Aquí estoy. De vuelta con el penúltimo capítulo de este fic, y tengo sentimientos encontrados. Pena, felicidad, amor, no sé. En fin, merecen una explicación y se las daré. Tenía los capítulos listos, hasta el último, pero una falla en mi pc me hizo tener que formatearlo y pensé que había respaldado bien todo, pero grande fue mi sorpresa al encontrarme que había guardado otras historias y solo algunos capítulos de incidente aislado. Quise llorar, porque una parte de mis sentimientos se habían ido con ese tremendo error. Después vino el momento de tratar de recuperar lo perdido, pero mi cabeza no daba con la hilo de los capítulos Estaba perdida y cansada. (No se imaginan cuanto), pero los últimos días me dije: "Ellas merecen un final" y termine este capítulo y el otro está lo suficiente avanzando como para hacerse presente la otra semana. La verdad es que lamento mucho esto, pero trataré de recompensar mi error. Ahora, yendo al capítulo. Es el más largo que he escrito y creo que el que más me ha gustado escribir (incluso más que el verdadero 12 xD) Solo puedo decirles que lo disfruten y ojala se den el tiempo de comentar algo, mínimo una recompensa de tanto esfuerzo mental e imaginativo. En fin, sus reviews serán recibidos con el mayor amor del mundo, de eso no tengan duda.
Ya, no molestaré más con mis soliloquios y las dejo ir a leer xD. Gracias por darle una oportunidad a mi fic, estaré tremendamente agradecida.
Pd1: Creo que muero, son las 03:32 aquí en Chile y les estoy subiendo su cap.
Pd2: Errores de tipeos, háganmelo saber.
Pd3: Gracias por los mensajes y los favoritos, pero expláyense también en los reviews, me hace muy feliz leerlos.
Pd4: Mis dedos están tremendamente acalambrados.
Pd5: No sé si haya epilogo, todo depende de sus opiniones, igualmente tengo algo en mente que podría ser un buen epilogo, pero está en veremos.
Pd6: Por fin editado!
Besos bonitas y nos leemos la próxima semana.
Bodas
(escuchen Stay de Rihanna, no sé qué dirá, pero me sirvió de inspiración el ritmo)
− Scorpius Hyperion Malfoy Greengrass. Te crie de forma exquisita, siguiendo las reglas sociales y elitista. Te enseñe de qué forma comportarte y de qué manera ser frente a la demás personas. ¿Y ahora tienes la desfachatez de denigrarme de esta manera? – Scorpius esbozo una sonrisa de oreja a oreja que a su madre no le cayó para nada bien.
− Era preferible verme yo como vago gozador, antes que el novio – Astoria bufo y golpeo el suelo con su pie. Draco no era capaz de contener la risa.
− Scorpius, pareces un niño pequeño que es incapaz de hacerle caso a su madre – El rubio levanto una ceja.
− Ya soy un hombre mamá – Astoria lo quiso interrumpir, pero él no la dejo – Solo disfruta mujer. Ya paso la ceremonia y ahora viene la mejor parte. La fiesta.
− No sé en qué mundo andas metido Scorpius. Me sorprende tu falta de criterio para actuar… − el chico no la siguió escuchando, porque se alejó luego de darle un beso.
− Pareces un verdadero chulo sin corbata ni capa – Scorpius se giró lentamente, para deleitarse con la chica que tenía frente a él.
Se veía hermosa. Incluso, según él, superaba a la novia con creces, pero tampoco iba a arriesgar su integridad gritándolo a los cuatro vientos.
− Soy un chulo Rose – la chica sonrió y se acercó a él – Todo quedo muy lindo.
− ¿Tú crees? Lily hasta último minuto reclamo por los detalles – Scorpius se encogió de hombros. – Ya se, estábamos hablando de mi prima, pero no deja de atormentarme.
− ¿Tu querrías un boda igual a esta? – la pregunta, logro descolocarla, pero luego de analizarla, quiso tomarse unos segundos para responder.
− Yo solo quiero que el hombre que amo me esté esperando al otro lado – respondió con melancolía.
− Y ahí estará – Scorpius carraspeo − ¿Quieres bailar?
− ¿En serio me estás proponiendo eso? ¿El hombre que tiene dos pies izquierdos para el baile? – Rose soltó una carcajada.
− Niñita, mi hijo baila excelente, otra cosa es que contigo no lo pueda lograr. Ya sabes, hay gente que no se complementa – el sarcasmo de la mujer le sorprendió, pero no pudo evitar una sonrisa avergonzada. Se giró para mirarse con esos ojos tan expresivos.
− Astoria – saludo.
− Rose – respondió – Scorpius, ¿puedes traerme algo para tomar?
− Mamá – advirtió levemente el rubio.
− Aunque sea por última vez, hazme caso. Rose y yo tenemos algunos temas que tratar – le suplico, sin dejar de mirar a la pelirroja, que se sentía empequeñecer frente a tamaña mujer.
− Rose, por lo que más quieras, no te tomes a pecho lo que diga – La pelirroja hizo un gesto con la mano.
−Ve, te mandaron – susurro la chica, también sin dejar de mirar a Astoria.
Se estaban batiendo en una guerra interna, que en algunos momentos tendría sus primeras insinuaciones y verbalizaciones de postura. Aunque algo era claro, aquí no existían víctimas, solo dos mujeres buscando comprender él porque del actuar de la otra. Rose carraspeo para distender un poco el ambiente, que llevaba varios segundo en completo silencio.
− Me imagino que sabes de lo que va el asunto – Rose solo asintió – Nunca he juzgado a la gente, sin antes tener razones muy fundamentadas. Creo que es una falta de respeto someter al escrutinio a las personas, sin siquiera darles la posibilidad de defenderse ni presentar sus excusas, pero hay algo que como madre, ninguna va a soportar ni mucho menos esperar explicaciones y eso es ver a su hijo sufrir.
Los ojos verdes y enllamados de la mujer provocaron un leve temblor de manos en Rose, pero paso imperceptible, incluso para ella. La pelirroja trago saliva. Necesitaba remojar la garganta y con esto a la vez ganar algunos momentos para buscar las palabras adecuadas.
− Asty – La mujer abrió los ojos desmesuradamente. No esperaba que el contrataque de la chica, empezase con una muestra de cariño y familiaridad. – Pasaron muchas cosas.
− Podrías ejemplificar, por favor – Rose asintió.
− Scorpius se comportó como un idiota – Astoria quiso interrumpir, pero Rose no le dejo. – No es algo que yo diga. Él mismo se lo reconoce todo el tiempo.
− Hasta que no lo escuche, no lo creeré. – se cruzó de brazos, siguiendo en esa postura defensiva que llevaba desde que comenzó la conversación.
− Yo a su hijo lo amaba – susurro mirando hacia el piso. Astoria comenzó a soltar el agarre – Lo amaba mucho. Era mi amigo, mi compañero, el que me enseño muchas cosas, el que me acompaño en todo. Mi patner, pero por un error que cometimos los dos, los buenos recuerdos se opacaron y solo quedo el resentimiento – Si quería una redención, tenía que partir por ser sincera con la mujer que desde un principio la defendió y puso las fichas por ella. Ganarse la confianza de Astoria nuevamente sería un reto, pero no se dejaría perder. – Nos acostamos.
− Eso ya lo sabía – Rose muy sonrojada levanto la cabeza rápidamente y se encontró con una sonrisa de suficiencia que la dejo paralizada – No hay que ser adivina para saber que entre ustedes hubo problemas mucho más allá del amor "fraternal" que se decían profesar.
− Si, pero el acto en si… − apretó sus parpados, tratando de infundirse valor. Nunca era fácil hablar sobre el pasado, ni mucho menos con la madre del idiota que te cago la vida, un poco – El acto no fue el problema. Sino lo que dijo después.
− ¿Te insulto? – Rose negó.
− Me dijo que yo era un error en su vida – lo dijo tan rápido, que temió atragantarse.
− ¿Qué? – bisbiseo la mujer.
− Lo que escucho y por eso me fui. Porque lo amaba tanto, que no era capaz de pensar con claridad sabiendo que yo para él solo significaba un incidente. Algo que nunca debió pasar – La mujer empalideció y giro bruscamente su cuello, para buscar a su hijo.
− Yo lo mato – Rose le tomo la mano.
− Las cosas ya pasaron y en cierta medida yo logre empatar el error de él.− soltó su agarre lentamente, mirando con dolor la expresión desesperada de la bella mujer − Astoria, para mí todo esto es difícil, a pesar de que ha pasado el tiempo. – Busco su mirada − Yo no sufro porque él no me quiera, más bien lo hago porque a pesar de que pudimos parar la situación, no lo hicimos y las consecuencias de ese acto provocaron una gran brecha en nuestra relación.
− Eran unos niños jugando a quererse. – Rose asintió.
− Más bien era yo, la que quiera creer que él me quería de otra forma. – sonrió con melancolía. – Pero ya paso y cada uno formo su camino.
− Siempre lo querrás y él también a ti – Rose solo atino a encogerse de hombros. – Mi pequeña Weasley, lamento tanto todo.
− No lo lamente. La última vez que yo vine, no me porte digna con él y fue mi turno de rechazar sus sentimientos. – Astoria poso su mano, sobre el codo de la chica.
− Y te entiendo. Cualquier mujer que hubiese pasado lo que tu viviste, en algún momento buscaría una especie de venganza. Algo que provocase que la balanza se equilibrara y así poder conseguir un poco de puntos en el amor propio. – Astoria la lanzo hacia sí misma, para envolverla en un abrazo – Nunca quise juzgarte, pero ver a mi hijo mal, descolo mi vida en muchos sentidos.
− Cualquier madre sufriría, al saber que sus retoños lo están pasando pésimo. – trato de justificar la pelirroja.
− A pesar de eso Rose, creo que ustedes están destinados a estar juntos – la separo de su cuerpo y tomo sus hombros. – Scorpius siempre te ha querido. Desde el primer año, cuando comenzaron a llegar sus cartas contando las aventuras que vivía con la pequeña Weasley. O como cuando estaban en séptimo y me mando una misiva, diciendo que tú le había dejado entrever sobre un amigo, que al parecer era más que amigo. Escribió dos hojas con sus defectos y apenas terminaba uno, la frase que le seguía era: "¿Qué le vio?"; no te imaginas lo que nos reímos con Draco.
− ¿No será Edward? – la mujer asintió felizmente.
− ¡Si! Era él. Recuerdo porque ponía que tenía nombre de viejo. – Rose soltó una leve carcajada.
− Edward es gay. Es la pareja de mi primo Louis. – Explico.
− Ya decía yo que no podía existir hombre más perfecto – Rose volvió a reír, para luego enseriarse, al ver el semblante pasivo que había tomado la mujer – Cuando fue la graduación, yo moría por verlos juntos bailando, o tu sentándote en mi mesa para contarme los secretos de belleza que habías hecho para verte tan hermosa, pero no fue así. Vi a Scorpius acercarse a ti, y tú lo miraste sin sentimientos, para negarte a su petición y dejarlo con la mano estirada. En ese instante supe que todo estaba mal. – Rose agacho su cabeza y apretó sus dedos alrededor de los mismos. – Todo se me aclaro cuando te pedí que se tomaran la foto. Nunca sonreíste, es más, el fastidio se hizo presente en todas tus facciones. Quise llorar por la expresión de desolación de mi hijo.
− Se lo merecía – murmuro Rose, ganándose una asentimiento soberano por parte de Astoria.
− Si, puede ser – Rose busco los ojos verdes de la señora Malfoy, porque la sintió muy callada. Cuando los encontró, los vio llenos de lágrimas acumuladas y sus labios blancos de tanto apretarlos – Casi se volvió loco – la escucho susurrar – No comía, no salía, no hacía nada. Estaba mal. El mismo día que se enteró de que tú habías ido, llego tarde a la casa y muy borracho. Casi no podía sostenerse y repetía tu nombre – Astoria la soltó de sus hombros y seco sus lágrimas con el dorso de sus manos – Al enterarme del porqué de su estado, lo comprendí y lo justifique dado que ustedes eran muy amigos. Al tiempo supe que algo tenía que ver él en tu ida y te odie por dejarme un estropajo por hijo. Viajo a verte y volvió distinto, pero nunca más sonrió como lo hacía antes.
− Esto es muy complicado – susurro apenas Rose, aguantando las ganas de llorar.
− Tanto, que él todavía sufre. Ya no llora, ni deja de comer, pero si se mete en su mundo o se esconde en su departamento. – Vio pasar a un mozo cerca de ellas y tomo dos copas – Al enterarme de que venías nuevamente, quise boicotear el vuelo, pero era muy inadecuado tirarlo al mar – Rose se estremeció, pero sonrió al ver la mueca de burla en la cara de Astoria. Eso le indicaba que la mujer ya se encontraba más tranquila, pero el momento de tensión todavía no pasaba. – Estuve muy asustada, pero cuando vi que volvía un poco de mi hijo, acepte todo. Lo vi sonreír como hace años no lo hacía. Es más, en una de las visitas que nos hizo, estuvo mirando el celular a cada momento, esperando una llamada tuya, creo yo. Incluso lo regañe por ser un desconsiderado, que no veía a su madre en varios días, pero a pesar de eso, no se desconectaba de ese aparatito del demonio. Y cuando tu llamada entro, puso una cara de tanta felicidad, que no fui capaz de negarme si él me llegaba a contar que estaban juntos. Aunque eso no quería decir que te las pondría fácil.
− Pero ya no paso. Se libró de tenerme como nuera – Quiso bromear, pero la mueca que hizo, fue tan extraña que Astoria la miro raro.
− Lo dudo, pero yo no me meteré. Creo que ya están lo bastante creciditos para saber lo bueno y lo malo que pueden acarrear las decisiones erradas. – tomo las mejillas de la chica. Rose al sentir el metal de las alhajas rozando su cara, no pudo evitar recordar cuando era una niña de trece años y se quedaba a jugar en la mansión Malfoy. El sonido de las joyas chocando, era un recuerdo constante de esos momentos. – Te quiero Rose y por eso mismo te pido que si tú lo quieres a él, haz algo.
−Astoria… – susurro.
− Tráeme a mi niño de vuelta – Rose no supo que decir. – Va a viajar a la India en tres días más, por favor, bríndale en lo poco que le queda acá, todo el amor que alguna vez quisiste darle. Estoy segura que él te retribuirá de la mejor manera.
− Astoria, han sucedido muchas cosas… − la mujer chasqueo la lengua.
− Que el pasado se quede dónde debe estar. En el pasado. Busquen un avance, una vía alternativa, pero traten de estar juntos. Se lo merecen, tú más que él quizás, pero deben intentarlo. Aunque sea la última vez – rogó Astoria. Rose no se pudo negar y asintió levemente. – Gracias, ahora toma.
La vio remover en su pequeño bolso con incrustaciones de diamantes, sacando desde dentro una pasaje de avión.
− ¿Un pasaje de avión? Dijo que no se iba a meter – Rose la miro confundida. – Astoria no entiendo.
− Viajas en el mismo vuelo que él. – Ignoro el comentario, mientras Rose seguía perpleja – Albus también va, pero no te preocupes por eso. Le enviare uno de regreso, apenas ponga un pie en tierra.
− Estoy confundida. ¿Quieres que viaje con él a la India? –la mujer asintió fehacientemente.
− Si, tómalo rápido que viene Scorpius. – Rose por inercia le hizo caso. – Este es mi regalo por quererlo.
− ¿Ósea nunca llego a odiarme? – Astoria hizo un gesto con su mano, restándole importancia.
− La verdad, nunca estuve completamente segura que fuera tu culpa solamente. Sabía que tendrías razones fuertes para actuar como lo hiciste. En el fondo de mi corazón, yo sabía que tú eras la dueña del de mi hijo, y aunque al principio me negué a creerlo, nunca quise tener una nuera distinta. – Astoria se calló un momento. – Inténtalo.
− Disculpen el retraso – interrumpió Scorpius sin aliento. Se notaba que había tratado de apresurarse, pero no le resulto, ya que llego justo al final de la conversación. − ¿Ocurrió algo?
− Ocurrió solo lo que tenía que ocurrir querido – Astoria les sonrió a los dos y le guiño el ojo a Rose, dejando perplejo a Scorpius – Creo que vi por ahí a Ginny Potter y tenemos unas cosas que conversar, como por ejemplo, planear una boda. Cuídense mis pequeños querubines.
Se fue, dejando un estela de perfume caro, una cara desencaja por parte de Scorpius, y un estado catatónico en Rose.
Scorpius salió de su ensoñación rápidamente y se giró hacia donde Rose, para revisarla.
− ¿Te hizo algo? ¿Te insulto? ¿Te trato mal? ¡Contesta Rose! – la pelirroja volvió en si para luego mirarlo. Lentamente se formó en su cara una sonrisa "de oreja a oreja".
− Fue extraño – murmuro. Scorpius soltó el aire y se enderezo, para esconder sus manos en los bolsillos y mirar hacia todos lados − ¿Scorpius?
− Dime – la chica seguía con su sonrisa y a pesar de que ojos de él era hermosa, no podía mirarla por mucho tiempo, porque se sentía entrampado y ya bastante había sufrido.
− La gente es rara – Scorpius enarco una ceja – Pero la gente rara es mejor que la gente normal.
− No entiendo que me quieres decir – le contesto lentamente.
− No sé cómo decirlo. Estoy confundida ¿quieres bailar?
Scorpius abrió la boca enredado a más no poder. No sabía si reír o llorar, aunque opto por la primera ¿Qué había pasado con esas dos mujeres? ¿A tal punto llegaba su vida, que las dos mujeres que más querían, tenían un leve problema psicológico? Porque vamos, no era normal que su madre saliera sonriendo, hablando de bodas y guiñándole un ojo, cuando antes de conversar con ella, en lo único que pensaba era en cómo sacarle los ojos provocándole el mayor dolor. Y Rose no se quedaba atrás. Su sonrisa bobalicona, con su mirada brillante, le hacían recordar lo mejor de su época escolar. Cuando no existían los dramas, ni las peleas que ya tanto había repetido.
− Err… ¿bueno? – pregunto desconfiado.
− Tranquilo, prometo no pisarte.
El mundo era redondo, o al menos algo así postulaba la física. Y por eso mismo, muchos esoterismos se basaban en que todo se devolvía, ¿Por qué? Porque la verdadera ecuación astral, pregonaba que todo era un circulo. Que todo lo bueno, conllevaba que más adelante vinieran más situaciones buenas. Y las malas tenían el mismo proceder, aunque estás ultimas podían evitarse con una nueva acción buena. Si en verdad era una teoría extraña, pero se cumplía en mucho de los casos, por eso, en ese minuto Scorpius se preguntaba, si ya había pasado la época de pagar todas las malas obras y si venían las buenas rachas. Porque la única forma que él tenía de saber que vendrían cosas buenas, bonitas y llenas de felicidad, partían con una sonrisa de Rose.
− Perdón, te pise – Scorpius le sonrió de vuelta y en ese preciso instante, supo que todo lo que se avecinaba, era para mejor.
Los éxitos comenzarían a llegar y él solo tenía que esperarlos.
O.O
Los bailes dieron paso a la comida. Elfos corrían desaforados llevando bandejas y bandejas de exquisitos manjares, elegidos obviamente por Lily y Lucy, que era una organizadora innata de eventos sociales.
Roxanne se encontraba a un lado de la mesa más grande, sacando canapés sin parar, pero tratando de pasar lo más desapercibida. No quería que el mundo hablara sobre la glotona prima de la novia. Ya bastante tenía que aguantar andando con ese vestido escotado y de color rojo. ¿Quién la mandaba a hacerle caso a Dominique? Ni en sus peores trance la escuchaba y justo el día en que salía más a la luz, se encontraba vestida con tamaña ropa y con más hambre que Hugo sin cenar.
− Amor, estás distraída. – la voz susurrante de su novio, le hizo volver de sus reclamos interiores. Esbozo una leve sonrisa. – Sabes que el rojo te sienta bien.
− Parezco cualquier cosa, menos una mujer. – refunfuño.
Aparte del debate mental que llevaba por culpa de su vestimenta, no podía evitar pensar en el tremendo problema en que estaba metida. El hambre no era solamente culpa de una mala alimentación durante el día, sino que también había una leve –gran- sospecha (más bien ya estaba confirmado) de que los espermatozoides de los ya tan conocidos Scarmander, habían anidado un lindo bebe dentro de su útero.
− Te notas alterada. – Roxanne mato con su mirada y tomo tres canapés, para metérselos a la boca. Lysander la miro confundido. − ¿Hice algo? Si me quieres reclamar por el baile que tuve con aquella mujer, déjame decirte que es mi prima.
− Lyss, ¿me amas? – El rubio la miro confundido. Ya le habían hablado de las locuras de todas las Weasley, pero nunca espero ver ese gen manifestarse en Roxanne.
− Con mi vida mi amor. ¿Qué pasa? – Roxanne lo tomo de su mano para guiarlo fuera de la carpa que se encontraba en el patio.
− Tenemos un leve problema. – Lysander se temió lo peor. Ya se imaginaba estar escuchando esa terrible oración que cortaban cualquier tipo de relación con ella. ¡¿Por qué?! Le había costado un montón conseguirla, y ahora la perdía. La vida sabía ser injusta.
− ¿Quieres terminar? – Junto esas dos palabras en una pregunta, aunque por dentro sentía que iba a terminar llorando como una nena.
− ¿Cómo crees idiota? Más bien tú vas a querer terminar conmigo. – Lysander la miro nuevamente confundido…
Esperen.
La cabeza le comenzó a funcionar a mil por hora. Sus elucubraciones lo llevaron a un lugar que nunca espero ir. De solo imaginarlo, la piel se le comenzó a poner de gallina. No podía ser, ella no era así. Mentira. Debía ser un sueño.
− Lysander, escúchame. Yo nunca quise que esto pasara. – Lysander cerró los ojos y poso sus dedos en su tabique. Trato de contener las lágrimas, pero no podía. – Lys, sé que no estaba… ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? – le pregunto asustada.
− Dime quien fue. – Roxanne lo miro sin entender nada. – Dime quien fue. Déjame partirle la cara, déjame odiarlo por arrebatarte de mi vida. ¿Por qué dejaste que te tocará? – le reprocho con dolor y rabia. Su cara comenzaba a mojarse rápidamente.
− Lysander, haber. – lo tomo del brazo y lo sentó en un columpio que se encontraba colgando de un árbol un poco más allá de la casa. − ¿De quién estás hablando?
− ¡Del imbécil con el cual me engañaste! – Roxanne abrió la boca desmesuradamente. – Te haces la sorprendida, pero tus explicaciones te delatan. ¿Qué me vas a decir ah? ¿Qué ahora que probaste el sexo, quieres saber que se siente con otros? – Lo iba a matar, o por Merlín, lo colgaría de sus testículos, amarrado muy bien a ese árbol.
− Scarmander, no te golpeo, porque en mi estado puede ser peligroso. Pero te lo mereces. – Los ojos del rubio, que se encontraban perdidos en la hierba, se levantaron inmediatamente al escucharla hablar sobre su "estado".
− ¿Qué estado? ¿Estas enferma? – se alarmo aún más. – ¡Dime!
− ¿Por qué eres tan exagerado? – la morena bufo, pero no quería enojarse. La noticia era algo que tendría que ponerlos contentos, a pesar de su corta edad. Se acercó a él y lo abrazo por el cuello. Lysander por inercia paso sus brazos por la cintura. – Te amo idiota, aunque pienses lo peor cuando trato de contarte algo bueno. Aunque eso depende desde el punto de vista de cada uno, quizás…
− Habla Roxanne. – le rogó. Escondió su rostro en el cuello de la chica. La amaba, pero no estaba seguro de poder mirarla a los ojos cuando le diera la noticia. Nunca sería capaz de enfrentarse a sus temores de perderla, y solo en eso podía pensar.
− Hace un mes atrás, el idiota que tengo por novio, se escabullo en la casa de mis padres, para hacerme "sentir su amor" – Lysander no pudo evitar reír. – Yo no pude negarme, ya que lo amo como una idiota, así que acepte. Pero esa noche dejo una consecuencia. Una de la que tendremos que hacernos cargo los próximos dieciocho años, por lo menos. Lys – hizo una pausa dramática. El chico la quiso matar. − vas a ser papá.
− Por Merlín. – susurro el chico, mirándola estupefacto. – Ósea de verdad los Scarmander somos muy fértiles.
Se merecía el golpe. Roxanne le dio tremendo zape, que por un momento le remeció toda su cabeza.
− Mi morena, mi guapa, mi corazón. Te amo mucho, demasiado. – miro hacia abajo, para encontrarse con ese vientre plano, por ahora. Sus manos se acercaron raudas hacia él y acariciaron por encima del vestido. Roxanne sintió sus ojos humedecerse. – Los voy a hacer felices.
− No hables en plural, capaz que les den ganas de hacerse dobles. Y harta historia familiar tenemos, para que a la primera salgan gemelos. – Roxanne tomo su rostro y lo beso lentamente.
− Lorcan me odiara, porque él no le achunto. – Se ganó su segundo golpe y no le importo.
Mientras seguían haciéndose mimos ahí fuera, obviamente para celebrar, pero también para retrasar un poco el enfrentamiento que se daría apenas se supiera del embarazo de Roxanne, la voz amplificada de Lily, que venías desde dentro de la carpa, los saco de su regaloneo.
− Bueno, ya sabrán los felices que estamos al saber que nos acompañan en este momento tan especial. Pero ahora lo volveré un poco más maravilloso. – La escucharon carraspear. – Lorcan, cariño. Creo que tendrás que esforzarte un poco más. Familia, amigos, hijo. Estoy embarazada.
Los vítores no tardaron en llegar, pero el rostro pálido de Lysander preocupo mucho más a Roxanne, que el barullo formado dentro.
− ¿Qué ocurre? – pregunto la morena.
− Mamá no se pondrá para nada feliz.
O.O
− No insistas. No te contaré lo que hable con tu madre. – Scorpius soltó el aire, a medias resignándose, pero no iba a rendirse tan rápido. – Debería compartir más con Adams, por algo lo traje.
− Yo lo veo de lo más entretenido con Molly. – Rose enarco una ceja y busco al chico por la estancia, y era verdad. Ahí estaba él, sonriendo como si el chiste más bueno del universo hubiese sido contado. Rose no pudo evitar sentirse feliz. Quizás no había hecho mal trayéndolo.
− Estoy cansada. – Scorpius sonrió de medio lado.
− Estamos sentados hace casi una hora. – Rose se tiró sobre la mesa, y uso sus brazos como almohadas. Scorpius no pudo evitar sentir que poco a poco se encontraba con esa chica de diecisiete años, desenfada y despreocupada. – Lily será madre por segunda vez.
− Apuesto lo que quieras a que sale doble. – dijo Rose, mientras seguía con su dedo índice el diseño del mantel. – Scorpius.
− Dime. – respondió él.
− ¿Te gustaría casarte? – el rubio se quedó estático unos momentos. ¿Aquello era una proposición o una simple pregunta sobre lo que pensaba del matrimonio? – Ya sabes, tener mucha gente invitada, y darles de comer a costa de tu "felicidad". – la pelirroja hizo las comilla con sus dedos en el aire.
− Digamos que pienso parecido a ti. Solo me importa saber que la chica que amo, me esté esperando al lado del altar, para comprometerse completamente conmigo. – Rose asintió, mientras miraba su mano. Scorpius se sintió tentado a apoyar su cabeza en la mesa y acercar su rostro a ella, pero se contuvo. Ron Weasley andaba por ahí, y como alma que lleva el diablo por culpa del estado errante de su hija, achacándoselo a alcohol, aunque Rose siempre era así. Con bebida o sin ella en el cuerpo.
− Es bonito. – Scorpius asintió, apoyando el mentón en su mano. – Las bodas generan un noséque que las hace única. Te dan ganas de casarte, a pesar de ir en contra de todo lo que estipulaste como vida.
− Puede ser, son emotivas. – Scorpius vio pasar una bandeja con champagne y tomo una copa. − ¿Quieres? – Rose negó.
− Tengamos sexo. – Scorpius escupió todo lo que tenía en boca. – Ni que fuera la primera vez.
− Rose, siempre termina mal. – le respondió cuando se logró controlarse.
− Hagámoslo. – se incorporó en la silla y acerco su rostro al del. – Hazme el amor como siempre has querido hacérmelo.
Scorpius trago saliva y comenzó a pensar en McGonagall bailando en tanga mientras hacia un stripper. Pero no pudo. La propuesta era demasiado tentadora –como indecente- para ser capaz de rechazarla. Tomo la mano de la chica y enlazo sus dedos.
− No me digas después que te arrepientes, por favor. – los ojos de borrego a medio morir, fueron los que la hicieron actuar de esa forma. Se acercó rápidamente y le dio un beso fugaz, casi imperceptible, pero tan lleno de lava. La pasión se desataría en cualquier momento.
− Tú tampoco lo hagas. – Se pusieron de pie, siendo seguidos con la vista por Astoria, quien no pudo evitar sonreír.
− ¡Bien! – grito y celebro, ganándose una mirada confundida por parte de Ginny. – Disculpa, de repente recuerdo las cosas que hago bien y no puedo evitar celebrar.
− En fiiin. – respondió la Potter alargando la última palabra. – Como te iba diciendo, una boda tiene que tener de todo, pero sobretodo una buena organización…
Cuando Scorpius y Rose arribaran de la India, se encontrarían con tremenda sorpresa.
O.O
Corrieron por el patio de la Madriguera, para colarse rápidamente en la casa. Visualizaron un poco más allá a Roxanne con Lysander, besándose como si un hubiese mañana. Al parecer no eran los únicos con las hormonas desatadas producto de la boda.
Rose se giró sin soltarle la mano. Scorpius miro todo a su alrededor. Estaban en la cocina, pero rápidamente su vista se nublo por culpa de un borrón rojo que se acercó directo a sus labios, besándolo y tironeando su chaqueta. No pudo evitar sonreír mientras le mordía los labios. Era su momento. Esa noche ella sería suya, pero él mandaría.
− Rose, para un poco. – La separo y lo que vio lo dejo anonadado. La pelirroja sonreía de oreja a oreja, mientras sus ojos brillaban de manera fascinante y sus mejillas estaban completamente sonrojadas. – Te ves hermosa.
− Todos los días de mi vida lo soy. – Le respondió lo más humilde que pudo. Scorpius la abrazo fuertemente y escondió su cara en el cuello.
− No me niegues mañana. Cuando despiertes en mis brazos no digas que fue un error. Sé que estas borracha… − Rose le puso un dedo en los labios, para luego posar los suyos sobre él.
− No he tomado ni una gota de alcohol. Estoy embriagada de felicidad. – Paso sus brazos por debajo de la chaqueta, que todavía no podía sacar y apoyo su cabeza en el pecho de él. Sentir los latidos desbocados del chico, fue la melodía más hermosa que alguna vez hubiese escuchado. – Prométeme que no será un error.
− Tú nunca lo has sido. Fui un idiota con letras mayúsculas. El más grande que pudiste haber conocido. – Se separó un poco de ella y tomo su rostro entre las manos. – Gracias por haberme perdonado y estar acá. Gracias por entregarte a mí sin inhibiciones. Yo no lo merezco.
− Te odio por ese tan tú. – Scorpius la miro confundido. – Subamos a la pieza que ocupan mis padres acá. Estoy deleitándome mientras pienso en cómo sacarte toda esa ropa.
− Vamos. – Tomo su mano y beso cada uno de los dedos, sin dejar de mirarla. – Hoy yo mando.
− Ni lo creas bonito. – lo agarro de las solapas de su traje y lo acerco a su boca, pero sin besarlo. – Veremos quién gana.
Pero no aguantaron mucho. Se fundieron en un nuevo beso, lleno de amor y de esperanza.
Caminaron a tientas, pero sin soltar sus bocas. Se susurraron palabras que sonrojarían a sus madres y se gritaron el desafío en sus propias caras. Al llegar a la habitación, Rose no perdió tiempo y lo tiro sobre la cama. Scorpius se largó a reír mientras desabrochaba su pantalón y trataba de sacar su saco. Rose ya le había abierto la camisa, así que no era un gran problema.
− Mírame. – murmuro la pelirroja. Scorpius se quedó con la camisa a medio sacar y con una erección que amenazaba con salir de su pantalón. − ¿Qué quieres que te haga?
− Solo que vengas acá y me dejes tocarte. – Se incorporó en la cama, pero Rose se alejó de su agarre. − ¡Rose! – reclamo el chico.
La chica solamente sonrió con malicia. Lentamente comenzó a sacar su ropa, partiendo por los zapatos y sacando los broches de su pelo, dejándolo suelto. Los bucles cayeron sobre su espalda y hombros, indomables, como siempre. Scorpius trago saliva y apretó sus puños para no tirarse sobre ella. Rose se giró y comenzó a mover sus caderas a un ritmo imaginario. Scorpius soltó el aire contenido y acerco su mano hacia un muslo de la pelirroja. Está le golpeo para que la sacara y la dejara continuar con su show.
La pelirroja levanto su vestido, dejando a la vista sus bragas de color negro. Con solo dos dedos, las bajo a través de sus piernas, y al agacharse para desengancharlas de su cuerpo, dejo a la vista toda su feminidad. Cuando volteo para mirar a Scorpius, se encontró con el rubio atónito, pero que no estuvo mucho rato estupefacto, porque rápidamente se paró y comenzó a besarla.
− Todavía no termino. – reprocho mientras se besaban.
− Yo te puse el vestido, ahora yo te lo saco. – Rose levanto los brazos dándole a entender que era la hora de quitarlo por la cabeza. Scorpius lo tomo por los bordes y se lo arrebato en pocos segundos. Y como ya lo sabía, no traía corpiño. – Me vas a matar.
− Antes de eso, te quiero desnudo. Completamente. – bisbiseo.
Y su petición fue escuchada de inmediato. Scorpius bajo sus pantalones con todo lo que traía incluido dentro de él. Luego se sacó su camisa, acercándose nuevamente a ella y abrazándola. Sin ningún impedimento. Cuerpo con cuerpo, piel con piel. Scorpius sentía su corazón latir desesperado. Aunque no podía negar que a pesar de estar ahí y ahora, no lograba sentirse del todo tranquilo. No quería despertar el día de mañana con una Rose odiándolo y dejándolo nuevamente.
− Rose… − susurro. Ella le devolvió una sonrisa y se acercó a su cuello.
− Ya no habrá más dolor. Te lo prometo. – Y Scorpius quiso creer, pero no podía.
− Rose… Rose. – murmuro.
La tomo de la mano, guiándola hacia la cama que se situaba en el centro del lugar. La acostó sobre está y él se posiciono sobre ella. Rose por inercia paso sus brazos por detrás del cuello de él. Scorpius se acercó a su boca, para nuevamente hacer un contacto de labios.
− Eres hermosa. – susurro, mientras besaba su mandíbula.
−Creo que acabo de tener un deja vu. – El rubio la miro confundido. – Me dijiste algo parecido la primera vez.
− Rose, no creo que sea necesario… − pero se vio interrumpido por una boca ansiosa.
− A pesar de todo, creo haber tenido la mejor primera vez del mundo. Lo hice con quien amaba y me trato como si fuera la cosa más valiosa para él. – Scorpius quiso gritar de emoción, pero solo esbozo una sonrisa y se acercó al cuello de la chica para llenarlo de besos y lametones.
Lentamente bajo por su cuello. Llego a sus hombros y beso toda la extensión de la clavícula. Siguió besando hasta llegar a sus pechos. Tomo uno con sus manos y lo apretó levemente. Rose pego un respingo, pero dejo que siguiera explorando su cuerpo.
Scorpius miro ese pezón que se mostraba ansioso por ser devorado por su boca y no lo quiso hacer esperar más. Lo acaricio con su lengua y succiono levemente. Rose comenzaba a sentirse muy sofocada y los gemidos comenzaban a escapar por su boca. El rubio le dio la atención al otro seno, mientras acariciaba con sus manos el recién dejado. Soplo el rastro de saliva y Rose volvió a sentirse en las nubes. Comenzaba a necesitar un poco más de rudeza en todo y no dudo en tomar las riendas.
Se giró, dejando a un sorprendió Scorpius Malfoy bajo ella. Comenzó besando su cuello, bajo por sus brazos y tomo su mano, para darle pequeñas lamidas a los dedos. Scorpius la miro complacido y feliz. Rose tenía comportamientos de niña de repente. Con su mirada juguetona, la pelirroja poso sus labios sobre el pecho y comenzó a besarlo, mientras sus manos bajaban por su vientre.
− Rose, no creo… − y volvió a dejarlo sin habla. Su mano tomo el miembro de Scorpius, y comenzó a brindarle una sesión de caricias que lleno de deseo el bajo vientre. El rubio sabía que si Rose no paraba, era capaz de terminar todo ahí y dejarse llevar, pero no fue necesario. Rose lo soltó.
Fue su momento de volver a voltear los papeles.
Scorpius no perdió el tiempo y se dirigió a la feminidad de la chica. Con sus manos abrió la flor que lo esperaba ansiosa y acalorada. Rose sintió su cuerpo llenarse de vergüenza, pero no dijo nada. Ella lo conocía y lo amaba. Sip, porque lo amaba. Por algo se encontraba ahí, con él. Porque Rose siempre lo amaría, a pesar de todo. Y aunque pasaran mil y una situaciones, Rose seguiría firme con ese amor, porque Scorpius era su vida.
El rubio acerco su boca a ese punto latiente entre las piernas de Rose y tomo entre sus labios el capullo. La pelirroja no pudo evitar el grito. El rubio sintió que la misión estaba casi completa. La volvería loca con caricias, lograría que ese día no se le olvidara jamás de su memoria. ¡JÁ! Si supiera. Rose recordaba cada una de las veces en las cuales se habían visto frente a frente, batallando esa batalla tan maravillosa, conocida como hacer el amor.
Cuando ya los gritos desesperados de Rose se hacían casi tan fuertes como la música que llegaba desde afuera, Scorpius supo que era momento de unirse. De volver a juntarse con ese hogar que necesitaba tanto. Que lo llenaba de fuerza y de energía. Que le recordaba de donde pertenecía.
Con una rapidez inhumana, se puso sobre ella y con un acomode por parte de su mano, se adentró en la chica. La estrechez y la mirada brillosa llena de placer, lo fascinarían por los próximos quince años. El vaivén de caderas y los besos desesperados repartidos por la cara y hombros; sin contar con los jalones de pelos y los pequeños mordiscos, lograron hacer el ambiente más satisfactorio.
Las ansias de no perderse ningún lugar y acariciar cada parte sin dejar espacio, los arrebataban por momentos, pero Scorpius no perdía la concentración. Necesitaba dar desfogue a ese cuerpo y también buscar el suyo.
Rose acaricio sus hombros, para luego posar sus manos sobre su espalda y apretarlo contra ella. Esa era una clara muestra de que el clímax llegaría en cualquier momento para ella. Pero Scorpius no quería dárselo de inmediato, quería hacerla disfrutar. Aunque no contó con su propia reacción.
Mientras embestía contra el cuerpo de Rose, la imagen de ella sonriéndole y besándolo, lleno su mente. De repente sintió ganas de llorar. En tres días más partiría a la India por casi seis meses y no la vería. Pensar en tener nuevamente un futuro sin ella, era desolador. ¿Por qué se la brindaban en pequeñas cantidades? ¿Acaso el destino no entendía que él la quería completamente?
− Rose. – La pelirroja levanto la mirada, encontrándose con unos ojos llenos de lágrimas. – No será la última vez ¿verdad?
− Scorpius. – Apenas si pudo hablar, pero trato de responderle. – Nunca habrá un final para nosotros.
Pero si llego un fin, o tal vez un inicio. El clímax los pesco de manera fulminante, haciendo derretir hasta sus huesos y desmoronando las últimas murallas que se habían construido por culpa de esa relación tan hermosa, como dañina.
Mientras uno pensaba en como aguantar las lágrimas, el otro sabía que ese era el comienzo de algo que no tendría más que solo buenos augurios. Porque Rose lo presentía. Ellos lograrían más de lo que nunca esperaron, serían muy felices, casi tanto como alguna vez lo fueron Romeo y Julieta cuando compartían momentos juntos.
− Scorp, estás temblando. – murmuro Rose asustada. – Mírame.
− Te adoro. – apenas susurro Scorpius.
− Yo más. – murmuro conciliadora. Tomo su cabeza y la coloco sobre su pecho. Esa era la completa plenitud.
Dos cuerpos sudados y unidos reposaban sobre esa cama. La tranquilidad y el amor comenzaban a llegar haciéndose parte de sus vidas, y aunque el camino era complejo, sabían que lograrían llegar a la meta.
