Katniss.

Odié la imagen que me regresaba el espejo del baño de mi casa. Mi rostro lleno de ojeras, mis facciones más afiladas y mi desordenado cabello, cualquiera se hubiera asustado al verme tan desaliñada, pero para mi ya era un estado común. Cada mañana debía levantarme corriendo de mi cama para vaciar el poco contenido de mi estómago en el retrete. Por fin estaba viviendo la realidad del embarazo. Si, en un principio había creído que los siete meses que me faltaban iban a ser muy parecidos a los días buenos a los que me acostumbré demasiado fácil. Pero la verdad era otra.

La semana en la que me entré que esperaba un hijo de mi ex novio, Gloss, fue relativamente tranquila. No tuve más molestias además de las que me hicieron ir a consulta, pero solo eso. Lo peor vino en las siguientes tres semanas desde que mis padres se enteraron de mi condición.

Después de que Effie Trinket hablara con mis padres sobre mi estado sin siquiera consultármelo todo se fue en caída libre. Mi padre casi no me hablaba, pero extrañamente tampoco me evitaba, simplemente era incómodo tener una conversación con él, así que hacía lo que mejor se me daba: lo dejaba pasar y de esa forma era como si nada estuviera pasando. Mamá Bonnie se comportaba rara cada vez que mi padre y yo nos encontrábamos en una misma habitación, pero al parecer también se había hecho experta en el arte de la confrontación Everdeen. Y Gale, mi primo, comenzó a salir con la chica recepcionista del consultorio de la doctora Primrose, lo que se traducía en una poca presencia en casa, solo lo esencial para no preocupar a mi madre.

Si en algún punto llegué a pensar que la llegada de Pasita a mi vida no iba a ser tan mala, con esto se demostraba todo lo contrario. En días como esos realmente consideraba la opción de darle el bebé a Effie y su esposo, pero algo me impedía llamarla, quizá era la forma en la que traicionó mi confianza al contarle a mis padres mi secreto.

Antes de que una nueva ronda de arcadas me invadiera, decidí desnudarme y entrar en la ducha, era domingo y mi familia había planeado una comida sencilla para que Peeta Mellark hablara con mis tíos acerca de la donación de un riñón para mi padre. Se suponía que esa reunión se iba a hacer hace dos semanas, pero papá no se sentía bien como para lidiar con la presión de recibir a sus hermanos en un lugar tan pequeño como nuestra casa. Al final tuvo que hacerse a la idea de que no teníamos otra opción y decidieron hacer esa comida de una vez por todas.

Como ya era una costumbre a la hora del baño, me puse de perfil frente al espejo y un pequeño grito de sorpresa salió de mis labios, había una pequeña curva en mi vientre que era más evidente que otros días. Mordí mi labio realmente nerviosa ya que desde que supe que estaba embarazada había temido ese día. Ni siquiera me atreví a pasar una mano por mi vientre, así que me dirigí rápidamente a la ducha para poder vestirme lo más pronto posible.

...

Una vez que estuve preparada psicológicamente para enfrentar a mi familia fui hasta la cocina donde mamá cortaba algunos vegetales en la mesa del comedor mientras papá terminaba de leer el periódico y Gale estaba completamente concentrado en su celular. Traté de no parecer culpable pero no pude evitar tirar del dobladillo de mi camiseta holgada esperando que me ayudara a disimular mi más reciente descubrimiento. Una vez que estuve segura de que mi vientre no destacaba llegué hasta papá y lo saludé con un pequeño beso en su mejilla al que respondió cerrando brevemente los ojos, la parte más difícil ya había pasado. Al llegar con mamá Bonnie también las saludé con un beso en la mejilla y ella sonrió ampliamente mientras dejaba su tarea para abrazarme. La sentí tensarse entre mis brazos logrando que el terror me invadiera. Me aparté sin delicadeza y fui hasta mi lugar en la mesa.

-Buen día primita- Gale dejó a un lado su celular y se inclinó hacia mi para besar mi mejilla, de esta forma estaba más cerca de mi para poder susurrarme la habitual pregunta por las mañanas- ¿Como está Pasita? - mi primo intentó tocar mi vientre pero de inmediato aparté su mano y me negué a verlo directamente a los ojos.

-Estoy bien- dije rotundamente para darle a entender que ese tema se había acabado. Lo menos que necesitaba era que mi padre nos escuchara hablar del tema y hacer la situación más incómoda.

Después de un rato mamá se unió a nosotros en la mesa y trajo consigo una bandeja de panqué con pasas recién hecho. De alguna forma había logrado descifrar que ese era un antojo recurrente para mi y se aseguraba de que ese pan nunca faltara en nuestra mesa. En muchas ocasiones me era muy difícil controlarme para no echarme a llorar en sus brazos y besarla para agradecer ese gesto tan amable. Comimos en completo silencio, solo interrumpido por el tintineo de los cubiertos. De vez en cuando sentía las miradas de mi madre y Gale hacia mi, pero fingía estar absorta en mi desayuno.

-Ya terminé, gracias cielo. Voy al patio para tratar de acomodar un poco antes de que lleguen todos- papá dejó el periódico sobre la mesa, tomó sus platos y besó los labios de mamá antes de ir al fregadero y lavar lo que ensució.

Papá salió sin mirar atrás y en el fondo lo agradecí aunque ya no sentía nada de hambre y tenía un leve malestar estomacal. Lo único que necesitaba era regresar a mi cama y esperar a que mi familia llegara. Traté de ponerme en pie pero una pequeña punzada en mi bajo vientre impidió mi avance. No fue demasiado fuerte sin embargo tuve que sostener firmemente la mesa con ambas manos y cerrar los ojos por un momento.

-Niss, ¿Estás bien? - escuché la voz de Gale muy cerca de mi, esa era una buena señal, por lo menos no era como si estuviera a kilómetros de distancia-. Katniss.

-Estoy bien. Solo fue un calambre- mentí sin abrir los ojos. Ni loca le diría la verdad ya que de inmediato me llevaría al hospital para que Peeta Mellark me internara.

-¿Qué sucede?- sentí la mano fría de mi madre sobre mi rostro-. Niss, ¿Qué está pasando?

-Iba a ponerme en pie y sentí un calambre, solo eso. He leído que a veces eso pasa- abrí los ojos y traté de sonreír. Aparentemente los convencí porque el pánico abandonó sus rostros. Lentamente me puse de pie y sujeté mi pequeño vientre con mi mano derecha. La molestia seguía ahí pero era soportable-. Creo que voy a mi habitación, a menos que necesites ayuda con algo.

-Para nada, Gale me ayudará a preparar todo- vi hacia mi primo que asentía con la cabeza-. Ve y descansa.

-Gracias- caminé despacio hacia mi puerta y traté de ignorar los susurros que escuché detrás de mi. Mamá sin duda estaría haciendo conjeturas y temía que Gale le dijera algo de la amenaza de aborto que ya había tenido hace tiempo. No necesitaba que se comportara sobreprotectora conmigo mientras tratábamos de ignorar mi estado frente a mi papá.

Estaba recostada en mi cama, simplememte viendo hacia la pared frente a mi. Un domingo normal, si evitar a mi padre significaba permanecer sin hacer nada en mi cuarto, pues ese seria mi pasatiempo favorito. Era una lástima vernos en esa situación, pero a lo largo de los años él me enseñó que a veces ignorar las cosas puede ser lo mejor. De esa forma no te enganchas y evitas algunas situaciones desagradables.

La puerta se abrió de par en par y mi papá entró por ella. El aire se atoró en mis pulmones y por la forma en la que se paralizó en el umbral me hizo saber que él no esperaba encontrarme ahí. De inmediato me senté con la espalda recta y tomé una almohada para cubrir mi vientre. Si él estaba ahí era porque deseaba hablar conmigo y eso me hacía ridículamente feliz.

-Creí que habías ido con Gale- papá se encogió de hombros y sonrió haciendo que el nudo de nervios se relajara en mi garganta-. Fue por tus tíos a la estación de trenes y como ustedes son inseparables, pensé que...

-No me dijo nada. Tal vez creyó que estaba dormida.

-Tal vez.

Ninguno de los dijimos nada más. Fue incómodo, no voy a negarlo incluso estuve tentada a salir del lugar y ver en que podría ayudar dentro de la casa, pero la verdad aun tenía cierto malestar estomacal de mi mala mañana. Papá abrió una puerta de mi pequeño armario y tomó algunos manteles y sin decir nada más salió. Dejando cierta sensación de alivio a su partida.

Realmente no recuerdo como fueron los primeros meses después de la partida de Jessica, pero supongo que era algo parecido a lo que me esperaba a mi hasta que diera en adopción a Pasita. Iban a ser unos meses demasiado largos sin la cercanía de mi padre, pero supongo que podría soportarlo.

...

No pasó mucho tiempo antes de que la casa se llenara de actividad con la llegada de mi familia. Mis primos corrían por todo el lugar tratando de huir de Gale que amenazaba con atraparlos y mis tías hablaban animadamente con mi madre acerca de cualquier tema. Mi papá se ponía al día con sus hermanos y cuñados, pero ninguno parecía capaz de tocar el tema por el cual se dio esa reunión en primer lugar.

Dejé el tazón de comida sobre la mesa de la cocina y decidí salir de la casa, sintiéndome incapaz de estar en un lugar tan reducido con tantas personas, sobretodo teniendo en cuenta que cualquiera de mis tías podría notar la pequeña curvatura de mi vientre y hacer un comentario inoportuno.

Me senté en las escaleras de la puerta principal y abracé mis rodillas contra mi pecho. Era extraño sentirme tan sola con una casa llena de personas que me amaban incondicionalmente. Un nudo se formó en mi garganta y detesté mi deseo de echarme a llorar como una tonta sin saber exactamente la razón.

Sentí la vibración de mi celular en el bolsillo de mi pantalón al recibir un mensaje de texto, no tenía ánimos de leerlo, pero quizá se trataba de Annie y ella no se rendiría hasta no obtener una respuesta de mi parte. Resignada, tuve que abrirlo, sin embargo no era del numero de mi mejor amiga, sino de uno que no tenía registrado. Mordí mi labio inferior sin saber muy bien que debía hacer, al final me aventuré a seleccionarlo.

"Te ves muy sola"

Solo eso decía el mensaje del número desconocido. Una sensación de pánico se instauró en mi pecho, obligándome a hacerme ver hacia todos lados en busca de aquella persona que me mandó el texto, pero no podía localizarla, el movimiento en la cuadra de mi casa era normal. Familias paseaban de aquí a allá, sin duda disfrutando de una tarde agradable de domingo. Los niños jugaban en sus bicicletas o con los balones, pero no había nadie que me prestara demasiada atención.

Me puse en pie y me abracé a mi misma para tratar de tranquilizar mis nervios, tal vez ese mensaje era un error, alguien podría haberse equivocado al seleccionar el destinatario, pero el que lo mandó debía tener de alguna forma mi número. Permanecí con la mirada fija en la acera frente a mi y sintiendo un leve temblor en mi cuerpo. Aunque intentara negarlo, lo cierto era que estaba aterrada.

-¿Katniss?- parpadeé varias veces al escuchar que me llamaban. No fue hasta que sentí que una mano se posaba sobre mi pierna a la altura de la rodilla que reaccioné por completo. Por primera vez desde lo que pareció una eternidad logré identificar a Peeta Mellark de pie frente a mi cerca de mi campo de visión-. Katniss.

-¿Mande?- susurré bajando la mirada hacia la pequeña Delly que golpeaba insistentemente mi pierna tratando de llamar también mi atención. Me esforcé por sonreírles, pero estoy completamente segura de que solo logré formar una mueca extraña en mi rostro.

-Parecías preocupada, como si algo te hubiera asustado- el doctor Mellark dejó a un lado la bolsa de papel que cargaba y liberó la mano de su hija para centrar su atención por completo en mí. Temí que en cualquier momento sacara una pequeña lámpara para revisar que todo anduviera bien conmigo.

-Solo pensaba... cosas- aparté la mirada mientras tocaba disimuladamente mi vientre. Me obligué a cruzar mis brazos apenas noté los movimientos automáticos que hacía

-Estás pálida, ven vamos adentro- Peeta tomó mi mano entre las suyas pero me apresuré a apartarme al sentir un extraño hormigueo en mi piel

-Quiero estar aquí, gracias- susurré mientras veía a la pequeña hija de Peeta examinarme atentamente. Sin previo aviso la niña me tendió su muñeco en forma de una mazorca de maíz sonriente. La seriedad en su rostro me hizo creer que no a cualquiera le permitía tocar ese valioso juguete-. No es necesario, cariño. Estoy bien.

Delly frunció el seño y se negó a alejar su muñeco, escuché una suave risa proveniente del doctor Mellark que se apresuró a disimular fingiendo un ataque de tos.

-No se va a rendir hasta que lo tomes- Peeta me advirtió ligeramente divertido-. Es algo testaruda cuando se propone algo.

-Igual que yo- admití y me senté en el primer escalón para quedar a la altura de Delly-. Estoy muy bien, Galleta. El señor Maíz es tuyo y debe estar contigo ¿Vale?

La pequeña Mellark vio a su padre y luego a mi en varias ocasiones. Al final tomó una decisión y dejó el muñeco en mi regazo el tiempo suficiente para que ella misma se sentara a mi lado en la entrada. Mi corazón dio un vuelco al entender lo que hacía y mis ojos se llenaron de lágrimas por su gesto. Suspiré profundamente y vi hacia arriba con tal de contener el llanto, lo que fue una mala idea ya que Peeta pudo ver lo afectada que estaba.

-Vamos, cielo. Katniss necesita un momento a solas- el doctor Mellark se puso de cuclillas y tomó a su hija con un brazo y con el otro levantó la bolsa de papel con la que llegó.

-Gracias- murmuré en forma apenas audible. Aun en contra de lo que había dicho acerca del muñeco de felpa, cerré los ojos y lo abracé contra mi pecho mientras Peeta y su hija caminaban hacia la puerta. En algún punto el sonido de sus pasos se detuvo antes de regresar hacia mí.

-Deberíamos de aprender a saludarnos cada vez que nos vemos- no me atreví a verlo, simplemente me mantuve abrazada al juguete de su hija-. He escuchado que las personas normales lo hacen.

-Hola- susurré con la voz ronca por el nudo en mi garganta.

-Hola para ti también- a pesar de que no podía ver el rostro de Peeta algo me dijo que estaba sonriendo-. En fin, vamos a entrar, ¿Qué tan necesario es que llame a Gale?

-Mucho- admití sintiéndome como una niña desprotegida.

-Vale. Me aseguraré de que venga- Peeta prometió solemnemente pero no lo escuché alejarse de inmediato. Aparentemente se quedó en su lugar un poco mas de tiempo antes de animarse a dejarme sola.

Gale no tardó demasiado en llegar a mi lado, casi hubiera jurado que solo esperaba el momento adecuado para acercarse después de la partida de Peeta. Mi primo se sentó junto a mi y tocó disimuladamente mi rodilla, transmitiéndome su apoyo. En ese instante quise decirle todo lo que me pasaba y hablarle del sospechoso mensaje que recibí pero dudaba de mi capacidad para hacerlo sin echarme a llorar como una niña patética. Así que simplemente me quedé callada tratando de aprovechar los últimos momentos de paz antes de tener que entrar a la casa de nuevo.

...

Una vez que atravesamos la puerta principal el silencio se apoderó de la sala entera. Mis tíos ahí reunidos se giraron para vernos a Gale y a mi entrar después de lo que pareció una eternidad. Mi vista viajó inmediatamente hacia el doctor Mellark de pie en medio de todos con una libreta en la mano y viéndose en una actitud completamente profesional, casi como si se tratara de un catedrático dando una clase de su tema favorito. La seriedad del momento se rompió cuando mis primos y Delly pasaron corriendo mientras reían fuertemente.

-Katniss tomen asiento, necesitamos terminar con esto- un escalofrío recorrió mi cuerpo por la forma en la que mi padre se dirigió a mí. Casi parecía incómodo con la situación.

Bajé la cabeza y ocupé un lugar junto a Katy, la menor de las hermanas de mi madre quien no perdió tiempo en tomar una de mis manos entre las suyas. No tuvo que decir en voz alta lo preocupada que se encontraba y a juzgar por el ambiente del lugar supe que no era la única en estar asustada por el posible futuro de mi padre.

-Que lindo muñeco- dijo señalando al señor Maíz que Delly me había prestado.

-No es mío. Es de la pequeña Delly- mi tía solo se limitó a sonreírme como si compartiéramos un gran secreto y de la nada regresó su atención a Peeta que había retomado su discurso.

Pasaron cerca de diez minutos y yo no podía sentir más sueño, todo lo que Peeta decía parecía ser realmente interesante, pero por alguna extraña razón me encontraba muy aburrida. Mis familiares comenzaron a hacer preguntas, desde las más sencillas hasta las más complicadas y el doctor Mellark se encargó de responder educadamente a cada una de ellas, sin perder en ningún momento la paciencia.

-Pero, ¿porque Katniss no es la que se lo dona si comparten el mismo tipo de sangre? - Angela, una de mis primas menos favoritas fue la que hizo la pregunta del millón de dólares y por un momento fue como si todo el oxigeno del aire hubiese sido drenado porque me costaba realmente respirar y por el rostro de mi madre, ella se encontraba en el mismo aprieto.

-Bueno, pues aunque ellos comparten el tipo de sangre, no es muy seguro que el trasplante se lleve a cabo con éxito además...- bendito fuera Peeta tratando de ocultar mi situación, pero con cada palabra que decía solo contradecía lo que ya había explicado antes.

-¿Y si ella no quiere hacerlo, porque mi papá debería de tomar su lugar?- mamá se llevó ambas manos a la boca y mis tíos vieron de mala forma a su hija mayor.

-Angela ese no es asunto tuyo- Gale le respondió de mala forma, ganándose una mirada de odio por parte de mi prima.

-Claro que lo es, en primer lugar no entiendo porque si ella está completamente sana y joven no le dona el riñón a ¡su padre! Peeta dijo que hay riesgos ¿y si esos riegos se aumentan con la edad?- sentí la necesidad de vomitar por la forma en la que ella pronunció el nombre de Peeta. Nadie la había autorizado a hablarle de manera tan confianzuda. Juro que tuve que tomar al señor Maíz con demasiada fuerza para no enloquecer y comenzar a decirle disparates.

-Señorita Angela... - Peeta se aclaró la garganta y vi como su rostro se tornaba un poco rojo por la vergüenza-. Entiendo su preocupación pero, Katniss...

-Katniss no puede donar porque está embarazada- la voz de mi padre no tenía ningún sentimiento evidente, fue como si solo estuviera afirmando que el día viene después de la noche. Toda las estancia se quedó en silencio y cerca de diez pares de ojos se posaron en mí. Sin saber muy bien que hacer, busque la mirada de Gale pero él veía de mala forma a nuestra prima que sonreía como si hubiese descubierto uno de los mas importantes misterios del universo.

Hubiera querido decir algo en mi defensa, pero no encontré las palabras para hacerlo. Sentí mi cara arder por la vergüenza, sobre todo porque ahora mi familia esperaría recibir más detalles de mi estado. Decidí enfrentarlos la antes posible, pero al elevar la mirada hacia mi madre, ella negaba frenéticamente con la cabeza mientras sus ojos estaban fijos en los míos. Era una advertencia, si hablaba solo empeoraría las cosas.

Afortunadamente el momento incómodo se vio interrumpido con la llegada de los menores de la casa. Todos corrieron entre nosotros completamente ajenos a lo que sucedía, al final venía Delly riendo mientras trataba de alcanzar a Posy. La hija de Peeta se detuvo brevemente delante de mí y me sonrió de la misma forma que aquella vez en el consultorio de la doctora Primrose y sentí que no todo era tan horrible. Galleta tomó amablemente su muñeco de entre mis brazos antes de salir corriendo de las sala de estar.

-Deberíamos dejar ese tema por la paz e ir a comer- mi padre se puso de pie un tanto tambaleante y se encaminó hacia la cocina seguido de cerca por mi madre que lo tomó por el brazo. Papá se giró hacia ella y le dedico una dulce sonrisa.

La sala fue vaciándose poco a poco, hasta llegar al punto en el que solo nos encontrábamos Gale, Peeta y yo en ella. Mi primo se acercó hacia mí con la intención de decir algo pero de inmediato frené sus avances levantando una mano, así que él muy inteligentemente detuvo sus pasos antes de girarse e ir a reunirse con el resto de mi familia. La situación me había dejado alterada y solo podía reaccionar de dos formas, o me echaba a llorar como magdalena o la tomaría en contra de él y sinceramente no deseaba hacer la segunda.

Sin importarme en lo más mínimo la presencia del doctor Mellark, me recargué por completo en el sillón donde estaba y cerré los ojos con el único objetivo de frenar las lágrimas que amenazaban con hacer acto de presencia. Inconscientemente llevé una de mis manos hacia mi vientre y tomé en un puño la tela de mi blusa, sintiéndome realmente impotente por todo. Mi vida no era perfecta antes de enterarme del embarzao, pero había empeorado considerablemente desde hace casi un mes.

Sentí que un sollozo se escapaba de mis labios pero no traté de detenerlo. Se supone que no debes tomar decisiones en momentos vulnerables, pero yo necesitaba encontrar una salida a mis problemas, así que abrí los ojos muy rápido y traté de ponerme en pie para llamar inmediatamente a Effie con el fin de confirmarle que le daría ese bebé, ellos se harían cargo y lidiarían con el problema que representara. Pero la molestia de esa mañana regresó con más intensidad, obligándome a doblarme por la mitad. Estoy segura de que un grito ahogado salió de mi boca ya que no pasó mucho antes de que Peeta estuviera a mi lado.

Enfoqué mi mirada borrosa en su rostro. Noté que trataba de decirme algo, pero nunca llegué a entender las palabras. Me aferré a su mano mientras el dolor pasaba y en medio de toda la locura logré concentrarme lo suficiente como para revisar si mis piernas estaban manchadas o no de sangre, una ronda de alivio me invadió al comprobar que no había rastro de sangrado, aunque el dolor aun no disminuía.

-Por favor, por favor, Katniss responde- escuché la voz de Peeta cada vez más cercana. Fue extraño porque había cierto tono de suplica en su llamado, casi como si estuviera asustado-. Katniss.

-Necesito recostarme- logré susurrar, pero no estaba muy segura de que Peeta me hubiera escuchado. Tomé su mano y reuní la fuerza suficiente para apretar el agarre, rogando al cielo por transmitirle mi sentir.

-Llamaré a una ambulancia- él trató de apartarse pero lo retuve a mi lado. Lo menos que esperaba era hacer una escena-. Linda, no puedo ayudarte si no estamos en un hospital.

-No- cerré los ojos cuando una oleada de dolor me invadió nuevamente.

No deseaba ir a un hospital aun cuando mi vientre parecía amenazar con desgarrarse. Todo estaba mal, ese dolor no era normal y por la urgencia de Peeta supe que tal vez nunca llegaría a conocer a Pasita. Me sentí como una horrible persona ya que seguramente todo eso se debia a mi mal comportamiento y mi egoísmo al renegar del bebé. Si llegaba a perderle, no sabía como reaccionaria.

El dolor diminuyó solo un poco, pero aun me sentia algo mareada. De alguna forma estaba sudando y la quijada me dolía por haber apretado demasiado los dientes. Dejé libre la mano de Peeta para tratar de ponerme en pie e ir a mi habitación, pero esa no fue una decisión inteligente. La sala pareció dar una vuelta completa y de no haber sido por mi autocontrol hubiera devuelto todo el contenido de mi estomago.

-Vamos, los chicos deben estar por llegar-. No supe muy bien a que se refería el doctor Mellark, simplemente me dejé conducir cuando su brazo rodeó mi cintura y de pronto ya no debía cargar completamente con el peso de mi cuerpo-. Rayos, necesito hablar con tu madre.

Peeta siguio diciendo cosas sin sentido para mi. En algún punto me desconecté de mi entorno para recibir completamente gustosa la inconsciencia que me alejaba del dolor y la preocupación.

Soy plenamente consciente de que quizá ya no haya nadie que quiera leer mi historia por haber desaparecido por dos largos meses y que tal vez las pocas personas que aun estén por aquí sientan deseos de matarme y créanme, es completamente entendible jeje pero en mi defensa solo puedo decir que graduarse de la universidad conlleva una gran responsabilidad. En otras palabras, soy una adulta "responsabe" que debe llevar el dinero a casa jajaja okay quizá dramaticé un poco pero bueno.

Chicos, el sistema pudo conmigo y ahora vienen los verdaderos juegos del hambre, por eso me desaparecí prácticamente en este tiempo y solo pude escribir en el poco tiempo libre que me queda, no les aseguro que pueda actualizar pronto pero haré todo los posible por que no sea hasta dentro de dos meses más jajaja.

Si aún están ahí afuera y leyeron esta nueva actualización, quiero agradecerles demasiado sus paciencia y sepan que son las mejores personas del mundo. Los quiero y gracias por seguirme aunque a veces no lo merezca jajaja

Besos!