Capítulo 9: Con las manos en el masa
Otra vez había comenzado a llover. Ya empezaba a preocuparse. Llevaba dos largos días viajando sin parar en su escoba. La comida pronto se le acabaría y apenas llevaba algunos ahorros que había estado guardando. En ese momento, viajando con ese asqueroso temporal, empezaba a preguntarse si había hecho bien en seguir la instrucciones de un vampiro. Ni siquiera era de confianza, no sabía para qué querría esa criatura ayudarle...No podía ser nada bueno.
Un nuevo bosque se vislumbró a lo lejos. Ya había pasado muchísimos y ninguno de esos era el que ese tan Math le había indicado. Pero, ¿cómo sabía ese tío dónde se encontraba Hermione? Y lo que era más raro, ¿para qué se habría ido Hermione tan lejos? No tenía sentido. ¿Y si era una trampa?
Ron respiró hondo. Aunque fuera una trampa, debía correr el riesgo. Tal vez ese chico le había enviado directo a una guarida llena de vampiros que se darían un buen festín con su sangre, o tal vez sólo fuera una burla cruel al haberle visto tan desesperado. Pero no tendría lógica. Él no tendría por qué saber que su novia había desaparecido.
Fuera como fuese, si había una mínima oportunidad de encontrar a Hermione, él iría hasta el fin del mundo si fuera necesario.
—Espérame, Hermione —se decía una y otra vez —. Voy para allá.
Salió al jardín. Después de llevarse cerca de dos horas metida en la biblioteca, necesitaba que le diera el aire. Respiró hondo y llenó sus pulmones del aire más limpio y puro que había respirado nunca. Olía a flores y plantas silvestres. El sonido de la catarata y del agua correr la relajaba. Ese sitio era un paraíso.
Se acercó al río y probó el agua con la mano derecha. Estaba fría, pero ¿qué mas daba? Ese día hacía mucho calor y un sol radiante. Miró a su alrededor, incluso a sabiendas de que Draco no iba a arriesgarse a estar por allí y quemarse vivo. Se quitó el vestido blanco y la ropa interior, la volvió a dejar encima de la roca en la que la había posado la última vez y se adentró una vez más.
—Uff, está helada —se dijo a sí misma.
Se sonrojó un poco por su comportamiento. No tendría por qué darse sus baños en ese sitio. Tenía un cuarto de baño enorme con una bañera para ella sola, pero le gustaba mucho más ese sitio. Poder bañarse en un arroyo, con miles de flores a su alrededor, el agradable olor del campo y el sonido de los pájaros de fondo...era perfecto. Sólo había un problema: Draco no había caído en que a ella le habría gustado bañarse en el río, y por ello, entre su vestuario no había ni un sólo bañador. Por lo tanto, no le quedaba otro remedio que bañarse desnuda.
Se metió hasta la cintura, intentando acostumbrarse a la baja temperatura. Poco después, se atrevió a zambullirse. Se quito de la cara los rizos alisados por el agua y empezó a relajarse. Se apoyó contra una rosa y cerró los ojos, dejándose llevar a un mundo de ensueño. Su mano acariciaba el agua que pasaba . Nada podía estropear ese momento. O al menos eso creía ella.
De repente, empezó a sentirse observada. Miró de un lado a otro, disimuladamente, pero nada. Se atrevió a mirar hacia la casa. En una de las ventanas, entre cortina y cortina, pudo ver un par de ojos grises inconfundibles que la miraban sin ningún pudor. Seguramente no se había dado cuenta de que había sido descubierto.
Furiosa, salió del agua sin intentar cubrirse, y fue a por su vestido.
—Mírame bien ahora, que dentro de unos segundos no podrás disfrutar de ello —pensó.
Draco cerró la cortina cuando Hermione terminó de ponerse ese vestido blanco que le sentaba tan bien. No sabía si sonreír o sentirse culpable. Una vez más, se había quedado mirando cómo se bañaba esa bruja que tendría que odiar a muerte. Y lo peor de todo era que no se sentía asqueado, como se suponía que tenía que sentirse. Al contrario: Hermione había resultado ser una de las mujeres más bellas que había visto en su vida.
Caminó para llegar hasta su habitación, pero no consiguió alcanzarla. De pronto, escuchó unos pasos acelerados acercarse por el pasillo. Cuando se dio la vuelta, pudo ver a una cabreada Hermione que corría hacia él a toda velocidad. Supo que algo no iba bien en cuanto la vio al final del corredor, pero sus sospechas se afirmaron en cuanto la palma de su mano derecha se estampó contra su mejilla izquierda.
—¡¿Pero qué haces?! —le gritó Draco, llevándose la mano a su mejilla. No le había dolido nada, pero el sólo intento le había hecho enfadar.
—¡¿Qué hacías tú?! —gritó ella —. ¡Me estabas espiando!
Aunque era algo vergonzoso haber sido descubierto, Draco ni se sonrojó ni se inmutó. Sonrió al ver la vergüenza que invadía a la chica. Sus mejillas estaban totalmente rojas, cuando deberían ser las suyas las que estuvieran como dos tomates.
—No te estaba espiando, Granger. Me asomé para vigilarte. ¿Qué iba a saber yo que te gustaba ese tipo de cosas como bañarte desnuda?—rió el vampiro.
—¡Si, claro! ¡Pero si te quedaste mirando un rato!
—Error. Me quedé pensando en que tengo que encargarle a uno de los elfos domésticos que vaya a comprarte un traje de baño. No quiero volver a ver semejante horror —aclaró, haciendo una mueca.
—¡Imbécil!
Hermione no esperó ni un segundo más. Se largó de allí con pisotones de gigante. Draco permaneció en el mismo sitio con una sonrisa satisfecha hasta que oyó el portazo que dio la chica al entrar en su habitación.
—En el fondo se siente alagada —se dijo, y caminó hacia el salón, donde esperaba encontrar a uno de sus elfos domésticos. Necesitaba encargar dos bañadores, aunque preferiría no haber tenido que hacerlo.
Hermione llegó a su habitación, mostrando su cabreo en un ruidoso portazo. Se sentó en la cama de brazos cruzados, jurándose que nunca más iba a bañarse en ese lugar a menos que fuera con un bañador. Cogió uno de los cojines que se hallaban apoyadas contra la almohada y gritó contra ella para amortiguar el chillido. ¡Para colmo, ese imbécil se atrevía a chulearle, diciéndole que jamás se quedaría mirándola! ¡Pero si ella había visto al muy descarado!
Miró su mano, ahora roja. Ese idiota tenía la cara muy dura, en ambos sentidos. Su estómago rugió, avisándola de que la hora de cenar se acercaba. Ya empezaba a oscurecer, pero Hermione no estaba dispuesta a bajar a cenar. Su orgullo estaba por encima del hambre. No quería verle la cara a ese vampiro estúpido.
Pasó menos de una hora cuando Draco salió al bosque para "cenar". Hermione observó cómo se alejaba entre los espesos árboles . Después de la comilona que se había metido esa mañana, pensó que no volvería a comer hasta el día siguiente.
—Ojalá se te atragante la sangre —murmuró la castaña.
Diez minutos después, decidió que era una tontería seguir torturando a su hambriento estómago si ese rubio tonto no estaba en la casa y bajó a la cocina. Antes de llegar, un delicioso olor llegó hasta sus fosas nasales. Un plato lleno de arroz con carne la esperaba preparado en el mesa con una botella de cerveza de mantequilla. Se acercó cautelosamente. Debía de haber algún truco. Sin embargo, lo único raro que encontró fue una nota escrita con una bonita tinta verde y una elegante letra: Hablaremos cuando vuelva. Será mejor que estés despierta para entonces.
Continuará...
Corto. Lo sé. Pero no quería tardar mucho más. Espero que lo disfrutéis. Intentaré actualizar pronto.
