Naruto no es mío si no de Masashi Kishimoto.
Advertencias de este capitulo:
-AU
-OoC
-Palabras mal sonantes.
-Muchos diálogos.
-Lemon (algo fuerte y muy explicito)
-Pareja principal: Gaara/ Hinata.
La historia contiene:
- Kiba/Ino
-Shikamaru/Temari
-Naruto/Hinata
-Naruto/Sakura
-Sasusaku (Leve, un par de frases.)
Gracias por adelantado por los reviews.
Lalalala - pensamientos.
Lalalala - diálogos y narración.
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Frustración.
Eso es lo que se apreciaba al estar alrededor de ella, su lenguaje corporal daba a entender que estaba tensa y nerviosa, y así llevaba desde que terminó la boda hace tres días.
No sabia que hacer para despejarse y estar tranquila aunque fueran un par de minutos, había limpiado la casa a fondo dos veces hasta el más pequeño de los rincones, había vuelto a darle un repaso a su ya perfecto jardín y en la oficina había adelantado trabajo de tal manera que había llegado a lo que tendría que hacer dentro de una semana; todo eso solo por el simple hecho de querer pensar en otra cosa y mantenerse ocupada.
En este tipo de ocasiones solía ayudarla su primo Neji por su vista objetiva y realista, pero no era plan de llamarlo en su plena luna de miel para preguntarle – Hola Neji, siento molestarte en tu viaje, pero el corazón me va a estallar al igual que el cerebro.
Seria muy egoísta de su parte si lo llamara para eso.
Además se negaba a contarle nada a Ino porque en lugar de ayudarla le gritaría las cosas a la cara, obviamente Kiba también estaba descartado porque su novia le sonsaca la información que desea con un simple chasquido de dedos.
Y por supuesto no pensaba ir ante su padre en busca de consejo amoroso, mucho menos al ser la ayuda para ella.
Sentía su corazón palpitar con tal fuerza que creía que saldría disparado de su pecho, notaba los frenéticos latidos en sus oídos, toda ella estaba que no podía más, su pálido rostro mostraba ya los tres días de apenas sueño que llevaba.
Ciertamente desde que le miró al rostro tras coger el ramo todo se volvió caótico para sus emociones.
Se había quedado muda al verlo mirarla y abrazarla de tal manera, todo cobraba sentido ahora.
Los contados sonrojos que le había visto a él de vez en cuando solo cuando estaba ella, las sonrisas más alegres y cariñosas, su afán de protegerla desde siempre, su tacto suave y tierno, las indirectas que le decía que ella creía que eran bromas cuando en realidad eran ciertas, el beso que le dio que no había sido para ayudarla sino porque deseaba hacerlo.
Había sido tan ingenua e ilusa como su engaño en su matrimonio, todo había sido obvio y la ultima en enterarse era siempre ella.
Gaara notó su repentina rigidez y ladeó levemente el rostro preocupado.
-¿Estas bien? Te has puesto pálida. –Guardó silencio unos segundos. –Bueno, más pálida de lo normal.
-Es…esto…estoy –Estaba mareada, la cabeza le daba vueltas y le palpitaba la cabeza. – bien…
El pelirrojo le puso una mueca de poca credibilidad así que ignorando el desvío nervoso de la mirada de Hinata a otro lugar que no fueran los suyos la tomó al estilo nupcial sorprendiendo a los presentes y ella misma por el acto.
-¡¿Q…qué haces?! Bájame. –Él ignoraba sus quejas y pataleos olímpicamente acercándose a la silla más cercana.
La sentó en ella y le quitó los zapatos de tacón para mejor comodidad para ella. Al alzar la mano hacia un camarero con agua en la mano, este se acercó a ellos con un vaso nuevo lleno.
-Toma, bébetelo. –Le dio el agua fresca. –Tal vez estés así por el calor, es una noche con bochorno, puede que estés deshidratada.- Ella seguía mirando el vaso ya medio lleno sin poder sostenerle la mirada por vergüenza. Él desgraciadamente pudo notarlo. - ¿Estas enfadada conmigo?
Eso la sorprendió, abrió los ojos ampliamente olvidando el reparo que sentía para mirarlo a los ojos, parecía que estaba afligido y eso le oprimió el pecho.
-¡No! ¿Co…como puedes pensar eso?
-Me esquivas la mirada y si te toco o me acerco más te pones a temblar… si he hecho algo malo dímelo, no soporto creer que te doy asco.
Ahora se sentía mal, él no tenia la culpa por la creciente vergüenza e inseguridad que ahora brotaba en ella, no parecía saber que se sentía un poco incomoda al no saber que sentir por él. No se merecía sentirse inferior por su culpa.
-No me das asco, es solo que… yo se que tu…- No podía decirle que había descubierto todo por su mirada, no sabia como reaccionaria Gaara y por consiguiente como lo haría ella.
-Si te entiendo, después de saber mi pasado es normal que no estés cómoda conmigo, no te preocupes, me mantendré alejado si te sientes me… -Le silenció tapándole la boca con su mano.
No podía creer que él pensara eso de si mismo, al contrario, tras haber superado una infancia y adolescencia como la suya es motivo de alabanza y reconocimiento, y ella se sentía mal al ser la que causó parte de ese dolor al ser una despistada que no percibió los sentimientos que él le profesaba y profesa.
Respiró profundamente intentando relajarse. –T…. te demostraré que no m…me das repelús…
Se regañó a si misma por ponerse a tartamudear desesperadamente como le ocurría con Naruto en el instituto.
Lo tomó de la mano por sorpresa para él y se lo llevó arrastrando del lugar a uno más privado lejos de ojos curiosos como los de Ino y Temari que llevaban casi toda la noche cotilleando que pasaba entre ellos.
Que decir que estaba segurísima de que habían visto el beso que Gaara le había dado cuando estaban fingiendo ser pareja y los muchos abrazos más que amistosos que ellos dos se proporcionaron toda la noche cada dos por tres.
Llegaron a la parte de atrás del edificio del dojo, cerca de un pequeño bosque de cerezos y un pequeño estanque con peces koi.
Soltó su mano y tomó un par de pasos de distancia entre ellos no estando muy segura sobre su idea. No se había puesto a pensar las cosas con más calma y lo primero que se le había pasado por la cabeza es lo que se le escapó por la boca.
-¿Estas segura Hinata? No sabes que puedo hacer.
Le estaba advirtiendo, y el que avisa no es traidor. Ella tragó saliva fuertemente asintiendo.
Gaara no se pensaba que de creerse asqueroso para ella al verla esquivarle la mirada y la rigidez de su cuerpo pasara a tenerla a su total merced pudiendo hacerle infinidad de cosas solo por el mero hecho de que ella quería demostrarle que no sentía asco por él.
Ella estaba prácticamente pegada a la pared de madera con una expresión facial que denotaba inseguridad y vergüenza, parecía ser que empezaba a darse cuenta de la situación en la que ella sola se acababa de meter.
Por supuesto no pensaba dejarla cambiar de opinión.
-Muy bien, pero después no te quejes.
Tras dejarle claro eso terminó de acorralarla al poner ambas manos en la pared como aquella vez en la cita de la noria, Hinata se encogió sobre si misma empezando a enrojecer al preveer sus intenciones, en cambio Gaara estaba ansioso.
No podía esperar para probar sus labios una vez más esa noche.
Esta vez en lugar de inclinarse dejando espacio entre ambos, se acercó a ella tomándola de las caderas pegando vientre con vientre.
Aprovechando la fina tira del vestido que portaba, acercó su nariz a la altura de su hombro, lo rozó con la punta de su nariz siguiendo el camino lentamente a la curva de su fino cuello. Al soltar el aliento sobre sus clavículas sintió como se le erizaba la piel a instante.
Estaba abrumada por las sensaciones que Gaara le proporcionaba, al notar el calor en todo su rostro intuía que debería de estar más roja que una boca de incendios. Sus manos fibrosas manteniéndola firmemente pegada a él, sintiendo sus dedos presionar su piel y su calido aliento como una superficial caricia la tenían mareada.
Suspiró entrecortadamente al sentir un leve mordisco en el lóbulo de su oreja.
Si no conociera a Gaara diría que estaba intentando excitarla con sus delicadas pero intensas caricias. Y la verdad, no estaba lejos de esa suposición.
Apretó los hombros del pelirrojo cuando una mano de él pasó de su cadera a su baja espalda, haciéndole arquearse levemente sobre él, los labios de Gaara rozaban sus coloradas mejillas sosegadamente hasta quedar frente con frente pegadas.
Él tenía los ojos cerrados respirando rítmicamente, todo lo contrario a ella que no sabía en que momento se había puesto a híper ventilar de manera frenética, al igual que su visión se nublaba; y eso solo significaba una sola cosa.
Estaba a punto de desmayarse en los brazos de Gaara.
Entre abrió sus ojos para observarla descubriéndola respirando de forma errática, sus pechos subían y bajaban rápidamente, se oprimían y se alejaban de sus pectorales constantemente incitándolo a posar sus manos sobre esos senos y apretarlos. Sus perlados ojos entrecerrados y acuosos, simplemente le estaban dando una imagen de su rostro tremendamente tentadora.
Unas molestas palpitaciones taladraban sus sienes mientras Gaara con una de sus rodillas le separaba las piernas y ella misma podía notar que su propia ropa interior estaba húmeda.
Llegó a su tope y antes de perder por completo las consciencia y volverse todo negro a su alrededor sintió de nuevo la boca del pelirrojo sobre la suya.
Se despertó al día siguiente en la que fue su habitación cuando era pequeña en la mansión de su padre con su hermana durmiendo a los pies de la cama al pasar la noche con ella.
Lo bueno de todo eso es que los hermanos Sabaku se habían marchado el día siguiente de la boda a Suna y eso le daba tiempo para intentar resolver la trifulca que su yo interior debatía sobre como se sentía hacia el pelirrojo ahora que creía saber que la chica de la que estaba enamorado es ella.
No obstante, también estaba mal una cosa y es que el día de despedirlos en el aeropuerto junto a Neji y Tenten que se marchaba en otro vuelo, Gaara quería despedirse en privado con ella y tras escucharle decir que la echaría de menos no pudo evitar aun sintiendo la inseguridad de saber los sentimientos que él tenia, abrazarse fuertemente a su pecho casi abalanzándose sobre él.
Por supuesto, Gaara tampoco había ayudado en nada contra sus crecientes nervios y extraños actuares, porque al sentirla acurrucada en su pecho no se lo había pensado dos veces antes de rodearla estrechamente apegándola a su cuerpo y enterrando su rostro en su abundante y oscura cabellera.
Más que una despedida entre buenos amigos parecía la despedida entre dos amantes.
-¡Ah! ¡No puedo más! –Se revolvió histéricamente el pelo andando de una punta del salón a la otra. –Dos tazas de tila me he bebido y no me tranquilizan. – Miró las fotos sobre la chimenea con sus irritados ojos faltos de sueño. –Voy a ir allí, solo ella me calma.
Subió a su habitación para sacar un vestido negro de verano con encajes para dejarlo sobre la cama junto a un nuevo conjunto de ropa interior, se metió en el baño dispuesta darse una ducha rápida y salir cuanto antes de casa.
El camino fue largo, unos quince minutos en coche si se cuentan el par de semáforos en rojo que tuvo que parar, llegó a la parte solitaria de la cuidad donde se encontraba el cementerio.
Al ser fin de semana el lugar estaba más transitado, dejó su coche no muy lejos de la puerta principal. Se acercó antes de cruzar la puerta a la pequeña pero bien pensada floristería que había al lado.
-Buenos días. –Una mujer de cabello castaño y de melena salió de la trastienda al escucharla entrar. –Me gustaría un ramo de rosas rosadas por favor.
-Enseguida.
Un vez preparado el ramo en un precioso papel de decoración con lazo y pagado por ellas se adentró al enorme recinto, esta vez sin ir ebria como pasó una vez.
Recorrió el ya conocido camino que daba al nicho familiar mientras sacaba el llavero en busca de la llave de la puerta. Esta chirrió un poco al abrirse y Hinata tomó una nota mental de traer algo de aceite para engrasar las bisagras.
Se situó justo en frente de la tumba de su madre dejándole el ramo de rosas nuevo tras haber quitado el otro que seguramente su padre había dejado hace algunas semanas atrás al estar marchitadas actualmente.
-Hola mamá. – Se sentó de rodillas frente a la lapida. –Esta vez no vengo de visita sino en busca de ayuda. Ya sabrás lo que me ocurre, ¿Qué debo hacer?
El silencio fue su única respuesta en ese lugar y aún sabiendo que no recibiría una contestación se tranquilizaba sabiendo que su madre de algún modo podría escucharla. Su madre le dijo cuando estaba débil poco después de dar a luz a Hanabi que pasara lo que pasara siempre velaría de ellos aunque no estuviera presente y ella le creía.
Se recargó de brazos sobre la lapida cerrando los ojos y suspirando.
Quería a Gaara, como amigo pero más que eso también, él fue una persona importante para ella en sus años de adolescencia y lo seguía siendo ahora, tenía miedo de perder la relación que actualmente poseían.
Como echaba en falta tener a su madre con ella, cuando esta vivía y tenía algún problema se sentaban o trabajaban en el jardín mientras se desahogaba y su madre después le aconsejaba.
Eran las tres de la tarde y el chofer de la familia acababa de aparcar en el garaje, el chofer Ko que era también su cuidador cuando sus padres no estaban en casa le abrió la puerta y la ayudó a bajar pues su pequeña estatura no le permitía siquiera tocar los pies con el suelo en el asiento del coche.
-Ya estamos en casa Hinata. –Le tendió la mano y la suya diminuta la tomó para mantenerse en equilibrio cuando saltó la corta distancia del suelo del coche al asfalto. –Yo le llevaré su mochila si lo desea.
Ciertamente no le gustaba que le hablaran de usted y se lo decía muchas veces en forma de rabieta "Ko, no me llames como a mi papá, no soy vieja" pero no estaba de ánimo, se quitó de la espalda su violeta mochila y se la entregó a él.
-Su madre esta en el jardín señorita.
-Gracias Ko.
Arrastró desganada sus piececitos al extenso jardín en busca de la larga y lisa cabellera azulada de su madre, vio cerca de los rosales a una mujer con el pelo recogido el un moño desordenado y con un abultado vientre.
Al escuchar las trémulas pisadas viró su rostro.
-¡Oh! ¡Hola tesoro! ¿Cómo te ha ido en la guardería hoy? –Le tendió ambos brazos para que se acercara.
-Bien. –La respuesta tan concisa extrañaron a su madre.
-No me gusta que me mientras Hinata. –Se palmeó el regazo un par de veces. –Ven siéntate aquí. –Cuando su hija estuvo sentada sobre sus rodillas le apartó esos mechones que caían por sus mejillas. -¿Qué pasa mi vida? ¿Por qué esa carita tan larga?
-No me ve mami, nunca se fija en mí.
-¿El niño que te gusta? – Su hija le asintió con la cabeza baja. Escuchó como sollozaba. –Mi vida no llores, no pasa nada. Tal vez ese chico no sea el predestinado para ti.
-Pero yo si le quiero, ¿es que soy fea y por eso no me hace caso?
-No, eres la niña más hermosa de todo el mundo, si ese chico no te ve es porque debe tener problemas de vista, ya me gustaría a mi saber quien es ese muchacho tan tonto por no querer jugar con mi niña. –Su hija le miraba con los ojos repletos de lágrimas y la nariz enrojecida y atorada de llorar. Sacó un pañuelo de su delantal. –Vamos Hinata, suena fuerte.
La mantuvo abrazada mientras la mecía tarareándole una canción acariciándole el pelo a la vez para tranquilizarla.
-¿Sabes cariño? Tú eres como una rosa. –Le señaló el rosal que estaba regando antes de su llegada. – Son delicadas y difíciles de cuidar pero cuando están sanas son preciosas, ¿ves ese pajarito? –Le señaló un pequeño gorrión cerca de la base que se acercó al rosal y salió volando al pincharse con la espinas, su hija le asintió de nuevo silenciosamente.-¿Y esa mariposa? La rosa sabe quien la aprecia y quien no, el pájaro jamás podrá beneficiarse de la rosa porque lo daña con sus espinas y le duele, en cambio la mariposa aprecia la rosa porque le da su néctar y a su vez la mariposa no le daña a ella y la ayuda a polinizarse.
Hinata la miraba confundida.
-Lo que quiero decirte hija es que tu eres la rosa, delicada y hermosa y ese chico que te gusta es el pájaro, esta vez en lugar de ser tu quien le dañas es él el que te daña a ti al picotear tu tallo, es decir, tus sentimientos al ignorarte, lo que debes de buscar es a tu mariposa, un niño que se preocupe por ti, que te sepa encontrar con su mirada entre todos los niños y que le gustes por como eres.
-Lo entiendo mamá. –Se quedó un momento en silencio. -¿Papa fue tu mariposa?
-No mi amor, fue mi abeja, al principio no nos llevábamos bien en el colegio, me parecía un niño muy serio y amargado que miraba de manera ruda y superior a casi todo el mundo y yo eso lo odiaba, pero en el instituto cuando ya era más mayor el chico que a mi de verdad me gustaba resultó ser malo y me quería hacer daño y fue cuando tu padre me ayudó, desde ese momento vi que solo era una coraza, se hacia pasar por duro pero en el fondo era un hombre magnifico y sin poder evitarlo me enamoré de él.
-¡Papá le pinchó a ese pájaro con su aguijón!
-Correcto mi vida, y de esa flor que era yo y de la abeja que es tu padre floreció una pequeña y hermosa rosa azul que eres tu.
Abrió los ojos tras terminar su recuerdo, ahora que lo recordaba esa conversación la tuvo tres meses antes de que ella diera a luz a Hanabi, tenia solamente seis años cuando su madre a través de esa metáfora le enseñó algo tan importante.
Decidió pasar un poco del tema con Naruto y centrarse en sus mejores amigos que eran Shino y Kiba, parecía ser que al ser ignorado por Sakura, Naruto ya empezaba a maquinar algo para llamar su atención porque es cuando se hizo consciente de la presencia de Hinata y empezó a pedirle jugar de vez en cuando para alegría de ella.
Claramente Naruto era ese pajarito, no, Naruto era un buitre que con sus patas había estado oprimiendo sus raíces pero que al final se había pinchado con una de sus espinas, sus amigos y familia y la había dejado en paz.
Ahora se daba cuenta de que Gaara era su preciosa mariposa Anartia amathea*
Como le pasó a su madre, salvo porque ella nunca pensó mal de Gaara, no lo había visto como a un hombre que tener a su lado pero si se paraba a pensarlo, le encantaba estar con él cada vez que venia, se sentía cómoda a su lado, la hacía sentir hermosa y valorada, pero sobre todo segura y protegida. Pensar que otras mujeres podían coquetearle le enervaba la sangre y ahora sabia que era por celos, lo sentía suyo.
Con valentía sacó su teléfono móvil del bolsillo, le daba igual estar en una tumba, necesitaba hacerlo ahora.
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Estaba hastiado de verla andar de un sitio a otro por todo el salón, no paraba de refunfuñar y maldecir en voz baja, había tomado un par de revistas y las había destrozado y posteriormente lanzado con furia al suelo.
Aprendido ya por años el carácter tan temperamental de ella prefirió mantener la boca cerrada mientras miraba la televisión, si no decía ni hacia nada no corría el riesgo de recibir algún golpe.
De repente se paró frente a él, le quitó el mando de la televisión y lo de lanzó al otro sofá para seguidamente apagar la tele.
-¿Qué haces Sakura? Estaba viendo la tele.
-Me parece mentira que no estés indignado Naruto.
-¿Sobre? –Ahora convivían juntos tras el divorcio de Hinata.
-Esta más que claro, sobre la boda. Le lanzó una arrugada carta de papel de invitación de boda, salvo por las palabras poco amigables que portaban.
Uzumaki & Haruno:
Esta carta es para comunicaros que no se desea ni se apreciará vuestra asistencia el día 3 de Agosto en la parroquia de Konoha para el casamiento entre Neji y Tenten. Con cordiales saludos esperamos no verlos por allí.
Hyuuga Neji y Tenten.
-No me siento mal Sakura, han hecho lo que deseaban y punto.
-Pero es indignante que nos prohíban la entrada de tal manera, que inviten a empresarios que no conocen y nos lo nieguen a nosotros que nos conocen de toda la vida.
Estaba irritado, ¿se creía que a él no le molestaba que todos sus amigos no quisieran verlo de nuevo? Él tenia más cosas de las que quejarse que ella y aún así se las tragaba, pero Sakura se empañaba en sacarle de sus casillas con sus constantes berrinches.
-¡Cállate ya! ¿Te crees que a mí no me molesta? Pues estas equivocada, si me enfada que no quieran vernos de nuevo y es normal después de todo. –Tomó aire para seguir hablando intentando que el color de la furia abandonara su rostro. –Tú eres la lista de la relación, piensa lo que dices –Se dejó caer nuevamente en el sillón. - ¿De verdad pensabas que Neji nos dejaría ir a su boda después de lo de Hinata? Dañaos su querida prima. Tenten es la novia y ella no va a invitarnos porque está a favor de su marido, por no mencionar que están el señor Hyuuga, los chicos del grupo, y por Dios estaba Gaara, ¿sabes que habría pasado entre nosotros dos si me veía por allí?
Guardó silencio, si Gaara veía a Naruto por allí se armaría una carnicería peor que las de Freddy Krueger y Gaara tenia todas las papeletas de ser Freddy, por no mencionar que estaban el impulsivo de Kiba con Akamaru siguiéndole de cerca y seguramente si se le cruzaran los cables Shino.
Por no mencionar que le harían a ella las chicas, Tenten seria capaz de usar sus conocimientos de luchar contra ella, Ino la secundaba de cerca y Temari sacaría a la energúmena que llevaba dentro al ver a la culpable de uno de los dolores de su hermano.
Y eso solo era el principio porque había más gente en aquel lugar como toda la familia Hyuuga que no tendrían reparo alguno en echarlos a patadas del lugar.
-Lo sé, seriamos la comidilla de todo el mundo, por no hablar de los periodistas que acudirían como moscas por el escándalo que se formaría.- Se sentó al lado de Naruto cruzándose de brazos. –Aun así no es justo, ya tenia un vestido desde que dijeron hace un año que se iban a casar.
-Oh venga, yo se que puede animarte, te prepararé un delicioso bol de helado con nata y sirope con el que te chuparas los dedos. –Se levantó saltando del sofá hasta la cocina dispuesto a prepararse uno para él también.
-Pero eso tiene muchas calorías.
-No te preocupes por eso. –Escuchó la voz del rubio desde la otra sala. –Si no estoy equivocado cuando engordas en una mujer lo primero que se le agrandan son los pechos, sales ganando porque tienes pocos.
Escuchó un crujir de puños y su cuerpo empezó a temblar, su gran bocaza no había podido estar cerrada y le había dichosa Sakura que era una tabla, ahora la sentía andar con fuertes pisadas hacia la cocina donde le daría el peor puñetazo que ella pudiera alguna vez haberle dado.
Por un momento deseó que en lugar de Sakura que lo dejaria para el arrastre y adolorido durante días le pegara Gaara.
-¡Dios mío! Voy a morir… -Pensó al ver la sombra de Sakura proyectada a su lado.
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Como desearía de nuevo estar en Konoha, allí la temperatura en verano era mejor, los árboles de la cuidad refrescaban el ambiente, en Suna rodeados de cactus y arena era como estar en una olla de vapor.
También había playa en la cuidad, estaba un poco lejos pero tenían, pero el calor era tal que la idea de salir de su casa acondicionada a la canícula de 50 grados que había afuera era de locos, además la playa estaría atestada de gente y lo ultimo que deseaba era estar sudando como un loco mientras se sentía una sardina en lata.
Por no mencionar que prefería Konoha para verla a ella, preferentemente en un ligero traje de baño claro que se trasparentara con el agua y esta misma chorreándole por todo el cuerpo.
-Lo que me faltaba, ponerme caliente pensando en cosas que no debo en semejante época del año con el calor que hace.
Estaba tumbado con una pierna sobre el respaldo del sofá y un brazo colgando hasta el suelo, como el aire acondicionado en Suna era bastante caro aunque para ellos no era problema se preocupaban por las poluciones que podía soltar y los ponían por las noches para dormir y si era de día como ahora a una temperatura no muy alta para no sobrecalentar el aparato.
Todo eso no le impedía al pelirrojo pasar calor y aprovechando que estaba en su propia casa estaba sin camiseta y vestido en bermudas.
-Es la primera vez que te veo espatarrarte así por el clima.
Alzó la cabeza para ver llegar a su hermana con una bandeja con un par de vasos hasta el tope de té frío y cuatro tarrinas de helado.
-Hace calor Temari.
-Estamos en verano y en un desierto, lo extraño seria que no lo hiciera. –Se sentó en el otro sofá suspirando cansadamente. –Quien debe de estar pasándolo mal es el bebé, encerrado aquí dentro.
-¿Y por eso le "ayudas" a combatir el calor atiborrándote de helados y bebidas? A este paso mi sobrino saldrá obseso y tú te pondrás como una foca.
-¡Que insolente! Encima de que te traigo también a ti, pues ahora no comes. –Le quitó de las manos el helado que había tomado junto a la cuchara. – Para que veas.
-No seas infantil, lo digo porque te estas aprovechando de los antojos para comer lo que te venga en gana y eso no es bueno. –Se alzó un poco hasta su hermana. –Y dame mi helado.
Comieron en silencio hasta que llegaron Kankuro limpiándose el sudor de la cara con una toalla humedecida en agua fría y Shikamaru que por el calor no podía dormir.
Se sentaron en el salón y tomaron cada uno el helado que le correspondía.
-Es por esto por lo que prefiero pasar los veranos en mi cuidad natal, no parece que te estés asando.
-No te quejes, vamos a ir el mes que viene, a mediados de Septiembre bajan un par de grados la temperatura por aquí pero sigue siendo mejor por ese tiempo no estar en Suna.
Undertaker sonó por la sala silenciando la conversación, con pocas ganas de nada Gaara dejó el halado sobre la mesa y se llevó la mano al bolsillo de la bermuda en busca de por el sudor su húmedo teléfono móvil.
No miró siquiera quien le llamaba, se llevó sin más el teléfono a la oreja.
-¿Dígame? –Su voz sonó monótona y aburrida por el calor.
-"¿Ga… Gaara?"
Ese tartamudeo solo podía ser de alguien.
-¡Hinata! –Llamó la atención de los otros presentes en la sala que lo miraron con la risa atorada en la garganta. Se había levantado del sofá y se arreglaba como buenamente podía su humedecido pelo. -¿Cómo estas?
Temari estalló en risas al verle pálido al encontrarse con el pecho al descubierto.
-Gaara. –Lo llamó bajito y su hermano la miró. –No se porqué te arreglas si no te puede ver.
El pelirrojo se quedó estático en su lugar. Temari tenía razón, como un estúpido se había puesto de los nervios.
-"Estoy bien, gracias por preguntar…"
-¿Puedo preguntar el motivo de tu llamada?
-"Es que yo… yo…" –Hizo una pausa. – "Me he dado cuenta al fin."
La expresión de sorpresa y la tensión instantánea del pelirrojo alarmaron a sus hermanos, Gaara no se alteraba así como así.
Sentía un nudo en la garganta que le impedía decir nada que no fuera un ronco y débil gorgoteo, se llevó la mano al pecho, apretando sutilmente los dedos alrededor de su pectoral izquierdo sintiendo su errático compás y su difícil respiración.
-¿Lo sabes?
-"Si, m…me he dado cuenta d...de que tu… bu…bueno que tu… eres…"
Escucharla tartamudear y dudar tanto lo estaban matando, para no hacerse daño aferrando su mano a su pecho se decidió a apretar el sofá. Si estaba seguro con sus cavilaciones Hinata debería de estar colorada como un extintor y a punto de sufrir un ataque.
–Por favor dilo ya, no lo aguanto más. – Temari le miraba preocupada por su expresión desesperada y tuvo que alzar la mano en señal de que estaba bien. Probó suerte alentándola a perseguir. -¿Soy…?
-Eres mi mariposa.
-¿Co…como? –Estaba totalmente perdido, los descontrolados latidos parecieron relajarse en el momento, su ansiedad se evaporó como una pelusa con un soplido y su mueca desesperada era ahora una mueca de desconcierto total. -¿Mariposa?
Hinata le soltó unas incomprensibles retahílas sobre que ella nació siendo una pequeña rosa azul gracias a una flor y una abeja borde que la querían mucho, que cuando creció se enamoró y se casó con un pájaro que le picoteaba el tallo de manera que le causaba dolor y que tras deshacerse del buitre con sus espinas se dio cuenta de que él era su mariposa al que poder dar su néctar y poder polinizarla.
-No… no me entero de nada… -Se quedó mirando fijamente la mesa de cristal frente a él sin comprender que le estaba diciendo. -¿Qué demonios me quiere decir?
Abrió los ojos ampliamente al escucharla gritar frustrada, incluso los otros escucharon el grito. Después le siguió el silencio absoluto.
-¿Hinata estas ahí? –Miró la pantalla y vio que ella había colgado. –Me ha colgado.
-¿Por qué ha gritado Hinata? – Kankuro se tomó una nueva cucharada de helado a la boca. –Hasta nosotros la hemos oído.
-No lo sé.
-¿Y que te ha dicho? En un principio te has puesto tan pálido que me has asustado, después es como si te hablara en otro idioma.
-Al principio me asusté yo también porque me ha dicho que al fin se ha dado cuenta y pensé que me daría un respuesta, pero veía extraño que siendo ella me la diera por teléfono pero bueno eso da igual pero cuando le he insistido me ha dicho cosas muy extrañas.
-¿Cómo que?
-Pues que yo soy su mariposa, que ella es una rosa azul nacida de una flor y una abeja, que se enamoró de un buitre que le mordía el tallo y que al no tener al pajarraco ese descubrió que soy su mariposa y que puede darme su néctar y no se que de polinizarla.
Todos callaron en la sala incrédulos al escuchar la explicación, incluso Shikamaru estaba pasmado de las cosas tan extrañas que Hinata le había dicho, pero enseguida comprendió que se trataba de alguna especie de metáfora y se percató de todo.
Claro que por supuesto no pensaba decir nada, no le correspondía a él decirle eso a Gaara sino la propia Hinata.
-¿Estaba borracha o algo así?
-No, la primera y última vez que la vi borracha fue cuando desapareció y créeme, su voz no suena como una ebria.
-Pues ya se lo preguntaras cuando vayamos el mes que viene.
De eso no tenia duda alguna, Hinata le había dejado con esa duda latente en su cabeza con sus singulares explicaciones y ciertamente desde que ella se desmayó la noche de la boda por sus caricias y su beso deseaba saber que diantres le sucedía porque actuaba extrañamente alrededor de él.
Hasta entonces, tendría la duda carcomiéndole la mente.
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Estaba deprimida, después de soltarle toda esa incomprensible declaración que ni ella misma habría podido entender si fuera él quien se la hubiera dicho se encontraba tumbada boca abajo sobre su cama sin querer saber nada de nadie.
Y de esa llamada habían pasado ya dos semanas.
No tenia ganas de nada, en la oficina de su padre este ya le había preguntado que le pasaba en varias ocasiones porque sus expresiones eran de tristeza total y se pasaba los minutos suspirando apesumbradamente, pero siempre le respondía que nada importante.
Se sentía tan avergonzada, había hecho el ridículo por teléfono, ese día que decidió llamarlo se había llenado de valor para declararse, no le gustaba por teléfono, prefería en persona pero no podía esperar más tiempo y decidida lo llamó.
Todo ese valor se esfumó de la nada al escucharle ese serio -¿Dígame?- que él había dicho al descolgar la llamada.
Se quedó totalmente en blanco, no sabia que decirle, se había puesto a respirar de manera tan rápida que tuvo que apartar el móvil de su cara unos segundos para no delatarse y poder respirar para tranquilizarse. Al final muerta de la pena por la extraña explicación había optado por colgarle.
-Ahora pensará que estoy loca. –Se dio la vuelta sobre la cama y con un cojín se tapó la cara. –Que vergüenza, creerá que soy una tonta.
Su teléfono sonó y lo miró encima de su mesa de noche, no tenia ganas de cogerlo, le habían llamado más de tres veces esa tarde.
Ante la insistencia de esa persona por querer hablar con ella estiró el brazo hasta el móvil.
-¿Qué?
-"Vaya Hina, con semejante saludo harías llorar incluso a un muerto."
-No estoy para bromas Ino.
-"¿Se puede saber que te pasa últimamente? Vas por los pasillos de la oficina como si fueras un alma en pena."
-No es nada.
-"Por supuesto, yo nací ayer y Kiba se ha vuelto un amante de los gatos, ¿tú te crees que soy tan tonta como para creerme eso? ¡Ja! Vas lista chica."- Su amiga empezó a despotricar sobre su actual actitud y tristemente no tuvo más remedio que escucharla. –"Mira me da igual si me lo quieres contar o no, solo te llamo para decirte que Temari me ha llamado para avisarme que dentro de dos semanas están aquí de nuevo."
Se reincorporó en la cama tan rápido que por unos segundos su visión mostraba motitas brillantes y un leve mareo. Tomó con fuerza el móvil apretando con su mano libre las sabanas bajo ella.
Gaara iba venir, tendría la oportunidad de poder decírselo en persona si su tímida y introvertida personalidad se lo permitía, o se desmayaba, que conociéndose seria esa posibilidad.
Aún con eso, deseaba verlo.
-Gaara va a venir pronto… -Susurró emocionada y levemente ruborizada sin darse cuenta de que el teléfono lo tenía aun en la oreja.
-"¿Solo nombras a Bomboncito? Que yo sepa solo he nombrado a Temari en la conversación, ¿Hay algo más que quieras decir?"
-N…no que va, nada que de…decir.
-"Claro lo que tu digas, suerte con tu declaración, ¡puff! que tonterías estoy diciendo, si los sois iguales y todo saldrá al guante."- Ino rió alegremente a través de auricular. –"Ya me contaras como te va cuando te declares, Ciao."
Al obtener el silencio al otro lado de la línea, dejó caer el aparato a la cama para llevarse una mano a la frente.
Nuevamente Ino ni aun teniéndola delante había podido leerla tan fácilmente.
-Apuesto a que ella no es la única que ha sabido leerme como si nada.
Se miró así misma con un vestido básico lila de tira gruesa que le llagaba poco más arriba de las rodillas. Frunció el ceño molesta y se levantó de la cama para abrir su armario y revisarlo de arriba a bajo, lanzaba prendas al suelo tras cogerlas y mirarlas quedando totalmente descartadas.
No podía decirle lo que sentía a Gaara o al menos intentarlo con cualquier cosa. Debía verse presentable y guapa, como al pelirrojo le había dicho como le gustaba más de una vez verla.
Como no cabía esperar su suerte era pésima y no le gustaba nada de su ropa, la cual estaba desperdigada por toda la habitación.
-Necesito un vestido nuevo que sea del gusto de Gaara para cuando regrese.
Se cambió sus chanclas de verano por unas sandalias más bonitas y salió disparada por la puerta hacia su coche tras coger del bol de la cómoda su bolso de mano y las llaves dejando su cuarto hecho un asco con la ropa aun regada por el suelo y la cama.
Estaba decidida, nadie la podría parar, excepto por el hecho de que al estar tan entusiasmada y emocionada no se había dado cuanta aun de que era Domingo y todas las tiendas estaban cerradas.
-.-.-.-.-
El día había amanecido con nubes, cosa rara en esa estación en Konoha, pero no podían olvidar que habían dado nublado en las noticias y si se levantaba algo de viento lluvia, y la lluvia en verano solo podría ser por una tormenta.
El aeropuerto temiendo la mala suerte del clima habían por una vez en la vida decidido salir a su hora dada de la pista para evitar pillar la posible tormenta que anunciaban los meteorólogos.
Por eso, en lugar de salir una hora y media más tarde o incluso dos estaban antes de los previsto viendo a diminuta escala la verde y frondosa cuidad de Konoha.
Todos estaban animados de volver, no sufrían los bochornos de Suna, la playa era más grande y estaban los demás, quien si estaba deseando de regresar y no daba muestras de ello era Gaara.
Hinata con su llamada lo había dejado condenadamente confuso.
Ella era extraña, siempre lo había sido desde que la conoció, tenia unas manías raras e inusuales pero la pregunta era ¿Quién no era extraño hoy día? Él mismo era un tío sin cejas que se parecía a un mapache y que un simple pestañeo de una chica también extraña y adorable lo volvían atontado y enardecido.
Ya ni hablar de su hermano Kankuro y su extraño cariño a sus marionetas y la pintura morada.
Salieron con sus maletas y buscaron un taxi disponible, los coches estaban en la casa de Konoha y trasladarlos de un lugar a otro tan constantemente les salía costoso, por lo tanto en Suna tenían un coche individual pues los tres trabajaban juntos dejando sus coches en Konoha para salir por individual.
Pero tras pisar tierra a las dos de la tarde tras tres horas de avión solo querían descansar o al menos tres de ellos pensaban hacerlo.
Fue dejar las maletas al lado de la cama, sin colocar nada de lo que se hubiera traído para bajar las escaleras ligero.
-Me voy, no se cuando llegaré.
-¿Gaara a donde vas con tantas prisas? –Él no la escuchó porque la puerta automática del garaje se estaba abriendo y seguidamente le siguió el motor encendido de un coche. –Este hombre… tiene tiempo de verla, podría descansar un poco del vuelo.
-Temari sabes mejor que nadie que a tu hermano le están carcomiendo las dudas, puede que esté cansado pero desea saber que es lo que ella le intentaba decir.
-Es un desesperado, eso es lo que es.
-No te quejes, el resultado de su salida te va a gustar mucho.
-¿No me estarás ocultando nada importante verdad?
Sonrió calidamente a su mujer besándole la frente y abrazándola por sorpresa. Ella se puso colorada por esos prontos repentinos que le daban a su marido.
-No, nada importante.
Al mudarse de casa Hinata le pillaba un poco más lejos llegar, no le importaba ese detalle cuando iba a visitarla en otras ocasiones pero ahora con las dudas esos minutos más de trayecto lo molestaban, sentía que le ralentizaban la tarea de poder enterarse de todo.
Llegó al pintoresco y tranquilo barrió de la Hyuuga con más rapidez de la que se esperaba, si a los pocos días le venia una multa sabría el origen de esta.
Todas las casas tenían grandes y bonitos jardines pero el de Hinata era sin lugar a dudas gracias a los consejos de Konan el más bonito y bien cuidado, además tenía a una fanática de las flores, Ino, para echarle una mano.
Dejó el coche estacionado frente a la puerta de la cochera de Hinata, seguramente ella lo habría oído por el ruido de un motor aparcado en su parcela.
Y no estaba equivocado, vio la puerta abrirse antes de que llegara siquiera a subir los pocos escalones de la entrada y tocar un par de veces. El rostro sorprendido y sonrojado de Hinata le dio la bienvenida.
Se sintió realmente bien verla sonrojada por su causa.
-Hey. –Le alzó la mano en un atípico saludo de su parte. –Regrese de nue…
Se vio interrumpido abruptamente al sentir los delgados brazos de Hinata rodearle y posar su cabeza tiernamente en su pecho.
-Bienvenido.- Reaccionó un poco tardío por la sorpresa rodeándola él también por su estrecha cintura. En su vida se había sentido tan bien recibido en un lugar. Ella alzó su cabeza para mirarlo al rostro y le sonrió dulcemente con los ojos brillosos y radiantes. –Te he echado de menos.
Le acarició suavemente la coronilla para pasar a colocarle el pelo detrás sus orejas, aun abrazados.
-Yo también, mucho.
Hinata volvió a sonreír tímidamente con las mejillas escarlata y él se sintió afortunado, se imaginó que una vida junto a ella le haría sentirse tan feliz y eufórico como lo estaba ahora aunque no lo pareciera. Si en cambio se posaba una mano sobre su pecho, seria delatado.
Cuando decidió observarla vio que ella dirigía sus ojos a otra parte que no era su rostro, miró lo mismo que ella y resultó ser su auto.
-Aunque sea un barrio muy tranquilo no me gusta la idea de que dejes un coche así fuera, te abriré la puerta del garaje para que lo guardes mientras estés aquí.
Como dijo se soltó de su abrazo sin escuchar el gruñido de protesta del pelirrojo por alejarse de su piel y se perdió por las escaleras que daban a la cochera. Sin más remedió giró sobre sus antes pasos dados e ingresó de nuevo al coche para meterlo agradecidamente a Hinata por un cobijo para su automóvil.
Presionó el botón para que bajara la puerta y subió los escalones para ir al salón, se esperó ver a Hinata en el salón o la cocina, pero parecía no estar en la primera planta. Se sentó en el sofá y miró la mesa, tenía un libro cerrado del que sobresalía un marca paginas y una taza de té ya completamente bebido.
Debió de haber pillado a Hinata leyendo cuando llegó.
Unos pasos bajando del piso de arriba le hicieron voltear a ver para atrás, nada más mirarla y se quedó mudo, Hinata se había cambiado de ropa y ahora portaba un ligero vestido blanco con encajes en el pecho y el final de las costuras que le hacian brillar la piel.
Estaba increíble, su falta de aliento y palabras lo confirmaban.
-Pareces un ángel.
-Que exagerado eres. –Se sonrojó por el halago.
-No estoy exagerando, estas preciosa. –La vio acercarse a la puerta tras darle las gracias avergonzada. -¿Ibas a salir? No se porque me has hecho meter el coche entonces.
-Vamos a salir los dos a caminar, han creado un parque enorme y lleno de rutas de paseo, solo si tú quieres caminar conmigo un rato claro.
-Si, me gustaría.
Salieron de la casa de la Hyuuga y esta guió el camino hasta el parque del que hablaba. Caminaban en silencio uno junto al otro disfrutando solamente de la compañía que su compañero le daba.
Hinata andaba con el rostro bajo pero feliz, había visto la expresión de sorpresa que le había causado al pelirrojo cuando la vio con el vestido que se había comprado para él, aunque esa mueca de asombro que solo duró segundos escasos la vio.
Gaara disimuladamente la detalló de arriba a bajo con los ojos, y aunque él intentara disimular que se la comía con los ojos Hinata se percató de cada una de sus miradas. Acertó de lleno al elegir esa prenda cuando la vio.
Él en cambio miraba al frente con las manos en los bolsillos, inexpresivo pero mirando de vez en cuando por el rabillo del ojo a la peliazul.
Cuando ella le había abrazado así al verlo intuyó que ese era el típico saludo o despedida que te daría tu pareja, amor, anhelo, ternura y felicidad, esos sentimientos en una pequeña interacción que era un abrazo y dos palabras.
Llegaron a ese gigantesco parque a los diez minutos de caminata, el cielo se había vuelto más oscuro con las recientes nubes de color grisáceo pero ni se percataron de ello.
Optaron por la primera ruta de paseo que encontraron, pasaron por otro lago más pequeño del nacional en la cuidad, Konoha tenia infinidad de lagunas, y un par de riachuelos dándole a la naturaleza que rodeaba la cuidad la humedad suficiente para seguir creciendo.
-Hinata.
-¿Hmm?
-Quiero preguntarte una cosa desde hace unas semanas. –Guardó silencio al cruzarse con otra pareja que venia en dirección contraria. –Cuando me llamaste –La vio ponerse colorada y nerviosa de repente. -¿Qué me querías decir? No comprendí nada.
-Bueno, veras… -Sabia que llegaría el momento de que él sacara ese tema y se viera obligada por ello a confesarse, pero no se esperaba que fuera tan rápido, no sabía ni como comenzar. –Me puse nerviosa y dije lo primero que se me pasó por la mente.
Estaba en una situación que la sobrepasaba, nunca había dado ella el primer paso, cuando empezó a salir con Naruto no tuvo que hacer nada porque fue él quien dio siempre los primeros pasos aunque fuera después una farsa.
No sabía como continuar.
-Tal vez esté equivocada, pero cuando me alzaste en brazos cuando me impediste caer, las pistas que me diste me cobraron sentido, luego el beso y lo de después tras el edificio… todo eso me lleva a pensar que la chica que quieres… –Tomó aire temblando. – soy yo.
-Lo eres.
Miró con increíble sorpresa al pelirrojo, no se esperaba que él lo admitiera con tanta franqueza, su rostro no mostraba ápice de mentira y duda, le estaba reconociendo que la quería abiertamente y eso solo la puso más nerviosa y en consecuencia más ruborizada.
Incluso él mismo se impresionó al verse reconocer tan fácilmente lo que ella creía. Al reconocérselo conocía que ya no había vuelta atrás, esa tarde saldría tomado de la mano con Hinata y radiando felicidad o con el corazón hecho trizas y una posible y segura nueva depresión en camino.
-Sabiendo eso, y las dudas fui a ver a mi madre y recordé una conversación que tuve con ella cuando tenia seis años. Me explicó que por mucho que creamos querer a una persona, esta no puede ser destinada para ti, que el amor puede encontrase en alguien que no esperas.
Los latidos de ambos se aceleraron, el sudor comenzaba a adueñarse de sus manos, se habían detenido en medio del camino, al lado de un enorme sauce llorón.
-Y tenia razón, quien menos me esperaba es quien más deseo tener a mi lado.
-¿A quien deseas? –Le aterraba la respuesta, su voz sonó ronca y débil, insegura.
-A ti.
Lo escuchó emitir un ahogado sonido que no pudo descifrar, sin ser capaz de mirarlo a los ojos centró su mirada en sus pies como si fueran lo más importante en el mundo en ese momento.
Vio unas masculinas sandalias negras acercarse a las suyas, Gaara estaba justamente frente a ella. Cerró los ojos sin saber que otra cosa hacer.
-Dilo, por favor necesito escucharlo.
-T…te quiero.
Se vio abrazada inesperadamente por el pelirrojo, su nariz rozó la clavícula de Gaara que la camiseta dejaba ver, la apretó con firmeza contra su cuerpo y enterrar su rostro totalmente en su cuello.
Tuvo que inclinarse para llegar a esa posición al ser más alto que ella.
Entre sus brazos, con la cabeza casi apoyada en su hombro lo sintió tiritar, los hombros y el pecho le temblaban ligeramente mientras él le apretaba más con el brazo alrededor de su cintura y su mano en su espalda sintiendo la fuerza de sus dedos.
Si no conociera al pelirrojo podría asegurar que sollozaba sobre su hombro al sentir un par de gotas caer en su piel pero resultó ser unas pequeñas gotas del cielo. Era una lluvia muy menuda como para siquiera mojarlos aun pero poco les importaba eso, ni aunque diluviara.
-No sabes lo mucho que deseaba oírte decir eso. – Suavizó el agarre en ella temiendo hacerle daño. – He fantaseado con este momento durante años y pensé que era un deseo imposible para mí.
Como pudo lo abrazó apretando su camiseta con sus manos y levantando la cabeza, solo para sentir una gota caer en su nariz, sonrió feliz apontocándose en él sintiendo la increíble sensación de sentirse querida.
-Te quiero Hinata- Se irguió para clavar sus pupilas en ella, la peliazul igualmente alzó la cabeza. No hizo gesto alguno de querer alejarse cuando Gaara bajó nuevamente el rostro hacia ella con intención de besarla, al contrario, alzó el suyo poniéndose de puntillas.
Juntaron sus labios suavemente, lento, pausado, anhelante, un beso que conforme el pasar de los segundos exigía ser más apasionado, queriendo apaciguar el dolor del pasado y dar la bienvenida a ese sentimiento de mutua necesidad de sentirse amado.
Y empapados por la repentina tormenta que se había vuelto un aguacero no les importó nada salvo sentirse el uno al otro.
Muy, muy a su pesar se separaron por la necesidad de aire, una acelerada respiración se apropió de ambos que sin querer separarse juntaron sus frentes mirándose mutuamente. No pudieron evitar sonreír tontamente como un par de adolescentes dando su primer beso con su primer amor.
-Será mejor irnos a casa, estamos empapados.
Le asintió y la soltó para, con confianza entrelazar sus dedos con ella y echar ambos a correr hacía la casa de la Hyuuga.
Hacia años que no se sentía tan eufórico, tenía ganas de reír a carcajadas, como tras mucho sufrimiento este se había evaporado con dos palabras y un beso, ganas de darse la vuelta, tomarla en brazos y girar entre las gotas de lluvia. Estaba feliz como no lo había estado en años.
Corrieron trastabillando un par de veces por el mojado suelo hasta llegar al porche de la casa de la Hyuuga.
Jadeaban cansados junto a la puerta de la entrada por la rápida carrera en llegar cuanto antes, sin soltarse aun de la mano que se mantenían firmemente apretadas sin querer dejar marchar al otro.
La tranquila atmosfera se vio interrumpida por la repentina iluminación del cielo seguido por el fuerte estruendo del rayo. Asustada se apegó nuevamente la pecho de Gaara tras soltar un gritito de sorpresa.
-Tranquila, solo es un rayo.
Mala cosa al mirarla fijamente, no se había fijado antes por estar más centrado al beso y a las sensaciones que eso le producía, pero ahora que no estaban haciendo nada salvo mirarse se percató del problema de la ropa blanca.
El vestido blanco de Hinata estaba empapado y se le pegaba a la piel trasparentándose todo, podía verle la ropa interior del mismo color que el vestido sin problemas. Para colmo verla con el agua escurriendo por su piel, su pelo pegado a la piel de cuello y sus pechos era la imagen perfecta para hacerle perder la cabeza.
Por supuesto él no era el único que tenia buenas vistas, Gaara por una vez que elegía ponerse una camiseta blanca en lugar de negra o roja resultaba ser en una tormenta de verano, podía ver su pálida piel a través de la tela.
Se mordió el labio sin poder evitarlo.
Alzó su mano posándola en sus pectorales, trazando la línea del esternón al ombligo con sus uñas. Gaara ahogó un suspiro tomándola de sus caderas, apretándolas con sus dedos y cerrando por un momento los ojos.
Esto era una broma cruel del destino, nada más empezar una relación con ella, no más de diez minutos juntos como pareja y ya sentía llegar el libido alterado.
-A la mierda todo.
Tomó con una mano la nuca de Hinata alzándole el rostro y la besó sin miramientos, la acorraló entre su cuerpo y la puerta sin abandonar el contacto que tan desesperadamente quería mantener. La mano que permanecía en su cadera ascendió lentamente hasta su cintura, acariciando la zona de arriba a bajo.
Hinata jadeó sin remedio y él lo aprovechó para adentrarse en su boca, sin esperar respuesta alguna lamió la lengua de la peliazul y la absorbió. Quería saborear de nuevo su boca como había ocurrido en el parque.
En un primer momento, sorprendida por el arrebato tan inesperado del pelirrojo se quedó perpleja. No se esperaba semejante beso y mucho menos las caricias, pero no podía engañarse a sí misma, estaría mintiendo si dijera que no lo estaba disfrutando.
Le devolvió el beso ardiente moviendo la lengua contra la suya, pareció animarlo porqué lo escuchó gruñir alegremente aun unido a su boca.
-Saca – Tomo aire para poder seguir continuando con el beso un rato más hasta que la necesidad de aire lo obligaron a apartarse de nuevo. – la llave, abre la puerta.
Con un puchero por la pausa se dio la vuelta para coger el bolsito de mano que había tirado al suelo para abrazarlo y acariciarle mientras se besaban, tomó la llave entre sus dedos y la dirigió a la cerradura.
Jadeó al sentir al pelirrojo apartarle el pelo de su hombro para comenzar a mordisquearlo y lamerlo. Falló unos pocos intentos en meter la llave al sentir como le levanta el vestido para tocarle el interior de un muslo y como posaba su mano en su vientre arqueándola para él.
Era un escándalo, le estaba metiendo mano en pleno portal de su casa, el morbo de que algún vecino saliera a la calle y los viera solo hacia más excitante la situación.
Casi rieron los dos al ver la dichosa puerta abierta al fin, entraron rápido al recibidor y con no más de un pie dentro, Gaara cerró con el pie de un patadita y la tomó en brazos hasta la pared más cercana que encontró.
De manera instintiva rodeó sus piernas alrededor de su cintura, volviendo a besarse como antes.
Autentico y puro deseo.
Se sacó a tropicotes las sandalias dejándolas a su lado y ella hizo lo mismo con las suyas de un movimiento de sus tobillos.
La ropa mojada se pegaba como una segunda piel permitiéndoles sentir la frescura que la lluvia les proporcionó al robarles calor corporal, frías caricias que solo aumentaban el abrasador ardor.
A ciegas con Hinata en brazos buscó las escaleras para subirlas en busca de la habitación principal. Con cada escalón ambos sufrían una deliciosa tortura al sentir la creciente dureza de Gaara y la humedad de Hinata con cada roce.
¿Estaban tomando las cosas con demasiada rapidez? Si lo hacían, pero esa pregunta no estaba en ese momento en ninguna parte de su realidad actual.
Cuando llegó al ultimo escalón poco faltó para llorar de alegría, creía que nunca que iba a llegar.
Al sentir en sus rodillas el borde del colchón se inclinó lo más suavemente que pudo para no tirar a la Hyuuga, una vez ella estuvo tumbada no tardó en seguir el calor de su cuerpo y colocarse a horcajadas sobre ella.
La peliazul pasó de tener los brazos alrededor de sus hombros para bajarlos arañando sus músculos hasta el final de su camiseta para colar las manos por esta y tocar su piel, fue tan despacio y superficial que el pelirrojo creyó enloquecer si no lo arañaba con más fuerza.
Inclinó las caderas hacia delante presionando su duro vientre sobre su feminidad en busca de aliviarse un poco, al verla arquearse de nuevo dirigió sus manos a la cremallera trasera del vestido bajándola despacio.
Cuando llegó al tope bajó al final del vestido para alzárselo y así poder deshacerse de el lanzándolo en algún lugar de la habitación.
Con orgullo sonrió de medio lado al verla sonrojarse de manera estrepitosa, intentado cubrirse con las manos y evitando a toda costa mirarle a los ojos.
-No te cubras, eres preciosa.
Y no mentía, en su vida pensó encontrarse una mujer como ella.
Aún no muy segura de su petición apartó las manos de su cuerpo para tomarlo de las mejillas y acercarlo a ella. Lo besó por todo el rostro, deteniéndose unos segundos de más en su tatuaje.
Ella pensaba ser la encargada de darle un nuevo significado a esa cicatriz de su pasado.
Gimió su nombre cuando sintió su pecho derecho siendo mansamente amasado sobre el sostén de blanco encaje.
-¿Te lo puedo quitar?- Hinata le asintió con el rostro escondido en su cuello respirando rápidamente. Cuando sus dedos rozaron el cierre frontal ella se abrazó un poco más fuerte a él con vergüenza. –Necesito que alces los brazos para deslizar la tirantillas.
Cuando tuvo la pequeña prenda en sus manos dejándola caer justo al lado de la cama se quedó sin aliento, dos pechos más grandes de la media, blancos, los restos de lluvia y ahora sudor los hacían brillar, coronados por esos pequeños y rosados pezones erectos para él.
Se inclinó sobre ellos apresando uno con su mano manteniéndolo en su lugar, antes de meterlo en su boca echó primero el aliento mientras en el otro palpaba la tersa carne, Hinata jadeó más fuerte que las veces anteriores.
Seria la primera vez que amamantaría, había tenido relaciones con otras mujeres, pero sus encuentros eran lo más breves posibles, apenas las tocaba, si se excitaba no era por ellas sino por fricción cuando ellas se restregaban en su bragueta y obviamente no las tocaba ni las dejaba a ellas tocarle demasiado.
Besó el rosáceo pezón antes de abrir la boca y sacar la lengua, dio una pequeña lamida y después su boca entera lo engulló.
La sensación era arrulladora, llevaba años sin sentir esa necesidad de tacto sobre ella, que Gaara le masajeara los pechos y le estuviera chupando uno solo aumentaban su libido. Sentía su ropa interior totalmente pegada por la humedad que ya presentaba.
Enredó las manos en su llameante cabellera cuando su lengua jugueteaba con su excitado montículo.
Sus pechos eran increíbles al paso de su lengua, tan suaves y carnosos que podría hacerse adicto a ellos.
La mano que estaba encargada de masajearle el otro seno serpenteó las curvas de su cuerpo llegando al inicio de su ropa interior, cerró fuertemente los ojos virando el rostro a un lado cuando sintió el elástico de la tela estirarse un poco al meter el pelirrojo la mano.
Ahogó un gemido al sentir el pulgar del Sabaku frotarse con su clítoris. Se aferró a sus cabellos sin poder hacer otra cosa, quiso protestar al notarlo detenerse pero no dio tiempo a que un simple sonido saliera de sus labios cuando un grueso y largo dedo se introdujo en ella.
Se arqueó sintiendo los circulares movimientos que el dedo corazón de Gaara formaba en su interior alentándolo por los jadeos entrecortados que ella no podía silenciar.
-No ocultes tus gemidos. –Un segundo dedo dentro de ella la hicieron gritar e inconscientemente mover las caderas al compás que él imponía sintiendo su vientre arder. –Eso es, muéstralos para mí.
La miraba moverse al ras de sus dedos, había soñado infinidad de veces ese momento, tenerla en sus brazos, darle placer observando como ella lo disfrutaba, estaba excitado, mucho al decir verdad, no hacia falta nada más que mirarle los pantalones para darse cuenta.
Inundada de lleno en la deliciosa sensación de sentir sus paredes palpitar, atrajo la cabeza del pelirrojo a ella, necesitaba su boca sobre la suya. Difícil dar un beso en condiciones cuando apenas podías respirar bien.
-Hinata, ¿Naruto te ha hecho alguna vez un cunnilingus?
-N…no, nunca m…me ha hecho se…sexo oral…
Sonrió besándola un momento para descender por su cuello con parsimonia, morder ligeramente su hombro solo para escucharla jadear, había descubierto un punto sensible de ella en esa zona, bajó despacio por sus pechos dando una pequeña adsorbida en cada pezón.
Sacó los dedos de ella ganándose una queja que lo hizo reír de medio lado para lamer el delicado sudor de su vientre centrándose en hacer círculos alrededor del ombligo. Llegó al borde de las braguitas de encaje y respirando una ociosa bocanada de aire bajó los lados de la tela lamiendo la piel expuesta.
-¡Ah no! –Movió sus piernas al sentir su lengua lamiendo por ahí.
Gaara se quedó perplejo al sentir el pie de Hinata empujándolo.
-Hinata, ¿me acabas de empujar con el pie en mi cara? ¿Por qué?
-¿Qué pretendías hacerme?
-Sexo oral.
Se incorporó cubriéndose los pechos y con la cara colorada.
-Eso es antihigiénico, ¿Por qué querrías hacerme eso?
-¿Estas sana? ¿Tienes alguna enfermedad de transmisión sexual? –Ella le negó ofendida por preguntarle tal cosa. –Bien, pues entonces si es higiénico para mí sino tienes nada.
-Eso no contesta a mi pregunta.
Bajó la mirada para observar sus manos, sus dedos aun estaban mojados de la humedad de la peliazul y ante ella los lamió con lentitud hasta dejarlos inmaculados de nuevo.
-Quiero ser el primero en algo Hinata, Naruto fue tu primer amor, tu primer beso y tu primera vez, me gustaría ser el primero en algo para ti, sea lo que sea, incluso en esto por muy asqueroso que te parezca. –La miró a los ojos. –Necesito hacerlo para saber que no soy el segundo en algo.
El silenció inundó la habitación por parte de ambos, solo se escuchaba la tormenta, las gotas chocar con fuerza contra el cristal de la ventana y algún que otro trueno.
-Prometo detenerme si no te gusta. Lo juro.
Se mordió el labio inferior levemente hinchado por los besos dejándolo rojo indecisa, no podía ponerse en su lugar, pero intuía que tantos años viendo a la mujer que quiere en brazos de otro y sabiendo que cosas pueden hacer lo destrozaba, solo quería ser el primero para ella en cualquier cosa.
Dejó escapar el aire que no sabia que retenía asintiendo sofocada.
Al pelirrojo se le iluminó el rostro y la tumbó de nuevo dándole las gracias con la mirada, bajó donde ella lo cortó antes, deslizando despacio las braguitas por sus tersas piernas. Cuando las dejó caer al suelo junto al resto de la ropa que le había quitado la miró detenidamente, ella se tapaba con ambas su zona púdica.
-Si te tapas no podré acerté nada, además no tienes porque tener vergüenza, tu también me veras desnudo. –La tomó de las manos para apartarlas de su feminidad pero ella ejerció un poco de fuerza. – Por favor.
Colorada como una fresa se llevó las manos a la cara apretando y doblando las piernas, él posó sus manos en ambas rodillas y se las abrió. Hinata escuchó una exhalación de sorpresa de parte del pelirrojo que solo la incomodaron más.
No pensaba decirle nada porque seguramente Hinata cambiaria de opinión si le decía que incluso ahí abajo era tremendamente hermosa, solo un poco de bello azulado coronaba la zona a parte de la abundante humedad que anteriormente él mismo le había provocado con sus dedos.
Humedad que por cierto era deliciosa cuando la saboreó a través de ellos.
Se agachó hacia delante tomándola de los muslos, colocando la cabeza entre ellos. Seria la primera vez que haría algo así y esperaba hacerlo bien para que ella lo disfrutara.
Sacó la lengua y lamió de abajo arriba los labios exteriores, provocando un brusco temblor en ella, se separó un poco de nuevo para abrir los labios y tener una vista completa de ella. Posó su boca sobre su clítoris moviendo la lengua según recordaba de los libros de sexología que había leído.
Esta vez los gemidos no se hicieron esperar.
Enfrascado en su sabor no pudo evitar alzar la mirada para verla, ni en sus mejores sueños podría haber pensado en una imagen mejor que la que recibió. Hinata estaba arqueada, dándole pleno acceso a ella, apretaba las sabanas con fuerza mientras un par de delicadas lágrimas brotaban de sus ojos entrecerrados mirándole a él fijamente.
Motivado siguió dando lo mejor de si, volvió a centrarse en los movimientos de su lengua para acercarla lo máximo que pudiera al éxtasis, imitando el coito metia y sacaba la lenguas de su cavidad, ralentizó los movimientos al notar las manos de la Hyuuga en su cabeza, pensó que lo alejaría de ella por eso que lo empujara más hacia su centro lo dejó un poco perdido.
¡Le gustaba! No podía estar en ese momento más eufórico, y ese ímpetu lo descargó en ella.
Estaba a punto de terminar, sentía las rápidas palpitaciones en su interior, el calor acumularse con extrema rapidez en su vientre, su acelera y forzada respiración, jamás experimentó nada similar.
Gritó fuertemente apretando el pelo de Gaara sintiendo la explosión del clímax recorrerla.
Todo a su alrededor pareció desaparecer, solo escuchaba la lluvia mezclada con sus intentos de recuperar el aliento, toda ella se sentía entumecida y pesada, ni siquiera creía poder moverse y Gaara seguía ocupado aun entre sus piernas lamiendo todo lo que había brotado.
A este paso no le dejaría recuperarse.
Se separó de ella con un fino hilo de saliva que se cortó al erguirse de rodillas en la cama, se limpió los restos con los dedos que seguidamente se encargó de meterse de nuevo en la boca ante la fija y sonrojada mirada de Hinata.
Mirándola se quitó la mojada camiseta aventándola detrás de él, se llevó la mano al cinturón desabrochándolo con lentitud, de vez en cuando podía apreciar como la pálida y lisa tripita de Hinata se convulsionaba con las aun oleadas del clímax.
Se eliminó junto al pantalón los calzoncillos, se sintió más que halagado ante la mueca de asombro que Hinata puso al mirarle su miembro.
-Iré lento. –Se acercó hasta quedar sobre ella. Sus caderas chocaron al colocarse entre sus piernas, con el leve roce un escalofrío los recorrió. Apoyó las manos a ambos lados del rostro femenino. -¿Estas lista?
Con un tímido si echó para atrás las caderas hasta que llegó a rozar el glande con su entrada, se introdujo despacio, facilitado por los abundantes fluidos que no solamente eran de ella.
Embriagado por sentirse apretado por su calor se introdujo más llegando a tener la mitad dentro, todo iba de maravilla hasta que un alarido de dolor de Hinata lo dejaron paralizado.
-Lo siento, te he hecho daño, ¿Quieres que salga?
-No, es no…normal. Llevo mucho ti…tiempo sin… ya sabes, sin tener se…sexo. –Que vergüenza le daba tener que decirle eso, que si le dolía era por haber perdido flexibilidad en esa zona por los casi cinco años sin hacerlo, y esto no se lo pensaba decir, pero también le dolía porque él era más grande que Naruto y no estaba acostumbrada a que algo la llenara tanto.
-Por eso estas tan estrecha y apretada. –Lo cual era delirante y sabroso, más sintiendo las leves convulsiones que aun hacían mella en la ojiperla que lo estrujaba. –Dime si te hago mucho daño.
Terminó de entrar en ella y tras unos instantes para que se acostumbrara a tenerlo dentro inició un lento y acompasado vaivén.
Ella llevó sus manos a su pecho, acariciando toda su extensión, desde sus abdominales hasta su cuello, sus uñas los arañaban con suavidad y lentitud estremeciéndole y erizándole la piel.
Por instinto aumentó gradualmente los embistes sintiendo como la mente comenzaba anublarse, Hinata lo seguía alzando más las caderas sintiendo como así él se introducía mejor y más profundo. Mientras empujaba en ella se excitaba sintiendo sus pechos rozarse fogosamente con sus pectorales, inclinándose más hacia delante dejó al descubierto parte de las nalgas de la peliazul que sin dudarlo estrujó siendo recompensado con un gemido.
Nuevamente la necesidad de querer el sabor ajeno se hacia notar, juntaron sus labios con voracidad, devorándose el uno al otro jadeando sin poder evitarlo cuando las embestidas se hacían insoportables.
Enredó sus piernas alrededor de sus caderas al tiempo que sus manos dejaban en su fornida espalda la señal de sus uñas. Escondió el rostro en su cuello con la cara sonrojada del éxtasis.
-Hinata, mírame. –Su mano se posó en su mejilla para apartarla de su cuello y mirarla. –Quiero acabar contemplando tu rostro.
Con los entrecerrados y llorosos ojos de Hinata fijos en los suyos y sabiendo que la gran mayoría de los hombres terminaban antes que las mujeres decidió estimularla para no dejarla a ella inconclusa. Su pulgar se dirigió de nuevo a su sobresaliente clítoris frotándolo y pellizcándolo arrebatando escandalosos plañidos de la garganta de la Hyuuga.
Gruñó gravemente al sentir como ella le apretaba de manera desgarradora y ardiente.
Con las uñas totalmente clavadas en su piel y encorvándose gritando roncamente el nombre del pelirrojo se dejó caer en la cama sintiendo el caliente y pletórico simiente de Gaara llenarla.
Continúo moviéndose cada vez más despacio hasta detenerse por completo dejándose caer sobre el cuerpo de la peliazul que lo rodeó abrazándolo como él a ella.
Recuperado el aliento del orgasmo, se dedicó a arrullarle en pelo cariñosamente sintiendo sobre su pecho el acelerado latido del corazón del Sabaku, le apartó el húmedo pelo que le caía por la frente para atraer su cabeza entre sus senos en un abrazo.
Él parecía estar encantado con sus mimos y no se movía, al contario, también la tocaba pausadamente como una caricia imaginaria en su costado derecho.
Alzó el rostro hacia ella, ambos tenían las mejillas de un ligero color rojo, observó como ella levantaba la mano eliminándole una gota de sudor que caía de su sien a su pómulo.
No hacían falta palabras de amor, sus miradas ya lo decían todo, aduladoras y soñadoras.
Salió con lentitud de su interior produciendo un suspiro en Hinata al sentir movimiento en aun su sensible zona, la tomó en brazos despegándola suavemente de las sabanas para echarlas hacia atrás y tumbarla colocándose a su lado.
Echó nuevamente las sabanas por encima de ambos, al ras de su cintura atrayéndola a su lado, la cual recostó tímidamente su cabeza en su hombro formando círculos en su pectoral. Él jugueteaba enredando sus mechones oscuros entre sus dedos.
Una ligera sonrisa coronaba sus expresiones.
Cómodo silencio, dulces caricias, feliz cansancio y sueño placentero en los brazos del otro, todo ello bajo la atenta mirada de la fuerte tormenta.
Testigo de la pasión.
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Anartia amathea es el nombre científico de una preciosa mariposa de color rojo.
No se que me ha pasado, estresada con los exámenes me decidí a adelantar un poco el capitulo, y cuando he querido darme cuenta ya lo tenia terminado, y antes del tiempo habitual que suelo publicar.
Al fin he escrito el lemon principal de la trama, no se si es cosa mía pero creo que ha quedado demasiado fuerte y explicito… no se, ya me diréis que os parece.
Como siempre queridos lectoras y lectores, decidme que errores ortográficos y gramaticales sangra ojos veías por ahí que seguramente se me han colado.
Me lo he pasado mejor escribiendo la llamada telefónica de Hinata a Gaara intentando declararse que la escena donde hacen el amor xD
Contestación a los comentarios.
Guest: Llorar puede ser por el pasado de Gaara o porque al fin Hinata sabe la verdad, y creo que es por lo ultimo lo que te sucede xD
Kazumi: La verdad es que si, ya va siendo hora de que estos dos tengan la compensación tras muchos años de dolor. Gracias a ti por leerla.
Seora Yoda: Con el final del curso no tengo ni tiempo de mirarme al espejo, haber si en verano cambia la cosa.
Tsubaki2345: Me alegra que te guste, me esforcé mucho en el al dedicártelo por tu cumple.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L)
