Los Hermanos de Arena y Fuego

Capitulo 12: cerca, tan cerca

Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto yo solo uso a los personajes con el fin de entretener.

Varios días habían pasado desde aquel incidente en medio del bosque, el viaje siguió natural y sin problemas, a éstas alturas ya se encontraban relativamente cerca de su destino, dos días más como mucho. Nuestros amados mercenarios se encontraban almorzando en un pueblo de paso cercano a Kumogakure, el cual era conocido por estar lleno de ladrones, que los harían ver a ellos como monaguillos.

Uno pensaría que Naruto y Gaara se habrían puesto precavidos, pero realmente gustaban de esos ambientes, no solo porque les ayudaba a practicar sus habilidades de hurto, sino porque les parecía como un juego gigante, donde el más hábil se ganaría el premio mayor, y el perdedor… pues… viviría debajo de un puente sin nada qué llevarse a la boca.

Para la ocasión habían acordado pasar la noche en la posada del pueblo, puesto que ya estaban hartos de tener que dormir casi a la intemperie.

― ¡Que buen lugar! ―exclamó Naruto, quien se hallaba comiendo un tazón de ramen, tomándose unos segundos para admirar el local. Era pequeño, pero acogedor, apenas y tenía siete mesas para los clientes, las cuales estaban todas dentro, dejando solamente una banca afuera, en la cual se podía degustar al aire libre las delicias que ahí se preparaban.

―Deja de hacer tanto ruido ―pidió Gaara, quien se hallaba comiendo un plato de soba, tan tranquilo como siempre.

Kurotsuchi solamente suspiró, ya sabía que eso terminaría en pelea, por lo que prefirió mejor no meterse y se centró en su plato de albóndigas con salsa. Por un lado se sentía confiada de tener como compañeros a ese par, pero realmente dudaba de si haber contratado criminales internacionales hubiese sido una buena idea. Realmente no sonaba como algo bueno, y podrían pagarla caro si se enteraban. Kumogakure no era un lugar famoso por ser piadoso, sino todo lo contrario.

Akatsuchi por su parte comía unos dangos, a simple vista parecía estar feliz de la vida, pero ciertamente no era así. El pelinegro estaba ligeramente inquieto, cada vez se acercaban más a su destino y no sabía que pasaría.

―Cálmate ―dijo Gaara, dirigiendo sus palabras a Akatsuchi―. Hasta aquí se huele tu miedo ―añadió.

―Discúlpame, pero es que no puedo evitarlo, soy muy nervioso a veces. Y más cuando viajo al extranjero ―respondió Akatsuchi, apenado de que fuera tan fácil de leer.

― ¿Tú también lo sentías? ―preguntó Naruto, volteándose hacia Gaara―. Creí que solo yo podía oler el miedo de los demás.

― ¿Es que ahora también pueden oler el miedo? ―preguntó Kurotsuchi, no dando crédito a las palabras que sus oídos escuchaban.

―Solo de vez en cuando, pero no muy seguido. El olor del miedo saca lo peor de nosotros y por eso tratamos de ignorarlo ―respondió Naruto, mirando al techo con una expresión indescifrable.

Kurotsuchi decidió que entre menos supiera de ellos dos, mejor, por lo que siguió centrándose en su comida y dejó de prestar atención a ese singular par.

Minutos después, Kurotsuchi y Akatsuchi se marcharon del lugar, puesto que tenían que apartar las habitaciones para los cuatro, obviamente la pelinegra tendría su habitación propia mientras que los hombres compartirían una, por lo que debía de apresurarse para coger la mejor.

Tan pronto como el par de la roca se fue, los Jinchuurikis siguieron comiendo animadamente, mientras que charlaban sobre la próxima película de su actor favorito, además de sus videojuegos favoritos.

De pronto, las puertas del lugar se abrieron de par en par, de forma violenta y estruendosa. Por la puerta entraron un par de hombres, grandes y musculosos, que acompañaban a otro hombre más pequeño, de cabello canoso, lentes oscuros y un muy elegante traje, quien usaba un bastón para mantenerse de pie.

― ¡Vengo por la renta! ―gritó el hombrecillo, sonriendo de forma socarrona. Los gorilas a su lado también sonrieron.

De la cocina del local salió una bella mujer castaña, de estrecha cintura y envidiable físico, la cual estaba ataviada con un sencillo kimono rojo. La mujer iba seguida de un hombre peliazul, de complexión fuerte, aunque no tanto como los guardaespaldas del hombrecillo, su ropa constaba de una camiseta verde claro y un pantalón blanco.

― ¡Lárguense, que aun no es tiempo para pagarles! ―rugió el hombre, quien iba armado con un filoso cuchillo de cocina, el cual blandía de forma amenazadora.

― ¡Mi esposo tiene razón, aun no es tiempo! ―añadió la castaña, frunciendo el ceño.

Los comensales comenzaron a retroceder al ver que la situación iba poniéndose fea.

El hombrecillo sonrió aun más abiertamente y comenzó a caminar hacia una mesa cercana, se sentó en una silla y dijo―Yo soy el dueño de este chiquero, y puedo venir cuando me dé la gana. Que no se les olvide que me deben los intereses de dos meses de renta y, si quiero, puedo sacarlos de aquí cuando me plazca.

Ambos dueños del restaurante chasquearon la lengua. Ese arrendatario era la persona más vil y despreciable con la que se habían topado, pero el local estaba en buen estado, bien localizado y la renta no era tan alta… en un principio, hasta que se dieron cuenta de que el lugar estaba por caerse, esa zona de la ciudad estaba llena de ladrones y cada mes la renta subía, al menos, diez por ciento. Los intereses eran otra cosa, si se pasaban de la fecha de pago, tenían que pagar un ciento cincuenta por ciento en puros intereses. Por si todo eso fuera poco, tenían un contrato firmado por dos años y la penalidad por romperlo era de diez millones.

―Ya le pagaremos, pero denos más tiempo. Las ventas no han ido muy bien este mes ―dijo el peliazul, queriendo negociar con el individuo, quien solo sonrió aun más socarrón, si es que eso es posible.

El arrendatario se puso de pie, caminó hasta ponerse frente a la mujer, su expresión cambio a una pervertida y lujuriosa, despertando nauseas en cara de la castaña.

―Sabes, chico. Si me dejaras pasar una noche con tu mujer, quizás reconsideraría lo de los intereses. Ya sabes, bajarlos un poco, al igual que la renta. Todo dependería de qué tan generosa fuera ella, ¿Qué dices?

La respuesta ante esa pregunta no se hizo esperar. El hombre peliazul lanzó un tajo a una velocidad endiablaba, apuntando directamente a la garganta del viejo, quien apenas tuvo tiempo para retroceder y esquivar la mortal arma, sintiendo apenas la punta del filo en su cuello.

―Basura, si vuelves a insinuar algo como eso, te mato.

El viejo estaba muerto del miedo, por un momento había visto al diablo a los ojos, y hasta sintió que le besaba la mejilla― ¡B-b-b-b-bastardo! ¡Mátenlo! ―ordenó, apuntando hacia el peliazul.

― ¡Escóndete en la cocina, Miyuki! ―ordenó el hombre, preparándose para la lucha.

― ¡Pero Hotaru…! ―trató de decir la ahora identificada Miyuki.

El hombre, cuyo nombre era Hotaru, le envió una seria mirada, la cual decía que no aceptaba contestaciones. Tan pronto como la mujer interpretó ese gesto, asintió decidida y fue a esconderse a la cocina.

A la orden del viejo, sus guardaespaldas sacaron filosos cuchillos de caza, los cuales superaban fácilmente al de Hotaru, quien comenzaba a sudar frio. De pronto, un agudo grito se escuchó desde la cocina, y desde ella salieron Miyuki y un tercer guardaespaldas, quien parecía haberse colado por la puerta de atrás. El malviviente tenía sujetada a la mujer por las muñecas con su mano derecha, mientras que con la izquierda recorría sus curvas sin ningún pudor, despertando la rabia de Hotaru.

― ¡Ya la tengo, jefe! ―exclamó el sujeto que tenía agarrada a Miyuki.

―Sí que nos la vamos a gozar ―exclamó otro de los guardaespaldas, frotándose las palmas al imaginarme las vejaciones que le harían a la pobre chica.

Justo antes de que alguno pudiera decir algo, un tintineante sonido llenó el lugar. Al voltear en la dirección de donde venía el sonido, pudieron percatarse de la presencia de un par de niños, los cuales tenían una expresión de pocos amigos. Eran Naruto y Gaara, quienes ya habían terminado de comer y decidieron interferir un poco antes de que las cosas se pusiesen realmente feas.

―Si aprecian sus vidas, se largarán ―declaró Gaara, preparando su arena por si la necesitaban.

― ¡Lárguense ustedes, malditos mocosos! ¡Porque si no se van, les juro que los mato! ―rugió el viejo, tratando de espantar a los jóvenes mercenarios.

Gaara suspiró al escuchar esa respuesta.

Naruto se encogió de hombros y dijo―: Intentamos ser buenos niños. No hay nada que se pueda hacer a partir de aquí.

―Sí que lo intentamos ―apoyó el pelirrojo.

El viejo, quien estaba harto de las tonterías de los niños, se acercó a ellos con paso amenazante, seguido de sus guardaespaldas.

―Dije que se fueran, ¿O es que acaso quieren morir?, si es así, no crean que seré bueno porque sean unos moco… ¡AAAAAHH!

El hombre no terminó su frase cuando fue cruelmente pateado por Naruto, haciendo que se estrellara contra un muro. Justo cuando los gorilas que le acompañaban iban a hacer algo, estos fueron retenidos fuertemente por lo que parecía ser un montón de arena, la cual iba saliendo de la calabaza del pelirrojo.

Hotaru, quien había aprovechado la confusión para hacer su movimiento, clavó su cuchillo en el hombro del malviviente que retenía a su mujer, haciendo que este chillara del dolor y soltara a Miyuki. Medio segundo después, lo golpeó fuertemente en el rostro, dejándolo inconsciente.

Naruto, quien ostentaba una mirada inmisericorde, se acercó al viejo, quien lo observaba con terror desmesurado, sintiendo que la muerte estaba cerca.

―Has arruinado mi digestión; la comida era tan buena y tú la has arruinado ―comentó Naruto, sus ojos era gélidos y su semblante duro―. La pena por eso es… la muerte― dijo, mientras sacaba un kunai de sus ropas.

― ¡P-p-p-p-p-por f-favor, p-perdóname! ―rogó el viejo, orinándose encima del miedo― ¡Prometo no volver aquí en mi vida!

―Eso me gusta ―dijo el rubio, bajando su kunai, pero inmediatamente lo puso en el cuello del viejo―. Pero, un momento, ¿Qué garantía tengo yo de que sostendrás tu palabra?, no hay ningún contrato ni nada que avale tu palabra. Aunque sabes, me gustaría poseer un lugar como este ―A cada palabra del rubio, el kunai se acercaba más al cuello del hombre.

El viejo, viendo que su vida peligraba si no pensaba en algo pronto; recordó que siempre cargaba con él el contrato y el título de propiedad del lugar, puesto que los usaba para fastidiar a la joven pareja.

Rápidamente soltó su bastón y sacó los documentos de su traje y los presentó al rubio, con ambas manos; como quien da una ofrenda a un dios para no sentir su ira.

― ¡Por favor, perdóneme la vida y estos documentos son suyos! ―imploró el hombre, cerrando los ojos mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Naruto sonrió zorrunamente y tomó los papeles, para luego darse media vuelta.

― ¡Mira Gaara, ahora soy un arrendata…! ―el rubio no pudo terminar su oración, puesto que repentinamente su pecho fue atravesado por una cuchilla, al voltearse, pudo ver al viejo, quien sostenía el mango de lo que parecía su bastón.

Cuando Naruto se dio la vuelta, el hombrecillo tomó su bastón y lo jaló hacia ambos extremos con ambas manos, revelando una hoja oculta, la cual incrustó en el pecho del Uzumaki.

― ¡Dios mío! ―gritó Miyuki, aterrorizada de ver a aquel viejo acuchillando a traición a un pequeñín.

―Ya no eres tan rudo con una navaja en el pecho, ¡¿Eh, mocoso maldito?! ―espetó el hombre, sonriendo de forma socarrona.

― ¡El horror! ¡He sido acuchillado! ―gritó Naruto, apoyando el dorso de su mano izquierda en su frente, mientras que su rostro mostraba una expresión afligida, que más bien parecía burlona. Naruto caminó hacia el frente de forma tambaleante, por un momento parecía que caería, pero simplemente se reincorporaba y seguía tambaleándose por todo el lugar.

Gaara solo suspiró, cansado de las estupideces de Naruto.

― ¡Me muero! ¡Me muero! ¡¿Madre, eres tú?! ¡¿Quieres que camine a la luz junto a ti?! ―gritaba Naruto a todo pulmón, mientras extendía sus brazos hacia la nada.

―Para ya, Naruto ―pidió el pelirrojo, con una vena palpitante en su frente.

Naruto seguía en su numerito, sin hacer caso a las peticiones de su hermano. Por momentos parecía que caería, pero volvía a ponerse de pie.

― ¡Muérete o cállate ya! ―gritó el viejo, harto de ver a Naruto caminar por todos lados aun con la cuchilla en el pecho.

― ¡Ya voy con ustedes, familia mía, solo espérenme un poco más!

Las venas en la frente de Gaara se dilataron al máximo― ¡Tú no conoces a tu familia, huérfano maldito! ―rugió Gaara, pateando fuertemente a Naruto en el rostro, ocasionando que éste por fin cayera al suelo.

Naruto se levantó rápidamente del suelo y devolvió el golpe en forma de puñetazo, el cual alcanzó a Gaara y le sacudió el rostro.

― ¡Y tu eres un marica reprimido! ―rugió el rubio.

― "Estúpida arena defectuosa"―pensó Gaara, viendo que su arena protectora no había respondido para salvarlo del golpe de Naruto, al parecer no era tan invulnerable como creía. No era la primera vez que pasaba.

Una vez pasada la conmoción, Naruto, quien ya había decidido terminar con sus payasadas, se quitó la hoja del pecho, y luego la tiró hacia los pies del viejo, quien se encogió del miedo al ver que su ataque no había surtido efecto en Naruto.

― Querido, ¿Qué está sucediendo? ―preguntó una confundida Miyuki, quien se sentía más en una parodia de la vida, que en una situación de vida o muerte.

―No tengo ni idea cariño, pero esos niños parecen querer ayudarnos ―respondió Hotaru, quien tampoco estaba muy seguro de lo que estaba pasando.

Un Naruto ya recuperado, y con su herida cicatrizando, se acercó al viejo, quien estaba horrorizado, solamente atinó a quedarse quieto. Su pulso se aceleraba, su respiración se tornaba pesada y su cuerpo estaba adormecido.

La presión de la sed de sangre del rubio era demasiado para un civil normal, incluso Hotaru se puso al frente de su esposa con cuchillo en mano. Aquella sensación de muerte y rabia era similar a la de una bestia, un ser bastardo que solo ansía el caos absoluto y la destrucción de todo. Solo una palabra podría describir aquella horrorosa sensación: malo.

―Es suficiente ―ordenó Gaara, viendo que ni Miyuki ni Hotaru resistirían mucho, ciertamente era un milagro que el viejo no hubiera tenido ya un infarto.

Naruto volvió en sí por un momento y se calmó, para luego lanzar una mirada de desprecio al viejo, quien salió corriendo tan pronto como sus piernas le respondieron.

―Bueno, ya soy arrendatario ―comentó Naruto, sonriendo audazmente, se podría pensar que ya estaba maquinando alguna maldad, puesto que realmente se veía malévolo con su zorruna sonrisa. Volteó hacia los dueños del restaurante y comenzó a caminar hacia ellos.

Kurotsuchi y Akatsuchi, quienes apenas habían puesto pie en la posada cuando sintieron una horrible opresión en el pecho. Durante segundos sintieron una inmensa sed de sangre y, dado que el lugar solo era un pueblo de paso sin fuerza militar, aquella sed de sangre solo podía pertenecer a alguno de los mercenarios que habían contratado. Velozmente se dirigieron hacia el restaurante, esperando que nada malo hubiese pasado.

― ¿Quién de los dos crees que haya sido? ―preguntó Akatsuchi, quien tenía una expresión de miedo mezclado con ansiedad nada propia de su persona.

―No lo sé, pero espero que no hayan hecho nada demasiado estúpido ―Kurotsuchi tampoco se veía muy calmada, si bien era una ninja hábil, aun carecía de experiencia; apenas y había podido soportar semejante sed de sangre.

No pasó mucho tiempo hasta que divisaron el local en el que anteriormente pararon a comer. Inmediatamente se adentraron al lugar, topándose con la sorpresa de que Naruto y Gaara seguían comiendo, mientras eran atendidos diligentemente por la dueña del local, mientras que su esposo se encargaba de limpiar un charco de sangre con un viejo y deshilachado trapeador.

Ambos hermanos dejaron de comer al ver a los ninjas de Iwa entrar por la puerta del local; se veían cansados, jadeantes y muy sudorosos. Habían empleado demasiado chakra para llegar al lugar.

― ¡¿Qué hicieron, sabandijas?! ―rugió Kurotsuchi, olvidando por un momento la sensación de unos momentos atrás.

―Solo comemos ―respondió Naruto, encogiéndose de hombros para luego seguir comiendo.

―Si estás así por lo de hace un rato… ―dijo Gaara, haciendo una pausa dramática―. Fue culpa de Naruto ―finalizó, apuntando a su querido hermano, quien paró de comer ante la sorpresa.

― ¡Bastardo traidor! ―exclamó el Uzumaki, viéndose horriblemente abandonado por su disque hermano.

Ambos comenzaron una de sus ridículas peleas, ignorando por completo a todo el mundo. Kurotsuchi simplemente se calmó y dejó salir su ira, no iba a conseguir nada; eso era seguro. Lo mejor que podía hacer era quedarse ahí y vigilarlos para que no hicieran nada estúpido.

Akatsuchi comprendió también que reclamarles algo sería improductivo, puesto que dudaba que le dieran alguna justificación de sus actos.

Kurotsuchi, luego de que terminó de calmarse, se sentó a la mesa, siendo observada por ambos mercenarios.

― ¿Qué pasó? ―preguntó en un tono más bien diplomático, algo desconocido incluso para ella misma.

Naruto terminó de masticar y comenzó a relatar lo sucedido; desde la llegada de los malvivientes, hasta cuando se convirtió en el nuevo arrendatario y cambió el contrato y el título de propiedad por más comida, además de que también llegó a un acuerdo con los dueños, el cual se reservó para sí mismo; solo lo mencionó para molestar a Kurotsuchi y dejarla picada con la curiosidad.

Kurotsuchi se contuvo y , en cambio, se masajeó el puente de la nariz―Son unos imbéciles ―murmuró, optando por mejor sentarse y probar algo de comida.

― ¿Todo es de su agrado? ―preguntó Miyuki, quien se veía radiante.

Naruto, quien se estaba atragantando con un montón de comida, terminó de masticar, tragó y volteó hacia Miyuki.

― ¡Está delicioso!

―Me alegra.

Los minutos pasaron y el grupo simplemente siguió disfrutando.

Lejos de ahí, los ninjas de la hoja se hallaban recorriendo las calles de un pequeño poblado con el que se habían topado en la mañana. Habían acordado que, por esa noche, descansarían ahí, puesto que todos estaban hartos de dormir en la intemperie, cuidándose de insectos y cualquier otro animal ponzoñoso.

Ino, quien poco a poco iba mejorando luego de su depresión; dio un profundo respiro y sonrió al cielo.

― El olor de la civilización. No hay nada mejor que esto ―dijo, centrando su atención en una tienda de ropa, la cual exhibía conjuntos muy bonitos.

Chouji y Shikamaru se vieron disimuladamente, al mismo tiempo que sonreían de forma casi imperceptible. Era bueno ver que Ino volvía a ser la misma de siempre. Habían estado demasiado preocupados por ella luego de lo del incidente de la caravana. Había pasado tres día gritando que lo había visto, que había visto al demonio, al mismo tiempo que sus ojos mostraban un terror incomprensible para cualquiera que no hubiera pasado por su experiencia.

Quien más cerca estaba de comprenderla, era sin dudas, Shikamaru. Él también había pasado cierto tiempo dentro de Naruto, aunque de una forma diferente.

A diferencia de Ino, Shikamaru tuvo una experiencia más ligera; lo único que podía recordar era un par de voces peleando entre sí, unos cuantos resplandores y dos figuras; una roja carmesí, muy grande y otra dorada, muchísimo más pequeña.

―――――FLASHBACK―――――

Shikamaru sentía que el cuerpo le iba a explotar en cualquier momento, no era para menos, había sentido dos de los más fuertes ataques de sus compañeros. Era más bien un milagro que pudiera seguir vivo.

Trató de abrir los ojos, pero de inmediato fueron cegados por un profundo resplandor. Lo único que podía distinguir eran dos formas, una dorada y una roja carmesí.

― ¡¿Qué te cuesta ayudarlo?! ―reclamó la forma dorada, la cual tenía la voz de un niño, que extrañamente se le hizo conocida.

Me niego. Debes aprender a lidiar con tus propios problemas; tú lo heriste, tú lo sanas ―respondió la forma carmesí, la cual poseía una voz oscura y siniestra.

Shikamaru trató de moverse, pero le fue inútil, puesto que al instante sentía un fuerte hormigueo que lo obligaba a ceder.

― ¡Vamos, sabes que no se me da el ser medico! ―replicó la forma dorada, haciendo un berrinche.

Que cure tus heridas, no quiere decir que pueda hacer lo mismo con todo el mundo, soquete.

― ¡Pero se va a morir! ―ahora la forma dorada sonaba un tanto afligida.

¿Y de quién es la culpa? ― preguntó la voz siniestra, con una mezcla entre molesta y despreocupada.

― ¡No estoy para tus cosas! ¡Solo sopla tu aliento sobre él y yo haré el resto!

Quizá no sobreviva, tú apenas puedes moverte luego de que te cubro con mi poder.

Mientras ambas voces seguían debatiendo sobre quien parecía ser su persona, Shikamaru trató de enfocar la vista, la curiosidad le mataba y tampoco es como si gustara de estar confinado en un lugar con seres extraños, de los cuales desconocía sus intenciones.

Las voces seguían peleando, pero Shikamaru no las escuchaba, estaba demasiado concentrado en tratar de averiguar quiénes eran.

¡Está bien, te ayudaré! ¡Pero ya deja de fastidiarme! ¡Mocoso maldito!

Semejante grito había asustado a Shikamaru. No sabía quién era, pero obviamente era un ser poderoso, de eso no cabía duda.

De pronto, ambas figuras comenzaron a mover hacia él; eso le daba mala espina. Segundos después, Shikamaru sintió un ardor horrible en todo el cuerpo, era como si lo quemaran vivo por dentro y por fuera, incluso podía sentir el ardor en su cabeza, ojos y garganta. Cómo hubiese deseado poder gritar, pero por alguna extraña razón, ya fuera por la energía que lo rodeaba o por el incesante dolor, no pudo; el grito moría en su garganta tan pronto como pensaba en ello.

―Sé que duele, pero debes resistir, solo serán unos minutos.

Por más que la figura dorada trataba de calmarlo, Shikamaru apenas y podía centrarse en mantenerse consciente, si es que de verdad lo estaba; hasta de su cordura dudaba.

Solo duró unos minutos, pero realmente le habían dolido. Al final, Shikamaru sintió como se dejaba caer en un profundo abismo sin fondo, hasta que cayó en los brazos de alguien que luego reconoció como Asuma.

―――――FIN DEL FLASHBACK―――――

― ¿Pasa algo, Shikamaru? ―preguntó Asuma, viendo un dejo de preocupación en el rostro de su alumno.

―Sigo pensando en lo que pasó. En especial en aquel chico que ustedes parecían reconocer muy bien ―respondió el Nara, perspicaz como siempre.

―No es buen momento para hablar sobre ello ―evadió Asuma―. Te hablaré sobre él en otro momento, lo prometo.

Con esas palabras, Shikamaru se sintió más tranquilo. Tarde o temprano resolvería el misterio que Asuma y los demás se sentían, y sospechaba que sería pronto.

El equipo siete por su parte, iba particularmente tranquilo, Kakashi leía sus libros pervertidos, Sasuke estaba irritado, Sai observaba a las personas ir y venir. En ese momento, Sakura no se encontraba con su equipo, puesto que estaba con el equipo de Gai, ya que con estos entrenaba, al ser ya genin con mucha más experiencia que ella.

El equipo Gai casi la había adoptado como una cuarta miembro más. Todos se llevaban bien con ella, todos excepto Neji, quien siempre la trataba con antipatía, como si fuera alguna especie de espía que se robaría sus secretos y/o técnicas para tener ventaja.

La pelirosa por su parte, ciertamente había cambiado en comparación con los demás, su complexión era más atlética, sus músculos estaban más marcados e incluso sus discretos atributos se habían acentuado. Se veía ruda, fuerte y sobre todo, muy linda. Todo se lo debía a los entrenamientos con el equipo Gai, aunque estos siempre la dejaran cubierta de hematomas y fisuras en los huesos, los cuales eran curados por Kakashi luego. Y no solo había mejorado físicamente, de vez en cuando tomaba clases con Shikamaru, quien le enseñaba una que otra cosa sobre estrategias; claro, que siempre jugando al Shogi.

Ciertamente Sakura había dejado muerta y enterrada a su vieja yo. No solo el equipo Gai lo había notado, también el equipo de Kurenai y el de del propio Kakashi. Poco a poco veían el renacer de una nueva kunoichi.

― (Pronto mama, muy pronto podremos volver a estar juntas. Esta vez no me quedaré llorando sin hacer nada) ―pensó Sakura, quien lucía una mirada decidida en su lindo y femenino rostro.

― ¿En qué piensas, prima? ―preguntó Tenten, pasando su brazo derecho sobre el hombro de la pelirosa.

― ¡¿Eh?! ¡No, nada! ―replicó Sakura, quien estaba algo sorprendida del repentino abrazo.

―A mí no me engañas, seguro que estas pensando en el indeseable del Uchiha ―rebatió la castaña, haciendo una mueca de disgusto al hablar del Uchiha, quien casualmente escuchó eso.

― ¿Eh, Sasuke? Te equivocas, él ya no me interesa ―confesó Sakura, agitando una mano de forma negativa, matando, sin saber, una parte del orgullo de Sasuke.

― ¡Sal conmigo entonces! ―gritoneó Lee, saliendo de la nada y ganándose un puñetazo por parte de Tenten, la cual lo mandó a volar varios metros lejos de su querida y única prima.

―Hay que ver este atrevido ―gruñó la aspirante a maestra de armas.

El equipo de Kurenai era punto y aparte, si bien habían mejorado considerablemente sus habilidades, distaban mucho de poder vencer al equipo Gai, pero tampoco estaban tan mal.

La única persona que parecía no recuperarse, era Kiba, no paraba de entrenar como loco, todo con tal de obtener una revancha con Naruto. Como aspirante a macho alfa, no podía permitirse perder ante nadie, ni siquiera ante un enemigo claramente superior.

Shino por su parte se sentía aliviado de haber podido salir vivo.

Por otro lado, Hinata se sintió aun más acomplejada que antes, por más que lo intentaba, nunca conseguía estar a la altura de las expectativas de los demás. Si bien su primo también había perdido, ciertamente ayudó muchísimo más de lo que ella hubiese podido hacer.

―No te deprimas, Hinata ―dijo Kurenai, apoyando su palma en la coronilla de la cabeza de su alumna. Kurenai era mucho más perceptiva que los demás, fácilmente se dio cuenta del cambio de ánimo en su alumna.

―Si… ―susurró la Hyuga, encogiéndose un poco.

Alguien que si había estado cambiado desde aquella misión, fue Kakashi. El hecho de haber encontrado al hijo de su sensei luego de tanto tiempo le hacía recobrar las pocas esperanzas de recuperarlo que le quedaban. Ciertamente nunca terminaría de pagar por las infamias que cometió en contra de Naruto, pero tampoco podía torturarse eternamente.

Desde aquel día en que volvió a la aldea, Kakashi comenzó a mover todas sus redes de información que había logrado conseguir a lo largo de los años; claro que no se comparaban con las de Jiraiya de los Sannin, pero no eran nada despreciables.

De lo poco que había logrado saber, era que Naruto y el Jinchuuriki del Ichibi pertenecían a una peligrosa organización de mercenarios que trabajaban para el mejor postor, y la cual estaba conformada enteramente por Jinchuurikis renegados. Le aterraba el hecho de que sucios criminales se hubiesen aprovechado del poder que residía en él para utilizarlo como arma. Debía encontrarlo… y pronto.

Mientras tanto nuestros genin de Suna…

El equipo de Baki se encontraba llegando al mismo poblado en el que los ninjas de Konoha se encontraban.

Matsuri observaba emocionada a las personas que iban i venían, ciertamente los pueblos le encantaban, incluso tenía vagos recuerdos de su infancia cuando viajaba con sus padres, por lo que sabía más o menos cómo moverse en esos lares.

Kankuro y Temari por su parte, se hallaban muy silenciosos. La imagen de su hermano siendo un delincuente seguía atormentándolos. Ciertamente no era culpa de ellos, puesto que solo trataban de proteger su integridad, pero tampoco debieron de tratar a su hermano como si fuera escoria.

― ¿De verdad crees que podamos vencerlo? ―preguntó Temari, mostrándose inusualmente insegura.

Kankuro no respondió, de esa forma pudo evitar que un "No" saliera de su boca.

―No es cuestión de que ganen o pierdan, es cosa de recuperar a su hermano. ―dijo Baki, sumándose a la conversación de los hermanos, mientras que Matsuri observaba encantada los puestos del pueblo.

―Aun así, es demasiado poderoso y tiene al Ichibi, ¿Qué podemos hacer nosotros contra eso? ―dijo Kankuro, sintiéndose cada vez más decaído.

Al principio habían acordado entrenar como locos para poder siquiera igualar a su hermano, pero pronto vieron que era una ilusión absurda. Gaara no solo estaba mejor entrenado que ellos, sino que también contaba con una vasta cantidad de chakra, tanta, que incluso el Kazekage quedaría en ridículo si se hiciera una comparación. ¿Realmente tenían una oportunidad?

Algo que en el principio habían ignorado, era el hecho de que su hermano no estaba solo, puesto que lo acompañaba aquel chico loco que parecía tener serios problemas mentales y, que para rematar, era muy apegado a Gaara y también era varias veces más fuerte que él. Naruto.

Durante el poco tiempo que compartieron con los ninjas de Konoha luego del chasco de la misión anterior, pudieron darse cuenta de que aquel chico rubio había bastado para mantener a raya a todos los genin y jounin. La sola idea de enfrentarse a alguien así les bajaba los ánimos.

―Miren chicos, sé que su hermano es fuerte, también sé lo mucho que desean tenerlo con ustedes. Pero no se enfoquen en vencerlo. Enfóquense en hacerle llegar sus sentimientos, si lo hacen, quizás el regrese con ustedes― dijo Baki. Eso había sonado como una cursilería, pero era mejor que nada.

Ambos hermanos simplemente suspiraron y siguieron caminando.

Volviendo con nuestros mercenarios favoritos, estos se hallaban comiendo en su cuarto, al mismo tiempo que repasaban la excusa que usarían en caso de ser descubiertos.

―Muy bien Naruto, ¿Qué diremos si nos atrapan? Porque seguro lo harán ―dijo Gaara, mirando fijamente a su hermano.

―Que nos arrepentimos de nuestros infames actos, y que nos enlistamos en las filas de Iwagakure para ayudar a las personas y devolver un poco del mal que hemos hecho― respondió el rubio, aburrido ante tan simple explicación. Casi hasta parecía que quería que los apalearan por ello.

― ¿No podrías decirlo con un poco más de sentimiento? ―preguntó Gaara, viendo que Naruto no ponía mucho de su parte para colaborar.

― ¡Es que es una excusa patética! ―rebatió el chico― ¡Sería más creíble que nos lavaron el cerebro y somos zombis antes de que crean que nos arrepentimos! ¡Para empezar ni siquiera tenemos una conciencia!

Gaara suspiró cansado― ¡Ya sé, pero estos idiotas no! ―se masajeó el puente de la nariz y prosiguió―. Mira, si el salir vivos no te motiva, recuerda que aun nos queda la mitad de una jugosa recompensa con la que podremos vivir bien por un tiempo y tomarnos unas buenas vacaciones.

Naruto se detuvo en seco, miro a Gaara con expresión afligida y exclamó―: ¡Yo solo era un niño cuando me raptaron y me convirtieron en un sucio delincuente! ¡Solo quiero ayudar a las personas que alguna vez dañé! ―en ese momento, Naruto comenzó a llorar a moco tendido. Diablos que era bueno― ¡Por favor, no nos metan a la cárcel! ¡Solo…solo quiero hacer del mundo un lugar mejor y poder ganar un lugar en el paraíso!

―Eres una rata asquerosa y un doble cara, pero debo de admitir que eres un excelente actor ―dijo Gaara, sonriendo de medio lado. Naruto podía ser muy cooperativo cuando se tocaba en los puntos correctos.

El rubio simplemente sonrió de forma zorruna y se aproximó hacia la ventana, la luz de la luna tenuemente el pequeño poblado. Miró directamente al cielo y observó la luna creciente. Se quedó varios minutos viéndola, extasiado de su belleza. Luego de un rato más, apagó las luces y luego se acostó a dormir, debía de levantarse temprano para poder llegar lo más pronto a Kumogakure.

Los engranes del tiempo se movían a paso lento pero seguro, pronto se sabía lo que el destino y las elecciones de ambos les depararían. Lo único que era seguro aquí, es que ninguno sería igual luego de ese examen.

¡He vuelto!

¡NO ESTABA MUERTO, ANDABA DE PARRANDA!

Sé muy bien que todos estaban deseosos de seguir leyendo mis historias. No se preocupen, ya volví, es solo que me tomé un descanso de varios meses. Es que he estado muy estresado con lo del empleo y no quería salirles con un producto mediocre. Sé bien que este cap no ha estado a la altura de muchos otros, es que estoy alguito oxidado. En fin, les prometo ir mejorando y actualizando, ustedes solo estense a la espera. Por lo pronto les adelanto que el próximo cap en actualizarse va a ser el de "El Samurái Naranja" y que muestra cómo es un día de Juushiro (Naruto) en Konoha.

Como sea, lamento haberme ausentado más de cuatro meses, pero como les digo, estrés masivo en mi trabajo.

Por cierto, hay un anime que salió hace poco y creo que todos lo conocen, se trata de One Punch Man, si no lo han visto o les han dicho que es malo, es mentira ¡Es buenísimo!

No les quito más su tiempo, les deseo que estén bien y estén expectantes que en unos dos o tres días subo el cap.

¡Se despide su amado y ausentado Payaso Coronado!

¡Hasta la próximaaa!