Home Run

Outtake: Strike 3

Edward

PARTE 1: SAFE

Sentía mi hombre adolorido, había tenido una lesión en uno de los juegos pasados, nada grave pero lo suficiente para dejarme en la banca por mes y medio. Ayer en el juego en Miami había estado de vuelta pero me había costado un poco por tantos días de inactividad.

Bajé del coche emocionado por entrar a casa donde seguramente estaría mi dulce esposa. Teníamos poco tiempo viviendo aquí ya que no queríamos abandonar nuestro antiguo hogar. Éramos muy felices en el apartamento y de pensar en todo el trabajo que costaba el mudarnos simplemente lo habíamos ido aplazando y aplazando hasta que un día simplemente me decidí y llamé a una amiga de mamá que trabajaba en bienes raíces. Por supuesto, Bella amó cada casa en la que entrabamos, enserio, todas. Por lo que la decisión la tenía que tomar yo, a menos que quisiéramos terminar con veinte casas en Los Ángeles.

Dejé mi pequeña maleta sobre el sofá y caminé hasta la cocina para buscarla pero no estaba, por lo que fui al jardín trasero donde usualmente Bella se relajaba metiendo sus pies a la alberca pero tampoco estaba ahí, ni en su oficina o en ninguna de las recámaras. ¿Dónde estaba?

Saqué mi teléfono para llamarle pero me mandó al buzón de inmediato. Mi esposa era muy despistada y a veces olvidaba cargar su celular pero me preocupó un poco no encontrarla. Cuando Bella no podía viajar a los juegos y se quedaba en LA siempre estaba en casa cuando regresaba. Siempre.

Decidí llamar a mi hermana para preguntarle si sabía algo de ella y respondió de inmediato.

-¿Qué quieres Edward? –Alice estaba enojada, no le gustaba ser interrumpida cuando Jasper estaba de regreso después de tanto tiempo de viaje.

-¿Sabes algo de Bella? –ellas eran mejores amigas junto con Kate y Charlotte, eran como uno de esos grupos que hacen las esposas de los militares para apoyarse mutuamente. Ellas eras así, siempre planeando cosas divertidas para el equipo y haciendo fiestas para convivir cuando estábamos en casa.

-Ahh no… Bella es tu esposa, no la mía. Seguramente fue a su trabajo o hacer las compras. ¿Quién sabe? Como es Bella, igual y ahorita está en Hawaii nadando con tiburones. Mira Edward, los papás de Jas están cuidando a Liam y Levi, tú no tienes hijos y no sabes el tiempo tan preciado el que es no tenerlos por unas horas. Así que… ¡bye! –y colgó.

Fui a mi recamara a tomar un baño y esperar a Bells. Mientras sacaba mi playera y un pants encontré una nota junto a la cama.

Hola Sr. Cullen:

¡Bienvenido a casa! Siento no estar ahí pero las vacaciones de Nessie y Jake se acabaron, así que fui a dejarlos al aeropuerto:(

Estaré de regreso esta tarde con comida, mientras tanto hay lasagna en el refrigerador.

¡Descansa! Que más tarde no te dejare dormir ; )

Te quiere, solo un poquitín… Bella Cullen : *

Me reí leyendo la nota de Bella y me metí a bañar.

/

Me desperté cuando sentí unos besos en mi cuello, Bells estaba a mi lado en la cama con sus brazos en mi rostro y sus labios en mi cuello.

-¡Dios! Te extrañé bebé –la tomé de la cintura para acercarla aún más a mí.

-Yo también, no me gustó no estar aquí cuando llegaste –hizo un adorable puchero y se acurrucó en mi pecho –tengo comida caliente abajo y no he comido en todo el día así que vamos, luego… podemos regresar aquí –me besó rápidamente en los labios y salió corriendo de la habitación.

Al bajar al comedor admiré a Bells colocando la comida en la mesa. Su vestido negro se pegaba a su cuerpo y su cabello en ondas cafés enmarcaba su hermoso rostro. Bella me había cautivado desde el primer instante en que la vi, cada día sentía mi amor por ella aumentaba y que su belleza crecía.

-¿Qué haces parado? ¡Ven a comer! –me acerqué para besarla una vez más tomándola de la cintura

-Te amo –su adorable sonrojo apareció. ¿Qué importaba si habíamos estado casados por dos años? Bella seguía avergonzándose por cosas mínimas mientras que en la vida cotidiana hacía miles de ridiculeces sin inmutarse si quiera.

-Te amo muchísimo Cullen, ¿cómo está tu hombro? –dejó un beso justo en la zona donde me dolía.

-Me duele un poco pero es solo por el tiempo que no estuve jugando.

-Por cierto, ¡te tengo una sorpresa! Pero aún no la puedes ver, hasta después de comer –se alejó y levanto una caja enorme color blanca con un moño azul. Cuando Bells daba regalos se emocionaba aún más que el que lo recibía, ahorita mismo daba pequeños saltitos cargando la caja.

-Yo también –replique y me acerqué a mi maleta que seguía en el sofá en la sala de estar. Regresé al comedor con una pequeña caja café que en cuanto Bella observó corrió hacia mí.

-¡Dámela, dámela! –levanté la caja estirándome mi brazo lo más posible, Bella aún con saltos no lograba alcanzarla -¡Edward Cullen! Dame mi regalo.

-Te muestro el mío si me muestras el tuyo –ella bufó y cargó su regalo sentándose en su silla.

-Te advierto Cullen, mi regalo es mucho mejor. Así que siéntate y sufre tratando de adivinar que es –dejé mi caja en la mesa y ambos comenzamos a comer. De vez en cuando Bells levantaba su mirada y miraba con adoración la caja café de The Salty Donuts.

-Podemos abrirlos ya –sugerí de nueva cuenta

-Nop, vamos a esperar, ¿te gustó este bisteck? Ayer Nessie, Jake y yo cenamos ahí y lo amaron asi que decidí traer hoy para cenar.

-Está muy bueno. Deberíamos ir pronto, por cierto, ¿Cómo están?

-Genial, están dominando NY. Ya sabes que son unos genios. Aunque los extraño mucho, prometieron volver pronto para poder verte. Y hablando de genios en el trabajo ayer tuve mi junta para los anuncios de Starbucks, ya sabes que estamos planeando su campaña publicitaria para el verano y la amaron.

-Claro que sí, eres muy talentosa –tome sus manos sobre la mesa y le guiñe un ojo.

-¡Ay Cullen! Está bien, está bien. Dame mi regalo –abrió su caja con ilusión. The Salty Donuts era el lugar favorito de Bells en Miami, amaba esas donas con todo su corazón. –Oh mi dios, voy a morir de diabetes –admiró las doce donas diferentes y abrazó la caja con tanto amor, como nunca me había abrazado a mí.

-Estoy algo celoso de esas donas en este momento

-Oh vamos Cullen, sabes que no hay competencia –mordió su dona y me guiñó un ojo -¿Sabes que no te corresponde ninguna de estas, verdad?

-Créeme que no esperaba que mí adorada esposa compartiera su regalo. La conozco, es por eso que me compre mis propias donas. ¿Ahora puedo abrir mi regalo? –su rostro se sonrojó y me entregó mi caja.

Antes de abrir mi regalo me acerqué a besarla, sin poder aguantarme un poco más.

-Estas hermosa, bebé. Tan tan hermosa –se levantó de su silla y se sentó sobre mi regazo. Con mi mano en su cintura la besé una vez más.

-Debería dejar de distraerte y abrir tu sorpresa

-O puedes distraerme por un par de horas más –pero ella se levantó y volvió a sentarse junto a mí.

-Nope, distracciones después. Puse mucho esfuerzo en esta sorpresa.

Tenía razón. Bella usualmente no era detallista pero una vez al siglo hacía algo romántico, solamente en ocasiones especiales. Solté con cuidado el listón azul y la tapa de la caja saltó.

Lo primero que vi fue una pelota de baseball, me pregunté si era aquella pelota con la que la había golpeado la primera vez que nos conocimos. Años atrás en una cena romántica en NY ella me la había mostrado. Pero no, esta era diferente, nueva. Al reverso había algo escrito.

HACIENDO SU DEBUT

FEBRERO, 2020

¿Debut en febrero? En febrero ni siquiera era temporada de baseball. Sin entender muy bien saqué otra cosa de la caja. ¿Por qué rayos Bella me daba como sorpresa el debut de alguien en el equipo? ¿O tal vez era MI debut? ¿Dodgers planeaba venderme a otro equipo sin decírmelo y Bella ya lo había averiguado? Pero, ¿cómo?

Saqué un bate…¡¿un bate?! Miré a Bella sin entender nada, ella solo me sonrió. El bate tenía escrito una simple palabra: ROOKIE.

Ok, esto estaba definitivamente extraño. Yo no era un novato y no me habían trasladado a ningún equipo así que ¿de quién jodidos estábamos hablando? ¿Y por qué Bella se molestaba en anunciarme de tal forma la llegada de un novato que tendría su debut fuera de la temporada de baseball?

Lo siguiente en la caja eran por lo que podía ver ropa, estaba doblada cuidadosamente en una pila, saqué la primera. Era una playera color azul de la talla de Bella donde se leía CATHCER.

-¿Te inscribiste en un equipo de baseball? –pregunté sorprendido. Ahora todo tenía sentido, Bella era la novata que tendría su debut en febrero. Pero, ¿por qué? Bella ni siquiera juega y definitivamente no ama tanto el baseball.

-No Cullen. Sigue mirando y dame mi playera

La siguiente playera era la mía, igual a la de ella. Azul y con letras blancas se leía: PITCHER. Hasta ahora, era lo único que tenía sentido.

Y al final de la caja, por ultimo había otra prenda de ropa doblada con un guante encima. Los saque con cuidado y dentro del guante había una nota que decía: Bienvenido al Team Dad, la temporada empieza en Febrero ;)

Al desdoblar la última prenda un pequeño traje de baseball de los Dodgers apareció, era pequeño, como para un bebé y en la espalda estaba escrito: HOME RUN

-No pensé que te tomaría tanto tiempo darte cuenta, creía que lo descubrí… -la interrumpí alzándola de su silla y besándola con todo el amor posible. Seríamos padres, en un par de meses un pequeño inundaría nuestro hogar con amor.

Había estado esperando este momento desde que Bella se volvió mi novia, pero ella había insistido en esperar un tiempo y tenernos el uno al otro. Yo, yo solo había soñado con un niño adorable siguiéndole la corriente a su loca madre y enseñándole a jugar, llevarlo al estadio por primera vez y acompañándome a las conferencias de prensa. Y por fin, el bebé estaba llegando a nuestras vidas.

-No puedo creerlo Bells, vamos a tener un bebé –mis manos se colocaron sobre su estómago aún plano. Bells soltó un par de lágrimas y me abrazó.

-Si Cullen, vamos a tener un bebé. Todo empezó con una pelota –comentó dándole vuelta a la nueva pelota que anunciaba la llegada de mi hijo.

PARTE 2: TIME

Llegamos a casa de Alice a tiempo para la cena. Bella bajó la maleta con las cosas de Anthony y yo tomé a nuestro niño de la silla en el asiento trasero. Estaba profundamente dormido, el coche lo arrullaba siempre.

Los Hale habían organizado una cena para celebrar que la última temporada de baseball de Jasper había llegado a su fin, se estaba retirando y estaba muy emocionado de poder pasar más tiempo con su familia. Liam y Levi estaban más grandes y ambos dedicándose a sus propios deportes disfrutaban de tener a su padre apoyándolos en sus entrenamientos y en sus juegos.

-Se ve tan pacifico –susurró Bella acariciando el cabello de Tony. Nuestro niño tenía dos años y siempre estaba lleno de energía. Él quería bailar, cantar, jugar baseball, basketball, correr, nadar, cualquier cosa mientras pudiera estar moviéndose. Inventaba sus propios chistes que contaba en las reuniones familiares y a pesar de que aún se le dificultaba hablar siempre encontraba la forma de hacernos reír.

-Lo sé, ni siquiera parece que fuera él -respondí.

Tanya y su novio llegaron detrás de nosotros. Ella corrió hacia el pequeño Tony y le besó la frente.

-Dios mío, nunca había visto a Tony tan calladito -comentó Tanya luego de besarme en la mejilla.

-Oh es porque lo drogamos –le respondió Bella, provocando que el novio de Tanya comenzara a soltar carcajadas.

-Seguramente. Cuñada esta enorme –mi hermana posó su mano sobre el estómago de mi esposa. Si, estábamos esperando un segundo bebé: una niña. Y estaba muriéndome del miedo, ciertas noches no podía dormir pensando en la belleza y dulzura que sería y en las miles de maneras que podía hacer para alejarla de los niños hasta los 50.

-Gracias Tanya, sabes que cuanto les encanta a las mujer escuchar que estamos gordas –Tanya la golpeó suavemente en el hombro

-Por supuesto, por eso yo siempre te lo recuerdo –pero no era así. Bella siempre había sido una persona de complexión pequeña y delgada y a pesar de que tenía ocho meses de embarazo su estómago era apenas un bulto sobresaliente, si la veías del ángulo correcto ni siquiera parecía embarazada. Por supuesto, sus pies hinchados la delataban.

Alice abrió la puerta en ese momento y entramos a la casa y con todo el ruido que había Anthony se despertó y decidió que quería ir a jugar con sus primitos.

-Pórtate bien –le dije a Tony colocándolo en el piso.

-¡Diviértete! –susurró Bella alegre, ella era el tipo de mamá que seguramente dejaría a nuestros hijos faltar a la escuela para llevarlos a Disneyland.

-¡Si mami! –respondió Tony feliz, por supuesto obedecería a ella. Antes de marcharse se puso de puntillas para acariciar la barriguita de Bella -adios hemanita –y como yo, Tony estaba obsesionado con sus chicas Cullen. No dejaba que ningún niño u hombre se acercara a su mamá y ahora, a su hermanita.

-Aw, Tony es tan adorable. Espero que Ian sea tan bueno niño –comentó Kate. Ella y Garret habían batallado mucho para quedar embarazados, pero después de dos abortos involuntarios lo habían logrado. Garret se paseaba por la casa orgulloso con su pequeño niño de seis meses.

-Seguro que sí Kate, con ustedes como padres va a ser el niño más dulce del planeta –comentó Alice abrazándola.

-¿No piensan que esta pequeña reunión se siente algo vacía sin Emmett y Charlotte? –preguntó Jasper. La pareja se había casado dos semanas atrás y ahora estaban de luna de miel en Islandia.

-Justo iba a decir eso –comentó Garret –todo está demasiado callado para ser verdad.

-Si –miré por la ventana y sonreí –sin Emmett aquí y los niños en el jardín haciendo sufrir a los abuelos, tenemos unos minutos de paz –mis padres, los de Jasper y Charlie, jugaban en el patio trasero. Charlie adoraba a Tony de un modo exagerado, lo que Tony quería, lo obtenía.

-Pues entonces disfrutémoslo –Bella aplaudió feliz provocando que Ian se despertara y comenzara a llorar intensamente.

Todos estallamos en carcajadas.

PARTE 3: OUT

Para celebrar su aniversario de bodas Garret había comprado una casa en los Hamptons el año pasado. Nos habían estado insistiendo en planear unas vacaciones juntos pero por mil razones no habíamos podido. Bella decidió que sería una buena idea ir durante dos semanas y regresar a tiempo para celebrar el cumpleaños de Alice en California, así que eso hicimos. Y ya me había arrepentido.

-Deberías decirle a tu hijo que se mantenga ocupado en otra actividad –comenté por tercera ocasión. Garret se rio pero ignoró mi comentario. Bella y Kate estaban dentro horneando un pastel mientras Garret y yo preparábamos BBQ.

Tony, mi hijo mayor de 14 años estaba practicando baseball con nuestro hijo menor, Charlie de 7. A pesar de la diferencia de edad, se llevaban de maravilla y Tony ansiaba enseñarle todo lo que sabía a Charlie, ya que no pudo hacer eso con nuestra pequeña Elizabeth que como su madre, se aburría del baseball en dos segundos.

-Te lo advierto una vez más Garret, si no le dices tú yo lo voy a traer aquí a ayudarnos –dije con mis puños cerrados mirando como mi pequeña niña de 12 le mostraba su colección de libros clásicos a Ian, ella era tan tímida e inteligente. Ian, que había salido fanático del futbol americano no tenía ningún interés en los libros pero como no, tenía interés en mi hija.

-Edward... Ian y Lizzie solo son amiguitos –como siempre la pareja de caramelo no podía imaginar que existiera maldad en el mundo. Para Garret y Kate, el mundo entero era bueno y gentil. No su hijo, que miraba con adoración a mi niña.

-¿Por qué no va a jugar con Tony? Les voy a dar 100 dólares al que tire la mejor bola –le daba mi casa si se mantenía alejado de ella para siempre.

-Ya sabes que a Ian le gusta el futbol –claro, un deporte de bárbaros.

Las chicas llegaron en ese momento sosteniendo un plato con pequeños snacks.

-El pastel ya está en el horno –dijo Kate

-No puedo esperar a probarlo corazón –Garret y Kate se besaron, por lo que mi esposa y yo nos volteamos a ver aguantando las carcajadas. Bella seguía siendo la mujer más hermosa para mí, pero nos conocíamos, nosotros no éramos así de cursis.

-Oh ¿ya viste? Charlie y Tony están jugando, debería tomarles una foto. Ahora vuelvo –mi esposa desapareció para interrumpir su juego y tomarle fotos a los dos.

Cuando me gire a observar la mesa lejana donde Lizzie e Ian platicaban, ellos ya no estaban. Me levanté de un salto y comencé a buscarlos por todo el jardín, sin éxito. Entré a la casa llamando a gritos a mi hija.

-¡Lizzie! ¡Lizzie! –pero nadie respondió. Bella llegó corriendo detrás de mí.

-¿Qué te pasa?

-¿Cómo que qué me pasa? Ian y Elizabeth desaparecieron –ella colocó su mano en mi mejilla tranquilizándome.

-Seguro están por ahí divirtiéndose –se encogió de hombros. Claramente, estaban por ahí divirtiéndose que era lo que me preocupaba.

-Eso es lo que me aterra

-Cullen, sabes que Ian es un buen niño. Son amiguitos desde bebés y él siempre ha cuidado de ella, ya vez que la defendió en el colegio cuando el niño aquel le quitó su libro. Relájate. –era verdad. Se había ganado un apretón de manos de mi parte -¿Vamos a comer? ¡Muero de hambre!

-Seguro, solo… voy al baño –Bella me besó y después se marchó a comer.

Como buen padre, eso no me había tranquilizado en lo absoluto. Recorrí el segundo piso y todo el primero hasta que los encontré en los sillones-columpio en la parte delantera de la casa.

Mi niña con el cabello idéntico al de su madre trenzado y con mis ojos, sostenía en una mano un helado y en la otra su libro que leía con avidez. Ian estaba sentado a su lado, también con un helado, solamente mirándola. Su mirada me recordó a las veces en que miraba a mi esposa dormir, tan llena de amor y tan pacífica.

-¿Dónde estaban? –Ian se estremeció al verme ahí de pie, mi hija solamente levantó su mirada del libro mientras se sonrojaba. -¿Y bien?

-Ah… bueno, Eli mencionó que se le antojaba un helado y… hay unos helados al final de la calle así que le dije que me esperara aquí y yo le compré un helado –Elizabeth asintió ante lo dicho por Ian. Tenía una enorme sonrisa en el rostro cuando me volteo a ver y supe que nunca jamás podría alejar algo o alguien que hiciera así de feliz a mi princesa.

-Bien –me acerqué a besar la frente de mi hija –te quiero pequeña

-También te quiero papá, ahora ve a cuidar a mis hermanos y a mamá antes que incendien los Hamptons. –aquel trío eran unos completos chiflados.

Le dediqué una mirad fría una vez más a Ian y luego caminé a donde mi dulce esposa me esperaba. El viento de la playa hacía volar su cabello y se reía con entusiasmo ante algún comentario hecho por Tony.

El baseball había traído grandes cosas a mi vida: amigos, dinero, una carrera, valores, fanáticos apasionados, pero sobre todo me había dado el mayor regalo: la oportunidad de conocer al amor de mi vida, mi esposa. Y mis tres hijos. El baseball no es solo un deporte, el baseball es una bendición.


**¡Final! Este fue el último outtake dividido en 3 partes, ¿cuáles les gustó más? Como pueden ver Bella SI le sacó un par de canas al pobre Edward y las que faltan con la pequeña Elizabeth. En fin. Muchas gracias por haber leído esta historia y haber dejado comentarios. ¡GRACIAS! ¡GRACIAS! Espero que podamos leernos después. Besos **


"El juego no se acaba hasta que se acaba." –Yogi Berra