El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen, por el momento. Solo las personalidades y nombres de los pequeños hijos de los elegidos.


Pequeñas historias

~ Estrellas y luciernagas ~

La noche, despejada, oscura, con pequeñas estrellas dispersas en el firmamento la acompañaban en el silencio mientras intentaba, por fin, terminar de leer el extenso mensaje que su amiga Reiko le había enviado contandole —entre otras cosas— que había terminado con su novio.

Sentía pena por su amiga, ya que su antiguo "amor" no había sido especialmente… Bueno para ella y su manera de desenvolverse en ese campo específico.

Así que antes de que se decidiera a salir con Daiki, habían pasado un par de años… desde lo que ocurrió con el primer chico del que Rei había estado enamorada

La relación con Tensho Kido había condicionado mucho a Reiko —pese a que salieron por muy poco tiempo y terminaron por un gran mal entendido— porque le había enseñado que los sentimientos pueden ser muy fuertes pero los corazones, en cambio, muy frágiles.

Aquello había comenzado a cambiar desde que Motomiya había entrado en la ecuación pero... No era suficiente, aun tenían cosas que resolver.

Eso, sin contar las personalidad propias de cada uno.

No recordaba ver a una pareja pelear tanto y ser, a la vez, tan felices.

Aunque a veces podían ser exasperantes al discutir todo el tiempo, tenía que aceptar que no podía imaginarselos con otras personas. Reiko y Daiki parecían ser dos nombres destinados a quedar entrelazados…

Tenía que reconocer que el haber sido la causa mayor de esa relación contribuía a que no quisiera verlos separados.

Desvió el rostro después de enviarle una simple respuesta de consuelo que, esperaba, pudiese ayudarla.

Ella no podía darle muy buenos consejos porque no había pasado las mismas cosas que su amiga y, por supuesto, no podía ponerse realmente en su lugar. Pero intentaba ayudarla y comprenderla lo mejor posible.

Las cortinas de la ventana —mecidas suavemente por la brisa nocturna— continuaban abiertas, de manera tal que no impedían ver el paisaje que predominaba en el exterior.

La habitación de aquella casa —la de su abuela— daba al jardín, asi que tampoco se privaba de ver, especialmente por las mañanas, el verde del patio y el celeste del día claro.

Era una casa que, aunque no calificaría como grande ni espaciosa, a Hoshi Hida si le parecía cómoda. Además, en cada rincón le parecía percibir que había algo allí que gritaba "hogar acogedor"

Por momentos, deseaba que esa fuese su casa.

Caminó hacia la ventana y se recargó sobre el marcó, para respirar un poco del aire nocturno.

El suave soplo del viento le acarició las mejillas, logrando que algunos mechones de su cabello le danzasen sobre el rostro y ella se embelezó cuando la luna —dorada, redonda y enorme— apareció asomandose en el horizonte.

Sonrió cuando su mirada abandono el astro nocturno y admiró las estrellas desde su posición. Esos miles de pequeños puntos brillando desde el oscuro firmamento, incesantes...

Desde que su padre le había dicho cual era el motivo de su nombre, no podía sino sonreír al verlas.

— Hoshi, cariño, es hora de cenar

La figura de Ume Shimizu ocupaba parte del umbral de la puerta cuando se giró hacia la salida del dormitorio, de donde provenía la voz.

La muchacha de largo cabello castaño examinó a su madre con ojos críticos.

La veía aun más delgada que antes. Y eso la preocupaba.

Desde que sus padres se habían divorciado —cuatro años atrás— la muchacha vivía con el autor de sus días mientras su hermano, el pequeño Satoshi, estaba al cuidado de su madre.

Al padre de su medio hermano, Hoshi no lo conocía. Siquiera sabía su nombre. Tampoco le interesaba hacerlo, de hecho, y podía aceptar a Satoshi Shimizu porque sabía que era un niño inocente en toda esa ecuación desequilibrada.

Ume, su madre, por otra parte… Bien, en realidad, no podía decir que la odiaba porque sería mentira y ella no había sido nunca muy buena amiga del engaño y el embuste pero…

Pero le gustaría que su madre no hubiese hecho tanto daño a su familia.

No sabía exactamente como había sucedido —sus recuerdos de cuando tenía once años (e incluso antes) eran muy confusos— pero era obvio que su madre no se había separado de su padre cuando concibió al pequeño niño de cabellos trigueños y ojos café. Las fechas no concordaban del todo...

Y Ume tampoco había encontrado otra pareja. Estaba disgustada con su madre pero también sentía pena por su soledad. La misma soledad que veía en los ojos de su padre cuando hablaban al respecto (eran ocasiones muy contadas) porque Hoshi sabía que, pese a todo, ambos se querían. Sin embargo, sabía que su padre tenía sus límites y la separación entre ellos implicaba que algo malo había ocurrido...

Satoshi Shimizu era un niño encantador, con sus cinco años cumplidos… Y sabía que no podía describirlo de otro modo. Dulce, encantador… Algo inquieto…

Muy inteligente, además…

O tal vez era su orgullo el que hablaba al respecto luego de haber oído las fabulosas historias que narraba su pequeño hermano.

Reparó en que no había respondido cuando vio que su madre se adentraba en el cuarto — Enseguida voy.

Había ido a casa de su abuela materna esperando compartir un par de días de tranquilidad ese verano, no esperaba el ver a su madre allí.

No es que le disgustase, pero no se sentía del todo cómoda porque sabía que había sido intencional, porque quería hablar con ella... Quizás pasar tiempo juntas pero... Ah, no podía sentirse cómoda pese a que las intenciones de Ume eran buenas.

Además, estaba echando de menos a Koichi y, por supuesto, eso le molestaba y entristecía porque aun seguía teniendo presente que no había podido platicar con él. Y creía que era mejor resolver las cosas en su cara antes de mandar un mensaje... Pero lo echaba de menos y le encantaría llamarlo.

En realidad, no había querido irse de la ciudad peleada con él, pero como su padre había estado de tan mal humor por un caso del juzgado ese día, no podía haber salido de su casa para ver a su novio, y como el autor de sus días tenía que salir de viaje... Los planes se adelantaron… No pudo siquiera disculparse con él antes de salir de la ciudad…

Y por eso tampoco había podido dejar de pensar en el motivo de su desacuerdo.

La verdad era que había sido su culpa que discutieran, porque su novio no tenía culpa alguna del motivo de la pelea en sí.

"Deberías darle una oportunidad a tu madre, Hoshi. Casi no hablan…"

Koichi no comprendía que a ella le disgustaba que él se lo dijese… Sabía que tenía una mala relación con su madre... Pero que él se lo dijera le molestaba especialmente...

Porque tenía una familia tan encantadora…

Su padre, Takeru, un escritor que los salpicaba a todos con esa alegría de vivir en su mirada azul.

Su madre, Hikari, educadora, siempre paciente con su marido y sus hijos varones... Además de que ahora que estaba embarazada nuevamente — ¡Ya esperaban el número cuatro! (por eso todos decían que los Ichijouji pronto competirían por quien tiene más descendencia) — era más amable y cariñosa.

Tsubasa que no podía perder el encanto de la sonrisa y que estaba siempre listo, siendo capaz de dar sus consejos a quien lo necesite...

El pequeño Tenshi, con ese aire de misterio —tan parecido al de su madre, a decir verdad— y esa sonrisa tan parecida a la de su hermano mayor que era adorable.

Y él mismo, como para terminar de cerrarlo todo. Tan dulce, amable y encantador pero también tan decidido, tan encantador…

Suspiró, sintiendo que el rostro súbitamente rojo.

"Deberías darle una oportunidad a tu madre, Hoshi. Casi no hablan…"

Koichi tenía razón en sus argumentos, por supuesto. Aunque era obvio que no se refería a hablar del sentido práctico de la palabra.

Ellas se saludaban, platicaban, se contaban sus cosas…

… Pero no hablaban en el sentido real, en el sentido de contarse sus problemas, de reír por anécdotas, de llorar o simplemente conversar madre e hija...

Muchas veces… Le hacia falta.

Y... no podía ser. No como antes, al menos.

En esos cuatro años la distancia no había sido solo física entre ellas.

Hoshi lo sabía, sabía que cada día y con cada silencio, su relación con su madre… se disolvía.

No había hecho reparos en un principio. Asimismo, como ella vivía con su padre… Tampoco había comenzado a ver que eso estaba sucediendo.

No sabía si podría haberlo prevenido, además…

— ¡Hoshi! ¡Hoshi! — Satoshi entró en su dormitorio con una velocidad que resultaba hasta alarmante, casi atropellando todo lo que estaba a su alrededor (incluida su madre) — ¡Mira, estrellas que se mueven en el patio, afuera!

Levantó la mirada, confundida, hasta que sus ojos se fijaron en el jardín, a oscuras, que los esperaba fuera del cristal de la ventana.

Esbozó una sonrisa al contemplar las luces que se perdían entre las flores y las plantas.

— Son luciernagas — Musitó, con una suave sonrisa

— ¡No las Lucierganas! — Informó Satoshi — Vi una estrella allí — Señaló un punto alto en cielo oscuro, pero, entonces frunció el ceño, extrañado y confundido — Y se m ovió... Pero... Desapareció

— Era una estrella fugaz, entonces — Explicó la hija de Iori, mientras sonreía — Esas estrellas son las que conceden deseos.

— ¿Estrellas que condecen deseos? — Repitió, admirado, como si nunca hubiese oído ese termino. — ¿Y esos deseos se cumplen?

Hoshi se rió y, unos pasos más alejada, Ume compartió la sonrisa, admirando a la vez los rostros sonriente de sus hijos.

— ¿No pediste ninguno? — Inquirió la castaña y sonrió, inclinandose un poco hacia el pequeño — Deberías hacerlo, así veriamos si se cumplen...

"No se cumplen", pensó Ume, con amargura, cruzandose de brazos en silencio "Lamentablemente, no se cumplen"

— ¿Puedo pedir cualquier cosa?

— Lo que quieras — Comentó la mayor, aun sin comprender porqué dudaba tanto el pequeño — Pero tiene que ser un secreto. ¿De acuerdo?

— ¿Y puedo prestarle mi deseo a alguien?

— Yo creo que puedes hacer lo que quieras con tu deseo... Pero sería mejor que pidiese algo tú... Porque tú viste la estrella fugaz...

Satoshi asintió y, poniendose en puntitas para alcanzar el alto marco de la ventana, se dedicó a mirar el cielo unos momentos antes de cerrar los ojos y pedir un deseo.

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N/A: Supongo que escribiré un poco sobre el futuro de cada uno de los chicos y después regresaré al pasado y así... xDDD Satoshi significa "Mente ágil" y es el hijo de Ume, la ex esposa de Iori y Hayato, quien no tendrá mayor relevancia en mis historias futuristas.