Disclaimer: Blablabla, personajes de Meyer. Blablabla trama mía. Similitud con una realidad (viva o muerta) pura y mera casualidad de las casualidades. Yay!
Sí, amo
Doce:
Aquí y ahora.
Nadie dijo que sería fácil. Nadie dijo que ésto podría ser difícil.
.
Septiembre 23, 2007.
&.
—¡¿Que dijo qué?!
—Alice —suspiré—, no pienso volver a repetirlo.
—¡Pero…! ¡Es que… ¿cómo?! ¡Es completamente improbable! Edward nunca se comporta así. ¡Ha sido un verdadero maleducado! —chilló.
—Lo sé, Ali, pero no grites que vas a despertar a todos en tu casa —susurré. Charlie dormía también—. Son las 12:45 de la noche, ¿recuerdas?
—¡Y una mierda! —exclamó tan fuerte que tuve que alejar un poco el móvil antes de seguir escuchando—. ¡Voy a llamarlo, patearle el trasero y decirle que se disculpe contigo right now!
Escuché cómo despegaba el móvil de su oído y eso me asustó. Me ponía nerviosa con la sola idea de hablar con él después de todo lo que había pasado. No había cruzado palabra con Edward Masen desde el mediodía del viernes, y hoy ya era domingo.
Amaba el fin de semana, ahora. Estos días el no me había pedido hacer nada ni tener que servirle; pero me preocupaba, por otro lado. Yo pensaba que él seguía meditando sobre lo que había pasado ese viernes en el almuerzo. ¿O quizás me estaba dando mucho crédito? Era egoístamente agradable el pensar que Edward podría estar enfadado por eso. Era muy parecido a lo que había dicho Jacob, y mi corazón se aceleraba siempre que pensaba en eso.
Estaba siendo cabezota, lo sabía. ¡Pero es que costaba tanto aceptar sus ideas locas!
Llamé a Alice antes de que pudiera separarse mucho del móvil. Parece que escuchó, porque volvió a hablar otra vez.
—¿Qué? —casi rugió.
—Alice, no metas tus pequeñas y pálidas manitos de hacha en esto. Quizás hasta logres que me odie más de lo que ya me odia —mascullé—. Sé, por experiencia propia, que hay que dejar que los… hum, machos duerman al menos ocho horas, o sino se portan… ¡Ugh! —me estremecí al recordar a mi padre en esos días.
—Querrás decir los macho-menos, porque macho aquí en esta casa no hay nadie aparte de mi papá —rió.
Reí con ella sobre sus ocurrencias.
—Sí, exacto —puse los ojos en blanco—. Mejor hablamos mañana, ¿vale?
Sin querer se me soltó un bostezo. Se me había pasado ya mi hora de ir a la cama. Alice me había llamado hacía unos minutos, interrumpiendo mi sueño, preguntándome sobre lo del viernes. Cuando le pregunté por qué no había llamado el sábado me dijo que había estado con Jasper en una cita. Uh, envidia cochina.
Otro bostezo. Al parecer era completamente capas de quedarme dormida sentada con el móvil en mi oído.
—Espera Bella, deseo preguntarte una última cosa, pero debes prometerme ser sincera al cien por ciento.
Levanté una ceja, dudosa. Una parte de mi cerebro ya estaba maquinando lo que Alice quería preguntarme, y no me agradaba para nada la curiosidad sobre ese tema.
—Depende, Alice. ¿Qué quieres saber?
Tonta, tonta, tonta, mil veces tonta. ¿Por qué simplemente no dijiste que estabas muy, muy cansada?, me reproché mordiéndome la lengua suavemente, no quería hacerme sangrar la boca.
Escuché a la pequeña duende tomar un largo suspiro antes de volver a hablar.
—Tú… Dime, ¿qué piensas de Edward? —cuestionó con cautela.
Las manos comenzaron a sudarme casi al instante en que ella mencionó su nombre. Y fue completamente inevitable el que una imagen apareciera en mi mente; aunque sabía bien que mis memorias no le hacían justicia alguna cuando lo veía frente a mí.
Oh, mensa, no empieces a alagarlo ahora.
—Pues… ¿en qué… sentido? —¿siempre tenía que ponerme así de nerviosa cuando hablaba de él?
—Sólo dime, en general, qué piensas. ¿Cómo te cae?
Me revolví incómoda en mi cama, sin saber qué responder.
—Esto… él es… hum —titubeé—, a veces… Digo, no es como si… ¡Ah! ¿Por qué quieres saberlo?
—Responde Bella, no me obligues a arrinconarte mañana en la escuela —amenazó.
Me estremecí de sólo pensarlo. Alice persiguiéndome, todo el día, esperando el momento oportuno para abalanzarse con sus preguntas incómodas. Nada bueno, nada bueno.
—Edward es… ¡Espera! Antes, tienes que prometerme que no le dirás a nadie lo que te dije, ¿está bien?
Alice pareció emocionada por lo que dije, y entendí casi un segundo después: parecía como si fuera a decirle cosas completamente secretas, como la chica enamorada que le confiesa a su mejor amiga.
Intenté no morderme la lengua más fuerte por ser tan idiota.
—Sí, ¡sí! Aw, ya me emocioné antes de tiempo.
—Es normal en ti, Alice —puse los ojos en blanco—. Bueno, al grano.
Tomé un largo trago de aire antes de seguir hablando. Temía quedarme en un estado de shock repentino.
—Escúpelo ya, Bella.
—Bien —suspiré—. Qué pienso de él… ¿física o psicológicamente?
Pude imaginarla dando saltitos cuando supo que tenía dos visiones de su hermano.
—Okey, físicamente.
Mierda.
—¿Qué puedo decirte, Ali? —suspiré derrotada, no podía mentirle a ella. Sentí el calor de mis mejillas apenas pensé en lo que iba a decir—. Es tan perfecto que hasta llega a doler. Siempre lo he visto de aquella manera; entiendo por qué las chicas superficiales del instituto le persiguen. Sería poco decir que me gusta su cabello, o su rostro —susurré—. Cualquier chico normal envidiaría su físico, tienes suerte de que Jasper no se le quede atrás —bromeé, ella rió y la imaginé asintiendo egocéntricamente—. Okey, en pocas palabras, el chico es un pecado andante.
Ella volvió a reír, pero no de forma estridente como yo imaginaba. Era como si Alice ya se esperaba que yo le respondiera esa clase de cosas.
—¿Qué es lo que más te gusta de él? —preguntó como si fuera lo más común del mundo andar hablando de esto y a estas horas de la noche.
Pero no tuve que pensar nada para responderle. Y las palabras me salieron casi a bocajarro de la boca.
—Sus ojos —me sonrojé más todavía, y me fue imposible reprimir los recuerdos de cada una de las veces que lo había visto a los ojos directamente.
Una corriente eléctrica corrió por mi cuerpo, acelerando mi pulso de paso.
—¿Por qué? —preguntó Alice de regreso, al ver que mantenía silencio.
Hablé casi sin darme cuenta. Entrecerré los ojos cuando comencé.
—Porque son como su alma: llena de secretos. Porque son profundos y difíciles de entender y alcanzar —tuve una clara visión de él mientras hablaba, y fue imposible espantarla de mi mente—. Porque brillan de muchas formas diferentes, y me gusta cómo lo hacen. Porque lo simbolizan en sí, son misteriosos y hermosos. Su color es extraño, pero no por eso menos exótico, y… —me sonrojé.
—¿Y…? —Alice parecía a punto de echarse a chillar por tener la voz tan aguda y contenida.
—Y me encantan —dije en un hilo de voz, sonrojada, con corazón acelerado y muy, muy avergonzada. ¡Dios! Ni que el macho-menos estuviera ahí.
—¡Aw! ¡Yupi! —chilló ahora sí, al parecer de emoción—. ¡Bella, lo que has dicho es tan malditamente tierno! Ahora dime cómo lo ves psicológicamente.
Ahora iremos decayendo, pues. Abrochen sus cinturones pasajeros de aerolíneas Ego-Masen.
De nuevo no tuve que pensar antes de contestar.
—Es de lo más extraño —afirmé—. ¡Parecen dos personas dentro de un mismo cuerpo! Es de lo más engreído cuando se aprecia a sí mismo; sé que hay que tener autoestima, ¡pero no tanto, Dios! —sentía el enojo correr por mí—. Un completo bipolar que no hace más que hacerme enojar, ¡es como si lo hiciera apropósito!
—¿Y no tiene un lado bueno que te guste? —preguntó ella, ahora un poco preocupada.
Demonios, ¿qué rayos le pasaba a Alice haciendo todas estas preguntas sin sentido ni coherencia?
—Pues… él… —malditos recuerdos buenos que vienen a la cabeza.
"… me preocupas, Bella"
—Edward puede ser dulce y atento cuando lo quiere. Puede paralizarme sólo con una mirada, aunque sé que no soy la única con la que tiene ese efecto.
"Feliz cumpleaños, Isabella… Bella."
—Él… yo sé que en el fondo es un caballero, y no sé por qué no lo demuestra. Además de ser tierno y alegre cuando la ocasión lo da.
"…Edward peleaba con Mike por ti."
Sonreí al recordar eso.
—Es… es fácil que me guste ese lado de él, el que está escondido, el que no quiere mostrarse. Alice, de verdad, no sé qué pensar de él.
—Oh my God, ¡Bells! Estás como para escribir una novela romántica de amor imposible. Pero ya, yendo directamente al grano… ¿Te gusta o no?
Mis ojos se abrieron de la impresión. Creo que fue demasiado directo para mi cerebro.
Una parte de mi mente recopilaba todo lo que había dicho con anterioridad, guardándolo para analizarlo después, porque sabía que no había sonado del todo obvio como para que después le diera una negativa la pregunta que me había efectuado Alice. Y era la misma pregunta que me había hecho y asegurado Jacob.
Y era la misma pregunta que yo me hacía interiormente.
—Yo… —me ardía la garganta de una manera casi insoportable—. Ali, yo… no lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes? ¿No has escuchado todas las cosas lindas que has dicho de él? —parecía frustrada ahora.
—Esto… sí, pero yo…
—Mierda.
Y la llamada se cortó.
Me quedé mirando el teléfono extrañada. ¿Qué le había pasado a Alice que de repente había cortado así como así?
Quise volver a llamarla y estuve muy tentada a hacerlo, pero preferí negarme, tal vez estaba en algo importante y por eso había colgado. Tal vez una emergencia o algo. Ay, no, ¿le habría pasado algo a alguno de su familia? Y si… ¿si le había pasado algo a Edward? ¡No! Quizás era mejor si llamaba…
Tomé el celular entre mis manos. ¡Demonios! Se le había acabado la batería.
Refunfuñé cosas sin sentido mientras buscaba el cargador y dejaba el celular cargando en la noche. Estaba dispuesta a ir a averiguar qué había pasado, ya las ideas estúpidas me tenían rondando en la cabeza mientras intentaba dormir. Robo. Accidente. Tonta, no seas dramática. Intenté pensar en otra cosa.
Con la visión de alguien me quedé dormida.
Septiembre 24, 2007.
&.
—Bella, Bella… ¡despierta!
Me removí en mi cama, incómoda por esos empujones que recibía de manos, que parecían ser demasiado pequeñas. Hice que el cobertor de mi cama me cubriera entera para evitar esa molesta voz cantarina que me parecía demasiado conocida.
No pasó mucho hasta que sentí un peso intruso en mi cama; esta de a poco comenzó a moverse agitadamente, como si alguien estuviera saltando sobre ella.
—¡Bella! ¡Vamos, bella durmiente, despierta! ¡Arriba, up! —chilló nuevamente la voz de soprano.
Gruñí internamente, reprobándome a mí misma por quedarme hasta pasada la medianoche hablando con este diablo que ahora venía a interrumpir mi sueño.
—Ya voy, Alice, ya voy.
Fui obviamente obligada a levantarme contra mi voluntad. No sabía cómo le había hecho Alice para levantarse tan temprano. ¡Dios! Si apenas eran las 7:15 de la mañana. Me metí en la bañera con el sueño impregnado en mis ojos, ni el agua caliente de la ducha lo pudo quitar, todo lo contrario lo intensificó.
Creo que no estaba del todo despierta cuando Alice me llevó casi arrastrando a mi habitación para que me vistiera. Buscó intensamente en mi closet mientras yo terminaba de secarme. No me avergonzaba mucho estar semi-desnuda frente a Alice y apenas era consciente si me estaba secando el cuerpo o no.
Los pasos de Charlie abajo hicieron que entreabriera los ojos un poco. Luego escuché dos golpes en la puerta.
—Hey, Bella, ya me voy al trabajo.
—¡Adiós Charlie! —nos despedidos Alice y yo al mismo tiempo, ella más animada que yo.
—Adiós chicas. Nos vemos en la tarde Bella.
Asentí con un sonido de la garganta y después creo que escuché la puerta principal ser cerrada en un portazo evidente.
—¡Oh, Bella! Nunca te he visto puesta la blusa que te regalé en tu cumpleaños.
—Ajá, Alice, hum…
No sé cómo demonios pude vestirme si estaba así de media sonámbula. Alice me puso esa blusa que me había regalado entre tanta ropa que me había entregado. Ni siquiera le eché un vistazo a mi ropa, pero sabía que me debía de ver demasiado fashion como para ir a la escuela. Al demonio, sólo quería dormir.
Bajé agarrada del brazo de Alice para desayunar, y me recordé que nunca más debía de quedarme despierta hasta más de la medianoche. Me senté en el comedor bostezando una vez más. Sentí algo mojado en mi cara, y muy frío. Literalmente di un salto en la silla.
—¡Hey!
—Lo siento, Bella, pero no sé cómo puedes seguir con sueño. Ahora, desayunemos y partamos.
—Está bien —bostecé.
Un par de tostadas y un vaso de leche fue suficiente para mí. La pequeña duende me sometió a maquillarme y peinarme luego de asegurarme de que estaba del todo despierta, para no tener que mojarme otra vez. Sombra, delineador y brillo para los labios. Luego partimos en el Porsche de Alice a la escuela. El sueño se me había quitado casi por completo, y fue cuando iba a mitad de camino que me digné a mirarme a mí misma.
Me vi enfundada en una falta tableada blanca un poco más arriba de la rodilla; con unas botas negras sin tacos que se cerraban hasta la mitad de mi muslo. También me vi en una hermosísima blusa azulada con detalles brillantes y una flor platinada adornada sobre el pecho izquierdo, la que se encontraba bajo un bolero blanco sin detalle alguno. Con razón la sombra que Alice me había puesto era azul. Tal vez iba demasiado arreglada para ir a la escuela.
—Alice, ¿por qué tanta producción?
Ella mantuvo su vista en la carretera, pero esbozó una sonrisa cómplice que deseé entender.
—Es que presiento que algo bueno va a pasar.
Ya estábamos entrando en el estacionamiento del instituto cuando le pregunté de regreso.
—¿Qué va a pasar? ¿Qué presientes? —puse los ojos en blanco antes sus palabras.
—Ya lo verás.
El fabuloso Porsche amarillo de Alice se estacionó junto al Volvo plateado de Edward. Era ridículo que mi corazón se acelerara feliz sólo por ver su auto vacío…
Oh.
No estaba vacío.
Bajé del coche junto con Alice, precavidamente. Gracias a Dios que mi puerta no quedaba al lado del Volvo, o sino me desmoronaría antes de bajar, lo cual sería del todo demasiado patético para poder soportar, vivir y contarlo el resto de toda mi vida. No levanté la mirada mientras me encaminaba la lado de Alice, quien yacía al lado de él.
No tuve que ser una genio para saber que él tenía que ver en lo que Alice presentía que sería bueno. Me pregunté enseguida si era lo que yo pensaba. Pude imaginarme ciertas opciones que pudiera discutir con él, y todas apuntaban a lo sucedido el viernes en el almuerzo.
El corazón se me encogió al recordarlo.
—Hola Bella —me saludó Edward cordialmente. Aún no podía acostumbrarme a la canción que era mi nombre en sus labios.
—Edward —saludé de regreso.
—Mi «hola» no tiene lugar aquí, y lo saben —dijo Alice con una enorme sonrisa, lástima que yo sólo podía ver a Edward en estos momentos, y en cómo sus ojos me observaban tan directamente—. Nos vemos luego, chicos.
—Sí —respondimos los dos al mismo tiempo.
Alice se fue danzando hacia la entrada del instituto. Me pregunté si se encontraría con Jasper allá adentro, pero poco podía concentrarme en cosas mundanas como esas. Teniendo al Pecado andante frente a mí. Y Dios, sí, mis recuerdos no le hacían justicia. Más aún con esa camisa blanca con rayas celestes y esos jeans holgados, caramba, creo que ni un modelo se vería mejor que él.
Esto no era justo, ¿por qué el tenía que ser tan guapo? Debía de haber una leí que prohibiera eso.
—Bella, lo siento —susurró.
—¿Eh? —levanté la mirada para verlo a los ojos, pero él veía sus zapatillas.
Edward suspiró.
—Mi… comportamiento el viernes fue inapropiado y descortés, no sé qué me pasó.
"…estaba celoso."
Sí, como no.
—No te preocupes, creo que no debí fastidiarte tampoco, yo también lo siento.
Él sonrió de lado, creo que quería dejar la conversación hasta ahí.
Sus manos descansaron ambas sobre mis hombros, y acercó su cuerpo lentamente al mío. A mi corazón le dio la furia loca por correr una vez más, y pude sentir el calor de mis mejillas a medida que veía que la distancia entre nosotros se acortaba. Cerré los ojos, sin saber que esperar esta vez.
Pero como ocurrió antes, los suaves labios de Edward tocaron mi frente con mucha suavidad, como lo haría alguien con una muñeca de porcelana. Y luego pasó lo que no me esperé. Sus fuertes brazos me rodearon a la altura de mis hombros, atrapándome en un abrazo que me hizo abrir los ojos de la impresión, o tal vez para cerciorarme de que no era otro sueño de los tantos ya que tenía. Pero no, no era así.
Y antes de que pudiera siquiera devolverle ese abrazo él se separó de mí rápidamente. Por mi parte, no pude mirarlo a la cara, tenía demasiada vergüenza como para hacerlo.
Edward se aclaró la garganta.
—Hm, esto… mejor entramos ya, ¿verdad? —¿estaba titubeando?
Levanté la vista demasiado tarde para darme cuenta. Pero… ¿era rubor ese color en sus pálidas mejillas? Oh Dios, mis mejillas también estaban igual, o peor.
De repente él se giró de la nada y, guiñándome un ojo exclamó antes de partir:
—Por cierto… te ves muy, muy linda, Bella.
De un momento al otro el día nublado de Forks se me hizo algo caluroso. Todo gracias a su comentario.
Entré a clase lentamente, Edward había apurado el paso, desapareciendo de mi vista. Pero permaneció en mi cabeza a cada hora de las clases, las que se volvían monótonas y aburridas cuanto había algo más importante en lo que pensar. Por suerte el maestro de matemáticas no había venido el día de hoy y pude meditar con claridad sobre todo lo que estaba pasando. Mi vida tenía más líos que una telenovela dramática, y esperaba solucionarlos todos.
Aunque había algo que tenía que hacer primero; después podría desenredar las dudas que tenía sobre algunas cosas, entre ellas el caso de Angela, que aún no salía de mi cabeza.
A la hora del almuerzo caminé lentamente hacia la cafetería. Agradecía a Dios que Edward no me hubiera hecho otro espectáculo como el de la semana pasada, porque o sino el orgullo y enojo no me dejarían hacer esto.
Cuando entré en el lugar pasé directo hacia la mesa que buscaba, no tenía hambre ahora, sólo sentía mariposas en el estómago y dudaba que una ración de comida pudiera hacerlas desaparecer. Jessica Stanley me guiñó el ojo y yo puse los ojos en blanco, ¿estaba molestando por el tema de Jacob? Ugh.
En la mesa de los Cullen estaban sólo Edward, Alice y Rosalie; mi curiosidad preguntaba dónde se encontrarían Emmett y Jasper, pero tenía que alejar la curiosidad de mí ya. Tenía que concentrarme para esto, y no sabía por qué demonios me resultaba difícil hacerlo. Cuando Alice me vio acercándome me sonrió y se levantó de la mesa, Rosalie le siguió enseguida y yo me detuve al darme cuenta de la consecuencia de esto: me quedaría sola con Edward. Oh, bueno, eso sería mejor, ¿verdad?
¡No! No lo sería.
—Oye, Bella —habló Rosalie—, Alice y yo vamos a buscar algo de comida, nos sentamos aquí a esperar a los chicos pero no llegaron. Espéranos con Edward aquí, ¿sí?
Asentí incapaz de hablar. Las vi alejarse hacia la cola de la comida, pero no las seguí mucho con la mirada. Suspiré pensando maldiciones para Alice, porque sabía que esto era su culpa al cien por ciento. Acto seguido me fui a sentar con Edward, a su lado, así podría mirar la mesa en vez de mirarlo a los ojos. Sería lo adecuado.
Permanecimos en silencio un rato, lo vi un par de veces de reojo y pude cacharlo sonriendo levemente. Me mordí el labio antes de empezar.
—Esto… ¿Edward? —no lo miré.
—¿Sí, Bella? —podía apostar a que él sí estaba mirándome, y eso me ponía aún más nerviosa.
Me aclaré la garganta, se me había formado un nudo de repente. Odiaba que él tuviera esa clase de efectos sobre mí, me complicaban todas las cosas.
Jugueteé con mis propios dedos, nerviosa. Las manos me comenzaban a sudar. Estúpidas hormonas descontroladas. Tomé un gran respiro antes de hablar; Edward aún me miraba fijamente, podía sentir el escalofrío que producía su observación sobre mi cuerpo, a su lado.
Bien.
Era ahora o nunca.
—GraciaspordefendermedeMikeantes —solté tan rápido que ni yo pude entenderme.
—¿Qué? —preguntó él, confuso. ¡Demonios, no me había comprendido!
Tomé un largo respiro antes de repetir lo que había dicho. Tenía un nudo en la garganta que apenas sí me permitía hablar. ¡Dios, ni que me fuera a confesar! Bajé la mirada, avergonzada por ese pensamiento.
—Gracias por defenderme de Mike... —lo intenté de nuevo—, por la pelea, por...
Uno de sus brazos me rodeó los hombros y me atrajo hacia su cuerpo antes de que pudiera continuar. Y, por un segundo pude ignorar todas las miradas de los chicos de la cafetería, todos los alumnos. Nadie existió más que él y yo por un segundo.
La misma mano que me había atraído ahora acariciaba mi cabeza cual padre lo hacía con su hija, me sentía una niñita entre sus brazos. ¡Oh, qué malditamente genial sonó eso!
Sobra decir que el sonrojo en mis mejillas poco tenía de control y que no me preocupó que él pudiera verlo. Porque era como si nadie más pudiera verlo. Me sentía en una de esas burbujas privadas que tanto hablan en las novelas, y no podía creer que fuera cierto.
—De nada, Bella —susurró en mi oído.
Me estremecí a penas el vapor cálido y dulce de su aliento rozó con mi oreja, se sentía tan bien.
Tan perfecto que dolía.
Luego sentí su mano, suave y un poco fría, levantar mi mentón para verle a los ojos. Estos brillaban de una de las tantas formas que yo adoraba secretamente —sólo Alice lo sabía—, y el calor que irradiaban me invadió por completo. Ya no sentía la necesidad de usar el bolero.
—Yo… —continuó él. Por mi parte no sabía qué decir en este momento, preferí que él siguiera—. Yo ya te dije que me preocupo por ti, aunque tú no lo creas —me sonrió torcidamente y mi corazón dio un gran salto—. Además… el idiota de Newton se lo merecía.
"Edward peleaba con Mike por ti."
Con la charla que había tenido con Alice esa noche, en mente, le sonreí sinceramente, recostando mi cabeza en su hombro y cerrando los ojos. Sí, Edward podía ser muy, muy, muy dulce cuando se lo proponía. O aún inconscientemente.
Sentí su mejilla sobre mi cabeza, y eso bastó para que uno de los miles interruptores en mi cabeza hiciera «Click». Tal vez no faltaba mucho para que tuviera que volver a escribir en mi diario…
Y, por Chuck Norris, esto era el cielo.
… O algo muy cercano a eso.
-
Cha chán. (?) Bueno, bueno, bueno... les he dejado EL capitulo para que se diviertan esta semana. Mis queridas chicas, mañana me voy en mis merecidas vacaciones de verano, y no volveré hasta el próximo viernes, extrañenme, ¿vale? Espero poder volver con energías renovadas y nuevas ideas, además de las que ya tengo ahora mismo.
Pero bueno, ¿qué les pareció el capitulo? ¿Les gustó? ¿Un asco? ¿Quieren más? Extrañé un poquito a Jacob en el capitulo xD, en serio. Pero al parecer Bella, después de tanto cabeceo, se está dando cuenta de muchas cosas. Oh, gran Alice que metes tus manitas destructoras en el asunto... sí, ella también está haciendo su parte.
¡Muchísimas gracias por todos sus reviews del capítulo anterior! Me dejan muy, muy feliz con esto, en serio. ¡Gracias, gracias, gracias! No puedo creer que ya estemos en los 756. ¡Es... wow! Thaaaanks!.
Y espero sus comentarios al respecto de este capitulo, los leeré toditos en cuanto pueda. Ojalá y encuentre un Edward (pecado andante) en la playa. u.u ¡Se me cuidan mucho mis vampirezas queridas! ¡Bites al estilo Cullen!
+ Janelle.
