Hetalia le pertenece a Hidekaz

Espero y sea de su agrado (Aviso adicional: las letras en cursiva son cuando se narra en tercera persona y cuando están en normal es en primera persona :D)

CAP. 12 Una Noche de Verano

Dando exactamente 5 minutos para las 10 de la noche ya yacía Ludwig e Isabel al pie de las escaleras del edificio femenino, felices de la amena charla con la que después de un pequeño rato concluiría con un delicado gesto de manos por ambos. Ludwig observó con intensidad a Isabel que empezaba a girarse sobre su propio eje para adentrarse a las escaleras e ir a su habitación, se quedó plantado por unos instantes con aquella mirada hasta que sintió un frio viento colarse por su cuello; se cubrió con el cuello de la gabardina, retrocedió despacio hasta que cruzó el umbral de la entrada del edificio y caminó recto hacia adelante… sin que nadie ni nada lograra quitarle aquella cálida sonrisa en su muy sonrojado rostro.

Isabel por su lado no dejaba de dar vueltitas por todo el edificio, tarareando una canción en su lengua hispana que había escuchado en la radio la mañana de este mismo día, daba piruetas mal logradas mientras subía los escalones, contenta de la velada y el festival que había logrado disfrutar junto con su muy querido amigo Lud. No lo negaba, Lud era tan amable que le resultaba difícil aceptarlo como el estricto, serio y enojón presidente que siempre se mostraba todas las mañanas en los pasillos de la institución; por lo tanto le resultaba cada vez más agradable estar a su lado.

El sabor del dulce de calabaza todavía estaba en sus labios y unos rastros de azúcar en sus comisuras situación que la hizo sentir conmocionada y alegre ¿Cuándo había disfrutado de un dulce tanto como hoy? Lamió sus labios con diversión. Llegó a su habitación dando un gran suspiro que terminaría con un gran grito pelado.

Un rubio la esperaba en la ventana que estaba abierta en par en par, sentado en la repisa de la ventana como gato, descalzo y con los lentes en la almohada de la cama, las cortinas corridas hacia los lados y el viento frio meciendo sus dorados cabellos. Sereno y callado, con la vista azulina en el cielo nocturno que presumía de ser hermoso por las miles de estrellas que hacían un buffet de colores hermosos.

"Que inusual es verlo así" pensó Isabel después de recuperarse del susto y enojándose en seguida pues ocasionalmente este rubio molesto no dejaba de acosarla y hacerle cuantas travesuras se le cruzara por la imperativa mente. Isabel cerró la puerta con cuidado para no llamar la atención pues compañeras de piso empezaban a llegar. Puso el seguro a la puerta por si acaso, no quería ser expulsada por culpa de él, no; de ninguna manera. Isabel se acercó a Alfred tratando de llamar su atención sin embargo el rubio parecía perdido en sus pensamientos –como siempre- sólo que estaba vez no pensaba en él y en sus absurdos sueños de convertirse en héroe.

Isabel con cuidado quedó detrás de él, y con sigilo puso su mano sobre el hombro de Alfred, obligándolo a volver la mirada hacia ella.

Sus miradas se conectaron por unos leves instantes, sus corazones dejaron de latir espontáneamente y sus pupilas se dilataban con sorpresa.

Los ojos azules de Alfred reflejaba no solo el brillo de su juventud sino que también la vitalidad en aquel azul intenso, el mar en sus ojos, el brillo de las estrellas reflejadas en aquellos orbes que hipnotizaban con aquel resplandor de ligereza y carisma, de algo que sólo ella podía apreciar dado a que la mayoría creía en él como un joven egocéntrico y escandaloso, pero no, Isabel lo conocía desde los 3 años de edad, fueron inseparables y se prometieron tantas cosas cuando niños que verlo tan cambiado no dejaba de sorprenderle y herirla. Pero no podía negarlo ya, él ya no era el mismo de hace años, ya no era su amigo de juegos, ya no era el niño que admiraba, ya no era el niño que le gustaba estar con ella a pesar de ser la hija de la servidumbre, ya no era su caballero Verano, ya no era Alfred, el niño de cabellos rubios que odiaba mentir.

Retrajo su mano del hombro de Alfred quien seguía observándola tan afanadamente. Isabel desvió la mirada frunciendo el entrecejo, visiblemente disgustada. Colocó sus manos en la cadera en forma de jarra, esperando a que el rubio se explicara antes de echarlo por la ventana. Alfred se bajó de la repisa, cayendo sobre la cama, dejándose revolcar entre las frazadas y las cobijas, aspirando con tranquilidad el olor que desprendían, sintiéndose acalorado y muy cómodo. Isabel no dejaba de hacer unos gruñidos fastidiados para hacerse notar pero la única respuesta que obtenía por parte de Alfred era unas miradas de reojo tan intensas que más de una vez la obligaron a retroceder unos cuantos pasos.

Bruscamente, se puso de pie, frente a ella, con una débil sonrisa en el rostro, ideando un maléfico plan. Isabel tragó con dificultad.

Las horas pasaron rápido, y ambos nos mirábamos de reojo cada uno en una esquina correspondiente. Cerca pero tan lejos. Ambos dirigíamos preguntas al azar y mundanas, tratando de romper este silencio que se mantenía entre los dos pero ninguno de nosotros respondía, sólo nos mantuvimos en silencio, expectantes.

- ¿Te divertiste? - Pregunté con tranquilidad mientras tomaba entre mis manos los dedos de mis pies, estaban calientes y mis manos frías. No tenía otro lugar en donde podría detenerme a observar con libertad pues Isabel no dejaba de mirarme enojada y tenía razones para ello, eso lo sé. Isa se miró sorprendida por mi pregunta que por breves instantes evadió mi mirada, haciéndose desentendida y que había visto algo interesante en la pulcra pared de su recamara, ignorando mi pregunta. - ¿Te gusto el festival? – Pregunté con otra pregunta.

Esperé por su respuesta que tardó en llegar:

- Sí…, es un lugar agradable. – Contestó casi en murmullo, con la vista todavía en la pared.

- ¿Fue por él? – Dije con un rastro de odio oculto en seriedad por fin llamando la atención de la morena que rápido me dirigió una mirada enojada. Bramó en silencio y se puso de pie, claramente irritada. Se dirigió a la puerta, tomó la perilla y con un golpe en el suelo con su talón demando que me saliera. Me dirigía aquella peligrosa mirada y la llevaba a la puerta, no había necesidad de que me dijera algo… su lenguaje corporal me lo decía todo...

Porque después de todo, Verano conoce más de la Primavera que de sí mismo.

Me quedé allí mismo, sentado en la esquina sin hacer algo. Isabel enojada era una mujer de temer pero también mucho más hermosa, y no es como si le tuviera miedo a ella, sólo me parecía divertido verla así. Ensanché mi sonrisa de oreja a oreja dispuesto a obligarla a que me acompañara.

Me reincorporé, tomé mis lentes y lo coloqué sobre el puente de mi nariz, calcé mis botas que estaban en medio del suelo y tomé mi chaqueta que la había dejado en la mesita de noche Isa. Cerré el zíper, acomodé mis cabellos alborotados y con una brillante sonrisa caminé hacia la puerta con una Isabel quien vigilaba mis movimientos con recelo. Tomé y abrí la perilla, miré de reojo a Isabel que estaba a unos escasos centímetros de mí.

- Ven conmigo.

Isabel soltó su postura de enojo a una sorprendida, con los ojos muy abiertos. Nos quedamos observando, tan cerca que la respiración de Isabel acariciaba los cabellos de mi nuca.

- Platiquemos.

Me volví por completo hacia ella, ignorando que la puerta empezaba a abrirse de par en par y la luz del pasillo titilaba con frenetismo incansable.

Hoy, sólo sería víctima y victimario; esta noche sólo sería la dulce primavera y el sofocante verano.

No supo cómo, no se dio cuenta cuando pero sus pasos seguían al joven de cabellos dorados que bajaba con precaución por los pasillos y escaleras del edificio de las chicas. Lo seguía desde lo lejos, atrasado por varios pasos, observando como la espalda de este era grande y fuerte algo que no se había percatado sino hasta ahora. '¿Dónde estaba el niño que apenas y podía levantarla en brazos?' pensaba la morena de cabellos crespos, incomoda de terminar tras él. Cuando le había dicho con quietud y seguridad que quería platicar con ella aceptó sin más porque ella tenía tantas preguntas que nunca fueron contestadas con sinceridad, o eso ella creía.

Ambos lograron salir del edificio y a hurtadillas caminaron hasta la explanada de la gran entrada, dispuestos a escucharse mutuamente por esta ocasión. Frente a frente, uno sonriendo, otra con la mirada molesta. Detrás de un árbol de ciruela para no ser vistos por los veladores, escondidos entre los arbustos que los ocultaban con sus cándidos colores verduzcos.

"Sólo éramos nosotros dos, escondidos entre la fauna del plantel justo como lo hacíamos todas las noches cuando éramos niños y disfrutábamos inocentemente de las luces nocturnas del cielo. Cuando nos sujetábamos de la mano sin pena y gozábamos ampliamente de la felicidad que a esa edad no la considerábamos como sí misma y que de hecho, ni siquiera existía."

- Y bien, ¿de qué precisamente querías platicar? – Preguntó con tajes Isabel que se rehusaba de relajar su entrecejo. Alfred sólo ensanchó la sonrisa en una más grande, denotando la contrariedad de sus propias palabras ¿el tema? ¿De qué precisamente quería hablar con ella? Sonrió con inocencia; no lo sabía, no tenía idea simplemente en aquel momento aquella palabra se le cruzó por la cabeza y la externó hacía con ella sin tener algo más allá, sin tener ningún plan más que atraerla consigo para alejarla de él y del otro que la rondaban como lobos hambrientos de cariño, quería apartarla de esos que buscaban en ella lo que a él ya le pertenecía.

¿Cuán celoso y posesivo puede ser Verano?

¿Cuán enamorado está?

¿Amor? De sus sentimientos nadie lo sabe, ni el mismo sólo se puede asegurar que nada bueno trae.

- ¿Te siguen gustando las luchas? – Preguntó con normalidad, llevando los brazos a la nuca y la mirada hacia el cielo.

- ¿Eh?

- Porque a mí me siguen gustando. I 'm a member of the fan club by ZZE – Soltó con naturalidad y diversión, ignorando la inquietante mirada de Isabel que no comprendía nada el curso de este encuentro nocturno, de hecho ni siquiera comprendía porque había accedido a seguirle. Isabel resopló derrotada y cansada, nunca sabía qué es lo que pasaba en la cabecilla de Alfred cuando era pequeña y ahora mucho menos; se tomó el cabello y se lo desamarró por instinto, dejando que el cabello ensortijado y negro cayera sobre sus hombros como lluvia negra. Se relajó y con pausada voz contestó:

- Por supuesto, fredo. La lucha libre es parte de mi vida… - se alaciaba su cabello con sus dedos, suavemente – En tercero de Secundaría participé en un concurso femenino y déjame presumirte que gané el primer lugar y 1,000 dólares. – se dibujó una sonrisa pequeña en los labios de Isabel que recordaba con añoranza ese día donde terminó llena de golpes en el rostro y un labio roto pero con un cinturón y 1,000 dólares en la cartera papá. Oh sí, buena época…

"Lo sé…, yo estuve ahí, observándote" – Quiso decir el rubio pero las palabras le fueron imposibles de pronunciar, simplemente asintió con sorpresa fingida.

- ¿Y tú Alfred qué hiciste además de malgastar el dinero de tu padre? – Preguntó burlona, con ahora una mano en la cadera con los ojos directos a él. Alfred no pudo evitar inflar las mejillas en protesta.

- ¿Malgastar? Ese anciano ni siquiera lo notó.

- ¡Já! – Lo señaló con el dedo, triunfadora – ¡Lo aceptaste, maldito parasito de la sociedad!

- ¡Lo dice alguien que pide prestado más de lo que puede llegar a pagar en su vida! – Refutó con interactividad, acercando sus rostro con el de Isa y agacharse un poco para poder anivelar su altura, se miraron con espíritu de lucha y molestia, como siempre, ninguno quería perder. – Además, yo, ¡Alfred!, fui quien bateo la última pelota ganadora del partido final de la Nacional Juvenil de Béisbol. – se acomodó las gafas con presunción y un orgullo deslumbrante.

"Lo sé, te estuve apoyando entre la multitud..., presumido." Pensó con nostalgia Isabel que aquel mismo día estaba en las gradas gritando a pulmón su apoyo hacia el equipo del rubio y meneando un gran dedo de espuma con entusiasmo. – Prefiero el futbol. – dijo con presunción, llevando su mirada a cualquier rincón del plantel.

- Pero eres un asco jugándolo. – Replicó con burla

- ¡Imbécil! No se trata de saber jugar, ¡se trata de pasión y amor al juego! - dijo la morena en conmocionada voz. – No quiero recordarte cuando te gané por más de 10 goles, porque sí yo soy mala ¡tú eres mucho peor!

- You little piece of shit! – Exclamó con la faz toda ruborizada

- Me le bajas al tono cabrón. – demandó con fuerte voz. Divertida por poner en ridículo al rubio gafudo que presumía de ser un rebelde incorregible.

¿Quién controla a verano más que Primavera? ¿Quién altera más a Verano que Primavera? ¿Quién más que Primavera puede volverlo loco de compulsivo amor?

- I don't wanna – bramó entre los dientes

- Fred, no empieces… - dijo acercándose más a él, con las manos en la cadera, alzando la mirada para verle a los ojos con determinación. Alfred no se quedó atrás pues hizo lo mismo sólo que él tuvo que agachar la mirada para verla a los ojos, aquellos magnéticos ojos de color avellana que brillaban junto con el resplandor de la luna.

Sólo 5cm los separaba de unir sus labios

Sólo 5cm de encandilarse con los labios de Isabel

Sólo 5cm de apropiarse de su aliento y adueñarse de sus palabras

Sólo 5cm para sofocarla en sus alocados y confusos sentimientos y un segundo para efectuarlo.

Maldijo en su cabeza miles de veces más, perdido entre los encandilados pensamientos de probar sólo un poquito del azúcar que estaban en las comisuras de sus labios, maldijo otras miles veces más reprobando el deseo enfermo de sofocarla entre su pecho y hacerla sólo suya.

De arrebatarle la esperanza de vida a invierno que moría por verla llegar y quitarle el deseo pasional de Otoño que esperaba por ella hasta el final de sus días.

De ser el único de poseerla entre sus necesitados brazos y lamentable pecho, egoísta y complejo.

Di tres pasos atrás, fingiendo ignorancia, ignorando que tuve la oportunidad de dejarle en claro que solo yo tengo el derecho de tenerla a mi lado. Tomé mi rostro entre mis manos, sintiendo el ardor que provocaba cada sonrojo que me provocaba aquella chica de contextura pequeña.

Consciente de que esto no puede ser odio ni amor.

Reí con eufórica voz, entre carcajadas de incomprensión, de alguna forma feliz por presentarme tales oportunidades que ninguno de los otros dos tenía la posibilidad. Entre risas caminé a un árbol con un gran salto trepé hasta la primera rama y otra, así consecutivamente hasta llegar a la rama más alta que nivelaba con la barda que dividía la institución. Subí sobre la barda que tenía entr metros de alto y 40cm de grosor. Divisé divertido las afueras, con el aire frio golpeando mis mejillas, asombrado por los amplios senderos que abrían ante mí. Fuera de la escuela lo único que podía encontrar uno era unas grandes llanuras de pastizales, parcelas de arado y sembradíos, montañas verdosas y un cielo abierto, grandes caminos de carretera y un pequeño pueblo desde lo lejos; la ciudad más cercana estaba a cuatro kilómetros, lejos, muy lejos de mi hogar.

Respiré hondo, experimentando con el frio aire que llenaban mis pulmones. Me volví hacia Isabel que me observaba sorprendida y preocupada…

¿Te sigo importando, Isa? ¿A pesar de que yo te hice pasar por muchas penurias? ¿A pesar de que todo lo hice conscientemente?

- Sube y ven a ver. – Dije sonriente. Isabel me miró confundida sin embargo no tardo en subir al árbol y poner uno de sus pies sobre la barda hasta que su cuerpo estuvo de lleno sobre él; observando lo que separaba aquella muralla, observando lo que hay más allá de la escuela. El viento sacudía sus cabellos y el brillo de la luna trazaban su contorno en brillante acento. Aportó su mirada del escenario abierto ante nosotros para verme por unos instantes por el rabillo del ojo. - Iré afuera… - me observó completamente, con la boca entre abierta. - ¿Me acompañas, Izzy? – Y tendí mi mano hacia ella.

Ella la observó con duda y temor. Pude notar como empezó a temblar… sí, de seguro recordó aquella vez en la que me vi forzado a engañarla y retirarle mi mano.

- No te preocupes… esta vez no pienso retirarla hasta que nuestras manos se enlacen. – Pronuncié en un susurro audible para ella. Sus ojos vacilaron; dudosos en creerme por segunda vez.

- ¿Por qué debería de creerte? – Preguntó tajante.

- Porque dijimos que empezaríamos de nuevo. No estoy pidiendo que me perdones, sólo olvídalo, sólo por esta noche. – tomé su vacilante mano con confianza y determinación como cuando éramos niños y entrelazábamos nuestras manos una con la otra, dispuestos a viajar por todo el jardín para jugar y encontrar aventuras que Primavera y Verano compartían.

- Pues fue todo lo contrario Alfred… - empezó a sollozar, tratando de zafarse de mí agarre, - Yo te he perdonado ¡pero olvidarlo nunca! – tomé con fuerza su muñeca, acercándola a una escaza distancia de mí. – ¡No sé por qué lo hiciste y tampoco me interesa saberlo! Sólo no me pidas que crea de nuevo en ti.

Verano, tu quien llegas a Primavera para fundirla en tu abrazo mortal, tu quien te proclamas como su dueño y verdugo final.

Tú, quien crees tener a todas las de ganar. Tú, quien perdió desde el momento en que conociste la palabra Amor. Tú, quien inexorablemente cayó rendido ante la belleza del andar de primavera y la suculenta mentira de los repugnantes celos. Tú, quien estuvo feliz en convertirse en el villano de los ciclos que mucho aman y que poco reciben.

Tú, verano, quien no sabe que el único que cayó rendido fuiste tú.

La sujetó entre sus brazos, rodeando su espalda con cálido cariño, besando sien con fraternal protección. Lamentándose del porque odia verla llorar, cediendo a cada clase de sentimientos confusos que le nublaban la mente y la lucidez faltaba. La sujeto fuerte, tan fuerte que ella lanzó un leve quejido de dolor, renuente de aceptar aquel abrazo que en sus años de infancia eran su alivio a la soledad de la mansedumbre del adinerado hogar.

- Lo hice para protegerte… sólo quería protegerte. – susurraba para sí mismo, convencido en que encontraría el perdón que él sabía no merecer.

La soltó y se apartó de ella, revolviéndose los cabellos con exasperación y confusión. Daba unos cuentos pasos sin saber exactamente qué decir, sólo quería salir de aquí pero con ella, salir de esta prisión que apretaba su corazón y hacía explotar su cabeza. Se plantó frente a ella, serio y determinado nunca. La morena de detuvo para verle de pies a cabeza, aun consternada de todo lo recién sucedido.

- Isabel… - Una vez dicho esto, el ajiazul corrió y se lanzó al otro extremo del borde, fuera del plantel estudiantil, cayendo sobre las dos piernas cual gato. Isabel que asustada vio la escena dirigió su atención hacia él que desde lo bajo la observaba con una mirada acongojada. – Te lo preguntaré de nuevo…

"¿Me acompañas sólo por esta noche?"

Una sonrisa se dibujó en el rostro del chico, y unas manos se elevaron hacia ella. Simplemente dejó caer su cuerpo, dejándose ser atrapada en el aire por el rubio que la tomó de la mano y cintura.

- Sólo olvidaré por esta noche. – fue lo único que pronunció cuando sus pies tocaron el suelo.

Sin percatarse el rubio se montó sobre su motocicleta que lo esperaba desde ya horas, encendió la máquina y con un ademán llamó a Isa para que hiciera lo mismo. Ella se acercó con incertidumbre pero a pesar de todo lo hizo, Alfred le índico colocarse el casco que él usaba y sin protestar se puso el casco de Alfred; se subió a la motocicleta con movimientos torpes por ser su primera vez montando una de esas y una vez ya arriba Alfred condujo la motocicleta hacia la carretera. Isabel que se reusaba de tomar de la cintura a Alfred se vio obligada a hacerlo cuando este mismo maniobró con brusquedad por la escarpada y peligrosa que era aquella larga carretera que en años no había sido atendida por las autoridades.

Se aferró a él con fuerza, cerrando los ojos por el viento helado que corría su espalda mal cubierta que indudablemente la hacían castañear de frio. Alfred se detuvo en un gran parámetro de la carretera, ambos bajaron de la motocicleta y se vieron directo a los ojos. Enseguida Alfred se empezó a quitar la chaqueta.

- Toma…, - habló cuando al fin se había quitado la chaqueta de encima y se la entregaba en las manos de Isabel no dejaba de mirarlo sorprendida. – Te estoy evitando un resfriado. – las luces de los faros de la carretera remarcaban sus facciones, unas facciones que ligeramente se habían sonrojado, ante esto Isabel sonrió con dulzura por primera vez desde que lo volvió a ver.

Se puso la chaqueta y se abrazó a sí misma, sintiendo el calor de Alfred sin mencionar que la chaqueta le quedaba enorme. Rio divertida consencuentándole por el americano en ligeras risas. Montaron nuevamente y se encaminaron sin rumbo fijo al sur.

Las luces que iluminaban la carretera, los viejos anuncios precaución y los inexistentes automóviles los acompañaban en cada metro que avanzaban. No era mucho, sólo era el cielo nocturno de tonalidades negras y purpuras, lleno de estrellas de mil colores y montañas que parecían moverse y seguirlos así como la luna que los observaba desde el punto más alto. El viento que se sacudía sobre los cabellos del rubio y su playera, cortándole las mejillas por el frio pero tibio en donde Isabel se aferraba de él. Los brazos de Isabel rodeándole le llenaban el pecho de un mar de histeria y tranquilidad a la vez que sin duda lo hacían sentir bien y le llenaban la boca del estómago en un nido de mariposas locamente alborotadas.

Aceleró con entusiasmo, sonriendo en el acto. Dejando una línea de polvo por detrás. Ninguno de los podía pegar el ojo, sólo se movían sobre el asfalto con una velocidad que sobrepasaba los limites. Sólo eran una estela en movimiento en el suelo, iluminados por los postes de luz que mostraban el camino que recorrerían hasta el amanecer.

Apenas habían recorrido 3 kilómetros cuando Isabel se recargó su mejilla derecha sobre la amplia espalda del rubio logrando que una corriente eléctrica lo atravesará por todo el sistema nervioso hasta ponerle los pelos de punta.

- ¿Tienes frío verdad? – Preguntó aun con la mejilla contra su espalda

- No… - Calló por unos instantes, - … Un poco. – terminó de decir, aliviado de poder sentirla de nuevo sobre su espalda después de mucho tiempo. Entonces Isabel lo abrazó, rodeándolo por la espalda hasta el pecho con sus brazos cubiertos de su propia chaqueta. – Thanks.

Llegó un punto en donde los dos se sintieron cansados de tanto viaje y decidieron detenerse en la única gasolinera que encontraron por esos rumbos. La gasolinera era de autoservicio y estaba iluminada simplemente con un foco que parpadeaba con desesperación y reproducía aquel sonido molesto. Isabel se quedó en la orilla de la carretera, admirando el paisaje de noche desde un punto que no era nada y que ni siquiera lo marcaba el mapa local, se aferraba con fuerza a la chaqueta… cuestionándose por qué lo había seguido por segunda vez en esta noche.

No lo sabía pero si reconocía que Alfred no cambiando tanto como había creído en los últimos tres años. Ella lo sabía…

El caballero verano, su héroe no había muerto del todo; sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el mencionado le entregó en sus manos una bebida en lata de una maquina expendedora. Agradeció con sorpresa y leyó la etiqueta: "Coffe Milk-U"

- No te has olvidado de que mi bebida favorita era el café con leche. – externó más para sí misma que para él que había escuchado con atención, este respondió con una ligera risa.

- Como olvidarme de ello cuando todas las mañanas peleábamos campalmente por una taza de café con leche de la Ms. Angeline. – empezó a reírse, divertido por los recuerdos. – Ni yo lo he podido olvidar del todo…

"Y ni deseo hacerlo." Pensó entristecido.

Observaron por un corto tiempo más el paisaje disfrutando de su bebida y volvieron de nuevo a la carretera. Dispuestos a disfrutar las últimas horas de oscuridad de la noche.

- Volvamos, Fredo. – Habló Isabel que se sujetaba de la cintura del rubio.

- ¿Tan pronto? – respingó

- Así es, no quiero ser expulsada de la institución.

- No te preocupes, soy un experto en eso. – Comentó con presunción, vanagloriándose; Isabel le propinó un zope en la cabeza, irritada.

- Por eso lo digo, tonto.

Llegamos exactamente 5 minutos para las 6am. Estacioné la motocicleta entre uno de los rincones de la barda y con gran agilidad subimos por el mismo sitio donde habíamos bajado. Trepamos con facilidad y bajamos por el mismo árbol. No intercambiamos palabra, sólo fue una breve mirada y cada quien corrió a sus respectivos edificios.

Culparé a quien sea, culparé a Invierno u Otoño; no importa.

Primavera sólo le pertenece a alguien…

Y con una leve sonrisa observé hacia el edificio de aulas de clases, siendo más específicos hacía la ventana del salón de música. Sonreí de lado, saludando al querido Invierno que me observaba desde lo lejos con una mirada que podría haber congelado el mismo desierto del Sahara, pero no fue solamente eso sino que atrás de él apareció una joven cabellos largos y pálida piel, de mirada helada y aura peligrosa.

…Natalya Arlovskaja.

Sin duda hay cosas por arreglar.

…000…

Para dar más referencias a la motocicleta aquí utilizada pueden buscar con este link para darse una idea: (www harleydavidsom galeon com / imagenes / 15 jpg)

Chicos, chicas ya me pueden llamar #TheDramaQueen! xDD soy re-cursi, lo sé… ._. Ya se acerca las vacaciones y estaré muy activa escribiendo los siguientes caps. Así que people, gracias por seguir este fic que cada vez se pone más raro y re-dramático.

El siguiente cap. es para Lud, mi soldado raso rexy!

Un saludo a UnderLike que ya me amenazó que si no termino el fic me lincha U.U pero no te preocupes, lo terminaré así me cueste un huevo (soy mujer muahahaha~), pero como RussMex te prometo un final no tan malo (xDD). Besos! :3

Wind und Serebro perdón por no hacer replay tu mensaje TT-TT pero con lo que me dijiste… Iván, mi dulce niño… tienes razón, ya no es lo mismo pero ¡Vannya siempre será amado! Conforme al patinaje, Yuzuru es muy bueno y carismático yo creo que si la va hacer.

LadyLoba: Mi corazón amo tanto y recibo tan poco y es por eso que no decido, puede ser cualquiera de los tres pero Iván tiene cierta preferencia, aun así, te agradezco otra vez tus lindos comentarios y observaciones ;D

Janis: Gracias :'Dy como has dicho, es un RussMex sin embargo soy un desastre mental y me falta acomodar unas cuantas cosillas por ahí para decidir quién se queda con Isa (Bara, bara, bara~) Iván está en el puesto No. 1 :3

LaPandajada: Lo siento mucho TT-TT no soy cruel (hasta a mí me dolió hacerlo sufrir) pero a veces hacerlo sufrir es necesario para que tome cartas sobre el asunto de manera seria :D ya no lo haré sufrir (por ahora no) saludos.

KanjiMaster: También defiendes el UsaMex? :Q yo también, ese Alfred de por si es un desgraciado que todos amamos (por muy irónico que suene pero es lindo a su manera) El dolor forja a las personas *lo usa como excusa ya que ni ella sabe por qué lo hizo sufrir* soy una desgraciada TT-TT no sé mucho de amor pero por lo que he vivido… ._. me quedaré solterona. Besos!

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Nos vemos~!