Capítulo 12

Los personajes de Mai HiME/Otome no me pertenecen son propiedad de sunrise,me reservo los personajes ficticios para esta historia.

Habían pasado cerca de cinco días sin que Natsuki supiera o tuviera siquiera la oportunidad de cruzar palabras con su hija, había comenzado a sanar de la golpiza, y con ese breve lapso de tiempo aprendió mucho de la joven Mashiro, esa mañana como siempre la puerta chirrió bajo el movimiento de las ruedas oxidadas sobre el riel, dando paso a la esbelta y delicada figura, que llevaba sobre las manos una charola con un desayuno ya completamente normal, aunque su corazón estaba con la angustia desbocada de su necesidad por ver a los esmeraldas, eso no menguaba el corto pero agradable momento en que desayunaban.

-Mashiro...- la voz firme salió en un susurro, cargado con un tono avergonzado e inseguro mientras bebían el café aún humeante en aquel ambiente gélido.

-si, Nat?- indago aun con las mejillas llenas de pan, pasando los ojos coral hasta clavarse en los esmeralda, el tono dudoso en la voz grave le inquieto.

-yo...quiero saber si...podrias dejarme hablar con mi hija, solo necesito decirle que estoy bien- en su afán de convencimiento, las manos frías de la pelinegra rodearon en un arrebatado contacto la manos de la más joven.

Mashiro apenas pudo abrir los labios, semejante acción le tomó por sorpresa, por acto reflejo sus manos se contrajeron, más el agarre le mantuvo cerca, bajo la mirada, arrastrando sus ojos claros por las manos, pasando por los hombros y el mentón bien definido hasta que se clavaron en la profundidad de los esmeralda, trago saliva aun con el pulso errático -Nat...eso que me pides es demasiado, sabes que tengo ordenes de mantenerte aqui, mas...tu no eres como las personas que suelen estar bajo mi custodia...eres diferente, lo se...-

Las facciones que enmarcaron los verdes fue de tristeza, decepción pero entendimiento, sabía el riesgo que significaba cualquier contacto con el exterior y en especial, con su hija, lo más valioso que tenia aun y lo único que no le habían podido arrebatar, acarició el envés con delicadeza mientras sus manos deshacían la cuna sobre las otras -lo se...es algo que podría ser malo para ambas, y lo que menos quiero es perjudicarte o causarte algún problema, o no al menos alguno más de los que ya tienes incluso desde el momento en que me ayudaste a salir de la celda- hablo con pesar y una media sonrisa aún -podrías entonces...tu pasarle un recado a mi hija?- las manos permanecieron muy cerca de donde yacía el agarre.

Mashiro sopeso aquella petición, aun riesgosa si alguien se llegaba a enterar, pero la expresión de angustia que podía leer en aquella mirada le estrujo el corazon, quizas tomar un pequeño riesgo -podría...

El sonido de vibración dejo las palabras en vilo -permíteme- respondió mientras deslizaba el teléfono y miraba aquel nefasto nombre en la notificación "llamada entrante de Nagi" se apresuró a contestar sin moverse del lado de la pelinegra, que se bebía de unos tragos el café aún caliente -¿que quieres nagi?- refunfuño con enfado mientras remojaba su garganta con un trago de su taza, el líquido se quedó en sus mejillas por un lapso que pareció una eternidad cuando la faz palideció con horror -¡¿que?!..pero a qué hora te dieron esa orden?-

Natsuki tuvo un presentimiento y se levantó, caminando por la celda mirando cada tanto a una más estupefacta Mashiro, que cortó la llamada y le miró en pánico, , afirmó la muñeca de Kruger y le arrastro hacia la sala, a paso veloz parapeto la puerta principal, cerró las ventanas y colocar los seguros de cada uno -quédate aquí- le ordeno mientras bajaba hacia el sótano, aun a esa distancia escuchó el chirrido de la puerta de hierro y el click, tras algunos minutos salió, cerro con llave la puerta de seguridad y le tomó de la mano, salieron hacia la recamara de Blan y tras recorrer una cómoda fue revelada una pequeña escotilla, que fungía como salida de emergencia, con las manos erráticas y tirando un par de veces el bulto de llaves, al fin logro encontrar la correcta, se agachó y abrió dando un empujón con todas sus fuerzas, no estaba segura si después de tantos años sin uso, aun funcionara, deficientemente pero lo hacía.

-tu primero...- le dijo con una cara desencajada pero una voz serena,le dio la espalda para cerrar con llave la puerta de su habitación, pensandose sola dejo caer su rostro contra la madera.

-mashiro- la voz grave le sacó de sus divagaciones, dio media vuelta y apenas pudo girar, pues un abrazo le vino intempestivamente, dejándola sin razonamiento por un momento, sus ojos se enmarcaron en un rocío de incertidumbre y desesperanza, trato de acallar en vano el llanto que le rasgaba las entrañas, hundió su rostro en el pecho y clavícula de Natsuki y le rodeo con ambos brazos.

-sabes...no tienes que ayudarme, ni ponerte en riesgo por mi, yo puedo arreglármelas sola, no quiero que te involucres.. no quiero involucrar a nadie más en esto..- que habría dado por que su voz no se quebrara entre cada palabra, lo único que le ayudó fue su colosal orgullo sosteniendo endeble su garbo, le acaricio la espalda con firmeza, transmitiendo la fuerza que ni siquiera ella misma tenía, el menor de sus males sería dar la cara a su destino.

-no Nat, yo se que tu eres alguien de fiar, no quiero que te maten...- balbuceo contra su sentimiento de desespero, dejando sus brazos ceñirse con fuerza contra el cuerpo que le brindaba un poco de abrigo.

Natsuki río bajo, con un extraño sentimiento de amargura e ironía -lo se, se que tu crees en mi, pero se que mi hija es fuerte y que saldrá adelante con o sin mi, realmente nadie necesita de mi... -

-¡Mientes!- recalcó Mashiro con enfado, sujeto los hombros y miró con cariño a Natsuki, un rubor dio color a las palidas mejillas, las palabras se le atragantaron en la lengua mientras la mirada compasiva le esperaba -yo...yo si te necesito, creo que eres una persona muy linda y bien parecida...me asombra que no tengas esposo...-

Natsuki frunció el ceño y una facción divertida tomó con cautela sus facciones -no soy un buen prospecto para nadie, no tengo nada que ofrecer ni mucho menos tengo algo valioso que dar...estoy sola por que siempre fui una persona con miedo al compromiso y por ser demasiado estupida...tu no querrías a una persona como yo-

Mashiro había dejado de escuchar las palabras que salieron hace unos momentos, simplemente escuchaba el dulce pero grave tono de voz que emergia frente a ella, en ese momento sus palmas notaron la firmeza de los hombros y la figura delgada pero fuerte tan próxima a ella, lo pensó una décima de segundo y le planto un beso, en el, trato de comprimir el cariño, deseo y todas las palabras que no lograrian expresar en verso su sentir hacia la mujer que abrió los esmeraldas tras aquel arrebato.

Hubo un prolongado silencio donde ambas se miraron, una contrariada y aun con las mariposas revolviendo su estómago, la otra con el asombro por semejante valentía.

La señorita María casi pegaba un salto de alegría, que fue derruido por la mirada languida y decaída de la dueña de aquella casa -señora Fujino...- susurro cuando los pasos elegantes y la bella figura cruzó camino consigo.

-¿si? Maria...- detuvo su andar y le regaló una sonrisa falsa, mientras jugueteaba nerviosamente en sus dedos el suéter color violeta de Tsu.

-si gusta Puedo llevar a la lavanderia eso señora- extendió sus manos en un acto solicito, pero solo recibió una negativa, aun con la facción de dulzura en el rostro.

-no es necesario, ademas...me vendria muy bien el distraerme un poco con actividades en la casa, pero de todas formas gracias por tu sugerencia Maria, si no te incomoda bajaré yo misma a ponerla en la lavadora- siguió su camino sin dudar, con la chaqueta cubriendo sus manos al frente hizo una pausa y viró el rostro hacia su fiel sirvienta que aun le miraba preocupada -Maria...por favor, si pregunta Reito por mi, te agradecería que no le digas donde estoy...quiero descansar un poco de su presencia- sonrió suavemente y retomó su andar, tenía un terrible insomnio y deseaba pasar al menos el tiempo lejos todo, mientras llegaba la tediosa hora de ir al consorcio Fujino.

La inmensa casa vacía le dejaba una sensación de repugnancia, aún más cuando recordaba que debía convivir en reuniones y vida social con Reito, desde aquel beso que Natsuki le dio, estuvo segura que jamás cambiaría su sentir por ella y que aún eran mutuos los sentimientos, sintió un nudo en la garganta y tomó asiento en una de los sillones que descansaban contra las paredes del amplio salon de lavado, la mayor parte del día desierto y silencioso, la distancia que mantenía a su pequeña Tsu le hacían padecer con mayor intensidad la soledad, miro el suéter delgado y mullido en tono violeta oscuro que abrigaba sus manos, extrañaba a su hija, su compañía y comprensión, por que mas que madre e hija, compartían sus secretos y su sentir, cuando se sentía triste, Tsu lo notaba de inmediato y acudía a su habitación con cualquier pretexto simple para terminar hablando sobre lo que le aquejaba, acudía a ella cuando no sabia que hacer y aun mas, acudían mutuamente en busca de renovadas energías para seguir.

Pero ahora, sola y con su hija tan lejos no había una fuente de alivio confiable, suspiro cansada y encendió una de las lavadoras y arrojo el sueter, tomo asiento y miro con desgano los giros que hacía la prenda dentro del agua, en una danza pacífica que poco a poco le provocaron pereza y la delicada mano de perseo le acariciaron, cerró los ojos buscando algo de paz, en el fondo aun escuchaba la salpicadura del agua y entre éste un chirrido y después un golpeteo que se hicieron más fuertes cada vez, abrió los ojos pensando que con ello el sonido imaginario pararía, el sonido venia de la lavadora, entonces un destello metálico le guiño en medio de la oscuridad.

Paro el ciclo de lavado, y hurgó entre la tela y agua, buscando a tientas lo que estaba en el fondo del artilugio, seguramente algún encendedor imco de Haru, o algo similar, sujeto el metal bajo el agua y reconoció entonces la tela que flotaba entre el agua y era sujeta aun por el suéter de Tsu, sacó la mano con intriga y ahí, en su mano reconoció algo único, algo que nadie más poseía, era el prendedor de Natsuki, ese que le regaló para su cumpleaños 18 cuando tenían ya tres años de noviazgo.

La sangre se le agolpo en el corazón y le hizo arder las manos, sintió que una parte de si revivía pero moría apagada por la ausencia de su amor, sacó el pañuelo donde supuso estaba guardado el prendedor, lo exprimio con la mano, en un intento de preservar el olor de su poseedora, dejo programada la máquina para terminar de lavar, enjuagar y secar, solo para salir como un ladrón hacia su habitación, donde cerró con seguro tras de sí, descanso su espalda contra la puerta y colocó con delicadeza el pañuelo en el borde de la ventana para que el rumor del viento lo secara, tomó asiento en su cama y aun sin creerlo revisó el prendedor, era el mismo, no tenía dudas, en la parte trasera estaba la inscripción que le dedico esa ocasión "no puedo acomodar tu cabello todo el tiempo, entonces he decidido darte un guardián que espero sea tan digno para eso, y pueda controlar hasta la rebeldía de tu melena, siempre tuya La hechizante amatista" por sus mejillas un calor inusual y reprimido por años dejaba un caudal minusculo, las lagrimas al tener algo tan valioso significo tener de vuelta grandes memorias, abrazo el prendedor contra su pecho y lloro en silencio. la única duda en su mente era ¿cómo había llegado algo de semejante valor a las manos de su hija? era imperativo saberlo a la brevedad con lujo de detalles.

Desde tres cuadras atrás el automóvil negro sin placas le venía siguiendo, dio la vuelta en el callejón mas próximo y tan pronto las sombras le engulleron desenfundo su arma, quito el seguro dejando el índice sobre el guardamonte, colocó su espalda contra la pared y espero...solo hubo silencio absoluto, quebrado en un flash de luz y humo blanco.

Muy tarde el habido oído de Smith le advirtió del cilindro metálico que caia a sus pies, se llevo el brazo contra la nariz y boca para emprender la huida.

-será mejor que deje de huir Smith...sea como sea, usted vendrá conmigo- ordenó con voz poderosa un hombre, ahí frente a si, había al menos cinco hombres armados apuntándole y a la expectativa, el líder dio un paso y Smith alzó las manos en señal de paz, el rechinido del polvo bajo los pies que encaminaron su rumbo hacia el sonaban por el eco de aquella calle desierta, como su un silencio hubiera consumido todo a su alrededor, se detuvo de frente y en un segundo Smith lanzó su mejor golpe, lo último que vio, fue un manchón luminoso y el crujido de su nariz.

Un par de horas despertaba, con un dolor punzante en el tabique de la nariz y un malestar insoportable en el costado y estomago, se irguió desorientado mientras buscaba su arma

-debería descansar oficial...- replico con tranquilidad la voz de Graceburt,sentada sobre un sofá sin preocupación alguna.

-¿que hago aqui? conteste, sabe la magnitud de un delito como este?- gruño furioso por las circunstancias, enfocando con dificultad su entorno.

-será mejor que modere su tono...oficial John Smith y tome asiento como le ha sugerido Miss Maria-

Smith palideció al instante y sus piernas se doblaron, obligándole a tomar un asiento presuroso en el asiento más cercano -no...no puede ser...- hablo entre un balbuceo, inducido por el miedo al hombre que permaneció sentado tras el manto seguro de las sombras, allí donde la luz tenue de la habitación no llegaba, pero dibujaba tan macabramente la silueta que le miraba con dureza.

-me han dicho que está en un caso bastante...turbio, tengo tres motivos por los que me he interesado en su caso, me gustaría discutir algunos terminos sabe...-

-quiere que yo trabaje para usted?- más que pregunta fue un pensamiento en voz alta, sus zarcos de clavaron en la sombra, pero su intento fue fútil, todo y cada cosa en esa -habitación estaba calculado para darle completa desventaja.

-oficial Smith, estaríamos muy agradecidos si usted nos ayudará a conseguir ciertas cabezas, de personas bastante indeseables para usted, lamentamos tener que haber recurrido a este método, pero tiene a personas de Kanzaki siguiéndole...y con esto estamos seguros que los dejaremos en un enredo de momento- a cada palabra la figura y posición siempre rectas y firmes de Miss Maria, permanecieron inamovibles, había una carga inmensa de tranquilidad y confianza, un ceño amable y despreocupado se leían a la perfección en su rostro.

-ya veo...sospechaba de que alguien me estaba siguiendo, mas no tenía la certeza que fuera alguien enviado por Kanzaki...- se tocó la nariz en acto reflejo mientras analizaba la situación.

-no tiene mucho que pensar, solo debe hacer lo que nosotros le digamos, y usted nos podrá llevar la cabeza de quienes estamos cazando...usted se llevara toda la gloria o toda la culpa, depende como salga esto- hablo con indiferencia la sombra, sin movimientos de manos o señas, era como si fuera un robot, pero en el fondo Smith corroboraba los rumores sobre aquel personaje.

Trago saliva y sin más que refutar miró a Miss Maria -supongo que no tengo opción...-

una sonrisa en las facciones de Graceburt daban una respuesta simple.

-¡eres un imbécil Reito!- gritaba nagi mientras sus hombres entraban dejando la puerta de entrada completamente deshecha -rápido busquen en el sótano, y ustedes en el resto de la casa -¡nadie se escapa y menos de mí!- gruñó con rabia mientras caminaba, miró la puerta de la recámara de su amada Mashiro, se acercó y giro la perilla, pero esta no abrió, un golpe de algo metálico y pesado al otro lado le dio la razón suficiente para disparar a la cerradura y con una patada esta cedió bajo el poderoso golpe, bastó un empujón para que la puerta y su barricada sencilla cedió paso, un par de disparos más y la puerta de escape era privada de su ojo de acero, la empujo y de reojo vio la silueta de Mashiro y Natsuki escapando por un largo y angosto pasillo que se dirigía a la calle de atrás, apretó la cancha y disparó contra su rehén, hubo un trastabilló pero eso no menguó sus deseos de huir, ello enfurecio al de iris cereza y termino de cruzar la puertecilla sin dejar de apuntar el arma, un goteo de sangre por el suelo era testigo de que aun poseía una excelente puntería.

-maldita sea...Mashiro- Natsuki paró en seco su andar y sostuvo a los hombros cercanos que le habían empujado poco antes de la detonación a sus espaldas, una bala había alcanzado su espalda y cruzaba hasta el pecho, donde un agujero del tamaño de un índice dejaba escapar una mancha carmín con olor a hierro.

-es...estoy bien...tienes que irte Nat...tu...tu hija está esperando...yo estare bien...- le suplicaba con la respiración entrecortada y afianzándose de las manos que le sostenían

-no voy a dejarte aquí...- susurro con los ojos llenos de desesperación la pelinegra, sabía que semejante herida era mortal, podría sobrevivir si le llevaban a un hospital pronto, mas las manos débiles le entregaban con afanosa ansiedad la llave a su libertad -tienes que ir a un hosp...

-Reito no sabe hacer nada bien, pero yo si, deja de huir Kruger, te matare rapido y despues a tu hija...bueno, a tu hija primero la usare y después la mataré- amenazó paladeando cada palabra con una burla inmensa

-...no...vete por favor Nat...te lo suplico, aun puedes hacer tu vida...lo se... yo..con...fio en ti- le sonrío entre las palabras que salían con los vestigios de su vida, le dejó las llaves entre las manos y caminó hacia atrás, dejando su cuerpo ser sostenido por Nagi, que palideció apenas noto la mancha negra y ferrosa que cubría ya gran parte de su blanca camisa

-¡Mashiro...!- sintió un hueco en el estómago mientras la mano pálida le acaricio la mejilla para caer sin fuerzas al suelo

Natsuki abrió la puerta trasera y derribo de una tacleada la pila inmensa de basura que había frente a la puerta, un par de proyectiles le pasaron muy cerca, dejando una estela ardorosa en el hombro, corrió hacia la calle y encontró al fin un raudal de gente, entre empujones y malas palabras se perdió entre el gentío, la mira del arma permaneció con el martillo a punto de ser activado, solo la cantidad de gente y el susto que provocaron los anteriores disparos impidieron que Nagi siguiera disparando, mas no cesó su persecución, fue tan cerca como pudo tras kruger.

Reito recibió un mensaje que le llenó de ira, los documentos en su oficina habían terminado esparcidos por el suelo, los muebles y la alfombra arrasado todo por el tornado del fracaso, tendría que recurrir a su plan B, actitud que no pasó para nada desapercibida a oídos de Shizuru quien pese a la distancia escucho tremendo alboroto en la oficina vecina y el sueño necio pensó había sido inicialmente una alucinacion, apenas el Kanzaki salió de la sala de reuniones la castaña le siguió en un bajísimo perfil intrigada por aquel arrebato, desde hacía días le había estado pisando los talones, y cada dia le notaba mas y mas alterado, como si las cosas se le fueran de las manos, si su instinto no le mentía debía seguirlo a toda costa, caminaron hasta el estacionamiento donde Reito no dejaba de maldecir cuando el numero al que llamaba le llevaba una y otra vez a la contestadora.

-¡aggghhh! maldito Nagi...no dejaré que la mates tu, eso debo hacerlo yo- farfulló entre dientes antes de subir al auto y salir de manera imprudente con una cara de rabia que pocas circunstancias le provocan.

Shizuru espero tras el volante unos minutos, entonces una idea cruzó su mente, hacía tiempo que buscaba un respiro para poder escudriñar los documentos que necesitaba para preparar su estocada final, le sacaría la sopa al bastardo, estaba segura que él estaba tras las desgracias y desaparición de su amada y por el honor de su familia que encontraría la forma de hacer justicia.

Encendió el auto y partió hacia la casa que para su desagrado compartía con Reito, tan pronto arribó Miyu salió a su recibimiento. -señora Fujino, hay correspondencia de su padre, se la deje en su estudio- declaró en tono confidente la guardiana en el susurro más bajo que pudo.

-gracias Miyu- camino presurosa un par de pasos y se detuvo mirando de reojo a Greer que permanecía de pie aun dándole la espalda -si llega Reito hazmelo saber, y no le permitas entrar a la casa, dile que estoy en videollamada con mi padre si se pone pesado- le guiño con cariño y siguió su camino, entrando en la casa, pasando de largo hasta el estudio privado de Reito, y con una cautela extrema comenzó a hurgar entre sus documentos, desde el lugar mas rebuscado hasta los cajones y cada doble fondo que encontró, para su sorpresa había contratos de arrendamiento a nombre del Kanzaki usando a su padre como prestanombres, y en cada uno de ellos no recordaba que su padre estuviera siquiera enterado, entre el montón de documentos encontró una factura, por servicios especiales de hospedaje, busco el negocio y simplemente era una casa que se encontraba a nombre de Mashiro Blan, si su memoria no le fallaba estaba segura que era una conocida del socio mayoritario de Reito, el nefasto e insoportable de Nagi D`Artai, a quien había mencionado hace poco en la llamada que parecio descontrolarle, tomo un par de fotos y envio la poca información a su padre, asi como los documentos que mas tarde enviaría con la confiable Miyu, estaba segura que esos documentos no le harian ninguna gracia al mayor de los Fujino, aun con esa sensación de angustia se dirigió a su estudio, eligió el libro donde le dejaban siempre los documentos mas privados y leyó con calma:

Querida hija, sabes que no confio en los aparatos ni en los medios electrónicos, y por ello te envio la poca informacion que he recabado con mi agente, hace un par de días mantengo vigilado a tu "querido" esposo, de ser necesario yo personalmente tendre que intervenir y hacer un ajuste de cuentas por la familia, lamentablemente no puedo darte mas informacion, pues tu seguridad es mas importante, me he puesto en contacto con mis conocidos en la corporación donde se llevo a cabo desde la detención de N. hasta su misteriosa desaparición, deseo salvaguardar no solo tu integridad, si no, también tu corazón, y aunque todo apunta a su razón, no me permitire perderte de nuevo, deja todo en mis manos y espero darte buenas nuevas a la brevedad, sabes que hacer con este documento tan pronto termines de leerlo.

-eres un egoísta padre, me ayudas pero no me dejas estar en el frente- reclamo mientras miraba la carta arder en la llama de una vela, mientras le sostenía con los dedos, tan pronto el papel fue consumido dejando solo un montoncillo de carbón Shizuru preparó los documentos y con calma se aproximo a Miyu que sin mirarle siquiera ni descuidar su puesto no pareció asustarse por el arribo inesperado.

-Miyu- le llamó con naturalidad y con una certeza en sus palabras -tu sabes mucho más de lo que parece...tengo incluso la seguridad que sabes aun mas que mi propio padre, solo quiero ver a Natsuki, o al menos saber si esta bien...- suplico sin lograr siquiera alzar el brazo, los documentos permanecieron anclados a sus manos.

-lo siento señora, pero su padre y yo queremos protegerla de lo que sea que venga- giro en sí misma hasta quedar de frente, mirando con melancolía la faz angustiada de su casi hija, le había cuidado desde que era una niña cuando la separación entre sus padres fue inevitable le extendió el brazo suavemente, apenas señalando los documentos que sostenía la castaña con dificultad -¿quiere que le lleve eso a su padre?- finalizó sin pautas a mas explicaciones.

-si...-autómata le entregó los sobres mas no liberó del agarre los documentos, manteniendo la mirada contra los ojos color cereza que le miraban con una dulce compasión -Miyu...por favor, dime si ella está bien, a menos necesito saber eso..-

-ella esta...estaba bajo custodia no policial, es decir por la intervención de un tercero, por el momento y está bien -mintió pues no deseaba alterar aún más el angustiado corazón de Shizuru, tomó los documentos y con un poco más de fuerza los jalo en una señal de requerimiento.

-ya veo...mas sabes que eso no es suficiente para mi y tampoco hará que deje de buscar respuestas...- sentenció con los ojos encendidos en enfado la castaña dejando que sus dedos deslizaran los sobres odiaba que le protegieran y le subestimasen siendo ya una mujer hecha y derecha.

-eso lo se señora Fujino, más en mi no queda responsabilidad de sus acciones,yo eh cumplido con no darle información que pueda ponerla en riesgo, le entregaré esto a la brevedad a su padre- hizo una reverencia y salió en el auto familiar rumbo a la oficina del Fujino mayor.

Haru arribó a su departamento, había hecho una desviación para llevar alguna ropa más cómoda, preparar comida y demás enseres que necesitan para su estadía de fin de semana en la cabaña, tal y como se lo había prometido a su amada, un pequeño cambio que pensaba no sería de importancia antes de llegar al departamento, giró la chapa pero esta hizo un click inusual, estaba forzada, entró con cuidado pero las luces no funcionaban, mientras avanzaba entre la penumbra escucho el crujir de los vidrios de los focos bajo sus pies, otro par de crujidos y se detuvo, habia alguien ahi, se giró segura de la presencia del intruso y metió por reflejo las manos.

Un gruñido furioso retumbó por la habitación silenciosa, había evitado ser noqueada y eso puso más furioso al intruso, un segundo de descuido le bastó a Haru para hacer un contraataque, lanzó al azar un golpe que dio en la oscuridad contra algo firme pero con piel, había acertado en el mentón.

La sacudida no la espero el Kanzaki, que ni tarde ni perezoso le devolvió el golpe, esta vez en el rostro y con la chacha de metal y roble.

Haru cayó de bruces al suelo semi inconsciente, mientras reito buscaba en su ropa por su móvil, escribio algo de forma rápida y le arrastro hasta un vehiculo, maniatada y con mordaza, le subió a la cajuela y partió hacia el único lugar que era seguro.

-maldita sea- jadeaba nagi con reproche e iracundo, había perdido la pista de Kruger entre el alboroto de la noche, los estudiantes y la hora pico, miro por un largo rato más entre pasillos y escaleras, pero fue en balde, llamó a Reito pero no recibió respuesta, chasqueo la lengua y regreso aún atormentado por el recuerdo de Mashiro entre sus brazos.

Con el hombro herido le costó más de lo esperado subir la barda que limitaba los pequeños pero seguros bloques que servían como bodegas, en uno de ellos aún guardaba muy lejos de los ojos de su hija la vieja motocicleta que le hizo compañía prácticamente toda su vida, se calzó la chaqueta y en vano trato de sacar la moto con el motor apagado, dado el daño en su hombro le fue imposible moverla con precisión, la encendió y colocó la primera velocidad, guiandola fácilmente hasta la salida, arribo hasta la calle y siguió el camino que conocía de memoria hasta la cabaña, necesitaba un arma o al menos lograr comunicarse con su hija o con Shizuru para terminar con esa pesadilla, dejo la motocicleta detrás de la cabaña casi arrojándola sin cuidado, busco la llave de la puerta y entró sin chistar, el ojo acerado de una colt le apuntaba temblorosa de rabia, mientras una sonrisa ladina cruzaba toda la faz del Kanzaki -si quieres a tu hija viva, será mejor que hagas todo lo que yo diga Kruger-