Adrien sostenía a la azabache entre sus brazos y la observaba con gran preocupación reflejada en sus ojos.
—¿Mar? —intentó despertarla, pero no tuvo suerte.
Se asustó un poco al notar que las pocas personas que transitaban por ahí los estaban mirando, incluso algunas susurraban cosas. Y él entendía bien el motivo, él era un adulto y ella una niña, la situación se podía ver un poco sospechosa.
De modo delicado golpeó la mejilla de la chica, pero ella no reaccionó en ningún momento.
—¿Y ahora qué te pasó, pequeña? —preguntó algo preocupado.
Quizás que cosas veía en sus sueños, quizás que miedos guardaba en su interior. Ella era todo un enigma, era una chica que llamaba bastante la atención.
—Algún día me gustaría ir a París, quisiera poder conocer la Torre Eiffel.
Ella se podía ver a sí misma, estaba hablando con una persona que se encontraba postrada en una cama. Pero... no veía nada con claridad, todo estaba tan borroso.
—Iremos juntos —finalizó su oración con emoción en su voz.
—Hija, yo no viviré lo suficiente como para poder viajar contigo.
Esa voz sonaba tan enferma, tan suave, tan ronca. Era una voz delicada.
Sintió una gran preocupación, sintió fuertes deseos de llorar. ¿Por qué? ¿su padre ya no estaba vivo?
—¡No digas eso! Nosotros cumpliremos todos nuestros sueños juntos. Papá, tú siempre quisiste conocer el mundo.
Su padre tomó su mano y con movimientos delicados la acarició. Ella se posicionó detrás de sí misma. Era extraño estar contigo misma y no saber quién eres, verte con ropa diferente, con un vestido largo.
—Hija, tú te casarás con...
—¡No digas eso!
Su reacción fue separarse y tapar sus oídos.
—Él te hará feliz.
Ella vio su rostro, sonreía con tristeza. ¿Qué significaba todo esto? ¿quién era él? ¿por qué su padre le hablaba de ese modo tan extraño?
Adrien tomó el autobús para volver a casa. Llevaba a Mar sentada en sus piernas y la abrazaba. Recibió algunas miradas extrañas, pero no hizo caso. Simplemente se concentró en ir viendo por la ventana, se estaba haciendo el desentendido.
Lo único que quería era llegar a su hogar y acostar a esa niña en la cama, quizás necesitaba un pañuelo húmedo o algo parecido.
Cuando llegó al departamento, Iván lo recibió como era de costumbre.
—Tu prima duerme mucho —comentó de modo serio —, ¿ella está bien?
Iván era de temer, si algo le llamaba la atención o le parecía sospechoso, era capaz de llamar a la Policía. Adrien no necesitaba más problemas.
—Solo esta cansada por haber recorrido París hoy —respondió mientras subía al ascensor. Vio como la boca de Iván se abría y antes de que dijera algo, las puertas se cerraron.
Sonrió de modo victorioso.
Al llegar al departamento, dejó a Mar acostada en la habitación de huéspedes y luego él se dirigió al comedor, abrió el refrigerador y sacó una lata de cerveza.
Necesitaba pensar. Pero no en su padre, tampoco en su hermana. Solo debía buscar soluciones.
—¿Por qué siempre me metó en las situaciones más complejas...? —se lamentó cubriendo su rostro entre sus manos —, tal vez esta chica era lo que necesitaba para empezar una nueva vida, para encontrar un trabajo...
Su celular vibró, vio que se trataba de Nino.
—¿Qué pasa, hermano? —respondió al llamado.
—Quería saber cómo estabas, bro.
—De maravilla —fue sarcástico —, ¿qué hay de ti?
—Resulta que estaba pensando en nuestra linda infancia, cuando aún íbamos al colegio.
Linda. Rodó los ojos ante la mención de aquél adjetivo, su infancia fue todo menos linda.
—¿Recuerdas al tímido de Nathaniel? —preguntó Nino ante el silencio de Adrien.
—¿El idiota de cabello rojo?
—Ese mismo, el imbécil al que siempre le quitábamos la comida.
Ambos rieron ante el recuerdo de su infancia. Ellos desde pequeños fueron rebeldes, eran de los niños que peleaban en el colegio, a veces solo por tonterías y en ocasiones Adrien peleaba con tal de defender a Rosita.
—Era un idiota —comentó Adrien. Aunque no se refería solo a Nathaniel, porque él también lo era.
—Cuando supo que formamos parte de una pandilla, se asustó mucho.
—Es la reacción normal de todos los que se enteran.
—Sí... —Nino suspiro —, resulta que hoy fui al dentista y me topé con él. El idiota está trabajando en la recepción.
—¿En serio? No pensé que estaría por estos lugares.
—Quizás él te pueda ayudar a tener un trabajo.
—Temblará como gelatina —Adrien no pudo evitar reír —. Además, me debe un favor.
—No solo a ti.
Cuando Mar despertó se dio cuenta de que nuevamente estaba en la habitación de huéspedes.
Observó detenidamente la habitación y se dio cuenta de lo vacía que estaba, se sentía de ese mismo modo, no tener recuerdos de absolutamente nada, no era bonito.
Vio una ventana y no pudo evitar dirigirse a ella. Se sentó en ella y su mirada no se alejó de la luna, era una luna enorme y solitaria, sin estrellas a su alrededor.
—Papá... ¿aún estarás con vida? ¿aún te acordarás de mí? —estaba hablando con la luna, como si de ese modo su mensaje pudiera llegar a un receptor —, quisiera saber quién soy yo.
Adrien estaba bebiendo cuando escuchó las preguntas que realizaba Mar.
Le hablaba a su padre. ¿Eso quiere decir que recordaba a algún familiar?
—Mientras algunos desean estar con su padre, yo solo desearía no saber nada de nadie —dejó salir un suspiró y se dirigió a su habitación. Debía dormir temprano si mañana quería ir a ver a Nathaniel.
