XII. De decepciones, corazones rotos y desilusiones

"—Nuevas pruebas del gol han salido a la luz. Las protestas se han intensificado. En respuesta, Alemania ha comenzado protestas defendiendo el gol. Algunos manifestantes han comenzado a presentar actitudes extremistas. Antes de la declaración de paz, ambos países lucharon tres guerras. Algunas opiniones dicen que esta es la cuarta…"

Paul Hanbridge apaga la televisión con molestia. Realmente es tonta la manera en que las personas se unen en grupos para manifestar su molestia para algo tan trivial. Se arrepiente de haber sido tan blando con el pueblo de Appleton, no… con la ciudad de Appleton y también por no haber puesto mano dura en Inglaterra cuando empezaba su mandato.

Huele el cigarro del ministro de defensa Blackwell, uno de sus más valiosos colaboradores. Frente a él está su hijo, Andrew quién se limita a mirarlo y observar cada uno de sus movimientos.

—Es por haber seguido una política tan blanda. Nos creen débiles. Esto ya no es cuestión de deporte.

—Todo este país se está burlando de nosotros—dice Blackwell al tiempo que inhala el humo de su cigarro—, ¡tenemos que tener una posición fuerte e inquebrantable hacia ellos!

Andrew interviene por primera vez en el asunto, no quería decir nada al respecto y limitar su opinión para sí mismo sin embargo, escuchar hablar tan despreocupadamente a Blackwell le hizo sentir un nudo en su estómago, algo demasiado semejante al coraje.

—¿Eso es lo que cree? La relación que se logró recuperar con ellos después de tanto esfuerzo. ¿Realmente vale la pena perderla por algo como esto?

Blackwell lo mira fijamente, clavando su mirada en Andrew, en el heredero de una familia con siglos en la política. Aunque para el ministro de defensa, Andrew seguía siendo un adolescente más, un chico que no entendía el mundo de los adultos. Podría ser un prodigio y tener un futuro muy valioso por delante, pero ante sus ojos se trataba de un chico más que opinaba sin justificación.

—¿De nuevo piensas darme tus opiniones a mí?—Blackwell retira el cigarro de sus labios y lo sostiene con una de sus manos, haciendo que la habitación oliera a ese olor peculiar a tabaco, nicotina y más químicos.

Paul Hanbridge está atento a la escena que se desarrolla frente a él: su hijo disgustado y de brazos cruzados, mientras Blacwell parece darle un regaño de moral.

—Andrew—dice—, este no es un problema en el que tú tengas jurisdicción alguna.

Blackwell sonríe triunfante y termina de fumar su cigarro, lo entierra en el cenicero provocando que más humo salga; humo que se extinguirá eventualmente.

—Hazle caso a tu padre—recomienda, moviendo sus bigotes de un lado a otro para retirar algunas cenizas de la comisura de sus labios—. Lo que pasó en la Academia Appleton con esas brujas lo pasaré de alto esta vez—dicho eso, Blackwell se levanta de su asiento y se dirige a la salida de la oficina de Paul Hanbridge—, pero… si me das más problemas ni siquiera yo podré quedarme callado.

Andrew se mantiene firme, sus brazos están atrás de su espalda y sigue mirando fijamente a su padre, descubriendo que en su mirada no hay realmente algo que descubrir. Después de todo, ¿qué es lo que esperaba? ¿dar una opinión contra el gobierno de su padre? ¿darle una cátedra de política y relaciones sociales siendo él un simple adolescente?

Paul Hanbridge nota todo aquello en la mirada de su hijo. Lo conoce y lo desconoce al mismo tiempo, en algunos aspectos Andrew es un libro fácil de leer, sin embargo en algunos capítulos es complicado saber lo que realmente desea.

—No seas irresponsable—aconseja—, mientras sigas necesitando de mí para sacarte de problemas sigues siendo un niño. Tienes el deber y la responsabilidad de ser un gran político, digno heredero de la familia Hanbridge. Recuérdalo muy bien.

Ese ultimátum provoca que Andrew se sienta furioso consigo mismo. Cada que su boca emite un juicio —y aunque sabe que no debería decir nada— su padre comienza a reprenderlo. En el mundo de los adultos, él no es más que una sombra, un cero a la izquierda sin valor alguno solo ocupando un espacio.

El hecho de que su padre le recordara que él a pesar de todo lo seguiría necesitando para solucionar sus problemas lo hizo sentir peor. Eso significaba que aún no era lo suficientemente hombre para poder sentar cabeza, o tal vez, su padre estaba emitiendo su poder sobre él una vez más confundiendo sus pensamientos y llevándolo al mismo lugar de siempre: el sometimiento. Siempre haciendo lo que Paul Hanbridge le ha dicho durante años, siendo el modelo ejemplar que su padre siempre quiso que fuera. ¿Y eso era suficiente al final? Su boca quería emitir tantos juicios y su cabeza siempre le daba la contraria a su padre, ¿cómo retener todos esos pensamientos? ¿cómo detenerlos sin ser humillado en el proceso y haciéndole sentir tan pequeño y débil? ¿cómo?

"No pude responderle nada" concluye con el final de las horas, después de buscar soluciones a sus tantas inquietudes y preguntas "Si ella me viera, seguramente me diría cobarde de nuevo…"

Andrew mira el sombrero de Akko en una de las mesas de su habitación. Aquel sombrero que ella dejó días atrás cuando se la encontró por accidente rumbo a Escocia. Quería darle ese sombrero desde hace días, sin embargo buscaba un pretexto para hablar con ella. La sonrisa de Akko y la manera tan fácil en la que ella veía la vida le hacía creer a Andrew que no todo era tan oscuro como se veía. Cuando Akko reía y hacía bromas, él podía sonreír como un adolescente y no se sentía pequeño ni humillado a su lado. Cuando Akko le hablaba de sus sueños y aspiraciones, Andrew sentía una admiración grande por ella pues ella sí podía tener sus propias aspiraciones personales sin temer a la opinión de los demás. Akko le representaba cierta estabilidad en su vida.

Se sorprende a sí mismo de cómo puede cambiar de estado de ánimo tan fácil, pasando del coraje y frustración a la sensación de pensar en su siguiente movimiento para devolverle el sombrero a Akko. Pero mientras sigue pensando en todas esas cosas, escucha como algo aletea cerca de su ventana. No es como que aquello no pasara, sino que eso solo podía significar una sola cosa.

—Diana, has venido…

Desde que comenzaron a llevarse un poco mejor, —después de la muerte de Bernadette Cavendish— los dos desarrollaron una manera de comunicarse: las cartas.

A Diana siempre le fue tediosa la tecnología, no es que no supiera usarla, sino que para ella no era necesaria teniendo medios como la magia. Ella seguía aferrada al mundo sin tecnología puesto que había crecido con ese ideal. Andrew por su parte era más abierto al cambio y él sí usaba su teléfono celular.

Como Diana no lo usaba y Andrew sí, ella propuso un medio de comunicación que sólo ellos usarían. Andrew podía enviarle cartas por correo postal y ella las enviaría por medio de su lechuza, un ave que le era fiel a ella y a la familia Cavendish.

Andrew observa a la lechuza y le permite el ingreso a su habitación, afuera la nieve cae. Es temporada de nieve. El invierno ha llegado. Le sorprende la rapidez del tiempo, y como de un momento a otro las estaciones pasaron sin piedad alguna.

"Andrew,

Desearía decir que Carol McAllen es real, sin embargo no es así. He buscado en los registros y no existe una alumna con ese nombre. Estoy descartando la posibilidad de que te hayas equivocado al escribir el nombre. Creo que Paul Hanbridge está ocultado algo, es difícil de aceptar.

Mi madre alguna vez me comentó que Elizabeth —tu madre— jamás tuvo buenas amistades salvo ella. En un mundo de apariencias, tu madre contaba sus amistades con los dedos de la mano. Así que, ¿no es raro que tu padre diga que Elizabeth tenía buena relación con Carol McAllen? Piénsalo. Sigo creyendo que la persona en esa fotografía es mi madre.

Para finalizar con esta carta, me parece que hay más motivos por los cuales escribiste…

Responderé lo más rápido que pueda,

Saludos."

—Gracias por responder Diana—Andrew sostiene la carta en sus manos y mira a la lechuza y la acaricia un poco, se llama Lyria—, Lyria… ¿crees que puedas darle un mensaje a Diana? No tengo mucho tiempo para responder en papel.

El ave le contesta con ruidos que Andrew no comprende. No le toma importancia, él realmente nunca estuvo interesado en aprender el idioma de las aves a pesar de que Diana le sugirió aprender.

—Lyria, dile a Diana que por favor busque a Akko y le diga que la veo hoy en High Street a las 3 de la tarde.

La lechuza emite de nueva cuenta otro sonido y emprende su vuelo. Andrew guarda la carta en su bolsillo y no quiere abrirla pues aquello puede destruir sus esperanzas de saber la verdad sobre la relación de su padre con la familia Cavendish.

"Miss Kagari… Nos volveremos a encontrar…"

/ . . . /

—Miss Diana—dice Lyria al tiempo que picotea el umbral de la ventana de la habitación de Diana.

Ella ya estaba esperando por su regreso, aunque en el fondo temía que el viaje de Lyria se retrasase por el mal tiempo, la nieve nunca favorecía a las aveces.

—Lyria, ¿qué pasó?—Diana acaricia a su lechuza en la cabeza y le permite entrar para que así se refugie de la tormenta que está próxima a comenzar.

—Le he entrado al joven Andrew la carta que usted me entregó y… bueno, como siempre parece que no entendió lo que le dije.

—No es novedad—suspira Diana—, ¿leyó la carta?

—No, sobre esto… él pidió que le dejara un recado, lo diré tal cual como él lo dijo.

—Adelante Lyria.

—"Lyria, dile a Diana que por favor busque a Akko y le diga que la veo hoy en High Street a las 3 de la tarde"

Diana abre sus ojos con sorpresa y acaricia de nuevo a Lyria con desconcierto.

—¿Eso fue todo?

—Sí Miss Diana, espero le haya sido últil.

—Muchas gracias Lyria, puedes descansar.

—Como usted lo ordene.

Diana mira a la ventana y cómo Lyria se refugia en un árbol cercano. Siempre ha sido así, ella ha sido su mensajera durante años, y no sólo eso. Lyria es posiblemente el único ser que haya conocido a muchos miembros de la familia Cavendish y sus secretos.

"—¡Mamá, mamá!

Diana corría con rapidez y agitaba el vestido de su madre. Diana tenía cuatro años.

¿Qué pasa cariño?—Bernadette se agachó para mirar a su hija.

En aquél entonces, Bernadette tenía más vitalidad, su salud no había empeorado tanto. Por ello aún podía visitar los jardines de su hogar y cuidarlos.

Hay un ave con cara redonda en mi habitación, ¡hace ruidos raros!

Diana—Bernadette río y ocultó su sonrojo—, esa ave se llama Lyria y es una lechuza.

¿Lechuza?

Sí. Ella es una mensajera, bueno… en realidad es mi mensajera. Ha pasado de generación en generación en la familia Cavendish. Me parece que ha querido conocerte.

Pero… ¿y esos ruidos?

Creo es momento de que aprendas su lenguaje Diana…"

—¡Eso es!—Diana sale apresurada de su habitación mientras piensa en una posible solución a todo lo que pasa en la familia Hanbridge—, Lyria ha conocido a muchos Cavendish, por tanto sabe cosas de mi madre… Entonces puede que ella sepa algo.

Aquello la alegra, esa es la última pieza. Si Lyria sabe algo, se sabrá si su madre alguna vez tuvo una relación cerca de joven con Paul Hanbridge.

Pero…

Diana sostiene su cabeza entre sus manos y la masajea. Se ha dejado llevar por su propio impulso. Una vez que la euforia baja recuerda el motivo por el cual salió de su habitación: decirle a Akko que Andrew quiere verla. Aquello le hace sentir cierto molestar, ¿por qué Andrew quiere ver a Akko? No es común que él pida ese tipo de cosas a menos que fuera algo realmente importante. Pero… ¿qué?

Una vez que llega a la habitación de Akko se topa de frente con la puerta cerrada. Comienza a sentir un hormigueo en sus manos. Un debate interno entre decirle el mensaje de Andrew y no. Pero ella no sería capaz de traicionarlo, ni mucho menos.

Así que con un poco de incertidumbre toca a la puerta un par de veces. No tarda en abrirse la misma. Para su sorpresa, es Lotte Yanson quién abre. Es notorio ver el rostro de sorpresa de la bruja. Los ojos de Lotte se abren más de lo normal y da un par de pasos hacia atrás antes de poder hablar. Sin embargo, Diana se adelanta a cualquier cosa que Lotte pudiera llegar a decir, no quiere conversaciones alargadas de momento. Quiere ser directa.

—Hola, ¿Akko está aquí?—su rostro es imperturbable en ese momento, no como hace unos momentos.

Sucy es quién decide hablar, a pesar de estar concentrada en sus propios experimentos. Puede imaginarse el rostro de desconcierto de su amiga Lotte. Así que ella responde por ella.

—Has venido por Akko… ¿Estás planeando algo?

—Oye Sucy—dice Lotte, como algo muy semejante a un regaño—, Akko está con Úrsula-sensei en estos momentos.

Diana es ahora quién se sorprende de escuchar aquello. Ya que hila sus presentimientos y sueños sobre que algo no iba bien con el hecho de que Akko estuviera con Úrsula.

/ . . . /

Úrsula mira a Akko y escucha todos sus lamentos y preocupaciones. Ella le insiste en que está bien y que sus heridas físicas han sanado. Pero en el fondo sabe que el polen de Wagandea sí hizo su efecto en su capacidad de volar. No quiere decírselo a Akko, no puede. Así que finge no pensar en eso para reconfortar a Akko y darle seguridad, de ese modo podrá prepararse para la noticia que le está a punto de dar.

—La última palabra está en tu corazón—le dice, mientras prepara su lengua para su próxima confesión—cuando la séptima estrella brille tienes que decir la última palabra.

—¡Sí!

—Hay algo más que quiero decirte…

—¿Hay más cosas? ¿qué?

—Estuve pensándolo todo el tiempo. En que momento decírtelo. En realidad yo…

Sin embargo, en ese momento alguien llama a la puerta. Cortando la atmosfera recién formada de misterio y presión. Úrsula siente un ligero alivio pero a la vez frustración, ¿por qué cada que tomaba el valor para confesarle la verdad a Akko algo sucedía y lo impedía?

—¿Lotte, Sucy? ¡Diana!

Akko abre su boca de la impresión y se levanta del asiento en donde estaba descansando. Observar a sus tres amigas le da una preocupación, ¿algo habría pasado?

Sin embargo, Diana parece leer todos esos pensamientos y toma la ventaja de la palabra.

—Tengo un mensaje de Andrew para ti, quiere verte en High Street.

Sucy encara una ceja y piensa para sí que después de todo, alguien sí había logrado fijarse en Akko. Lotte, a diferencia de Sucy mira con preocupación a Akko, ¿vería realmente a Andrew?

—¿Cuándo? ¿Hoy?—pregunta con impaciencia.

—Hoy a las tres—contesta Diana con tono serio.

Akko ve el reloj de pared que se encuentra en la habitación de Úrsula, dándose cuenta que falta realmente muy poco para la hora indicada, poco más de media hora.

Úrsula desearía que no fuera, pero sabe que eso es inevitable. Ella cree en el destino, y si ellas interrumpieron no fue por mera coincidencia. Ya estaba destinado.

—Debes ir Akko.

—Pero Úrsula-sensei…

—Después retomaremos la plática que tenemos pendiente.

Akko asiente no muy segura, está nerviosa. ¿Por qué Andrew quiere verla? Por más que busca explicaciones no logra captar una que sea coherente. ¿Estará enojado con ella?

—Regresaré muy pronto sensei, lo prometo—dice Akko—, ¡Lotte! ¿Puedes llevarme en tu escoba?

—Qué remedio—murmura Sucy divertida.

—Sí, Akko.

Las tres se retiran de la habitación de Úrsula, sin embargo Diana se queda de pie observando a Úrsula con detenimiento. Algo dentro de su ser le dice que las cosas no están bien y que Úrsula sabe algo que ella no.

—Diana…—Úrsula nota la mirada de Diana y se siente ligeramente intimidada por ello— es raro que tú vengas aquí.

—Hay algo que quiero preguntarle.

Úrsula ríe para sí misma con nerviosismo. ¿Qué querría preguntarle Diana?

—Diana, me sorprende, ¿qué podría yo decirte? ¿tendré la respuesta a tus preguntas?

Diana aprieta sus puños con un poco de coraje.

—Sabe que una cantidad de magia incluso mayor que la de la Piedra Mágica se está reuniendo, ¿verdad? Estuve investigando y esto ha estado pasando desde que Croix vino a Luna Nova e instaló sus programas aquí.

Úrsula cambia su semblante nervioso por uno serio. Era de esperar que alguien tan inteligente como Diana se diera cuenta de las cosas.

—Usted conoce a Croix desde joven, así que pensé que podría saber algo al respecto.

Úrsula frunce su ceño y mira por una de las ventanas de su habitación la silueta de Croix. Aquello no le da buena espina.

—Lo siento, tengo algo importante que hacer.

Úrsula corre por costumbre por su escoba, sin embargo se detiene antes de siquiera tocarla. Regañándose mentalmente por aquello, por verse tan obvia y desprotegida. El hecho de que ella ya no puede volar.

—¡Sensei!

Diana nota aquello y concluye que hay una alta posibilidad de que Úrsula ya no pueda volar por el efecto del polen de Wagandea.

/ . . . /

Akko había llegado agitada a su encuentro. Justo a las tres de la tarde. En aquel momento, sintió su corazón revolotear como una pequeña mariposa, pues las palabras que Andrew le dijo se quedaron presentes.

"La felicidad debe estar en nosotros mismos, la alegría y todas las cosas que nos hacen sentir felices deben provenir de nosotros…"

Lo entendió, y sintió un alivio inmenso al saber que el chico cuyos principios se basaban en no aceptar ni comprender la magia por fin estaba entendiendo su mundo.

Sin embargo, cuando dieron las cinco, Akko observó un misterioso cubo. Ese cubo parecía desprender desgracia, maldad y sentimientos negativos. Así pues, Akko se despidió de forma rápida de Andrew y corrió detrás de aquél cubo.

Brincó, saltó y trató. Akko se alzó hasta donde sus pies pudieron sólo para tomar el cubo y sentir una sensación extraña invadir todo su cuerpo. Al tiempo que las manifestaciones en High Street aumentaban.

Lotte y Sucy vieron a Akko y le preguntaron qué sucedía.

—Es este cubo…—Se los mostró con duda y un deje de temor—, algo grave está ocurriendo.

No podía ser de otra manera. A Sucy y a Lotte les pareció familiar ese cubo, como si de un mal augurio se tratara ese pequeño objeto en forma de juguete. El miedo empezó a respirarse en el aire, como si se tratara de un gas, llegando hasta los pulmones e invadiendo cada terminal nerviosa.

Akko no quería perder el tiempo, así que nuevamente volvió a correr y se separó de sus amigas. Ellas no la vieron ni supieron a donde se escondió o a donde se dirigía. Akko las perdió de vista y no le tomó mayor importancia. Tenía que capturar todos los cubos, aquellos "juguetes" parecían conducir a Akko a un gran descubrimiento.

Conforme los minutos pasaban, el reloj marcó las siete. La campanada de alguna iglesia hizo resonar sus campanas indicando la hora. El cielo empezó a oscurecerse y de a poco, los gritos de enojo de la gente incrementaron.

—¡No fue gol, no fue gol!

Pero eso iba más que un simple sentimiento deportivo, más que una estafa o de que el otro equipo haya hecho trampa.

—¡Fue mano, no era gol!

Inglaterra tenía su pase directo al mundial 2018 en Rusia, todos lo decían, era obvio que ganarían. Sin embargo, aquél partido destrozó las ilusiones de un país entero.

Para Akko, aquellas protestas sonaban lejanas y seguía en busca de todos los cubos hasta que de repente, como una revelación en medio de la creciente oscuridad vio a Croix. Esa persona nueva que había llegado a Luna Nova con la firme promesa de regresar la magia con nuevos métodos. Esa persona que de alguna manera la motivaba a continuar, aunque si bien no la comprendía del todo más por lo sucedido en Wagandea.

Croix. Esa mujer que llegó de la nada, volando sin escoba. Esa mujer de cabello corto que parecía esconder un sinfín de secretos que personalmente Akko no quería atender. Ella estaba ahí, de pie y dándole la espalda.

—¡Croix-sensei!—gritó Akko para llamar su atención.

Pero ella no le dirigió la mirada, ni siquiera un poco. Quería su atención, ¿acaso ella no veía como todas las piezas de un rompecabezas social se estaban desboronando y desordenando? ¿por qué ella estaba tan tranquila en medio del caos naciente?

—Estos cubos, ¡mire!—los señaló, su dedo se movía tan rápido que parecía algo sobre humano.

¿Su respuesta? Fue una risa. No de alegría. Era diferente. Algo que Akko no conocía, un sentimiento nuevo estaba fluyendo en la atmosfera, no era tristeza, no era felicidad, era algo más.

—Buen trabajo—dijo ella, pero Akko no entendió a qué se refería.

—¿Croix-sensei?

—He desarrollado estos para poder transformar las emociones de otras personas en energía.

—Sensei… ¿usted?

Akko sintió como toda la felicidad que había sentido durante todo el día se estaba drenando poco a poco. Se estaba esfumando como una tormenta fuerte.

—No es lo que crees—interrumpió Croix—, yo sólo fortalezco su ira, ese sentimiento viene de ellos mismos yo no lo creo. Absorbo esa ira.

—¿Para qué?

—Las emociones humanas se pueden transformar a una energía mágica fuerte. Es una simple transformación, una reacción sencilla. Como hacer un pastel, tan simple como eso. Donde el ingrediente principal son los corazones de todas las personas del mundo, los tomaré todos para así poder absorber esos sentimientos: ira, odio, tristeza, envidia, miedo e inseguridad. ¿No crees que sea bueno tomar todo esto para convertirlo en energía mágica?

—¿Tomar esos sentimientos?—Akko empezó a sentir algo en su pecho, no era felicidad, dista mucho de ello. Es un sentimiento de desesperación y confusión al no comprender cómo es que la que consideró una maestra empieza a hablar de forma… casi malvada.

—La magia de todo el mundo se está perdiendo—explicó Croix con calma—, a este paso la magia desaparecerá de la faz de la tierra, nunca más será conocida y se cerrará un legado de miles de años de antigüedad. Es ahí donde entro yo, donde yo crearé una energía tan poderosa que reemplace a esa magia. En algún momento, el mundo será reorganizado y se reconsiderará la posibilidad de la magia nuevamente.

—¡Imposible, eso no es bueno! ¡No debe hacer eso!

Croix sigue dándole la espalda, y sin pensar continuó con sus palabras, las cuales empezaron a afectar a Akko. Quiere llorar, quiere hacerla entrar en razón, pero en el fondo hay algo que le dice que es inútil.

—¿Por qué? ¿Acaso no te importa que la magia se pierda?

—La magia no se extinguirá, ¡yo no lo permitiría!

—¿Ah sí? ¿Cómo lo harás? ¿Con tus sentimientos? Con ellos no cambiarás nada, debes actuar.

El corazón de Akko se estremeció con aquellas palabras y por un instante se quedó callada, sin argumento alguno para contradecir a Croix. ¿Cómo pretendía preservar la magia de cualquier manera?

—¡No es verdad! La magia es… está hecha para alegrar a las personas.

En ese momento, Croix le dirigió una escueta mirada acompañada de palabras que terminaron por romperla.

—Te pareces a Chariot, pensando tanto en sentimientos… ese fue el motivo de su fracaso.

Croix sonríe y mueve su mano para tomar su tablet y de ahí hacer una configuración. Akko no lo comprendió, pero en ese momento todos los pequeños cubos se unieron para formar una estructura grande, similar a la de una serpiente.

Trató de evadirlo, se movió y los esquivó, sin embargo más de un cubo logró golpearla y en consecuencia cayó al suelo en repetidas ocasiones. Eran golpes reales, eso ya no se trataba de un simple entrenamiento o juego, era la realidad. Akko no lograba entender qué es lo que ocurría, lo único que intuía es que estaba metida en el lugar incorrecto con la persona incorrecta.

Corrió y se aferró a la vida, aquella serpiente con extremidades se movió con rapidez y Akko empezó a sentir miedo. Un miedo real que iba más allá de lo emocional, el miedo a morir. El miedo a jamás despertar. Pues sabía que ese ataque no era solo una broma como las que hacen Sucy o Amanda. No. Eso ya no era un juego.

Era imposible escapar, estaba atrapada en un laberinto de golpes y caídas. La serpiente pronto se convirtió en una especie de araña que atrapó a Akko y desde luego que poco pudo hacer. No pudo hacer absolutamente nada, en ese momento volvió a ser una adolescente común, una adolescente sin magia y con miedos.

—Quédate quieta por un momento—ordenó Croix, dándole siempre la espalda.

Akko pensó lo peor, ¿Qué querría hacerle? Su corazón palpitaba dolorosamente y de forma inútil trató de zafarse de ese agarre de la serpiente, pero era en vano. Nada de lo que intentaba cambiaba la situación.

Todo pudo resultar trágico, sin embargo Úrsula llega como una heroína, una vez más ella va a su rescate. En los tiempos más difíciles ella aparece como un rayo de luz en medio de la oscuridad, ella le da ese sentido a la felicidad y la preserva. Ella logra rescatarla una vez más, sin embargo también tiene que luchar sus propias batallas.

La metamorfosis de los cubos son cambiantes, de un momento a otro son serpientes y al otro arañas. En una de esas transformaciones, Úrsula es absorbida y Akko se queda ahí de pie. Sin hacer nada, estupefacta y en shock. No puede gritar, sus cuerdas bucales han sido selladas como si se tratara de un conjuro mortal. Y es ahí donde lo impredecible sucede, donde dentro de la oscuridad crece la esperanza.

Ella sale, ella logra vencer a esa bestia cambiante y cuando sale al exterior Akko puede verla.

Ya no es más Úrsula.

Nunca más.

En su cabello, el que alguna vez fue color azul intenso se nota la coloración rojiza característica de aquella persona que Akko ha estado buscando por tantos años: Shiny Chariot.

Pero de repente, todo vuelve como era antes. Su cabello rojo desaparece por el de siempre, los ojos al descubierto son de nuevo ocultados bajo el cristal de los lentes. No entiende nada, ¿es Chariot o es Úrsula? ¿Fue una visión o es real? Akko se queda ahí en el piso, temerosa y débil sin saber exactamente qué decir.

—Al fin apareces—dice Croix, haciendo la apertura a un desenlace inesperado—, ¿piensas seguir estorbando Chariot Dunord?

—Sensei… ¿usted es Shiny Chariot?

Sus labios apenas y pueden pronunciar aquello, no da cabida a lo que ocurre. Quiere respuestas, las necesita ya.

—¿Al fin te diste cuenta? Te lo dije Akko, te dije que algún día la conocerías—Croix sonríe triunfante, dirigiéndose por fin a Akko y no mostrando su espalda—, la persona a la que tanto admiraste durante años, siempre estuvo a tu lado y te engañó todo este tiempo.

—Siento habértelo ocultado—La voz de Úrsula no suena igual, es diferente, una especie de enojo y tristeza se esconden—, hubiera querido decírtelo de otra forma. ¡Croix, debes parar esto!

—¿Detenerme? ¿Tú a mí? ¡Increíble! ¿No es algo hipócrita de tu parte? Sino mal recuerdo, tú hiciste algo hace diez años. ¿Por qué no se lo dices a Akko? El día en que Chariot desapareció de los escenarios, de la vida pública. Dile que le hiciste a la Luna. "Dream fuel spirit".

—Dream fuel spirit…

—Una magia que lograba convertir el poder de los sueños de las personas en una magia poderosa. ¿No te suena familiar Akko? Y entonces Chariot, ¿incluso así quieres detenerme? No somos diferentes después de todo.

—¿Hacer que el poder de soñar se volviera magia?—su corazón está destrozado, y aun así intenta averiguarlo todo.

Úrsula, o mejor dicho Chariot le dirigen una mirada de profunda tristeza a Akko, esos ojos rojizos le quieren decir tantas cosas…

—Así es, de eso se trataba—confirma Croix, destruyendo un poco más a Akko—, ahora entiendo por qué Chariot se preocupaba tanto por ti. ¿No te parece obvio? Viste alguno de los show de Chariot cuando eras niña, ¿verdad? El "dream fuel spirit" reunía el poder de soñar de las personas para convertirlo en magia, en pocas palabras, las personas cuyos sueños eran absorbidos perdían la magia. ¿Estoy en lo correcto Chariot? ¿Por qué no se lo cuentas a detalle a Akko?

Caos. Caos dentro del corazón de Akko y afuera de él. En el ambiente se respira la tristeza de un sueño roto anunciado. A las afueras la gente sigue manifestándose y en ese momento, la declaración de molestia en Inglaterra se declara. Ese día, en ese momento, siendo cuarto para las ocho los fuegos artificiales pintan el cielo. Pero no se trata de un día feliz. Es el comienzo de una guerra de poder, no sólo se trata del fútbol, sino que todo iba más allá, todo tenía su origen a muchos años atrás. La paz, el orden, la esperanza, la magia. Todas esas cosas estaban derrumbándose como en efecto dominó.

Y cuando el primer cohete estalla, la verdad se rebela.

—Cuando me enteré que habías asistido a uno de mis show no me lo pude creer, no quería creerlo. Sin embargo, lo confirmé al pasar los meses, al estar a tu lado. Y es probable, y es algo que pudo haber pasado, yo absorbí tu magia. El hecho de que no puedas volar, el hecho de que te cueste tanto trabajo todo lo relacionado a la magia… Es mi culpa.

Fuegos artificiales adornando el cielo oscuro, miles de estrellas en el firmamento. Gritos de gente en protesta. Pero dentro de todo el caos, Akko está ahí esperando otra luz, algo real. Se aferra a las pocas esperanzas que existen en su ingenuo corazón.

—No puede ser…—quiere quedarse con esa idea, de que todo es mentira, quiere sostenerse a ello como si se tratara de un bote salvavidas—, vamos Úrsula-sensei, está mintiéndome ¿verdad?

Su voz se rompe, pues en el fondo sabe que es verdad. Chariot no la mira a los ojos, ella le muestra su espalda. Pero puede sentirlo, es como si la viera de frente. Es sincera, no hay mentira en su voz. No hay rastro de engaño. Y aquello duele más.

Todos los recuerdos, todas esas cosas que la hicieron feliz. Esos momentos en los que la magia se volvió su única prioridad. Las sonrisas que todas en Luna Nova le dieron, las personas que conoció, las amigas que hizo. El esfuerzo que dio en cada uno de sus días ahí. La felicidad albergada en su corazón y esa singular alegría que desprendía cada día y cada noche sin importar que tan malo fuera el tiempo. Ese caos interno que nunca sobrepasó a Akko…

—No puede ser, es mentira. No puede…

Aprieta sus puños, es lo único que le queda en ese momento. Aferrarse a la tristeza, traición y soledad. Y se da cuenta que todos esos momentos parecen ahora ser manipulados por la nube negativa de la vida. Esas cosas que un día la hicieron feliz parecen espejismos. ¿Fueron reales?

La persona en la que más creyó, la persona que más admiró. La persona que le hizo renunciar a todo lo humano para estar en un mundo de magia y fantasía. ¿Valió la pena?

"No me olvides, el poder de creer es tu magia"

Su corazón termina por romperse. Los últimos fuegos artificiales son detonados y la colisión termina. El inicio del caos apenas comienza.

Akko entonces decide correr nuevamente. Correr hacia la nada. Se aferra a su sombra. Pues no hay quién la siga, no hay optimismo. En esta noche, al cuarto para las ocho el mundo de Atsuko Kagari, aquel mundo de felicidad y fantasía comienza a caer como un castillo de arena.


N/A ¡Woah! Estoy super emocionada, estamos a nada de llegar a los 50 reviews. ¡Muchísimas gracias! Digo estamos porque esta historia es de ustedes, y sin ustedes este proyecto no sería real. Agradezco cada visita, cada favorito, cada leído, cada review. De todo corazón se los digo.

Bien, quiero aclarar algunas cositas antes de pasar a los nuevos lectores:

1. Lyria es un personaje propio, es la lechuza que sale en el capítulo 22 de LWA, así que es algo cannon exceptuando el nombre. Como sabrán, es posible conocer el idioma de los animales, Diana lo sabría por supuesto. Así que este pequeño personaje (Lyria) cobrará protagonismo capítulos más tarde, de momento no diré más.

2. La última escena de este fic, está basada en mi propio OS "Caos en el corazón que alguna vez creyó" por si lo habían leído y les es familiar. Soy la misma autora. No es plagio ni nada. Solamente cambié la narración, ya que me gustó personalmente como planteé ese one shot.

3. En el siguiente capítulo habrá más sobre el encuentro de Akko y Andrew (pero a manera de recuerdo), así que no crean que me olvidé de ellos.

4. Por supuesto que habrá más drama y poco a poco se empezará a ver los elementos de romance.

Ahora sí, debo agradecer a los nuevos lectores:

"Guest": Jaja, Andrew x Akko 7u7, ¡muchas gracias por pasarte a leer y dejar tu comentario! Me es grato que la historia sea de tu agrado.

"Fer": ¡Saludos! Como ves, actualizo una vez por semana o a veces incluso hasta dos. Casi siempre actualizo de jueves-sábado. Gracias por leer y pasarte a comentar.

Bueno, ahora sí me despido de ustedes esperando que tengan un excelente fin de semana. Ya estamos próximos a acabar el fic... D':

Si les gustó, si no les gustó, si tienen alguna teoría o algo, sean libres de comentar y dejarme un review, se los agradeceré de todo corazón.

¡Saludos!