XII. Ojos de serpiente.
Después de encontrarse con Ichigo el sueño de Rukia mejoró, aún así se despertó la primera y decidió devolverle el favor que el chico le había hecho el día anterior. Intentó hacer el menor ruido posible, pero no contó con que Kurosaki estaba en el salón durmiendo en una casa ajena: su sueño no podía ser muy fuerte. Así que al ruido y movimiento de la cocina despertó al pelirrojo.
-Buenos días –dijo el chico estirándose, echándose algo de café en una taza, una vez puesto comenzó a acariciar la espalda de Rukia.
-Buenos días, ¿has dormido mejor? –le miró de reojo, tenia el pelo tan despeinado como siempre. "Si nunca te peinas no puedes estar peinado" pensó la chica. Llevaba un pijama que bien podía parecer un chándal, así que no pudo meterse con él, como él había hecho con el suyo.
-Sabes que si –afirmó también con la cabeza- ¿sabes qué? -Rukia le miró directamente y levantó una ceja- eres demasiado mayor para llevar un pijama de conejos.
-Serás idiota –se rió.- Voy a despertar a Miyako, mientras puedes cambiarte de ropa en mi cuarto.
El desayuno fue todo lo tranquilo que la niña e Ichigo dejaron, se comportaban como si estuvieran todo el día jugando, pero a Rukia le hacía gracia. Kurosaki cumplió su promesa y acompañó a Miyako al colegio. Una vez allí, la niña alegremente lo paseó por el patio presentándole a sus amigas, y sobre todo a su mejor amigo: Daisuke, con quien la dejó ya que había sonado el timbre y tenía que entrar a clase.
-Es un encanto –le comentaba Ichigo a Rukia mientras se dirigían a la tienda.
-Si, lo es –pero la chica no pensaba exactamente en eso.- ¿Cuándo tienes que volver a Karakura?
-No te preocupes, me quedaré hasta que Byakuya esté aquí y pueda cuidaros, no os voy a dejar solas –se puso los brazos detrás de la cabeza, estaba algo nervioso y no sabía muy bien porqué.
-Aún no ha pasado nada, Ichigo, si tienes que irte, vete, no me gustaría causarte más problemas.
-Tranquila, no pienso marcharme hasta que estéis seguras.
La verdad es que su padre lo iba a matar, acababa de volver de Inglaterra cuando ya se había marchado. Para colmo manda a Tatsuki sola sin una sola excusa, sino con un mensaje para su familia: Ichigo lo explicará todo. Esa misma mañana llamaría y les daría alguna explicación.
No se dijeron nada más hasta llegar a la tienda, ambos tenían cosas en que pensar. Una vez dentro Ichigo anunció que ayudaría en todo lo posible, pero no sin antes salir a la calle para llamar a su casa. El tiempo que estuvo fuera fue el necesario para que Rukia arreglara un par de cosas, no tardó demasiado.
-¿Algún problema? –le dijo la chica que estaba colocando unos zapatos en su sitio.
-Ninguno –negó con la cabeza, se acercó a la chica y comenzó a besarle el cuello.
-Ichigo, tenemos que hablar de esto antes ¿no crees? –el chico hizo un ruidito que significaba "si" en algún idioma- Ichigo, quieto, Rika está a punto de llegar, de hecho debería estar ya aquí.
-Vale, vale –se separó lentamente y sonrió- ¿de que quieres que hablemos?
-Imbécil –le dijo mientras se colocaba detrás del mostrador y se sentaba en una silla, en cambió el chico decidió seguir de pie.
-No me importa que Miyako sea hija de Renji –dijo de sopetón, dejando a la chica algo sorprendida.- Puedo superarlo, no se aún cómo pero puedo –sonrió.
-Ichigo, Miyako… -el ruido de la puerta sorprendió a ambos cortando su conversación.
-¡Dios mío! –gritó Rika, nada más entrar sin percatarse de que el pelirrojo estaba en la tienda.- Esto es horrible, ¿Quién habrá sido el idiota que inventó los semáforos? ¿eh?
-Buenos días Rika –le dijo Rukia riéndose, su socia no le hacia el más mínimo caso.
-¡No aguanto más! –seguía diciendo mientras dejaba su bolso en el mostrador, ignorando a los dos chicos que la miraban- estoy así desde hace un buen rato, pero resulta que el semáforo de la calle mayor –gritaba ya desde dentro del almacén, pues iba directamente al cuarto de baño- no está bien hecho ¿dónde consiguieron el título los ingenieros que lo hicieron? Es más ¿quién fue el subnormal profundo que los contrató? –su voz sonaba amortiguada por la puerta del aseo, pero ella gritaba sin ningún problema.- No es normal que tengan a los peatones diez minutos esperando y luego para cruzar nos dejen escasos segundos ¡no es justo! –salió del aseo y se dirigió directamente a Rukia.- Voy a ir al Ayuntamiento a quejarme, ¡oh si, me van a escuchar! Si nos quieren matar que envenenen el agua ¡joder! Seguro que me duele menos que me pase un coche por encima mientras estoy pasando el madito semáforo.
Ambos chicos la miraban alucinados. Ichigo pensaba que no había nadie con peor humor que Rukia por las mañanas, pero estaba equivocado. Por su parte, Rika se sonrojó como un tomate al ver al chico, y mucho más aún cuando comenzaron a reírse los tres.
-Lo siento, perlirrojo, no sabía que estabas aquí.
-Nada, nada, ha sido muy interesante todo –le contestó el chico.
Ichigo había decidido ayudar a Rika y Rukia en la tienda, la primera estaba demasiado embarazada y le encantaba estar con la segunda. Ambas chicas parloteaban en el mostrador, y seguramente era de él –lo sabía-, mientras el chico se dedicaba a subir unas cajas a los lugares más altos de la tienda, donde Rukia tenía que usar escalera, ya que Rika no podía hacer más que despachar a la gente. Fue en ese momento cuando la campanilla de la tienda sonó, y todos miraron hacía la puerta.
-Abarai Renji –susurró Rukia, pero su socia pudo escucharla perfectamente, sabía a quien se refería.
-Hay algo que no puedes negar, Rukia –le susurró su amiga- te gustan pelirrojos.
Si las miradas mataran, Rika estaría muerta, pero ella no se dio cuenta, ya que le estaba haciendo un repaso exhaustivo al Teniente, y mentalmente lo bautizó como "pelirrojo dos", ya que "pelirrojo" estaba asignado a Ichigo. La originalidad nunca fue uno de los puntos fuertes de la chica.
-¡Renji!
-Hola Ichigo –dijo no muy contento el Teniente, y con la mirada buscó a la morena que saludó con la mano.
La chica se acercó tímidamente con los ojos muy abiertos, en cambio el chico siempre había sido mucho más efusivo, y sin pensárselo dos veces la abrazó fuerte y la levantó del suelo. En un principio ella se quedó algo sorprendida, pero después le correspondió el abrazo, mientras otro pelirrojo miraba la escena, algo triste, cargado de pantalones negros de la talla 40.
-Te he echado de menos, Rukia –dijo el Teniente.
-Y yo a ti, Renji –la chica sonrió mientras cerraba los ojos y apoyaba su cabeza en su hombro.
A Rika la escena no le gustaba, ni disgustaba, pero ella se había puesto del lado del "pelirrojo original" y aunque "pelirrojo dos" no estaba mal, ella ya había decidido cómo iba a terminar esta extraña historia. Así que concluyó que lo mejor era echarle un cable a Ichigo. Pero aún no tenía muy claro como, ya que ahora todos sus planes maquiavélicos se centraban en sentarse en el sofá y no morir en el intento, estar de pie la mataba, pero por nada del mundo se perdería esa escena. Así pues se sentó en un taburete alto que usaba Rukia, haciendo todos los equilibrios habidos y por haber, se apoyó en el mostrador y esperó con cara de embobada a que empezara el show. ¿Dónde estaban las palomitas de maíz cuando más las necesitadaza?
-¿Qué coño haces tu aquí Renji? –le preguntó Ichigo intentando así separar a los dos amigos que estaban abrazados.
"¡Buena pelirrojo! –pensaba Rika- ¡patéale el culo a pelirrojo dos! Yo estoy contigo."
-Me manda Kuchiki Taicho, –contestaba Abarai- he venido a cuidar a Rukia y a su hija.
-¿Lo sabes todo? –preguntó Rukia, pero el chico miró a la embobadísima embarazada y decidió que no era el mejor sitio para comenzar esa conversación.
-¿Podemos hablar en otro sitio? –dijo el Teniente.
-Si, claro –comenzó a decir Rukia.- Ichigo, ¿podrías quedarte con Rika mientras voy a casa con Renji?
"Tienes que hacer algo pelirrojo –pensaba la embarazada, pero su caballo ganador se estaba sumiendo en algo parecido a la tristeza.- Mierda, sino haces algo tú, lo tendré que hacer yo. ¡Para algo acabo de decidir que somos un equipo en esto, pelirrojo!".
-¡No! –gritó Rika sin saber muy bien como, la hormonas la estaban matando otra vez, y esta vez se prometió a si misma que una vez que tuviera el bebé se buscaría una vida y dejaría estas cosas para otro, ¿quién era ella para meterse en estos líos? Pero ya era tarde para echar marcha atrás, su pelirrojo la necesitaba.- No conozco de nada a Kurosaki-kun.
-Rika, él no te va a hacer nada –le dijo su socia- además, a veces te quedas con nii-sama cuando yo tengo que ir a por Miyako.
-¡Pero tu hermano es diferente! –desde luego que si lo era, pero tenía que inventarse algo mejor- ¡Estoy de siete meses Rukia! ¡No puedo salir corriendo si pasa algo! –empezaba su interpretación- Ya está, ya lo he dicho –cara de compungida- no me quiero quedar sola con alguien que no conozco.
-Si lo conoces, créeme, puedes fiarte de él.
-¿Y si me meto en la trampa para embarazadas? Él no sabe que es una trampa para embarazadas –le dijo señalando a Ichigo con el dedo.
-Te levantará, está fuerte –le dijo Rukia, con los brazos cruzados.
"Mierda" pensó Rika.
-No es lo mismo, no me quiero quedar sola con él.
-Vale, vale –Rukia también había estado embarazada, pero ni por asomo lo había pasado como su socia, era muy teatrera- está bien, pero al menos, quédate con Miyako a la hora de la comida para que pueda hablar con él –Rika puso cara de no estar de acuerdo.- Ichigo comerá con nosotros, tu y Miyako solas ¿de acuerdo?
-Está bien –sonrió, el equipo del pelirrojo había ganado un punto, o al menos eso pensaba ella.
-No hace falta, Rukia –dijo Kurosaki- ahora que está Renji para cuidaros a ti y a la niña yo ya no hago falta –dejó la ropa en su sitio, aún no la había soltado.- ¿Puedes dejarme las llaves de tu casa?
-¿Te vas? –le preguntaba una incrédula Rukia.
-Quédate, Ichigo –le dijo Abarai sin muchas ganas- voy a necesitar ayuda.
-No, Renji, tengo que hacer cosas en Karakura –le dio una palmadita en el brazo- cuídalas bien.
-Claro –le contestó el Teniente algo molesto, no quería ver a su amigo así, y no quería volver a pasar por todo eso otra vez.
-Está bien, acompáñame –Rukia se dirigió a la trastienda con Ichigo para darle las llaves y pedirle explicaciones.
-Vuelvo ahora y te las devuelvo –comentó el chico una vez en el almacén, mientras intentaba salir por la puerta de atrás.
-¡Espera! ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Por qué te vas? –comenzó a preguntar la chica.
-Ya no me necesitáis.
-Pero Ichigo, tú y yo, anoche… esta mañana…
-No puedo perdonarte Rukia, lo siento, no puedo con Renji aquí –comenzó a abrir la puerta- será mejor que me vaya.
Rukia se quedó de piedra en la puerta, no podía llorar. No, ahora no, con todos los problemas que tenía a sus espaldas. Tampoco podía estar más tiempo en la trastienda, Renji la esperaba fuera y tenía que pedirle explicaciones también a él.
