11―

Calidez

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«―Naruto Pov―»

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Me encontraba sentado en la cama de lado opuesto de donde Hinata dormía plácidamente dándome la espalda con una manta encima (la cual yo le había puesto), Rin dormía de bajo de la cama como siempre, pero yo estaba concentrado viendo por la ventana la cual mantuve abierta después de entrar, veía la Luna Llena lucia hermosa, eso era mucha novedad ante mis ojos después de tantos años sin verla de ese modo, me da cierta nostalgia.

Tantas cosas habían pasado en el mundo, cosas que no avía podido ver o vivir. Sin embargo lo único que agradecía de mi larga vida era eso mismo, era larga y el tiempo no me afectaba como a los humanos. Un largo suspiro de nostalgia salió de mis labios por el pasado pero ahora era mejor concentrarme en otra cosa puesto que al parecer la fiesta se había alargado o al menos eso me hizo pensar el consecutivo ruido de afuera, además de que Hinata ya llevaba durmiendo más de 1 hora y el problema era grande, ya no podía esperar más, si ella no despertaba por cuenta propia yo debería darle una mano, y tenía un gran idea en mente.

Mi mirada se dirigió a Hinata mientras que mi pierna izquierda se movía de arriba abajo con rapidez dando a entender que todos esos años en el espejo no habían ayudado a mejorar mi paciencia y mis manos estaban apoyadas a los lados del colchón tratando de controlarme…ero era inevitable.

«Así no despertara nunca» pensé completamente aburrido pero un hedor que ya me había hartado desde que salí del espejo—, ¡¿qué es ese maldito hedor?!—grité para después murmurar frustrado—hasta cuando estas a larga distancia me molestas—y como un rayo de luz, la imagen de nosotros tres invadió mi cabeza; la sacudí cual perro y me gire hacía Hinata, «es cierto Hinata tuvo un leve contacto con él y tal vez un poco de su esencia se haya impregnado en ella» eso me frustraba aún más—ese maldito hijo de puta—murmuré entre dientes.

Después de algunos minutos de impaciencia y maldición tras maldición hacia Sasuke ya no podía aguantar más, por lo que decidí pararme de la cama y caminar de un lado a otro esperando a que ella despertará, pero la desesperación era grande y el hedor del maldito ése me ponía peor, así que para hacer las cosas más rápidas camine hacia Hinata y con cuidado de no despertarla tomé su brazo derecho con la manga del kimono y sin más arranque por completo el pedazo de tela que quería, puse el pedazo de prenda en mi nariz hasta su cuello para que el frío no la despertará.

Después de tener la prenda entre mis manos me aleje de Hinata caminado hacia el espejo para verme… y al notarme bien me di cuenta que no había cambiado en nada, lucia igual de joven que antes, como un chico ordinario de 16 años…mi rostro no había surgido ningún cambio, mi cabello era igual de rubio (ni más largo ni más corto), mis ojos por ser demonio eran rojos…tan rojos como la sangre de los humanos que corría entre mis manos; ¿a cuántos había matado ya? No lo sabía…perdí la cuenta después de los mil seiscientos cincuenta y cuatro asesinatos crueles…contando mujeres, niños y bebés lo sé…soy un monstruo.

Jamás obtendré salvación eterna al morir, tengo un pase reservado para el infierno…baje la cabeza con los ojos cerrados por un momento, al subirla mire detalladamente el cuarto de Hinata y mis ojos se detuvieron el una imagen la cual ya hacía un hombre alto de cabello castaño, con atuendo blanco y dos rayos de luz rosa y azul saliendo de su pecho con la mano puesta en ese pequeño resplandor y con la mano derecha alzada con expresión amable en su rostro.

Sin más me acerque a esa imagen la cual ya hacia colgada a un lado izquierdo de la cama de Hinata. Al ver a ese hombre de frente mis piernas se doblaron hasta caer arrodillado con ambos brazos a los costados aún viéndolo.

— ¿Qué pretendes en realidad?—pregunté viendo a ese hombre, ya que de Buda no había obtenido respuesta alguna— ¿Por qué me pones tantos obstáculos?—dije con voz quebrada y mirada angustiada; yo sabía que esa imagen no se iba a mover ni mucho menos me iba a hablar, pero debía intentar—, ¿soy un defecto de su creación? ¿O un simple bufón del que pueden burlarse cada vez que se aburren? —, susurre agachando la cabeza aún más que en veces anteriores— ¿por qué no me matas de una vez? ¡¿Tienes poder para eso no?!—Expresé enojado cerrando mis manos con fuerza—, ¿por qué?—tantas preguntas sin respuesta alguna.

— Naruto—oí susurrar a Hinata desde su cama; ¿desde hace cuánto estaba despierta?

Me gire a su dirección pero sus ojos estaban cerrados y su respiración estaba calmada, seguro alucinaba. Sin embargo esa diminuta duda que me invadía no me permitió darme cuenta del momento en el que mis piernas levantaron mi cuerpo y me acercaron al cuerpo inmóvil de Hinata; me senté a su lado y la miré.

— Naruto—volvió a decir en ese mismo tonito molesto parecía que se había inventado únicamente

— ¿Qué quieres?—pregunté algo roñoso.

— Ayudarte—dijo en susurro, sin darme cuenta su mano izquierda tomo mi mano…la que sujetaba el pedazo de tela.

— No puedes ayudarme…nadie puede hacerlo—contesté con voz seca—…nadie—intenté quitar mi mano de la suya pero ella me sostuvo con más fuerza…sus ojos estaban abriéndose lentamente dirigiendo su mirada hacia a mí, observándome con calidez.

— Déjame intentarlo—dijo susurrando procurando no mostrarse débil.

— ¿Por qué quieres ayudarme?—pregunté aún con voz seca y mirando hacia la puerta de su cuarto.

— Por…porque…—guardó silencio por un momento—yo…si te… te lo digo…te…m-molestarás…podría apostarlo—dijo tras una sonrisa nerviosa.

— ¿De dónde demonios salió esa timidez Hinata?—pregunté algo molesto observándola por un segundo quitando su mano con fuerza con mí otra mano y parándome de la cama viéndola indignado. Ella no hablo solo sentó apoyándose con sus manos sin quitarme la mirada, una mirada irritante, una mirada llena de lastima y compasión—no la necesito—musité regresando mi vista hacia la ventana observando otra vez la luna, tratando de controlarme para no hacer una locura.

— ¿Disculpa…?—ladeó la cabeza incrédula.

— No necesito tu caridad… ¡Ni mucho menos tu lástima!―grité irritado.

Ella arqueó una ceja seguramente debió mantenerse algo confusa con mis cambios de humor a cada momento, comenzaba a pensar en la bipolaridad en mi interior, en realidad hasta yo me hartaba y me confundía conmigo mismo.

— Naruto— dijo ella parándose y dando pasos lentos hacia mí—escucha…

— Hinata— Interrumpí bastante serio—te recuerdo que soy un demonio, un asesino un maldito con las manos llenas de sangre inocente y algunas no tan inocentes—murmuré lo último entre dientes evadiendo su mirada.

— Sé lo que eres—dijo ella con seguridad en su voz.

— Entonces, ¿qué ganas tu con ayudarme?―dije con frialdad en mi voz pero con tristeza en mi alma.

— Tu confianza—gimió ella abrazándome por atrás, debo admitirlo…eso me sorprendió.

Estaba anonado sintiendo sus manos en mi pecho sosteniendo fuertemente la capa que traía puesta, mientras que sus manos temblaban ligeramente y no solo sus manos, todo su cuerpo temblaba, como si estuviera esperando a que yo digiera algo, ¿qué hacer ahora?… ¿confiar en ella?, no quiero que vuelvan a lastimarme…como sucedió con Shinji y Sasuke.

— ¿Hinata?—susurré calmado soltando la manga del kimono de Hinata que había robado tomando sus manos entre las mías apretándolas suavemente.

— ¿Qué?—dijo ella aun en susurro.

— Gracias—dije al bajar sus manos sin soltarlas.

— Naruto yo…—intentó hablar separando sus manos de las mías lentamente—…no pienses que esto es para… lo hago… ¡Ya sabes!…Con otro propósito—dijo separándose de mí y caminando hacia delante de mi dándome la espalda y con los hombros encogidos parecía que algo hacia con sus manos.

— Nunca lo pensé—dije sonriendo inocentemente, pero después me di cuenta que no sabía de que otro propósito hablaba—. ¿Qué otro propósito?—pregunté pensando en que a veces solía rebasar el límite permisible de la inocencia…o la estupidez.

— ¿Eeh?… ¿Quieres decir que no entendiste nada?—dijo volteándose, tenía sus manos al frente de su cuerpo uniendo los dos dedos índices…como jugando y con una mirada de "no puede ser posible"…pero había algo más…en sus mejillas…un pequeño rubor color carmesí se asomaba por sus mejillas. Algo llamativo a decir verdad.

— Bueno…tal vez sí—dije al verla de forma tan inocente—…tal vez no—murmuré al pararme a diez centímetros de su cuerpo…baje mi cabeza hasta quedar a un lado del cuello de la paralizada Hinata que tenía conmigo, haciendo a un lado su cabello con mi mejilla y dije—: pero para serte franco me gustaría pensar que lo decías con ese "otro propósito"—no sé de donde salió tanta cursilería pero supongo que es normal en esta época.

— Yo…yo—dijo ella al bajar la mirada nerviosa, no era muy buena escondiendo ese tipo de emociones, eso me agradaba.

— Hinata… ¿sabes?—dije sin separarme de ella—sonara extraño pero…nunca me había envuelto en una situación así—susurré nervioso, mis manos temblaban un poco, sin darme cuenta mis brazos la estrecharon contra mí, abrazándola suavemente, por un momento sentí algo que hace mucho no sentía…calidez.

~Fin De Capítulo~