12ava noche- La exorcista solitaria
-Es ella- dijo Allen desde la terraza de uno de los edificios.
-Ha- afirmo Kanda tomando el mango de su Mugen. Sus cabellos se ondearon por la corriente fría producida por la repentina y extraña nevada, llevándose consigo algunos copos de nieve sobre sus cabezas y hombros.
-Pero… todavía no hay nada fuera de lo normal- noto el peliblanco, observando cautelosa y minuciosamente el área que cubría al gente y sus alrededores.
-¿Una nevada en pleno verano no te parece fuera de lo normal, estúpido moyashi?- pregunto el pelizaul con los ojos semiabiertos y en blanco.
-¡Es Allen! Es cierto… no hay nada fuera de lo normal que alguien como tú, que tiene un diminuto cerebro, no logre recordar un nombre- contraatacó el peliblanco con una venita en la frente y voz sarcástica.
-Tch. Esas son palabras muy fuertes para un pequeño moyashi como tú- mientras peleaban la fuerza del movimientos provoco que algunas ramas de un enorme árbol sobre sus cabezas se empezaran a mover bruscamente.
-Yo digo que tus insultos van acorde con tu nivel de inteligencia BaKanda- sus ojos se volvieron blancos de furia- uno muy bajo.
-Atrévete a repetir eso Moya-sin embargo, la oración no fue terminada debido a que a ambos exorcistas les había caído un montón de nieve sobre sus cabezas, cubriendo parcialmente sus cuerpos. Allen sacudió su cabeza dispersando la nieve que la cubría, a al vez que tomaba bocanadas de aire. Por otro lado, el enojo de Kanda era tal que hizo que su temperatura subiera y derritiera la nieve a su alrededor.
-Kgghh-Allen contuvo su risa al llevar una de sus manos a su boca. Una venita salio en la frente de Kanda.
-¡TEME-MOYASHI! ¡EL MALDITO FRIO SE COLARA EN MIS HUESOS!- Kanda desenfundo su espada y ataco a Allen, pero este se defendió colocando su brazo izquierdo entre la espada…y su cuello.
-Ten en cuenta que todo esto empezó por tu culpa BaKanda- se defendió Allen.
Volviendo al acto musical, en estos momentos se estaba suscitando una lluvia de rosas, entre blancas, rosadas, y rojas. Todas cayendo hacia la joven que era el centro de atención de todos los espectadores. La pelinegra dio una ultima reverencia hacia al frente, y en el piso cayo una rosa roja, se inclino un poco y la tomo teniendo cuidado con las espinas. Elevo su cuerpo a la par con la rosa a su rostro, aspirando su aroma y mostrando una leve sonrisa.
Varios silbidos de los más jóvenes se empezaron a escuchar. Animándola a que continuara con la otra parte del concierto. Con el cerquillo cubriendo parte de su mirada, la joven observo a su público, ahora esbozando una sonrisa nostálgica. Metió la rosa en la ancha manga de su vestido, tomo de nuevo su violín empezando con otra melodía. Esta era una mas tranquila, a la vez que ninguno del público había escuchado alguna vez. Notándose que era una composición creada por la misma muchacha. Algunos niños se separaron de sus madres, corriendo hacia la joven y sentarse frente a la joven.
Ella abrió sus parpados, revelando unos grandes y levemente opacados ojos ámbar. Dirigiendo su mirada hacia los niños, los cuales la vieron con los ojos llenos de admiración y curiosidad, junto con una sonrisa en el rostro. La pelinegra esbozo una pequeña sonrisa poniéndole mas empeño a tocar el instrumento, moviendo sutilmente su cuerpo al son de la música.
Súbitamente, la melodía empezó a resonar mas allá del área que solía hacerlo, llegando a escondidos rincones de Venecia. Unos vagabundos dentro de un callejón oscuro, empezaron a reaccionar ante el sonido que llegaba a sus oídos. Elevaron su mirada hacia la dirección donde provenía dicho sonido, sus ojos se colorearon de rojos. Se pusieron de pie para encaminarse hacia la plaza San Marcos.
-¿Otra vez nos tenemos que ir de aquí?-pregunto la voz infantil de una pequeña niña. Se encontraba en una casa lo suficientemente en buenas condiciones como dar techo a la niña y al adulto que la acompañaba.
-Sí- respondió el adulto cerrando la maleta de viaje sobre la cama.
-Pero…yo…pensé que…-hablo entrecortadamente la pequeña ya que estaba aguantando las ganas de llorar. Apretando sus manitas y agachando su cabeza para que no la viera llorar. De repente sintió una suave mano sobre su cabeza empujándola para apoyar su frente en el hombro del adulto.
-Perdóname…-murmura arrepentida- perdóname por no permitirte que crezcas como una niña normal. Pero, no podemos hacer mas… si continuamos aquí lo único que traeremos seria desgracia para el pueblo- la niña arrugo fuertemente la tela que cubría los hombros de la mujer.
-¡¿Por qué?!...¡¿Por qué tenemos que huir?!...¡¿Por qué nos persiguen?!...¡¿Por qué nos persiguen, mama?!
-No lo se. Pero tenemos que hacer lo correcto, hay que seguir trabajando duro… a pesar de que cambiemos de casa ¿seguiremos trabajando juntas, verdad?- le pregunto abrazándola fuertemente contra ella. Espero unos minutos hasta que la menor se calmo y retirara sus lágrimas, y con sus manitas en sus ojos ella le contesto:
-Si, prometo que voy a ayudar mucho a mama. Daré lo mejor de mí- levanto su mirada clavándolas en la de la mujer. Ella acerco su mano a su frente y removió los pelos que la cubrían para después plantarle un beso maternal en ellos.
-Me alegro… pero por favor no te esfuerces mas de lo que puedes- rogó la pelicafe conociendo lo testaruda que era la niña.
-Pero tengo que ayudar en todo a mama… no me gusta ver a mama trabajando tan duro y que yo este descansando, no me gusta sentirme como una inútil.
-Me gusta que mi pequeña quiera ayudar… pero a quien en verdad debes ayudar sin importar cuan cansadas estés, no es a mi….
-¿Entonces a quien mama? Dime…
-Solo tu sabes esa respuesta…
-No entiendo…-confeso la niña con expresión de confusión en su rostro. La mujer solo sonrío.
-Lo sabrás a su momento…- la pequeña pelinegra trato de descubrir lo que su madre trataba de decirle, sin embargo, sintió como sus parpados se volvían pesados. Trataba de que no se cerraran para seguir hablando con su madre. La pelicafe acomodo a la pequeña en su regazo de tal manera pudiera cobijarla con su calor corporal en aquella fría noche. El calor que le proporcionaba a su hija permitió que ella se acurrucara mejor y le permitiera conciliar el sueño.
-Te quiero…mucho…mama…-murmuro la niña antes de caer completamente rendida ante el sueño.
-Yo también te amo hija…
-Ne ne onee-chan ¿puedes tocar otra? –la voz de un niño interrumpiendo el repentino recuerdo de la joven. Bajo la mirada encontrándose con el niño que tímidamente le pedía que tocara otra sonata. Sin embargo sus sentidos se agudizaron. Tomo al niño entre sus brazos cubriéndole fervientemente con su cuerpo y rodando por el suelo. A los milisegundos el lugar donde los dos se encontraban había explotado. Sucesivamente los gritos de terror de toda al gente, voces agudas gritaban nombres. La pelinegra giro el rostro para encontrarse con una escena que le recorrió escalofríos por todo su cuerpo.
Un pequeño grupo de niños se encontraban en el suelo totalmente lastimados. Estrellas negras empezaban a cubrir sus cuerpos. Todos tenían derramaban lagrimas de sus ojos y liberaban llantos de dolor. Sus madres y padres corrieron a socorrerlos. Ella los veía llena de arrepentimiento, pena y dolor, la madre del niño en sus brazos corrió hacia ella y se lo arrebato de sus brazos. Mientras ella observaba como los niños se convertían en polvo en los brazos de sus padres, la mujer a su lado revisaba si no había ninguna herida en su hijo.
La concertista apretaba fuertemente sus puños.
Los gritos seguían subiendo de volumen. De la organizada multitud en tan solo unos segundos paso a ser todo un caos. Varias personas corrían por todos lados buscando refugio, chocándose entre si y cayendo al suelo. Las otras personas que huían por las góndolas se les hacia complicada la huía, ya que algunas personas se subían en las góndolas para escapar con ellos; sin embargo los dueños de las canoas italianas no se los permitían, y los empujaban del transporte obligándolos a caer en el agua. Los gritos de auxilio no se esperaron a ser escuchados. Era fácil de deducir quienes eran los causantes de este desorden.
Akumas.
Los akumas de nivel 1 lanzaban sus misiles a cada humano que se les cruzaba por el camino. Ella seguía sobre sus piernas, las cuales no les respondían, ya que si bien había presenciado antes esa escena; nunca se había visto involucrada en una. Una sombra cubrió la de ella, giro lentamente y se encontró con la muerte en persona. Un akuma sonriendo malévolamente, dirigió todos sus misiles hacia al muchacha, que lo observaba con las pupilas opacas y la figura del akuma reflejadas en ella. Lo único en lo que pudo pensar fue…:
-Alguien…sálveme por favor…mama-cerro fuertemente sus ojos recordando la figura de su madre en su mente, sonriéndole cariñosamente. El sonido de algo filoso cortando algo duro se escucho. Tan solo tomaron unos segundos para que estallara una explosión. La fuerza del viento era grande, moviendo sus ropas y llevándose la bufanda que la cubría, al mismo tiempo que movía sus ondulados cabellos. Lo raro fue que… al escucharse la explosión tan cerca de ella, se le hizo raro que no haya salido volando por el suelo. El temblor en su cuerpo no desaparecía, y cautelosamente abrió los ojos. El calor de la explosión todavía se sentía a su alrededor junto con pequeñas cenizas que querían entrar a sus grandes ojos. Pero no llegaron siquiera a tocarlos, ya que una manta, que, ondeada por el viento impidió el suceso.
-Tch…-escucho la muchacha, confundida por la aparición de aquella manta que la cubrió. Elevo lentamente su vista, encontrándose con un muchacho de piel blanca, largo cabello azul amarrado en una coleta alta. El viento movía las mechas a cada lado de su rostro. Siguió recorriendo el rostro. Clavando su mirada ambarina en los ojos cafés oscuros del muchacho.
La ráfaga de viento acaricio suavemente los cabellos oscuros, pero no deshizo la conexión entre café y ámbar. La muchacha por unos instantes sintió como todo a su alrededor desaparecía, solo quedando ella y el chico frente a ella. Un sentimiento de nostalgia casi familiar invadió su ser. Kanda –podría decirse- se encontraba en las mismas condiciones. Ver aquellos ojos casi color miel, lleno su cuerpo de una sensación relajante; y como a la pelinegra, también se sintió familiarizado con aquella mirada destellante. El tiempo pasaba y ninguno de los dos todavía reaccionaba; aun así, Kanda observo una extraña figura reflejados en los orbes de la desconocida, y fueron los instintos del samurai los que rompieron el momento. Dando un giro de 180º sobre su rodilla siendo impulsado con su pie, realizo un corto limpio y horizontalmente a un nivel 2. Otra explosión di su lugar esta vez empujando a ambos adolescentes.
-¡AHHHHHHHHH!- grito la muchacha impulsada por la fuerza de la explosión. Abrió los ojos- los cuales había cerrado instintivamente- su salvador había desaparecido de su frente solo quedando el humo, el cual fuer esparcido por el cuerpo de otro akuma nivel 2, acercándose velozmente a ella para matarla.
-¡MUERE! –preparo sus armas para atravesarla. Repentinamente un brazo rodeo su cintura, juntándola a un cuerpo y siendo rodeada por una capa blanca.
-¡EDGE END!- un brazo negro y con garras filudas apareció a su lado destruyendo al akuma- ¡Sujétate fuerte! –le dijo, rápidamente ella rodeo el cuello del peliblanco con ambos brazos, mientras que Allen paso su brazo izquierdo por debajo de sus rodillas, tomando fuerza con sus piernas se impulso hacia atrás, alejándose del akuma que había aniquilado. Arrastro los pies en la tierra para no caerse.
-¿Quién es esta gente? ¿Y por que pueden matar a esos monstruos?- se preguntaba la pelinegra que había presenciado todo el acontecimiento. Sintió como el cuerpo Allen se tensaba. Levanto el rostro con los ojos blancos de furia y una venita resaltante en su frente.
-¡DEMONIOS, KANDA! ¡¿POR QUE NO TE LA LLEVASTE CONTIGO?! ¡PUDO HABER MUERTO! –reclamo el peliblanco a Kanda, quien estaba atravesando unos cuantos akumas con sus insectos del infierno. Libre del estorbo se mantuvo dándole la espalda a Allen y le dijo:
-Tch… como si fuera mi trabajo salvar a los estorbos…
-Estorbos…-pensó ligeramente lastimada la muchacha, agachando su cabeza y escondiendo su mirada.
-¡No podemos dejarla morir, usuaria o no sigue siendo humana!- aquella palabra confundió a la muchacha.
-¿Usuaria? ¿Quiénes son?- hablo finalmente la joven, mirando a los dos exorcistas con firmeza- ¿Por qué son capaces de destruir a esas cosas?- ambos chicos giraron a verla, Kanda solo de reojo, ella solo miraba fijamente al samurai como si quisiera que el le contestara.
-Somos exorcistas de la Orden Oscura, solo eso te podemos decir hasta ahora, ya que no es el momento adecuado para responder tus preguntas
-¿Qué es lo que buscan esas cosas?
-A ti- contesto secamente Yuu. Dejando consternada a la pelinegra.
-¿A…mi? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué esos monstruos siempre me están persiguiendo?!- reclamo enojada soltándose de los brazos de Allen, dirigiéndose a zancadas hacia Kanda. Mandándole una mirada con exigencia.
-Talvez sea por lo que siempre llevas contigo…- contesto Allen en lugar de Kanda.
-¿Lo que llevo conmigo? –repitió la chica girándose para verlo dudosa. Analizando lo que le quería decir, dándose cuenta de que…abrió los ojos desmesuradamente - ¡Es imposible!
-Es lo más probable…
-Aquí vienen…-anuncio Kanda tomando su posición para atacar, sin despegar la vista del frente. Allen tomo el hombro de la chica halándola hacia atrás y colocándose él enfrente de ella.
-Mantente cerca de no- de mí- se corrigió Allen a sabiendas de que Kanda le importaba un comino lo que le sucediera a ella o no- Nuestro deber es protegerte…no podemos permitir que algo te pase…
-Habla por ti…- contesto Kanda. Allen no tomo en cuenta el comentario y analizo la situación. Al notar la gran cantidad de akumas que se avecinaban agarro la muñeca de su mano izquierda con su mano derecha, brillando intensamente de verde-inocencia. Transformando su brazo en su espada de exorcismo.
-¡CROWN CLOWN!- grito cubriéndose con su capa blanca. La joven se quedo atónita al ver como el brazo del peliblanco desapareció al convertirla en una espada. Todo era tan extraño y escalofriante para ella.
-Esas cosas me persiguen a mi y buscan mi…mi…- pensó ella observando la pelea entre los exorcistas y los akumas. Su cuerpo temblaba con solo ver como los dos chicos cortaban o atravesaban a los akumas, notándose el agotamiento debido a su agitada respiración. Y como Allen le había dicho, la estaban protegiendo. A ella. Ni siquiera los había visto alguna vez en su miserable vida. Eran unos totales desconocidos- ¿Por que arriesgan su vida por alguien que no conocen?
Un cuerpo volando a su lado, se estrello contra la pared atrás de ella. Giro su rostro y vio al exorcista peliazul con heridas en su rostro y cuerpo los escombros de la pared caían sobre él, se mantenía de rodillas apoyado por su espada clavada en el suelo. Al verlo en ese estado, ella no pudo evitar sentirse preocupada y corrió a su lado.
-¡¿Te encuentras bien?! –pregunto agarrando su hombro para enderezarlo. Hilos de sangre caían de su cabeza bordeando el contorno de su rostro.
-Maldición… -profirió, tratando de levantarse, pero la chica no se lo permitió.
-¡No te levantes! ¡Estas herido! ¿Por qué me preocupo por alguien como él?-Kanda quito bruscamente su mano de su hombro y se levanto. Su habilidad regenerativa empezó a actuar, rodeando las partes lastimadas. Dejando todavía mas atónita a la muchacha- ¿Cómo…?
Kanda se levanto y avanzo a seguir aniquilando los akumas. La pelinegra seguía sumergida en su asombro. Todavía no entendía de donde ellos sacaban esa energía para seguir luchando. Se fijo que en el campo de batalla se encontraba sus cosas. Y sin pensarlo dos veces, salio corriendo hacia ellas para que no las destruyeran. Su presencia moviéndose, llamo la atención de los exorcistas. Allen se asombro de la elegante agilidad de la muchacha al moverse minuciosamente entre los akumas. Con algunos tropezones llego hasta donde estaban sus cosas. Lo primero que tomo fue su violín, abrazándolo desesperadamente contra su pecho, tratando de buscar con la mirada el estuche de este. No le importaba lo que estaba sucediendo a su alrededor, pero no iba permitir que su único recuerdo fuera destruido.
-¡CUIDADO! –advirtió Allen desesperado. Todo fue en cámara lenta. Ella dirigiendo su rostro hacia Allen, el cual corría lo mas que le daban sus piernas, y encima de ella una sombra. Proveniente de un akuma con enormes manos, levantando una para aplastarla. Sus pupilas temblaban, y esta vez ni Allen ni Kanda llegarían para salvarla. Nadie lograría salvarla. Pego lo más que pudo el violín a su pecho y cerro fuertemente sus ojos dejando salir pequeñas gotas de lágrimas.
-… ¡NO QUIERO MORIR!...-pensó desesperada. La mano ya estaba a pocos centímetros de su cuerpo, pero nunca llego, ni siquiera a rozarla. Una destellante luz verde rodeo a la muchacha, cegando por unos segundos a Allen y Kanda. Abrieron sus ojos lentamente contemplando sorprendidos lo que estaba sucediendo.
Un escudo verde transparente rodeaba la figura de la pelinegra, electrocutando la enorme mano del akuma, haciéndolo retroceder. La joven abrió un ojo, para después abrirlo totalmente al ver lo que la estaba rodeando. Sintió una extraña calidez en su cuerpo, se fijo en su violín el cual brillaba intensamente. No sabía lo que estaba ocurriendo, muchas cosas querían entrar en su cabeza pero no era posible. El suelo bajo ella se sacudía levemente. Las enormes manos asesinas del akuma golpeaban fuertemente el escudo que la protegía, varias ondas se extendían en el escudo por el choque de materia oscura contra inocencia.
-¡GGGGROOOOAAAAA! –el akuma fue cortado en dos, destruyéndose. Kanda todavía tenía su cuerpo levemente inclinado tomando todo el aire que sus pulmones le pedían. Una vez recogido el suficiente aire volvió al ataque.
-Pero tengo que ayudar en todo a mama… no me gusta ver a mama trabajando tan duro y que yo este descansando, no me gusta sentirme como una inútil.
-¿Por qué?...- Allen deja a su paso rastros de akumas eliminados- ¿Qué es lo que tratas de decirme?- los insectos del infierno volaron sobre su cabeza atravesando mas akumas. El tiempo pasaba rápidamente, pero para ella parecía que el haba tomado una eternidad. La nieve que había cubierto la Plaza San Marcos termino siendo charcos de agua, las gotas de agua caían de las hojas de las flores que adornaban el lugar. Algunos charcos reflejaban la pelea. Algunos peldaños que había allí estaban rotos, el mármol de la calle se encontraba en igual estado.
El peliblanco y el peliazul seguían metidos en sus respectivas peleas. Hasta que otra enorme sombra sobre sus cabezas apareció. Ambos abrieron sus ojos más de lo normal cuando un mal presentimiento recorrió sus cuerpos.
-Tiene que ser una broma…-se quejo Yuu, la luz azul rodeo a Mugen reparando los daños en esta.
-¿Fue capaz de llamar a tantos akumas?- se pregunto asombrado Allen. Un akuma lanzo su ataque, dando en los pies del muchacho, obligándolo a dar un salto para retroceder. Como resultado, él y Kanda quedaron espalda con espalda- Esto se esta volviendo mas complicado.
-¿Te rindes, moyashi? Si es así, entonces quédate sentado y observa como se hace este trabajo.
-Ni lo creas. Son demasiados akumas para que alguien tan bruto como tú los pueda manejar, lo que más me preocupa es ella. No sabemos cuento tiempo durara ese escudo que la protege.
-¿Y eso que? Mientras siga allí, no hay problema- arrastro un pie hacia un lado, girando su cuerpo discretamente. Allen imito la misma acción pero hacia el lado contrario, pendientes de cualquier movimiento.
-¡Tan odioso como siempre! – lanzo un único ataque terminando con dos akumas que se acercaron.
-¡Tan molesto como siempre!- clavo Mugen en el centro de otro akuma y elevo la espada. Volvieron a juntar sus espadas. Seguían utilizando esa posición para cubrir la retaguardia de cada uno. Los minutos pasaban y parecía que nunca se iban a acabar. La pelinegra los observaba desde su protección.
-Ellos siguen luchando…no paran, no huyen, cada vez que caen vuelven a levantarse… una y otra y otra vez… ¿acaso no saben lo que es darse por vencidos?- ante tales pensamientos, el violín empezaba a reaccionar, dando pequeñas palpitaciones. La chica lo miro sintiéndose hipnotizada, o llevada a otro mundo. Parpadeo… y el escenario era totalmente diferente.
Era un paisaje abierto. Iluminado por la luz de la Luna y las centellantes estrellas. El suelo, toda una planicie verde con varios pinos. El viento bailaba lenta y suavemente en el lugar, moviendo delicadamente las hojas de los árboles y el césped. El suave sonido de un violín viajo a través del viento. La figura de la joven se encontraba traslucida, pero aun así el viento parecía que moviera sus largos cabellos ondulados. Parpadeo rápidamente reconociendo aquel sonido tan familiar para ella. Movió la cabeza de un lado al otro tratando de buscar su procedencia, corrió hacia una colina frente a ella; llegando a la cima pudo observar el paisaje en su esplendor. Del otro lado de la colina se encontraba un enorme lago.
-Este lugar es…- al pie del lago una mujer alta tocaba el violín con los ojos cerrados. Su imagen reflejada en el lago junto el firmamento oscuro. Atrás de ella se encontraba una pequeña niña sentada en el césped con sus piernas pegadas a su cuerpo y sus brazos rodeándolos, observando admirada a la mujer- Soy yo… entonces ella es…
La melodía iba bajando de tono hasta que ceso, la mujer quito el violín de su hombro y ladeo el rostro mostrando unos brillantes ojos amarillos semi-cubiertos por las largas y rizadas pestañas.
-Mama…- dijo la chica, sin ser escuchadas por su yo pasado y su madre. La niña aplaudía emocionada con una sonrisa enorme plasmada en su rostro, sonrisa que contagio a su madre. Esta giro totalmente su cuerpo y empezó a caminar hacia ella. Sin embargo, al dar el primer paso sus pulmones se detuvieron por unos milisegundos, causándole un pequeño paro respiratorio a la mujer. Agarro fuertemente su pecho y empezó a toser, inclinando su cuerpo llevándola a sentarse sobre sus rodillas.
-¡MAMA! ¡MAMA!- gritaron la niña y la pelinegra al mismo tiempo. La última corrió a lado de su yo pasado colocándose a los costados de la mujer. Ambas pusieron una mano en la espalda de la ojiamarilla. Cuando esta levanto su cuerpo, un hilo de sangre salía de su boca y dicho liquido rojizo manchaba sus manos.
-¡MAMI! ¡¿Qué te sucede?! ¡MAMI!- lacrimales se acumulaban en los ojos de la niña y una expresión de preocupación, temor y dolor relucía en su rostro. Sin embargo la mujer solo le enseño una sonrisa maternal.
-Estoy…bien… solo es una pequeña tos… ya se me pasara…
-¡No me mientas mama! ¡Sino no botarías sangre!- la mayor de las pelinegras solo se quedo observando la escena, a sabiendas de que no podría hacer nada; después de todo, ella ya lo había vivido.
-No estoy mintiendo- se acomodo mejor en sus piernas, limpiándose con el dorso de su mano la sangre que caía de sus labios- ¿Ves? ya no hay sangre… y para demostrarte que estoy bien…- se levanto y lavo sus manos ensangrentadas en el lago, sacudiéndolas. Lo siguiente que hizo fue tomar el violín-…Creo que ya se como terminar la melodía que estabas componiendo…
-¡Espera mama! ¡Tienes que descansar!- la niña corrió y aferro sus pequeñas manos en las faldas de sus madre- Otro día, me enseñaras esa melodía, pero por hoy descansa… por favor…
-Descansare en cuanto escuches lo que tengo para ti… no dejare que una simple tos me derrumbe… y aunque caiga, yo me seguiré levantando.
-¿Por qué?- pregunto confundida la niña.
-Porque si no lo sigo intentando… nunca seré capaz de cumplir mi cometido. Escúchame hija, escucha atentamente, y espero que me entiendas… cuando veas que algo es imposible o que esta fuera de tu alcance… no te rindas, da lo mejor de ti… no caigas por algo que tu puedes lograr
-Pero mama… ¿y si caigo muchas veces?
-Otra vez…
-¿Eh?
-Levántate otra vez… si 10 veces te caes, pues 10 veces volverás a levantarte. Y si hay algo que sabes hacer mejor es no rendirte…
-¿Cómo lo sabes?
-Porque te he visto… eres muy testaruda.
-Mama… siempre se levanta una y otra vez… ¿verdad?
-Si- afirmo ella.
-¡Yo quiero ser como mama! ¡Yo también quiero aprender a decir "otra vez"!
-Jajaja no es solo decir "otra vez" y ya… tienes que hacerlo…- le explico. La pelinegra mayor abrió poco a poco sus ojos, entendiendo el significado de las palabras de su madre y también el de su recuerdo. Su yo de hace varios años se quedo pensativo por unos momentos, la miro a su madre dubitativa.
-Mama ¿puedes enseñarme a levantarte otra vez?- absurda pregunta han de pensar algunos, pero la madre de la niña entendió lo que quiso preguntarle. Le sonrío y se levanto una vez mas, tomo el violín y…
-Recuerda esta melodía… después de todo es para ti…- todo el paisaje empezó a volverse borroso, pero la pelinegra no pareció alterarse por eso, aun así solo podía escucharse la melodía que se desprendía del violín, incluso cuando todo alrededor de ella se volvió blanco. Sus cabellos se movían suavemente, dejándose llevar por la melodía, atrás de ella un punto destellante se destaco. Ella lo noto y sus pies se movieron solos. Ya en frente de dicho punto, pudo distinguirlo… era su violín.
El violín brillaba intensamente, como diciéndole "tócame"
Una lagrima cayo en las cuerdas del instrumento. Proveniente de la muchacha…
-Creo que todavía me falta mucho para ser como tú mama- su voz hacia eco- pero… si hay algo que aprendí esa noche…- envolvió con sus brazos el violín abrazándolo contra su pecho. Una sonrisa de satisfacción surco su rostro. El violín reacciono ante los sentimientos de la muchacha, llevándola de vuelta a la realidad. Donde los exorcistas se veían rodeados por incontables akumas; ellos respiraban agitadamente y sacando fuerzas de quien sabe donde solo para mantenerse en pie.
-¡Maldición!- espetaron los dos. Todos los akumas decidieron lanzarse sobre Allen y Kanda para acabar de una vez por todas con ellos. Pero sucedió algo que ninguno de los dos bandos esperaba. O más bien no esperaban escuchar algo en tal situación.
La suave y lenta melodía de un violín.
Con una rápida ojeada, Kanda y Allen echaron un vistazo a la fuente del sonido. Era la pelinegra. La energía verde que formaba el escudo empezó a girar alrededor de ella al compás del sonido. Que, mientras avanzaba el sonido, el escudo se alargo y se hizo mas fino dándole la forma de un remolino, dentro de él esta la pelinegra.
-¡GGRROOOOOAAAAAA!- el aullido doloroso de los akumas se escucho tras los exorcistas, estos giraron sincronizadamente sus rostro. Observando que los akumas tapaban sus oídos, que al parecer les afectaba a ellos, emitiendo quejidos de molestia y dolor.
-Este es…su poder…- dijo el peliblanco retornando su mirada grisácea hacia la muchacha. Kanda miro de reojo la figura de la muchacha, la energía del escudo brillaba mas rápido, dejando pequeños rastros brillantes, proporcionándole un toque casi mágico al rostro de la muchacha, cosa que se reflejaba en la pupila oscura del peliazul. La fuerza centrifuga del remolino movía suavemente los cabellos de la chica junto con sus ropas.
-Así que ya es hora de estrenar…-el remolino acelero la rapidez con la que giraba- mi composición musical completa…- el remolino exploto. Ocasionando que toda el área se iluminara, y un pequeño halo de luz elevándose al cielo.
Desde el ventanal del hotel, el resplandor que se extendía en la Plaza San Marcos se reflejaba en los lentos del General Tiedoll.
-Parece ser que Dios escogió a otro artista mas…-dijo sonándose su nariz con un pañuelo.
De regreso con los exorcistas, ambos habían cubiertos sus ojos para evitar daño alguno que hubiera provocado tal explosión. Allen abrió sus parpados hasta la mitad para cerciorarse de lo que estuviera sucediendo. Sus ojos grisáceos se abrieron completamente al ver a la joven violinista. Los restos del remolino se habían convertido en grandes pentagramas con notas musicales en ellos; los cuales, flotaban alrededor de la muchacha ondeándose como si de banderas se trataran. Una enorme sombra paso sobre sus cabezas, los akumas volaban rápidamente hacia ella…
-¡CUIDADO!- grito Allen, por la gran horda de akumas dirigidos hacia ella. Sin embargo la chica no pareció ser afectada por el peligro frente a ella. Para ella, todo sucedía en cámara lenta. Preparo de nuevo su violín, ejecuto el sonido de un sol mayor, liberando ondas de sonido que detuvieron tanto como los pentagramas como a los akumas. Después siguió un do, la, fa menor, mi, re, sol, el cual movió los pentagramas, envolviéndose alrededor de los inmóviles akumas. Termino con un la menor, devolviendo el tiempo a su lugar.
Gracias a los sentidos agudos de Kanda, pudo observar como la muchacha había envuelto un buen número de akumas con tan solo 4 pentagramas. Ella pauso por un momento, pero rápidamente volvió a tocar su violín, provocando que los pentagramas giraran creando su propia melodía, la cual complementaba la de la joven. A medida que las ondas musicales tocadas por la pelinegra avanzaban, la rapidez con la que giraban los pentagramas incrementaba, a la par que un color gris oscuro reemplazaba el verdoso del pentagrama. Kanda se fijo que ahora el pentagrama ya no era un pentagrama. Eran tornados. Parecidos al Enbu Kirikaze de Lenalee.
Lo diferente es que dichos tornados todavía liberaban el sonido de las notas en el antiguo pentagrama.
Los akumas dentro del tornado fueron destruidos.
Allen que hacia pocos segundos reacciono, contemplo el ataque de la muchacha.
-Increíble…
-Otro más en el montón de idiotas…-dijeron Allen y Kanda respectivamente. La violinista seguía tocando su composición, esta vez varios pentagramas salían de su violín dirigiéndose hacia un único punto. Los akumas. Que debido a las ondas sonoras del violín, sus movimientos se vieron afectados, prácticamente inmovilizando sus ataques o cualquier intento de moverse. Ambos jóvenes se movilizaron lejos de los akumas que rápidamente empezaban a ser destruidos por los ataques de la más joven. Varias explosiones daban su lugar, opacando ligeramente el sonido del instrumento.
Quedaban ya un insignificante número de akumas. La pelinegra estaba rebasando su límite, se veía cansada. Todavía no se había acostumbrado a su nuevo poder. El sonido se detuvo abruptamente, y ella cayó en sus rodillas y finalmente todo su cuerpo colapso en el suelo.
-Toda…vía… yo… no… puedo…- los akumas volvían a acercarse a ella a matarla. No llegaron a ella. Sintió un brazo rodeando su cintura y su cuerpo moverse. Elevo su mirada encontrándose con el perfil del samurai-Tu…- Kanda se alejo de los akumas mientras que Allen se encargo de destruirlos. La dejo en el suelo, mirándola un momento. La chica todavía tenía su mirada ambarina sobre él, sus miradas volvieron a conectarse- ¿Qué me sucede?...
-Esos ojos…-pensó Kanda llegando un sentimiento de nostalgia muy fuerte.
-¿Por qué me siento tan nostálgica cuando estoy cerca de él? ¿Quién es?- algo en los ojos la llamaba, algo en su interior se despertaba con aquellos ojos café sobre ella. Kanda volvió a romper la conexión entre ellos. Dirigiéndose a la pelea. La chica todavía había quedado anonadada, le tomo unos minutos para volver en si. Agito su cabeza de un lado a otro para recobrar sus sentidos. Los exorcistas ya se habían ocupado del resto de akumas que quedaron. Dejando a uno enorme, que con un corte de la espada de Kanda y la de Allen fue aniquilado. Ambos quedaron de frente a la explosión moviendo sus cabellos hacia atrás. Viéndose poderosos en los ojos ámbar de la chica.
-Al fin acabamos con ellos…-suspiro cansado el peliblanco. Kanda permaneció callado- Creo que podemos llevárnosla a la Orden…
-¡¿LLEVARME A DONDE?!- se pregunto asustada la chica que se había acoplado fuerzas para levantarse, sosteniendo su brazo derecho lastimado en el cual todavía cargaba su violín.
-Todo esto por una enana…-dijo finalmente el samurai.
-Al General no le gustaría que te refirieras así de quien seria tu futura compañera…-le dijo Allen.
-Como si me importara…-ambos giraron sus rostros hacia el lugar donde se encontraba la pelinegra. Grande fue sorpresa fue que…
Ella ya no estaba.
Ambos pusieron sus ojos en blanco. La diferencia era que los de Kanda estaban semi cerrados gracias su ceño fruncido por la furia, una venita adornaba su sien. Los de Allen en cambio estaban abiertos con sorpresa. Un corriente de viento corrió en el lugar donde Kanda la había puesto, llevándose consigo tierra.
¡SPLASH!
Kanda y Allen miaron hacia un canal en donde encontraron a la muchacha. La cual había saltado dentro de una góndola abandonada, impulsándose de nuevo y dando un giro volvió a tocar tierra. Ya asegurada en tierra ladeo su rostro observando a los exorcistas, se estiro el parpado inferior hacia abajo y les saco la lengua. La venita de Kanda se acentúo y creció más. Con esto la chica echo a correr.
-¡OYE ESPERA!- grito Allen, su espada había regresado a ser su brazo y salio corriendo tras ella. Corrió hacia canal, haciendo lo mismo que la chica, trepándose en la góndola y en cuanto se iba a impulsar a tierra sintió un peso sobre su cabeza. Era el pie de Kanda quien tomo fuerza y salto en el asfalto- ¡KAN-¡!- no termino ya que la góndola bajo sus pies se rompió- ¡¿EH?!- y cayo al agua. Kanda volteo un poco la cabeza, alcanzando a ver que la cabeza peliblanco de Allen subiendo a la superficie y tomando una bocanada de aire- ¡MALDICION KANDA!- este solo pudo mostrar una sonrisa divertida. Ignorando las quejas de Allen, volvió su mirada al callejón, donde aun podía ver la figura de la muchacha.
-Espera a que te alcance enana…- dijo con la voz grave, en tono de amenaza.
Y emprendió la carrera para atrapar a la violinista.
-¡BAKANDA!- el grito de Allen se escucho al ultimo, mientras trataba de salir del canal.
Kanda persigue a la muchacha para llevársela con él al Cuartel General. Pero ella al estar dominada por el miedo, lo único que pudo hacer fue huir. Al estar acorrala entre la espada y pared, ella toma una decisión final. Llevándola a escoger que su sangre manche el filo de la espada. Dándose cuenta que, a pesar de que haya completado su única composición musical, nadie pudo escucharla. No fue lo suficientemente fuerte para que haya sido escuchada por su salvador. Pero no contó con que…el ser que menos esperaba… si logro hacerlo.
Próximo capitulo de Corazón Condenado
Melodía alcanzada
(Omake)
Se abren las puertas del salón, donde todos los chibi-alumnos están concentrados con un papel frente a ellos y lápices en sus manos. Sale Komui y con un dedo en sus labios dice:
-Shhh- cierra la puerta y coloca un letrero que dice…
"En examen sorpresa. NO MOLESTAR"
Esteee bueno este fue el cap de… estos dos meses T^T EN SERIO LO LAMENTO MUCHOOO! Lamento mucho la demora, es solo que sucedió algo muy grave y me dio un gran bloqueo y con las pocas ideas que me llegaban fui escribiendo el cap poco a poco. Le prometí a alguien que no pasaría del 3 de enero `para publicarlo y logre cumplir mi promesa ^^
Bueno no tengo mucho que decir solo que…
FELIZ AÑO A TODOS! Mis mejores deseos para ustedes en este año venidero, bendiciones para sus familias, y creo ke todos son escritores asi que ke les vayan bn en sus fics a cada uno en este año!
Y feliz Navidad atrasado xp
Espero que les haya gustado el cap de hoy, aun con depresión y todo hice mi mejor esfuerzo como siempre echándole ganas jejeje, ya saben que tienen que hacer para ke yo pueda seguir escribiendo ^^ solo tienen que aplastar el botoncito verde de aquí abajo jijiji nos vemos después!
