Érase una vez ella

Sailor Moon © Naoko Takeuchi


El lunes por la mañana llegué extremadamente temprano a la escuela. ¿Por qué? El estúpido insomnio había logrado mantenerme despierto casi toda la noche.

Entré al salón vacío, por supuesto había sido el primero en llegar, y me senté en el lugar de siempre. Miré el banco vacío en donde Mina se sentaría en más o menos cuarenta minutos.

Recordé la noche del evento de caridad. Esa noche se habían dicho tantas cosas que no sabía cómo actuar con Mina cuando la viera. Porque indiscutiblemente, cuando la viera cruzar esa puerta y saludarme con ese abrazo empalagoso que tanto me molesta, ya no la vería igual que antes.

Ahora ella era, de verdad y con todas las letras, mi amiga. Y la verdad es que estaba aterrado. Era algo nuevo para mí.

¿Tendría que ser más amable con ella? ¿Tendría que hacer algo diferente? ¿Hablarle diferente? ¿Tratarla diferente?

Me sentía nervioso. Qué estupidez.

Además estaba la sospecha de que mi pelirroja pensaba que Mina me gustaba. Y aunque Mina me aseguró que ella se encargaría de hablar con ella, no me sentía tranquilo.

Recargué mi espalda en la silla y eché mi cabeza para atrás. La puerta se abrió súbitamente y me hizo enderezar el cuerpo de inmediato para saber quién entraba, con el miedo y nervio de que fuera ella.

– ¡Buenos días, enano! – exclamó Seiya animado.

– Hola – contesté a fuerzas. Él se acercó y puso su maletín en el banco a mi lado.

– ¿Qué te pasó? Te ves fatal –

– Pues casi no dormí – dije entre bostezos. – Tú en cambio pareces muy feliz. – dije pesadamente.

Él sonrió y me dio tres palmaditas en la espalda para luego recargarse en su banco. – Pues debo aceptar que lo estoy. Este fue uno de los mejores fines de semana de mi vida y, créeme primito, nada superará la noche del viernes–

– Ah… bien por ti – recargué mis brazos en la mesa y agaché la cabeza sobre ellos.

– Y a ti, ¿qué tal te fue con la loca? – preguntó despreocupado.

Alcé mi feroz mirada. – No le digas loca…– susurré amenazante.

– ¡Uy… perdón! Quien te entiende, tú mismo le pusiste ese apodo y ahora la defiendes –

– ¡Cállate! Estuvo… bien–

Seiya me miró como esperando más detalles. – ¿Bien? Pensé que estarías quejándote sobre el tema toda la semana. – dijo sorprendido.

Rodé los ojos con fastidio sin intención de responderle algo.

– Y, ¿de qué hablaron? Seguramente te estuvo preguntando cosas sobre mi ¿no? – dijo él muy seguro y orgulloso.

Lo miré y alcé la cara con una fugaz sonrisa de lado. – De hecho mi querido Seiya, Mina ha decidido olvidarse de ti, ¿cómo ves? – advertí, seguro de lo que estaba diciendo.

Seiya me miró extrañado. – ¿Olvidarse de mí? Ja, no lo creo– dijo con seguridad.

Mi primo tomó un pequeño objeto de su mochila y lo meció frente mis ojos. – ¿Ves esto? –

– ¿Qué es eso? – pregunté.

– Un llavero rosa de corazón –

Rodé los ojos. – Evidentemente, idiota –

– Mina fue a mi casa ayer, exclusivamente a entregarme este regalito, ¿cómo ves? Yo no creo que esto signifique que quiera olvidarse de mí, ¿o sí? –

¡Esa rubia loca y mentirosa! ¿No que iba a desistir? ¿Dónde quedó todo eso de la dignidad y no sé qué? ¡Bah!

Suspiré derrotado. – Bueno… y ¿qué con ella? –

Si Mina iba a seguir de perro fiel tras Seiya, se suponía que mi parte del trato era ayudar a que él se interesara en ella.

– Pues… nada – contestó desganado.

– ¿Nada? –

– Si te refieres a que si he sacado algo de ella, pues no, nada…–

Entrecerré los ojos al entender que se refería a lo físico. – ¿Te gusta? –

– Pues claro, es muy simpática, es divertida y además…–

–…se parece a Serena – completé. Seiya agachó la cabeza para después moverla asintiendo.

– No puedo evitar verla en Mina, por más que no quiera, Serena está siempre presente –

– Y ¿por qué no se lo dices a Mina? Dile que eres un caso perdido y que te deje en paz –

Seiya hundió más su rostro hacia el piso. – No puedo. Cuando intento decirlo, veo su rostro ilusionado y me acobardo… Además no puedo decir que no me gusta la atención que me pone –

– No seas egoísta Seiya. Cualquiera de las chicas de tu club de fans podría ponerte esa atención que tanto te gusta. Mina va en serio y me temo que si sigues con esto, va a terminar odiándote –

Seiya enderezó su postura y levantó sus brazos y entrelazó sus dedos detrás de su nuca. – ¿Acaso estás abogando por ella? –

Salté un poco y me levanté de mi asiento alisando el saco. – Claro que no. Solo opino por lo que veo–

Caminé con dirección a la puerta, necesitaba ir al baño y lavarme la cara para no caer dormido de repente. Mina entró cuando yo estaba por salir.

Me detuve petrificado al verla y recordar la noche del viernes.

Me miró y sonrió dispuesta a saludarme con ese abrazo incómodo y molesto al que estaba acostumbrada a usar todos los días por más que yo suplicara que no lo hiciera, pero vio a Seiya y fue como si yo hubiera desaparecido. Ella cambió de dirección y prácticamente voló hasta donde Seiya estaba.

Salí de ahí pensando en lo tonta que Mina podía ser. Pero bueno… ¡qué se le va a hacer! Al fin y al cabo no es mi problema y yo he advertido a ambas partes que lo que hacen no les llevará por ningún buen camino. Soy tan buena persona…

Iba por los pasillos aun medio vacios y oscuros debido a la temprana hora, cuando a lo lejos vi la inconfundible silueta de la dueña de mis tormentos. Kakyuu caminaba hacia mi dirección con pasos cortos y calculados y sosteniendo el maletín al frente con sus dos manos. Llevaba el cabello suelto y lacio que volaba de un lado a otro con su avanzar.

Me tensé de inmediato. No había nadie más en el pasillo entre ella y yo. Era obvio que ella ya me había visto y seguía su camino con la misma seguridad mientras que yo ya me había detenido y permanecía inmóvil a la mitad del pasillo esperando a que ella estuviera aún más cerca.

Iba a saludarla.

No me importó pensar en la posibilidad de su rechazo. Además, en tal caso, no había nadie que pudiera presenciar su desplante.

Por fin su cercanía fue suficiente para que escuchara mi voz. Inhalé aire profundamente.

– Buenos días Kakyuu –

Estaba seguro de que ella pensaba que algo había entre Mina y yo, y eso tenía que aclararse. Mi corazón latía rápido y nervioso, y aún más cuando pasaron dos, tres segundos y ella no respondió. Seguía caminando con la mirada puesta en mí.

Iba a ignorarme… de nuevo.

Repentinamente, se detuvo. Justo frente a mí, ella se detuvo sin separar su mirada de la mía.

– Buenos días – dijo suavemente.

¡Me contestó! Y esta frente a mí. De momento me sentí incapaz de contestar.

Ante mi silencio, Kakyuu comenzó a pasarme de largo sin que yo pudiera siquiera moverme.

Finalmente lo hice. Mi mano atrapó su brazo cuando ella estaba a punto de quedar fuera de mi alcance.

Kakyuu me miró sorprendida mientras yo permanecía cabizbajo con el rostro cubierto por los mechones de cabello que caían por él.

Escuché su respiración, estaba agitada, nerviosa. Justo como yo.

– Quisiera hablar contigo – dije al fin.

Ella no contestó nada. Simplemente dejó su mirada clavarse en mí.

– ¿No me contestarás? –

Ella siguió en silencio. Y así siguió el próximo minuto.

Solté su brazo, esperando que ella se alejara corriendo una vez que la liberara de mi agarre, pero ella no se movió. Siguió allí, aún en silencio.

Algunos alumnos comenzaban a pasar por los pasillos mientras los rayos de un tímido sol iluminaban pobremente el lugar.

Como siempre, los murmullos comenzaron a levantarse. Y ¿cómo no? Si estábamos justo a la mitad del camino, la ex pareja centro de los chismes, parados como zombis sin movernos ni hablar.

Escuché cómo dos o tres de sus amigas se acercaban exclamando su nombre. Cuando estaban por llegar a su lado, ella por fin habló.

– ¿Hablar de qué? Está claro a quién prefieres ahora –

Levanté el rostro impresionado. Tan solo vi como sus compañeras halaban de ella haciéndola caminar hacia su salón, mientras ella caminaba torpe y con su mirada aún en la mía.

¿A quién prefiero ahora? ¡Mierda!

Justo como lo pensé, Kakyuu pensaba que Mina y yo… pero, ¡por favor! Eso es tan absurdo.

Sin duda el tema debía aclararse. No podía esperar más. Tenía que ser hoy mismo.

*.*.*.*

Desgraciadamente el día pasó sin que yo pudiera verla de nuevo. Muy a pesar de que la busqué por todas partes.

Durante el receso, ella no estuvo en la cafetería. Tal solo logré ver a Mina, sentada incómodamente con las otras amigas de Kakyuu. Supongo que aun no se lleva muy bien con ellas.

Puse mis esperanzas a la hora de salida. Pero nada, no logré verla.

Estaba abatido.

Caminé con dirección a la salida.

A través del resplandor del exterior pude ver la figura de Mina esperándome en la puerta.

– ¿La encontraste? –

No contesté y seguí mi camino. No puedo entender porqué Mina adora hacer preguntas estúpidas. "¿La encontraste?" ¡Es obvio que no! ¡De haber sido así yo no estaría aquí y luciendo así!

– ¿Yaten? – insistió.

– ¿¡Qué! – contesté de mala gana.

– ¿Estás bien? –

Mina se paró frente a mí y puso sus manos sobre mis hombros.

Instintivamente con mi brazo empujé los suyos y me deshice de su muestra de preocupación. Odiaba que alguien sintiera lástima por mí. Además ella debería atender sus problemas más que los míos. Además, por ella Kakyuu creía cosas que no eran.

– Estoy bien –

Seguí mi camino decidido a largarme de ahí. Sentí los pasos de Mina tras los míos. No se detenía y me empezó a molestar. Me detuve de golpe y volteé para encararla.

– Y ahora ¿qué quieres? – dije con la cara dura.

– ¿Qué fue lo de en la mañana con Kakyuu? –

¿Mina lo había visto? Creí que se había quedado muy feliz con Seiya, después de ignorarme.

– ¿Todavía lo preguntas? –

– Pues si supiera qué pasó no estaría preguntando… –

La miré con cara de pesadez.

– ¿Qué no lo imaginas? ¿No has hablado con Kakyuu? ¿Dónde has estado todo este tiempo, Aino?–

Di media vuelta y seguí caminando. No podía esperar para llegar a mi casa y presentía que si seguía en ese lugar las cosas solo iban a empeorar. Mina siguió persiguiéndome.

– ¡Yaten espérate! ¿Qué está pasando? ¿Por qué estás enojado conmigo?–

– ¡Kakyuu piensa que tu y yo tenemos algo! ¡Tú ya lo sabías y me dijiste que confiara en ti, que tú ibas a arreglarlo y no has hecho nada! – grité soltando todo el enojo que llevaba dentro.

– Pero…–

– ¡Cállate! Eres una inútil y una mentirosa. ¿No habías dicho que dejarías de rogarle a Seiya? Hoy llegó a presumirme el llavero que fuiste a dejarle ¡hasta su casa! Y encima, llegas y te vas ¡directo a él! Me ignoraste por completo Mina para ir a saludarlo a él…–

– Pero…–

Di media vuelta y seguí mi camino de prisa, dejando a la rubia hablando sola. En realidad no me interesaba nada de lo que pudiera decir esa tonta. Mina corrió a ponerse frente a mí para volver a poner sus manos en mis hombros. Me miró fijamente y se puso seria, raro en ella.

– Yaten, hablé con Kakyuu. Ya le he explicado todo y ella lo entendió. De hecho, te conseguí una cita con ella mañana después de clases. Quiere hablar contigo…–

Creo que no salté y grité porque no soy un ridículo como ella pero esa noticia me puso extremadamente feliz.

– Ah… ok – dije tratando de lucir sereno.

– Y bueno, lo del llavero… era un regalo que ya había comprado desde hace tiempo exclusivamente para él y sentí que debía dárselo. Quise deshacerme de todo lo que me hiciera seguir obsesionada con Seiya…–

– Y entonces, ¿qué pasó en la mañana? –

Mina bajó sus manos y comenzó a frotar una contra otra, nerviosa. Bajó la mirada.

– Uhm… bueno, siento haberte ignorado. Es que en realidad no te ignoré, fue solo que, uhm, no supe qué hacer…–

– ¿Porqué? – pregunté nervioso, suponiendo que ella sentía la misma incomodidad que yo.

– Bueno, no sé… Es que siento que me conoces tanto que me da pena…–

La rubia agachaba el rostro rojo como tomate. El mío estaba justo igual.

Suspiré levemente y traté de dejar esas tonterías atrás y recuperar mi compostura antes de que ella subiera su vista a mi enrojecido rostro. Bajar la guardia ante Mina no era algo que no hubiera hecho antes, pero definitivamente odiaba pensar que se me estaba haciendo costumbre. No me sentía a gusto siendo vulnerable, por lo que mi escudo en seguida volvió a protegerme. Además, ¿ella había dicho que tenía una cita con Kakyuu mañana? ¡Eso sí que era importante!

– Entonces, mañana después de clases…– dije al fin.

– Si, eso dijo –

Sonreí victorioso. Por fin, después de tanto esperar, veía algo de resultados del "trabajo" de Mina. Tal vez debería pedirle disculpas por gritarle… Nah, no creo que esté enojada.

Inhalé aire y lo exhalé con alivio. – Bueno, entonces me voy a casa. Adiós Aino–

La rodeé y seguí caminando lentamente. Algo me hizo voltear a verla.

Ella seguía de pie ahí, justo donde la dejé, con la mirada perdida en el suelo y la expresión pensativa que rara vez se le ve. Me extrañé y regresé a ella. Puse una mano sobre su hombro.

– ¿Mina, estas bien? –

– ¿Por qué quieres regresar? – dijo ella de la nada.

Jamás esperé que ella preguntara eso justamente ahí, en ese momento, así.

– Porque la quiero…–

En su rostro se dibujó una expresión que no esperaba. Mina me miraba examinando bien mi rostro, como buscando algo en él. Comencé a sentirme incómodo.

– Ven, vamos a sentarnos – Jalé su saco y la llevé hasta una banca cercana. Mina se sentó y continuó mirándome.

– Pero ella te ha tratado muy mal… ¿Qué es lo que ella tiene que te hace quererla tanto como para aguantárselo? – dijo con confusión, intentando entenderme.

– No lo sé. Es patético ¿no? – pregunté mirándola mecer sus pies en la banca. Ella sonrió.

– No soy quién para juzgar, ¿no crees? –

– Tienes razón – finalicé cruzando ambos brazos sobre mi pecho.

– Aunque… supongo que al final somos un par de patéticos chiflados– dijo y me aventó una de esas sonrisas tan cálidas y características suyas.

Me hizo sonreír. – Supongo que sí –

Ella se levantó y estiró sus brazos al aire relajándose y volviendo a ser la misma de siempre. Me levanté también.

– ¿Te llevo a tu casa? – ofrecí.

– No, es un buen día para caminar ¿no? – sonrió. – Gracias–

Mina cogió su maletín y caminó por el camino que llevaba hasta el portón de salida del colegio. La observé alejarse con su andar alegre y animoso, con la melena dorada brillando bajo el sol de las tres de la tarde. Se veía tan feliz que cualquiera que la viera creería que nada la atormenta. La miré hasta que desapareció al doblar la esquina.

Una ráfaga de aire golpeó mi cara y sin pensarlo tomé mi teléfono celular.

Residencia Kou, buenas tardes

– Soy Yaten…–

¡Oh joven Yaten!, ¿qué ocurre? ¿está usted bien?

– Lo estoy. ¿Puedes pedirle a algún chofer que venga a recoger mi coche al instituto? –

– Claro que sí. ¿Le ha fallado el coche, joven? –

– No, es solo que… es un buen día para caminar –

Colgué el teléfono y disparado corrí hacia donde ella había desaparecido.


¡Hola chicaas!

Ya sé, tarde mil años o bueno al menos bastantitos meses, y les pido una DISCULPA por eso

Pero como dije un día, noo dejare inconclusa esta historia.

Estaré subiendo otros dos por estos días :)

Ojalá tengan chance de leerlos y comentarme

Graciaas