Si bien su disfraz le rindió sus frutos, extrañaba bastante el vestir de gala. Su traje Brioni bordado a la medida era demasiado perfecto como para tenerlo guardado en un cajón. Lo mismo pasaba con sus mocasines, quienes lo acompañaron durante innumerables persecuciones. Tanto le gustaba el modelo Salvatore Ferragamo estilo Penny Loafer que compró un par de docenas con sus primeros sueldos, la mitad seguía sin estrenarse. Si bien vestirse con ropas de este tipo puede llegar a entorpecer peleas o cualquier actividad que alguien normal llevase a cabo, Hudson Fawkes se acostumbró a trabajar usando dicha vestimenta como uniforme. "Funcional y elegante", eran las palabras que usaba para definirse.

En lo que era una hermosa tarde soleada, procedió a sentarse en un banco que estaba en las periferias de la plaza Saint Paul. A sabiendas de que Judy tenía que estar frente a él dado su recorrido preestablecido, buscó un lugar en donde efectivamente ella lograse ubicarlo. Todo estaba fríamente calculado, todas las posibilidades ya habían pasado a través de su mente. De momento sólo tenía que esperar, mostrarse sumiso y tranquilo. Posiblemente lo estuviesen vigilando, quizás Malcolm estaba presente, tal vez sería emboscado por varios coyotes o, incluso, policías. Esperaba que todo ello sucediese en simultáneo para dar prueba de sus capacidades, así como para probar la de sus allegados y rivales.

Sintió sus pasos ligeros por sobre encima de todos los demás. No se giró a saludarlo, ni siquiera hicieron contacto visual. Van Loo tomó el maletín que tenía a centímetros del zorro y lo abrió en un ángulo lo suficientemente pequeño como para que nadie en las cercanías viese de que se trataba. Efectivamente había una gran suma dentro, quería confiar en la palabra de quien tenía a su par pero le costaba hacerlo.

-Está todo, lo contarás en su momento.- indicó secamente, no rompió el hielo de forma amable como solía acostumbrar en esos casos. Al coyote no le agradó el tono de voz.- No tenemos mucho tiempo, Vincent, como has de estar consciente. Si tienes algún tipo de duda pregúntame ahora, una vez que comience a hablar no pararé hasta terminar.

-Señor Van Loo, en primer lugar. No me tuteará, en segundo. Yo impondré las condiciones, no usted.- un vehículo negro se estacionó a escasos metros de ellos.- Si en verdad tiene algo importante que decir, va a acompañarme. Hay una patrulla de la ZPD al final de la calle, por lo que tomaré precauciones.

Era un riesgo definitivamente, pero lo tomaría. Podría haberse rebelado pero no habría conseguido su principal objetivo. Se puso de pie, abrochó su saco y lo acompañó hasta la puerta trasera del sedán negro. A pedido de Van Loo metió su mano en uno de sus bolsillos internos y sacó la pistola que allí guardaba, luego de cerciorarse de que nadie lo observaba. Terminó por tirarla a un tacho de basura y así cumplió con todas las demandas del coyote. No le preocupaba estar desarmado, después de todo no le haría falta. La operación Canis Latrans había comenzado.

El auto era espacioso, había un total de cinco tripulantes. Fawkes quedó en medio de Van Loo y uno de sus matones. Éste lo revisó casi en su totalidad, buscando cualquier elemento que pudiese poner en riesgo la vida de su jefe. No encontró nada en su saco ni en sus bolsillos más que su teléfono.

-No sé usted, pero yo me siento más a gusto de este modo.- sonrió ante el comentario del coyote.- Déjeme decirle que admiro su valentía al tirar su arma antes de entrar, pero no por eso nuestro trato cambiará.

-Por respeto a lo que usted significa decidí acatar su pedido, confío en que hará lo propio con los míos.- le seguiría el juego un rato para ver hasta donde llegaba.

-Todo depende de lo que tenga para decir.- lo estudiaba con rápidos vistazos, el zorro en verdad estaba tranquilo. Había quienes en su lugar intentaban parecer serenos pero en el interior no lo estaban, pensó en que lo mejor sería no subestimarlo.- Ya sabes que hacer, Gregor.- el matón comenzó a apuntarle en la sien, pero no se inmutó.

-¿Ha terminado de ponerse cómodo? Quisiera comenzar de una vez.- dio una respuesta positiva.- En primera instancia quiero aclararle que estoy plenamente consciente del trato que tiene con la alcaldesa.

-Recuerdo a la perfección tu intromisión, así como tu desesperada huida.- aunque lo intentase, Fawkes no mostraba emoción alguna. Sólo se lo veía seguro de sí mismo.

-Sé que les prometió un dispositivo que les permitirá apagar los collares nuevos, podrán movilizarse y actuar a su antojo.- lo de la "llave", como ellos lo llamaban, era algo que lo tomó por sorpresa y el zorro se percató de ello. Los nuevos collares apenas saldrían la próxima semana y él ya estaba al tanto de su existencia desde hacía rato al parecer.- A su vez, usted está al tanto de la campaña de Bellwether y sus políticas "anti-mafias".

-Lo escucho tal y como me pidió, pero sigue sin decirme nada interesante.

-Por su gesto de recién yo pienso todo lo contrario, Señor Van Loo.- sonrió al verlo molesto.- Dejemos de lado todos estos juegos estúpidos, Vincent. Tú sabes que Bellwether te sacará del medio apenas pueda, tu gente se hundirá antes de que puedan sacarle jugo a su maldito libertinaje si es que lo consiguen. Será mucho más fácil eliminarlos a ustedes que a la familia Big, ellos ni siquiera los atacarán y tú mismo terminarás por convertir a los tuyos en el blanco de la alcaldesa y su gente.

-Sé cómo liderar a los míos y no me temblará el pulso al momento de acabar con esa maldita oveja si hace falta, lo disfrutaré de hecho. Esa idiota no para de llamar y molestar, como si fuese su maldito perro faldero.- extendió su mano, el matón que iba sentado adelante le extendió una pequeña caja. De allí, Van Loo sacó su arma, un revolver artesanal con detalles dorados y dibujos en el cañón.- También disfrutaré la recompensa que ofrecen por tu cabeza.- quien apuntaba a Fawkes dejó de hacerlo para dejarle lugar a su jefe.

-No cobrarás nada si me matas, Van Loo. Tampoco podré ayudarte a combatir a Bellwether, cosa por la que vine aquí en primera instancia.- el coyote sonrió casi histérico. Lanzó una carcajada.

-¿¡Ahora resulta que me ayudarás!? ¡Eres patético!

-Señor...

-No me interrumpas mientras hablo, Frank.

-Nos sigue una patrulla, señor.- Van Loo y Fawkes sonrieron en simultáneo. Después de un potente estallido, la pierna del zorro comenzó a mancharse con su propia sangre.

-Declinaré tus servicios y me haré con el gran premio, mis hombres te llevarán a la ZPD en cuanto perdamos a estos idiotas.- las sirenas comenzaron a sonar mientras el sedán negro aceleraba.- Una vez que estés en prisión mandaré a pedir tu cabeza y la pondré junto a la de Bellwether en mi chimenea, serás un buen trofeo.

El conductor dio un giro cerrado hacia la derecha, terminaron por alejarse de la zona urbana para evitar el tránsito. Quien acompañaba a Van Loo y a Fawkes en el asiento trasero comenzó a disparar contra el vehículo de Judy y Nancy, que a esa altura solo tenían que perseguirlos a la espera de más oficiales.

No necesitó pensar mucho en cómo iba a librarse de los coyotes, sabía que tarde o temprano la policía los atraparía. La cuestión era estar lejos para ese entonces. Se tomó la pierna con fuerza por el dolor y, además, bajó su mano un poco más para buscar algo que siempre le era útil sin importar la situación. Al analizar lo que estaba por pasar, no pudo evitar sonreír. Cuando se percató de esto Van Loo quitó el seguro y preparó el dedo en el gatillo.

-¿Qué es lo que piensas hacer, zorro sarnoso?

-Hay un viejo refrán que mi padre solía decirme siempre que decía mentiras.- levantó la vista y miró al viejo coyote, creía tener la situación bajo control pero pronto eso ya no sería así.- Por lo que entiendo, significa que para aquellos que se creen astutos y tramposos, hasta lo más efímero los desenmascarará siempre. En lo personal me quedo con su significado literal.

-¿Y cómo es dicho refrán, mi estimado?

-Me quedaré con la primera palabra y la última frase.- observó el arma de Van Loo, si se movía en el momento justo evitaría el disparo. En verdad hacía mucho tiempo que no escuchaba lo que estaba por decir.- Zorros en zorrera, el humo los echa fuera.- para ese entonces la bola de humo ya estaba en su mano, la fugaz explosión terminó por contaminar el interior del auto. Las pequeñas bombas, del tamaño de una canica, se ubicaban en un pequeño bolsillo a la altura de su tobillo. Dado que no eran grandes, su explosión no fue la gran cosa. Apenas serviría para desorientar a quienes estaban dentro del auto, pero tendría tiempo suficiente para actuar.

Ante la sorpresa Van Loo presionó el gatillo y le dio al hombre que estaba a la par de Fawkes, que previó el disparo. Lo golpeó en el hocico y lo hizo retroceder para hacerse un espacio y así tomar el arma del cadáver. Acabó con quien iba a la par del conductor y, antes de que pudiese inmovilizar a Van Loo, chocaron contra un poste de luz. El golpe y el airbag terminaron por dejar al conductor inconsciente, Van Loo estaba solo y era presa fácil, pero no sería suyo.

Abrió la puerta derecha y comenzó a correr tanto como la herida de bala se lo permitía. Se guardó su segunda bomba de humo en caso de ser necesaria durante la huida, pero ya no estaba en su tobillo. "¡Sal con las manos en alto, Van Loo! ¡Tienes derecho a guardar silencio!", los gritos de Judy hicieron que disminuya la marcha, se sentía más tranquilo. Estaba a salvo, o al menos eso creía.

"¡Levanta las manos, Fawkes!", la voz desconocida hizo que se terminara de frenar. Quiso girar lentamente, pero la oficial le ordenó que no se diese la vuelta. Pudo escuchar el sonido de las esposas rebotando en su mano. "Tenía entendido que eres un charlatán. ¿Qué pasa ahora, el coyote te comió la lengua?" El no poder ver a su adversaria dificultaba las cosas. "Ponte de rodillas." Su mano derecha fue esposada, tenía pocos segundos para actuar. La oficial se veía confiada, pero su orgullo sería su perdición. Segada por querer disfrutar el momento, nunca se percató de que el zorro no hacía más que sonreír.

Escupió al suelo y el humo invadió el lugar. La tomó de la muñeca e hizo caer la pistola, para después derribarla con un empujón. Esperó al último momento sólo para gozar la enorme decepción de la jabalí que yacía en los suelos. Le arrebató su arma durante la confusión y ahora era él quien le apuntaba.

-¡Quién rayos se guarda una bomba de humo en la boca!

-Alguien que espera que un oficial lo espose después de ponerse de rodillas, si te sirve de algo no es la primera vez que lo hago. Bogo pasó por lo mismo hace un par de años, pregúntale si quieres oír una buena historia.- extendió su pata izquierda y su rostro se tornó mucho más serio.- La llave.- se la dio sin mediar palabras, no era momento de discutir.- Tu compañera se quedó sola mientras tú jugabas a ser la maldita heroína.- una vez que liberó su mano derecha la ayudó a levantarse. Sacó su teléfono y envió un mensaje con su ubicación.- Tu vida vale más que un maldito titular en el diario del viernes, procura pensar antes de actuar.

-¿Por qué me dejas ir? ¿Por qué siquiera haces todo este circo?- lo último que esperaba era ese tipo de trato de parte de uno de los más buscados.

-No soy el monstruo del que todos los noticieros hablan, agente. Lo último que quiero es dañar a Zootopia o a cualquiera de sus habitantes.- le dio la espalda y comenzó a caminar a lo largo del ancho callejón.- Mi transporte está por llegar así que este será nuestro adiós.- pudo sentir el motor de su moto, Nick lo esperaba al otro lado del callejón.

-¡Espera! ¡Soy Nancy Rogers! ¡Recuerda mi nombre porque esto no quedará así!

-Un verdadero placer, Nancy.- las sirenas comenzaban a inundar el lugar. Después de acomodarse detrás del conductor, el zorro desapareció mientras ella volvía para ayudar a la coneja. Todavía tenían trabajo por hacer.


. . . . . . . . . .

Ya en las oficinas de la ZPD, Bogo hizo un par de llamadas desde su oficina para contener a la prensa. El líder mafioso más temido de los últimos meses estaba siendo interrogado por la policía y había varias teorías circulando. De momento sólo le quedaba encaminarse a la sala de interrogatorios y ver cómo venía el caso.

"Informe de la situación, Hopps", Judy estaba observando a través de la vidriera, el coyote permanecía sentado y en silencio. No se veía derrotado, pero difícilmente podría salir de ahí. "No quiere hablar, sigue esperando a su abogado. Fawkes no aparece, pero estamos rastreando la moto donde escapó en base a lo que nos dijo Nancy." El enorme búfalo asintió y se encaminó al interior de la sala de interrogatorios, haría las cosas a su modo.

El estruendo que hizo la puerta indicaba que no sería una conversación del todo amable. Tomó la silla con una sola mano y la lanzó contra la pared, después de esto apartó la mesa sin mucho esfuerzo. El coyote levantó su ceja izquierda y lo miró con soberbia, a lo que Bogo lo tomó de su camisa y lo levantó por los aires.

-Veo que los años pasan y no cambias, Bogo querido. Confío en que me bajarás si no quieres una demanda que deje a la ZPD aún más abajo de lo que está.

-Estabas con el tipo más buscado de Zootopia en tu propio auto, con un maletín que contenía demasiado dinero y le disparaste a una patrulla de la ZPD.- lo empujó contra la pared.- Esta vez tengo cargos graves por los cuales acusarte así que ni siquiera tu maldito abogado podrá sacarte de aquí si no cooperas.

-Sin embargo optaré por quedarme callado, su agente me dijo que tenía derecho a permanecer en silencio.- su sonrisa lo enfurecía más.- Llamarán a mi abogado para que me saque de este agujero y, mientras me voy, puedes besar mi trasero búfalo imbécil.

Bogo apretó su puño con bronca y levantó el brazo, todos los que observaban temían lo que estaba por pasar. Con gran potencia se inclinó hacia delante y apuntó a la cabeza del coyote, quien cerró los ojos antes del impacto. Al abrirlos se topó con el búfalo, cara a cara. "Cuando caigas, yo mismo me ocuparé de elegir tu celda". Se giró para ver el puño que dejaría su marca en la pared. En verdad había pasado cerca.

Sin nada más que hacer en ese lugar, Bogo salió de la sala de interrogatorios y pidió para que llamen "al infeliz" de su abogado. A su vez, le ordenó a Hopps y a Rogers que fueran con él a su oficina. Sin pronunciar una sola palabra, todos acataron las órdenes del jefe de la ZPD.

Al llegar a su destino, Bogo le hizo señas a Judy para que entrara. "Tú espérame aquí", le dijo a Nancy, quién se sentó a la espera de lo que presentía sería un gran reto de su jefe. ¡Maldita sea! ¿¡Por qué rayos había ido tras ese zorro!?

A pedido de su jefe, Judy se sentó mientras él seguía de pie. Abrió un cajón de tantos que tenía y sacó varios expedientes. Sin saber lo que le esperaba, se mantuvo expectante observando a Bogo mientras daba vueltas. Finalmente su jefe se sentó y dejó una pila de legajos, papeles, fotos y documentos a la par de él.

-Necesitaré tu informe para mañana en la mañana, pero después te dejaré el resto del día libre para que descanses. Buen trabajo Hopps.- dichas estas palabras, el alma de Judy volvió a su cuerpo.

-Gracias jefe, mañana a primera hora se lo dejaré a Stewart en recepción.- se puso de pie y saludó con una sonrisa que rápidamente desaparecería.

-En ningún momento te dije que te levantes de esa maldita silla.- seguía estando de mal humor, pero no era ninguna novedad a esas alturas.- Quiero que me digas lo que sucedió allí, lo del informe es sólo una formalidad.- la coneja tragó saliva, se seguía sintiendo intimidad por su jefe como si fuese el primer día.

-Vi a Fawkes cruzar la calle y segundos después llegó Van Loo, subieron al auto negro y se alejaron. Después de que nos autorizaran comenzamos a seguirlos y todo terminó como usted ya sabe.- no se lo veía conforme.- Al salir Van Loo se dispersó una nube de humo, que creemos fue usada por Fawkes para escapar. Había sangre también, según Nancy el zorro tenía un disparo en la pierna.

-Lo de las bombas de humo es algo típico de Fawkes. La presencia de la policía, el maletín lleno de dinero como prueba, su escape final, la persona que lo ayudó a escapar, orquestó todo para que Van Loo cayera en su trampa y lo consiguió.- definitivamente Bogo y Hudson se conocían bien, lo único que le faltó decir es que ella era cómplice y que el nombre de la operación derivaba del latín.- No sé qué motivos tendrá pero atrapamos a ese maldito coyote de una vez, así que las cosas salieron dentro de todo bien. Ahora vayamos a una última cosa.- se esperaba la pregunta que le haría.- ¿Es cierto que Rogers la dejó sola para correr detrás de Fawkes?

-Señor, yo no…- se puso de pie lentamente, inspirando lentamente.- Es verdad.- Bogo se cruzó de brazos, ella sabía lo que le deparaba a su compañera.

-Eso es todo por ahora, Hopps. Puede retirarse.

-Gracias, señor.- al salir, cruzó miradas con la jabalí. La notaba preocupada, sabía de su error. La puerta se cerró lentamente, mientras Judy se sentó a la espera de su compañera. Lo mejor sería estar ahí en caso de que la necesite.

Contrario a Judy, Nancy no se sentó. Bogo y ella estaban cara a cara con el escritorio en medio, el silencio entre ambos generaba una tensión que la llevaría a gritar de desesperación si el búfalo no decía nada. Lentamente, Bogo desplegó a lo largo y ancho de su escritorio todo el material que tomó previamente.

-Elige algo, lo que sea.- haciendo caso a lo que dijo su jefe, tomo la fotografía de un lobo.- Teniente Gordon, murió de una puñalada después de correr a un traficante que atrapamos semanas más tarde. Murió el seis de marzo pasado. Elige algo más.- abrió un expediente y leyó su nombre en voz alta.

-Oficial Michael J. Walker.

-No esperó a sus refuerzos, una bala atravesó su ojo derecho. Lo velamos el once de marzo de hace ya cuatro años. Elige otro.

-Señor, entiendo que…

-¡No, Rogers! ¡Tú no entiendes nada!- tomó una última foto, como le había ordenado antes.- Cadete Bill Jameson, fue mi compañero en la academia. Su unidad atrapó a unos ladrones de motos, pero un último integrante escapó. Bill murió intentando atraparlo, llevaba doce años en la ZPD.

Golpeó secamente el escritorio y lanzó todo al suelo. Nancy retrocedió del susto, una lágrima recorrió su mejilla izquierda. Bogo salió desde detrás de su escritorio y fue directamente hacia ella.

-¿¡Sabes que tienen en común todos ellos!?- dio un paso atrás y asintió.- ¿¡Entiendes que es lo que comparten!?

-Están muertos, todos ellos.- dijo entrecortada con un hilo de voz.

-Así es, todos muertos. ¡Todos eran mejores oficiales que tú y terminaron muriendo! ¿¡Sabes por qué!? ¡Por no esperar! ¡Por querer ser héroes! ¡No somos héroes, somos policías maldita sea!

-¡Lo sé, señor! ¡Lo sé!- gritó entre lágrimas.

-¡Familias rotas! ¡Parejas que enviudaron! ¡Hijos huérfanos! ¡Amigos que ya no los volverán a ver jamás!- se dio la vuelta y golpeó una vez más el castigado escritorio.- Todos ellos tomaron riesgos innecesarios y murieron por ello. Comencé a guardar las fotos de oficiales caídos en la mesa de luz que tengo a la par de mi cama cuando asumí este cargo, recurro a ellas cada vez que me acuesto por la noche y pienso que ya no puedo seguir adelante. Es la más triste de mis motivaciones.

Observó una imagen en especial, la de Bill Jameson. Fue quizás la muerte que más lo marcó a lo largo de su carrera, dada la relación que mantenían. Fue el mismísimo Bill quien lo convenció de entrar a la academia hacía tanto tiempo ya. Las lágrimas de su madre el día de su entierro eran algo que lo perseguirían el resto de su vida, así como las de la esposa de Walker y la de los hijos del teniente Gordon. Inspiró profundamente y se dirigió hacia ella, ahora más calmado.

-Ya no tengo espacio, Nancy, no quiero tu foto, ni la de Hopps, ni la de nadie. Mi salario es bueno pero no quiero gastarlo en otra mesa de luz con cajones más amplios.- estaba completamente petrificada, por lo que la tomó de sus hombros para serenarla. Ya había aprendido la lección.- Seguirás con tu compañera trabajando por la tarde pero irás al parquímetro por las mañanas, será un mes de castigo.

La puerta de la oficina se abrió de golpe. Stewart, al igual que su predecesor, solía entrar sin antes llamar a la puerta. "¡Maldita sea castor! ¡Te dije que tienes que golpear antes de entrar!". El recepcionista se disculpó, pero era completamente urgente. Tal parecía ser que hubo una explosión en el barrio Ventisca, en Tundratown. Según los reportes, la base de los coyotes fue atacada. Los medios afirmaban que fue la devolución de favores de la familia Big.


. . . . . . . . . .

Cuánto tiempo había pasado de que manejó una moto por última vez, Finnick tenía esa larga melena y él todavía no había conocido a Judy. La última que compró tuvo que venderla rápidamente para saldar deudas, fue una mala temporada para las "popsipaletas". Giró a la derecha en un ángulo demasiado abierto, ya no tenía la misma práctica que antes. Tal vez se la pidiese a Fawkes para dar una que otra vuelta y recordar viejas épocas.

"No podemos ir a tu casa, podrían rastrear la moto y llegar hasta nosotros". Teniendo en cuenta el comentario de su acompañante, Nick frenó y esperó indicaciones. Fawkes se quitó el casco y comenzó a pensar en sus próximos pasos. "Tengo un escondite en las afueras de la ciudad, tú puedes tomarte un taxi e irte si quieres. Te lo pagaré cuando volvamos a vernos." Nick se negó ante eso último, quería acompañarlo en el último tramo de su trayecto. Conducirían un poco más usando el túnel de mantenimiento 6B, no habría cámaras que los siguieran por allí.

Debajo del puente Madison yacía el escondite de un personaje conocido en Zootopia por su mal carácter y agresivo comportamiento. El Loco Moody era el apodo del rinoceronte tuerto al que todos temían por los constantes rumores que alrededor de él se creaban. Había quienes decían que su tamaño era equivalente al de dos hipopótamos y su fuerza a la de cinco elefantes, otros afirmaban que se alimentaba de los niños que por allí rondaban. Al igual que todo lugar en el mundo, la ciudad contaba con su propia mitología y leyendas urbanas, pero lejos estaba de ser todo esto cierto.

Se detuvieron frente a un complejo abandonado con un enorme cartel que decía "Restaurante Ilit". Las ventanas estaban rotas y el interior completamente vacío. Nick no podía evitar sentir cierto escalofrío al acercarse a la guarida del loco Moody. Su madre solía decirle que llamaría al rinoceronte tuerto si no se iba a dormir temprano. Lo que pasaría en caso de llamarlo es sabido por todos los niños y jóvenes de Zootopia.

Se adentraron luego de abrir la puerta que nunca tenía llave, pisaron un par de vidrios rotos al ingresar. Pasaron por el mostrador y siguieron de largo por un pasillo que contaba con numerosas puertas. La última de ellas se abrió luego de que Fawkes le diese un golpe con su hombro. Le sería difícil al zorro blanco bajar por las escaleras. El sótano, donde antaño guardaban la comida del restaurante dado el pequeño tamaño de la cocina, no era mucho más bello que la parte superior. Usaron sus teléfonos para iluminar el lugar y así evitar chocarse con todo lo que estaba tirado. Dado que allí trabajaban rinocerontes, todo era mucho más grande de lo debido para el par de zorros.

Se frenaron ante una puerta después de girar a la izquierda, tenía un cartel en la cima que decía gerencia. Tomó una enorme llave que estaba escondida bajo grandes pedazos de vidrio y, después de subirse a una pequeña caja que movió hacía un momento, la puso en la cerradura para abrirla. "Espérame aquí, hay cosas que no quiero que veas", indicó Fawkes que hizo una mueca de dolor después de bajar de la caja de un salto. La puerta apenas abierta se cerró después de que el zorro ártico pasara a través de ella, pasarían un par de minutos hasta que se volviese a abrir.

"Empuja la puerta, ya puedes pasar", gritó la voz desde dentro. Nick inspiró y no soltó el aire, dentro de ese lugar de seguro se habría de topar con el terror de su infancia y el de todos los niños. ¿Sería tan grande el loco Moody? Posiblemente no comiese niños, pero todos afirmaban que tenía un pésimo carácter. ¿Cómo luciría? ¿Qué tan viejo sería? Todas sus dudas se disiparon cuando entró.

-¿No existe el loco Moody?- preguntó después de recorrer todo el lugar con sus ojos, eran las únicas dos almas que rondaban ese lugar.

-Falleció hace unos meses de cáncer de pulmón, no me preguntes como saqué su cuerpo de aquí.- definitivamente no era el tipo de escondite que Nick se esperaba. Apenas había iluminación por algunas velas, nada iba acorde a su tamaño y la mayoría de las cosas estaban rotas.

-Cuando me hablaste de un escondite me esperaba otro tipo de lugar.- Nick no lo observó, pero Fawkes sonrió ante el comentario.- Trajes y zapatos caros, ese moto que usamos para venir, la millonada que le pagaste a Van Loo… ¿Por qué no te buscas algo mejor teniendo todos tus recursos?

-Lo lógico sería esconderme en otro lado, pero sé que aquí nadie me buscará. El que me conozca sabrá que nunca pisaría un lugar así.- tenía razón después de todo, era un buen escondite.

Hubo algo que le llamó la atención a Nick. Sobre el escritorio había al menos una docena de computadoras, conectadas a un generador que estaba en un cajón que siempre se mantenía abierto. En una de ellas pudo leer algo que lo alarmó.

-Duermo aquí casi todas las noches, en el cajón de aquel gabinete.- lo abrió y se acostó en su interior. Tenía en su mano una navaja, vendas y alcohol. Comenzó a buscar la bala con la afilada hoja mientras veía cómo el zorro restante se subía al escritorio.- ¿Pasa algo, Nick?- su silencio lo alarmó. Maldijo una vez que sacó la bala.

-Hubo un ataque contra los coyotes.- siguió leyendo por lo bajo mientras Fawkes se acercaba.- La explosión abarcó también un par de negocios, parece haber sido algo grande.- siguió bajando hasta encontrarse con el que, según los diarios, era la mente detrás del ataque.- Los medios ya tenían al culpable.

-Yo sé quién hizo esto, Nick, los Big no han tenido nada que ver.- la imagen lo decía todo, había una estela de humo verde saliendo entre tanto fuego. Era la marca registrada de Doug.

-Fue todo en vano, Hudson.- estaba verdaderamente desanimado, su trabajo no había servido de nada.- La operación Canis Latrans fue un fracaso.- pensó en voz alta, su decepción no tenía techo. ¿Cómo harían para seguir?

Aunque Fawkes no quisiera admitirlo Nick tenía bastante razón. La idea era dejar a Bellwether sin nadie a quien atacar. Con los Big tranquilos y los coyotes sin su líder sus propuestas quedarían en la nada, ahora eso cambió para mal. A sabiendas que los coyotes podrían soltarle la mano, la alcaldesa evidentemente decidió sacar el as que tenía bajo la manga. Aun así, no todo estaba perdido. Si Van Loo hablaba de sus trapos sucios con la alcaldesa podrían ensuciar su campaña. Tenían que hablar rápidamente con Judy, el coyote era su última posibilidad.

Sacó su teléfono y comenzó a marcar su número, después de un par de pitidos Judy atendió. Su respiración estaba acelerada y agitada, Nick sabía que algo malo había ocurrido. Le preguntó si se encontraba bien, pero la coneja no le contestó directamente su pregunta sino que le dio a entender lo que la tenía sin aliento: Van Loo fue asesinado mientras lo escoltaban. Sus posibilidades se derrumbaban de a poco.

De momento había grupos y políticos que podían hacerle frente a Bellwether, aquellos que supieron estar presentes con Lionheart. Sin embargo, en caso de ser reelecta y trabajar con su propia gente estaría más fuerte que nunca. Borraría todo rastro existente y sometería a la ciudad bajo sus propias ideas, lo que había pasado a lo largo de los últimos dos años era sólo un aviso de lo que estaba por venir. De seguir así las cosas nunca hallarían la razón por la cual los depredadores se volvían salvajes, sólo podían esperar para contraatacar.


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Nota del autor: ya tengo nuevamente dónde escribir, por lo que en la medida de lo posible no habrá más retrasos. A su vez, quiero mencionar que se me notificó a través de una review (¡gracias MissingNo!) que el capítulo previo desapareció de alguna forma. Yo mismo experimenté el problema y no pude acceder a él después de publicarlo, pero mi teléfono me permitía leerlo de forma normal usando el app de FanFiction. Creería que fue un bug de la página, el cual por suerte fue sólo momentáneo.

Tal y como anticipé, podemos apreciar al fin el encuentro con los coyotes. Si bien no salió como lo esperado, el objetivo primordial terminó por cumplirse. Van Loo parecía estar fuera y la batalla contra las bandas locales se frustraría al quedar el último bando sin su líder, pero un misterioso ataque termina por poner todo en jaque. Al fin y al cabo, parece que la alcaldesa podrá llevar a cabo su campaña tal y como pensaba.

Por otra parte, Bogo vuelve a aparecer y saca su lado más duro tanto con su enemigo como con sus agentes. Aun así demuestra que en el fondo no es más que un tipo golpeado por la vida, si bien son cosas del trabajo no por eso son menos dolorosas. No hay duda de que la jabalí aprendió de su error, una lección para toda su vida.

Además de todo lo visto, aparece un nuevo personaje que se las apañará en dificultar el camino de los protagonistas. Por si alguien no recuerda quién es Doug, dado que su nombre apenas se menciona en la película, es ni más ni menos el carnero que se encarga de infectar a los depredadores. En este caso demuestra una vez más sus habilidades atacando de forma imprevista a los coyotes, o al menos eso piensa Fawkes. Ahora que la alcaldesa tiene vía libre para ser reelecta sus huellas comenzarán a desaparecer de a poco. El tiempo es cada vez más escaso, pero a su vez los protagonistas no pueden hacer más que esperar un error de sus contrincantes.

En el próximo capítulo Bellwether lanzará su candidatura, así como Hudson da a conocer parte de su pasado en Cronos. Todos se mantendrán a la expectativa, mientras una nueva esperanza comienza a florecer en Zootopia. Finalizada esta nota, espero que les haya gustado este nuevo capítulo. Espero sus comentarios, críticas e impresiones en la caja de comentarios, hasta pronto compañeros.