro que sí, significaba que la planta de la vida les había traído a una nueva amiga, que compartiría nuevas aventuras con el trío dorado , y tal vez aún más allá de Hogwarts…

FIN