No tengo ningún derecho sobre los personajes y el universo de Mass Effect. El único propósito de este Fic es el de entretener.
Garrus Vakarian
Necesitas un abrazo
–Míranos, hablando de otras personas como siempre. Dime ¿cuál es la verdadera razón por la que estás peleando? ¿Para darle a Garrus un poco de paz?
–No preguntare como sabes eso. En cuanto a Garrus… él ha pasado momentos difíciles. La verdad, no sé… ser feliz en los brazos de un turiano…
¿Por qué? ¿Por qué podía hablar de eso con Liara y no decírmelo directamente? Me habría evitado horas de incertidumbre. ¿Por qué tuvo que obligarme a escuchar su conversación privada para averiguarlo?... Bueno, no… no fue intencionalmente, solo que… ¡No podía soportarlo más! ¡Necesitaba saber que ocurriría con nosotros! Shepard y yo, no habíamos vuelto a hablar en privado desde… aquella ocasión. En realidad, esa vez tampoco hablamos mucho; pero después, una cosa había surgido detrás de otra, y cuando finalmente la nave estaba reparada, tenía por seguro que podríamos hablar, fue cuando Liara necesitaba algo.
Sí, la acompañe en parte de la misión, e inclusive me partieron en escritorio en la cabeza; pero ese no era el momento de hablar de nosotros… de lo que yo quería y esperaba que ella quisiera también. Pero desde que sucedió, no estaba tan seguro de ello, y con esas palabras lo dudaba más.
Creía que una vez acabado su asunto con Liara, tendríamos oportunidad de hablar en privado. Al terminar mi examen médico a causa del golpe en mi cabeza, cambié mi armadura por algo más cómodo; fui directo a la cabina de Shepard y descubrí que las compuertas de la habitación estaban abiertas. Fue cuando lo escuché todo.
– ¿Por qué no? –la interrumpió Liara –. ¿Por qué no otra especie? Los humanos no han tenido problemas en considerar a las asaris atractivas.
–No es cuestión de atractivo –contestó Shepard. En cierta forma, me alegré. No pude evitar tocar las heridas de mi rostro.
–Sea lo que sea, no deberías dejar que te consuma en tu decisión –me pareció que la voz de Liara se escuchaba algo deprimida –; podrías perder una gran oportunidad de ser feliz. No hay nada peor que aquella persona que quieres, no te ame a ti…
–Liara, yo… –Shepard intentó interrumpirla, pero Liara no se lo permitió.
–Por lo cual, deseas que sea feliz… aunque con otra persona.
Hubo una pausa entre ambas en el cual no pude evitar preguntarme sobre lo que se refería Liara. Recordé unos rumores que recorrieron el primer Normandía, pero nunca se comprobaron. Mientras meditaba eso, escuché como Liara se despedía rápidamente de Shepard y se dirigía a la puerta. En pánico, intenté escabullirme, pero no había donde esconderse.
Liara me encontró ahí parado en el espacio entre la cabina de Shepard y el elevador. Ella me sonrió.
– ¡Hola Garrus! – dijo con voz increíblemente alta –. ¡Me alegra verte ya restablecido, pero tengo que despedirme! ¡Sí, Shepard está desocupada! ¡Puedes pasar a verla!
¡Espíritus! Le devolví la mirada aterrado, pero ella me siguió sonriendo. Posó suavemente su mano en mi hombro antes de marcharse y me susurró en voz baja:
–Cuídala mucho.
Ella se marchó, y yo entré en la cabina del capitán tan tieso como una tabla de acero macizo. Mi vista localizó rápidamente a Shepard; llevaba puesto aquel vestido negro corto que la hacía lucir tan diferente. Se levantó de la cama donde había estado sentada, tomó unas copas de la mesa de estar y me ofreció una cuando quedé frente a ella.
–Liara tenía prisa –me dijo ella antes de llevarse su copa a los labios.
–No pude evitarlo – sin darme cuenta, lo solté casi como un escupitajo–. Escuché tu conversación con Liara –Ella entornó sus ojos y su rostro se endureció; no estaba feliz con eso –; y la verdad, me da gusto de ello –dije en desafió. Creo que yo estaba en ese momento más enojado con ella, que viceversa, y se lo hice notar –: Tengo días queriendo hablar contigo sobre lo que ya habíamos comentado… en aquella ocasión: sobre hacer las cosas bien y lo que sentíamos al respecto. Pero me fue imposible y ahora pienso que eras tú la que me evitaba. No lo niego, me siento algo… engañado –sus ojos se abrieron tan grandes como eran, destacando su color verde cristalino. Deje la copa en el brazo del sofá a mi lado antes de continuar–. Siempre tuve mis dudas por lo que dijiste y sucedió esa vez – ¡espíritus! Algo dentro de mí me decía que iba a morir, pero lo haría diciéndolo todo –: pero eso no me importó. Lo único que pensaba, era en lo que quería.
– ¿Qué era lo que querías? –dijo ella con voz pausada. Su rostro rápidamente había adoptado su peculiar expresión. Sabía que era una amenaza ante lo que ella suponía que diría. Estaba equivocada.
¿Qué era lo que quería? Lo mismo que he querido desde el momento en el que deje de verla solo como mi amiga y mi líder. La quería a ella. Y toda era su culpa: no había dejado de pensar en Shepard desde que se me insinuó la primera vez; lo que simplemente me agradaba de ella, ahora me atraía. El que fuera mi guía, mi maestra ¡un humano! Eso no me hacía cambiar de opinión. La había seguido, y luchado por mi vida, solo para estar con ella.
Recordé rápidamente esa vez en la que estuvimos juntos, no el… si no después, cuando ocurrió lo inimaginable. Agotados, nos recargamos uno contra el otro en un abrazo, y para mi sorpresa Shepard comenzó a llorar. La gran imponente comandante Shepard sollozó contra mi pecho, no creía que eso fuera posible, ella siempre había sido… impasible como piedra. Pensé de todo, incluso que era mi culpa o que lo había hecho mal; pero cuando intenté separarme para preguntarle si encontraba bien, me aferró con más fuerzas. Tal vez eso había sido una señal de que ella se había equivocado, la cual me negué a ver por lo confortable que resultó su abrazo.
–Todo –dije con una tristeza que afloró repentinamente en mí –. Todo aquello que al parecer, tú no quieres. Por qué yo si sería feliz en brazos de un humano; en los tuyos, Sarina.
Por un minuto, que me pareció eterno, solo intercambiamos miradas. Repentinamente ella soltó un suspiro y luego me sonrió con picardía:
–Eres un idiota, Vakarian.
– ¿Eh?
–No deberías escuchar conversaciones ajenas, sino sabes interpretarlas. Yo nunca dije que no sería feliz con un turiano.
–Ah… yo, eh. ¿Qué? Pero… ¿Tú no parecías segura?
–No me sentía segura –me explicó. Un leve tono carmín apareció en su rostro, creo que lo llaman sonrojo –, porque no sabía que sentías tú al respecto. Por ello te evitaba, en eso no te equivocaste. Temía… –entre más hablaba se ponía aun más roja, a pesar que intentaba mostrarse tan segura como siempre –. Contigo, me siento más serena que con nadie en mi vida.
Fue cuando lo entendí; era como si me volvieran a golpear en la cabeza con el escritorio. En aquel momento, en nuestro abrazo, ella no lloraba por lo que yo supuse. Lo que de verdad había ocurrido en Shepard había sido único: se había sentido tan tranquila y protegida en mis brazos, que liberó todo aquello que llevaba profundamente dentro de ella por mucho tiempo.
Podía entenderla ahora: Shepard se caracterizaba por ser tan fría y decidida, cualidades ideales para un líder. Pero seguía siendo una hembra, un ser que podía sufrir y sentir. Esa cubierta de piedra del exterior de Shepard, le servía para ocultar aquellas profundas penas que guardaba celosamente en su interior, la cual yo había destruido en esa ocasión en particular con un simple abrazo. Lo sabía, por qué yo también era así. Había visto lo más intimo y privado de Shepard sin darme cuenta.
Sí, era un idiota.
–Un momento –toda la tristeza o enojo que sentí en un principio despareció de inmediato –. Tú eras la que me evitaba –agregué. Empecé a sentirme increíblemente feliz, que no pude evitar a bromear con ella.
–Eso no es relevante –trató de ser amenazante, pero se había puesto tan roja que se veía adorable. Nunca en había visto a Shepard así.
– ¿Te estás… sonrojando? –le bromeé.
–Por supuesto que no –dijo ella tajantemente.
–Te estás poniendo…
– ¡Cállate!
–Creo que sé lo que necesitas –continué jugando con ella. Ya no podía evitarlo; cualquiera diría que lo que estaba por hacer era una locura –. Necesitas un abrazo.
–Púdrete, Vakarian –me maldijo con una sonrisa, lo cual me motivo a continuar. Forcejeó un poco cuando la rodeé con mis brazos –. ¡Suélteme, Garrus! ¡Es una orden! –bramó mientras la apretaba contra mí.
–No –si alguien me hubiera comentado hace dos años lo que acababa de hacer… bueno, no le hubiera creído para empezar –. Estas muy roja, Shepard.
– ¡Eso es una mentira!
La retuve con fuerza hasta que dejo de luchar, pero en el fondo sabía que ella estaba a gusto. Era la comandante Shepard, si no me quisiera a su lado me hubiera apartado tan fácil…
–Creo que debí habértelo explicado mejor la primera vez –dijo repentinamente con su rostro apegado a mi pecho –; por qué hice lo que hice, aunque me contradijera a mi misma –agregó ante mi desconcierto –. No estaba tan segura que sobreviviríamos. No quería desaprovechar la única oportunidad que tenía –su voz se había vuelto casi un susurro, aunque seguía tan directa como siempre –. Luego, estaba decidida a no morir, y que tú también. Incluso me asustaste un par de veces –me disculpé y ella continuó –. Cuando todo había terminado, fue cuando comencé a dudar de lo que había hecho y de la impresión que te había dado.
–Bueno… no morimos –dije con algo de duda, frotando su espalda. Era en ese momento o nunca –. Podemos… llevar las cosas con calma. Ver cómo funciona.
Mi corazón se aceleró, Shepard no me respondió de inmediato. Me estresaba tanto que hiciera eso, pero también lo adoraba. Entonces, ella resbaló sus manos de mi pecho a mis costados, hasta donde alanzaban sus brazos, y dijo lo más maravilloso que había escuchado de ella hasta ese momento:
–Me parece buena idea.
