Disclaimer: Todos los personajes de este libro pertenecen a Stephenie Meyer, solo la historia es mía.
CAPÍTULO DOCE
Llevaba tres días con la cabeza hecha un lio, tres días en los que no había hablado con nadie, ni siquiera con Emmet, tres días en los que intentaba decidir si contarle a Bella, porque para él era Bella aunque ella le hubiera prohibido llamarla así, lo que había escuchado aquella noche en la bodega. No sabía qué hacer, no sabía si ella lo querría escuchar, si lo creería o incluso, si a pesar de saber, que el conde se casaba con ella por dinero no le importaba con tal de ser condesa. Y luego estaba también esa noche y todo lo que había pasado, por qué si el ángel, era la mujer que él siempre había soñado, leal, nada vanidosa, que hacía frente a los problemas activamente, desinteresada, con un cuerpo precioso, cuando lo había besado, él solo había podido pensar en Bella, hasta el punto incluso de imaginarse que era ella. Fuera por el motivo que fuera, una cosa estaba clara, Isabella Swan se le había ido metiendo poco a poco en la cabeza con su enigmático comportamiento, sus expresivos ojos y la pasión que demostraba con su temperamento cuando la hacía enfadar. Y luego estaba ese olor tan intoxicante que tenía, ese que lo dejaba aturdido, deseoso de comprobar si también su piel olía igual de bien que sus cabellos. Y también la respuesta de su cuerpo hacia ella, nunca nadie lo había hecho sentir así con un solo beso y si con un simple beso la cosa era así, no quería imaginar lo que sería tenerla desnuda…
—Amo, parece que hoy estamos un poco despistados, ¿no?
—Perdona Emmet, ¿qué decías?
Ambos se encontraban paseando por el jardín de los Cullen, aprovechando la ocasión para ponerse al día, pues no habían podido hablar desde antes del viaje a Forks.
—Te decía que si esta noche en la fiesta que Bryce da por su compromiso con la señorita Swan, vas a aprovechar para averiguar algo o quieres que yo fisgonee un poco, si voy como una ayuda a los criados del conde, puedo moverme por la casa, casi libremente.
—Está bien, pero antes tengo que contarte varias cosas.
—Soy todo oídos, porque yo también he averiguado algo. Pero empieza tú.
—Bueno, pues la otra noche el ángel y yo entramos en su casa. Fuimos hasta la bodega esperando encontrar algo para poder incriminarle, pero casi nos descubren. Tuvimos que escondernos porqué mientras estábamos aún allí, llegó con tres hombres más. Por la conversación que tuvieron, deduje que Bryce le debe bastante dinero a uno de ellos y como imaginábamos quiere usar la dote de Isabella para pagarle. El problema es que la boda no es hasta dentro de tres meses y Bryce tiene de plazo un mes para pagar. Tenías que haberlo oído, parecía desesperado, no sabía qué hacer y el otro le dio ideas como obligarla o seducirla…, luego desaparecieron, debe haber una habitación oculta en la bodega, investiga eso si puedes. Y yo ahora no sé qué hacer, Emmet, no sé si avisarla o dejarlo pasar. Por un lado si la aviso, puede pensar que me lo estoy inventando todo porque no tengo manera de saber eso y tampoco puede decirle que lo sé porque lo escuché sin desvelar mi verdadera identidad.
—Cálmate, por lo que has dicho, él solo quiere su dinero, ella por lo pronto no es está en peligro…
—Pero y si la seduce… -dijo Edward angustiado.
—Eso es algo que a ti no debería importarte, ¿no crees?
—Sí, pero no podemos permitir que pueda quedar embarazada de un canalla, que por lo que sabemos, pronto va a ir a la cárcel. No podemos hacerle eso a un niño que no tiene la culpa de nada.
—No, -dijo Emmet, para provocarlo- con una madre tan fría y desconsiderada, ya sería bastante, es verdad.
—¿Sabes Emmet? Estoy empezando a pensar que Isabella no es como nos hace ver a todos. El otro día en Forks, cuando la seguí, ¿a qué no sabes que descubrí?
—¿No me digas que tiene un amante?
Dijo Emmet poniéndose la mano en la frente como si eso le hubiera impresionado mucho.
—Claro que no. –Dijo él como si esa sola idea le molestara-. Le compró algodón dulce a dos niños pequeños que estaban mirando el cristal y relamiéndose. Y como los niños no lo aceptaron porque decían que no podían aceptar cosas de desconocidos fue hasta donde estaba su madre, para pedirle permiso e incluso abrazó a la mujer que no era más que una pobre campesina.
—Vaya –dijo Emmet remarcando la palabra y aguantando la risa por lo siguiente que iba a decir-. ¿Me estás diciendo que la señorita Swan se ha convertido en un ángel de la noche a la mañana, después del incidente que tú mismo viste con tu criada? No me lo puedo creer, eso debe ser amor.
—Oh calla, -dijo Edward dándole una colleja-. Quizás fue solo que por esa noche y llevando el traje de campesina, se sintió generosa y ¿qué son para ella unas cuantas monedas?
Emmet no respondió nada, pero se preguntó como Edward, que había demostrado ser el más inteligente tripulante que había tenido el Lady Marian, podía engañarse de esa forma, cuando todo estaba claro.
—Bueno, ahora a ver, ¿qué tienes para mí eficiente informador?
Emmet rodó los ojos y contestó:
—Antes de todo, quiero que sepas que me despido, voy a dejar de ser tu criado. Claro, siempre que necesites averiguar algo puedes pedírmelo, pero a lo mejor tardo más.
—¿Eso quiere decir que te vas?
—Bueno sí y no. Me voy a casar con Rosalie Hale. Esa rubia es mi locura y no puedo negarle nada.
—¿Entonces ha sido ella la que te ha pedido en matrimonio?
Dijo Edward riéndose a carcajadas.
Emmet por un instante pareció confundido, pero reaccionó pronto.
—¡Claro que no! He sido yo.
Y al ver la cara de confusión de Edward añadió:
—Lo que pasa es que ella ya está cansada de esta ciudad y todas las habladurías, de tantas fiestas y todo lo que conllevan, así que quiere que nos vayamos a vivir a una casita a Forks. Dice que le encantó ese pueblo y que así estamos cerca de Port Angeles por si quiere visitar a su hermano o sus amigas. Así que en unos meses nos vamos.
—Vaya hermano, me alegro por ti. Nunca pensé que te cazarían.
—Y no me han cazado, -dijo Emmet con una sonrisa tonta-. Fue amor a primera vista.
—¿Y has pensado que va a pasar con el Lady Marian?
—Sí eso quería preguntarte. ¿Tú vas a volver? Porque si no había pensado en dejar al mando a Ben. Es un buen muchacho y sabe muy bien el trabajo que hay que hacer. Es de los más veteranos, pero si lo quieres el puesto es tuyo.
—No puedo darte una respuesta todavía, amigo.
—Tomate el tiempo que necesites, hasta mi boda con Rosalie hay plazo. Y ahora, vamos a cosas más serias –dijo Emmet cambiando la cara-. Según mis informaciones, el azufre no ha surtido efecto en los cultivos porque estaba adulterado, he podido averiguar, que cuando el almacén central hizo el pedido, este tuvo un retraso de dos días al que no se le dio importancia, pero si no me equivoco y no me equivoco créeme. Ese retraso fue aprovechado para cambiar los sacos de azufre, por azufre adulterado que, como hemos visto no es eficaz. ¿Por qué en los cultivos del conde si ha surtido efecto? Bueno, esto ya son conjeturas mías y desgraciadamente no lo podemos acusar de nada, pero estoy casi seguro de que lo que pasó fue que él o alguien cumpliendo su ordenes, dio el cambiazo, él se quedó con los sacos buenos, que fue los que utilizó y los alterados fueron hasta el almacén donde como ya sabemos, fueron vendidos a los campesinos. Para no levantar sospechas, Bryce también compró, pero como sabía que eran nocivos, los almacenó en su almacén, donde el ángel y tú los encontrasteis.
—Pero es imposible que el gastara todo el cargamento de azufre bueno, el resto tiene que estar en algún lado.
—Sí también había pensado en eso y he llegado a la conclusión de que en el almacén, tiene que haber sacos de los dos. Pero como ya te he dicho no podemos demostrar nada aunque él tenga los sacos buenos todavía en el almacén, porque puede decir que los compró y que ha sido un error del almacén y no de él. De hecho, creo que es lo suficientemente inteligente como para tener una factura por el total de sacos que tiene en el almacén incluidos los que gastó en el campo, así que por ahí no lo podemos pillar. Y que yo sepa, casarse con alguien por dinero, mientras la otra persona esté de acuerdo tampoco es un delito, así que tenemos que descubrir algo más y creo que esa misteriosa habitación oculta es la clave, así que lo intentaré esta noche mientras vosotros estáis en la fiesta.
Aquí estaba, con su vestido rojo casi indecente, como hizo notar a Alice antes de salir de su casa, agarrada del hombre que sabía era el peor canalla de todos, pero al que tenía que fingir amar. Ejerciendo de anfitriona en la fiesta de su compromiso, mientras que recibía miles de felicitaciones y cumplidos y ella sólo era capaz de pensar en que el tiempo se le agotaba. Muy equivocada tenía que estar, si James no aprovechaba esa noche, para delante de todos los invitados, pedirle que acortaran su compromiso con la excusa del gran amor que sentía, cuando ella sabía que no era nada más que por su dinero y eso le revolvía las entrañas.
Pero todo era por un fin mayor, se dijo poniendo su sonrisa tantas veces ensayada delante del espejo. Solo esperaba, que por una vez la suerte le acompañara y Edward Cullen tuviera otras cosas que hacer. No se habían vuelto a ver desde que ella salió huyendo de él en Forks, pero eso no significaba que no hubiera pensado en él. Por supuesto que no.
—Buenas noches, señor Bryce, señorita Swan.
—Ah, señor Cullen, muchas gracias por enviarme a su criado, pero como ya le dije, lo tengo todo controlado, no necesitaba más ayuda, pero ha sido muy considerado por su parte.
Y al instante ese calor, recorriendo todo su cuerpo desde el punto en que él la había besado. Por supuesto que él iba a venir, era su pesadilla particular, como una especie de prueba que tenía que pasar por querer ayudar a los demás. No se atrevió a levantar la vista y mirarlo porque sabía que entonces flaquearía, pero no tuvo más remedio cuando se dirigieron a ella.
—¿Le importaría si su prometida me concede esta noche un baile?
—Por supuesto que no señor Cullen.
—Isabella, querida, ¿estás de acuerdo?
Y al ver los ojos verdes de Edward no pudo negarse.
—Claro.
No había querido mirarlo, pero cuando lo había hecho ya no podía apartar sus ojos de él. Estaba increíble como siempre, con su traje hecho medida que se ajustaba perfectamente a su moldeado cuerpo y su sonrisa perenne, hecha para desarmar a cualquier mujer. Afortunadamente para la cordura de Bella, se alejó pronto y la fila de interminables invitados siguió su curso.
Cuando escuchó la voz de James elevarse sobre las demás pidiendo silencio, supo que el momento había llegado y que no tenía otra opción más que aceptar. Y ahí era cuando empezaba la cuenta atrás hacia su muerte, porque es lo que le parecía estar casada con James.
Todo se desarrolló más o menos como Bella había esperado, el discurso declarándole amor eterno y luego la petición de adelantar la boda. Y como si lo viera desde otro cuerpo, como si fuera otra persona la que guiaba sus movimientos se vio aceptando ser la esposa de Bryce dentro de quince días.
Durante la cena consiguió escabullirse con la excusa de ir al tocador para bajar a la bodega e intentar descubrir como acceder a la habitación secreta, pero la suerte no le acompañó pues fue interceptada cerca de la entrada por uno de los criados de Bryce.
—¿Adónde va señorita Swan?
Le dijo él lo más educadamente posible, pero con un trasfondo de amenaza que ella notó.
Intentó poner su cara más inocente mientras respondía:
—Iba al tocador, pero debo haberme perdido, esta casa es tan grande…
—Yo la acompaño, no se preocupe.
Dijo el criado y Bella respiró tranquila pensando que había conseguido engañarlo, aunque estaba equivocada, pues James fue informado al instante de los devaneos de su prometida y mandó vigilarla constantemente cuando él no estuviera presente.
Poco a poco, la noche fue deslizándose entre bailes, halagos y felicitaciones. Bella estaba más tranquila, viendo como el tiempo se iba escurriendo y Edward no aparecía para reclamarle el baile. Pero como ella bien sabía no se podía cantar victoria antes de tiempo, ya que en ese momento, lo vio acercándose, con su elegante caminar, parándose solo para rechazar educadamente a la habitual corte de damas que esperaban ansiosas para que él las invitara a bailar.
—¿Me concede el siguiente baile señorita Swan? Dijo alargándole la mano.
Ella ya la había cogido cuando la voz de James la distrajo.
—Espera querida.
Y aprovechando que había vuelto la cabeza para ver lo que quería la besó, en un beso demasiado poco adecuado para darlo en público, ella hizo de tripas corazón y con el pensamiento de demostrarle a Edward que sí había pasión entre ellos, le devolvió el beso imaginándose que era él.
—Eso para que no te olvides de mí, mientras bailas con el apuesto señor Cullen.
Lo que provocó las risas de los que habían presenciado la escena.
Y siguiendo su papel ella respondió:
—No podía olvidarme nunca de ti, mi amor. No te preocupes que nunca te cambiaría por el señor Cullen ni por otro.
Y como vio Bella, con eso él pareció quedar satisfecho.
—Eso ha sido tan romántico. –Comentó sarcástico Edward mientras se dirigían a la pista de baile-. Teniendo en cuenta que usted se casa por conseguir un título y él por dinero.
—Pensaba que él se casaba porque yo era una muchacha encantadora y muy bonita. Y cualquier hombre estaría orgulloso de mostrarse en mi compañía.
Dijo ella echándole en cara sus propias palabras.
—Vamos, señorita Swan, para nadie es un secreto la más que generosa dote que su padre ha ofrecido por usted.
—Como ya le dije, piense lo que quiera señor Cullen, pero creo que con el beso que acabamos de compartir, ha quedado claro que también sentimos pasión.
—No me haga recordarle lo que es la pasión aquí delante de todo el mundo.
Dijo acercándose peligrosamente y susurrándole en el oído:
—¿Quiere que siga?
Dijo él victorioso al ver que el cuerpo de ella se estremecía entre sus brazos.
Y Bella odió a su cuerpo y odió a Edward Cullen por provocarle esas sensaciones.
Ella simplemente se separó un poco de su cuerpo y siguió bailando.
—¿Puedo pedirle un favor, señorita Swan?
Ella solo lo miró como si no comprendiera lo que él acababa de decir.
—Por favor, no se acueste con su prometido hasta la noche de bodas.
—Señor Cullen, -dijo ella irritada- ¿qué está insinuando? Yo soy una señorita, jamás se me ocurriría… Eso ha estado fuera de lugar. —Dijo sonrojándose-. Además no es de su incumbencia lo que mi prometido y yo hacemos.
—Lo siento. –Dijo él-. No sé lo que me ha pasado, solo quería advertirla de que los hombres…
—Ahora pretende darme una charla de padre a hija… Esto es el colmo.
—No, -dijo él tomándola por la cara- yo solo quiero que usted nos sufra.
—Pues entonces, deje de meterse en mi vida y de decirme que los hombres solo me quieren por mi dinero. –Casi gritó ella con los ojos vidriosos-. Ya sé que no soy la mejor persona del mundo, ¿pero por eso no tengo derecho a ser feliz? Terminó conteniendo las lágrimas y soltando así todo lo que llevaba sintiendo durante todos esos días.
No volvieron a decirse nada más y para cuando, cada uno volvió a su mesa, Bella ya había podido reponerse. Aunque James le preguntó porqué el señor Cullen la había cogido de la cara y ella parecía estar llorando, pudo disimular diciéndole que le había entrado algo en el ojo, lo que provocó que se le saltaran las lagrimas y que el señor Cullen la cogiera de la cara para intentar eliminar lo que fuera que había en su ojo. Él no pareció muy convencido, pero a Bella no le importó.
Cuando por fin, todos los invitados se despidieron, ya era demasiado tarde para ir al encuentro del pirata, y efectivamente, él la había estado esperando durante mucho rato, pero al ver que no se presentaba, volvió a su casa sin dejar de pensar en todo lo que Bella le había dicho durante el baile.
—Ah, querida, mañana a las nueve he invitado al señor Cullen a practicar esgrima. ¿Te gustaría vernos?
—Por supuesto, vendré con alguna criada que nos sirva de carabina.
—No sabes las ganas que tengo de que seas mi esposa para que ya no necesitemos carabina, mi amor.
Dijo dándole un tierno beso en los labios.
—Sí yo también.
Contestó ella despidiéndose.
N/A: Muchas gracias a los que se han tomado la molestia de leer.
