LA VIDA QUE NOS TOCÓ
CAPÍTULO 12.
-Buenos días Señorita Wilson - saludaba Candy a su jefa - disculpe la tardanza, tuve un inconveniente en el camino
-No te preocupes Candy, son apenas 10 minutos de retraso, tú siempre eres puntual
-Gracias. Disculpe... estoy preocupada por un paciente. La semana pasada vino con una grave herida en la rodilla y desde entonces no lo he visto.
-¡Ah! Debes referirte al joven Grandchester.
-Si
-Ayer me informó el director de la escuela que él ya no trabaja aquí. Vino a pedir su expediente médico.
-¿Está segura? ¿Pero que fue lo que pasó?
-Lo desconozco totalmente, Candy, el director se limitó a pedirme su expediente y nada más ¡Hey niña! ¿A dónde vas?
Candy ya no la escuchó. Todos estos días había estado preocupada por Terry. Internamente se lamentaba por el hecho de haber sido demasiado bocona ¿Y si le ocasionó un problema? Pero, también estaba la posibilidad de que Terry renunciara a su trabajo porque Robert al fin ya lo haya aceptado de nuevo en la compañía teatral. Aunque siendo sincera, pensaba que Terry no se hubiera ido así sin avisarle.
Intentó hablar con el director de la escuela pero éste le dijo que la información que solicitaba era confidencial.
Saliendo de su jornada laboral, se dedicó a indagar más sobre el paradero de Terry. Iba a dirigirse a la casa de Susana, pero sus planes tendrían que esperar. Afuera del enorme edifico escolar, la estaba esperando Albert, recargado en su automóvil, con un semblante un tanto despreocupado.
-¡Albert! - corrió hacia su encuentro
-Hola Candy - la abrazó con ternura y saludó igual al pequeño Tony
-¿Qué te trae por acá?
-George me dijo que en las oficinas gubernamentales de NY me pueden dar más información sobre Stear
-Gracias Albert, me alegra que lo sigas buscando
-Nunca he cesado en mi búsqueda, Candy. Sube al auto, nos atenderán con más eficiencia si tu acudes. Tú eres su esposa.
-Gracias - se subió de inmediato. Y por un breve lapso, se le olvidó lo que tenía que hacer respecto al paradero de Terry
-Dime Candy - comenzó a hablar el chico rubio, quien era el conductor del vehículo - ¿Cómo has estado?
-Excelente, gracias. Preocupada por Stear, desde luego
-¿Ya hablaste con Terry? El duque de Grandchester accedió a ayudarnos
-Si, ya hablé con él
-Me alegra.
Llegaron al edifico gubernamental donde Albert ya había agendado una cita con el asistente del gobernador, Charles Whitman.
-Buenas tardes, señor Andrew. El gobernador Whitman no se encuentra en estos momentos, pero de igual manera estoy yo aquí para atenderle de la mejor manera, mi nombre es Edward Morgan
-Muchas gracias señor Morgan - dijo después del apretón de manos. En cuestión de minutos, Albert resumió todo lo que le concernía durante esa visita.
-Bien, señor Andrew, en vista de que es usted familiar directo de nuestro soldado en cuestión, y que viene acompañado de su señora esposa, le daré la información correspondiente. Le recuerdo que es confidencial, por lo que ruego a usted no mencionar nada de esto a terceras personas. El ciudadano Alistear Cornwell zarpó del puerto de esta ciudad el día 15 de febrero de 1916, llegando al sur de Francia el día 29 de marzo del mismo año. Se le asignó el rango de sargento en la tropa comandada por el General del ejército francés Francois Anthoine. Hasta ahora, su tropa no ha combatido de manera oficial contra las potencias centrales, pero se espera que esto suceda muy pronto, pues Estados Unidos ya declaró oficialmente la guerra a Alemania. Señor Andrew, aquí está la dirección donde actualmente el sargento Cornwell se encuentra. Sin embargo, debo advertirle que es muy probable que se tenga que mover de allí antes de que alguna carta suya llegue a sus manos.
-Le agradezco mucho la información señor Morgan. Nos es de gran utilidad, y reitero mi palabra y compromiso de guardar este secreto en familia.
-Claro que sí señor Andrew - un nuevo apretón de manos y una despedida cordial a la señora Cornwell, y salieron de aquel edificio con un suspiro que yacía atorado en su pecho desde hace tiempo.
-Al menos sé que Stear aún vive.
-Candy, entiendo que te sientas más aliviada, pero debes estar preparada para todo. La guerra aún no termina y no sabemos lo que le depara el destino.
-¡Lo sé! - Se sentó en una banca que se ubicaba en una de las banquetas - ¡Oh Albert! - para este entonces, ya la había vencido el llanto - No quiero que le suceda nada a Stear, lo amo Albert, no quiero que muera...
-Lo sé, pequeña. No te aflijas de esa manera. Le enviaré un telegrama y tendrá que comprender que debe comunicarse con nosotros y sobre todo contigo, a como de lugar. El día de hoy hemos logrado un enorme avance respecto a su paradero, ten mucho ánimo, Candy.
-Gracias Albert
Ayudó a la chica a levantarse y se dirigieron nuevamente al auto. Como todo caballero se ofreció a dejar a la chica a la puerta de su hogar. Una vez llegando, a ambos les sorprendió sobre manera encontrar a una bella mujer esperando afuera del hogar de Candy. Albert extendió los brazos para cargar a Tony en lo que Candy iba a ver que se le ofrecía a esa mujer.
-Buenas noches - saludó Candy, y de inmediato la señora se giró a verla - ¡Eleonor!
-Me da mucho gusto verte, Candy - pero su tono de voz estaba muy alejado a sonar feliz
-¿Sucede algo malo? - cuestionó al ver a la actriz muy preocupada
-Me gustaría conversar contigo en otro lugar, no aquí en la calle - decía volteando discretamente a ambos lados temerosa de que alguien la reconociera
-Claro, pero antes permítame despedirme de mi amigo - pero Albert ya estaba allí, detrás de ella, con intenciones de despedirse y dejar a solas a Candy con su visita - le presento a Albert Andrew, Albert, ella es...
-Eleonor Baker, es un gusto enorme conocerla - tomó su delicada mano para posar un beso en su dorso
-El gusto es también mío, señor Andrew
Se despidieron cordialmente, no sin antes, recibir la chica pecosa una mirada curiosa de Albert. Lo entendía. Debía estar quebrándose la cabeza tratando de descubrir como es que Candy conoce a Eleonor Baker, una de las mayores celebridades del país.
-Adelante, Eleonor, está en su casa.
-Gracias Candy. Seré muy breve... necesito de tu ayuda hoy más que nunca - pero de momento desvió su mirada hacia el bebé de Candy - es precioso, igualito a ti
-Gracias ¿En qué puedo yo ayudarle?
-Tienes que testificar, Candy. Terry está en prisión.
La presión arterial de Candy descendió precipitadamente. ¿Por qué estaría Terry en prisión? Ahora, estaba aún más confundida y preocupada.
Continuará...
