Hola!
Aqui les traigo uno de los capítulos más esperados, I hope you enjoy it! y no olviden dejar reviews!
—Kufufufu~ asique esta es la famosa Miura Haru—dijo Mukuro observando con detención el rostro de la joven.
Haru se sentía un poco perturbada por la forma en que la miraban esos ojos bicolor, mezcla de picardía y confianza, por lo que no pudo evitar agachar la mirada con timidez, ante lo cual Mukuro volvió a levantar su rostro, posicionado su dedo bajo el mentón de Haru y empujando suavemente hacia arriba.
—No tienes por qué sentirte avergonzada, linda Haru. Supongo que te puedo llamar así, ¿verdad?
—¡Hahi!—hipó Haru.
—Lo tomaré como un "Hai"—sonrió.
Los ojos bicolor penetraron en los ojos achocolatados de la castaña, aunque solo fuera una mirada, Haru sintió como si esa mirada la desnudara y la dejara expuesta e indefensa ante todo peligro, bajando sus defensas para permitirle a Mukuro ver todo lo que hay en ella.
Hibari, que estaba apoyado contra la pared, pudo sentir la intimidad de la escena y en un impulso sacó sus tonfas, las mantuvo apretadas en sus manos, conteniendo el impulso de ir a golpear al cabeza de piña.
Por su parte, el peliazul observaba maravillado todo lo que el alma de la joven le ofrecía, los sentimientos traspasados a través de las ventanas abiertas de sus ojos. Como los distintos colores se mezclaban con un polvo astral que solamente se producía en una parte del universo.
—Que secretos más interesantes escondes detrás de ese angelical rostro, querida Haru—confesó Mukuro acercándose cada vez más al rostro de la aludida, hasta que una tonfa de metal le bloqueó el camino.
Mukuro levantó la mirada y vio a Hibari detrás de Haru, sujetando la tonfa que había colocado entre el malicioso rostro del cabeza de piña y la sorprendida expresión de Haru.
—¿Hay algún problema?—preguntó Mukuro.
—Sí—fue la simple respuesta de Hibari.
—No deberías interferir con una investigación de este tipo, Hibari Kyoya—el azabache mantuvo su firme postura.
—Hibari-san—pidió Tsuna con voz temblorosa y se encogió en cuanto recibió la afilada mirada azul grisácea.
Fue Haru quien apartó finalmente la tonfa de Hibari.
—Haru en serio desea saber qué hace aquí ~desu—pidió. Aunque en el fondo se sintiera feliz en este mundo, sabía que su presencia aquí era algo sobrenatural.
Hibari estaba lo suficiente molesto con Haru por haberse perdido, que pudo haberle desobedecido. También odiaba a Mukuro lo suficiente como para querer morderlo hasta la muerte aquí mismo. Pero, por algún motivo no podía moverse.
El cabeza de piña miró al cielo y se dio cuenta que las primeras estrellas comenzaban a asomarse.
—¿Qué deseas, Haru?—preguntó.
—Haru desearía saber por qué está aquí—respondió sin dudar.
—Pide algo más—insistió Mukuro—. Un capricho, lo que sea, mientras más estúpido sea mejor.
—¡Lambo quiere una montaña de helado!—dijo el pequeño Bovino saltando a los brazos de Haru.
—¿Haru desea un montón de helado para Lambo-san?—sonó más a pregunta que a deseo.
—¡Mas alto!—continuó el cabeza de piña—. Pídelo de verdad, con fuerza querida Haru.
Hibari quiso golpear a Mukuro, pero continuaba sin poder moverse. El cabeza de piña sabía que en cualquier momento la "alondra" lo iba a atacar, pero Haru había deseado que se quedara quieto para poder descubrir qué era lo que ocurría.
—¡Haru desea una gran montaña de helado!—gritó la joven castaña.
Y la magia se hizo presente. Como si se tratara de una película, un camión de helado chocó contra los pedazos de cocina que habían salido volando gracias a la bomba Pinzu.
Todos miraron sorprendidos como los barriles de helados caían todos apilados detrás de Haru, adoptando la forma de una montaña.
—¡Sí, son todos para Lambo-san!—gritó el pequeño niño, saltando fuera de los brazos de Haru.
Si I-pin hubiera estado aquí ella probablemente le habría dicho a Lambo que compartiera helado, pero en vista de que Hibari estaba aquí y la bomba pinzu podía activarse, ella y la mamá de Tsuna habían salido de casa.
—Kufufufu~ debo decir que me lo esperaba, me pregunto si hacer esta clase de cosas te desgasta a ti también, querida Haru—comentó Mukuro.
—¿A qué se refiere Rokudo Mukuro-san?—preguntó la joven.
—No deberías ser tan formal, querida Haru, considerando que yo te trato como una igual, por lo mismo me resulta curioso pensar si solo necesitas usar la magia de las estrellas o también es necesaria tu propia fuerza.
Hibari continuaba de pie junto a Haru, el cabeza de piña no estaba explicando bien o él estaba demasiado furioso como para entender. Intentó moverse, su cuerpo tembló ligeramente por el esfuerzo hasta que, al final, pudo acercarse para darle un golpe a Mukuro, que este apenas logró esquivar.
—Haz sobrepasado el hechizo—observó Mukuro.
Hibari estaba listo para aventarle otro golpe cuando un látigo rodeó sus tonfas y las sujetó para que no pudiera moverlas.
—Detente Kyoya—pidió Dino.
—Alejate de Haru—ordenó Hibari a Mukuro.
—Todo lo que quiero hacer es ayudar kufufufu~
El momento fue tenso, el único sonido que se escuchaba era el de Lambo disfrutando del helado, sin hacer caso a la peligrosa situación.
—Que bien que Dino-san trajo a uno de sus subordinados—suspiró Tsuna mirando a Romario, que tranquilamente se había preparado un café en lo que quedaba de cocina.
—Mukuro, explícanos que acaba de pasar—pidió Reborn.
—Ya he ayudado suficiente—respondió mucho—. Pero les aconsejo que se fijen en el cielo, ya que siempre que hayan estrellas todos los caprichos de mi querida Haru se harán realidad.
Ante ese comentario, Hibari no dudó en librarse del agarre de Dino y apresurarse en ir a por Mukuro. Inmediatamente Ken y Chizuka saltaron en defensa de su amo, dandole un tiempo a Mukuro para devolverle su cuerpo a Chrome.
—Asique estrellas—se dijo Reborn, hasta ese día solamente conocía a una persona capaz de comunicarse con ellas—. Espero que nos pueda ayudar.
La pequeña Chrome se levantó y miró confundida a su al rededor, Haru al verla corrió a asistirla, sintiendo una mezcla de lastima y compasión, a pesar de que ella aún no entendía bien qué estaba pasando.
—¿Te encuentras bien?—preguntó ayudandola a ponerse de pie. Chrome asintió con la cabeza, mirando el amable rostro de quien la asistía—. Yo soy Haru ~desu.
—Chrome—respondió la joven peliazul.
—Herbívora. Nos vamos—ordenó Hibari cogiendola del brazo.
Haru se volteó hacia Chrome para disculparse con la mirada. Ella le devolvió una sonrisa tranquilizadora, mientras que Hibari tiraba de la herbívora.
Chrome observó a Haru alejarse y por un momento sintió que esa desconocida la comprendía.
