ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenecen, está adaptado por Martasnix.

Capítulo 12

Titus se alejó de la rubia de pechos grandes y rebuscó en el bolsillo de sus pantalones en el suelo por su teléfono. La chica… ¿Nancy? ¿Nina, tal vez?...lo rodeó y agarró su polla.

"No conteste eso, bebe. Tenemos toda la noche ¿recuerdas?"

Titus gruñó y apartó su mano. Jesús ¿por qué las mujeres no entendían que no podían exprimir la maldita cosa como un paño de cocina? Y ya que había pagado por su compañía, debía saber cuán lejos debía llegar. Estaba tomando un descanso después de que la maldita casi había chupado sus ojos a través de su polla. Y por muy buena que fuese con la boca, negocios eran negocios.

"Sí" dijo con voz áspera cuando logró enderezar el teléfono.

"Cumplí con mi parte del trato" dijo una voz masculina enojada en un susurro apretado "Te toca pagar. No se suponía que terminaría de esta manera ¿Dónde diablos estabas?"

"Mira…" dijo Titus "…no puedo hablar ahora. Pero mi parte terminó cuando traspasé la mercancía. La entrega no era parte del trato"

"¿Así que contratas a un lacayo que sopla todo el asunto?"

"No fue él quien enterró el intercambio. La mujer fue quien dio el aviso y ese fue fin de las cosas" Titus se tensó cuando una boca cálida se deslizó velozmente a lo largo de su polla y se cerró sobre él. Él agarró la parte posterior de la cabeza y la empujó hacia abajo.

"De ninguna manera. Ec…ella nunca filtraría algo"

"Si tú lo dices"

"Entonces ¿qué vamos a hacer para sacarla?"

"¿Nosotros?" Titus rió bruscamente y tiró del cabello de la rubia, alejándola de su polla "Tienes al hombre equivocado, amigo"

"¿En serio? Entonces tal vez debería preguntarle a tu jefe"

Titus apretó el teléfono. La pequeña mierda tenía las pelotas para amenazarlo. No podía saber para quien trabajaba Titus, había sido muy cuidadoso en mantener a Pike en las sombras. Pero tenía que estar seguro de lo que el informante sabía "Mira…vamos a hablar sobre esto ¿Cuándo podemos encontrarnos?"

"Yo te llamo"

"¿Qué más tienes?"

Silencio por un momento "La hija va definitivamente. Voy a tener la información de la avanzada pronto"

"Bien. Entonces déjame ver qué puedo hacer sobre la otra cosa"

"Que sea más temprano que tarde, queremos a la mujer fuera de allí.

Sí, claro. Y él quería una polla de diez pulgadas "Eso es pedir un milagro"

"No estamos pidiendo"

La línea se cortó y Titus dejó caer el teléfono sobre la pila de ropa al lado de la cama "Joder"

"Mmm, bebe. Ahora si estás hablando"

La boca volvió a trabajar en su polla mientras Titus miraba el techo oscuro, preguntándose cuánto tiempo podría conservar al soplón antes de que se convirtiera en más problemas de lo que valía. Una cosa era segura, no podía dejar que Pike supiera que su cubierta estaba en riesgo o Titus estaría fuera del trabajo y posiblemente, sería un hombre muerto.


El guardia acompañaba en silencio a Echo a su celda, caminando un paso detrás, presionando su pistola eléctrica contra la parte media de su espalda, un recordatorio de que no podía escapar. Las cadenas que conectaban sus puños sonaban suavemente con cada paso. La puerta de la celda estaba abierta, una invitación burlona, pero caminó a través de ella sin detenerse. No iba a mostrar debilidad ante sus captores. La puerta de metal sólida, con una ventana de vidrio reforzado de un metro cuadrado, se cerró detrás de ella al igual que la cerradura, incrementado con el pesado sonido su realidad. La habitación sin ventanas de ocho por ocho era desolada y estéril: pisos lisos con baldosas grises, paredes blancas, aire acondicionado y ventilación de calefacción atornillados en su lugar, un inodoro de acero inoxidable en una esquina sin el beneficio de una cubierta para la privacidad, un lavabo de acero inoxidable ubicado al lado y un marco de cama de metal con un solo colchón, sábanas blancas funcionales y una manta de lana gris claro. No había televisión, ni radio, ni computadora, nada que la conectara con el resto del mundo. No estaba siendo torturada. Le alimentaban. Estaba cálida y seca. Y totalmente aislada. No tenía reloj y las luces se encendía de acuerdo a un horario demasiado aleatorio para que pudiese juzgar el tiempo. En una época donde la información era instantánea y el mundo era accesible con la prensa a un dedo, estaba tan perdida como un náufrago en una isla desierta. No sabía si habían sido capturados los otros o si alguien siquiera sabía que ella lo había sido. Estaba completamente a merced de sus carceleros. Si la olvidaban y algunas veces cuando las horas se extendían, parecía que así era, en su mundo desorientado, cuando pocos segundos parecían horas, podía morir de hambre o morir de sed. Pero siempre volvían, en silencio deslizaban las bandejas de plástico, con platos y vasos de papel llenos de comida institucional, a través de la ranura de la puerta. No se estaba muriendo de hambre, pero a veces estaba hambrienta de una manera que nunca había experimentado, por una conexión sencilla con un ser humano para afirmar que todavía existía. Dejó correr el agua fría del lavabo y lavó su rostro, sorprendida al ver que le temblaban las manos. Había cámaras siguiéndola, lo sabía, pero no podía estar segura de cuantas de ellas se encontraban en su celda manteniéndola bajo vigilancia. Tenía que estar siempre en guardia. No les daría la satisfacción de pensar que estaba angustiada. Se secó las manos en la toalla blanca de algodón y se sentó al lado de su cama. Que la observaran. Los guardias no la intimidaban, no invertía en ellos ningún pensamiento. No tenían ningún poder verdadero. La mujer que la había interrogado esta noche tenía todo el poder. Lexa Woods, Directora

Adjunta de la Seguridad Nacional. Woods era quien trataba de descubrir sus secretos, exponer su identidad. Fracasaría. Ellos habían planeado para algo así, la habían preparado para esto. Sabía que esperar y de ninguna manera iba a dar información. Las palabras de su padre resonaban en su mente con tanta claridad como las muchas veces que las había repetido. Eres más fuerte que ellos. Más inteligente que ellos. Y nunca estarás sola. Vamos a ir por ti. Él vendría. Sólo tenía que tener fe. Su padre la había preparado para esto, había planeado para esto. Su identidad estaba segura. Woods le había preguntado acerca de ser educada en el hogar. Eso no había estado en ninguno de sus antecedentes. La pregunta la había pillado por sorpresa y le había tomado unos segundos darse cuenta de que Woods estaba pescando. No era un secreto que muchos de los estadounidenses independientes eran educados en el hogar. Woods no sabía nada en realidad. Afortunadamente, no le había dado nada. Se estremeció ligeramente, aunque el aire caliente se filtraba por la rejilla de ventilación superior. Su padre le había prometido que no sería abandonada, pero no estaba cautiva en un lugar apartado en las montañas donde su padre y sus soldados podrían lanzar un ataque para liberarla. Estaba en la celda de una prisión federal en el corazón de la capital del país. Tal vez nadie vendría por ella. Echo enderezó la espalda y apretó la mandíbula. Sabía lo que estaban tratando de hacer, no la habían torturado, probablemente no lo harían. Pero el cautiverio era en sí mismo una forma de tortura y estaban tratando de hacerle perder la fe. Ellos fallarían. Su padre y sus soldados vendrían y si no podían, ella iba a encontrar su propia salida.


Root estacionó su coche de alquiler en el extremo de una larga línea de tiendas Harley. La calefacción en el auto de alquiler estaba tibio y su respiración había empañado el parabrisas por lo que había tenido que limpiar en círculos con su mano desnuda para ver la carretera en su camino hacia el Ugly Rooster. Guardó las llaves y salió del coche en la noche helada. No podía creer que estos ciclistas montaban realmente en este tipo de clima. Cueros o no, tenían que congelarse las pelotas. Caminando hacia la puerta, sonrió en su interior cuando imaginó a Shaw sentada a horcajadas sobre la gran Harley. Al menos un motorizado no tendría que preocuparse por la congelación de sus puntos calientes. Sin dejar de sonreír, se paseó dentro del bar lleno de hombres con vestimentas de motorizados y mujeres usando lo menos posible, a pesar del helado invierno afuera. Franelillas sin mangas, diafragmas descubiertos y traseros apenas cubiertos contorneándose y sacudiéndose en medio de las cabezas rapadas y torsos tatuados. El lugar parecía una convención de prostitutas en el bulevar de Santa Mónica. Root se había vestido para encajar así que se quitó su chaqueta para mostrar sus cartas. Vaqueros ceñidos y brillantes de vinilo botas de tacón alto negros, sin sujetador y una franelilla marrón ajustada del color de la sangre que se abría un poco sobre su pecho, ofreciendo una mirada a la pálida piel de sus pechos. Había conseguido el efecto deseado. Los hombres le miraron y las mujeres gruñeron mientras caminaba hacia la barra y ocupaba un taburete libre. El barman, uno de los cabezas rapada, con el tatuaje de una hoz que se extendía por todo su cuello desde la oreja hasta la clavícula, le dirigió una dura mirada antes de mirar hacia el otro extremo de la habitación. Si estaba buscando permiso para servirle, debió haberlo conseguido porque deslizó una servilleta cuadrada de papel blanco ligeramente humedecida frente a ella

"¿Qué quieres, cariño?"

Root sonrió "¿Qué tienes?"

Él se echó a reír, todo su rostro enrojecido, mientras sus ojos se deslizaban hacia la abertura de su franelilla "Tanto como puedas manejar"

"Esa es una promesa enorme"

"Es una muy buena carne de primera" la agarró por la muñeca y tiró de ella hasta que tuvo que inclinarse a lo largo de la barra para quitar presión de su hombro. Él olía a sudor y cerveza. La posición le dio una bonita vista del resto de sus pechos y él tomó su tiempo mirando "Mantén ese asiento caliente nena y voy a darte una probada más tarde"

"Por qué no…"

"Esa es una frase bastante barata, Wheels" Shaw se situó junto a Root y puso una mano en el medio de su espalda.

El camarero miró a Shaw y se encogió de hombros "No puedo dejar de decir la verdad. Diez centímetros de lo mejor de Idaho"

"Bueno, mantén tu hamburguesa en el envoltorio" Shaw rodeó a Root y golpeó la mano del camarero que aún sujetaba la muñeca de Root "La castaña aquí está conmigo"

"¿No me digas?" Wheels miró a Root, su boca una línea dura en su rostro de granito.

Shaw se inclinó y rozó su boca sobre la oreja de Root "¿Qué dices, castaña?"

Ignorando el agarre en su muñeca, Root se volteó en el taburete de la barra y llevó su boca hacia la de Shaw. Shaw tenía una bonita boca y como no tenía un montón de opciones, bien podría aprovechar la oportunidad. Se tomó su tiempo, pasando la punta de su lengua por el labio inferior de Shaw antes de presionar su boca firmemente sobre la de Shaw, respirando en el fresco sabor a invierno de ella. Cuando se echó hacia atrás, un par de motorizados cercanos silbaron.

Shaw sonrió "Acabas de recibir su respuesta, Wheels"

"Sigan así…" dijo el fornido cantinero y gruñendo soltó con renuencia la muñeca de Root "…y voy a tener suficiente para las dos"

"¿Qué tal dos cervezas en lugar de eso?" Shaw deslizó su brazo alrededor de la cintura de Root y deslizó su mano hasta que tomó la parte inferior de los senos de Root. El pezón de Root se endureció contra la palma de Shaw.

Wheels gruñó y sacó dos cervezas de barril colocando los tarros frente a ellas. Cuando se alejó, Shaw acarició con la punta de su nariz el cuello de Root, sus muslos apretados contra la cadera de Root y sus dedos acunando el pecho de Root "Debiste decirme que vendrías"

"¿No te gustan las sorpresas?" Root sonaba un poco sin aliento y su enfoque vaciló por un instante cuando el roce de los dedos de Shaw sobre su pezón hicieron que un escalofrío le recorriera la espalda. Había previsto que se pondrían algo físicas, lo que no había esperado era ser afectada por el contacto. Tuvo que luchar para no presionar aún más contra la mano de Shaw.

"No me importan, pero si me dirijo a una pelea, me gusta estar preparada" Shaw pensaba que había aclarado su punto ante cualquier persona que las veía. Sólo había declarado su derecho sobre Root y al menos esta noche los hombres darían marcha atrás, esperando y observando como todo se desarrollaba. Pero Ramsey estaba mirando desde el otro lado de la habitación y no quería dejar ninguna duda de sus intenciones. Y Root se sentía demasiado bien para dejarla ir, la suavidad de su pecho y el azote de calor proveniente de su cuerpo la mantenía anclada en su lugar. Deslizó su boca sobre el cuello de Root. Incluso sabía dulce. Almendras y vainilla "Te arriesgaste al pasearte por aquí. Si los hombres no te comían viva, las mujeres lo hubiesen hecho"

"Podría haberlos manejado"

Shaw acunó la barbilla de Root con la mano libre y acarició con su pulgar el pequeño hoyuelo que le hacía lucir resistente y vulnerable al mismo tiempo "Puede ser. Pero ya que eres mi chica, depende de mí cuidar que nadie vaya tras de tí furtivamente"

"Tu chica ¿eh?" Root inclinó la cabeza hasta que sus ojos se encontraron y sus bocas estuvieron al alcance de un nuevo beso. Sabía que estaban jugando, pero le gustaba el juego. Y realmente le gustaba la boca de Shaw.

Shaw se inclinó y la besó. Esa bonita boca de Shaw era muy talentosa, rozando suavemente los labios de Root al principio, luego con más firmeza, permitiendo que Root la probara nuevamente. El beso se volvió más intenso y más caliente hasta que Root tuvo que retroceder para aliviar la presión que se acumulaba entre sus muslos. Casi no podía pensar. Error. Gran, gran error.

Shaw murmuró contra su boca "El lugar más seguro para ti es estar conmigo. Así que sí, eres mi chica"

"Muy bien" susurró Root siguiendo su instinto "Supongo que conseguiste una vieja"


Lexa llamó a Chuck Ferrell, el agente que Eddie Byrnes había sugerido. El hombre no parecía sorprendido de escucharla y sospechaba que Eddie le había dado un aviso sobre su conversación. No podía culparlo. Eddie tenía que proteger sus fuentes y su reputación.

"No sé cómo puedo ayudarla Directora" dijo la voz ronca "Hemos tenido agentes y adiestradores encubiertos allá afuera, de seguro, pero no podemos sacarlos porque alguien quiere inteligencia"

"Entiendo" dijo Lexa con calma "Estoy dispuesta a volar, reunirme con ellos en su propio terreno. Nadie tiene que saberlo"

Él se echó a reír "¿Sabe cuanta organización requiere eso? Suponiendo que ellos acepten reunirse con ud"

"Lo sé. Le estoy pidiendo amablemente, dándole tiempo, para que les diga que voy a ir, de una manera u otra"

Él suspiró "Voy a hacer unas llamadas. Deme su número"

Ella le dijo "Treinta y seis horas. Entonces, voy a empezar a abrir los archivos y a excavar nombres"

"Ya la escuché. Haré lo que pueda"

"Gracias"

Revisó los informes sobre las actividades de los supervivientes, buscando a los conocidos activistas y líderes paramilitares que podrían tener los recursos para ser una amenaza real. Elaboró una lista de veinte posibles que tenían la experiencia, los conocimientos de organización y los contactos para organizar el tipo de plan en el que Echo Pattee había sido parte. El dinero para llevarlo a cabo era otra cuestión y ese hilo aún seguía eludiéndola. Cerca de las 02:00, cuando ya había hecho todo lo que podía en un escritorio, cerró el ordenador y tomó un taxi a casa. Entró en el apartamento vacío, se duchó y se tendió desnuda en la cama. No había dormido allí sola durante mucho tiempo. Nunca había dormido bien hasta Clarke. Con Clarke en sus brazos no soñaba con sus errores, no era perseguida por aquellos con quienes había fracasado en la protección. Clarke ahuyentaba sus fantasmas. Mientras miraba el techo, pensó en llamarla. Había dejado el teléfono sobre la mesa junto a la cama. No era por terquedad u orgullo, pero una llamada telefónica habría sido sobre su necesidad, no la de Clarke. Clarke le había enviado un mensaje de texto y su mensaje había sido claro. Quería un poco de espacio. Un poco de tiempo para sí misma. Eso era algo que Lexa podía darle pero no podía darle lo que más importaba. Se puso de lado y miró en la oscuridad. En pocas horas estaría camino a Georgia y luego a Idaho. Cuanto más se acercaba a las respuestas que necesitaba, mayor era el riesgo a represalias. Clarke probablemente estaba más segura exactamente dónde estaba.