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Locura Maternal.

(Imaginemos que todo a nuestro alrededor es un completo silencio, que la voz del viejo Lord Voldemort es lo único que se escucha, es el mago oscuro quien nos está narrando este capítulo, por favor, intenten imaginarlo.)

Cuando la pérdida de un ser amado es inminente, el alma es la parte del ser humano que termina resintiendo el dolor, y a pesar de que todo mundo hemos perdido a un ser humano y llorado miles de lagrimas, sintiendo un gran pesar dentro de nuestras almas, ninguna tortura carnal ni mental, ni el dolor más allá de la locura a gracia de un hechizo imperdonable, se compara con el sufrimiento que una madre siente al ver perdido a su hijo.

Hermione empujó la puerta, las finas maderas crujieron, haciéndole parecer el gran tiempo que no fueron empujadas, la chica observó las sombras que habitaban en aquella dolosa mansión, dando un paso al frente y escuchando el sonar de aquel pequeño y gran paso, el frío de la antigua casa de Draco golpeo su rostro suavemente, pero, a pesar de eso, Hermione no podía percibirlo, todo era silencio, y el frío que sentía en el momento, no provenía del exterior…

Sino de su interior.

Miró para todos lados al encontrarse a mitad del pasillo, había cientos de puertas que la invitaban a entrar, cada una a una sala diferente, pero ella, girando violentamente de un lado a otro, sentía su cabello enmarañado golpear su cara, lo buscaba, y dio un paso más, la madre que sentía un enorme vacío dentro de su cuerpo, presintiendo la pérdida del hijo que no había nacido dentro de su vientre…

Y gritó su nombre con todas sus fuerzas, empuñando sus pequeñas manos, la varita de madera crujió ante la fuerza de su ama, y su magia fue transmitida al arma como una descarga eléctrica, en ese momento, la varita mágica, sintió el dolor de su señora.

Hermione lloraba desgarradoramente, gritando el nombre de su hijo perdido, y sabiendo quien era ella, los mortifagos que se encontraban ocultos bajo las sombras del lugar, le miraban con indiferencia, Lord Voldemort había ordenado que se le dejara en paz, que la sangre-sucia iba a encontrarlo dentro de poco.

Por otro lado, la mujer enloquecida intenta tranquilizarse al lanzar un juego completo de hechizos imperdonables a diestra y siniestra, varios de sus enemigos caen como moscas a su alrededor, mientras que la mantas oscuras se desvanecen bajo sus pies, descubriendo las identidades de cada uno de ellos, Granger les ve con asco, la indiferencia del ver a un ser inferior frente a uno se adueña de ella, y levanta la vista, dándose cuenta de que varios mortifagos intentan escapar, y el Avada Kadavra les arrebata sus vidas, Hermione sigue gritando el nombre de su niño, buscándolo por cada pasillo de la fría y desolada mansión, y la fuerza de su ira comienza a crecer a cada segundo que pasa sin tenerlo a su lado, grita y llora una y otra vez, jurando al captor del pequeño Tom, que moriría en sus manos; y continua caminando, buscando el mínimo movimiento de vida entre la oscuridad, cualquiera que se cruce en su camino está en peligro de muerte, no conviene a ningún mortifago cruzarse frente a Hermione Granger, la más poderosa Bruja de su generación, la más astuta, la valiente mujer que no solamente sabe ser noble, humilde, sino que la crueldad yace dentro de ella incluso antes de ser engendrada, la valentía se vuelve adrenalina, al igual que el amor se transforma en odio…

La locura de una madre a la que se le fue arrebatado su hijo, se vuelve un hecho inexplicable e inentendible, sigue viendo un aterrador silencio rodeando a Hermione, quien, a pesar de tener al hombre al que ama muy cerca de ella, la tristeza a invadido su corazón, busca y busca una señal de su pequeño, jurando a Merlín no encontrarse con su enemigo jurado, no sabiendo que hacer en caso que el destino les haga reunirse…

Su hijo.

Había entrado a la mansión Malfoy con la ira corriendo por sus venas, pero la soledad de aquella enorme casa, comenzó a aterrarle, logrando escuchar incluso, voces que no hablaban en realidad, sintió el lugar girar a su alrededor, ella, intentando y luchando por controlarse, tenía que recuperarlo o por lo menos, si algo le hubiera pasado, vengar su muerte, trayendo dolor al causante de tal perdida.

Cada palabra que aquel ser amado te dirige, regresa a ti una y otra vez, es tan clara el recuerdo de su voz, que el dolor se multiplica por mil, el corazón se te estruja y la intensidad por entender lo que pasó comienza a incrementarse a cantidades exorbitantes, y ella no entiende, que entre la oscuridad y el frío del cuartel oscuro, sobre el suelo oscuro y brillante, envuelto entre su nueva capa escolar, se encuentra el cuerpecillo de su hijo…

Mientras que en la lejanía, el mismo joven que se encuentra en el suelo sin vida, anda a pasos perezosos, un hermoso hombre de mirada profunda, brillante, tan azules como una estrella recién nacida, un azul turquesa que no es igual a ningún otra, pero su intensidad es aún más interesante mientras brilla entre las sombras y la tenue luz de Luna que entra del exterior.

Él la está esperando.

Y ella lo busca para entender lo que está sintiendo.

Comienza a subir las escaleras poco a poco, tiene prisa por buscar a su hijo, pero el dolor le impide a seguir continuando, algo dentro de ella le dice que de media vuelta y se marche, pero su deber como madre le da fuerzas para continuar, ese mismo amor maternal le empuja para seguir en sus cinco sentidos y no dejarse llevar por la locura que está a punto de vivir, el infierno que le fue preparado especialmente para ella, Hermione lo sabe, dentro de su privilegiada mente, las hipótesis de una muerte cercana están cada vez más creíbles, pero le es increíble creer que su hijo está muerto, su brillante cerebro es incapaz de enviar una imagen, Hermione no puede siquiera hacerlo, adelantar dentro de su mente, hechos que no quiere ver nunca.

Y de nuevo vamos al dolor que una madre pasa, es indescriptible y tan poderoso, que a los presentes les hace temblar, ver a una madre sufriendo por un hijo es como el m{as arrasador terremoto, lo mueve todo y desgarra todo…

Tom Riddle, aquel que se hace daño así mismo a causa de una obsesión, obtener todo lo que se le plazca es lo que lo lleva a auto dañarse, matar a aquellos que no siguen sus leyes ni su causa criminal, pero ah{i esta él aroma que logra embriagarlo. Sentado sobre la fina silla de madera, está el oscuro señor tenebroso en la espera de la mujer, pronto, en su mirada turquesa, se reflejara la silueta de aquel objetivo que tanto anhela tener solo para él…

Y escucha sus gritos desgarradores recorrer cada pasillo de la mansión hasta llegar a él, sus llantos lastimeros sacuden sus tímpanos y algo más que no logra identificar, y que poco le interesa, pero ella pronto está por encontrarlo sentado sobre la silla, con la capa dejando al descubierto su blanco y desnudo pecho, sus piernas cruzadas y con su mirada puesta en la puerta, esperando el momento en que sus ojos sean lo primero que ella vea.

Y la madre encontró el infierno.

La varita, siendo de madera muy trabajada, poseedora de una parte del alma del dueño, siendo receptora de la energía mágica, cae al suelo, la lentitud de la caída es silenciadora, pero la mirada perpleja de la madre es aún mucho peor; y sus marrones ojos reflejando el cuerpo del niño perdido ya sin vida, con su carita bañada de luz de Luna y sus manos extendidas a los lados, ella, guarda silencio y lentamente comienza a acercarse a su retoño.

El arma mágica cae al suelo, astillándose por el golpe, dando unos cuantos botes contra el suelo de mármol negro, rodando hasta perderse tras la estatua que en unos momentos, protegió y ocultó a aquel chico muerto.

Y se arrodillo a su lado, tomándolo entre sus brazos y usándolos de almohada para su oscura cabeza, sonríe, la locura comienza a transformarse en demencia, y el odio va más allá de lo entendible…

Y el canto de cuna comienza a sonar por cada pasillo y hasta el último rincón de la mansión, la voz de una madre herida que acababa de descubrir a su hijo muerto; y acercó su rostro a la del chico, meciéndose de adelante hacia a tras, usando su propio cuerpo como la cuna que nunca le dio a su hijo…

Muerto.

El pequeño Tomy estaba muerto.

Su fría piel comenzaba a palidecer, pero Hermione no pensó en nada más que darle calor con su propio cuerpo…

Y llora desgarradamente al saber que todos sus intentos por saberlo vivo son en vano, cada lagrima que baja por sus mejillas es tan fría cómo un tempano de hielo, su barbilla tiembla violentamente al igual que su espalda, sus rizos enmarañados cubriendo el rostro del niño que murió…

Aquel mismo niño que ahora era un hombre.

Y se puso de pie, cargando a Tomy entre sus brazos, mientras el peso de la muerte recae sobre ella, la tristeza se vuelve a{un más fría, más pesada…

Y ahí está.

Esperándola con los brazos cruzados en la puerta de entrada, y ella lo mira con sorpresa, pero poco a poco comienza a recuperarse de una tristeza enorme, pero no, no se recupera, la tristeza no se destruye, es como la energía, se transforma, dando forma a algo mucho peor…

Y deja su cuerpo en el suelo, Hermione busca su varita dentro de las bolsas de su gabardina oscura, pero ahí no hay nada, recordando que la había extraviado en el lugar donde se había encontrado el cuerpo sin vida de su hijo.

Y ella corrió hacia él, con el odio emanando por cada poro de su cuerpo, todo en ella lo odiaba, cada célula de su ser palpitaba en ira contra aquel monstruo, el cual se atrevía a sonreírle…

Podría decirse que la sonrisa de Lord Voldemort o como una mierda quieran llamarle, es tierna, pero Hermione no ve nada de eso, para ella, a unos cuantos pasos más, se encuentra el asesino de su hijo, el mismo hombre que se auto dañó para volverse aún más poderoso, el adulto que arrebató la vida a su infante para obtener un poco de poder…

Y ahí estaba ella, aferrada a su opaca capa que alguna vez fue tan negra cómo su alma, gritándole y zarandeándole de un lado a otro…

A fin de cuentas, Hermione Granger era como cualquier otra madre dolida por la pérdida de un hijo, en su cabeza no cabe la idea de una venganza planificada, sino que el momento de pedir que se le devuelva el objeto perdido, ha llegado, suplica y llora, grita y odia, pero su hijo jamás será regresado a sus brazos.

- ¡Devuélvemelo! – Y ella sabe que él le ha quitado una de las cosas que más ama en la vida, que él tiene el poder de devolvérselo si así es lo que él desea, no piensa ni tampoco lo ve como un ser mágico, para las madres que sufren por la misma perdida, el culpable siempre es un todo poderoso, un ser capaz de devolverle lo que quiere, más la realidad es otra, nadie tiene el poder para regresar nada, mucho menos un alma muerta.

Y ella recarga su frente en su pecho, ordenando, pidiendo, suplicando, rogando por que se le devuelva lo que le han quitado, pero Tom Riddle no es movible, lo hecho, hecho estará siempre, y aunque pudiera regresar a un niño tonto a la vida, Riddle no piensa hacerlo, no piensa convertirse en un segundo plano si regresa a ese niño con su madre, lo que él quiere ya lo ha obtenido, y ahí está, aferrada a su cuerpo, rogándole… suplicándole.

- Quiero a mi hijo, dámelo… ¡Quiero a mi Tomy! – gritó Hermione mientras zarandeaba a Riddle, este simplemente se dedicaba a mirarle, mientras que en sus labios comenzaba a nacer una cínica sonrisa de medio lado…

Salazar cerró los ojos, ya lo había intentado varias veces conectarse con Riddle, pero al parecer no era tan fuerte cómo para entrar al cuerpo del mago oscuro, Draco por otro lado, se dedicaba a mirarle, lo último que sabían de la castaña, era que seguramente había perdido el control de si misma, la perdida de un hijo, simplemente es causa directa de locura.

(A partir de aquí la narración es normal)

Se mordió el labio inferior con mucha fuerza y Riddle le vio sangrar, no decía nada, solamente estudiaba las reacciones de la mujer, pero algo raro pasaba mientras le miraba, sentía por Hermione sentimientos que no creía que su yo infantil pudiera contagiarle; sentimientos que le obligaban a protegerla de él mismo.

Hermione le veía con perplejidad, las manos le temblaban de purísimo odio, jamás había odiado a alguien con tanta fuerza, y no era para menos, Tom Riddle le había quitado lo que ella consideraba una de las personas más importantes de su vida; y en sus ojos marrones, se reflejaba la imagen del asesino de su hijo, y valga la redundancia, pero Tomy se había asesinado así mismo, Hermione, en el suelo, le miraba sin pestañear, mientras que a las afueras de la mansión, se encontraba Harry Potter y todos aquellos que deseaban una vez más acabar con Lord Voldemort.

El ejército oscuro apenas y estaba reclutando nuevos Mortifagos, cuando el ejército de Dumbledore tuvo las pruebas suficientes del regreso de Voldemort, Albus lo sabí9a cuando le vio, más le había costado creer, que el señor oscuro, había salido con vida de la última batalla, y ahí estaban todos, frente a la enorme casa.

Harry dio el primer paso dentro de los terrenos de la Familia Malfoy, que por cierto, el heredero había desaparecido sin dejar rastro alguno, junto con Salazar Slytherin y nadie sabía dónde diantres se habían metido aquel par.

Salazar cerró los ojos, estaba concentrado hasta la médula solamente para lograr entrar al cuerpo de Tom Riddle, Draco Malfoy se lo había dicho, que hacer aquello era insoportablemente difícil, que se necesitaba tener un control de la magia de un nivel muy alto, pero lo que el rubio no entendía quién era él, Salazar Slytherin, uno de los fundadores de Hogwarts y el máximo jefe de la casa Slytherin…

Draco se sobresaltó al verlo sacudirse un poco, se acercó al hombre que le había robado una oportunidad con Hermione, estaba ido y Malfoy sabía que el muy infeliz lo había logrado…

Lo primero que vio fue aquel oscuro pasillo, se estremeció al ver a Tomy a unos cuantos metros de él, su alma se estremeció al escucharlo decirlo…

- Mamá…- y Salazar lo supo, que la vida de Tomy se había apagado así como lo hacía una antorcha al ser bañada de agua, el hombre no lo sabía, pero sentía al seguir andando por entre los pasillos, que no era dueño del cuerpo, pero si podía ver lo que Riddle estaba haciendo, habían asesinado a Tomy.

Y siguió mirando oscuridad, hasta que se vio en la entrada de la mansión, justamente en medio de la oscuridad, fue en ese momento cuando le vio entrar al pasillo que conectaba con la salida, abriendo la puerta y permitiendo que la luz entrara junto con ella, su silueta oscurecida no tenía poder para ensombrecer su mirada llena de fuego, de amor, pero había algo más en ellos… algo que se llamaba tristeza… desolación.

- ¡Devuélvemelo! – gritó Hermione, ignorando el hecho de que su amado Salazar, se encontraba dentro del cuerpo de Tom Riddle.

Aquella palabra resonó una y otra vez, "¡Devuélvemelo!" "¡Devuélvemelo!", Hermione era entonces, como aquellas mujeres que perdían a sus hijos, su mirada desolada y llena de dolor se lo decían todo, la muerte de Tomy le había obligado a ver las cosas de una forma diferente.

Draco le vio abrir los ojos, sorprendiéndose por la claridad de la mirada, estaba furioso, lo sabía, no por nada se pasaba varios minutos observándole, había estudiado las reacciones de Salazar Slytherin, cuando el hombre estaba profundamente serio, su mirada azul se torneaba oscura, pero no llegaba a hacerlo tanto cómo las sombras, cuando Hermione estaba cerca, sus ojos marinos brillaban de una forma extraña, era cómo estar frente a un claro bajo la luna y sus aguas destellando en cientos de tonos de un azul precioso, pero cuando estaba triste o deprimido, sus ojos se volvían opacos, pero la peor mirada era esa, cuando estaba enojado, sus ojos brillaban de una forma que lo hacía parecerse tanto a él…

A Lord Voldemort. Y por alguna razón misteriosa, Draco Malfoy sentía la extraña sensación de que aquel hombre era por mucho, mucho pero que el Lord Tenebroso.

Salazar levantó la mirada hasta encontrarse con los ojos mercurio que caracterizaban a Draco Malfoy, Draco le respondió la mirada…

Y Salazar abrió la boca y soltó lo que había visto.

Los ojos grises de Malfoy se abrieron desmesuradamente ante la noticia, mientras que cientos de imágenes de Tomy corrían por su cabeza cómo si se tratara de una vieja película de rollo, Tomy sonriendo, Tomy haciendo pucheros, Tomy golpeándole la espinilla, Tomy con Hermione, Hermione envolviendo a Tomy en un envidiable abrazo… ahora entendía por qué Salazar estaba tan furioso…

- ¿Y Hermione…? – preguntó el rubio con su voz, ahora temblorosa, temb8iendfo lo peor.

Salazar no apartó la mirada, lo había dicho, su hijo muerto estaba ya, pero Hermione seguía allá a dentro con el monstruo que arrebató la vida a un niño…

- Está viva, pero no está bien… mucho menos a salvo…- respondió Salazar mientras se daba la media vuelta, allá a lo lejos, tras unos metros tras la arboleda, se encontraba la mansión Malfoy, donde se ocultaba su ahora, pero enemigo.

- ¿Qué haremos? – preguntó Draco mientras se acercaba hasta quedar a su lado.

Salazar no respondió en el momento.

- Torturarle hasta la locura…- susurró Salazar mientras cerraba los ojos, Draco se estremeció de pies a cabeza al verlo desaparecer dentro de una nube de humo tan oscura cómo la noche, le vio sobrevolar los cielos, alejándose de él lo más rápido.

- ¡SLYTHERIN!- gritó Draco Malfoy al verlo transportarse tan oscuramente, tan cómo los asesinos de Lord Voldemort…

Tan mortifagamente.

Hermione dejó de llorar, las lágrimas se le habían secado en las mejillas, dejando una textura pegajosa sobre su piel, Tom Riddle sonreía abiertamente, enseñándole a la castaña lo hermoso que podía ser cuando sonreía tan naturalmente.

Y la castaña se estremeció y se quedó de una pieza al sentir la calidez con la que Tom Riddle, le abrazaba, su rostro, pegado al pecho de él, sentía las palpitaciones de su corazón, y ella, la leona de Griffindor, seguía perpleja al sentirlo tan cálido…

- Puedo ser tan humano cómo cualquiera…solo tienes que estar a mi lado…- susurró Tom Riddle mientras levantaba el rostro de Hermione, la chica seguía perpleja, su mente privilegiada comenzaba a girar y a unir las piezas cómo engranes fusionándose al girar y girar…

Y ella no dijo absolutamente nada, solo sintió el frío recorrerla toda y la voluntad y fuerza abandonándola cómo dos grandes traidores…

Y la silueta del hombre y la mujer que únicamente se encontraban ahí, se ensombrecieron aún más al contraste de la Luna en la lejanía, al unirse en un frío beso que solo él podía ofrecerle…

Y la varita, extraviada entre los suelos de mármol negra, se sacudió violentamente, siento arrastrada con fuerza por entre los suelos, Hermione le vio cerrar y ocultar sus azules ojos turquesa bajo los parpados, ella siguió mirándole, escuchando los gritos de odio que el alma que yacía dentro de su arma, hacían eco dentro de ella, sus emociones estaban conectadas con aquella varita… la cual, en cuestión de segundos, ya estaba entre sus manos.

Harry y el resto del ejército dorado, puso un pie dentro de los terrenos a sabiendas que la Guerra estaba a punto de dar inicio una vez más, total, ya todo el mundo estaba alerta con lo que estaba pasando, y con varitas en mano, Harry Potter y los demás se lanzaron una vez más, contra Lord Voldemort, mientras que Salazar y Hermione, compartían el mismo dilema…

Hacer hasta lo imposible por vengar a Tomy. CONTINUARA.