Samantha y Santana arribaron al departamento luego de un largo día en la ciudad. A la modelo no le gustaba mostrar el cariño que le tenía a su perro, pero esa tarde, no dudó en saludar a Mika con ternura cuando el animal se acercó para recibir su saludo en forma de caricia.
"¿Tienes hambre?" Preguntó la mujer mientras se quitaba su abrigo.
La niña acariciaba el dorado pelaje del labrador con un poco de pereza y ese estado de ánimo parecía ser trasmitido al perro, pues había adquirido una extraña pasividad.
"No," susurró la niña, "¿puedo ir a descansar? Me siento algo cansada."
La latina observó con detenimiento a la castaña. Había algo que le tenía intranquila; estaba acostumbrada al ligero tono pálido de su piel y a sus oscuras ojeras, sin embargo, había algo más, era como si sus ojos reflejaran algo fuera de lo común, algo que no estaba bien y su voz la delataba, era débil, convaleciente. Algo dentro de ella le gritaba que Samantha no estaba diciendo algo importante, pero al mismo tiempo, esa misma vocecita le susurraba una silenciosa e inquietante respuesta. Con cautela, se acercó a la castaña, se arrodilló frente a ella y luego acarició su cabello, "¿te sientes bien?"
Sus ojos cafés miraron con suma consternación a los verde-olivo. La niña sabía que debía decir la verdad, pero no se sentía dispuesta; no se sentía mal, se sentía muy cansada, una clara señal que sí, algo andaba mal con su salud. "Sí," respondió Samantha, "es sólo que me cansé mucho…" en sus labios se dibujó una sincera sonrisa, "pero valió la pena. Me divertí mucho."
La mano bronceada de Santana tomó la de la pequeña con firmeza, aceptando la respuesta, pero no se convenció del todo, "ve a descansar, cualquier cosa, sólo llámame ¿ok?" La modelo se puso de pie para luego besar la cabeza de la niña, dándole a entender que ya podía retirarse. Su mirada siguió la menuda figura de Samantha. Sus ojos miraron a su perro, quien no había abandonado su lado, "ve con ella," ordenó la morena y, en seguida, Mika siguió a la castaña.
Santana se sentó en uno de los sillones de la sala mientras recordaba que aún debía hablar seriamente con la niña, era necesario, pues si su estancia en el departamento – y en sus vidas – se extendía, sería muy difícil separarse de ella. Aunque, las palabras de Emily la estaban incomodando demasiado, ¿qué tal si de verdad sufría maltrato y por eso había huido? Esa conjetura era muy posible, pues esa mañana ella también había visto los moretones, pero no podía descartar las muchas otras explicaciones, después de todo era una niña; además, su comportamiento tan extrovertido indicaba que gozaba de un estado emocional normal.
Spencer la mataría si no obtenía algo de información ese mismo día. Había tenido mucho tiempo para hablar con Samantha, pero su mente se había distraído, no podía creer que museos y zoológicos fueran tan divertidos… quizás no lo eran y todo había dependido de la compañía de la niña. Santana suspiró con cansancio, aún tenía tiempo para interrogar a su pequeño huésped, pero por ahora se dedicaría a la tonta tarea de lavar la ropa, si no su esposa se enfadaría y la castigaría con el horroroso celibato, el cual no había practicado en casi una decena de años… una sonrisa se dibujó en sus labios pues sólo una persona había logrado que la modelo practicara la abstinencia por decisión propia, había sido difícil, incluso doloroso, pero lo había hecho para demostrarle que su existencia y su relación con ella no dependía del acto sexual. Al final, ambas habían fallado, se habían entregado la una a la otra en señal de despedida.
Los primeros años fuera de Lima, Santana se preguntó qué habría sido de su vida si hubiera aceptado sus sentimientos y su sexualidad desde el principio, ¿las cosas habrían sido diferentes? ¿Habrían vivido un épico romance? ¿Seguirían juntas? Esas preguntas jamás tendrían una respuesta y, al final, dejó de cuestionarse suposiciones, ya que su vida tomó un rumbo que le satisfacía; quizás al principio fue difícil, el glamour y la fama la cegaron y la pervirtieron un poco; sus primeros años como modelo fueron los más difíciles y no por la presión de la profesión, sino porque le costaba trabajo mantenerse sobria y en sus cinco sentidos. El alcohol, el sexo y las drogas no fueron el camino indicado para ser una persona con una alta autoestima , su felicidad la encontró cuando se reivindicó, cuando pudo renunciar a todas las adicciones potenciales, cuando pudo llevar a cabo relaciones estables y, finalmente, a que conoció a su Emily.
Ahora debía dedicarse a su esposa, a formar una familia con ella y a vivir la vida de un ama de casa. Sus ojos cafés miraron la ropa que debía ser lavada; la separó por colores y revisó que no tuvieran nada sorpresivo que pudiera arruinar las cargas, ya le había sucedido una vez con su sostén favorito color rojo, el cual se coló en la ropa blanca… ese día su madre se enfadó mucho y la llamó buena-para-nada. No volvería a suceder.
La ropa de Samantha apareció en el cesto, una sudadera con un gato en el frente, una playera de manga larga color rosa con una flor morada en la parte inferior derecha y un par de jeans. Sin pensarlo, sus delgadas manos comenzaron a revisar los pequeños bolsillos delanteros, extrayendo unos cuantos dólares y un grueso pedazo de papel doblado. Sin darle mucha importancia, colocó el dinero en uno de los estantes superiores, pero su par de ojos miraron el papel, la textura era lisa y era fácil adivinar que era papel fotográfico; tal vez era una fotografía de sus padres… con lentitud, desplegó el objeto y sus ojos se abrieron de par en par cuando observaron la imagen.
Su mente entró en un estado catatónico, sus ojos estaban fijos en una joven Brittany quien tenía su mejilla adherida a la de su mejor amiga. Santana recordaba esa fotografía, solía tener una copia, pero había sido desechada – al igual que el resto de sus recuerdos. Su cuerpo experimentó un escalofrío que recorrió su piel, erizó cada poro y le hizo sudar en frío. Su vista miró hacia la puerta del cuarto de lavado, como si en cualquier momento la rubia de la fotografía fuera a aparecer como por arte de magia. Los músculos de su quijada que tensaron y sobresalieron de la delgada piel; sus ojos se humedecieron cuando su mente analizó el nombre de la niña: Samantha Abrams.
Abrams… Abrams… Abrams…
Ella era su hija, de ambos… habían tenido una hija juntos. Ella tenía nueve años… ni siquiera esperó… ahora muchas cosas tenían sentido…
Un paso tras otro la sacaron de esa habitación, sus piernas temblaban mientras se dirigía a la alcoba en donde descansada la niña. Sus ojos no podían enfocarse en otra cosa… ¿qué estaba haciendo aquí la hija de ellos? ¿Qué pretendía la niña?
La puerta estaba abierta, mostrando que la pequeña yacía sobre el colchón en posición fetal. La modelo abrió la boca pero no emitió ningún sonido. Sus ojos cafés estudiaron a Samantha y notaron de inmediato que no tenía ningún parecido con Artie. Su piel era bronceada, a diferencia de la de Artie o Brittany, pero no tan oscura como la suya propia; no tenía los ojos azules de ninguno de los dos y definitivamente no poseía rasgos de su antiguo compañero. Pero sí tenía algunas semejanzas con Brittany… esa niña no era hija de Artie Abrams, pero usaba su apellido… ¿acaso Brittany le había sido infiel? ¿Con quién?
Samantha abrió los ojos al sentir una mirada insistente sobre ella; la latina la miraba de una manera diferente, como si estuviera herida, sus ojos expresaban dolor y decepción. La castaña se incorporó con dificultad, se sentía mareada y con unas desagradables náuseas.
La modelo se recargó en el marco de la puerta, sus dedos índice y medio prensaban la fotografía, la cual miró por instante para luego mostrársela a la pequeña.
"¿Quieres explicarme que significa esto?" Su voz era calmada y apenas audible.
El corazón de Samantha comenzó a latir con rapidez, había olvidado la fotografía en sus pantalones y ahora debía explicar todo. El estrés provocó que el flujo de sangre corriera con más rapidez y que una presión se dejara sentir en la parte frontal de su cabeza y en su tabique nasal.
"Yo…" La castaña no pudo terminar su respuesta, sentía que el aliento se escapaba de su ser con mucha rapidez.
"Ella es tu madre," afirmó la morena sin desviar la mirada, "¿tienes idea de lo que mi mente se imaginó cuando Emily y yo te encontramos?" La mujer se acercó, su mirada no era agresiva y sus palabras no eran ofensivas, Santana le estaba reprochando a una niña de nueve años, "pensé lo peor, Samantha." Un incómodo silencio nació cuando la latina colocó la fotografía en mano de la niña, "pensé que tus padres eran unos… unos desobligados. No puedo creer que me hayas engañado."
La castaña negó con la cabeza y cuando trató de tocar la mano de la modelo, ésta la rechazó. El rostro de la niña estaba sorprendido, sus ojos verdes miraron atónitos a Santana… esto era lo que no quería, el rechazo de su otra madre. Quería pronunciar una disculpa pero la presión de su cabeza iba en aumento, su vista se nubló, pero se rehusaba a desmayarse.
"Brittany debe estar desesp…" Santana observó con detenimiento a la pequeña, un delgado hilo de sangre comenzaba a fluir de su nariz, "¿Sam?"
"Lo siento," susurró Samantha antes de caer al suelo inconsciente.
La otra mujer corrió hacia el cuerpo de la niña, notando que el flujo no era mucho pero, a diferencia de la vez anterior, había perdido por completo el conocimiento, "¿Samantha?" Con un poco de desesperación, la mujer sacudió con cuidado el rostro de la castaña para poder despertarla pero no tuvo éxito, "por favor, reacciona," su voz comenzaba a aumentar de volumen por la desesperación, "no me hagas esto, Samantha, ¡reacciona!" Su tersa piel se sentía fría y la respiración era muy lenta, no tenía idea de qué era lo que ocurría, pero era una emergencia…
"911, Emergencias. ¿En qué podemos ayudarle?"
A Santana le temblaba la mano que sujetaba el móvil, "soy Santana López y m-mi…" ¿su qué? La modelo no sabía qué decir, se había petrificado ahí, en el suelo, sujetando el cuerpo inconsciente de la niña contra su cuerpo sólo con el brazo izquierdo.
"Señorita López, ¿cuál es su emergencia?" La voz de la operadora sacó a la morena de su trance.
"Se desmayó, mi hija se desmayó y no reacciona…" tragó saliva con dificultad, "su respiración es muy lenta, está fría y sangra por la nariz." Sus ojos comenzaron a inundarse en lágrimas de desesperación, "necesito ayuda," Santana susurró con miedo.
"Guarde la calma, una ambulancia ya va para su domicilio…"
Carlos López se encontraba en el momento preciso en el que las puertas de la sala de Emergencias del hospital Nyak se abrieron. Los paramédicos entraron de prisa indicando el estado de salud de una niña de nueve años; sus ojos oscuros se fijaron en la escena pero se vio distraído cuando una mujer familiar al borde de la histeria entró tras ellos. Su ceño se frunció, "¿Santana?" A pasos agigantados se acercó a su hermana menor, envolviéndola en un protector abrazo de inmediato, "¿qué sucede?"
Los sollozos de la morena le impedían hablar con propiedad, sus delgadas manos se aferraron a la bata blanca con desesperación. "S-S-Samantha…"
El médico se alejó un poco de su hermana, observando con preocupación su rostro, odiaba ver a la modelo en ese estado pues su instinto fraternal era sobreprotector, "tranquilízate," sus varoniles dedos acomodaron un mechón de cabello tras de su ojera, "respira, Tana."
La mujer respiró profundamente, la presencia de su hermano le hacía sentir un poco más segura, si él estaba ahí, entonces Samantha estaría bien… "es una larga historia, pero necesito que cuides a la niña que acaba de entrar a Emergencias."
"¿Qué hiciste?" Preguntó sin pensar Carlos.
"¡Nada!" Gritó defensivamente la modelo mientras se limpiaba las lágrimas de sus mejillas, "Emily y yo nos estamos haciendo cargo de ella, ¿ok? Pero…" Santana sentía que el llanto comenzaría en cualquier minuto de nueva cuenta, "comenzó a sangrar por la nariz y luego se desmayó," un sollozo se escapó de sus labios sin querer, "pasó todo tan rápido…"
"No llores, por favor," rogó el médico, "me haré cargo de ella, pero tienes que localizar a los padres," su dedo índice apuntó a su hermana con firmeza, "y luego me explicas como tú y tu esposa se están haciendo cargo de esta niña…"
"Su nombre es Samantha," puntualizó la latina.
"Espérame aquí. Volveré en cuanto sepa algo, ¿ok?"
Santana observó como su hermano se alejaba y se perdía tras las puertas que conducían hacia la sala de emergencias, en donde seguramente ya estarían tratando a la pequeña. La morena sentía que su corazón se despedazaba, necesitaba apoyo… necesitaba a su esposa.
Emily no tardó en llegar al hospital. Su mujer le había avisado de la situación, sus palabras trataban de tranquilizarla pero su voz le indicaba que estaba desesperada y muy asustada. Ambas estaban sentadas en la sala de espera, mirando las lentas manecillas del reloj, ninguna de las dos intentó hablar, se limitaban a tomar sus manos con fuerza, como si trataran de aferrarse a la realidad. Sus intentos por localizar a su abogada habían sido inútiles, pues al parecer Spencer se encontraba en una importante junta con uno de los socios principales del buffete de abogados.
Tras hora y media de espera, Carlos salió por el par de puertas con la leyenda 'E.R.'.
"Sus signos vitales son estables," dijo el hombre cuando enfrentó al matrimonio Fields-López, "pero aún no recobra el conocimiento."
Tanto Santana como Emily poseían un semblante de notoria preocupación, "¿se va a poner bien?" Preguntó la asiática.
El médico suspiró tratando de verse sereno, "no les voy a mentir, el estado de salud de Samantha es delicado, presenta un preocupante cuadro de anemia, lo cual puede explicar el desmayo pero…" Carlos sabía que esta información no debía ser difundida a personas que no fueran los tutores legales de la niña, pero el semblante de su hermana le indicaba que el diagnóstico estaba a salvo con ella y su esposa, "pero la hemorragia nasal y los hematomas en algunas partes de su cuerpo nos indicaron algo. Hicimos algunas pruebas de sangre y sus niveles de plaquetas y glóbulos rojos son muy bajos, casi escasos…"
"¿Todo eso qué quiere decir Carlos?" Santana comenzaba a desesperarse al no comprender nada de lo que su hermano decía.
"La niña tiene leucemia," ambas mujeres emitieron un sonido sin aliento, "le hemos hecho una biopsia de médula para determinar qué clase de leucemia tiene, pero al parecer, la enfermedad ya está muy avanzada y lo más recomendable es buscar un donador lo antes posible."
"Yo puedo hacerlo, yo puedo ser la donante," dijo de inmediato la latina sin pensar.
"No es tan sencillo, se necesita determinar si eres candidata y al no ser familiar, las probabilidades disminuyen…"
"Pero no es imposible," interrumpió la modelo.
"Aún cuando fueras compatible, ella es sólo una niña, necesitamos el permiso de los padres, Santana."
Los ojos oscuros de Santana miraron a Emily y a su hermano con timidez, "yo sé quién es su madre", la asiática miró con sorpresa a su mujer, estaba confundida por esa importante pieza de información, "pero primero quiero que me hagas esos análisis y luego la localizaré."
Los hermanos López se miraron con desafío, retándose por el control de la situación. Sin embargo, Carlos se sentía un poco incómodo, algo tenía la paciente, le parecía familiar, como si la hubiese visto antes… no podía mentirse a sí mismo, cuando vio por primera vez a Samantha, su mente lo remontó a su infancia, era como si hubiera visto a su hermana de pequeña otra vez, pero, no sólo eso, algo le decía que esta niña era especial, de alguna manera. El moreno suspiró, rindiéndose a la necedad de Santana, "tienes mucho que explicar, Tana, pero lo haremos a tu manera. Acompáñame."
La modelo se volvió a su esposa, "llama a Spencer, dile que estamos en el hospital y que tengo la información que necesita para encontrar a los padres de Sam. Dile que localice a Brittany Abrams, en Lima Ohio y que no se preocupe, ella es de confianza."
Spencer se dejó caer en su silla de cuero, se sentía cansada de haber discutido los detalles de su caso, pero si seguía de esa manera, quizás en un futuro esa firma de abogados podría añadir su apellido al nombre del buffete… esa era su meta. Un ligero dolor punzante se había apoderado de la parte frontal de su cabeza, pero aún tenía mucho por hacer. Su dedo índice toco el touchpad de su Macbook, logrando que la pantalla se iluminara y mostrara los reportes que aún debía revisar. Su atención se enfocó de lleno en la información, dándose cuenta de que ese documento ya había sido revisado; presionó el siguiente link.
La denuncia había sido hecha el sábado en la tarde, el nombre – Samantha Pierce-López – y los ojos de la abogada se abrieron de par en par cuando leyó la descripción de la niña pues encajaba perfectamente con la pequeña al cuidado de su mejor amiga y su esposa. Para su buena suerte, había una fotografía adjunta, entregada por la madre B. Abrams, la pista que faltaba, pues el apellido concordaba con el que le había sido dado. El puntero hizo click en el link del documento adjunto y en cuestión de segundos la fotografía de Samantha se desplegó en la pantalla.
Era ella. No cabía duda.
Spencer regresó a la página anterior, buscando algún teléfono o dirección en donde pudiera localizar a la madre pero su mente se detuvo cuando captó el detalle. El apellido de la niña no era el mismo que el de la madre, pero aún así lo había utilizado cuando se le preguntó por él, ¿por qué? Además era un apellido compuesto, justo como el de Emily y Santana… la castaña dejó salir un suspiro divertido, tal vez no creía en las coincidencias, pero esta situación parecía ser una… Samantha Pierce-López – Santana Fields-López, que ironía.
Luego de perderse un poco en sus pensamientos, la abogada encontró el número telefónico que necesitaba el cual no dudó en marcar.
Brittany se encontraba de nueva cuenta en Times Square, mirando hacia la misma pantalla en la que había visto a Santana el día anterior, esperando a que el anuncio publicitario que protagonizaba se mostrara de nuevo. Sentía la necesidad de verla porque al ver su rostro sentía un poco más de seguridad y confianza, pero al mismo tiempo, sentía que al haber perdido a su hija le había fallado. Era como estar perdida o enjaulada, pues no sabía qué hacer, ya no sabía en donde buscar. Estaba atenida a que la policía encontrara a su bebé pero eso podía tardar días o peor, semanas… Samantha no tenía tanto tiempo, su salud y su integridad física estaban a merced de una gran ciudad, llena de peligros y gente sin escrúpulos.
Sus ojos azules se empezaron a humedecer cuando el comercial inició, silenciosamente se disculpó con la modelo por ser una terrible madre, por no saber las consecuencias de sus actos. Se arrepentía de haber dejado a Samantha ir a una ciudad por sí sola… tal vez sus padres y toda la demás gente tenían razón, no tenía la suficiente capacidad para cuidar de su hija, pero ¿qué más podía haber hecho? Jamás habría dado en adopción a la criatura que había engendrado con el gran amor de su vida.
La rubia se secó las lágrimas que ya recorrían sus mejillas y justo en ese momento su móvil timbró. Inspeccionó la pantalla del aparato, descubriendo que el número que le llamaba era desconocido.
"¿Hola?" La voz de Brittany era sombría y parecía que se quebraría en cualquier instante.
"Hola, ¿hablo con la señora Abrams?" Una voz femenina saludo con cortesía y profesionalismo.
"Sí, ¿en qué puedo ayudarle?"
"Mi nombre es Spencer Hastings, soy abogada…" la mujer al otro lado de la línea hizo una breve pausa, parecía estar pensando con cuidado sus palabras, "y necesito que no se altere pero yo sé donde está su hija."
El corazón de la rubia comenzó a bombear sangre con mucha rapidez, era como si al fin la hubiesen despertado de una terrible pesadilla que parecía interminable. "Oh, gracias a Dios, por favor dígame que está bien, dónde puedo ir por ella." Las palabras que salían de sus labios habían sido pronunciadas en un solo aliento.
"Puedo asegurarle que Samantha está bien. Debo dejarle en claro que yo no soy quien halló a su hija, fueron unas amigas y ellas me pidieron que me hiciera cargo de encontrar a los tutores…"
Realmente a Brittany le tenía sin cuidado esa información, lo que quería era a su hija, en ese momento, "se lo agradezco, pero de verdad, quisiera que me dijera dónde está mi hija para que pueda llevarla a casa."
"Señora Abrams," Spencer podía entender el comportamiento de la mujer pero antes que nada debía asegurar la integridad de sus amigas que al mismo tiempo eran sus clientes, "yo entiendo pero como le dije soy abogada y quisiera primero hablar con usted, es mi trabajo proteger a mis clientes y, si le soy sincera, también quisiera conocerle para estar segura que Samantha estará en buenas manos."
La bailarina frunció el ceño, pues esas palabras habían sido una ofensa, "¡quiero ver a mi hija!" exclamó Brittany, provocando que algunas personas que caminaban cerca de ella la miraran con extrañeza, "¡Han sido cuatro días de angustia! ¿Puede usted entender eso? ¡Sólo quiero ver a mi hija o si no le diré a la policía!"
"Con todo respeto, señora Abrams, eso sería una pérdida de tiempo," Spencer se mantenía calmada ante la situación, debía mantenerse en un estado diplomático, "su hija huyó, eso es un hecho, porque al parecer está buscando a su padre biológico," la rubia se quedó muda ante esa información, "si va a la policía, mis clientas presentarán cargos por su aparente irresponsabilidad." La abogada notó que la persona al otro lado de la línea se había calmado considerablemente, "pero no queremos llegar a eso, lo que quiero es conocerla, hacerle un par de preguntas y le prometo que cuando terminemos, yo misma la llevaré con Samantha."
Brittany se sentía mareada, aún no podía creer que Samantha hubiera planeado esto. Parte de la situación era su culpa porque, tal vez, si hubiese sido un poco más honesta con su hija, esto no hubiera pasado. La rubia tragó saliva con dificultad, no sabía por qué confiaba en una desconocida, pero aceptaría las condiciones, "¿en dónde la veo?"
"¿En dónde se encuentra en este momento?"
"Times Square."
"La veo en el Starbucks que está en Broadway en media hora. Le llamaré de nueva cuenta cuando esté ahí."
Spencer apagó su laptop, tomó sus cosas y cuando se disponía a marcharse su móvil vibró. "Em, buenas not…"
"¡¿En dónde carajo te metiste? Te he estado tratando de llamar desde hace horas…"
"Emily, relájate. ¿Cuál es la emergencia?"
La asiática respiró profundamente, "Samantha está en el hospital… tiene leucemia y está muy mal."
"Oh, mierda…" la abogada pasó sus dedos por su cabello castaño, pensando en que le había prometido a Brittany que su hija estaba bien.
"Se necesita un donador con urgencia. San se ofreció, ya están haciendo los análisis para comprobar si es candidata, pero necesitamos la autorización de los tutores legales…" Emily se aclaró la voz, pues sabía que el nombre que estaba a punto de pronunciar significaba algo para su esposa, "sabemos el nombre de la madre: Brittany Abrams, de Lima, Ohio."
"¿Cómo saben eso?" preguntó la abogada con genuina curiosidad.
"Santana me dijo que descubrió una foto de su madre antes de lavar sus jeans… San la conoce, es la chica que le rompió el corazón…"
Definitivamente, ahora Spencer creía en las coincidencias pues cuáles eran las probabilidades de que Samantha pudiera encontrar a Santana López… LÓPEZ… algo extraño sucedía. ¿Por qué la hija de Brittany Abrams poseía el apellido de Santana? Eso… eso no era una coincidencia, en absoluto. Sin embargo, la castaña prefería guardarse ese pedacito de información para después.
"Emily, sé que Brittany Abrams es la madre de la niña. Lo acabo de descubrir y voy de salida, le dije que la vería en treinta minutos, quería hacerle unas preguntas antes de llevarla con su hija pero las circunstancias…"
"Santana dice que podemos confiar en ella, sólo tráela al hospital para que podamos hacer algo por Sam." Emily tragó saliva, "Carlos ya la está atendiendo."
"Estaré ahí lo antes posible, ¿ok?" Spencer finalizó la llamada, mientras que en su mente sólo rondaba el pensamiento de que el drama estaba a punto de florecer y temía que una de sus mejores amigas estuviera a punto de vivir un triángulo amoroso, después de todo, el primer amor nunca se olvida.
Aria había pasado un gran rato con su editora y de una junta de negocios y mercadotecnia literaria, pasaron a un tardío almuerzo. Quinn se había disculpado pues había recibido una llamada importante y fue cuando la otra mujer decidió revisar su correo de voz solamente para enterarse de que la niña al cuidado de Emily y Santana estaba en el hospital pero que afortunadamente habían encontrado a la madre. Su instinto le indicó que debía estar con su amiga, pues su pasado las había unido de tal manera que ahora eran más que amigas, eran una familia.
"Lamento la interrupción," la rubia no podía ocultar la gran sonrisa que ahora poseía a diferencia de una preocupada Aria, "¿te encuentras bien?"
"Uhm… no, debo irme, es una emergencia." Dijo la castaña mientras se ponía de pie y colocaba su bolso sobre su hombro.
"¿Es muy grave? ¿Puedo hacer algo por ti?"
Aria no podía pensar con claridad, "sí, la…" la escritora hizo una pausa, no quería revelar mucha información, "la sobrina de unas amigas está en el hospital."
Quinn pagó la comida para luego acompañar a la castaña hasta la salida, "oh, Dios… ¿le ocurrió un accidente o algo?" Ambas mujeres se detuvieron en la acera, buscando un taxi disponible.
"No lo sé, Emily no me dijo mucho, sólo que la niña estaba grave y que Santana estaba…" Aria se detuvo abruptamente, percatándose de su error.
"¿Santana?" La rubia miró con curiosidad a la escritora pues ese nombre era poco común, "¿La modelo Santana López?" Aria cerró los ojos, sintiéndose culpable y asintiendo con la cabeza al mismo tiempo. "La conozco, fuimos amigas en preparatoria."
"Lo sé," murmuró la castaña, "ella me lo dijo y me pidió que no la mencionara cuando estuviera contigo."
Quinn se sintió un poco herida por la retraída confesión. Sin embargo, la pasó por alto, pues tenía curiosidad por volver a ver a Santana y porque podría hacerle un favor a Brittany, "¿puedo ir contigo?" Preguntó la editora con timidez.
"Yo… no sé si sea buena idea."
"Por favor. Hace años que no sé de ella y de verdad quisiera verla y cerciorarme de que está bien." Los ojos verdes de la rubia parecían rogarle.
Aria terminó por aceptar, aún cuando algo en su interior le indicaba que no era una muy buena idea.
"Señora Abrams, estoy en la entrada, ¿dónde está?" Preguntó Spencer con el celular pegado a su oído mientras inspeccionaba todo el lugar, fue cuando vio a una rubia mujer levantar su mano.
Ambas colgaron cuando se reconocieron. La abogada se dirigió con paso firme hacia la mesa, no tenía intenciones de charlar, su tarea era llevar a la mujer con su hija lo más rápido posible.
"Mucho gusto, Spencer Hastings," la castaña estrechó su mano con la de la otra mujer.
"Brittany Pierce… Abrams, quiero decir" rectificó la bailarina sin muchas ganas. "¿Puede hacerme las preguntas para terminar de una vez con esto? Quiero ver a mi hija."
Los ojos azules de la rubia inspeccionaron a la abogada, era fácil adivinar que esa mujer pertenecía a un extracto social alto, su ropa la delataba. "Señora Abrams, no hay tiempo para eso…" Brittany frunció el ceño a causa del cambio de actitud de la otra mujer, "sé que le dije que su hija estaba bien, pero me acabo de enterar de que Samantha está en el hospital…"
"¡¿QUÉ?" La bailarina se puso de pie de inmediato, presumiendo su gran estatura como signo de agresión, "¡usted me aseguró que estaba bien!"
"Lo sé, le repito, me acabo de enterar justo antes de terminar mi charla con usted. Pero está en buenas manos, está en uno de los mejores hospitales de la ciudad y ya se están buscando donadores."
Los ojos azules de Brittany se abrieron de par en par, "¿donadores?"
"Usted es su madre, doy por hecho que sabe que la condición de su hija es preocupante y por lo que sé, se necesita un donador con urgencia." Spencer tomó el brazo de la otra mujer para que reaccionara, "debemos irnos ya, su hija la necesita."
A veces resultaba imposible notar la rapidez con la que la ciencia avanzaba. Una década atrás, los exámenes de ADN tardaban días en llevarse a cabo, pero conforme avanzaba el tiempo, se reducía el lapso de los resultados y, gracias a eso, Carlos pudo corroborar dos veces algo que parecía imposible y no era el hecho de que su hermana menor fuera candidata para la donación… Necesitaba encontrar la manera en cómo decirle a Santana una noticia que ni él mismo entendía, que desafiaba las leyes de la naturaleza. No existía una explicación razonable para este acontecimiento.
El médico apoyó sus dos codos sobre el escritorio mientras sus manos cubrían su rostro. Pasaron unos cuantos minutos los cuales eran vitales, no podía quedarse ahí preguntándose las razones, eso sería una tarea que no le dejaría dormir más adelante, pero por ahora debía salvar una vida… debía salvar a su sobrina.
Carlos tomó las dos hojas de papel con los resultados, salió de su consultorio y se dirigió a la sala de espera, donde su hermana y su cuñada lo esperaban.
Santana se levantó de su lugar cuando vio la figura de su hermano mayor, su rostro se notaba confundido y cansado. "Esos son los resultados, ¿verdad?" Preguntó la latina cuando notó las hojas de papel en manos del médico, quien sólo asintió con la cabeza, "¿y bien?"
"Quisiera hablar contigo a solas."
"No," respondió firmemente la morena al mismo tiempo que tomaba la mano de su esposa, "cualquier cosa que tengas que decir, la dirás en presencia de Emily. De todas maneras se lo diré."
Carlos desvió la mirada con fastidio como sólo un López podía hacerlo, "no seas necia, esto es privado."
"La privacidad no existe cuando uno está casado, tú bien lo sabes." Esas palabras hicieron que Emily esbozara una sonrisa aún cuando la situación no lo ameritaba.
"Muy bien, si así lo quieres…" el moreno le ofreció ambos resultados a su hermana, quien los tomó de inmediato.
"Es positivo…" sus ojos cafés miraron a su hermano, "eso es bueno, ¿no? Significa que puedo ser la donadora."
"Santana, tus antígenos leucocitarios son compatibles en un 50 por ciento, por lo que el trasplante sería haploidéntico."
"Eso qué quiere decir," Emily miraba con curiosidad a su cuñado, "¿es algo malo?"
Carlos cubrió su boca mientras evadía los dos pares de ojos que le miraban con confusión, "no es algo malo, lo que los resultados muestran es que Santana es familiar de la niña…" el matrimonio se miró mutuamente con sorpresa, "los resultados de ADN muestran que eres su madre, Santana."
Emily sintió que la mandíbula se le dislocaba y se había estrellado en el suelo; por su lado, la morena dejó salir una risita divertida, "¿qué clase de broma es ésta?"
"No es ninguna broma, hice las pruebas dos veces. No hay error, eres su madre."
"No puede ser," susurró la latina, no podía ser cierto pues Samantha ya tenía una madre… sus ojos se abrieron de par en par cuando recordó quién era la madre de la niña, "yo no puedo ser su madre," su voz se comenzaba a alzar con cada segundo, "y-yo… no estuve embarazada en ningún momento o ¿qué? ¡¿Ahora resulta que soy un extraño fenómeno que puede embarazar a cuanta mujer se me pone en frente o con la que me haya acostado?" Su respiración estaba acelerada. "¡Explícame!"
"¡No lo sé!" Respondió con el mismo tono Carlos, "¡no tengo una explicación coherente para esto!"
Santana soltó la mano de su mujer, se sentía extraña e incómoda… no tenía ninguna duda de que era mujer, tenía las características físicas pero había embarazado a…
"¿Emily?"
La voz de Aria interrumpió la escena pero desde el pasillo había logrado escuchar la discusión de los hermanos López. Los ojos de la modelo se dirigieron hacia la amiga de su esposa, sólo para descubrir que tenía compañía…
"¿Qué demonios haces tú aquí?" Preguntó con agresividad Santana.
"Sé que es un mal momento…" Quinn se detuvo cuando su antigua amiga se acercó a ella, notó su estado emocional, pues aún cuando hubieran pasado tantos años, Santana seguía siendo la misma.
Los cálculos que la mente de la latina hizo le indicaban que Quinn había estado presente durante el embarazo de cierta rubia, "¿dónde está?"
"¿Quién? ¿De qué hablas?"
"¡Brittany!" Gritó Santana, "¡¿dónde está ella?"
La rubia se irguió con presunción, "estás en un hospital, Santana. Cálmate."
La modelo comenzó a reírse con sarcasmo, "tú lo sabes, ¿cierto?" Los ojos de Santana comenzaron a nublarse por las lágrimas de desesperación, "tú sabes que la hija de Brittany también es mía, ¿verdad?"
Fue en ese momento en el cual Carlos supo por qué la niña le resultaba tan familiar. La había visto con Brittany en el hospital general de Lima, cuando su padre le pidió que lo acompañara a visitar a un colega…
"¿C-cómo…?" Los ojos de Quinn veían con sorpresa y temor a la otra mujer.
"¿Creían que lo podían ocultar por siempre o qué?" Santana estaba histérica a causa del secreto y de su extraño don. Un sollozo se escapó de sus labios y, por alguna razón, decidió explicarle a la rubia la situación, "la encontramos el sábado…" sin querer, la latina sonrió, "o tal vez ella me encontró a mí…" la mujer se volvió hacia su esposa, "por eso estaba por la galería esa noche, estaba esperándome."
"Tana…" Carlos se acercó a su hermana para luego tomar sus hombros con fuerza, "debes relajarte para poder realizar el trasplante… si es que aún quieres hacerlo."
El rostro de la modelo gesticuló un gesto de fastidio, "claro que aún quiero hacerlo, es mi hija después de todo… pero es difícil."
"Lo sé," susurró el médico mientras abrazaba la menuda figura de su hermana, "pero te prometo que averiguaré cómo sucedió, ¿ok?"
Santana no respondió, se limitó a abrazar a Carlos con todas sus fuerzas, escondiendo su rostro en el cuello de su hermano mayor.
"¿Quinn? ¿Qué haces aquí?"
Los ojos verdes de la editora miraron a su amiga quien no poseía un semblante muy saludable y, lo peor de todo, estaba a punto de enfrentar lo que más deseaba y temía.
"Britt…"
Los ojos azules de la bailarina se enfocaron en toda la gente en la sala de espera, reconoció a Emily y junto a ella, estaban los hermanos López, "¿San?" Ese nombre fue un susurro que carecía de aliento. No se esperaba verla aquí…
La suave mano de Quinn tomó la suya, obligándola a desviar la mirada para poder ver a su amiga, "lo sabe." Brittany frunció el ceño, "Santana sabe que Sam es su hija."
La rubia de inmediato dirigió sus ojos azules hacia la morena, observando cómo se acercaba a ella como si se tratara de un depredador a punto de poner fin a su vida…
TBC…
