Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es autoría completa de J.K Rowling. Yo solo uso sus personajes para fines de entretenimiento y sin ánimo de lucro.

SUMMARY: Tras el despertar de su sangre Veela, Draco Malfoy comienza la búsqueda de su pareja. Una tarea titánica pues ella no lo quiere, ella no cae bajo su encanto y ella es la única que él desea y necesita. Ella es Hermione Granger.Draco!Veela/Hermione!Pareja

ADVERTENCIA: Este fic está catalogado como M pues aparecerán situaciones donde se pondrá en duda lineamientos morales versus deseos propios, situaciones de sexo explícito, relaciones entre criaturas mágicas y humanos, virginidad, entre otros. Sí eres sensible a este tipo de temas o eres menor de edad, ésta no es tu historia.

Debonair

Capítulo 12: Indicaciones para volver fantasías realidad.

Un enorme reloj de arena se encontraba en la repisa arriba de la chimenea en el comedor de la mansión Malfoy. Había sido un obsequio de Horace Slughorn, su maestro de pociones. La arena pasaba de un lado al otro de manera tan rápida que Hermione mantenía su mirada en la mesa y en su plato vacío.

Estaba sentada en una gran mesa negra, de al menos unos veinte puestos. En los cuales estaban solo cuatro personas. Ella en la mitad, Draco frente suyo. Y en los extremos de la gran mesa Lucius y Narcissa. El almuerzo había sido el encuentro más tedioso y sombrío, todo a la vez. Se sentía tomando un tentempié en un funeral; sí habían intercambiado el saludo había sido demasiado.

La bolsa de craft estaba en el suelo a su lado, haciéndole ojitos, para ser entregada a sus destinatarios. Ahora, después de un solemne silencio de una hora, no estaba segura sí había perdido la capacidad del hablar.

Era un almuerzo tan cortés y tan impersonal a la vez. Desligado totalmente de cualquier calor humano. ¿Por eso Draco era como era? Pues sí eso era así, él era un manojo de ternura y espontaneidad.

−Espero la comida haya sido de su agrado, señorita Granger−habló Narcissa desde un extremo de la mesa. Pese a la distancia la podía escuchar como si estuviese al lado. Tal vez el lugar tenía un encantamiento de sonido.

−Sí, todo estuvo delicioso señora Malfoy−respondió con tono normal dejando la servilleta de tela sobre la mesa.

−No estamos acostumbrados a tener invitados de origen muggle. Todo un desafío para encontrar una comida digna−intervino Lucius Malfoy bebiendo un licor de aspecto negro. Parecía petróleo.

−Y no por eso menos−dijo Draco viendo con malestar a su padre. Sus uñas comenzaron a crecer.

−Cuidado Draco. La Veela Alfa de acá soy yo. Que no se te olvide.

Hermione volteó a ver a Draco con una sonrisa tranquilizadora para trasmitirle su indiferencia ante el comentario del líder de la familia. Sí por eso su espíritu se hubiese disminuido, no hubiera si quiera pensado en ir a esa casa. Faltaba más que un crucio para doblegarla, y más que unas palabras poco creativas y mordaces para amedrantar su temple.

−Pues a los elfos les ha quedado maravilloso. Algún día podría pasarles las recetas muggle originales, verán que el sabor realza con mucha más intensidad.−respondió viendo a los rubios de cada extremo.

Draco que estaba bebiendo de su copa, se atragantó debido a una risa que le salió sin querer.

−¿Todo bien, Draco?−acotó su padre con fastidio viendo a ambos jóvenes.

El chico tan solo asintió con la cabeza limpiándose con la servilleta.

−Veo que le cuesta dirigirse con propiedad al resto del mundo.

−No cuando el resto del mundo se cree Dios.

Hermione le sonrió sincera desde su puesto no estando segura que pudiese verla. El ambiente estaba tenso y la comida había sido sosa y espantosa. Ya no quería entregar los regalos. No era su ambiente y se sentía fatal.

El aroma de ella llegó a Draco quién se levantó de su asiento dirigiéndose a sus padres.−Madre, padre; fueron ustedes los que insistieron en hacer esta invitación a Hermione. No al revés. Y sí se hizo este encuentro fue por la situación en la que estamos. En ese orden de ideas, demando respeto.

−Por supuesto hijo. No somos salvajes−le contestó Narcissa ordenando té a los elfos domésticos. El chico Slytherin se volvió a sentar frotándose la frente. Necesitaba ir con Hermione en estos momentos. Confortarla y que ella hiciera su magia sobre él. A pesar de tenerla enfrente, la sentía al otro lado del barranco.

Su familia era lo más importante para él. No había duda de eso. Pero sí las cosas seguían su curso, y era algo que definitivamente él quería, Hermione pasaría a formar parte de ese círculo. Su pareja y persona única durante toda la vida. Algo que Lucius y Narcissa querían mantener para él. Aunque les costara orgullo sangre pura y un tremendo esfuerzo visceral para soportar a una Gryffindor hija de muggles. De Narcissa había sido la sugerencia de invitarla. Comenzar a formar un lazo con ellos. Todo por Draco. Siempre todo por él.

Lucius no había dicho que si ni tampoco que no. Su talante flemático era suficiente respuesta para que su esposa lo tomara como una afirmación. Ahora que la situación estaba transcurriendo, parecía un castigo de tortura medieval muy fino. Su padre atacando a SU pareja. A la ÚNICA persona que no podía hacerlo. No solo porque, en principio, era una completa grosería, sino porque disminuía las posibilidades que ella aceptara ser marcada. ¿En qué demonios estaba pensando?

−Señorita Granger, ¿ha cambiado algo de su pensar desde septiembre? Desde nuestro último encuentro tenía claro que no quería estar cerca de mi hijo. Ni siquiera respirar el mismo aire.

−Creo que la respuesta resulta obvia si estoy sentada acá. Además, nunca dije algo similar a "ni siquiera respirar el mismo aire".

−¿Qué quiere que piense? ¿Qué su bondad nace de la nada y que ahora siente afecto por Draco? O mejor aún ¿Qué siente lastima de una pobre semi−criatura? O la que más me gusta ¿es una caza fortunas que anda en busca de algo más fructífero a cambio de su relación con mi hijo?

Hermione no daba crédito a lo que había acabado de escuchar. Apretaba sus puños fuertemente contra su regazo procurando no estallar en gritos. No le iba a dar la satisfacción.−Señor Malfoy, ¿usted es una Veela verdad? Entonces no concibo cómo puede decir eso a la pareja de su hijo.

−Los sentimientos que tiene mi hijo por usted son cien por ciento reales. Los suyos no me constan. Yo protejo a mi familia señorita. Incluso de niñas de su edad. Entre más jóvenes son más peligrosas.

−¡BASTA!−gritó Draco mostrando sus colmillos golpeando la mesa.− ¿Qué haces? ¿POR QUÉ BUSCAS DESTRUIRME?

−Al contrario hijo, busco protegerte.

−OFENDIENDO A MI PAREJA.

Lucius volvió a tomar un sorbo de té. −Draco, los Greengrass nos invitaron mañana a pasar el día en su casa.−Pellizcó con un tenedor el pastelito Explosión fantástica mora azul, de los que había traído su hijo la noche pasada.−Tiberius quiere establecer una alianza con nosotros.

Hermione sabiendo muy bien a qué se refería Lucius, no pudo evitar sentirse aún más miserable. La despreciaban, a ella, a su origen. Todo lo que ella representaba para Lucius era igual a nada.

Por más necesaria que fuese para Draco, aceptarla a ella como tal, era harina de otro costal. No la querían cerca y su diplomático acercamiento estaba resultando infructuoso. Le gustaba mucho Draco Malfoy. Había aprendido a quererlo todo. Con sus defectos, sus atenciones, su forma de llevar la situación con ella. Por su paciencia, por sus arranques de altanería.

Pero había olvidado que una relación era de dos. Y Hermione siempre había dado por sentado que él siempre estaría detrás de ella y no a su lado, como era la lógica del asunto. En cierta manera las palabras de la Veela mayor tenían mucho sentido. Él estaba cuidando de su bien más preciado. Incluso de lo único que perpetuaría su dinastía. Un poco ruin en hacerlo pero con un fin específico. Un Slytherin mayor.

Los Greengrass tenían dos hijas, Daphne y Astoria. La mayor iba con ella en el mismo curso y Astoria iba en sexto. Era una muñeca de porcelana fina. No solo eso, era una persona maravillosa. Las veces que habían cruzado palabra se comportaba muy respetuosa y cándida. Muchos siempre se preguntaban cómo era que no había quedado en Hufflepuff. Pero la verdad sea dicha, era que ella tenía sus metas fijas y lo importante consistía en llegar a ellas sin importar el camino. Su encantadora y dulce personalidad era una herramienta para tal fin.

Su hermana, Daphne, era la otra cara de la moneda. Era tosca y seria. No hablaba de más y era siempre silenciosa. Amaba a su hermana más que a nadie y siempre veía con malos ojos a cualquiera que se atreviera a acercarse a ella. Menos a uno. A Draco Malfoy.

Hermione siempre la escuchaba interceder en beneficio de su hermana con Draco. Eran observaciones mal disimuladas, recordando esplendidos encuentros en alguna reunión social o visitas a su madre los fines de semana, para saber cómo estaba.

Tal vez esa era el cometido. Un matrimonio con una Greengrass y al mismo tiempo tener una pareja de Veela oculta. Esa idea le contrajo el corazón al no encontrarla tan absurda.

Su mirada se estancó en su postre que se veía hermoso. Cuadrado, diminuto, capa de jalea púrpura y diamantina flotante.

−Disculpen, necesito ir a refrescarme el rostro−anunció la chica de cabellos largos y rizados. Draco le miró con preocupación haciendo un ademán de pararse para ir con ella.−En seguido regreso, permiso.

Sin mirar atrás, la chica salió del salón con paso armonioso y sin afán. Una vez dentro de un oscuro pasillo corrió rápidamente hasta abrir una puerta y encerrarse ahí.

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

−¿Se puede saber qué haces?

Narcissa Malfoy estaba contrariada y con una ira que podía mutar en cualquier momento. Todo dependía de la respuesta de su esposo.

−Nada.

Respuesta equivocada.

−A mí no me parece nada. Lucius yo necesito que esa niña se sienta a gusto en esta casa. ¿Es muy difícil de entender? ¿Por qué esta actitud? ¿No era esto lo que buscabas?

Lucius se paró de golpe de la silla viendo los asientos vacíos donde hace un rato estaba su hijo y su pareja. Fue cuestión de diez segundos que pasaron, cuando la Veela más joven se levantó con rostro de congoja sin dar explicaciones a sus padres. Solo se fue. Lucius podía oler muy vagamente a sal. De seguro la chiquilla estaba llorando.

−Quiero que mi hijo esté a salvo Cissa. Punto final. Sí esa niña no prueba su valía en esta familia no está a la altura de las circunstancias.

−¿Por ser ella?

−En gran parte así es. Mira, suficiente con tenerme acá aparentando normalidad.

−Entonces te pido que vayas a la recamara y quédate ahí. Necesito algo de utilidad a mi lado.

El aroma de la señora Malfoy era fuerte y denso. Lucius exhaló totalmente frustrado por ser el precursor del ánimo de su pareja. Odiaba estar así con ella y hacerla sentir eso por culpa de él. Pero la situación con su hijo lo descolocaba. Era su único hijo, el único heredero. Que todos pensaran lo peor de él. Si podía dar algo de realidad a esa niña, mejor. Él tenía sus propios métodos para hacer las cosas.

−¿Vamos a ir donde los Greengrass?

−Por supuesto que sí. No voy a perder la oportunidad de cerrar un trato de exportación con ellos.

−¿Seguro que solo es un trato de exportación?

−Por favor Cissa, no soy un estúpido. Por más que me desagrade la señorita, primero está mi hijo.

−Yo no dudo que me ames Lucius. Pero a veces dudo que ames a tu hijo. Ambos sabemos que quieres un matrimonio para él y también que su pareja este a su lado. ¿No es algo ambicioso de tu parte?

−Pero no algo imposible.

−¿Y no es algo cruel?

−En esta vida todo es cruel.

Y sin decir más salió del comedor. Narcissa miró a su lado habiéndose quedado totalmente sola con los cuatro postres servidos.

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

−Abre Hermione.

La chica, que estaba recargada en la puerta, limpió su rostro rápidamente y obligándose a mantener la compostura. Odiaba llorar, no lo soportaba. No quería que él la viera así de vulnerable.−Necesito unos minutos. Saldré en un momento. ¿Podrías irte?

Draco empuñó su mano derecha contra la madera de la puerta y suspiró largamente.−De acuerdo. Estaré al final del pasillo.

Cuando no lo escuchó más se fijó en el cuarto en donde había terminado. Con su varita invocó un Lumus Maxima haciendo que la bola de luz se posara en el techo. Las pesadas cortinas estaban cerradas, tal vez para preservar lo que había ahí. Hermione ya no lloró más fijándose en su alrededor.

Limpió su rostro con el dorso de la mano avanzando unos pasos con su varita en alto.

Era un pasillo negro y oscuro. Toda la mansión Malfoy de por sí, era muy tétrica. Hermione recordó las terrible muertes ejecutas en sus corredores y un miedo la abrazó por completo. Se vio así misma deambulando mirando las paredes eternas que no parecían tocar el cielo raso. Todo empapelado y agrietado por la humedad. Era realmente un sitio escalofriante.

Una galería de cuadros comenzó a aparecer cuando ella avanzó unos diez metros adelante. Eran toda la dinastía Malfoy. Retratos de cada uno de ellos. Todos se movían en ademanes particulares en un bucle infinito. Todos repitiendo un gesto una y otra vez.

Conoció a Armand Malfoy, con su quijada cuadrada y aspecto altanero. Nicholas y su mirada ensoñadora mostrando una sonrisa. Un Malfoy sonriendo, que locura.

La hilera era tan larga que Hermione se paró cansada recostándose de espaldas a la pared.

Lumus Solem

El pasillo completo tomó un esplendor blanco mostrando mugre y telarañas. Odiaba estar ahí, y su maldita curiosidad por seguir caminando. Aburrida continuó, la verdad quería ver el retrato del heredero más joven de los Malfoy. Estaba en 1923 así que faltaba poco.

Dio unos pasos más encontrándose con el rostro de Lucius Malfoy justo al lado el retrato de Draco. Se veía triste… extremadamente triste. No tenía una mueca de arrogancia, como siempre solía tenerla al ir por los corredores del colegio. En ese retrato tenía una facción apagada. Casi como condenado.

−¿No te dije que saldría en un momento?

−Bueno, eso fue hace ya quince minutos.

Hermione volteó a ver a Draco que le miraba con manos en los bolsillos del pantalón. Su presencia alta y porte galante era siempre un espectáculo a la vista. Siempre le arrobaba el corazón.− ¿Por qué estás triste?

El chico miró su propio retrato.−Lo pintaron una semanas después de despertar como Veela.

Hermione tocó el retrato pasando los dedos con mucha nostalgia.−Astoria Greengrass es una de las mujeres más hermosas que he conocido.

−Así es, y también una de las personas más gentiles y maravillosas.

La magia invocada por Hermione poco a poco se fue desgastando debido a la poca concentración que ella tenía. Se giró para verle entre los pocos halos de luz.−Dime la verdad Draco, ¿a ti te gustaría casarte con ella?

−Sí.

Y quedaron en la oscuridad.

Hermione hipo y su aroma a verde manzana fresca comenzó a decaer inversamente al incremento del latir de su corazón. Y sintió la mano de Draco acariciar su mejilla para acunarla. Sin verlas, podía sentir sus garras rozar su piel. Les tenía mucho cariño. Lejos de verlas amenazantes, siempre le habían parecido maravillosas.

−Sí, me hubiera gustado casarme con ella antes de saber lo que soy.−El chico acercó su rostro al de ella para posar los labios en los de Hermione sin llegar a besarla.−En ese cuadro pudiste ver toda mi frustración por ser el monstruo que soy, algo que me carcomía por dentro. Pero cuando te encontré, supe que no lo era. Solo era yo. Un ser y ya. Entender la complejidad de eso, gracias a los esfuerzos de encontrar un camino juntos, es lo que me hace rechazar a Astoria.−El joven inhaló profundamente frotando su frente contra la de Hermione.−Más que un lazo mágico.

La chica que mantenía sus ojos cerrados, los abrió lentamente sin notar una diferencia. No podía ver nada. Solo sentir.−Tú me gustas−dijo sin pensarlos mucho, pero habiéndolo sentido lo suficiente.

La Veela abrió los ojos sin poder notarla. Y aun así su figura era clara. Nerviosa y tierna. Cándida y valiente. Decidida pero vacilante. Por fin estaban llegando a términos concretos. Por fin el inicio de una relación.

−Eso está bien porque tú también me gustas.

La sintió sonreír y él también lo hizo. Nadie lo veía, nadie vería su sonreír sincero. Agarró la nuca de ella besándola con furia acariciando su espalda y cintura. Sus respiraciones parecían altas, por la falta de sonidos, la falta de luz y los sentidos potenciados.

−Me gustas, me gustas mucho bonita.−le dijo entre besos hambrientos.

La alzo de la cintura amarrando sus piernas a las caderas de él. No importaba lo sucio, no importaba lo oscuro. No importaba si no estaban sobre almohadas o elegantes sabanas. Necesitaba mimarla, necesita tomar algo de ella en ese mismo instante.

No sería su cuota de pureza, pero sería algo de néctar de mujer. Se relamió los labios cuando sus colmillos surgieron y su voz ronca quedó superpuesta. La semi−criatura estaba en éxtasis sintiendo a su compañera ceder contenta ante sus caricias. Las provocaciones que ella tenía para con él, lo mantenían al borde.

La recargó contra la pared justo al lado de su retrato. Ahí el espacio estaba vacío para más generaciones Malfoy. Ahora que la tenía entre su cuerpo, su lado Veela tomaba posesión por completo. Una urgencia de marcarla y penetrarla surgió con fuerza. Quería poner su semilla en ella y tener a su vástago.

Esos pensamientos pocas veces se le cruzaban por la mente, pero ahora ahí, en la oscuridad del pasillo, solo quería desgarrarle la ropa y que junto a su retrato estuviese el de su hijo. Un varón de cabellos rizados y rubios. La idea lo enardeció haciendo que rugiera contra el cuello de ella.

−Draco−suspiró ella acariciando los cabellos de la Veela.

Estaban largos, mucho más que antes. Eran finos y sin nudos. Se sentían refrescantes contrastando con la temperatura corporal del dueño.

El chico presionó su cuerpo contra el de ella, simulando la situación deseada en su mente. Ella gimió, el choque entre cuerpos fue intenso…delicioso; como jamás lo había sentido.−Me encanta esta falda tuya−le susurro entre jadeos, sosteniéndola. Su fuerza de Veela era de mucha utilidad, la s

La chica enrojeció furiosa en medio de la falta de luz pero su olor de excitación inundó el ambiente. Draco tuvo que recargarse contra ella para no caer. Lo había mareado ese aroma tan maravilloso. Tanta hambre, tanto por explorar, tanto por hacer. Y ella en su estado virginal tenía su esencia intacta. Olía como ella.

Con su mano derecha acarició la rodilla izquierda de Hermione subiéndola lentamente. La joven comenzó a besarlo de manera furiosa acariciando la lengua del Slytherin con la suya para pasarla por los colmillos y lamerlos.

La Veela gruñó ante la caricia subiendo la mano a su trasero, acariciándolo por encima de la ropa interior que llevaba. Eran unos shorts de encaje, por lo que podía tocar. Eso era muy sexy para él. Deslizó la mano por dentro de ellos para agarrarla fuertemente y amasarla en un apretón fuerte que sacó en ella un gemido.

− ¿Te gusta preciosa? ¿Te gusta que te apriete acá?

−Si−gimió ella abrazándolo pegándose más a él.

Hermione aprovechó para descubrir el cuello de la Veela y olerlo. Tanta virilidad y masculina condensadas en ese aroma de menta y almizcle. Era cegador. La chica tomó el cuello y posó sus labios en él, trazando un caminito de besos húmedos que llegaron hasta el borde la camisa blanca. Con su mano acarició el hombro izquierdo subiendo para posarse en su nuca.

La Veela, disfrutando las caricias, se frotó contra ella para hacerle saber cómo estaban las cosas.−No voy a tener relaciones contigo así−dijo la voz superpuesta de barítono. Su Veela también hablaba.−Pero quiero probarte. Déjame.

Ella afirmó con la cabeza. El rubio la quitó de la pared y la posó en el suelo. Con su varita invocó un Lumos muy tenue. La vio con su cara roja y respiración errática. Su cabello desparramado, parecía una alfombra de hojas otoñales. Era perfecta. Era una diosa. Era su pareja.

−Eres demasiado hermosa para tu propia seguridad.

Ella rio ante el comentario negando con la cabeza. El chico no quiso arruinar más el momento y dejo su varita al lado del cuerpo de Hermione como si fuese una lámpara. Con gentileza abrió las piernas de la castaña para posarse entre ellas.

Se inclinó sobre la mujer de cabellos infinitos, apoyándose en sus codos, dejando uno a cada lado de la cabeza de la chica.

Ella muy sonrojada, acercó su mano para acariciar la mandíbula recta de tés pálida. Había recordado en su lectura del diario, que cuando el momento verdadero llegara, la piel de Draco tendría tonalidades grises. En ese momento no vio nada y cuando tocó su espalda, no sintió bultos o indicios de alas. Aun no era el momento, pero no por eso no lo disfrutaba con igual intensidad.

Con felicidad se dio cuenta, que para ese momento, sería realmente "hacer el amor". Se sintió toda una mujer y con ello las ganas irrefrenable de animar a Draco a seguir.

− ¿Sabes?−dijo ella acariciando los labios de él mientras este abría la boca para lamerlos y succionarlos.−El otro día me toqué pensando en ti.

Esa afirmación nunca se la había esperado. Abrió la boca para liberar la mano de ella dejando un hilo transparente que se desvaneció. Sus ojos grises mutaron a azules totales. Draco se incorporó quedando de rodillas y levantó las caderas de Hermione con su brazo izquierdo, alzándolas a su bulto enardecido y doloroso. La joven cerró los ojos aguantando un grito de placer, mientras que el chico con sus garras derechas, rasgó la camisa de ella.

Un surco de cinco trazos, desde el pañuelo -que quedó de lado- hasta el inicio de su falda. Abrió a los lados lo que quedaba de tela, siendo bastante fácil remover. Solo la cubría su sostén de encaje negro, que de seguro hacia juego con sus bragas, y las mangas largas de su camisa que habían permanecido intactas.

−¿Qué te imaginaste?−le preguntó Draco incitándola, hablándole al oído mientras con su garra del índice derecho, rompía el lazo frontal de la prenda negra haciendo que sus pechos dejaran de quedar juntos y quedaran en su forma natural, como dos gotas de agua tratando de irse por cada lado.

Hermione que le costaba hablar, apretó los puños para tomar valor.−Que estabas en mi cama…dándome instrucciones.

−Oh… que bien−dijo él bajando inclinando su rostro a la garganta de Hermione para succionar en un punto fuertemente. Solo absorbió la piel con los labios para evitar la tentación de morderla.− ¿Hice esto?

−No…−jadeó ella.

−Mientras te marco−susurró viendo el moretón que le había hecho en su piel blanca.−Así sabrán que tienes dueño.

No quiso escuchar la respuesta de ella, aun le costaba acostumbrarse al juego. Se separó para verla desde arriba apoyando las palmas de sus manos sobre el suelo. Una cortina de cabello casi plata cubría su rostro. Era tan hermoso. Era arte para admirar.

Una brisa la lamió haciendo erguir sus cumbres. El chico gruño lamiéndose el labio superior y bajando por fin a los manjares que yacían para él. Soñaba con ellos desde esa vez en el tren. Por supuesto que lo hacía. Ahora podría comer a su gusto y sin interrupciones.

Primero sería el derecho. Tomó su seno generoso apretándolo entre sus dedos, haciendo que carne lechosa saliera por los espacios. Era una imagen muy erótica que la tensionó aún más.− ¿Tocaste tus senos esa vez?

−No…−respondió jadeando tratando de verlo acostada.

−No lo has hecho bien entonces−le dijo con una sonrisa hambrienta.−Mírame y aprende preciosa. Así puedes recrearlo cuando lo vuelvas a hacer. Tu novio no puede estar siempre para hacerlo. Al menos no por ahora.

¿Volverlo a hacer? ¿Novio? Hermione no lo había pensado, pero cuando sintió la boca de él tomando su botón recto se le olvidó cualquier pensamiento. Era una sensación difícil de describir, todos sus poros abiertos al tacto le provocaron escalofríos hasta sus partes íntimas. La excitación comenzó a brotar de ella sintiendo la humedad expandirse.

−Que rico, sabes tan bien preciosa−gruñó la Veela cuando sacó la fuente de su placer de la boca. La saliva lo envolvía otorgándole un brillo tentador.

Comenzó a pellizcarlo con sus dedos pulgar e índice halando hacia arriba con delicadeza y soltarlo. El rebote que hizo era un movimiento que lo podía hacer venirse dentro de sus pantalones caros. El olor que venía de la femineidad de su pareja lo estaba enloqueciendo. Lo hacía salivar y ensuciar su ropa interior con su líquido blanco y caliente.

Se levantó quedando nuevamente de rodillas para verla. Sus pechos al aire y rosados. Erguidos por él y para él y ella viéndole con ojos entrecerrados y jadeo mal disimulado.

−Me está costando no venirme cuando hueles así−le dijo ronco con los ojos fieros sobre ella. Flexionó las piernas de Hermione, colocando las plantas de los pies de la mujer sobre el suelo. En esa posición tendría total acceso a ella.−Dime ¿qué hiciste esa noche entonces?

Hermione enrojeció pero sin dejarlo de ver respondió.−Me decías que lamiera mi dedo antes de llevarlo a mi ropa interior.

−Yo puedo hacer por ti esta vez.

Y así lo hizo, puso la garra en la boca de ella. No tuvo miedo de ser cortada. Algo instintivo y básico le decía con amabilidad que no iba a ser lastimada. Que iba a estar todo bien. Tomó la mano del chico y metió el dedo en su boca dejando su lengua como si fuera un colchón debajo del índice de la Veela. Lo lamió bien succionándolo como un biberón. Pasó saliva con cada succión sacándolo al cabo de unos momentos.

−Que sexy preciosa−le dijo él. Con la mano izquierda subió la falda hasta la cintura dejando ver la ropa interior negra. Oh si, hacia juego con la prenda que había roto arriba.

−Solo con tu dedo−dijo Hermione ya temerosa.

El chico sonrió depredadoramente.−Tiempo al tiempo. Tal como lo imaginaste esa noche.

Ella afirmó relajándose nuevamente. Draco aprovechó para pasar su garra del índice y romper la prenda que cayó al suelo. Contempló el rostro de su pareja y nueva novia. No quería ver ese punto que despedía el olor a chocolate. Ver el rostro de Hermione lo ayudaría a auto controlarse.

−Mírame−le ordenó con voz ronca. Era demandante y poderoso.

Quería que esa parte de la inocencia de ella se fuera. Ella lo hizo con mucha dificultad.

− ¿Qué más hiciste?

−Con… el dedo índice…acaricié…−musitó muerta de pena. Esas palabras no querían salir.−Ahí.

− ¿Ahí?−preguntó la Veela disfrutando la vergüenza de ella.− ¿Te refieres a esto?

Un choque eléctrico la invadió hasta su cuello al sentir como el frotaba su nudo de placer en pequeños círculos. Su garra se friccionaba contra su vello cada vez que se movía. Hermione se arqueó apretando sus manos.

−Estas toda mojada.

−Tú me pones así.

Lo había dicho sin pensarlo. La frase se escapó de su garganta como mantequilla. Había sido su cuerpo hablando dejando a su corazón y mente en segundo y tercer plano.

El chico enardecido deslizó su dedo entre los pliegues sacando un sonido viscoso que amó. Frotó de arriba abajo tocando con su mano el resto de sus partes. Apretando e impregnando la palma de la mano con todo lo que ella generaba. Con su dedo índice tentó su entrada presionando en lapsos.

−Tus garras… no me lastimes.

−Jamás.

Y así lo hizo, la estimuló de nuevo acercándose a su boca para besarla con angustia y cuando le sacó un gemido fue insertando su dedo índice despacio en su entrada. Con el pulgar presionó el punto de estímulo provocándole cosquillas placenteras.

Lo movió dentro de ella, frotando sus paredes internas consintiéndola de la forma más íntima. Ni ella había llegado tan lejos. Su placer la nublaba pero no lo suficiente como no darse cuenta que no la lastimaba. Sus garras de Veela no le causaban daño. No entendía pero daba gracias por eso.

− ¿Metiste tu dedo?−preguntó él viéndola desde arriba.

−No… me dijiste… que…que… que querías hacerlo tu.−confesó respirando rápidamente. Estaba llegando a su punto final.

El chico acarició más rápido el pequeño botón en un movimiento rítmico.−Llega−le ordenó.−Llega con mi dedo dentro de ti preciosa.

Hermione gimió fuertemente abrazando a la Veela y apretando su mano con sus muslos. Draco pudo sentir la contracción interna de la pequeña mujer, aspirando su dedo dentro de un mar de líquido que olía divino. El chico no aguantó tanto voltaje y eyaculó potentemente dentro de su ropa.

Fue cuando su espalda dolió, de una manera briosa. El chico ahogó un quejido separándose de ella sin ser brusco. Hermione un poco más centrada se incorporó.− ¿Qué te pasa?

−Mi espalda.

−Las alas.

Hermione sacó el chaleco de Draco junto con la camisa dejándola remangada en su cintura. Había venas surcándola; palpitando rápidamente y se encontraban en dos puntos. Justo en sus omoplatos. La chica acarició con suavidad con el ánimo de darle confort.

−Creo que quieren emerger.

−Esto no termino de la manera como hubiese querido.

Hermione rio ante el comentario sacando su propia varita de una de sus botas. Era muy conveniente ese calzado para guardarla. Con un encantamiento Fregotego se limpió ella y también a Draco. El chico se vistió rápidamente colocando su camisa y chaleco y reparando la ropa de ella con su varita.

Ambos de pie a la luz de la varita de Draco se miraron y se besaron con calma tomando fuerzas para salir de nuevo al exterior. A la dureza e inclemencia de los Malfoy.

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

Hermione caminaba con Draco junto a ella hacia la chimenea para irse de la mansión. Anhelaba llegar a su casa y comenzar la celebración navideña con su familia. Rostros que mostraban un rango emocional más alto que una papa.

Con su bolsa de regalos halándole el brazo, la chica se giró sobre sus talones para entregarla. Fue su sorpresa al ver a Narcissa Malfoy bajar por las escaleras principales. Lucius se encontraba en el segundo piso viéndoles con desdén.

−Señora Malfoy gracias por la invitación.

−Gracias a usted por asistir.

Hermione dando el primer paso a una relación medianamente civilizada con ellos, sacó de la bolsa los dos obsequios dejándola después en el suelo.

Narcissa se quedó viéndole con su porte impasible y recto. Parecía hecha del más brillante mármol. Toda firme, recta y dura.

−Feliz navidad−le dijo Hermione pasándole la cajita que contenía el regalo.

Narcissa, que no hizo algún ademán de recibirlo, llamó con la voz a su elfina doméstica personal.−Turi.

La criatura de bastante edad se manifestó al lado de Narcissa. Portaba una tela vieja y roída que la cubría por completo.−La señora ha llamado a Turi.

−El regalo para la señorita Granger y recíbele el obsequio.

−Si ama.

La criatura desapareció y volvió con una caja cuadrada envuelta en un papel gris y una cinta de ribetes la adornaba.−Feliz navidad−dijo la señora de rubios y largos cabellos.

Hermione, incómoda por la falta de delicadeza y tacto, aceptó el presente de Turi y le dio el presente para Narcissa. La matriarca Malfoy lo tomó enseguida de las manitos de la criatura abriéndole, como si tuviera mucha expectativa, la cual trato de disimular lo mejor que pudo.

−Es un relicario. Es una joya muggle para llevar cerca del corazón, lo que es más importante, representándolo en dos fotografías. En su caso, su familia.

Narcissa sacó la joya por la cadena sosteniéndola frente a sus ojos fríos. Ahí estaba el escudo de sus dos casas pero sin ninguna foto. Hermione se adelantó a su pregunta.−Pensé que le gustaría ponerlas usted; por ser personal.−No sabiendo como más interceder le pasó a la elfina el otro obsequio.−Este es para el señor Malfoy.

La mujer le miró como si no le hubiese dicho absolutamente nada. Guardó la alhaja de nuevo en la caja.−Señorita Granger, nosotros venimos de mundos opuestos, lo cual es muy evidente. Pero por mi hijo, yo haría cualquier cosa. Incluso matar. No me importa nada. Y sí de usted depende su bienestar, haré todo lo que esté en mi alcance para encontrar comunidad con usted. No digo que será sencillo, pero esas son las cartas que tengo sobre la mesa. Así cómo aprecié su sinceridad ese día en la oficina de Dumbledore, se la vuelvo a expresar acá. Eso y con mi agradecimiento por estar con mi hijo. Que tenga buen viaje.

Sin más, Narcissa Malfoy se dio la vuelta dejando solos a Draco y a Hermione recibiendo de Turi el otro obsequio. La criatura desapareció en un "puff".

−¿Quieres abrirlo ya?

Ella negó con la cabeza.−Lo haré mañana en la mañana.

Ambos se despidieron con un beso en los labios y ella se encaminó a la chimenea tomando un puñado de polvos Flu.

−¿Por qué no me dejas acompañarte?

−Porque quiero estar sola−le respondió con mejillas rojas riendo tontamente.

Eso le sacó una sonrisa interna a Draco que tan solo afirmó con la cabeza.

−Quiero llevarme a Bastien−dijo desde la estructura.

−Lo llevaré en enero a Hogwarts. Aun es pequeño y le sentará la compañía de los otros. Mientras consuélate con mi maravillosa presencia en cuatro días.

−Te esperaré en El Caldero Chorreante. Te recogeré como la dama que soy.

−Que graciosa.

Hermione le sacó la lengua.−Discúlpame con Theo. No hablamos nada y no le di un regalo.

−Podrá sobrevivir.

−Deja los celos Draco−y botó los polvos al suelo.−Caldero Chorreante.

Las flamas la envolvieron desapareciéndola de la mansión

−¡No me dan celos!

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

−¡Hey! Mancuernillas de Batman. Genial.

Theo miraba el regalo de Draco. Ambos estaban en la biblioteca frente a una chimenea pequeña, bebiendo whiskey de fuego. Afuera el alboroto era grande. La cena de navidad de Narcissa Malfoy se estaba llevando a cabo y el cuchicheo inundaba los pasillos. Más de la mitad de familias sangre pura había sido invitada, como el evento anual por excelencia. Los elfos domésticos iban y venían y el número de regalos era ridículo. Blaise, Pansy, Astoria y Daphne habían sido invitados como era la costumbre, al igual que las familias de cada uno.

Era demasiado protocolo, demasiadas reglas sociales, demasiado saludo y demasiado desgaste para no irse a un rincón a recargar energías. Eso era lo que los había traído a ambos a la biblioteca. Buscar la lejanía entre tanta obligación social estúpida.

−Necesito ver eso que llaman "películas" y que sean de Batman. Necesito saber qué tan cierto es el parecido que tengo con ese tal Bruce Wayne.

−Físico ninguno, tu eres solo Draco Malfoy, ÉL ES Bruce Wayne. No hay grado de comparación. Aunque si tienen un aire de arrogancia y narcisismo muy encantador.

El chico iba a contestar cuando la puerta se abrió. Ahí estaba Pansy con un encantador vestido verde bustier con cola hasta el suelo que parecía efímera.

−Necesito hablar contigo.

Continuará

COMENTARIOS DEL AUTOR

*Ohhh vamos avanzando gente. Vamos avanzando. Todos a bordo del tren expreso Dramione. No cobramos cuota y la pasamos sabrosón.

*Este capítulo se tardó en subirse por dos cosas: la caminata en la que estuve fue en el bosque de niebla de Chicaque, si pueden buscar fotos por internet se los recomiendo. Estuve metida entre árboles, trochas y quebradas. Es un lugar hermoso, un paraíso nebular. La segunda es porque he estado un poco indispuesta y no había podido ni mirar la luz de mi celular.

*Agradecimientos públicos a Natuchi23, LorenaMG, yomii20, BadBitchAndRealest, SonrienTe, sagiie, Gizz Malfoy Granger, Cleoru Misumi, Rosy, Antares Malfoy, Agus Mellark, NaomiRadcliffe, Marleen, Cynthia Mellark, Sally , MioKathx Malfoy Granger y Serena Princesa Hale.

*Como siempre gracias a Puchu por betear la historia y tener la paciencia para aguantarme.

Preguntas, dudas, comentarios. Toda crítica es bienvenida, sí y solo sí es constructiva.

Miyuki Uchiha

Escuchando "Here with me"- DIDO