buenas lectores, solo vengo a dejarles cap y a huir maricamente :3
no doy advertencias por que esas se dieron al inicio del fic, asi que ya saben luego pueden aparecer sorpresas 7u7
PD: gracias a Beta-chan por hacer un gran trabajo :3
Sus ojos se quedaron mirándose, aquellos carmines con completa seriedad, y aquellos violetas con una sorpresa inesperada, después de todo no hubiera imaginado tal propuesta, aunque, parecía más que suficiente como para que su anterior enojo fuese olvidado por un breve momento y las palabras de la pelinegra resonaran en su cabeza tantas veces que se sintió noqueada.
Incluso aquella joven temerosa de 14 años estaba sorprendida, aunque su temor seguía latente.
-Pero… ¿Qué? – Aquella pelirroja se encontró bastante confundida, simplemente no lograba reaccionar correctamente.
Nico estaba impacientándose, esa tonta pelirroja estaba demasiado ensimismada y no encontraba la oportunidad correcta de hacer que se distrajera y la rubia corriera, simplemente estaba ahí, sin moverse y con la mirada clavada en la suya.
- "De verdad que me irrita..."-
Fue lo único que pensó, antes de tomar acciones; simplemente, y de sorpresa nuevamente, se acercó hasta aquella pelirroja y tomándola de las mejillas, la hizo agacharse a su altura, para posteriormente juntar sus labios con los de la menor.
Pudo sentir de inmediato como aquella menor se tensó ante su contacto, pero sin importarle mucho, simplemente la juntó más a ella, para profundizar el contacto. Moviendo sus labios contra los de Maki, dando roces satisfactorios y suaves.
Sin separarse de la pelirroja, miró a Arisa y con la mirada le indicó que era su única oportunidad de escaparse de aquello, a lo que la pequeña se sintió profundamente agradecida y con cuidado de no hacer ruido, comenzó a irse.
En cuanto a Maki, todo en ella pareció perderse en aquellos labios, de un momento a otro todas esas sensaciones que había experimentado antes, se convirtieron en algo incierto en su interior, algo que la reconfortó, y no sabía por qué.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Pero no duraría, ya que, esta vez Nico fue tomada por sorpresa, pues sin previo aviso, fue apartada por Maki de un empujón un poco brusco, esto la descolocó y de inmediato la preocupó por dos grandes razones.
Arisa era una de ellas.
Sin embargo, cuando levantó su rostro, espero ver una expresión molesta, esperó incluso otra agresión por parte de la pelirroja, pero nunca esperó aquella expresión que estaba plasmada en ese rostro con ojos violetas.
La sorpresa la invadió al ver la cara de la heredera de Nishikino, había un gran desconcierto en él, así como un inusual sonrojo, y a su vez pudo ver también nerviosismo en sus facciones, nunca espero aquello.
- ¿Po…Por qué?... - susurró mientras mantenía aquella sorprendida expresión en la pelinegra.
Torpemente dio dos pasos para atrás, el ambiente para ella se había puesto demasiado tenso, pronto aquello cambiaría cuando escuchó la puerta de aquella habitación deslizarse de golpe a sus espaldas, y la estruendosa voz de una hermana preocupada invadió la habitación.
-¡Arisa!- tras aquel preocupado sonido, todas miraron en aquella dirección, en la entrada estaba esa rubia de nombre Eli, y no muy lejos de la puerta, la otra rubia de expresión asustada.
-Onee-chan…- la joven corrió a los brazos de su hermana con completo temor, escondiendo su rostro en el pecho de su hermana.
Maki miró la escena y posteriormente la regresó de vuelta a Nico, esta última pudo ver dolor nuevamente en aquella mirada que casi siempre lucía vacía, esta vez, podía apreciar eso, dolor y tristeza.
-No vuelvas a hacer eso… idiota…- dijo la pelirroja, para posteriormente susurrar aquello último y darle completamente la espalda a la de ojos carmín.
Eli se sintió aliviada de que su hermana estuviera bien, ahora que estaba ella ahí, no dejaría que nadie le pusiera un sólo dedo encima a Arisa.
-Tú… – La voz de Maki rompió su breve tranquilidad, cuando levantó la vista, aquella pelirroja estaba caminando hacia ellas.
Eli de inmediato recorrió a Arisa a sus espaldas para protegerla y se puso a la defensiva.
-¡Espera por favor! Escucha lo que tengo que decir- Eli sonó suplicante pero seria a la vez, para su suerte, logró hacer que la pelirroja se detuviera justo frente a ella. -Deja a Arisa en paz, por favor… a cambio, yo haré todo lo que tú quieras…- dijo sin dudarlo un solo momento.
Su sorpresa fue grande al ver como caían lágrimas de aquellos ojos violetas, y como aquella pelirroja evitaba a toda costa que continuaran saliendo aquellas lágrimas.
-Harás lo que yo quiera… has que Kotori vuelva…- fue lo único que dijo, antes de pasar su brazo frente a sus ojos para limpiar sus lágrimas, posteriormente, aquella mirada vacía volvió. -¿No puedes?... Entonces apártate de mi camino…- finalizó pasando de largo a ambas rubias y marchándose por fin de aquel lugar.
Nozomi quien había estado fuera de la habitación, vio a Maki salir de la habitación, cruzando miradas unos segundos, antes de que la menor desapareciera por aquel pasillo.
Nozomi caminó al interior de la habitación, logrando ver en el fondo, a aquella pelinegra, con rostro pacífico acomodar sus ropas, y más cerca de ella, estaban las hermanas abrazadas nuevamente.
- ¿Qué hiciste Yazawa-san? ¿Cómo es que tú hiciste que ella se fuera? - Nozomi preguntó algo sorprendida a Nico, quien simplemente le dedicó una mirada tranquila.
-La mente nunca será vencida por la fuerza bruta y los bajos deseos- fue lo único que dijo.
Nozomi se sintió aliviada de que ella hubiera estado ahí, ya imaginaba que clase de cosas hubieran ocurrido sin Nico ahí. Y hablando de aquello, simplemente se dedicó a acercarse a ambas rubias y con cuidado acarició la espalda de ambas, tratando de reconfortarla.
-Lamento no haber podido ser de ayuda para que te fueras a casa Elicchi- dijo a la rusa que simplemente negó.
-No es tu culpa Nozomi, hay cosas que no se pueden evitar, por más buena voluntad que tengas- respondió Eli, dedicándole una triste sonrisa a la peli morada, para después bajar la mirada a su hermana, quien sollozaba contra su pecho. –Estoy asustada, muy asustada de lo que pueda pasarnos, pero principalmente de lo que le pueda suceder a Arisa en este lugar- continuaba Eli, Nozomi notó incluso como ésta temblaba un poco.
Odiaba ver a quienes le importaban en esa condición, temerosos y atrapados en la psicosis, era ese intolerable sentimiento que la empujaba a tomar una importante decisión.
Con completa seriedad, llamó la atención de Eli, y trató de trasmitirle confianza con su mirada, sin dejar de posar su mano en aquel hombro tembloroso.
-No deberás preocuparte por eso Elicchi, yo las protegeré… Te protegeré-
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Los caballos de Sonoda comenzaban a pisar sus tierras, después de un largo viaje de 3 horas, los líderes y escoltas volvían a su territorio seguro. Sin embargo, en una carreta en especial, iba una preocupada peliazul, no dejaba de mover sus dedos, golpeteando su pierna y con su desafortunada mano libre mordía sus uñas, en señal de ansiedad.
Al frente de ella, iba su nueva adquisición, por así decirlo, la bella peligris que se le había otorgado a un alto precio aquel día.
Ella sabía la inquietud de su nueva ama, ésta seguro estaría poniendo en el peor de los escenarios a sus antiguas cortesanas al estar en manos de su querida Maki. No culpaba a la chica, pues esa forma en la pelirroja era inconfundible, aquella fama que la describía como una desquiciada sin escrúpulos, podía comprender las razones del por qué Umi estaría así, pero no las aceptaba por completo.
No pasó mucho tiempo para que arribaran en los establos traseros del castillo de Sonoda, en cuanto aquella carreta se detuvo, la peliazul se puso de pie y bajó de un solo salto. Apresurada sin decir palabra, comenzó a alejarse.
-Umi ¡Ven aquí! - la fuerte voz del líder de Sonoda llamó a su hija, sin embargo, ésta no se detuvo. - ¡Te he ordenado que te detengas! - llamó más fuerte esta vez, logrando así su cometido.
La heredera peliazul, sin mirar en ningún momento a su padre, se detuvo, pero únicamente para decir unas palabras.
-Te ruego me dejes tranquila hoy… por favor- fue su petición, aún sin esperar respuesta de su padre, volvió a emprender su camino, no quería escuchar a aquel hombre.
Kotori miró todo aquello, no se había imaginado que la joven Sonoda fuese desobediente a veces, sólo pudo mirar al hombre que lideraba aquel clan suspirar, no estaba segura si había arrepentimiento en aquel hombre, seguro estaría cansado ya, y no deseaba discutir más lo que restaba del día.
-Realmente es cansado ser padre- fueron las palabras del hombre al darse la vuelta y mirar a la peligris. –Lamento que terminaras aquí jovencita, pero no hay voz que enfrente al líder absoluto, tal vez no tengamos las mismas costumbres de la familia Nishikino, pero espero puedas estar cómoda- dijo el hombre a la de ojos miel, quien asintió con una tímida sonrisa.
-Agradezco su amabilidad Sonoda-dono- Kotori sonrió al hombre, sin moverse de su asiento.
El hombre llamó a uno de sus siervos y le pidió colocara a Kotori en un lugar limpio y cómodo, así como algunos cambios de ropa y le indicara donde podría asearse, tomar los alimentos y descansar.
La peli gris fue llevada al interior del castillo Sonoda, no era tan diferente a su antiguo hogar, con excepción de algunos adornos y sobre todo el ambiente; era tan tranquilo, tan silencioso, cosa contraria al castillo Nishikino.
Todo lo que el líder ordenó, se le fue otorgado y, por último, se le llevó a una habitación, ésta era amplia y con lo necesario para estar cómoda. Aquel siervo, al dejarla en ese lugar, cerró la puerta tras de sí, y la dejo sola en lo que sería su nuevo dormitorio.
La joven miró alrededor, todo parecía muy cómodo, a decir verdad, tal vez no tenía los lujos como la familia Nishikino se lo permitía, pero, todo le parecía bien. Soltó un suspiro, se sintió triste, porque ya no estaría cerca de la pelirroja, no podría reconfortarla, no podría hacerla entrar en razón, y más importante aún… no podía terminar de ayudarla a vengarse.
Soltó otro suspiro, mientras colocaba las cosas que le habían dado para vestirse, pudo escuchar en la habitación contigua sollozos muy tenues.
¿Quién estaría llorando a aquellas horas? Ya era tarde, y no se imaginaba a nadie despierto, además de los siervos.
Gracias a la costumbre, se encaminó sin cuidado alguno a la salida de su habitación. El pasillo estaba en completa oscuridad, sin embargo, una pequeña abertura de luz se reflejaba en el suelo y la pared, era a causa de que la puerta de la habitación consecuente, estaba ligeramente abierta, así que se acercó, cuando llegó lo suficientemente cerca, corrió tranquilamente la puerta de aquella habitación, sólo para toparse con una sorpresa ahí.
Todo lo que iluminaba la habitación, era una pequeña vela sobre una de las mesas de madera. Se podía admirar que aquella habitación tenía diversos adornos de origen extranjero, y un amplio espacio para dormir, tal cual dos personas cabían ahí.
Pero lo que más sorprendió a Kotori, fue a quien se encontraba ahí, hincada al pie de la mesa de madera central, donde la vela se consumía, ahí, la heredera de Sonoda estaba mirándola con sorpresa y con lágrimas en sus ojos ambarinos. Ella era quien lloraba en la oscura y sola habitación.
-Yo… lo siento mucho…- Kotori dijo apenada y se disponía a marcharse, sin embargo, para su sorpresa, Umi le habló.
-Yo soy quien debería disculparse…- dijo con su voz quebrada, cuando Kotori la miró de vuelta, Umi limpiaba sus lágrimas.
-No fue su culpa la decisión que tomó el amo Nishikino, Sonoda –san- Kotori trató de quitarle cualquier tipo de culpa a la peliazul, pero ésta negó rápidamente.
-Es mi culpa, yo perdí los estribos, yo hice que Maki reaccionara así… provoqué que me arrebataran a Eli y Arisa y que te ataran a mí, de verdad lo siento mucho- Umi dijo aquello bajando la mirada una vez más, procurando que la peligris no pudiera seguir viendo su rostro con lágrimas en toda su expresión.
Era verdad que Kotori estaba algo molesta, después de todo, la habían alejado de alguien importante para ella, no sólo eso, también le preocupaba Maki y lo que fuera a hacer de ahora en adelante, pues ya era bien sabido que la joven tenía un par de problemas en la cabeza, y aquel carácter malo e impulsivo no ayudaba a que Kotori se sintiera tranquila de dejarla y que Eli y Arisa tuvieran que tomar su lugar. Pero ya estaba ahí, y ahora su ama era esa peliazul, que lloraba destrozada en el suelo de lo que fue la habitación de las hermanas Ayase.
Con completa tranquilidad caminó hasta al lado de la peliazul y se agachó para quedar a la altura de Umi, posteriormente posó sus manos sobre los hombros de la mayor haciendo que esta levantara la vista y la mirara. Umi se sintió sorprendida de la cercanía de Kotori, la peligris sólo le dedicó una de esas sonrisas tan tranquilizantes que tenía y prosiguió a acercar a Umi a ella misma y compartirle su calidez en un abrazo reconfortante.
Umi no reaccionó hasta un par de segundos después, en los que su corazón dio un salto en su pecho y tras eso, comenzó a latir como loco. No podía creer que Kotori se hubiera acercado así de repente.
-Puedes llorar cuanto quieras, mi trabajo de ahora en adelante es estar a tu lado, así que está bien, Sonoda-san… no, Umi-chan, todo estará bien- Susurró tan cerca del oído de Umi, que ésta de inmediato se estremeció al sentir el cálido aliento de la peligris chocar con su piel, aun más, escuchar como la menor se tomaba la tranquilidad y confianza de llamarla por su nombre de aquella manera tan dulce.
-Koto…. Minami-san….- susurró en respuesta, para después simplemente ceder ante la peligris y hundir su rostro contra el pecho de la chica y terminar de sacar aquel dolor por medio de las lágrimas.
"- Ahora tengo que proteger la fragilidad de alguien más… daré lo mejor de mí-"
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De nueva cuenta, aquel grupo de chicas estaban reunidas, en una pequeña cabaña, rodeada de árboles, y con un número sugerente de soldados cuidando los alrededores, pues estaban organizando lo que sería su primer ataque, uno que marcaría el inicio de su venganza.
El grupo de los Tsushima y los Sakurauchi habían conseguido hacer varios uniformes demasiado similares a los de los Kazuno. Por otro lado, Hanayo se las había arreglado para costear los materiales y afinar detalles, que era lo que estaban evaluando en ese momento.
Chika llevaba puesto aquel uniforme de los Kousaka, mientras Kanan modelaba el de los Kazuno, Nico las miraba detenidamente, de un lado a otro, tratando de encontrarle algún defecto, para su satisfacción, aquellas eran replicas casi exactas, dejando de lado una franja ligera en las muñecas de color rosa, pues ese sería el distintivo para que pudieran diferenciarse de los soldados de Kazuno y los de Kousaka.
-Es perfecto, entre todo ese caos, seguro ni notarán la franja rosa en nuestras armaduras- elogiaba el buen trabajo Nico mientras sonreía tenuemente a sus aliadas responsables de aquel trabajo.
-Fue gracias a la guía de Koizumi-san que logramos replicarlas- daba crédito Riko a Hanayo que se sintió orgullosa también.
-¿Cuántas replicas se lograron?- Preguntó Nico esta vez a Hanayo y ésta hizo un par de cuentas antes de darle una respuesta.
-Los recursos que nos proporcionó fueron suficientes para elaborar cien armaduras, cincuenta de los Kazuno y cincuenta de los Kousaka, si esperamos un poco más y conseguimos más recursos, podríamos elaborar más de ellas- daba opciones Hanayo a Nico, pero ésta simplemente negó.
-Cincuenta para cada grupo son más que suficientes, este primer paso requiere de poca gente. Entre menos seamos los que nos mezclemos con los Kousaka o los Kazuno, menos probabilidad hay de que nos descubran y menos probabilidad de sufrir bajas- explicaba Nico a lo que las demás sólo asintieron.
-Bueno, tenemos las armaduras, y la información necesaria ¿Qué más necesitamos hacer?- pregunto Yoshiko en esta ocasión.
-Necesitamos la información de Kanan y ajustar los planes- dijo simple la pelinegra.
-En cuanto a eso, mis soldados estuvieron observando la frontera de los Kazuno y los Kousaka, tienen un campamento a un par de kilómetros, algunas torres de vigilancia y dos caballerizas bastante tentadoras y vulnerables- informaba Kanan para después mirar a Hanayo.
-Claro, de lado de los Kousaka hay una ventaja muy grande, ya que una de las casas importantes de la familia está a un par de metros de las barricadas con antorchas y algunos combustibles, frontera con los campamentos Kazuno. Los he visto usarlas, y logran expandir demasiado fuego con ellas, habrá que tener cuidado con eso, por otro lado, sus caballerizas están más protegidas, pero el lado izquierdo de sus tiendas de acampar es vulnerable, debido a que se encuentra el paso del rio Shiwa, podríamos alertarlos desde ese lado- explicaba Hanayo.
-De acuerdo, el grupo de Kanan-san podría alertar a los Kazuno desde aquella ala, el grupo de Yoshiko-san podría alertar a los Kousaka desde el frente de sus caballerizas- explicaba Nico mientras extendía un pergamino sobre una de las mesas de la cabaña y marcaba la posición de cada una. – El punto de reunión sería la estadía del grupo sobrante dirigido por Hanayo, donde nos reforzarían en caso de que algo salga mal, por otro lado, el grupo de Riko-san puede comenzar el ataque a Kousaka y yo tomaría el frente contra los Kazuno- acomodaba Nico tomando al grupo más complicado y mirando alguna opinión en contra de alguna de las demás, pero ninguna hizo ruido alguno.
-¿Están de acuerdo?- preguntó Hanayo a lo que las demás asintieron.
-Confiamos en que Yazawa sabe lo que hace, y más vale que así sea- Kanan decía aquello mientras quitaba el casco de la armadura que portaba y sonreía con convicción.
-De acuerdo, tenemos que andar con cuidado y silencio, para dar instrucciones a los soldados y su respectiva vestimenta. En marcha- Nico indicó y se puso de pie, no sin antes llevar consigo una armadura, replica de los Kousaka con ella y su siempre fiel catana.
Estaba nerviosa, por supuesto que lo estaba, aquella sería una noche larga en la que prepararían todo para posicionarse conforme lo planeado y esperar a que la noche saliera una vez más para llevar a cabo su ataque, que estaba al menos un noventa por ciento segura que funcionaria sin ningún contratiempo.
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Entre las sombras, ahí estaba Tsubasa, mirando con seriedad el lugar donde Honoka estaba, al lado de esa persona que tanto despreciaba, claro, no era culpa de la chica después de todo, el líder de las tres familias era el culpable de tal decisión, así como el líder de Kousaka, si debía tenerle desprecio a alguien, debía ser a ellos, esos hombres que estaban decididos a separar a Honoka de ella.
Aquella tarde, se llevaría a cabo la primera práctica de la ceremonia nupcial entre las herederas de la familia Kousaka y Nishikino, todo en una de las casas importantes de los Kousaka, por lo que Maki, escoltada por algunos soldados estaba presente en la casa Kousaka para hacer posible la práctica.
Tsubasa estaba ahí, por que Honoka le había pedido que así lo hiciera, que no quería estar sola, porque a pesar de que Maki les hubiera ofrecido un trato, no confiaban en ella, era sumamente impredecible.
Sin embargo, hasta ahora, Maki se había mantenido al margen, había cumplido con todo lo que había dicho y no mostraba ser una amenaza, al menos no para ellas dos, por lo que Tsubasa se preguntó ¿Qué estaba planeando la pelirroja? No lo sabía a ciencia cierta, solo estaba segura de algo.
-Siempre estaremos juntas… ¿Verdad Honoka? No importa que… estaremos juntas- susurró para sí misma Tsubasa, mientras observaba como Honoka y Maki se ponían de frente y permitían que el guía simulara atar sus manos.
Al otro lado estaba Yukiho, mirando también todo lo que pasaba y como se llevaría a cabo aquel compromiso, siempre con la preocupación en su expresión debido a Tsubasa y claro, a su hermana, pues sabía perfectamente el amor que había entre ambas, y aquella nupcial, debía ser dura para las dos.
-Perfecto, justamente así debe ser llevada a cabo la ceremonia real, con la misma seriedad- el líder Kousaka miraba de cerca el ensayo, posteriormente se encaminó hasta su hija, quien al finalizar el ensayo se había puesto de pie, dándole la espalda a Maki quien hizo lo mismo. –Con esto me harás sentir muy orgulloso Honoka, me mostrarás que ya has madurado- agregó el hombre dando una palmada al hombro de su hija.
La castaña simplemente dio una sonrisa forzada a su padre y esperó a que este se ocupara de cualquier cosa que no fuera ella, para poder correr a los brazos de Tsubasa. Sentía que si no recibía algún tipo de apoyo pronto, no podría mantenerse serena.
-Iré a conversar algunos ajustes con Nishikino-san, puedes tomarte un descanso, Honoka- dijo el hombre a su hija y ésta asintió una vez más.
El hombre no tardó en desaparecer del frente de Honoka para que ésta saliera corriendo de inmediato a las sombras, ahí donde estaba segura que Tsubasa estaría esperándola.
Llegó lo más pronto que pudo y sin pensarlo, cuando vio a Tsubasa mirarla y sonreírle, se abrazó a ella escondiendo su rostro entre el cuello de la castaña que solo soltó un suspiro y acariciaba la cabeza de su amante.
-Lo has hecho de maravilla Honoka, me siento orgullosa de ti- decía Tsubasa con honestidad a la heredera que simplemente apretó un poco más a su amada contra sí misma, sin lastimarla claro.
-Me siento asustada todavía, no quiero hacer esto… no sé si confiar en Maki-chan, no sé qué va a pasar con nosotras, no sé nada…- Decía Honoka manteniéndose abrazada a la más baja.
No mentiría, también tenía miedo, pero si ambas se mostraban temerosas no habría como ayudarse, así que Tsubasa sería la fortaleza, como otras veces, como cada día…
-No tienes por qué tener miedo, aquí estoy- Tsubasa exhortaba a la castaña a que se calmara, simplemente acarició su espalda tanto como Honoka permaneció abrazándola.
Cuando la de ojos azules por fin se separó de la más baja, le dedico una tímida sonrisa.
-Perdona por depender siempre de ti, Tsu-chan- con palabras culpables, Honoka se disculpaba con su amada, quien sólo le dedicó una radiante sonrisa, de esas que siempre hacían calmar a Honoka.
-También te necesito Honoka, somos un complemento ¿No?- decía complacida de la expresión más alegre de Honoka, decidió tomar su mano y hacer que la siguiera. –Ven conmigo, encargué algo en la cocina, seguro te gustará y te alegrará un poco- decía sonriente Tsubasa.
Honoka se dejó arrastrar por Tsubasa hasta la pequeña cocina de aquella casa, pensando en qué clase de cosa sería la que Tsubasa tendría ahí para ella. No tardó en descubrirlo, al entrar a la cocina, sobre la mesa de centro, había una charola con pan, aquel pan casero de Tsubasa que tanto amaba Honoka.
-Tsubasa-chan… ¿Cuándo lo hiciste? - preguntó sorprendida la peli jengibre y la mayor se limitó a sonreír complacida.
-Parece que estabas tan asustada que no viste pasar el tiempo, ven, siéntate y relájate- Tsubasa se sentaba al pie de la pequeña mesa y a su lado daba un par de palmadas para que Honoka se sentará a su lado también.
Honoka lo hizo y cerró brevemente los ojos para poder aspirar el suave y dulce aroma de aquellos panecillos redondos con relleno dulce.
-Muchas gracias Tsubasa-chan- agradecía, y sin esperar más se dispuso a comer un poco de aquel pan.
No importaba si era mucho o poco tiempo, Tsubasa disfrutaría cada segundo con la castaña, esa glotona que amaba con todo su corazón.
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Llegó la noche, la mayoría del cielo mostraba un oscuro color mientras que lo más bajo, aún se podía apreciar un poco anaranjado, debido a la puesta de sol ya casi concluida, para ese momento, el campamento Kousaka se había quedado en completa tranquilidad y con una vigilancia serena, ya que la líder Nishikino permanecería ahí para dar un ensayo más al día siguiente.
A sus alrededores, sin que nadie pudiera predecirlo, se estaban formando algunos grupos, el primero de estos era dirigido por Sakurauchi Riko, quien estaba organizando a sus hombres, quienes serían los primeros en provocar el ataque a los Kousaka, en el ala izquierda. Del otro lado del rio Shiwa, Kanan estaba lista, uniformada ella y sus hombres con armaduras de los Kousaka, esperando la señal de fuego de alerta de Riko, para ella comenzar su propia alerta desde aquel lugar.
Por otro lado, Nico estaba al frente del grupo que atacaría a los Kazuno, estratégicamente ordenada, no muy lejos estaba el grupo de Yoshiko para "apoyar" a los Kazuno. Todo estaba en orden, llevaban un largo rato posicionados, observando la actividad de ambos campamentos, esperando que llegara el momento acordado para iniciar el ataque, y ese sería cuando la luna estuviera en su punto.
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Algo la tenía mal desde hace días, la llegada de Kanan la había hecho sentirse insegura, con molestia, algo no le cuadraba, algo definitivamente andaba mal, ¿Por qué de repente los Matsura se rendirían? No lo sabía, siempre conoció a Kanan como una chica persuasiva, aunque también se afligía mucho al fallar. Sin embargo no veía en qué punto la líder de los Matsura se hubiera afligido como para rendirse.
-Kanan rendirse…- Susurró para sí misma mientras miraba detenidamente una pequeña figura de un pez.
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Recordaba esos días, esos en los que era todavía una niña, en los que no tenía que preocuparse por su deber con la familia, donde podía ser una niña como cualquiera, aun cuando aquel sería su último año siendo libre.
Su pequeña hermana estaba a la par de ella, sentada, escuchando con una sonrisa el cuento que Hanamaru leía para ellas, al otro lado, estaba Mari, recargando su cabeza en el hombro de Dia, mientras tarareaba tenuemente una melodía, tan tranquila y relajada, todas entreteniéndose en lo que llegaba aquella otra pequeña más.
El ruido de los árboles las alertó, aquella era su señal, esa que les indicaba la llegada de su amiga faltante, Mari se puso de pie rápidamente y con una sonrisa corrió cerca de los árboles.
-Kanan ¿Eres tú? - preguntó juguetona mientras miraba a los alrededores.
Dia le siguió y también camino más tranquilamente al lado de Mari, mirando con detenimiento la flora del lugar, esperando encontrarse con su amiga.
-No soy Kanan… ¡Soy un monstruo! - con aquella voz en el aire, de entre los arbustos, una pequeña peliazul de ojos violetas dio un salto, apareciendo con sus brazos alzados amenazadoramente y con una expresión sonriente y traviesa.
Ruby pegó un pequeño salto, acompañado de aquel típico grito suyo, Hanamaru sólo se ocultó a espaldas de la Kurosawa pelirroja, mientras observaban como Kanan corría tras de Dia primero y después contra Mari, turnándose a cada una sin saber a cuál perseguir concretamente.
Las risas de las pequeñas no se hicieron esperar, y cuando Kanan llegó hasta su primer objetivo, se abalanzo sobre él dándole un fuerte abrazo, tan meloso que haría sonrojar a cualquiera.
-¡Te tengo Mari!- Decía estrujando con cariño a la rubia que no paraba de reír.
-¡No me tienes!... Yo te tengo a ti- Fue la respuesta de Mari, quien dándose un giro regresó aquel abrazo a la chica de cabello cobalto, ambas cayeron sobre el pasto que pisaban entre risas, mientras tanto, una agitada Dia respiraba a la par de ambas.
-Cielos… Siempre apareces de la nada y haces eso Kanan-san- decía jadeante la pelinegra.
Kanan dejo el abrazo con Mari y se sentó, mirando con atrevimiento a la de ojos rasgados, y cubriendo su boca ligeramente se rio.
-No me digas que Dia está celosa…- con aquel tono juguetón, Kanan insinuaba algo a Dia, pero esta simplemente suspiró.
-¿Celosa de qué? Cielos…-se incorporó y le dedicó una mirada algo confundida a Kanan.
En aquel momento no pudo leer la expresión de Mari ni de Kanan, pero ahora cuando era mayor y lo recordaba, se golpea mentalmente por hacer sentir mal a Mari. Esa rubia que tenía sentimientos por ella cuando eran niñas, aunque no estaba segura de eso realmente, tal vez ella amaba a Kanan. Nunca estuvo segura hasta que aquello por lo que Kanan ganó su odio ocurrió…
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Dia sacudió la cabeza, no era su culpa, había prometido proteger a Mari de ese hombre que la repudiaba, aquel que se convirtió en su padrastro cuando el padre de Mari murió, hizo lo que pudo, lo que la familia Nishikino le permitió, lo que su propia familia Kurosawa le permitió.
Y sin embargo, ahí estaba Kanan, yéndose y dejando a Mari atrás, como si no le importara ninguna de las promesas que se hicieron, como si no quisiera a la rubia, eso la llenaba de rabia, ¿Por qué Kanan tenía ese sentimiento de odio hacia ella si había hecho hasta lo imposible por sacar a Mari de aquel burdel? ¿Cómo iba a saber que ese hombre ruin iba a vender a Mari en primer lugar? No era su culpa y aun así…
Ahora que Kanan estaba del lado de las tres familias y Maki le había encomendado vigilarla, no sabía qué hacer, no sabía cómo sentirse al respecto.
¿Odiaba a Kanan? Por supuesto que no, pero no toleraba su presencia, no después de dejar a Mari, y claro, no quería compartir a Mari, era suya por ley.
- ¿Qué diablos estás pensando Dia? Mari no es un objeto…- se maldijo a sí misma por lo bajo.
Pero, Mari aún la amaba ¿No? Aún amaba a su Dia, la rubia no se iría con Kanan ¿Verdad?
-No… estoy celosa… yo no…-volvió a susurrar, dando un ligero golpe a la figura del pez que había estado mirando, ésta se tambaleo y cayó de la repisa de madera donde estaba.
-Detesto que me hagas esto Maki... hacerme enfrentar aquello de lo que tanto he huido-
Y volvió el silencio, no quiso moverse de su lugar, ni si quiera tomo la molestia de levantar la figura y devolverla a su sitio, simplemente se quedó mirando pensativa al resto de ellas que aún seguían en la repisa. Pronto escuchó el desliz de la puerta y aquel dulce aroma inundó su nariz, inconfundible aroma de aquella persona.
No dijo nada nuevamente, simplemente se quedó inmóvil, dándole la espalda, con sus sentimientos hechos un lio al igual que su mente, con deseos de descargar todo aquello.
Un par de brazos pasaron sobre sus hombros y un calor la comenzó a acompañar, el calor de aquella que pegaba su pecho contra la nuca de la pelinegra.
-Dia - le susurró al oído mientras la estrujaba un poco más cerca de ella, dejando que su tibio aliento acariciara la piel de la pelinegra.
No se movió, dejo que la fragancia de aquella chica inundara su nariz, de alguna manera siempre la relajaba sentir esa presencia y sabía que la rubia que la abrazaba ahora mismo, también se calmaba con su contacto.
Mari notó la calma en Dia, era como una pauta a que continuara, siempre era así, por lo que comenzó rosando con su nariz el lóbulo de Dia y después comenzó a hacerlo con la piel de su cuello, aspirando el aroma de la pelinegra, descendió hasta los hombros de la mayor y marcó dos pequeños besos en cada uno.
Sintió el erizar de la piel de Dia contra sus labios, eso definitivamente la llenaba de alegría, por lo que deseó tocar un poco más.
Con caricias suaves, se paseó al frente de la pelinegra, mirándose por fin a los ojos, verde y aqua.
En los labios de Mari simplemente se dibujó una sonrisa, como si esperara aprobación de la pelinegra para continuar, aquel silencio y mirada tan penetrante fue suficiente para que comprendiera la respuesta de Dia, podía continuar.
Abriéndose paso, terminó por sentarse sobre el regazo de la pelinegra, rodeando con sus piernas la cintura de la mayor y con sus brazos rodeo el cuello de ésta, sin olvidar mencionar que acercó su rostro a la contraria tanto como pudo, hasta que sus respiraciones chocaran entre sí.
-Estás muy tensa- dijo Mari a la Kurosawa que solo asintió. Poco a poco sintió como las manos de Dia se posaban en su cintura, para mantenerla cerca de su cuerpo.
-Haz que me relaje entonces…- susurró Dia, antes de aventurar sus labios contra los de la rubia, quien la recibió gustosa.
Aquel apasionado beso permaneció un momento, hasta que ambas necesitaron tomar algo de aire y se separaron mirando sus enrojecidos rostros mutuamente por un par de segundos. Posteriormente volvieron a unirlos, las caricias con sus manos no se hicieron esperar también, en aquella posición, Dia tenía al alcance las piernas de Mari, y de esa manera, sus manos fueron recorriendo desde las rodillas, pasando por los muslos hasta poder tocar las caderas de Mari bajo su kimono.
Por su parte Mari había comenzado a introducir sus manos dentro del Hakama de Dia, tocando la desnudez de su torso, sus ligeras curvas, aquella blanca y cálida piel que había tocado tantas veces.
Aunque sus acciones se vieron irrumpidas cuando sintió la mano de Dia rozar su intimidad con sus dedos, la pelinegra se había adelantado, incluso podría decir que estaba siendo algo brusca, pero ignoró ese hecho y dejo que la pelinegra continuara con sus caricias.
- ¿Por qué has venido aquí Mari-san? - Dia dijo aquello entre el acto, moviendo sus dedos de arriba abajo, rozando por sobre la ropa íntima de Mari, la rubia solo se aferró a ella.
-Estoy… segura que necesitas… des… estresarte- fue lo único que pudo contestar Mari, conteniendo su voz.
Dia simplemente frunció ligeramente el ceño, y posteriormente, con un movimiento hábil, logró introducir una de sus manos en la ropa interior de Mari, tocándola directamente, haciendo que su cuerpo se estremeciera.
-Eso no respondió mi pregunta- lanzó de inmediato la pelinegra, y con completa saña, comenzó a abrirse paso, introduciendo dos de sus dedos en el interior de Mari, la rubia en reacción se tensó y dejó escapar un jadeo.
Dia simplemente hundió su rostro contra el cuello de Mari, besándolo en primera instancia y posteriormente dándole mordiscos, la voz de la rubia inundaba sus oídos. Sin embargo, una sensación la hizo estremecer, pues el cálido tacto de Mari contra su intimidad fue la culpable, de golpe separó su boca del cuello de la rubia y la miro con sorpresa.
-Estoy aquí… porque estamos pensando en lo mismo… –agregaba Mari, con voz agitada, mirando directamente a Dia.
Lo sabía… muy en el fondo Dia sabía que Mari pensaba justamente en lo mismo, y ahora que sus dudas eran confirmadas. Simplemente cerró los ojos y continúo con todo aquello, dejando que ambas se fundieran en aquella calidez. Tratando de ignorar lo que se les avecinaba prontamente.
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El campamento Kazuno estaba sumergido en un relajante silencio, el cual sólo era perturbado por la fauna nocturna que hacía tenue aparición en el ambiente, sus vigilantes permanecían igual de tranquilos, manteniendo sus puestos activos, algunos más se habían tomado la tranquilidad de sentarse a comer algo o simplemente a conversar con cualquier otro que estuviera a la mano.
No fue hasta que un ruido entre la maleza alertó a unos cuantos.
- ¿Qué ha sido eso? - uno de los hombres se aventuró a investigar.
Se levantó de su lugar y con catana en mano comenzó a acercarse al sitio donde había escuchado aquellos ruidos.
Miró, alumbrándose únicamente con una antorcha a los alrededores, sin embargo, aquel ruido no volvió a escucharse.
-Deja de imaginar cosas y vuelve a tu puesto, las señoritas Sarah y Leah van a castigarte si te encuentran fuera de tu posición- Otro guardia advirtió a su compañero.
Éste sólo dio una mirada más a la maleza para después girarse despreocupado y volver a su puesto, sin embargo esa fue su última acción, pues al dar la espalda, una flecha poderosa y certera atravesó su nuca y se desplomó en presencia de los demás guardias que de inmediato se alertaron.
Tres de ellos prepararon sus arcos y dispararon varias flechas a la oscuridad por donde había sido atacado su compañero, y cuando no escucharon ningún movimiento más, cesó su ataque, guardando silencio, esperando que el intruso hubiera sido asesinado por alguna de sus flechas.
Para su mala fortuna, esa sería también su última acción, pues como al caído frente a ellos, fueron tomados por sorpresa, pero esta vez con un combustible, el cual no supieron identificar hasta que miraron a un guerrero con la armadura de los Kousaka salir de entre las sombras y patear la antorcha aun encendida del primer caído hacia ellos, y ser envueltos por las llamas que acabarían con su vida de la manera más dolosa posible.
Aquel guerrero, desenfundo de nueva cuenta su arco y esta vez disparó una flecha con fuego hacia una de las caballerizas a la vista, haciendo alertar a los caballos de los Kazuno, y sirviendo a su vez de señal, para el grupo que esperaba para el ataque.
-Matsura-sama- uno de los guerreros susurró a la líder del grupo que estaba oculto a un costado del campamento Kazuno, cuando Kanan miró, vio la flecha encendida en una de las caballerizas, era momento de actuar.
-La señal de Yazawa- fue lo único que dijo y de inmediato ella y aquel grupo salió de entre las sombras, portando la armadura Kazuno.
Uno de sus hombres comenzó a gritar.
-¡Nos están atacando!-
Esa fue la última señal para que los Kazuno comenzaran a alertarse y ponerse en marcha, al frente del campamento, Nico, liderando al grupo Kousaka principal, comenzaban a lanzar flechas con fuego a las casas de campaña y todo aquello que formara parte del campamento Kazuno.
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Un hombre, agitado y desarreglado corrió al interior del inmueble principal, lugar donde estaban las personas más importantes del lugar, y sin aviso alguno ingreso a los dormitorios, donde dos jóvenes de cabellos violetas y ojos de mismo color se incorporaban confundidas.
-Sarah-sama, los Kousaka están atacándonos- alertó el hombre a la joven mayor, que rápidamente se puso de pie y corrió a tomar su fiel catana.
-Leah, levántate rápido- Sarah dijo casi a modo de orden a su hermana menor quien con completa tranquilidad se ponía de pie y caminaba hacia el estante donde guardaba su arma favorita, una lanza de doble filo.
-¿Por qué esos bichos vienen a molestar? Saben perfectamente que podemos borrarlos del mapa en un abrir y cerrar de ojos- fueron las únicas palabras de Leah, tomando tan tranquilamente su arma, como si no estuviera muriendo gente fuera de sus puertas. -
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Honoka y Tsubasa descansaban juntas, la castaña le daba la espalda a Honoka y esta la abrazaba, rodeando su cadera con sus brazos, mientras que en la habitación conjunta a esa, la pelirroja Nishikino permanecía despierta, mirando por la gran ventana de aquella habitación, tan melancólica y desolada.
Su mente estaba en blanco, mirando el cielo nocturno, admirando el silencio del lugar, llena de emociones y a la vez tan vacía.
Sin embargo, logró escuchar algo, ruido, ruido muy tenue, como si alguien estuviera caminando cerca.
-Uno... Dos…. ¿Tres?...- susurró prestando atención al exterior y comenzando a ponerse en completa alerta.
Sin pensarlo dos veces, asomó su cabeza al exterior y volvió a escuchar aquellos tenues pasos sobre la tierra, algo no andaba bien, por lo que completamente decidida dio un salto a través de la ventana y salió al exterior, siempre con su mano derecha sobre el brazo de su catana.
Dio un par de pasos y el suave sonido se desvaneció, dejándola a ella, su respiración y los latidos de su corazón como único ruido, lo cual la inquieto más.
-Sal de donde estés- retó a lo que fuera que estuviera afuera a salir, y para su desgracia obtuvo una respuesta cobarde.
El viento siendo cortado inundo sus oídos y rápidamente alcanzo a hacerse a un lado y optar una pose a la defensiva, una flecha atravesó la maleza y había alcanzado a rosar su mejilla haciendo un corte limpio.
No se hicieron esperar más de ellas, comenzando a caerle una tras otra a la pelirroja quien recibió una rozando su pierna, otra su frente y una más en uno de sus costados, pues alcanzó a correr entre ellas para volver a refugiarse con los muros de la morada Kousaka.
- ¡Honoka, hay intrusos! - la pelirroja gritó una vez estando fuera del alcance de las flechas.
La voz de Maki perturbó su sueño y posteriormente la fuerte voz de Tsubasa que la zangoloteaba para que despertara de inmediato y se comenzaran a proteger.
-¡Honoka despierta ya! Por favor, están atacándonos- Tsubasa decía con desespero.
La castaña de ojos azules logró reaccionar por fin y levantarse de golpe, corriendo torpemente a donde se suponía estaría su espada, Tsubasa hizo lo mismo y cuando se percataron, soldados que protegían su barricada comenzaban a movilizarse, pues estaban siendo atacados.
-Son hombres de Kazuno- uno de los hombres dijo mientras corría a tomar su posición.
-¿Kazuno?... Honoka, tenemos que salir de aquí- Tsubasa dijo aquello mientras sujetaba uno de los brazos de Honoka y tiraba de él.
Afuera, entre los árboles uno de los guerreros que vestían armaduras de Kazuno hablaba con molestia a su líder.
-Sakurauchi-sama ¿Por qué hizo eso? Debíamos esperar la señal de Tsushima-san, además, debemos informar cuanto antes que Nishikino Maki está en el campamento aquí- dijo el hombre a aquella autora de la lluvia de flechas contra Maki.
-Esa maldita… aun en aprietos sigue siendo estúpida y orgullosa… retándome…- dijo Riko llena de ira, pero para su mala suerte, su impulsiva acción había alertado a los Kousaka antes de lo esperado.
Por otra parte Yoshiko al frente fue sorprendida por una de esas bombas de combustible que no tardo en comenzar a arder.
-Retrocedan- Gritó a su grupo que se hacía pasar por soldados de Kazuno.
El fuego comenzaba a correr hasta ella, pero para su suerte, pudo salir del radio de aquella pequeña bomba. No entendía por que los Kousaka se estaban defendiendo de inmediato, solo sabía que estuvo a punto de ser asesinada sin haber podido hacer nada.
-¡A su posición!- ordenó a su grupo, o al menos a los que habían sobrevivido a ese primer impacto y estos de inmediato comenzaron a lanzar flechas con fuego a la barricada de los Kousaka, ésta de inmediato comenzó a encenderse en llamas.
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Nico había logrado hacer los destrozos necesarios contra el campamento Kazuno, por lo que indicó a los suyos que comenzaran a retroceder, pues seguro los Kazuno estaban a punto de salir y pelear cuerpo a cuerpo. Corrió hasta donde había dejado oculto un caballo y se subió a él de inmediato, comenzó a galopar mientras con su arco lanzaba una flecha esta vez al cielo, en señal a Kanan para que comenzaran a retroceder también.
Andando a todo lo que el corcel daba, pudo retirarse lo suficiente, solo para percatarse de algo muy importante.
-Imposible…- dijo sorprendida al presenciar aquello.
Un grupo sumamente grande de soldados se había formado en el interior de la barricada, listos para salir a defenderse, pero lo más sorprendente era la presencia de las dos herederas de Kazuno, al frente cada una del numeroso grupo, listas para salir a perseguirlos.
-Mi señora Yazawa, Matsura-san está en su posición- uno de sus hombres la saco de su ligero asombro, Kanan había salido con éxito del lugar, era momento de llegar al punto con los Kousaka.
Una vez que los auténticos soldados de cada familia se encontraran, se encargarían de exterminarse mutuamente, y su misión sería un éxito.
Los hombres de Yoshiko habían muerto la gran mayoría, gracias a que los soldados de Kousaka habían salido de inmediato a defenderse, ella se encontraba herida por una flecha, oculta entre los árboles, había retirado la armadura de los Kazuno para que no la identificaran y había quitado a algún cadáver de los Kousaka sus ropas para mezclarse.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí, simplemente se quedó oculta entre árboles y algunos cuerpos, no fue hasta que una cara muy conocida se acercó hasta ella y la llamo con preocupación.
-Yoshiko-chan, aquí estas- la pelirroja llamó a su amante y se hinco cerca de ella para revisar su herida.
-Riri… ¿Qué rayos pasó? - fue lo primero que preguntó, mirando adolorida y preocupada a la mayor.
Pudo notar como la expresión de Riko se vio avergonzada y arrepentida, entonces tuvo una ligera intuición que Riko había hecho algo mal.
-Esa maldita de Nishikino está ahí, estropeó nuestra posición y cuando intente matarla alertó a los demás- se excusaba, para su fortuna, Yoshiko le creyó.
-Diablos, mataron a casi todo mi grupo, tenemos que notificar a Yazawa o lamentaremos las consecuencias- Yoshiko trataba de ponerse de pie, pero su herida se lo impedía, un limpio corte en su tobillo.
-No podemos movernos, los Kousaka siguen alertas- advirtió Riko.
-Entonces… tenemos que salir de aquí, Yazawa sabrá que hacer- infirió Yoshiko.
Riko simplemente asintió y pasando un brazo por la cintura de Yoshiko y otro sobre sus hombros, la ayudó a levantarse y alejarse del lugar.
No muy lejos, Nico y varios de sus hombres se aproximaban a toda velocidad, intentando encontrar al grupo de Yoshiko, sin embargo no vio nada y comenzaba a preocuparse, pues casi pisando sus talones venían persiguiéndola Sarah y Leah con todo su grupo.
Una nueva lluvia de flechas comenzó a caerles encima y para su desgracia, una de ellas dio en una de las patas de su caballo haciéndolo caer y por consecuente, a ella también.
La armadura la protegió lo suficiente, y entre la revolcada capa de polvo que se levantó logró mirar la cercanía del grupo de los Kazuno, por lo que simplemente se levantó y corrió a introducirse entre los árboles, ordenando a sus hombres sobrevivientes que también lo hicieran.
-¿Por qué carajo no está Yoshiko aquí?-maldijo llena de coraje y frustración mientras corría entre los árboles.
Corrió una distancia media, donde a lo lejos pudo apreciar a un grupo de los Kousaka mirando los alrededores y fuego, pero lo que más la sorprendió, nuevamente, fue la presencia de cierta pelirroja entre aquellos hombres.
- ¡¿Qué demonios hace aquí?!- maldijo y se detuvo.
Miro atentamente el campo y los hombres caídos, todos eran parte del grupo de Tsushima, y no entendió por qué.
-¡Se acercan hombres de Kazuno!- un vigilante en caballo alerto a los líderes de Kousaka, por ende, Honoka y Tsubasa quienes comenzaron a movilizar a sus hombres y a que tomaran formación.
Honoka estaba asustada, nunca había enfrentado a un grupo de los Kazuno cuerpo a cuerpo, incluso sus manos temblaban, mientras se colocaba al frente, lista para atacar.
-Todo estará bien Honoka…- aquella melodiosa voz la llamó, a su lado Tsubasa montada en un caballo le dedicaba una sonrisa y se estiraba para alcanzar su mano y darle una caricia. –Yo estoy contigo Honoka… siempre estaré contigo…- aclaró Tsubasa, dándole valor a la menor.
Con los latidos de su corazón a flor de piel, miro al frente, al grupo de los Kazuno acercarse a la distancia, cerró los ojos y apretó suavemente la mano de Tsubasa, después tomó un profundo respiro y gritó.
-Formación uno- y de inmediato, el grupo al frente, el que lideraba y en el que Maki estaba también, se puso en guardia y comenzaron a correr para llegar y envestir a los Kazuno.
Ambos grupos estaban tan próximos, a unos metros, cuando un poderoso chasquido metálico inundo el ambiente, ambos grupos habían llegado a su punto y los soldados comenzaban a combatir, Honoka había logrado arrasar con algunos y cerca de ella Tsubasa también había comenzado a luchar.
Sarah estaba al frente del segundo grupo que comenzaba a acercarse a la contienda, buscando con preocupación con la vista a su hermana menor, cuando la localizó, ésta sacaba del pecho de un desafortunado una de las puntas de su lanza.
La Kazuno mayor se adentró con su grupo a la reñida contienda, abriéndose paso con su catana, dejando detrás un camino carmesí.
El ruido de las espadas chocando era insaciable, así como el olor a muerte y sangre que no se había hecho esperar, para Honoka aquello era terrible, pero haría lo posible por Tsubasa y por su hermana quien también se encontraba entre la contienda, luchando por defender su campamento.
Un repentino golpe la hizo caer de su caballo, se aturdió por el impacto contra el suelo y con su mirada borrosa, alcanzó a mirar aquella figura, unos penetrantes y fríos ojos violetas la miraron, mientras una amenazante lanza la apuntaba directo a su cabeza.
Leah Kazuno estaba al frente de ella, mirándola como si fuese la peor basura del mundo.
-Cometiste un gran error esta noche Kousaka Honoka, y te costará la vida- dijo empuñando su lanza en el aire lista para matar a Honoka cuando un punzante artefacto llegó hasta su hombro haciéndola caer de espaldas herida, cuando Honoka miró al lado contrario, se encontró con que Maki había sido su salvadora.
-Mueve idiota, nos están exterminando- Le gritó a Honoka mientras la ayudaba a ponerse de pie y comenzar a correr.
Leah, pese a la herida, se levantó rápidamente con la mirada irritada y puesta en sólo un objetivo, esa maldita que se había atrevido a lastimarla. Así que, al igual que ellas, comenzó a correr tras ellas quitando a quien fuera necesario de su camino.
Maki corría a la par con Honoka, quitando de en medio a los soldados que llegaban a intentarlas atacar, su objetivo era llegar hasta la orilla del rio Shiwa, donde podrían intentar cruzarlo y escapar de los Kazuno quienes estaban acabando con todo a su paso. Ahí, Tsubasa estaría esperándolas, con su vía de escape asegurada.
Cuando Maki y Honoka estaban cerca, un caballo les bloqueo el paso haciéndolas detenerse en seco, el guerrero que montaba vestía la armadura de más alto rango de los Kazuno y les apuntaba con su arco.
-Pero que sorpresa, vine buscando cobre…- dijo aquel guerrero mientras apuntaba a Honoka y posteriormente miró a Maki y le apunto también. -Y encontré oro…- finalizó mientras reía.
Honoka tragó pesado al reconocer esa voz, le resultaba increíble que ella estuviera ahí, no sabía por qué o cómo, pero en ese momento se dio por muerta.
-Sarah… Kazuno…- dijo Honoka con una voz que dejaba evidente su miedo.
No muy lejos, se acercaba Leah, con una anticipada sonrisa triunfante, aquel sería un gran día, pues llevaría a su padre la cabeza de Nishikino Maki, y las tres familias se verían sumamente afectadas por ello, lo cual les daría la ventaja total.
-No podía esperar menos de ti hermana, tenemos premio doble- Leah se acercaba sonriente y amenazante con su lanza por delante de ella.
Maki miraba de un lado a otro, empuñando su catana al frente. Preocupada de lo que pudiera pasarle a Honoka, si algo le pasaba a esa idiota, alguien que le importaba sufriría.
-Olvidaste esto, perra- en un hábil movimiento, Leah lanzó contra Maki la daga que ésta misma le había lanzado hace un momento para herirla, dando de lleno en uno de los costados de la pelirroja y obligándola a caer de rodillas, mientras soltaba un quejido de dolor.
-¡Maki-chan!- exclamó Honoka asustada, mirando como a pesar de todo, Maki seguía sosteniendo firmemente su catana.
-Me sorprende cuanto aguante al dolor tienes Nishikino, lástima que eso no vaya a salvarte- Sarah comenzó a tirar de su flecha, lista para darle el golpe final a la pelirroja y después a la castaña. Sin embargo, no supo cómo, pero un punzante dolor comenzó a apoderarse de su mano derecha y posteriormente de una de sus piernas.
-¡Hermana!- escuchó la voz de Leah gritarle y el chasquido de dos armas.
Cuando logró reaccionar, tenía una pica atravesando una de sus manos y otra, clavada a su muslo, miró rápidamente en dirección a su hermana y esta tenía de frente a una castaña de ojos verdes, la compañera de Honoka, Tsubasa.
Tsubasa había logrado llegar a tiempo y detener a Sarah a la distancia y contrarrestar cualquier ataque de Leah, no se perdonaría a sí misma si le hubieran hecho daño a su amada Honoka.
-Maldita seas…- La Kazuno mayor se ponía de pie con una ligera dificultad y se preparaba para atacar a Tsubasa, sin embargo, otro soldado mas intervenía, alguien a quien no había visto antes, pero tenía parecido con un líder… un soldado de Kousaka con cabello negro y ojos carmín, una mujer.
-Ya…¿Yazawa?...- la dolosa voz de Maki le dio nombre a aquella guerrera, una Yazawa.
-¡Cállate y levántate idiota!- Nico le ordenó a Maki mientras contrarrestaba algunos ataques mas de algunos soldados enemigos que intentaban socorrer a sus amas.
La pelirroja, con toda su voluntad, logró ponerse de pie, y de un tirón, sacó su puñal de su costado y de nueva cuenta se puso en guardia lista para luchar.
Honoka miró a Tsubasa, como la había defendido con tanta pasión, que simplemente se llenó de valor nuevamente y comenzó a luchar también.
De nueva cuenta una pelea campal comenzaba entre las líderes, golpeándose y defendiéndose, cada una con su causa propia, no fue hasta que Leah dio un silbido que alertó a todos, y de inmediato comenzaron a caer flechas contra ellas, una turbia y feroz lluvia de flechas que comenzaron a entorpecer la defensa de Honoka y las demás, su preocupación aumento cuando tres flechas golpearon directamente a Nico, una en su brazo derecho y las otras dos contra su pecho.
La pelinegra sintió como la punzante y dolorosa sensación comenzaba a invadirla, dolía demasiado, tanto que sintió como sus piernas temblaron y amenazaban con dejar de sostenerla en cualquier momento. Era la primera vez que la herían tan fuerte, por otra parte, Tsubasa y Honoka se estaban viendo rodeadas, ya que Maki tampoco estaba siendo de ayuda con esa herida y el cansancio comenzaba a darle factura.
-Eres una gran molestia- Sarah se acercó hasta la de ojos carmín y logró propinar una patada contra una de las flechas en su pecho, haciendo que ésta se enterrara más y que Nico dejara escapar un grito de dolor.
-Nico…-
Maki, estaba a punto de presenciar como Nico sería asesinada, algo en su interior le pedía luchar, le pedía que diera su último esfuerzo de nuevo y evitara aquello, así que a lo único que pudo atinar, fue a correr con todas sus fuerzas y envestir a la pelinegra, con esa acción, ambas cayeron al revolcado río, que las arrastró con ferocidad, haciendo que se perdieran entre el agua.
-Maldición…- Maldijo Tsubasa, seguro esas dos no sobrevivirían al feroz río, lo peor, era que estaban solas ahora, Honoka y ella…
De nueva cuenta recibía una embestida de Leah, una tras otra golpeando su poderosa lanza contra la catana de Tsubasa, quien comenzaba a cansarse también, mientras tanto Honoka trataba de mantener a raya a Sarah, aun que realmente no era contrincante para ella.
Los soldados poco a poco dejaron de atacarlas y las comenzaron a rodear, dejándolas en el centro encerradas con las hermanas Kazuno sonriendo triunfantes, ambas castañas retrocedieron lo suficiente como para que sus espaldas chocaran y no tuvieran escapatoria.
-Cuando mis hombres encuentren el cuerpo de esas estúpidas en el agua, ustedes serán las siguientes, hoy la casa Kazuno podrá festejar una victoria más- Leah estaba preparándose para atacar.
Pero como si el destino estuviera en su contra, nuevos soldados comenzaron a llegar, unos que no reconocieron de inmediato, y comenzaron a atacar a los Kazuno. Desde la distancia, lanzaban piedras y algunas picas para herir a cualquier desafortunado al frente.
No supieron de quién se trataba, hasta que la líder se hizo presente, Honoka sonrió aliviada y llena de esperanza.
-Hanayo-chan…- exclamó, mirando como la castaña de ojos púrpuras comenzaba a atacar también.
Los Kazuno intentaron resistir, pero al haber sido tomados por sorpresa había costado la vida de varios de ellos, por lo que Sarah y Leah se vieron obligadas a retroceder, siendo protegidas por los pocos que quedaban y corriendo entre cadáveres y sangre, emprendieron huida.
-No dejen que escapen- Hanayo dio la orden y sus soldados comenzaron a perseguir a los Kazuno.
Un caballo interceptó a las hermanas de cabello violeta y el jinete las ayudó a subir con él para escapar, se sentían humilladas.
-No me iré con las manos vacías…- dijo con voz agitada e irritada Sarah, y girando su cuerpo, mirando a la distancia a Honoka, disparo su última flecha…
Dolorosa realidad.
Nadie pudo detectarlo, sólo una persona, una con el suficiente amor como para evitar a toda costa una desgracia, una pérdida, un doloroso adiós que no quería recibir.
Un dolor se presentó al caer al suelo con un peso encima, la sangre salpicó su rostro, inofensiva sangre tibia, pero para Honoka, fue el dolor encarnado el ver esa escena, sobre ella descansaba Tsubasa quien la había embestido, y sobre la cabeza de Tsubasa, aquella mortífera flecha.
-¡NOOO!-
Honoka se incorporó de golpe e hizo que Tsubasa se recargara sobre sus piernas, aquella flecha había atravesado la cabeza de la castaña mayor y había salido por su ojo izquierdo, haciendo que lo perdiera por completo.
-Tsubasa-chan…. ¡Tsubasa-chan!- Honoka la llamó repetidas veces, una más desesperada que la anterior, hasta que por fin la mayor dio un dificultoso respiro.
-Ho…noka…- la llamó con un tono tan confuso, tan perdido, tan muerto que le daría tristeza a cualquiera.
-Te pondrás bien, vamos a salir de aquí ya, sólo mantente despierta- Honoka con lágrimas inundando su rostro trataba de hacer que Tsubasa no dejara de verla con su único ojo funcional, pero poco a poco notaba como le costaba mas trabajo a la castaña mantenerse despierta.
-No puedo…-
Estaba completamente desesperada, no sabía que hacer, lo único que le importaba ahora era su amada Tsubasa, tenía que salvarla a como diera lugar.
-Si puedes… Tsubasa-chan por favor no me dejes… ¡Prometiste que siempre estaríamos juntas!-
En ese momento Honoka no pudo más, y su afección salió completamente a flote, derramando lágrimas sin control. La mayor sólo pudo poner su mano sobre la mejilla de su amada y hacer que la mirara para dedicarle una ténue sonrisa.
-Si eres lo suficientemente valiente…. Para decir adiós, la vida te recompensará…- dijo, mientras daba unas caricias más al rostro empapado de Honoka.
-Por favor… no-
-Allí donde esté… te llevaré en mi corazón…- poco a poco la mano de Tsubasa fue abandonando el rostro de su amada, y cayó de golpe al suelo, perdiendo toda fuerza en ella, su último aliento, lo uso para escuchar decir su palabra favorita, esa que la llenaba siempre de vida al oírla, si podía dejar ese mundo, exclamando esa última palabra, se iría feliz.
-…Honoka…-
Fue su último susurro, antes de que todo se volviera oscuro, y el llanto de su amada, fuese el último sonido que escuchara.
El presente es muy querido, el destino nos apresura, ese momento que abrazamos, nos señala la despedida.
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respuestas a los reviews
Love live: lamento tardar en actualizar pero ya no soy nini xD espero no haberte hecho esperar tanto ñ_ñ
Rebe13: Gracia a ti por leer
Flameofsoul: Espero que realmente haya sido una actualización mas rápida xD y uff amo dejarlos siempre en la mejor parte, así aumenta l hype xD
Nicocchi17: pues bueno, no acepto, no es tan degenerada xD ese intercambio traerá muchas cosas para todas las involucradas, y sera para bien, para todas, menos para una 7u7
SilentDragon: El dolor de Maki poco a poco se vendrá destapando y eso traerá nuevas emociones para ambas, por otra parte Nozomi y Eli tambien van a avanzar, pero por ahí habrá algunos inconvenientes 7u7
Pasto: Pasaran muchas cosas a partir de este punto, con lo que sucede en este cap se dará el primer paso a que los personajes avancen y se puedan desarrollar como lo deseo.
MakiNishikino86: y vendrán cosas peores dice la biblia xD
KarliitaBueso: No actualice tan rápido pero ahí esta xD
Emeli Biersack: Sera una de las tantas cosas que no esperaras que pasen xD
Guest: Lamento hacerlos esperar tanto, pero me ocupo a veces en tonterías la verdad.
Ary14: Ya no esperes mas xD aqui esta la actualización y espero que te siga gustando
DeadPanther: Siempre lo dejo así por que amo verlos sufrir 7u7
Yohan2000: Se viene de todo y nadie podrá pararme :3
Itsukami: Se que soy diabólica, lo reafirmo con el final de este capitulo xD
Eso es todo por hoy, espero lo disfrutaran... Yo si 7u7
